CAPITULACIÓN DE LA GOBERNACIÓN DE CARTAGENA

SALAZAR RAMOS, R.J.;

Filosofía de la Conquista en Colombia, Ed. El Buho, Bogotá 1983.

 Selección de textos e introducción.

La Reina.

Por cuanto vos, Pedro de Heredia, con deseo de nos servir os ofrecéis a poblar y conquistar por la costa de Tierra Fir­me desde el río Grande que está entre la provincia de Santa Marta y Cartagena hasta el río Grande que está en el golfo de Urabá, que serán hasta setenta leguas de costa, con las isletas que confinan con la dicha tierra, y sujetar a nuestro servicio y Corona real a los in­dios de ella e industriarlos en las cosas de nuestra santa fe católica, y asimismo os ofrecéis a hacer en la dicha tierra una fortaleza cual convenga para la defensa de los españoles que en ella residieren, en la parte que mejor os pareciere, y tendréis con los dichos un clérigo de buena vida que los bautice, industrie y enseñe las cosas de nuestra santa fe católica, y si conviniere que haya más clérigos los pondréis, y no habiendo en la dicha tierra diezmos de que se paguen, los tendréis a vuestra costa todo el tiempo que no hubiere los dichos diezmos, y trabajaréis con dádivas, y buenas obras de los pacificar y traer al reconocimiento y vasallaje que nos deben, y que viniendo a recibir la doctrina cristiana les haréis sus iglesias según la disposición de la tierra  en que la reciban; y nos suplicas­teis y pedisteis por merced vos hiciese y otorgase las mercedes y con las condiciones que de suyo eran contenidas, sobre lo cual yo mandé tomar con vos el asiento y la provisión siguiente.

 

1. Primeramente vos doy licencia y facultad para que podáis hacer y hagáis en la dicha provincia la dicha fortaleza, cual con­venga para la defensa de los españoles que en ella residieren, en la parte que os pareciere, y que vos haré merced, como por la pre­sente vos la hago, de la tenencia de ella para vos y para un heredero vuestro cual por vos fuere señalado, con doscientos ducados de salario en cada un año, de las rentas y provechos que tuviéremos en la dicha tierra, de los cuales habéis de gozar desde el día que la dicha fortaleza estuviere acabada a vista de los nuestros oficiales de la dicha provincia; y en cuanto a lo del clérigo o clérigos que habéis de poner para industriar de los indios en las cosas de la fe, decimos que, habiendo obispo en la dicha provincia, a él pertenece poner los dichos clérigos; y no lo habiendo, que habemos por bien y queremos que entre tanto que haya prelado, vos pongáis uno o dos clérigos a vuestra costa hasta que haya diezmos eclesiás­ticos de que ser pagados, y de ello vos mandaremos dar provisión en forma.

2. Otrosí, entendiendo ser cumplidero al nuestro servicio y al bien y pacificación de la dicha provincia, y administración y eje­cución de nuestra justicia, y para honrar vuestra persona, prometo vos hacer y vos hacemos nuestro gobernador de la dicha provincia por todos los días de vuestra vida, sin que por razón de la dicha gobernación llevéis salario alguno, con tanto que cada y cuando que nos fuéremos servidos vos podamos mandar tomar residencia del dicho cargo de gobernador.

Asimismo vos hacemos merced del alguacilazgo mayor de la dicha provincia por todos los días de vuestra vida, y que en él po­dáis nombrar la persona que quisiereis y por bien tuviereis, con tanto que no sea de las personas prohibidas.

3. Otrosí, para que con más voluntad los dichos indios vengan a la amistad de los españoles, y porque esto parece que es camino para que más presto con la conversación de ellos vengan en cono­cimiento de nuestra santa fe católica, y porque vos y los dichos españoles seáis aprovechados, vos damos licencia y facultad para que venidos los dichos indios de paz y contratación, para que vos y la persona que tuviereis en la dicha fortaleza, y los demás que vos quisiéreis, contratéis con los dichos indios de la dicha provin­cia como hombres libres, como lo son, y rescatar con ellos todo el oro y plata y piedras preciosas y perlas y joyas y otros metales y mantenimientos y ropas de algodón y canoas y todo género de cosas que ellos tienen o tuvieren, dándoles por ello lo que con ellos concertéis, por manera que todo sea a su voluntad, con tanto que no podáis rescatar ni rescatéis indios algunos por esclavos.

4. Otrosí, vos hacemos merced que de todo el oro y plata y piedras preciosas y perlas y joyas que los dichos indios tienen y tuvieren y otros metales que se hubieren por rescate en la dicha provincia con los indios de ella, llevemos el quinto y no más.

5. Otrosí, vos hacemos merced que de todo el algodón y ropas de ello que se hubiere en los dichos rescates, nos hayáis de acudir y acudáis con el quinto.

6. Asimismo que vos hacemos merced, como por la presente vos la hacemos, que de todo el oro que en la dicha provincia se sacare, así en cerros como en arroyos y nacimientos, como en quebradas o en otra cualquier parte de la dicha provincia, que nos haya de (sic) pagar o pague el diezmo por término de diez años que corran desde el día de este asiento en adelante, y aquél pasa­do, que nos pague el quinto.

