De las antiguas gentes del Perú

Bartolomé de las Casas

Capítulo I

De las poblaciones y edificios notables del antiguo Perú

Para dar noticia con encarecimiento condigno de las poblaciones y comunidades o ayuntamientos de las gentes de los reinos del Perú para vivir socialmente, que llamamos villas y ciudades, de cuántas eran, y de edificios tales y tantos cuán adornadas y sumptuosamente constituidas y edificadas, enriquecidas, ennoblecidas y prosperadas, sin alguna duda sería mucho tiempo necesario, y no sé si podría hallar para explicarlo suficientes vocablos; y porque la multitud de los pueblos y ciudades de las regiones que pudieron ser pobladas, las cercas dellas, las fortalezas, los templos, las Casas Reales, los aposentos de los Reyes y Señores, fuera y dentro de los lugares y ciudades; los edificios y primor de los artificios de todo lo dicho; los caminos reales, las puentes de los ríos grandes, las acequias para regar sus sementeras y heredades, todo como es ni mucha parte de su invención, primores, artificio, industria, sotileza, grandeza, hermosura ni riqueza puede ser explicado; al menos referirse ha como pudiéremos de todo ello lo que se pudiere notificar, poniendo a la letra lo que los que lo vieron de nuestra nación hallaron, experimentaron, encarecieron, loaron, escribieron y aun puesto en molde, para que a todos constase, manifestaron.

Comienzan estos edificios y poblaciones notables desde lo postrero del reino de Popayan y de los pueblos de Pasto, yendo hacia la dicha provincia, primera del Perú, nombrada Quito o Guito . El postrero pueblo de la provincia de Pasto se llama Tuca, y cerca de allí había una fortaleza con su cava, muy fuerte para entre gente que no tiene artificios ni machinas de huego ni lombardas. De allí poco adelante, yendo hacia Quito o Guito, están los muy notables aposentos que se dicen de. Carangue, y estos están en una plaza no muy grande; son hechos de paredes de muy polida y hermosa piedra, y piedras dellas muy grandes, que parece ser imposible allí ponellas hombres humanos. Están asentadas tan juntas y por tanta sotileza, y a lo que se juzga, sin ninguna mezcla, que no parece sino que todo el edificio es una piedra o en piedra cavado,  así son Palacios Reales. Dentro destos aposentos está un estanque de agua de piedra muy polida edificado. Hobo aquí un templo dedicado al Sol, de gran majestad y grandes edificios, según parece agora por las paredes y piedras grandes que se veen caídas. Por dentro y las paredes estaban chapadas de oro y plata, y él estaba lleno de grandes vasijas de oro y plata para sus sacrificios, como otros muchos templos que por aquellos reinos se han visto. Era tenido este templo en gran reverencia y estima de todas las gentes de la comarca.

Donde agora está la ciudad de Quito, que se llama Sant Francisco, digo ciudad de españoles, había grandes y poderosos y ricos Aposentos Reales y templos del Sol muy señalados, a los cuales la gente llamaban Quito.

Adelante destos había otros en una población que se llama Mulahaló, y estos no debían ser de los muy grandes, puesto que había en ellos grandes casas de depósitos, donde había todas las provisiones necesarias para la gente de guerra, como abajo será declarado .

Después destos, adelante hay un pueblo  llamado Tacunga, donde había unos grandes y ricos Palacios y Aposentos Reales tan principales como los de Quito, y quizá más ricos, como se parece (aunque están destruidos agora) en las paredes la grandeza y riqueza dellos, donde se veen las señales donde las chapas de oro y plata estaban clavadas y muchas cosas de oro esculpidas; mayormente había en las paredes encajadas ovejas de oro de bulto, cosas muy admirables. Estas riquezas estaban en el templo del Sol y en los Palacios Reales. Y en este pueblo eran señalados estos edificios y templo y Casa Real más que en algunas de las partes pasadas, y se tenían, y así lo eran, [por] mayores y más principales.

Adelante hay otros aposentos grandes y de grandes edificios, que se dicen de Mocha, que cuando los nuestros los vieron, quedaron espantados, según su grandeza y hermosura, aunque derrocados; pero, porque habían sido edificados tan fuertes y polidos y por tan sotil artificio, por muchos tiempos adelante se cognoscerá por quien los viere, haber sido cosas memorables.

Más adelante destos de Mocha, están otros que se dicen de Riobamba .

Sin embargo, debemos hacer excepción de un pasaje de este capítulo  del ms. ológrafo, y de otro del , en que continua la materia del anterior. Dice el primero: «Y porque sería dilatar mucho este tratado enxerido en esta historia decillos todos [lugares, pueblos] en particular, por ende, porque sea más abreviado, con referir solamente el camino que llevaron los españoles cuando iban entrando en aquellos reinos del Perú [el descrito por [] Xerez],y después otro que hizo Hernando Pizarro cuando fue por el oro al templo de Xauxa [de Pachacámac], luego que prendieron al gran Rey Atabalipa, el cual camino puso por escripto Miguel Estete, que fue por veedor de aquella jornada, y lo hicieron imprimir en Salamanca; quiero aquí ponello como ellos lo anduvieron, aunque, por abreviar, dejo muchos pasos, y así dar conclusión al presupuesto de los pueblos y lugares y ciudades questas gentes deste Orbe tenían, por donde muestran ser sociales y razonables, que arriba en el capítulo  hobe comenzado».

Y el segundo:

«En la primera historia que se imprimió deste camino que hizo Hernando Pízarro, dice: «Aqueste pueblo de Jauja era mayor que Roma. Había hombres que tenían cargo de contar toda esta gente, para saber los que venían a servir a la gente de guerra. Otros tenían cargo de mirar lo que entraba en el pueblo, etc. Otros refieren [] en particular la grandeza y excelencia de esta ciudad de Xauxa, porque lo especularon más de propósito y con mayor espacio. Dicen que esta ciudad estaba repartida en tres grandes partes y tres Señores, que la gobernaban: la una llamada Xauxa, la segunda Maricabilca [Marcavillca] y la tercera Laxapalanga [Llacsapallanca]. En todas tres había grandes aposentos y edificios, etc., etc.

  • He de advertir: . -Que es muy extraño que Las Casas tome sus citas de la segunda edición de la obra de Xerez (Salamanca, ) y no de la primera (Sevilla, ); como no sea que la bibliografía de la Verdadera relación de la conquista del Perú y provincia del Cuzco que conocemos esté falta de sus primeras noticias. -.-Que el texto de la cita del camino de Hernando Pizarro, relativa a Xauxa, tomado quizá de la edición de Salamanca, no está conforme con su correspondiente de la edición de Sevilla, donde se lee: «Este pueblo de Jauxa es muy grande, y está en un hermoso [] valle; es tierra muy templada; pasa cerca del pueblo un río muy poderoso; es tierra abundosa; el pueblo está hecho a la manera de los de España, y las calles bien trazadas; a vista dél hay otros pueblos subjectos a él; era mucha la gente de aquel pueblo y de sus comarcas, que al parecer de los españoles, se juntaban cada día en la plaza principal cien mil personas, y estaban los mercados y calles del pueblo tan llenos de gentes, que parecía que no faltaba persona. Había hombres que tenían cargo de contar toda esta gente, para saber los que venían a servir a la gente de guerra. Otros tenían cargo de mirar lo que entraba en el pueblo». -.-Que esos otros que refieren y dicen, son, en suma, uno sólo, Cieza de León, de quien Las Casas toma lo que necesita sin nombrarlo.-Y .-Que las historias a que Las Casas alude en el principio del capítulo que sigue, son la Relación de Jerez y la Crónica de Cieza; aunque, a mi ver, debió servirse también de alguna otra, porque hay cosas que no encuentro en aquellas.

Capítulo II

Donde se describen la ciudad del Cuzco, sus casas, palacios y templos, y manera de su edificio

Representar lo que se refiere por las personas que lo vieron, y está lo mismo en las susodichas historias, de la ciudad Real del Cuzco, que era cabeza de todos aquellos reinos del Perú, ni se puede por alguna vía encarecer y tampoco es fácil para ser creído; pero, puédese  creer, porque todos lo afirman y testifican de vista; y las cosas que arriba se han referido de otras ciudades, edificios maravillosos y riquezas dellas y de otras muchas que dejamos de decir, y los tesoros que por ESTAS islas han venido de allá, que habemos visto, e IDO A CASTILLA, y lo que muchas personas, dignas de dalles crédito y fe, que poco después a aquellos reinos fueron, encarecen que vieron, y los rastros y vestigios de lo que poco antes era parecen; hace con mucha razón todo lo que se afirma, y más que se diga, creíble.  El circuito desta Ciudad Real, cuenta una historia de las dichas que tenía de contorno una legua. Las casas eran todas de piedra pura, muy bien labradas, y con sus junturas, que no parecían sino toda una, sin tener mezcla ninguna; todas las piedras escuadradas, y si el escuadría no viene bien conforme a la piedra su compañera, echábanle de otra piedra un remiendo tan junto y tan polido, que de paño no pudiera ser mejor zurcido. Y para quel edificio fuese más fuerte, hacían en la una piedra de abajo un encaje de dos palmos de largo y uno de ancho y el hondo  de un jeme, y en la de arriba su macho, que encajaba en aquella hembra; con lo cual, era y es la obra tan fuerte, que por millares de años durará perpetua. Las calles son grandes empedradas, pero bien angostas. Eran grandes y muchos y notables los aposentos y edificios que en esta ciudad había de muchas personas principales y templos; sobre todos eran maravillosos y ricos y de gran artificio los Aposentos y Palacios Reales. La cobertura dellos era de madera y de paja, o de terrados.

Pero, el templo del Sol a todos los ya  dichos en artificio y primor y complimientos o aposentos y riquezas sobrepujaba. Eran las paredes de piedra muy bien labrada, y entre piedra y piedra, por mezcla, estaño y plata, cosa nunca vista ni jamás oída. Estaba todo enforrado de chapería de oro por de dentro, las paredes y el cielo y pavimento o suelo. Estas chapas o piezas de oro eran del tamaño y de la hechura de los espaldares de cuero que tienen las sillas de espaldas en que nos asentamos; de grueso tenían poco menos de un dedo; e yo vide hartas. Pesaba cada una con otra bien quinientos castellanos. Destas quitaron los primeros españoles, (que creo que fueron tres que envió Pizarro a traer este oro, luego que prendió al Rey Atabalipa) , septecientas, sin muchas otras piezas de otra manera que allí había. Desguarnecieron estas planchas de oro con unas barretas de cobre que debían de hallar por allí o los indios se las dieron.  Era este templo muy grande, porque era la matriz de otros muchos pequeños por ser el templo del Sol, en los reyes principalmente eran devotos, y dellos era venerado y en todos sus reinos con la manificencia [munificencia?] real dotadas de grandes riquezas y tesoros. Los vasos, cántaros y tinajas y otras piezas de diversas formas, eran mirables y sin número. Eran también inumerables los oficiales de plata y oro que, principalmente para servicio deste templo y vasos dél y para las Casas Reales, había dedicados.

De otros templos desta ciudad sacaron aquellos tres españoles muchas y grandes piezas de oro y de plata, y dijeron que en todas las casas della hallaron tanto oro, que era cosa de maravilla. En una dellas hallaron una silla de oro, donde diz que hacían los sacrificios, en la cual se podían echar dos hombres, que pesó diez y nueve mill pesos de oro. En otra muy grande hallaron muchos cántaros de barro cubiertos de hoja de oro. Vieron asimismo una casa grande cuasi llena de plata, con cántaros y otras piezas, y vasos y tinajas grandes, de las cuales yo vide algunas, y en cada una dellas cabrían tres y cuatro arrobas de agua.

Los templos estaban de la parte de  Oriente donde salía el Sol, y cuanto más les venía dando la sombra del Sol, tenían menos fino el oro.

Dijeron estos tres españoles que primero en esta ciudad entraron, que las Casas o Palacios Reales del Rey Cuzco eran maravillosamente y con gran primor hechos en cuadra, y que tenían de esquina [esquina] trecientos y cincuenta pasos.

La fortaleza desta ciudad, questaba en un cerro alto, era tan grande y tan fuerte y sobre tales cimientos y con sus cubos y defensas (y esta fue comenzada y no acabada por uno de los reyes de aquel reino), que afirman los que la vieron y hoy ven lo que de ella no se ha derrocado por los españoles, que si se acabara, fuera una de las señaladas fuerzas y edificios del mundo .

Capítulo III

De las acequias, riegos y labranzas, y de los pastores y ganados.

