Ideología y praxis de la conquista

Nueva América, Bogotá 1984

MARQUINEZ ARGOTE, G.,

 

¿Cómo es posible, nos preguntamos hoy,que seres humanos necesiten de una Bula que declare su humanidad? ¿Acaso no había evidencia de ello? ¿Qué es lo que realmente sucedió entre el Descubrimiento y la Bula? Sucedió que las opiniones estuvieron muy encontradas aquí y allá, en América y en Europa; unos se negaban lisa y llanamente a reconocer al indio como hombre. Otros, no tan radicales, admitían su humanidad, pero en grado tan pequeño que apenas merecían tal nombre: se trataba de hombrecillos o sub‑hombres. Estaban, en fin, los defensores de la humanidad del indio, quienes con voz profética denunciaban las encomiendas como una forma de esclavitud y exigían un trato humanitario para los mismos. En estas luchas se va a forjar la figura de Bartolomé de las Casas como padre y defensor de los indios y de ellas Ira a nacer, en Salamanca, el derecho de gentes (ius gentium) con Francisco de Vitoria. Dos personas gloriosas dentro de la tradición tomista. Un tomismo no tanto de "Tomas", como de tomar en serio la realidad.

La mentalidad del primer grupo, es decir, de los que afirmaban que el indio no era hombre, está maravillosamente reflejada por Benito Peñalosa y Mondragón, quien en su Libro de las cinco excelencias del español que despuebla a España para su mayor potencia y despoblamiento, publicado en Pamplona (España) en 1629, dice:

Los indios eran tan sumamente bárbaros e incapaces, cuales nunca se podrá imaginar caber tal torpeza en figura humana: tanto, que los españoles que primero los descubrieron, no podían persuadir se que tenían alma racional, sino cuando mucho, un grado más que micos, o monas, y no formaban algunos escrúpulo de cebar sus perros con carne de ellos, tratándolos como a puros animales: hasta que haciendo largas informaciones la Santidad de Paulo III declaró que eran humanos, y que tenían alma como nosotros. La cual estaba como una tabla rasa, según dice Aristóteles del entendimiento que carece de cultura, sin rastro de pintura de la Imagen, y semejanza de Dios. Y finalmente parece que carecían de aquella luz natural congénita que, dice David, tienen todos los hombres por gentiles y remotos que estén.

Producida la declaración de Paulo III en 1547 todos los pensadores católicos acatan la tesis en ella expuesta, pero no pocos siguen sosteniendo la inferior condición humana del indio. La Bula, sin embargo, hizo posible un trato más humanitario y el reconocimiento en las Leyes de Indias de la plena humanidad de los pueblos aborígenes. No corrieron con igual suerte los negros o etíopes, como entonces se llaman. Para ellos no hubo Bula, no contaron con voces proféticas potentes que denunciaran su dura esclavitud. Las pocas que reclamaban para la raza negra un trato más humanitario se perdieron en el vacío de la indiferencia general ¿Por qué esta insensibilidad frente al negro?, nos preguntamos hoy. ¿Cómo entender que monarquías cristianas proporcionen cédulas reales a compañías negreras para introducir miles de éstos en América como mercancía legal? ¿Cómo es posible que se comercie con ellos como si se tratara de brutos animales arrancados al seno de Africa? La respuesta la tenemos en el siguiente texto, que representa el modo de pensar de una época, que está escrito por un espiritu, en su tiempo progresista, C. de Secondant Barón de Montesquieu:

Si yo tuviera que defender nuestro derecho a hacer esclavos a los negros, escribe en 1748, he aquí lo que diría:

Habiendo pueblos de Europa exterminado a los de América, tuvieron que someter a esclavitud a los de Africa, para servirse de ellos para roturar tantas tierras.

El azúcar seria muy cara, si no se hiciera trabajar a los esclavos en la planta que la produce.

Los individuos de los que se trata son negros de pie a cabeza; y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima.

No es posible imaginar que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro.

Es imposible suponer que esas gentes sean hombres; porque, si supiéramos que son hombres, empezaría a creerse que nosotros mismos no somos cristianos.  

Hay espíritus pequeños que exageran demasiado la injusticia que se les hace a los africanos. Porque, si fuera tan grande como se dice,¿no se les habría ocurrido a los Príncipes de Europa, que hacen entre sí tantas convenciones inútiles, hacer una general en favor de la misericordia y de la piedad?

Ambos discursos como  están escritos desde el punto de vista de la equivocidad del término   "hombre" y de la realidad por el significada. ¿En qué consiste la equivocidad y que consecuencias entraña?

Sin perder de vista estas nociones, pasemos a analizar nuevos discursos. El primero es del escocés Juan Mair o Maior, profesor de la Sorbona, quien en su obra Regimiento de los príncipes, escrita en 1510, dice:

Aquel pueblo vive a lo bestia (bestialiter). Ya Tolomeo dijo en el Cuadripartito que a uno y otro lado del Ecuador, y bajo los polos, viven hombres salvajes: es precisamente lo que la experiencia ha confirmado. De donde el primero en ocupar aquellas tierras puede en derecho gobernar las gentes que las habitan, pues son por naturaleza siervos, como está claro".

