INTRODUCCION

Entre los dichos de Jesús que nos presentan los evangelios, encontramos el siguiente: "El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8,35).

Pocas sentencias de Jesús, dice V. Taylor,[1] están tan bien atestiguadas como ésta; porque, además de Mc 8,35 y sus paralelos en Mt 16,25 y Lc 9,24, esa se encontraba también en Q (Lc 17,33 = Mt 10,39) y en Jn 12,25.

En el presente trabajo nos proponemos estudiar:

a)  Las seis variantes de este dicho de Jesús y los respectivos contextos en que éstas aparecen. Apreciaremos de un modo particular cuánto sea importante el contexto para la determinación del sentido de un texto. En nuestro caso, esto se hace aún más evidente, puesto que veremos cómo un contexto diverso es capaz de dar una luz particular a una misma sentencia del Señor.

b)  En continuidad con lo anterior, cuáles son las características propias de cada evangelista: su labor redaccional (lengua, estilo) y su teología, que el dicho de Jesús y su contexto dejan traslucir.

Haremos una lectura de los textos bajo el aspecto sincrónico,[2] utilizando como método el estudio redaccional y el análisis de estructura literaria.

En el primer capítulo, estudiaremos el texto de Mc 8,35 y su contexto remoto e inmediato. Se trata de la versión "sinóptica" del logion, ya que, junto con sus paralelos en Mt 16,25 y Lc 9,24, comparte una formulación y un contexto casi idéntico.

El segundo capítulo, lo dedicaremos al estudio del duplicado de Mateo en 10,39, y del contexto en que éste está inserto.

En el tercer capítulo, presentaremos el duplicado de Lucas en 17,33 que, como decíamos al comienzo, pertenecería junto con Mt 10,39 a una fuente común (Q), si bien haya sido colocado en un contexto diverso y tenga sus propias características.

En el cuarto capítulo, estudiaremos el texto de Jn 12,25, ubicándolo en su respectivo contexto.

De este modo, el logion quedaría estudiado en los cuatro contextos fundamentales[3] en que lo presentan los evangelistas y, además, en cuatro formulaciones con características bien definidas, cada una de ellas.

Finalmente, en la conclusión, pondremos en evidencia tanto los elementos que las seis variantes tienen en común, como así también las características propias de cada evangelista, en lo que a la formulación del logion y su respectivo contexto se refiere. Comenzamos nuestro estudio[4] considerando, en primer lugar, la versión del dicho de Jesús en el segundo evangelio.

CAPITULO I

LA VIDA, FRUTO DEL

 SEGUIMIENTO DE JESUCRISTO

(Mc 8,35)

El motivo es que, el evangelio según San Marcos tendría la prioridad entre los sinópticos, en lo que a fechas de composición se refiere,[5] si exceptuamos, claro está, el original aramaico de Mateo.[6]

El orden de exposición en este capítulo será: primero, estudio del contexto dentro del cual se ubica la sentencia del Señor (8,35); en segundo lugar, nos abocaremos al estudio del texto mismo (8,35), su estructura y su contenido; finalmente, recogeremos las conclusiones de carácter teológico que nos ayudarán a una mejor interpretación del dicho de Jesús.

I. EL CONTEXTO

Consideraremos aquí tanto el contexto remoto como el contexto inmediato (8,34 - 9,1). En este último, estudiaremos, con particular atención, la estructura interna de la perícopa y el contenido de la misma.

§ 1. El contexto remoto

Teniendo en cuenta la organización del material evangélico en una estructura de tipo geográfico - teológico - literaria, podemos ubicar Mc 8,35 en la segunda parte del evangelio (8, 27 - 16,8), en la sección 8,27 - 10,52 (determinada por la orientación de Jesús hacia su destino, que se cumple en Jerusalén), en la perícopa 8,34 - 9,1 (instrucción sobre el seguimiento de Jesús).[7]

El contexto precedente a 8,34 - 9,1 lo constituyen dos perícopas:

1º. La pregunta sobre la identidad de Jesús, con la profesión de fe de Pedro (8,27 - 30).

2º. El primer anuncio de la pasión, con la correspondiente ininteligencia por parte de los discípulos (8,31 - 33).[8]

El mismo Jesús que, con su anterior actividad (1,14 - 8,26), ha fundado la confesión mesiánica y que, por medio de su interrogatorio, ha provocado la misma (8,29), indica con franqueza (parrêsia) cuál será el ulterior camino del Mesías, aclarando ser el "Cristo" que, a través de la pasión, reprobación y muerte alcanzará la resurrección (8,31).[9]

La reacción de Pedro (8,32b) demuestra cuánto sea necesaria esta aclaración, y no sólo para él, sino también para sus discípulos (8,33).[10]

El contexto siguiente a 8,34 - 9,1 está compuesto por un complemento de catequesis constituido por el relato de la transfiguración (9,2 - 9), seguido de un diálogo durante el descenso del monte (9,10 - 13), y la expulsión de un demonio con la correspondiente curación del lunático (9,14 - 29).[11]

Es en el relato de la transfiguración, donde el problema de la identidad de Jesús (8,27.29) recibe la respuesta completa y definitiva no de los hombres, ni de los discípulos, ni de Jesús, sino del mismo Dios (9,7).[12]

También el problema de la resistencia de los discípulos a la enseñanza de Jesús (8,32.33) recibe la más autorizada respuesta.

