REQUERIMIENTOS PARA LA PACIFICACION DE LOS INDIOS DE PUEBLO GRANDE BETONIA Y VALLE DEL COTO EN LA PROVINCIA DE SANTA MARTA

El Rey. A vos el reverendo padre licenciado Toves, obispo de la provincia de Santa Marta, y García de Lerma, nuestro goberna­dor de ella, salud y gracia: SePáis que por parte de los vecinos y moradores de esa dicha provincia nos ha sido hecha relación que a los del nuestro Consejo de las Indias era notorio por cartas que vos, el dicho gobernador, nos habéis escrito, cómo los indios del Pueblo Grande y Betonia y el valle del Coto, que es todo una pro­vincia, son rebeldes e inobedientes a nuestra Santa Fe Católica, y que aunque por muchas veces han sido requeridos, así por lenguas de los cristianos españoles que para ellos tienen como con indios de la tierra, que tengan por bien de venir en conocimiento de nues­tra Santa Fe y que admitan la predicación de nuestra religión cris­tiana y se aparten de sus idolatrías y delitos y que vengan en nues­tro servicio, nunca lo han querido hacer, antes perseverando en su rebelión y dañada intención dizque todas las veces que los dichos españoles han ido a la dicha provincia y pueblos de ella los han ofendido y cometido delitos graves, saliendo a matarles sus caba­llos, que andan paciendo por los campos, con sus flechas, y por su parte nos fue suplicado y pedido por merced que porque los di­chos indios fuesen castigados de su rebelión y estuviesen en nues­tro servicio y otros indios que lo están no tuviesen atrevimiento de alzarse y seguir el mal propósito de los dichos indios, les man­dásemos dar licencia para que pudiesen hacer la guerra a los indios de los dichos pueblos a fuego y sangre, y que los que así aprehen­diesen los tuviesen por esclavos y como tales los pudiesen sacar de ella y hacer de ellos lo que quisiesen, y que sobre ello prove­yésemos como la nuestra merced fuese. Lo cual visto y platicado por los del nuestro Consejo de las Indias, confiando de vosotros que sois tales personas que guardaréis nuestro servicio y que bien y fiel y diligentemente haréis lo que por nos vos fuere mandado, cometido o encomendado, fue y es nuestra merced de vos lo en­comendar y cometer, como por la presente vos lo encomendamos, que luego que ésta veáis, vais o enviáis a los dichos pueblos y pro­vincias, si segura y buenamente pudiereis ir o enviar, y requiráis a los dichos indios que en ella hallareis de nuestra parte, que luego vengan en nuestro servicio y obediencia y admitan la predicación de nuestra religión cristiana y se dejen de sus idolatrías y delitos nefandos, dándoselo a entender por lenguas, porque haciéndolo así y apartándose de lo susodicho, les perdonamos todos y cuales­quier delitos que hubieren hecho y cometido para que por ello no se pueda proceder contra sus personas y vosotros los tratéis y favo­rezcáis como a nuestros vasallos. Y si hechas las dichas diligencias con los dichos indios no quisieren venir en nuestro servicio ni dar lugar a la dicha predicación, ni apartarse de los dichos delitos, en tal caso de ahí en adelante es nuestra merced y voluntad que podáis declarar y declaréis los dichos indios por rebeldes e inobe­dientes a nuestra religión cristiana y como tales hacerles y hagáis guerra a fuego y sangre, y a cautivar los dichos indios y tomarlos por esclavos y venderlos y llevarlos donde quisiereis y por bien tuviereis, con tanto que no se puedan sacar a vender a las Islas. Lo cual se haga sin embargo de cualesquiera nuestras cartas y provisiones en que por ellas hayamos prohibido la dicha guerra y cauti­verio, que en cuanto a esto las derogamos y anulamos y darnos por ningunas. Dada en la villa de Madrid, a diez del mes de diciem­bre del año mil quinientos treinta y dos. Yo, la Reina. Yo, Juan de Sámano, secretario de Sus Cesáreas y Católicas Majestades, la hice escribir por mandato de Su Majestad. El conde don García Manrique, el doctor Beltrán, el licenciado Suárez y Carvajal.