En la Nueva España, en muchas y diversas provincias y tierras della, tenían sacados los ríos y hechas sus graciosas acequias conque regaban sus  tierras. Pero todas las del mundo con toda la industria humana deben callar y aprender de la sotileza tan ingeniosa que las gentes naturales del Perú, cerca de sacar los ríos y las fuentes, para hacer las tierras secas y estériles y que nunca dieran fructos y las hicieron fertilísimas, tuvieron . No se podrá encarecer la manera tan ingeniosa que para sacar de sus madres y naturales cursos y caminos grandísimos ríos y proveer de regadíos muchas leguas de tierra y sustentarlas en frescura y fertilidad tuvieron. Ver las presas y edificios de cal y canto  para atajar los ríos y traellos por donde y adonde quieren, y muchas fuentes, que oírlo encarecer a los que de nosotros lo han visto, es cosa de maravilla. Primero traían el agua por acequias grandes, hechas por muchas leguas por sierras y cerros, por laderas y cabezos y haldas de sierras que están, en los valles, y por ellos atraviesan muchas, unas por una parte, otras por otra, que parece cosa imposible venir por los lugares y quebradas que vienen. Traídas estas  acequias grandes a cierto lugar conveniente, de allí hacían otras pequeñas y repartían el agua por tal arte y sotileza, que todas las heredades alcanzasen della, que ni una gota se les perdía de que todos no se sirviesen. Y esta es una de las delicadas maneras de policía que se cuentan destas gentes (conviene a saber), la cuenta y cuidado, orden y arte que tenían de traer y repartir el agua de los ríos para regar grandes tierras, que ningunos de los romanos lo pudieran mejor ni quizá tan bien y con tanto artificio hacer.

Afirman los que han visto estas acequias, no creer que en el mundo ha habido gente ni nación que por partes tan ásperas ni dificultosas sacasen las aguas de los caudales ríos para regar sus tierras, como esta gente. Andar por aquellos llanos donde hay estas acequias, es ir por entre unos fresquísimos y deleitables verjeles, por estar todas siempre verdes y frescas muchas hierbas y arboledas, y todas llenas de aves que las regocijan.

Pues a quien tantos trabajos y sudores costaban sacar las aguas de los ríos y hacer las acequias, síguese que en la cultura y labor de la tierra eran solícitos y diligentísimos. Así lo afirman y así es manifiesto por la muchedumbre de las heredades  , que allí llaman chácaras, en todos géneros de comida que tenían. Y para que se conozca que tenían maravillosa industria y eran verdaderos labradores parte de aquellas repúblicas, y que ayudaban no menos que en otras a que se tuviese suficiencia de buena policía, considérese la industria y sotileza siguiente: En el valle de Chilca, salido del de Pachacámac, donde ni llueve ni pasa río, ni hay alguna fuente de donde salga frescura o humidad alguna, finalmente, la tierra es por esta causa esterilísima; empero, por sola industria de las gentes de [ella]abundan de grandes labranzas y de arboledas y frutas tanto y más que en las tierras fertilísimas de regadío. Hacen los indios ciertas hoyas  en la tierra y en el arena muy hondas y anchas, y en ellas ponen sus granos de maíz, y las otras simientes o legumbres y lo demás que suelen sembrar para su comida, y con cada grano echan dos o tres cabezas de sardinas, y con la humidad de aquellas, los granos se mortifican y después crecen y dan tanto fruto, que a ninguna otra tierra, por fértil que sea, tienen envidia. ¿No es industria y viveza  ésta de gente no (sic) muy ingeniosa y más que otra política?

Pescan en la mar, con redes, infinitas de aquellas sardinas, que no solamente de vianda en abundancia, pero aun de pan y frutas diversas por ellas son estas gentes mantenidas. Y porque, según el Filósofo en el  de las Políticas, cap. ., y en el libro ., cap. ., la vida y ejercicio de los pastores en muchas cosas es semejante a la de los labradores, porque guardar y apascentar los ganados es cuasi curar e cultivar e usar agricultura viva, y después del pueblo que consta de labradores, el segundo lugar en bondad es el pueblo de los pastores (pastoribus qui constat optimus est post populum qui constat ex agricolis) , por esto será bien traer en este lugar un poco de los pastores, que en las tierras destas Indias donde Dios quiso proveer de ganados, los había. Y estos solamente hasta hoy sabemos que en los reinos del Perú los hobiese, porque  ] en ninguna otra tierra o región sino allí se han visto ganados domésticos. En aquellos reinos hobo inmensidad de ovejas, y [en] tanto número, que no puede ser creído. Comúnmente había los hatos y greyes de doce y de quince y de veinte mill cabezas . Estas eran de tres o cuatro especies. Una especie de ovejas llamaban los moradores naturales de aquellas regiones Llamas, y a los carneros Urcos. Unos son blancos, otros negros, otros pardos; muchos son tan grandes como bestias asnales, mayores algo que los de Cerdeña.  Tienen las piernas muy grandes y [son] de barriga muy anchos; los pescuezos cuasi como de camellos; las cabezas como las ovejas de Castilla, poco más o menos. Llevan tres o cuatro arrobas a cuestas, y otras veces caminan los hombres encima de ellos. Finalmente, se servían dellos para traer leña y otros trabajos proporcionados, como nosotros de nuestras bestias. Son grandes comedores y quieren mucha y grande yerba. Es ganado muy doméstico y quieto. La carne dél no tiene precio en sabor y sanidad, mejor que la de los nuestros .

La segunda especie es la que llamaban Guanacos, de la figura de los dichos, aunque son mayores algo éstos. Andan monteses infinitos dellos, y son tan ligeros, que a saltos corren que un caballo parece que les pasara apenas.

La tercera especie hay, que llamaron Vicunias, y son más que otras ligeras y menores que los Guanacos. También son monteses. Y puesto que la lana de todos  los de arriba es muy buena, pero la destas, sin comparación es mejor y más fina.

Es la cuarta especie, a quien nombraron Pacos; y éstos son más que todos pequeños y también domésticos.

Por manera, que como hobiese tan infinito número destas especies de ganados ovejunos, haber grande número de pastores necesario era.

Una cosa me ocurre al presente cerca dellos, que no es chico argumento del buen gobierno que en aquellos reinos estaba puesto e ingeniosa policía. Esta es, provisión y cautela prudentísima para que ningún pastor, andando en los despoblados campos apascentando doce y quince mill ovejas, pudiese hacer una menos, ni una tajada de carne ni un pelo de lana dellas, fingiendo que los lobos, o tigres o perros la comieron, o que hobo entrellas morriña. Cuando alguno se encargaba de oficio, tomaba por cuenta tantas mill cabezas o las que eran; éste era obligado a tornallas por cuenta; y si alguna se perdía padecía él el riesgo. Si se le moría, tenía obligación a poner el cuero a una parte y la lana a otra, la cual daba por peso y cuenta; y toda la carne, por piezas, lo de dentro y lo de fuera, había de salar con sus huesos; por manera, que  cuando le pedían la cuenta, cuasi tornaba a reintegrar la oveja, poniendo y mostrando pieza por pieza; y así, ni un dedo de carne ni otra cosa podía comer ni aprovecharse el pastor della sin que se viese; y si algo faltaba de todo esto, lo pagaba de su hacienda; y si mill ovejas desta manera daba muertas, no tenía culpa ni pena. Si el lobo o tigre la llevaba y el pastor lo alcanzaba y de acabarla de comer lo impedía, era obligado a mostrar los bocados y dentelladas de la tal bestia, y lo demás había de dar salado de la manera dicha. Parece no ser chica orden y recaudo para evitar las fraudes que cerca de los ganados por parte de los pastores ofrecerse podían.

En este periodo sobra indudablemente y las hicieron.  .Los antiguos peruanos no conocieron la obra de mampostería ni emplearon jamás la cal ni la argamasa de ninguna manera en la construcción de sus edificios.  .Llamadas mahamaes. Su descripción la toma Las Casas de la primera parte de la Crónica de Cieza, cap. LXXIII.  .Post agricolas optimus est pastorum populus  qui ex pecora vivunt. (Sepúlveda, -lib. , cap -.)

.Acerca del número y aprovechamiento de los rebaños de la tierra, domesticación de aves y uso de la moneda en el Perú, dice Las Casas en el cap.  de la Apologética, dedicado a la prudencia económica de los indios, esto que sigue:

«En los reinos del Perú, donde proveyó Dios de haber muchos ganados, allí los domesticaron. con grande industria, y tuvieron grandes y numerosas greyes o manadas de ovejas y carneros de diez mill cabezas y quince mill y más millares. Destos ganados se servían y aprovechaban de la lana para vestirse, de que hacían sus mantas muy finas y dellas sus camisas o manera de vestidos que usaban; y de llevar con los carneros, por ser muy grandes, sus cargas de tres y cuatro y cinco arrobas, y de ir en ellos por los caminos cavalgando, y al cabo también de comer su carne. Aves que habían hecho y tenían domésticas, muchas abundaban en muchas partes, como ya parece haberlos llevado de acá en España y aun en Francia. Usaban por moneda cierta yerba llamada coca».

Capítulo IV

De los oficiales de todos oficios, principalmente arquitectos, alarifes, tejedores, plateros y mineros

Y tratemos un poco en los reinos del Perú cuanto a este artículo de los oficiales. Ser grandes geómetras intellectuales, que llamamos arquitectos, que tractan la  obra y ordenan y mandan lo que se ha de hacer, y manuales, que son los que en la obra ponen las manos, creo que traer muchos testigos no será muy necesario, pues los grandes y ricos y sumptuosos edificios de pueblos, y casas, y templos y acequias de aguas, que arriba, destos reinos, habemos referido, son, no sólo primísimos, pero admirables y espantables; para edificación de los cuales, manifiesto es no sólo concurrir canteros o picapedreros, albañiles y asentadores de aquellas piedras, sacadores dellas en las canteras, traedores también dellas a las obras de muchas leguas, cortadores de madera, traedores della, carpinteros, labradores y asentadores della, caleros, hacedores de mezcla, pintores y de otros oficiales muchas diferencias. Todas estas obras, aunque eran muy perfectas, como se ha visto, empero, lo que excede toda industria e humano ingenio, es la maravilla de hacellas todas sin hierro y sin herramientas, mas de con unas piedras. Y porque hace poco al caso de lo que probar queremos referir particularizadamente todos los oficios que estas gentes tenían, sobra, según creo, sólo mostrar las obras y edificios hechos, de los cuales se puede tomar cierto y no dudoso argumento abundar en otros muchos  diversos oficios, que particularizallos sería mucho superfluo al presente; con los siguientes dos quiero a esta materia de edificios dar fin y concluilla brevemente.

El uno es las ropas de algodón y de lana que hacían y hoy hacen muy polidas, muy pintadas de diversas y finas colores. (Estas colores hacen de ciertas yerbas.) Muchas mantas de que hacen sus vestidos se han visto de muy fina lana y de diversidad de colores, blanco, negro, verde, azul, amarillo, bien matizadas y proporcionadas, y tan ricas, que parecen almaizares moriscos. Pero lo que más es de admiración, que hagan tapacería (sic); de la de Flandes, muy rica, y no como aquélla, que tiene revés y envés, que de una parte sola suele y puede servir, sino que la que hacen toda es a dos haces, tan bien hecha y hermosa la una como la otra, de la cual en Castilla vide algunos paños que pudieran ponerse y adornar con ellos los palacios del rey. Muchas obras destas hacen cada día, de lana y algodón, muy primas y muy delgadas y finas. Del pelo de unos animales que son del tamaño de liebres, hacen también muy buenas mantas para cubrirse y para la cama, porque son muy blandas, como  seda, y calientes, y por ende bien estimadas .

El otro oficio es el de los plateros. Destos hobo infinitos y hay hoy no pocos cuyo ingenio, industria y sotileza quererla encarecer parece, y lo es, cosa superflua y aun imposible. Debía bastar lo que arriba, puesto que poco, se ha dichos y las piezas y obras de oro y plata que se han llevado de aquellos reinos a Castilla, de las cuales testigos son infinitas gentes que las vieron descargar por muchas veces en la ciudad de Sevilla. Tantas ni tanta diversidad de piezas y de tal hechura invenciones dellas y otras tan primas de oro y plata y tan fácilmente y con tanta penuria de instrumentos, nunca jamás los vivos ni los muertos entre algunas naciones del mundo se vieron ni oyeron. Tinajas, cántaros, fuentes, jarros, platos, escudillas, aves, animales hombres, yerbas y todas las cosas posibles hacerse de plata y oro, y otras que no les sabemos el nombre sino llamalles piezas, y de todas en número infinitas, en aquellos reinos por los naturales vecinos dellos hechas  con los ojos de la cara se vieron, y con las manos se palparon, y por todos los sentidos (sino fue el del gusto, aunque no faltó el gusto del entendimiento) se cognoscieron.