Todas las palabras de Jesús (cf. 8,31 - 9,1) son las palabras del Hijo amado de Dios, de cuya voluntad él es, de ahora en adelante, el único mediador. Dios mismo exige que los discípulos lo escuchen de una manera incondicional (9,7).[13]

En lo que sigue (9,10 - 29) se evidencia, aún más, el deficiente estado de los discípulos: en la reflexión que ellos hacen sobre la resurrección de los muertos (9,10 - 13) y en la incapacidad que demuestran cuando se trata de expulsar un demonio (9,14 - 29).[14]

En 9,12, Jesús reafirma y refuerza el anuncio de la suerte del Hijo del hombre.[15]

La perícopa 9,14 - 29 pone en evidencia las consecuencias del contraste entre Jesús y sus discípulos: 1º) La potencia de Jesús (9,25 - 27) y la impotencia de los discípulos (9,18.19);[16] 2º) La enseñanza de Jesús (9,29) y la incomprensión de los discípulos (9,28).[17]

Jesús actúa con gran soberanía y prueba que él, no ciertamente por debilidad, sino en potencia anuncia y acepta el camino de la pasión, muerte y resurrección. Además, como efectivo dominador de las fuerzas de la muerte y señor de la vida, vence al demonio y restituye al joven atormentado una vida íntegra y autónoma. Por su parte, los discípulos están determinados por la impotencia, sea rechazando el anuncio de Jesús, como en el combate con el espíritu impuro.[18]

§ 2. El contexto inmediato: 8,34 - 9,1[19]

En 8,34, Jesús llama a la gente y ensancha su auditorio que, en 8,27 - 33, estaba restringido a los discípulos.

Los versículos que componen 8,34 - 9,1 forman una cierta unidad que, por otra parte, tiene varios vínculos con 8,27 - 33.[20]

Veamos la estructura interna de este contexto inmediato.  Los dichos de Jesús, en 8,34 y 9,1, están precedidos por una introducción narrativa.

En 8,35 - 38, cada versículo contiene un porque/pues (gar), de manera que se crea una concatenación de enunciados conectados con 8,34. Además, encontramos dos  Porque quien...” (hos gar) (8,35.38) y dos “Pues ¿(de) qué... ?” (ti gar) (8,36.37).

Sobre la base de tales indicios, se puede reconocer una estructura del tipo a b c c' b' a':

 a a'    versículo con introducción narrativa;

b b'   Porque quien...” (hos gar), actitud hacia Jesús y sus palabras;

c c'   Pues ¿(de) qué...?” (ti gar), reflexiones sobre la vida.[21]

8:34

a

Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo :

Introducción narrativa

 

«Si alguno quiere venir en pos de mí,

niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

Frase

condicional

8.35

b

Porque quien quiera salvar su vida,

la perderá ;

pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio,

la salvará.

 

Paralelismo

 antitético

8, 36

 

c

Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero

si arruina su vida?

 

8,37

 

Interrogativasretóricas

 

c’

Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?

 

8,38

 

b’

Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras

en esta generación adúltera y pecadora,

también el Hijo del hombre se avergonzará de él

cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.»

 

Dicho

judicial

9.1

 

Les decía también:

«Yo os aseguro

Introducción narrativa
Fórmula de juramento

a’

que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte

hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.»

 

Predicción

En cuanto al contenido, podemos observar que, después de una introducción narrativa, que describe las circunstancias de toda la perícopa (8,34a), sigue una serie de proposiciones condicionales (8,34b.35.38), entre las cuales se han insertado dos interrogativas retóricas (8,36.37). Esta parte indica los nexos que se dan entre las acciones humanas y sus resultados permanentes, definitivos, y sirve como cuadro de orientación para las propias elecciones. Hacia el final, Jesús cambia su modo de hablar y concluye con una predicción que se refiere a algunas de las personas allí presentes (9,1).[22]

La primera frase condicional (8,34b) contiene la idea de seguimiento ya presente en “en pos de mí” (opisô mou) (cf. 1,17.20; 8,33) y, de alguna manera, reduplicada por el uso del verbo “venir”, con el sentido de “seguir, acompañar” (akolouthein)[23] al comienzo de la frase y, una segunda vez, hacia el final con el imperativo presente “sígame” (akoloutheitô). No podemos dejar de observar que se trata de una instrucción sobre el seguimiento.[24]

El imperativo presente “sígame” (akoloutheitô) expresa el elemento continuo: es necesaria una orientación permanente hacia la persona de Jesús y una comunión ininterrumpida con él, para realizar un efectivo seguimiento. Además, los imperativos aoristos “niéguese” (aparnêsasthô) y “tome” (aratô) insisten sobre el hecho de que tal seguimiento incluye las acciones de negación de sí mismo y de aceptación de la propia cruz.[25]