Los discursos que siguen son del humanista Ginés de Sepúlveda, quien sostuvo dura controversia con Bartolomé de las Casas ante el Consejo Real reunido en Valladolid el año 1552. Esta tomado de su célebre obra "Democrates alter" un fino diálogo entre Demócrates y Leopoldo. El primer personaje representa el sentir de Sepúlveda:

Bien puedes comprender, ¡Oh Leopoldo!, si es que conoces las costumbres y la naturaleza de una y otra parte, que con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudenciar ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes y templados, y estoy por decir que de monos a hombres'

Y prosigue en la misma obra:

Qué cosa pudo suceder a estos bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de aquéllos cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de bárbaros, tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pueden serlo, de torpes y libidinosos, en probos y honrados; de impíos y siervos de los demonios, en cristianos y adoradores del verdadero Dios? Por muchas causas, pues, están obligados los bárbaros a recibir el imperio de los españoles, porque la virtud, la humanidad y la verdadera religión son más preciosas que el oro y que la plata.

En los discursos se reconoce la condición humana de los indios, pero a regañadientes. Son hombres, pero hombres salvajes; son pueblo, pero viven a lo bestia; son gente, pero por naturaleza siervos; tienen humanidad, pero son tan inferiores a los españoles como un niño a un adulto. En una palabra, "apenas" merecen el nombre de hombres. ¿Qué clase de analogía es ésta? ¿En qué se diferencian estos nuevos discursos de los equivocistas?

El primero es de Fray Antonio Montesinos, O.P., quien erguido en el púlpito y ante todos los grandes de la Española, denunció la esclavitud del indio en un histórico sermón que cambiaría la historia de América:

Me he subido aquí yo que soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón, la oigáis; la cual voz será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura, la más espantable que jamás pensasteis oir. Todos estáis en pecado mortal y en el vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes, Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tal cruel y horrible servidumbre a que estos indios? ¿Con que autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos habéis consumido? . .. Estos, ¿no son hombres? ¿No tienen ‑ ánimas racionales?.

El segundo es de Fray Bartolomé de las Casas, el antiguo ex-encomendero esclavista, en su "Apologética Historia" apología de indios y antropología de la esperanza de los pueblos pobres y atrasados:

Todas las naciones del mundo son hombres, y de todos los hombres y de cada uno dellos es una no más la definición, y ésta es que son racionales; todos tienen su entendimiento y su voluntad y su libre albedrío como sean formados a imagen y semejanza de Dios; todos los hombres tienen sus cinco sentidos exteriores y sus cuatro interiores, y se mueven por los mismos objetos dellos; todos tienen principios naturales o simientes para entender y aprender y saber las sciencias y cosas que no saben, y esto no sólo en los bien inclinados, pero también se hallan en los que por depravadas costumbres son malos; todos se huelgan con el bien, y sienten placer con lo sabroso y alegre, y todos desechan y aborrecen el mal . . . Así que todo el linaje de los hombres es uno, y todos los hombres cuanto a su creación y las cosas naturales son semejantes, y ninguno nace enseñado.

El tercero de los discursos pertenece a Fray Raimundo Hurtado, O.P.; se trata de un parecer sobre el estado de la Iglesia en América enviado desde España al General de los Predicadores en Roma, en 1630, sin ánimo de publicación. De ahí su gran fuerza y autenticidad:

Para la ambición del Español no hay persona capaz, todos son incapaces, aun los mismos de su misma nación, como no hayan nacido destripando terrones y comiendo cebadas (es decir, en España) todos son incapaces, de suerte que no solamente los Indios sino los españoles nacidos allí (en América) son incapaces. Y como la misma verdad los vence y los avergüenza la misma experiencia de lo contrario y de ver que los nacidos allí (en América) les dicen con Job: "Luego vosotros solos sois Hombres y con vosotros nace y muere la sabiduría? No, En nosotros hay razón como en vosotros (Et in nobis est cor sicut et vobis) y no somos inferiores a vosotros (nec inferiores vestri sumus). Permítales los estudios y no los tengan tan atraillados y en esclavitud, y serán como las demás naciones, porque lo que aprenden lo aprenden con perfección: pintores, plateros, y otros oficios saben con notable perfección y son grandes cantores de toda música y en esto pueden competir con los coros de Toledo y Sevilla. ¿Su gobierno en tiempo de gentilidad (antes del descubrimiento) no fue muy de filósofos? ¿Sus leyes no fueron discretísimas y muy servadas? Y en lo político no fue de considerar aquel allanar montes para los caminos con tanto nivel y el sangrar los ríos para regar los huertos y sembrados (...). Sin la servidumbre y esclavitud que es la que vilipende a los ánimos más nobles y generosos del mundo, nos excedieran en todo. Ya esta dicho que a los principios de las conquistas pretendieron que los indios fuesen incapaces de sacramentos, porque nos los quería racionales para Dios, sino sólo usar de ellos como de esclavos o animales.