Dos casas se dijo que tenía el Rey del Cuzco en cierto lugar cerca de allí, que eran todas de oro, y la paja con que estaban cubiertas era de oro. Éstas no se vieron, pero argumento dellas hobo, y fue, que con la riqueza que se trujo del Cuzco, preso Atabalipa, se trujeron pajas macizas con sus espiguetas, de la manera propria contrahecha que en el campo nacen, todas de oro. Piezas hobo de asiento, y creo que fue silla, que pesó ocho arrobas. Águilas de plata muy hermosamente, hechas, que cabía en su vientre dos cántaros de agua. Muchas ollas de oro y otras de plata, en cada una de las cuales se cociera una vaca despedazada. Ovejas del tamaño de las naturales de aquella tierra, con sus pastores que las guardaban, tan grandes como hombres, todo hecho de oro. Fuentes grandes con sus caños, corriendo agua en un lago hecho en las mismas fuentes, donde había muchas aves hechas de diversas maneras, y hombres sacando agua de la fuente, todo hecho de oro. Vajillas de todas piezas, y  fuentes y candeleros, llenos de follajes y labores. Admirables, hechos sin instrumentos, más de con dos pedazos de cobre y, con dos o tres piedras, sin otra cosa alguna de que se ayuden. La chaquira, que, son unas cuentecitas no mayores que cabezas de chequitos alfileres y horadadas, que es joya entre ellos muy preciada, y que hay en una sarta infinitas muy menudas que apenas se divisan o pueden ver es obra sobre todas las que hacen prima, sotilísima y muy extraña.

Labran piezas espantables, juntando plata con oro y oro y plata con barro sin soldadura, que no hay oficial de los nuestros que alcance y que no se espante cómo puedan cosas tan diversas juntarse; por manera que hacen una tinaja que el pie tiene hecho de barro y el medio della es de plata y lo alto es de oro; esto, tan prima y sotilmente asentado o pegado lo uno con lo otro, sin estar, como dije, soldado, que en sola la color se distinguen los diversos metales .  Otro primor tienen aquí grande: que como va llegándole la plata hacia el oro, va perdiendo la color y tomando la del oro, y como el oro se va llegando a la plata, va perdiendo su color y tomando la de la plata.

Hacen asimismo estampas y cordones de oro y muchas otras cosas de oro. Sin los vasos. Y destos oficiales hay muchos tan muchachos, que apenas saben bien hablar.

El sacar de las minas la plata no ha sido menos la manera ingeniosa que lo questá dellos relatado. En muchas partes de aquella tierra donde hay grandes mineros de plata, como es en el Cerro de Potosí , y no era posible por vía humana  con huego encendido y avivado con fuelles hacer correr el metal, por la fortaleza dél o por otro secreto natural, inventaron esta manera y arte para lo hacer contra toda su fortaleza o secreta fuerza natural, (conviene a saber): hicieron ciertas como macetas o vasos de barro llenos todos de agujeros, como suelen ser los albahaqueros en España, por donde, cuando los riegan, se distila el agua. Con estos se suben a los cerros más altos y hínchenlos de carbón, y encima del carbón ponen el metal; viene el viento Sur, o mareros o embates de día y de noche, cuando vienta, y entra por aquellos agujeros y a cabo de su rato corre por ellos el metal; después de lo cual, con unos fuelles chiquitos que ellos tienen, lo apuran y afinan y ponen con buena industria en perfección su plata. Y así, en las minas desta especie, sin el viento, plata ninguna se podrá sacar; y cuanto más el viento es mayor, mayor es la cantidad de la plata que se saca.

Cosa es de ver y de maravillar de noche como los cerros están llenos de infinitas luminarias por la lumbre que resulta y sale por los agujeros de aquellas hornillas, o más proprios albahaqueros, como cada uno tenga muchos y los indios que a este oficio vacan sean innumerables, y también muchos españoles.  En las otras minas de plata donde no es tan fuerte como aquesto el metal, su común, sacar dellos la plata, es haciendo un hornillo de barro, y poniendo en él su carbón y sobre él su metal, sóplanlo y enciéndenlo y avívanlo con un cañuto hueco de caña o de palo, hecho para aquel oficio; y este es su modo de sacar tan inmenso e inaudito peso y número como en aquellos reinos las gentes naturales dellos han sacado de plata. El oro de las minas por otra manera y arte, aunque con grandísimo trabajo, pero no con tantos achaques y dificultades y rodeos, se saca.

Y con esto damos conclusión a la segunda parte de la república por sí suficiente y bien ordenada, que, según Aristóteles, fue y es que haya en ella oficiales, etc., etc.  

.Por el tamaño del animal parece referirse a la Viscacha; por la extrema blandura del pelo, a la Chinchilla. También las hacían de pelo de cierto murciélago bermejillo (Noctilio leporinus?)  .No tanto como eso, pero algo parecido dice Antonio de Herrera sobre estas curiosísimas vasijas, al referir uno de los episodios de la conquista de Quito por Belalcázar: «y llegando a un lugar llamado Quioché [Quinché] junto a Puritaco... halláronse diez cántaros de fina plata, dos de oro de subida ley, cinco [] de barro esmaltado y entremetido en ellos algún metal con gran perfección» (Dec. V, lib. VI, cap. V.)

Capítulo V

De la gente militar, su educación y disciplina; armas, provisiones y almacenes para ellas; táctica y política en la guerra

Yendo, pues, por este camino, y prosiguiendo la materia comenzada de la gente de guerra, entremos en la relación de las gentes del Perú, dejados otros reinos y provincias.  Grande solía ser la provisión y cuidado tenía della, para que fuesen proveídos todos los hombres de guerra en aquella tierra. De aquí e de otros muchos argumentos que abajo se traerán, parece seguirse que en aquellos reinos del Perú había gente señalada y dedicada para sólo la guerra, sin tener ni que vacasen a otro ningún oficio; y es así, según afirman los religiosos que por muchos años de conversación y experiencia la lengua de aquella tierra estudiaron y supieron y de propósito han inquirido las leyes y costumbres y secretos y antigüedades de aquellas gentes penetrado . Tenían, pues, ordinarias guarniciones y gente de armas que no entendían en otra cosa sino en las guerras y estar aparejados para ellas. Por esto eran muy privilegiados y exentos de otros servicios.

El modo que se tenía en elegir los hombres para la milicia, era éste: En cada pueblo había maestros de enseñar la manera de pelear y ejercitarse en las armas.  Estos tenían cargo de tomar todos los niños de diez hasta diez y ocho años, en cierta hora o horas del día, e dábanles forma de reñir de burlas o de veras entre sí e [que] se ejercitasen como quiera en las armas; y los que destos salían de más fuerzas y más valientes, más ligeros y aptos para la guerra, y feroces, aquellos mandaba el Rey que los señalasen y fuesen dedicados al ejercicio bélico, y desde adelante cada día más usasen a pelear de burlas o de veras, hasta que fuesen de edad para servirse dellos en las guerras. Mandábales dar sueldo conveniente de que comiesen y se criasen, y que gozasen de sus privilegios.

Tenían otra manera de probar los niños y cognoscer lo que después de grandes harían en las peleas. Después de llegados a los diez y ocho años, poníanlos delante del capitán general o de aquel maestro que tenía cargo deste ejercicio, y mandaba a uno que tenía una porra o alguna otra arma en la mano, «ven acá, mátame aquél», [e] iba y alzaba la porra como que le quería dar; y si el mozo rehuía la cara de miedo, apartábalo y dejábalo para que toda su vida fuese labrador, y su oficio y ocupación fuesen obras serviles; pero al que no huía la cara, dedicábanlo para el  arte militar, mandándole que siempre se ocupase en ella; y desde luego era hidalgo, y gozaba de los militares privilegios. Por estas vías tenían los Reyes de aquellos reinos de señalados hombres muchas grandes guarniciones.

Todos los privilegios y exenciones que le gente de guerra de los Reyes concedidos tenían, eran a costa del Rey; y cuando movía guerra alguna, de sus rentas todos los gastos y sueldo de la gente pagaba, porque el pueblo en cosa ninguna fuese gravado. Para provisión de lo cual, tenían los Reyes modo y providencia admirables. Habían mandado edificar en los cerros muy altos y lugares cómodos, según la calidad y disposición de las provincias muchas casas en renglera y juntas unas con otras, muy grandes, y depósitos de todas las cosas de que había en todo el reino, que ninguna cosa faltaba. Unas estaban llenas del maíz o trigo, pan común de la tierra firme destas Indias, y frísoles, habas, papas, camotes, xicamas, que todas son raíces comestibles y buenas, con otras especies dellas. Había depósitos de sal, de carne seca y curada al sol sin sal, carne también salada y pescado salado y pescado sin sal, curado al Sol y otras cecinas; y finalmente grandísima  provisión y abundancia de comida, cuanta se podía haber y había por todo el reino.

Había otros depósitos de ovejas y carneros vivos, así para comer como para llevar cargas. Había casas y depósitos llenos de lana en gran cantidad, y de mucho algodón con sus capullos y en pelo, y también hilado. Otras casas llenas de camisetas y mantas hechas de lana fina y de lindos colores, y de camisetas y mantas de algodón. Casas llenas de cabuya, inequen y de pita, que ya dijimos ser especie de lino, y de cáñamo; desta mucha en pelo y en cerro, y de hilada y torcida, e infinitas sogas y cabestros dello hechos. De inmensa [¿innúmera?] cantidad de cotaras , que son su calzado para los pies, como alpargates, hechos de diversas y lindas maneras. Había depósitos también de mantas muy ricas y de naguas, que son las faldillas o medias faldillas, y camisas riquísimas para solas las grandes señoras. Había depósitos de gran número de toldos, que son como tiendas de campo, para la gente de guerra. Infinita cantidad de hondas  y piedras hechizas para tirar con ellas; arcos y flechas y hachas de armas y porras de cobre y de plata, y macanas, que son llanas, aunque sirven como porras; rodelas, plumajes; infinita bixa, ques la color bermeja, conque se untaban para se parar horribles y feroces en las batallas; de manera, que ninguna cosa en aquestos depósitos de provisión faltaba, ni para guerra ni para paz. Las porras eran a manera de estrellas, y pasaba el palo por medio con un astil cuasi de cuatro palmos, y traíanlas ceñidas al cuerpo del brazo, y las hachuelas de armas, con otro hastil de tres palmos, al otro lado, atadas a la muñeca del brazo. Algunas porras eran de piedra labrada. Estos vocablos cotaras, macanas, bixa y maíz y maguey, fueron vocablos DESTA isla, y no de la Tierra Firme, porque por otros vocablos allá estas cosas llaman.

Las causas porque movían comúnmente sus guerras eran, o porque alguna provincia de las subjetas se venía a quejar de otra que no era súbdita, por alguna injuria o daño della recebido, o porque alguna de las subjetas contra el Rey se rebelaba; y éstas eran las causas ordinarias. Otras hobo, algunas veces por ambición del Rey, queriendo dilatar su imperio, y señorío  , como hacen muchos tiranos en el mundo.

Antiguamente, antes que señoreasen aquellos reinos los Reyes Ingas, tenían guerra sobre las aguas y tierras; y por estas causas tenían sus pueblos en cerros altos y en peñas, y hacían fortalezas donde subían su comida con mucho trabajo y pena. No tenían otras armas sino hondas, y unas rodelas. Éstos eran los de las sierras; pero los de los Llanos, que se llaman yungas, tenían flechas y unos dardos que tiraban con amiento, y debían ser como las tiraderas de ESTA isla.

Cuando la provincia era pequeña contra la cual se determinaba la guerra, enviaba el Rey a un debdo suyo por capitán general; pero si era grande, iba él en persona a dar la batalla.

La gente de guerra estaba tan bien morigerada, tan modesta, tan ordenada y tan contenida dentro de los límites de la razón, que cincuenta mill hombres y muchos más que solían, si era menester, juntarse, iban por los caminos reales; y llegando y pasando por los términos de cualquiera lugar chico o grande, no entraba en el pueblo hombre alguno dellos, sino todos se aposentaban en el campo; y si convenía, por la comodidad, entrar en el  pueblo, estábanse en la plaza sin entrar en alguna casa; y aunque viniesen rabiando de hambre, no osaría hombre de ellos tomar un pollo ni grano de maíz, ni hacer menos a ningún vecino, contra su voluntad, un hilo de lana.

Luego, los oficiales que para esto allí, el Rey tenía puestos, sacaban las provisiones de comida y bastimento que tenían ya guisada y aparejada, y de todas las otras cosas que al ejército y a cada particular persona dél eran necesarias. Repartíanse por sus cohortes y capitanías los vestidos, calzados, tiendas y armas y todo lo demás que les faltaba. Hurto, agravio, fuerza, mala palabra a ninguna persona era dicha ni hecho, ni había quien ninguno del ejército se quejase, porque hobiera gran castigo, y sobre ello había gran orden y cuidosísimo recaudo. Pero, principalmente procedía esta observancia, de ser la gente de su naturaleza más que otra del mundo subjectísima y obedientísima a sus Reyes y Señores, por su innata mansedumbre y humildad. Y así, aquellos ejércitos, tanta era su modestia, su orden, su regla y la justicia que para con todos guardaban, que más se podían decir parecer convento de frailes muy regulados, no quiero decir que destos soldados, pero  que ni muy quietos y honestos ciudadanos .

La misma provisión y en toda abundancia de las cosas necesarias hallaba el ejército en cualquiera despoblado por donde pasaba, porque en todas partes había los grandes depósitos llenos de las cosas de provisión de suso señaladas.

Cuando comenzaban a pelear, lo primero era con las hondas, en que eran muy diestros y con que disparaban infinita pedrería, como entre nosotros disparamos nuestra artillería, cuando al ejército contrario puede alcanzar; después que más se acercaban, peleaban con las flechas; a la postre venían a las manos y usaban de las porras y macanas y las otras armas .