7. Otrosí, habido respeto a los gastos que en lo susodicho se ofrezcan, y a la voluntad de nos servir con que a ello os movéis, es nuestra merced y voluntad que habiendo disposición en la dicha tierra tengáis en ella todas las granjerías, así de ganados y labranzas y todas las otras cosas que tienen en la isla Española y San Juan los vecinos de ella, y gozarlos según ellos lo gozan, y ocupar todas las tierras que para esto fueren menester, y asimismo que el primero ingenio de azúcar que hiciéreis en la dicha provincia sea libre por nuestra vida, y de un heredero, de todos pechos y derechos; que asimismo para el dicho ingenio podáis llevar de estos Reinos y de las Indias todas las herramientas de hierro que sean necesarias, sin pagar derechos de almojarifazgo, ni otros derechos, y todo lo demás necesario al dicho ingenio hasta estar acabado para poder moler, de herramientas y otros materiales, y que los otros ingenios que se hicieren en la dicha provincia, tengan la libertad que tienen los de la isla Española.

8. Y asimismo vos hacemos merced, como por la presente vos la hacemos, que de todo lo que llevareis para hacer la dicha forta­leza, de materiales, no paguéis derechos algunos de almojarifazgo; y asimismo es mi voluntad que de todas las mercaderías y cosas que llevareis para rescatar con los indios de la dicha provincia, no paguéis almojarifazgo ni otros derechos algunos por cinco años, con tanto que lo que así llevareis para las cosas que son dichas, vayan derechamente a la dicha provincia; y si a otra parte se lleva­re, sea perdido para nos, y que todo lo que llevaren de mercaderes y mercadurías y mantenimientos y otras cosas para proveimiento de la dicha provincia, nos paguen los derechos a nos pertenecientes como se paga en la isla Española

9. Asimismo vos daré licencia para poder pasara la dicha pro­vincia, de estos nuestros Reinos y del Reino de Portugal e isla de Cabo Verde, y donde quisiereis y por bien tuviereis, cien esclavos negros, la mitad hombres, y la mitad hembras, pudiéndolo hacer sin perjuicio del asiento de los alemanes, libres de todos d de almojarifazgo, con que sean para vuestras granjerías y labranzas y hacer la dicha fortaleza, con tanto que los llevéis derecha­mente a la dicha provincia, y que si los llevareis a otra parte, sean perdidos para nuestra Cámara.

10. Y porque me suplicasteis y pedisteis por merced mandase que si los dichos indios repudiasen la doctrina cristiana y no die­sen la obediencia que deben, y haciendo con ellos las diligencias que está mandado que se hagan en las otras poblaciones, en tales casos, guardando aquella orden, les pudiesen hacer guerra y sean dados por esclavos, mandamos que vos hagáis primero las diligen­cias y solemnidades que por nos está mandado y ordenado, y, hechas, las enviad a los del nuestro Consejo de las Indias, para que vistas mandemos proveer en ello lo que convenga; y entre tanto no podáis tomar ni toméis ningún indio de la dicha provincia por esclavo.

11. Otrosí, vos mandamos que no habiendo prelado en la dicha provincia, presentaremos a la abadía de ella a la persona que para ello señalareis, siendo calificada, y habiendo prelado presentare­mos al deanazgo de la dicha provincia la persona que para ello nombraréis, siendo asimismo calificada.

12. Otrosí, para el buen recaudo de nuestra hacienda, nos haya­mos de poner y pongamos en la dicha provincia nuestros oficiales de ella, y que ante ellos se hagan los rescates y todas las otras cosas anexas y concernientes a sus oficios, y no de otra manera.

13. Otrosí, que sin embargo de lo contenido en este asiento, todos y cualesquier vasallos nuestros, así de nuestros Reinos co­mo de las Indias, que quisieren, puedan ir y vayan a la dicha pro­vincia a vivir y a se avecindar y rescatar y a tener en ella sus haciendas y granjerías y los otros aprovechamientos, como lo tienen y hacen y pueden hacer en la isla Española y San Juan, sin que vos ni otra persona alguna les ponga en ello ni en parte de ello impedimento alguno.

14. El cual dicho asiento y todo lo demás en él contenido, como de suyo se contiene y declara, mandamos que se guarde y cumpla por término de veinte años cumplidos, primeros siguientes, que se cuenten desde el día de la fecha de él; y si vos murieseis durante el dicho tiempo, que pase a vuestros herederos, con tanto que vos seáis obligado, y por la presente os obligáis, de comenzar a entender en lo contenido en este asiento dentro de seis meses de la fecha de él.

Otrosí, decimos y prometemos que durante el dicho tiempo de los dichos veinte años, no encomendaremos ni mandaremos en­comendar persona ni persona alguna, indios de la dicha provincia, salvo que se estén y vivan en su libertad para hacer la experiencia de ello.

Y cumpliendo vos el dicho Pedro de Heredia lo contenido en este asiento, en todo lo que a vos toca e incumbe de guardar y cumplir, prometemos y os aseguramos por nuestra palabra real, que ahora y de aquí adelante vos mandaremos guardar y vos será guardado, todo lo que así vos concederemos y hacemos mer­ced a vos y a los pobladores y tratantes en la dicha provincia, y para ejecución y cumplimiento de ello, vos mandaremos dar nuestras cartas y provisiones particulares que convengan y menes­ter sean; y no cumpliendo ni guardando lo que por este dicho asiento vos sois obligado, no seamos obligados a vos guardar y cumplir cosa alguna de él. Fecha en Medina del Campo, a cinco días del mes de agosto de mil y quinientos y treinta y dos años.

Yo, la Reina. Refrendada de Sámano. Señalada del Conde Beltrán Xuárez, Bernal, Mercado.