Si la gente contraria o culpada salía a recibir de paz con humildad y satisfacía y aplacaba de obra o por palabra, siempre los recebían con benignidad, y a los que les hacían guerra solamente peleaban hasta subjectarlos. Después de subjectos, tomábanles  alguna gente para su servicio, a manera de esclavos, los cuales poco difirían de libres en los trabajos que los imponían y en el ordinario tratamiento. No eran crueles contra los enemigos ni se holgaban de matar ni hacer en ellos crueldades después de rendidos, antes fácilmente se aplacaban y perdonaban las injurias recebidas, desque vían las victorias ser concluidas.

Tenían cierta manera de orden de caballería, cuasi como los de la Nueva España, aunque no con tantas cerimonias ni a tanta costa, puesto que, por ventura de más alta guisa; y debía ser para obligar los caballeros a hacer valentías en las guerras. Esta era la de los Orejones, la cual no podía ninguno tomar ni profesar sino los del linaje de los. Señores Ingas, y con licencia y privilegio del Rey. Las cerimonias que para esto hacían eran estas: el que había de ser orejón y armado caballero, había de ayunar cuatro días sin comer cosa alguna, y al cabo dellos; hacíanle correr por unos cerros mirándolo todo el pueblo. Después mandábanle luchar con otros mancebos, y ejercitado y probado en esto, horadábanle las orejas por el cabo de abajo, ques lo más blando dellas, y metíanle por el agujero un palillo delgado  y pequeño. Luego hacíanles más grandes aquellos agujeros, y más y más, hasta ser tan grandes que puedan meter por ellos un rollete de muchas vueltas como un aro de cedazo chequito con que suelen los taberneros colar el vino. Si es gran Señor el caballero, póneselo de oro o de plata. E aina parecerán estas orejas a las de los fanesios, gentes de unas islas que están en el Océano septentrional; los cuales, según Plinio (lib. . cap. ) , viven desnudos, pero tienen unas orejas tan grandes, que les cubren todo el cuerpo.

Esta era y es la suprema hidalguía y honra y caballería entre ellos, y manera de armarlos caballeros o hacer profesión en ella, después de ser Supremo Señor en aquella tierra. Ninguno podía usar de esta insignia, que era tener las orejas tan grandes como dicho es, sino los del linaje del Señor Supremo, ni sin su autoridad y licencia, ni sin haber hecho las cerimonias ya dichas. Hacía, empero, el Rey mercedes, aunque raras veces, a algunos señores grandes que pudiesen hacer estas  cerimonias y usar de aquel privilegio, yendo las orejas de aquella manera.

Después que los españoles entraron en aquellos reinos, muchos de los Señores que hay usan ya libremente de aquella preeminencia, como falta quien se lo impida; pero en tiempo de los Reyes ninguno lo osara hacer.

En estos actos y cerimonias se les ponía el nombre con que aquellos caballeros para toda su vida habían de quedar, quitado el que hasta allí habían tenido. Había costumbre entre todas aquellas gentes de mudar tres veces los nombres: uno ponían al niño y la niña de cuatro días nacido, el cual era puesto ab eventu (conviene a saber) por alguna cosa que a él o a otros aquel tiempo acaeciese segundo, en llegando el niño a los ocho años, y entonces le tresquilaban los cabellos y poníanle aquel nombre que su padre o agüelo había tenido cuando niño. La tercera mutación del nombre acostumbraban hacer a los diez y ocho años, y tresquilábanlo otra vez, poníanle nombre comúnmente de su padre o agüelo, y con éste se quedaba y nunca más se había de tresquilar; pero a los señores y caballeros de la dicha caballería, ponían el nombre con que había de quedar en aquellos actos  de la profesión que dijimos, lo cual concluido, todos los parientes y amigos hacían muy señalada y regocijada fiesta de comer y beber, con bailes y danzas y todas las maneras que tenían de alegría y regocijo. Y con esto se fenecían las cerimonias de aquella orden y caballería, y así quedaban en gran dignidad y estima de todos, aquestos los caballeros armados así, aunque harto a menos costa de trabajos y penitencia y ayunos y vigilias y devoción y bendiciones sacerdotales, y también peligros, que los caballeros de la Nueva España que profesaban la orden y caballería de Tecuitli; y aunque parece aquesta de los orejones de más autoridad y dignidad y estima, empero la de los Tecuitles cierto más pomposa y más célebre y adornada de cerimonias y con más propios y trabajosos actos del caballero que la profesaba se merecía. Y esto, cuanto a la tercera parte de la república bien ordenada y que es estar proveída de gente de guerra, que la hobo entre aquestas indianas gentes, sufficiat  

Entre ellos su correligionario y amigo fray Domingo de Santo Tomás, autor del arte primero y vocabulario que de la lengua quíchua se han impreso, y de quien Cieza de León aprendió muchas cosas acerca de las costumbres de los yuncas costeños, según declara en el cap. LXI de la Primera parte de la Crón. del Perú.  .En lengua de Haití; Cactlis, en la mexicana; uxutas u ojotas en quíchua.  .Así el periodo, que no hace sentida. Tiene muchas tachas y enmiendas y el autor olvidó, sin duda, la forma definitiva en que había de quedar. Este caso no es único sino frecuente en el voluminoso original de la Apologética.  .También se servían de las porras como armas arrojadizas.  .Las Casas cita equivocadamente el cap. . El texto de Plinio reza: Fanesiorum... in quibus nudas alioquin corpora proegrandes ipsorum aures tota contegant. 

Capítulo VI

De la riqueza de los Señores y particulares. -Comercio y moneda

Los Reyes y gentes del Perú asaz ricos eran y suficientísimamente proveídos estaban de las cosas necesarias para las guerras que quisiesen mover contra otras gentes (como parece por el capítulo precedente), y pocos Reyes del mundo leemos que tal provisión para ellas ni tal orden hobiesen tenido; y si de oro y plata hablamos, pocos o ninguno de los Reyes, que se leen fueron tan ricos. Sobraba pues, la provisión que tan abundante y cierta y contina y prompta y perpetua tenían en aquellos depósitos, para que cuanta gente de guerra quisiesen los Reyes juntar fuese muy suficientemente proveída. Era mirable la industria, orden y providencia que los Reyes tenían puesta en que aquellas alhóndigas y depósitos estuviesen siempre llenos de todas las cosas necesarias, no sólo para la guerra, pero para otros bienes públicos. Estos depósitos estaban edíficados junto a los Caminos Reales, y a sus trechos y jornadas, convinientes en los despoblados y otros  en las ciudades. Cada provincia comarcana era obligada, por título de tributos para el Rey, a labrar o hacer labranzas y sementeras cuando el pan, ques el grano del maíz, y las otras cosas de mantenimiento de los frutos de la tierra, en ciertas tierras que estaban señaladas e se nombraban del Rey e Señor. Cogidos los frutos, encerrábanlos en aquellos depósitos, que eran unas casas muy grandes. Lo mismo se hacía de las carnes y pescados en cecinas; lo mismo de las mantas para vestidos y calzados; lo mismo de las armas y de todas las otras cosas que arriba se señalaron, porque todo esto tributaban. Y estas casas de depósitos y las cosas que en ellas se metían y guardaban, tenían título del Rey, como quien dijese las Atarazanas Reales.

Cuando estas provisiones no se gastaban, porque no había guerras o porque de las fiestas que los Reyes hacían (porque de aquellos depósitos para ellas gastaban) sobraban, y también porque no se dañasen, tenían ordenado y mandado que cada tres años se renovasen y tornasen a hinchir de todas las cosas que de antes llenas estaban. Y lo que para reyes gentiles y sin lumbre de fe, y aun para reyes católicos y buenos cristianos, es cosa de grande  ejemplo e imitable, que tenían tanto cuidado de los pobres, que cada vez que los depósitos se renovaban, todo lo que en estos había de lo viejo, se repartía por los pobres, comenzando de las viudas y huérfanos y otras personas necesitadas. Esta obra y providencia era digna de rey prudentísimo, piísimo y digno de reinar y gozar de sus reinos por muchos años.

Item de ganados había muchas personas riquísimas, que ni los ganaderos de Soria ni aun los Padres antiguos parece haber tenido tan grandes ayuntamientos Y hatos de ovejas, ni en tantas partes como aquéllos tenían.

Cuanto a los tratos, comercios y contrataciones, en los reinos del Perú tenían también sus comercios y lugares señalados para ellos, donde compraban y vendían, y la moneda, o en lugar de moneda, que usan, es cierta yerba, que llaman en su lengua Coca, que es como hoja de arrayan, la cual, trayéndola en la boca, no sienten hambre ni sed por todo el día. Yo la he visto traer continuamente (si quizá no es otra)  a la gente de la provincia de Cumaná y aquella  costa que dicen de Paria abajo, hacia donde se solían pescar las perlas; la cual les causaba «una grande fealdad, que teniendo los dientes de su naturaleza, muy blancos y muy buenos, se les hacía sobrellos una costra gruesa tan negra como si fuera de azabaja [azabache]. También se usa traer yerba en la boca en las provincias dentro en la tierra que van a Popayan, y así debe ser por toda aquella tierra y reinos o por mucha parte dello, puesto que no sabré decir si es toda una la Coca del Perú y las yerbas que por las otras provincias traen las naciones dellas en la boca. Si son diversas, deben tener la misma virtud, y el fin de traellas debe ser por conseguir el mismo fruto.

Capítulo VII

De los dioses, ídolos y fábulas religiosas

Primero que descendamos a la multitud de los dioses, se ha de saber que antes que el capital enemigo de los hombres y usurpador de la reverencia que a la verdadera deidad es debida, corrompiese los corazones humanos, en muchas partes de la Tierra Firme tenían cognoscimiento  particular del verdadero Dios, teniendo creencia que había criado el mundo y era señor dél y lo gobernaba, y a él acudían con sus sacrificios, culto y generación y en sus necesidades. Y en los reinos del Perú le llamaban Viracocha, que quiere decir Criador y Hacedor y Señor y Dios de todo .

Y para que se tenga noticia de los dioses que aquellas tan infinitas naciones tenían y adoraban, es de tomar por regla general, que por todo aquello que se sabe de aquella vastísima Tierra Firme, al menos desde la Nueva España y atrás mucha tierra de la Florida y de la de Cíbola, y adelante hasta los reinos del Perú inclusive  , todos veneraban el Sol y estimaban por el mayor y más poderoso y digno de los dioses, y a éste dedicaban el mayor y más sumptuoso y rico y mejor templo, como parece por aquel grandísimo y riquísimo templo de la ciudad del Cuzco, y otros en el Perú. El cual en riquezas nunca otro en el mundo se vido, ni en sueños se imaginó, por ser todo vestido de dentro, paredes y el suelo, y el cielo o lo alto dél, de chapas de oro y de plata, entretegidas la plata con el oro, no piezas de a dos dedos en el tamaño ni delgadas como tela de araña, sino de a vara de medir, y de ancho de a palmo y de dos palmos, gruesas de a poco menos que media mano, y de media y de una arroba de peso. Los vasos del servicio del Sol, tinajas  y cántaros, de los mismos metales, tan grandes, que, si no los viéramos, fuera difícil y casi imposible creerlo; cabían a tres y cuatro arrobas de agua o de vino o de otro licor, como arriba más largo en el capítulo  lo referimos.

Entremos ya finalmente a tratar y fenecer la materia de los dioses en las grandes regiones y reinos del Perú, donde tanta multitud de naciones y tan bien ordenadas y regidas vivían, y muy dadas y ejercitadas en la religión. Todas ellas tenían sus ídolos y dioses artificiados de piedra y madera, cada pueblo y quizá cada casa y vecino en particular. En ellos, según se decía, les aparecía el Demonio en diversas figuras, conviene a saber, que aparecía a los sacerdotes y hablaba con ellos; porque no se tiene el traidor en tan poco, que se deje ver de todos.

Dos especies de gente eran más que las otras religiosas y a los dioses más devotas (conviene a saber), las que vivían en las sierras y las de la costa. Los serranos, por lo que toca a sus sementeras, las cuales muchas veces se les perdían, dellas por falta de lluvia y dellas por sobra de nieves o hielo; los de la costa de la mar por sus pesquerías. Por estas necesidades tenían sus dioses que en aquellas cosas  presidían, y a ellos, cuando les convenía, con sus devociones y sacrificios acudían. Tenían para ellos sus templos en los picos de las sierras altísimas y asperísimas, y en la mar dentro de algunas islas. A todas las cosas que les parescía tener alguna cualidad señalada más que las otras, como si una sierra tenía un pico o alguna peña que diferenciaba de las otras y parecía mejor puesta o de más agradable, a su parecer, hechura, o alguna concavidad, creían tener alguna participación de deidad, por lo cual le tenían especial devoción y le hacían reverencia y sacrificio.

En aquellos tiempos se tuvo por dios una muy rica esmeralda en la provincia de Manta, que es la que agora llaman Puerto Viejo, la cual ponían en público algunos días y la gente simple la adoraba. Y cuando algunos estaban malos, íbanse a encomendar a la esmeralda, y llevaban otras piedras esmeraldas para le ofrecer, por persuación del sacerdote, dándole a entender, que por aquella ofrenda la salud le sería restaurada.

Tenían también a los Señores que les habían bien y justamente y con amor y suavidad gobernado y sido provechosos a los pueblos, por más que hombres, y a poco vinieron a los estimar por  dioses y a ofrecelles sacrificios y acudir a ellos, invocándoles en sus necesidades.

Estas y otras cosas tenían en veneración las gentes de aquellas provincias en todo el tiempo que precedió al señorío y reinado de los Reyes Ingas, mayormente al primero, que llamaron Pachacuti Inga, que quiere decir «Vuelta del Mundo» y porque los puso en mucha y más polida policía que la que antes tenían, y por esta polideza y mejoría les parecía que se volvía el Mundo de un lado a otro.

Pero este Rey y sus sucesores, más discreto y verdadero conoscimiento tuvieron del verdadero Dios, porque tuvieron que había Dios que había hecho el Cielo y la Tierra, y el Sol, y Luna, y estrellas y a todo el Mundo, al cual llamaban Condicibiracocha, que en la lengua del Cuzco suena, «Hacedor del Mundo». Decían que este dios estaba en el cabo postrero del Mundo, y que desde allí lo miraba, gobernaba y proveía todo; al cual tenían por Dios y Señor, y le ofrecían los principales sacrificios. Afirmaban que tuvo un hijo muy malo, antes que criase las cosas, que tenía por nombre Taguapicaviracocha; y éste contradecía al padre en todas las cosas, porque el padre hacía los hombres buenos y él los hacía malos en los cuerpos y en  las ánimas; el padre hacía montes, y él los hacía llanos, y los llanos convertía en montes; las fuentes que el padre hacía, él las secaba; y finalmente, en todo era contrario al padre; por lo cual, el padre, muy enojado, lo lanzó en la mar para que mala muerte muriese, pero que nunca murió . Parece aquesta ficción o imaginación significar la caída del primer Ángel malo, hijo de Dios por la criación, pero, malo por su elación y siempre contrario de Dios su Criador. Fue lanzado en la mar, según aquello del Apocalipsi, capítulo : Diabolus missus est in stagnum, etcétera. Decían también que el Sol era el principal criado de Dios, y que es el que habla y significa lo que Dios manda; y no iban en esto muy lejos de la verdad, porque ninguna criatura (sacados los ángeles y los hombres) así representa los atributos y excelencias de Dios (según San Dionisio, . de los Divinos nombres), como el Sol. Y así, como tenga y produzga tan excelentes y diversos efectos ¿qué otra cosa parece sino manifestar y publicar las excelencias  y operaciones que en estas cosas criadas obra el Criador y verdadero Dios? Por lo cual lo servían y honraban y ofrecían sacrificios; pero primero y principalmente a Conditibiracocha, Hacedor del Mundo, como a Señor de todo.

Aquel Rey Pachacuti, como comenzó a gobernar aquellos reinos, como fueran muchos juntos, como se dirá, lo primero en que puso orden fue en las cosas del cultu divino, y para esto quiso informarse de todos los dioses que cada pueblo y provincia y casa tenía; y cuando le venían a dar la obediencia, inquiría qué dioses tenían y ofrecían sacrificio y acudían en sus necesidades. Cada uno le daba cuenta de su dios, diciendo unos que tenían por su dios a la mar, como los pescadores; otros a las peñas altas, o sierras como los labradores y gente serrana; otros a las aves o a tales aves; otros a los árboles o a maderos que ellos labraban; otros había que adoraban las zorras, o leones o tigres, porque no les hiciesen daños y por persuasión de los demonios que en aquellas bestias o en figuras dellas respondían y hablaban con los sacerdotes. Otros, también decían que veneraban a Señores que habían tenido, porque los habían blanda y suavemente gobernado; y así poco a  poco vinieron en opinión que aquellos eran más que hombres.

Dándole cada uno cuenta de los dioses a quien servían y adoraban, dicen que de muchos de los dioses que le referían se reía y burlaba y dando a entender que aquellas cosas no eran dignas de ser dioses, y así se lo declaró diciendo que era escarnio tener y adorar cosas tan bajas y viles por dioses, y que no los debían de reverenciar ni ofrecer sacrificio; pero que, por no dalles pena, les daba licencia que los tuviesen como antes los tenían, si quisieren, con tal condición que sirviesen y reverenciasen por sumo y mayor dios que todos los dioses al Sol. Porque, decía él, que el Sol era la mejor cosa de todas y la que más bienes y provechos hacía a los hombres, por lo cual los hombres eran obligados a servirlo y venerarlo más que otra cosa alguna por Dios y Señor. Y para inclinarlos más a la veneración y reverencia y aceptación por cosa más veneranda que otra, después de Dios, al Sol, por su mismo ejemplo dedicó luego las casas que tenía en la ciudad del Cuzco de su padre y agüelo, y predecesores, donde al presente, su padre, que aún era vivo, y él habitaban, para templo del Sol; de las cuales se salieron y en ellas hicieron  aquel solenísimo, riquísimo y admirable templo, de que arriba en el cap.  hecimos mención. Estas Casas y Palacios Reales hasta entonces se llamaban Chumbichuncha, y de allí adelante se llamaron Coricancha, que quiere decir «cercado de oro», porque hizo labrar en muchas piezas excelentes más y mayores que las que había de piedra maravillosamente labrada, cercadas de planchas de oro y plata enrededor, y por mezcla en algunas partes se puso plata, como en el cap.   ya se refirió.

Puso en una pieza muy rica y señalada dellas la estatua del Sol, de bulto, toda de oro, con el rostro de hombre y los rayos de oro como se pinta entre nosotros. Esta sacaban algunas veces al Sol, porque decían que le comunicaba el Sol verdadero a aquel de oro su virtud. Hacíanle cada día dentro de aquella capilla o pieza rica grandes sacrificios, como se dirá. Mandó hacer mucho número de mazorcas de maíz, todas de oro fino, que estaban delante del Sol. Tenía dentro del mismo templo o del circuito de los edificios una huerta mediana, que hoy también vive, trayendo  la tierra muy fértil de muy lejos para plantalla, y para la regar se trujo una fuente de luenga distancia por caños labrados de maravilloso artificio, que hoy también sirve de su oficio en la misma huerta. En esta huerta se sembraba cada año maíz e otras sementeras para comida, que se ofrecía todo al Sol en sacrificio. Esta huerta cavaba y sembraba con sus propias manos el mismo Rey Pachacuti Inga y sus hermanos y deudos más cercanos, y esto estimaban por grande honor y dignidad, así en el tiempo del sembrar como en el de la cosecha. En estos dos tiempos se hacían grandes fiestas, convites, alegrías y regocijos.

Puso en este templo, para servicio del Sol, gran número de mujeres y doncellas, hijas de Señores, unas, las más principales, consagradas para mujeres del Sol; otras para criadas y sirvientas suyas; otras para criadas destas mujeres; otras para criadas de sus criadas. Sus mujeres y criadas le servían haciéndole ropa muy rica labrada por maravilla, y vino y las comidas que le ofrecían. Todas estas mujeres y criadas eran doncellas vírgines, y guardábase con tanto rigor, que si se quebrantara se tuviera por inexpiable delito, y no se castigara con menos que con crudelísima  muerte. Afirman nuestros religiosos, muy entendidos y expertos en aquella lengua, que muchas veces oyeron afirmar a los viejos dellos, nunca haberse hallado jamás falta en esto en aquellas mujeres. Era inestimable honra y dignidad ser del número dellas. Llamábanse Mamaconas, que en su lengua quiere decir Señoras Madres. Puso eso mismo en aquel templo sacerdotes que celebrasen y ejercitasen su oficio cerca del culto del Sol. Adornolo de maravillosos y ricos y grandes vasos de oro y plata para servicio del Sol. Finalmente, lo proveyó en edificios, vasos, ministros varones y mujeres, riquísima y abundantísimamente, como prudentísimo y religiosísimo, devoto y magnánimo Rey o Señor. En tanto grado se halla este Rey haber sido estudioso y vigilante cerca del cultu del Sol, tenido cuasi por Dios, aunque falso Dios, que afirman los nuestros que pluguiese al verdadero Dios, que, a ejemplo de aquel que le ignoraba, nosotros que por su benigna (sic) condescendencia le cognoscemos, cerca de su servicio fuésemos tan solícitos y devotos como él lo era para con el Sol, que creía, y estimando erraba, ser poco menos que Dios, o quizá lo igualaba con Dios, aunque confesaba haber sido hechura del verdadero Dios.  Hizo edicto público y universal en todos sus reinos y señoríos, mandando a todos los Señores y sus antiguos subjectos, y a todos los que de nuevo por sus nuevas y fama loable, venían a se le subjectar, que cada uno hiciese en los pueblos de su señorío y gobernación, conforme a la calidad del Pueblo, un templo al Sol, y lo adornase y proveyese de suficiente servicio, sacerdotes y otros ministros, a la manera de aquel que en la ciudad del Cuzco él había constituido; y que puesto que les dejaba los dioses antiguos que cada uno tenía, esto no era porque aquellos fuesen dioses, sino por condescender con ellos y contentarlos; por tanto, que ya que se quedasen con aquellos, tuviesen por principal Dios y Señor al Sol y como a tal le edificasen los templos y adorasen y sirviesen. Lo cual se puso así por obra por todas las tierras de su Señorío, que ni poco ni mucho era sino unas mil y tantas leguas.

Y así, en cada provincia, aunque había templos dedicados a particulares dioses, siempre el más principal y suntuoso y de mayor veneración era el del Sol a ejemplo y semejanza del que el gran Rey constituyó, en la ciudad Real del Cuzco al Sol. Del cual está hoy en pie la mayor  parte de los edificios, aunque no con la riqueza y servicio que antes tenía, porque allí se hizo un convento de la Orden de Santo Domingo; pero hay hoy vivos algunos viejos, que eran de los dedicados al servicio de aquel templo, y viejas de las vírgenes Mamaconas.

Digna cosa es esta de mucha consideración, que un hombre sin fe ni cognoscimiento del verdadero Dios, o al menos no parecía que tenía más que los otros, con sola la lumbre de la razón natural conosciese que aquellas cosas que los otros estimaban y servían por dioses, no merecían tal reverencia y servicio como se debe a Dios; e ya que él erraba, escogía al menos la más excelente de las criaturas por Dios, entendiendo y confesando tácitamente, que la cosa que en las cosas es la mejor, aquella merecía y merece ser Dios; y cuanto más que, como arriba queda dicho, expresamente cognoscía que el Sol era criatura del verdadero Dios.

Consideremos también, que si aquél alcanzara fe y cognoscimiento del verdadero Dios, ¿qué fueran los templos, cuáles los ministros, cuántas las riquezas, las cerimonias, los sacrificios que constituyera por honra del divino nombre y ejercicio de la cristiana religión? Al menos, creíble  cosa es, que si no pudiera hacer más y mejores las cosas, hiciérelas con mayor certidumbre y confianza de la remuneración, y más íntima y suave devoción que las hacía por el Sol.

Con esto cierro la materia y relación de los dioses de más de tres mil leguas de tierra destas nuestras Indias; lo cual basta para conjeturar que todas las demás naciones que hay, de que aún no tenemos noticia, serán en esto semejantes a las referidas, poco menos o poco más.   

Capítulo VIII

De otros templos famosos que había en el Perú, su forma y edificio

Resta, para concluir esta materia de templos, referir en breve lo mucho que había que tratar de los templos solenísimos y riquísimos más que alguno pueda con exceso encarecer, que tenían las ciudades y pueblos celebratísimos de los reinos del Perú. Y sólo se ofrece decir de la forma de sus edificios, la cual no del todo se me ha expresado, porque los primeros que allí entraron no curaron de la especular .  Dos maneras de templos hobo en aquellos reinos, que diferían en la forma. Una dedicada a los dioses antiguos que aquellas gentes, antes que reinasen los Reyes Incas, reverenciaban por dioses, y otra los templos consagrados al Sol. Ya queda dicho arriba, cómo, cuando comenzó a reinar aquel prudentísimo y religioso Rey Pachacuti, primer Inga, quisiera quitar todos los dioses de la tierra, por parecelle que no merecían ser dioses, pero por no dar pena ni entristecer a los pueblos, permitió que se quedasen cada uno con los suyos, con tanto que rescibiesen y venerasen al Sol por verdadero y principalísimo Dios. Y para diferenciarlo de los otros dioses, ordenó muchas cerimonias, sacrificios y servicios y ministros servidores, y otras cosas cuantas pudo.

Entre aquellas fue una, conviene saber: que los templos se le edificasen de otra manera y en otros lugares que a los otros dioses (de quien él burlaba) solían edificarse. A los otros edificaban los templos dentro de los pueblos y en lugares llanos y bajos. Todos los aposentos y retretes y partes dellos eran muy menudos y escurísimos, que a cualquiera que hobiese de entrar en ellos, había primero de se angustiar y temblarle las carnes. Bien  parecía que el que allí quería ser reverenciado, en tinieblas vive y en tinieblas anda; y a los que le sirven, a las tinieblas sempiternas negocia de llevar.

Pues como el Rey Pachacuti estimase de aquellos dioses o que eran falsos o que eran malos, como en la verdad lo eran, porque el Demonio en algunos aparecía y quería ser adorado, y tuviese al Sol por dios bueno y mejor que los suyos, y, por consiguiente, siempre quisiere de aquellos diferenciarle, mandó hacer los templos del Sol siempre en los lugares más eminentes y altos; esto es, que los mandaba edificar en los cerros que las ciudades por su eminencia y altura señoreaban; y si cerros o sierras no había naturales, por ser la tierra toda llana, mandaba hacer los altos de tierra junta mucha, que se allegaba con industria humana. En el cerro o sierra natural o hecho industriosamente de tierra aquel mogote alto, la forma del templo desta manera se ordenaba: Hacíase una cerca de pared muy gruesa y redonda, de cinco o seis estados alta; dentro de aquella y apartada por alguna distancia, se edificaba otra, también redonda, y, según la proporción que convenía, alta; y en algunos templos se hacían cinco cercas, y la postrera ya era en lo postrero del cerro,  que era suelo llano o porque lo allanaban. Allí, en aquel suelo, edificaban cuatro cuartos en cuadra, como los que tienen en los monasterios los claustros. Las paredes tienen muchas ventanas y muy grandes por donde entra la luz y están todas las piezas muy claras.

Dentro de aquel cuadro o cuartos estaban los altares, y allí era la Sancta Sanctorum del Sol. Estaban cubiertos de su madera muy bien labrada, cómo el que llamamos zaquizamí en nuestra España. Tenía el templo dos grandes portadas por donde se entraba, y subían a ellas por dos escaleras de piedra mucho bien labradas, cada una de treinta gradas. Todo lo alto del zaquizamí estaba cubierto de planchas de oro, el suelo y las paredes lo mismo, y muy pintadas, y en ellas ciertos encajes donde se ponían ovejas de oro y otras piezas dello, que se ofrecían al Sol. A una parte del templo había cierta pieza como oratorio hacia la parte del Oriente donde nasce el Sol, con una muralla grande, y de aquella salía un terrado de anchura de seis pies, y en la pared había un encaje donde se ponía la imagen grande del Sol de la manera que nosotros lo pintamos, figurada la cara con sus rayos. Esta ponían, cuando el Sol salía, en aquel encaje  las mañanas, que le diese de cara el Sol; y después de mediodía pasaban la imagen a la contraria parte, en otro encaje, para que también le diese cuando se iba a poner, el Sol de cara.

Dentro de las dos cercas que primero dijimos, estaban los aposentos de los sacerdotes y de las vírgenes consagradas al Sol, y de los otros ministros y servidores y oficiales del templo, y oficinas para labrar y guardar las joyas y las ropas de lana finísima y de algodón para el Sol, y para bodegas de los vinos y las aves y Otras cosas vivas y no vivas que se le ofrecían y sacrificaban, que eran cuasi sin número. Y estos eran anchos y grandes, y así, el número y circuito e capacidad de todo el templo y de los aposentos y cámaras o piezas dél, no podía ser sino muy grande; y todo ello era muy claro por todas partes, para diferenciar (como dijimos) el templo del Sol, que a todas las cosas hace claras, de los templos de los otros dioses, que eran todos oscuros y tristes y atenebrados.

Esto pareció muy bien cuando los primeros españoles en el Perú entraron y llegaron a la ciudad de Pachacama, donde hallaron el templo del dios Pachacama o demonio, que así se llamaba, el cual estaba  muy escuro y hidiondo y muy cerrado, a donde tenían un ídolo de palo hecho, muy sucio y negro y abominable, con el cual tenía mucha gente gran devoción, y venían a serville y adoralle de trescientas leguas con sus votos y peregrinaciones y dones y joyas de oro y plata.

Creyeron los españoles, y así debía ser, que el Demonio entraba en aquel ídolo y les hablaba. Y habíales hecho entender que él era el que había hecho la tierra y criado los mantenimientos y todo lo que en ella está; y así, Pachacama quiere decir en aquella lengua «Hacedor de la tierra».Y después que por la ida de los religiosos y por su predicación, plugo a Dios que algunas gentes de aquellas se convirtiesen, hizo mucho del enojado y fuese a los montes o al Infierno, que siempre trae a cuestas, no queriendo muchos días venirles a hablar. Pero viendo que por aquella vía perdía más que ganaba, determinó llevar otro camino y apareció a quien solía, que son los sacerdotes, a quien suele (como queda dicho) primero engañar, y díjoles: «Yo he estado de vosotros muy enojado, porque me habéis dejado y tomado el dios de los cristianos, pero he perdido el enojo, porque ya estamos concertados y confederados el dios de los  cristianos y yo que nos adoréis y sirváis a ambos, y a mí y a él que así se haga nos place». Porque se vea cuantas mañas y cautelas tiene aquel malaventurado para llevar consigo las ánimas. Sabía bien que por esta vía y con esta industria, no sólo no perdía nada, pero ganaba mucho más; porque, baptizándose la gente y baptizados adorando los ídolos juntamente, a Dios causaban mayor ofensa y mayores tormentos a los que por este camino engañaba. Y que usase deste nuevo engaño débese tener por verdad, porque nuestros religiosos por cierto lo averiguaron.

El templo del Sol que allí había, estaba deste sobre un cerro hecho a mano de adobes y tierra bien alto desviado, con cinco cercas y maravillosamente labrado, todo muy patente, lleno de luz y claro, según que los Reyes mandaban así edificarlos. De la materia de que todos aquellos templos se hacían, y cuán polida, rica, sumptuosa y artificiosamente los edificaban, en los capítulos  y  queda bien declarado. 

Capítulo IX

Sobre la riqueza y hacienda de los templos. –Ganados

Y en lo de las riquezas que procedían de los ganados pertenecientes a los templos, es tan inmensa la ventaja que a todas aquellas riquezas que de los ganados salían hacían los ganados que los templos de los reinos del Perú dedicados al Sol poseían, y también las muchas y grandes heredades y sementeras de vino y de todas las cosas de mantenimiento, para los sacrificios y sustentación de los sacerdotes y ministros de los templos, que duda ninguna tienen los que de los nuestros de aquello tuvieron alguna noticia y que no subiesen de más en numero de un millón o cuento de ovejas las que había consagradas al Sol en aquellos templos, cada una de las cuales tiene más valor en carne y en grandeza, en lana y su fineza, que cuatro de las nuestras; lo mismo era en las otras heredades y haciendas. Los hatos de éstas tenían sus dehesas muy grandes y muy complidas, que llamaban moyas, también dedicadas al Sol y como cosas sagradas y diputadas al culto divino, donde pascían; y los pastores,  cuyo nombre era michi, que las guardaban, diligentísimos en la guarda y en la conservación dellas fidelísimos; y aunque anduviesen sin guarda, ninguno fuera osado a hurtar o hacer menos una ni ninguna, ni aun una verija de lana dellas, que no creyera ser luego hundido debajo de la tierra. Y esto era harto de maravillar, por la creencia, reverencia y devoción y fidelidad que al Sol, que por dios estimaban, tenían; lo cual es más de estimar que los milagros que dice Tito Livio que cerca de los ganados de la diosa Juno hacerse fingían. Que también los templos del Sol, no uno, sino muchos, y todos los de las provincias del Perú, al segundo de que habla Tito Livio edificado y dedicado a Júpiter en Antiochía, en magnificencia y riqueza hayan excedido, parece muy claro por las muchas, ricas, admirables y nuevas cosas que de aquellos templos en los capítulos  y  quedan referidas.

De aquel de Júpiter dice Tito Livio que tenía el zaquizamí labrado de oro y las paredes con hojas de oro cubiertas o cerradas, pero que hobiese oro en el pavimento o suelo no dice nada. De los templos del Perú sabemos de cierto ser verdad que no sólo el zaquizamí y las paredes  estaban cubiertas y enforradas de oro, pero el suelo sobre que se andaba era de oro fino cubierto y aforrado. Y es aquí de notar, que las láminas de oro de que dice Titu Livio (sic) que estaban cubiertas las paredes de aquel templo de Júpiter, significan en latín comúnmente hojas delgadas como las hojas de Milán; pero las piezas de que estaban cubiertos aquellos templos del Perú, no eran hojas que pudiera pesar cada una, cuando más pesara, diez castellanos, sino eran planchas de tres palmos de largo y de un jeme bueno de ancho y de un dedo de grueso o de alto, de la hechura de los espaldares de nuestras sillas de espaldas, que cada una pesaba quinientos castellanos, como queda declarado.

Y qué comparación puede haber de la riqueza y magnificencia de aquel templo que así encarece Tito Livio y de todos los demás, que fueron, cuando muchos, tres o cuatro o cinco los que hallamos muy celebrados entre los idólatras y gentiles antiguos, al templo de gran majestad que había pasada la provincia de Pasto, hacia la de Quito, del cual agora se veen aún las señales de planchas de oro y plata en las paredes, donde parece haber estado todas chapadas y cubiertas de oro y plata   ; donde también hobo grandísima copia de vasijas de oro y de plata para los vinos y las otras cosas de los sacrificios y servicios del templo? Era cosa en el mundo nunca vista ni oída entre los antiguos gentiles, según el número, cantidad, diversidad, hechura y grandeza y riqueza dellas de que estaban todos los templos del Sol proveídos. De los cuales mucho número y admirables piezas en hechura y grandeza en ESTA Isla Española vimos; pero muchas más y de admiración dignas se vieron por todo el mundo (porque así lo diga) no una, sino muchas naos descargar, que iban cargadas dellas, en Sevilla.

Hicieron los templos destos nuestros indios a todos cuantos edificaron y tuvieron los idólatras antiguos señalada y extraña ventaja. Los templos de la provincia del Quito, lo mismo. El templo de la ciudad de Tacunga, adelante del Quito, donde allende las chapas o planchas de  que las paredes eran cubiertas, estaba mucho número encajadas en ellas de ovejas y otras figuras de bulto, todas de oro fino. ¿Qué comparación puede haber deste templo al de los antiguos? Y el templo famosísimo y nunca otro tan rico jamás imaginado cuanto menos oído ni visto, que estaba en la ciudad de Thomebamba, las paredes del cual no sólo eran chapadas y cubiertas de oro y esculpidas en ellas muchas figuras, pero encajadas muchas ovejas y corderos y aves diversas y manojos de pajas, todo de fino oro; y en muchas partes del templo, mayormente en las portadas y en algunas piezas señaladas, número de esmeraldas y otras piedras de diversas especies preciosas, puestas y asentadas, y todo hecho y labrado por maravilloso artificio, allende de otras muchas piezas pintadas con donosos colores, que el oro las ilustraba y hermoseaba. Pues las tinajas y cántaros e infinitas otras vasijas de oro y de plata con otro mucho tesoro, ¿quién lo apreciará? ¿Pues qué comparación se puede hacer deste tal templo a cuantos en el universo mundo se alaban? Bien, será, pues, que los que fueren prudentes juntamente y de buena voluntad, concedan a este templo la ventaja, y a los que lo constituyeron juzguen no  por de menos juicio y sotileza de ingenio que a las mas sotiles y prudentes naciones antiguas e idólatras pasadas; antes pueden colegir argumento desto y de muchísimas otras cosas de las ya dichas, para tener a estas gentes por más vivas, sotiles, prudentes y racionales.

Y aunque aqueste ya encarecido templo sobre para mostrar la ventaja que a todos los del mundo que los infieles tuvieron hace, considérese otro que a este y los demás sobrepujaba, que tuvo nombre Pachacama. Este fue de los más antiguos, y quizá el más que todos antiguo de todos aquellos reinos, y con quien mayor devoción y más universal, aun antes de la gobernación de los Reyes Inguas (sic) se tenía. Ya arriba queda dicho que solían concurrir a él las gentes de trescientas leguas en romería con sus votos y con sus dones, como al mayor y más estimado y único santuario donde creían recebir remisión de sus pecados y salud para sus ánimas. Éste, allende tener la hechura y edificios, oro y plata y vasos riquísimos y todo el ornato y atavío que el pasado y que los otros, tenía más debajo de sí, en algunos soterraños, grandísimos tesoros, por la infinidad de las joyas de oro y plata que de tantas tierras y de tantas gentes  cada día se le ofrecían; y puesto que el pasado y otros muchos eran riquísimos, pero este a todos en riquezas excedía. De aquí fue originada la grande y extendida fama que por todos aquellos reinos de las riquezas ayuntadas en este templo, sobre todos los demás florecía; por lo cual principalmente Francisco Pizarro envió a su hermano Hernando Pizarro, luego que entraron en la tierra, más que a otra parte, para que cogiese las riquezas, que no habían sembrado ni sudado, que había (como ellos decían y escrebieron) en esta mezquita. Dícese, y así por algunos se ha escrito, que aunque Hernando Pizarro halló y sacó deste templo, y después dél otros, gran suma y peso de oro y plata; pero que cuando él llegó, ya estaba puesto en cobro por los sacerdotes y Señores la mayor cantidad de los tesoros, que se cree haber sido sin número. Algunos dicen que se alzaron más de cuatrocientas cargas.

Pues el templo de Vilcas, donde había la muy rica figura del Sol, y los Asientos Reales en una piedra de once pies de largo y siete de ancho, cubiertos de joyas riquísimas de oro y de piedras preciosas adornados, y cuarenta porteros que lo guardaban, y cuarenta mil personas por todos los que para el servicio del templo y de  los Palacios Reales estaban deputados. Item el celebratísimo y real templo del Cuzco, Ciudad Real y cabeza de aquellos reinos y que tanto quisieron noblecer y adornar y enriquecer los Reyes Ingas, el cual fue fundado y ampliado en los Palacios Reales, como arriba queda dicho, y de donde tan extrañas riquezas e incomparables tesoros se sacaron, como vimos de lo cual principalmente se hinchó una casa o sala o cuadra que tenía veinte y cinco pies en largo y quince de ancho, y era tan alta que un hombre alto no llegaba a ella con un palmo, que fue lo que se ofreció el rey Atabalipa dar, cuando lo prendieron los españoles, porque lo soltasen, y de plata diez mil indios cargados y que se hiciese un cercado en medio de la plaza, y que lo hinchiría de tinajas y cántaros y otros diversos vasos de plata; y esto cumplió y mucho más de lo que había ofrecido; qué templo en todo el Orbe, aunque fuese soñado o de industria compuesto y fingido, se pudo comparar con este. Y no sólo aqueste tan estupendo y nunca suficientemente loable ni encarecible había solo en aquella ciudad del Cuzco y pero muchos otros menos principales, aunque de oro y de plata toldados y cubiertos, y de vasos grandes y chicos  muy proveídos y muy ricos. Tampoco, y aun mucho menos, tuvo alguno de todos los del mundo cualidad ni cantidad ni riqueza para poderse comparar al templo del Tambo, en el valle de Yucay, cuatro o seis leguas de la ciudad del Cuzco, donde los Reyes, por su templanza y amenidad, lo más del tiempo conversaban; cuyo edificio fue construido de aquellas monstruosas y espantables piedras que en el capítulo  dimos relación , las cuales tenían por mezcla, a vueltas de cierto betún, oro derretido, de donde los españoles hobieron mucho oro antes que los indios hobiesen derrocado muchas partes de aquellos edificios.

Este fue muy rico templo y muy nombrado y afamado, y por las señales que en los muros y paredes y edificios y piedras dellos y otros vestigios y riquezas de oro, y plata que dél se hobo, y la fama que tenía, y tener los Reyes más afición a la morada y habitación de aquel valle, por ser tal la tierra y ser los Aposentos Reales allí sumptuosísimos y los Reyes al Sol devotísimos, se arguye haber sido este  templo mucho más que los pasados o que los más dellos riquísimo y venerabilísimo; sino que los nuestros no curaron de mucho escudriñar estos secretos, como estuviesen tan ocupados en allegar el oro y plata que podían, viniese de donde viniese .

Capítulo X

Del sacerdocio y de los ministros de los templos y dioses

Del sacerdocio y ministros de los templos y dioses de los reinos del Perú, no se ha podido colegir su cierta orden, su número y distinción, más de que había Sumo Sacerdote, que llamaban en su lengua Vilaoma, y otros sacerdotes a aquel subjectos e inferiores, y aun esto no se sabe decir en particular; los sacerdotes que había dicen que eran casados. La causa fue, que, como las riquezas que había en aquellos reinos fueron las mayores que juntas se hallaron en todo el mundo, y éstas, por la mayor parte, poseían los templos, y las guardaban y conservaban  los sacerdotes, como los nuestros entraron tan de súpito y todo su principal negocio era recoger y no dejar punta de todo aquello que fuese y aun que pareciese oro, y lo primero que los sacerdotes, cuando lo pudieron hacer, procuraron, fue trasportallo y ponello en cobro; por miedo de que no los atormentasen, desaparecieron, y así se cuasi enterró aquel nombre de sacerdote. Sucedió la eversión y el deshacimiento y anichillación (sic) intempestiva, celérrima y momentánea de toda su república, que los nuestros en más breves días que en ninguna de las otras regiones destas Indias hicieron con sus mismas que entre sí tuvieron discordias; y así, como desapareció tan presto el sacerdocio de la manera que se ha referido, no se ha podido alcanzar en particular la distinción y número de sus individuos y su orden. Podrá también haber concurido alguna inadvertencia de los religiosos que después supieron las lenguas, los cuales, como preguntaron y escudriñaron muchas otras cosas de la religión, no miraron con preguntar lo que tocaba a esta del sacerdocio . Solamente  no se ha podido ignorar, por ser cosa más que otra señalada y muy notoria, la orden que en los templos había de las monjas.

Éstas, según que arriba en el cap.  se dijo, eran en cada templo muchas, y entre ellas había distinción y orden y gran religión, consagradas todas al Sol; y oficio tenían de sacerdotes, pues ofrecían sacrificio de muchas cosas que por sus manos obraban para el divino culto y servicio, principalmente del Sol y quizá también de otros dioses. Destas, todo su negocio era obrar de sus manos ropa, de lana finísima para el templo, teñida de diversas y muy vivas y graciosas colores. Hacían del más excelente y fino y delicado vino, para ofrecer en sacrificio al Sol, que en la tierra se usaba, porque diversos vinos parece que entrellos se solían beber y usar.

Servían de noche y de día en los templos del Sol con gran cuidado y solicitud, y de creer es que las cerimonias y devociones que ejercitaban debían ser muchas y muy de notar, pues tan religiosos y diligentes y esmerados y curiosos fueron los Reyes Ingas cerca del culto divino, mayormente del Sol. Los cuales, en todo lo que perteneció a toda especie de gobernación,  en grande manera (como por mucho de lo que queda dicho y se dirá parecer), sobre muchos Príncipes del mundo se señalaron; y así, no pudo ser si no que fueron muchas y notables las ocupaciones que para el servicio espiritual que en los templos se había de obrar, los Reyes ordenaron. Porque tanto número de vírgenes hijas de Señores, que pasaban muchas veces de docientas, y para el culto divino allí ayuntadas, no habían de estar ociosas ni en obras profanas ocupadas, luego creer debemos que entendían en los sacrificios y tenían muchos ejercicios espirituales.

De tres en tres años se renovaban estas vírgenes desta manera: quel Rey, si estaba presente, o su Gobernador y Virrey, que se llamaba Tocrico [Tucuiricuc], en su absencia, hacíalas presentar ante sí, y de las que ya estaban en edad de casarse, escogían tres, o cuatro o cinco, las más hermosas y de mayor dignidad, para mujeres del Sol; apartaba otras tres o cuatro, las de mayor hermosura, para sí mismo el Rey, o si estaba ausente, apartábalas el susodicho Tocrico o Gobernador; las demás casábalas con hijos de los Señores, y algunas daba el Rey a grandes Señores, sus vasallos, aunque tuviesen otras mujeres, lo cual ellos tenían por muy gran favor y merced;  las que restaban, que no eran de tan buenos linajes, daba licencia a sus padres para que buscasen con quien las quisiesen casar. Casadas todas las que había para casar, mandaba el Señor a los oficiales que dello tenían cargo, que tornase a hinchir el número de las vírgines que faltaban de diez años arriba, hijas de Señores, para que, como las pasadas, en el templo se criasen y sirviesen de los oficios en que aquellos se habían ejercitado.

Como arriba en el cap.  se tocó, guardaban estas monjas Mamaconas en sí, al menos exteriormente, tanta castidad, que se cree no haber habido personas en alguna parte del mundo que más dignamente puedan de esta virtud ser alabadas. Religioso de los nuestros alcanzó a ver y baptizar una destas ya bien vieja y que había sido escogida para mujer del rey Guaynacaba, padre de los Reyes Guascar y Atabaliba, y porque murió el Rey presto, no llegó a su tálamo, y viviendo ella muchos años después, jamás quiso casarse, y así permaneció en su virginidad; al tiempo de cuya muerte, llorándola un Señor hermano suyo, entre otras cosas de que la loaba o causaban lástima, decía: «¡hermana mía, que mueres virgen a cabo de tantos años!»  Y con esto acabamos lo que de los ministros y sacerdotes de los templos y dioses tenían en su religión supersticiosa estas gentes que arriba comentamos.

Capítulo XI

De las pensiones y rentas para sustentación de los sacerdotes y otros ministros de los templos, reparación de sus edificios y gastos del culto

Y porque los templos y sacerdotes y ministros de los dioses, que eran muchos (como parece por lo dicho), hacían muchos gastos, necesaria cosa es dar noticia de qué o de dónde se mantenían y proveían. Para sustentación, pues, de los sacerdotes y otros ministros y para refeción y reparación de los edificios y para los otros gastos ordinarios que en los templos se hacían, había en los reinos del Perú  provisiones y réditos propios de los templos y sacerdotes de aquellos reinos; y puesto que no nos conste muy en particular cuántas ni cuáles fueron, podemos,  empero, de la gran religión que los Reyes allí tuvieron y devoción a los templos del Sol, y de la señalada prudencia y solicitud que tuvieron en la gobernación conjeturar que no fueron cualesquiera, si no muy grandes, opulentas y copiosas más que en ninguna otra parte, cuanto más que de lo poco que vieron aún los nuestros, de que arriba hemos hecho alguna mención, podemos tener por constante.

Tenían, pues, los templos de los reinos del Perú, mayormente los consagrados al Sol, grandes heredades y en las más fértiles y gruesas tierras para sus trigos o maíz e las otras cosas de comida y cosas que se habían de sacrificar; las cuales, primero que las de los Reyes se mandaban labrar y cultivar, cuyo cargo tenía toda la comunidad de la provincia. Para la cosecha y guarda o encerramiento de los frutos, había grandes trojes y graneros Reales. De estas se mantenían los sacerdotes y ministros del templo y suplíanles otros gastos que se habían de hacer.

Tenían también grandes hatos de ganados, carneros y ovejas de todas especies, como en el cap.  se refirió, para los sacrificios que se hacían en honor del Sol y mantenimiento de los sacerdotes y ministros  y de las monjas y los demás servidores. Estos ganados eran innumerables en cada provincia y pueblos, y si se hobieran de vender, fueran de grandísimo valor.

Todas las dichas heredades y ganados, y pastores que los guardaban, tenían título de ser dedicados para servicio del Sol; y así, se llamaban las heredades, los ganados, las dehesas, los hatos, los pastores del Sol.

Más particularidades de lo que está dicho no habemos podido alcanzar; por esta cuasi generalidad desto y de lo demás se podrá mucho entender y juzgar.  

Capítulo XII

De los sacrificios, ritos, adoraciones, fiestas religiosas

Réstanos de aquí adelante por referir, para fenecer la materia que traemos entre manos, los sacrificios que las naciones infinitas de los reinos del Perú ofrecían a Dios y a sus dioses. Para comienzo de lo cual, hase de considerar que dos estados tuvieron aquellos reinos principales: uno fue antes que los Reyes Ingas comenzasen a reinar, cuando las gentes dellos vivían más  simple y rudamente contentándose con solo natural, sin tanta delicadez de policía como después introdujeron los Reyes Ingas. En este tiempo primero fueron muy religiosos para con sus dioses, los cuales arriba dijimos, hablando dellos, eran los buenos Señores que bien y amorosamente los habían gobernado, y otros, en cuyo error la ignorancia e industria de los malos ángeles los había precipitado. A estos servían con gran vigilancia, y en cuanto ellos podían los agradaban o agradarlos imaginaban mayormente los habitadores de la sierra y los que cerca de la mar moraban. Los primeros, porque los dioses les diesen los frutos de la tierra; y los de la costa, que comúnmente suelen ser pescadores, porque les deparasen buenos lances de pescado y los guardasen de los peligros de la mar; por lo cual tenían sus templos en ciertas isletas. Las ofrendas y sacrificios que les hacían eran de ovejas, de plumas pintadas, de maíz, de vino, y de ropa hecha de lana de muchos colores, y de todas las otras cosas que ellos tenían entonces por preciosas. Nunca se ha entendido que por aquellos tiempos se ofreciesen hombres.

El otro estado y tiempo fue después que comenzaron a señorear y gobernar  los Reyes Ingas, los cuales en lo temporal y espiritual fueron muy delicados y muy proveídos en la orden que dieron en su policía. Desde aqueste gobierno destos Reyes Ingas, comenzó la religión, así como todo lo demás, a florecer y afinarse más que en los tiempos antiguos. Fueron, pues, los sacrificios destos tiempos postreros en dos maneras: unos generales, que se ofrecían por toda la república y en su nombre; otros, particulares, que cada persona particular ofrecía por su devoción y según sus necesidades.

Los generales fueron en tres maneras: porque unos eran cuasi diarios y comunes; otros, en ciertos tiempos del año; otros en tiempo de algún infortunio y necesidad de hambre, o enfermedades o semejantes adversidades. Los comunes eran como haciendo gracias a los dioses, principalmente al Sol, por los beneficios rescebidos y que se recibían cada día; y éstos eran de cosas comunes, como de unos animalejos que parecen gazapos de conejos, que en la lengua de la isla Española llamaban curies (la penúltima sílaba luenga), y sebo de animales, ovejas y carneros, uno o dos dellos. Estos sacrificios se ofrecían en los templos principales del Sol cada día, quemando todas aquellas  cosas los sacerdotes que estaban deputados para ello. También ofrecían de sus vinos en mucha cantidad, y ofrecíanlo desta manera: que tenían en los templos una pileta de piedra muy linda, debajo de la cual había un sumidero, donde lo derramaban y se consumía .

Otros sacrificios se ofrecían en ciertos tiempos, unos cada mes al principio que parecía la Luna: estos eran de las mismas cosas, puesto que en mayor cantidad como tres veces más de lo común de cada día. Otros eran más grandes, dos veces en el año (conviene a saber), una cuando hacían sus sementeras, porque fuesen fértiles y prósperas; y otra cuando las cogían, porque se las había dado de Dios o el que ellos pensaban que lo era.

Estos sacrificios eran de las mismas cosas, pero en mucho mayor cantidad y copia, y de otras cosas particulares, como de la yerba coca, que tanto entrellos vale y es preciosa. Ofrecíanles también ropa de lana hecha en vestidos; vestidos de varón si fingían el ídolo ser hombre, y de mujer, si la fingían diosa mujer.  Tenían otros sacrificios generales en los tiempos de gran necesidad, de hambre o mortandad, la cual, si era muy grande, sacrificaban niños y niñas inocentísimas, que no tuviesen pecado alguno; y éstos sin los animales y las otras cosas, porque tales sacrificios eran más que otros copiosos, siempre más o menos, según el infortunio que ocurría era mayor o menor.

Todos estos sacrificios eran de bienes de la comunidad, y para que siempre hobiese provisión, había ovejas en gran número, y otros animales que el Rey había mandado recoger de todo el reino y de las ciudades, dedicados y consagrados a esto de muchos años antes. Daban también de sus ganados para estos sacrificios, por su devoción, muchas personas particulares. Todo lo cual se contaba y se hacía trato o tratos dello, y con aquel título se guardaba y beneficiaba.

Ya dijimos arriba en el cap. , donde hablamos de los dioses, cómo en aquellos reinos principalmente se adoraba Conditiviracocha, que tenían ser el Criador del Mundo y Señor dél y de todas las cosas; y que el Sol decían ser el mayor y mejor criado suyo, el cual hacía todo lo que su señor Conditiviracocha le mandaba y que hiciese ordenaba. Y así, todos los sacrificios  que hacían, principalmente al Criador y Señor de las cosas Conditiviracocha los enderezaban. A éste, pues, en especial, tenían costumbre de sacrificar cada Luna nueva, cuatro o cinco hombres, mujeres y mancebos, todos vírgines, que no tuviesen alguna mancha de pecado. Estos sacrificaban en dos isletas que había en dos lagunas, la una en el Collao, cuyo templo se llamó Titicaca; la otra laguna es en la provincia de los Carangas , Al Sol, que era el principal, criado de Dios Criador, honraban y sacrificaban grandes sacrificios, quemándole ovejas, carneros y sebo, coca y otras cosas muchas, cosas (sic) que se podían quemar; vino (sic) y de lo mejor de sus vinos. Ofrecíanle chaquira, que son unas cuentas muy menudas comí o aljófar muy menudo, y aquella de oro, que es de las más artificiosas y preciosas que ellos hacen y en más estiman. Algunas veces, dicen, que, aunque muy raro, le ofrecían algún hombre. Pero para más dar a entender, porque es digno de oír e nuestros españoles vieron una fiesta que hacían al Sol, dándole gracias, mayormente por la cosecha de los frutos, será bien aquí referilla.  Había un llano a la salida de la ciudad del Cuzco, hacia donde sale el sol, al cual sacaban en amaneciendo todos los bultos de los Reyes y Señores pasados que estaban en los templos de la ciudad, que eran muchos. Los más dignos y de mayor autoridad ponían debajo de muy ricos toldos hechos de pluma, por muy lindo artificio hermosos y labrados. Desta toldería y de una banda y de otra se formaba una gran calle, que ternía un tiro bueno de herrón de treinta pasos de ancho. Salía el Rey Inga con más de trescientos Señores, todos orejones caballeros de gran nobleza y sangre, a los cuales ninguno se allegaba, por Señor que fuese, si era de otro linaje. Hacían dos coros estos Señores, como procesión, en medio de la calle, tanto a una como a otra parte. El Rey Inga tenía su tienda en un cercado con una silla y escaño de oro muy rico un poco apartado de la hila de los dos coros. Salían todos aquellos caballeros orejones muy ricamente vestidos con mantos, camisetas ricas de argentería y brazaletes y patenas en las cabezas, de oro fino muy relumbrante. El Rey siempre salía más rico que todos. Salidos allí, estaban muy callando esperando que saliese el Sol, el cual, así como comenzaba a salir, comenzaban ellos  a entonar con gran orden y concierto un canto, meneando cada uno dellos un pie a manera de compás, como nuestros cantores de canto de órgano. Y como el Sol se iba levantando, ellos entonaban su canto más alto, y al entonar, levantábase el Rey con grande autoridad  y poníase en el principio de todos y era el primero que comenzaba el canto, y como decía, decían todos. E ya que había estado un poco en pie, volvíase a su silla y allí estaba negociando y despachando a los que negocios traían; y algunas veces, de rato en rato, íbase a su coro , y estaba un poco cantando y volvíase a su silla y negociaba y proveía lo que ocurría ser necesario. Y cuanto el Sol se iba encumbrando hasta el Mediodía, tanto, levantaban ellos las voces; y de Mediodía abajo las iban ellos bajando, teniendo gran cuenta con lo que el Sol caminaba; y así estaban todos cantando desde quel Sol salía hasta que se ponía del todo.

En todo este tiempo se hacían grandes oblaciones al Sol. En una parte donde cerca de un árbol estaba un terrapleno,  estaban unos indios que en un gran huego echaban muchas carnes de ovejas donde las quemaban y consumían en él. En arte mandaba el Rey echar muchas otra ovejas a la gente pobre que allí estaba llegada, que anduviesen a la rebatiña, quien más pudiese haber, cosa que causaba mucha alegría y pasatiempo. A las ocho del día, salían de la ciudad más de docientas mujeres mozas, cada una con su cántaro nuevo grande, que cabía más de arroba y media, llenos de chicha, que es su vino, embarrados, con sus tapaderos, los cuales todos eran todos nuevos y de una misma forma y manera y con un mismo embarramiento. Venían éstas de cinco en cinco con mucha orden y concierto, esperando de trecho en trecho, y ofrecían aquello al Sol y muchos cestos de la yerba coca, que ellos tienen por tan preciosa.

Hacían muchas y diversas cerimonias, que serían largas de contar, y baste decir que, a la tarde, cuando el Sol quería ponerse, mostraban ellos en el canto y en sus meneos gran tristeza por su ausencia enflaqueciendo de industria las voces mucho; e ya cuando del todo desaparescía el Sol de la vista dellos, hacían una grande admiración, y alzadas o puestas las  manos, lo reverenciaban con profundísima humildad. Luego alzaban el aparato puesto para la fiesta, quitándose la toldería o tiendas y cada uno a su casa se iba, llevando las estatuas a sus adoratorios. Todo esto hicieron ocho y nueve días arreo con la mesma orden e solenidad y autoridad quel primero.

Aquellos bultos o estatuas que ponían en los toldos, eran de los Reyes Ingas pasados, Señores de la ciudad y reino del Cuzco; cada uno de los cuales tenía muchos hombres de servicio, que les estaban todo el día mosqueando con unos ventalles de Pluma de cisnes de spejuelos, muy ricos. Ternían también sus mujeres Mamacomas en cada toldo doce y quince, las monjas y beatas que habemos dicho.

Concluidas todas las fiestas, el último día llevaban muchos arados de mano, los cuales antiguamente solían ser de oro, y acabados los oficios, tomaba el Rey un arado y comenzaba a romper y arar la tierra, y lo mismo hacían todos los otros Señores, para que de allí adelante por todos sus reinos hiciesen lo mismo; porque sin que el Rey hiciese esto, ningún hombre había que osase arar la tierra ni tocar en ella, porque tenían por cierto que ningún fruto daría.  Hacíanle otra manera de servicio y honra: que tenían su imagen o figura hecha de bulto de oro toda, con su rostro de hombre, con sus rayos alrededor, como le pintamos nosotros. Esta tenían siempre aposentada en cierta capilla dentro del templo muy rica de oro, la cual sacaban ciertas veces al Sol, porque tenían opinión que le daba virtud el Sol, sacándolo a él. Terníanle también hechas mucha cantidad de mazorcas de mahíz (como arriba dijimos hablando de los templos), todas macizas de finísimo oro, puestas antes que entrasen donde estaba el Sol. -El Sol escondieron los indios que nunca pareció. Dicen los indios que el Inca que esta alzado lo tiene consigo . -Ningún indio común osaba pasar por la calle del Sol calzado, ni aunque fuese gran Señor entraba en las casas del Sol con zapatos. Y esto todo cuanto a los sacrificios generales y comunes.

Cuanto a los particulares que cada uno de su voluntad ofrecía sin necesidad y por su devoción o según la ocasión que se le ofrecía, era sacarse los pelos de las cejas y soplábalas hacia el Sol o hacia el templo; echar plumas pintadas; echar coca;  quemar sebo y de (sic) los animalejos dichos curíes. Si la persona que ofrecía tenía más caudal, quemaba ovejas; echar vino de lo que ellos tienen por mejor; ofrecer pedacillos de oro y de plata y de cobre, cada uno del metal que puede y así la cantidad.

Lo mismo era de las comunidades, que según cada pueblo y lugar era poderoso, en bienes y riquezas, así más o menos en los sacrificios se esmeraba. Para cumplimiento de lo cual tenían sus ganados y heredades y bienes hechas y contribuidas (sic) por toda la comunidad. Y esto conforma mucho con lo que el Filósofo dice, en el . de la Política, cap. , De la ciudad bien ordenada (conviene a saber), que los sacrificios que se han de ofrecer a los dioses por la ciudad, se contribuyan y cojan de todos los vecinos, dando cada uno su parte: praeterea in sacrificiis cultuque, deorum, sumptus comunes esse debeat totius civitatis, etc. Hec Philosophus.

Todas las veces que comían coca, ofrecían coca al Sol, y si se hallaban junto al huego, la echaban en él, por manera de adoración o reverencia, como a criatura de Dios. Cada vez que sobían algún puerto de nieve o frío, en la cumbre tenían un gran montón de piedras como por altar,  y en algunas partes puestas allí muchas ensangrentadas saetas, y allí ofrecían de lo que llevaban. Algunos dejaban allí algunos pedazos de plata, otros, de oro, otros, pelos de las pestañas, otros, de las cejas, otros, de algunos cabellos. Tienen por costumbre caminar por allí con gran silencio; porque dicen que si hablan, se enojarán los vientos y echarán mucha nieve y los matarán.

El fundamento sobre que fundaban toda la veneración del Sol, era porque decían que criaba todas las cosas y que les daba madre. Al agua, porque mojaba la tierra, decían que tenía madre, y teníanle hecho cierto bulto. Al huego, y al maíz y a las otras sementeras decían que tenían madre y a las ovejas y ganados. Del vino, decían que la madre era el vinagre. A la mar decían que tenían madre (sic) y que se llamaba Machimacocha [sic, por Mamacocha]. El oro tenían que eran lágrimas del Sol cuando el Sol lloraba.

Era tanta la religión y ejercicio della que aquellas gentes tenían, que si les nacía un hijo o tenían alguna prosperidad o cosa que les diese placer, o habían de comenzar alguna obra, primero ofrecían sacrificios al Sol, por el beneficio rescebido, dándole gracias copiosas.  Todos los sacrificios dichos que se hacían a los ídolos y cosas inanimadas, aunque iban todos enderezados, como se dijo principalmente a Conditiviracocha, Criador de todo, también los hacían a los cuerpos muertos de los Reyes y de otras notables personas que habían hecho algunos bienes señalados a las repúblicas; para lo cual tenían heredades y hatos de ganados y servicio de hombres y mujeres que las servían, y vasos de plata y oro como lo tenían y eran servidos cuando eran vivos.

Hacían una cerimonia como penitencia cuando se hallaban haber ofendido en algún pecado, y esta era, que se iban al río y se desnudaban y lavaban todo. Creían, como ya es dicho, muchas naciones, que las aguas tenían virtud de quitar o lavar los pecados