La última frase contiene una afirmación, que está separada de las frases precedentes por una pequeña introducción: “Les decía también” (kai elegen autois) (9,1). Ella comienza con una fórmula de juramento: “Yo os aseguro” (Amên legô hymin) (9,1), que llama la atención y subraya la validez de la afirmación siguiente.[26]

Otro importante estudio del P. Stock revela que esta afirmación se refiere a la resurrección.[27]

En el centro de la perícopa (vv. 36.37), en dos frases interrogativas de carácter sapiencial,[28] nos encontramos con el término psychê. Este término, que aparece también en el v. 35, significaría: el propio yo, uno mismo, la existencia humana, la vida misma del hombre que recibe de Dios el soplo vital, la vida en cuanto realización determinada en que transcurre la existencia concreta de cada hombre.[29] Vale la pena notar que el texto paralelo a Mc 8,37, esto es, Lc 9,25 sustituye la formulación de Marcos: "de su vida" (tês psychês autou) por el pronombre reflexivo "a sí mismo", "su propio ser" (heauton).[30]

Se trata, en efecto, de dos reflexiones sobre verdades obvias, que se refieren al valor que la vida tiene para el hombre. Ella es fundamental, es la base de todo, sin la cual nada, ni siquiera la posesión del mundo entero le puede convenir al hombre. Ella es también insustituible, pues el hombre tiene solamente una única vida, y, si la pierde, no dispone de ningún medio “algo ofrecido en trueque” (antallagma) para recobrarla, razón por la cual debe salvarla a toda costa.[31]

Las dos reflexiones indican dos motivos por los cuales es absolutamente necesario salvar esta única vida, esto es, por qué  es absolutamente necesario seguir a Jesús.[32]

Los vv. 35.38 se corresponden en la estructura de la perícopa. Indican el “porque” (gar), la razón por la cual es necesario el seguimiento incondicional de Jesús: sólo en la comunión con él se salva la vida que se obtiene del Hijo del hombre cuando vendrá en la gloria de su Padre. Ambos evidencian el mismo punto de referencia, esto es, Jesús y su mensaje, mensaje en el cual él se explicita y permanece presente:[33]

v. 35 : pierda...                   por mí y por el Evangelio,

v. 38 : avergüence             de mí y de mis palabras

En 8,38 nos encontramos con un dicho judicial construido según el "ius talionis".[34] Este dicho reconduce a la relación inmediata de comunión que existe entre el discípulo y Jesús. Se contempla sólo el fracaso del discípulo.[35] En él se distinguen dos "tiempos": la vida en medio de la generación actual y la venida del Hijo del hombre en la gloria. Tal distinción sirve para comprender mejor los enunciados algo paradójicos de 8,35 sobre el salvar y perder la vida.[36]

El conformismo con los contemporáneos puede inducir un discípulo a avergonzarse de Jesús y de sus palabras, es decir, a esconder su vinculación con Jesús, a separarse de él, no observar sus palabras y preferir la comunión con los hombres del propio tiempo. En 8,38b, se describe la consecuencia de tal negación de Jesús y del conformismo con los contemporáneos pecadores e infieles a Dios:[37] el Hijo del hombre llegado en la gloria, rechaza la comunión con un tal hombre (cf. Mt 25, 41).[38]

II. EL TEXTO DE Mc 8,35

En 8,35 nos encontramos con el dicho de Jesús que constituye el objeto primordial de nuestro estudio:

v. 35a:             a Porque quien quiera salvar su vida

b la perderá,

v. 35b:             a' pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio,

b' la salvará

Su estructura es la de un paralelismo antitético entre dos miembros contrapuestos (y equilibrados), cada uno con una prótasis y una apódosis. Se trata, en efecto, de un mashal (palabra hebrea que significa proverbio, sentencia, dicho, refrán...) de dos miembros formulado de manera paradójica.[39] La antítesis está señalada con la partícula adversativa “pero” (de).[40]

Mientras en 8,38 se nombra sólo una acción (avergonzarse de Jesús y de sus palabras) y un resultado (no ser reconocidos por el Hijo del hombre), en 8,35 se explicitan dos acciones (querer salvar, perder) y dos resultados (perder, salvar).[41]

Por lo tanto, la estructura sería ésta: a b a'b'.

Y, como resultado de la disposición del texto se forma, al mismo tiempo, la figura quiástica:

A  salvar (sôsai)

B  perderá (apolesei)

B' pierda (apolesei/ê)

A'  salvará (sôsei)

De esta manera, a través de dos tipos de pérdida, colocadas al centro (B - B': perderá/pierda), se pasa a dos modos distintos de salvación (salvar/salvará) con los cuales se abre (A) y se cierra (A') el logion.[42]

En cuanto al contenido de la sentencia, ya hemos dicho,[43] que en ella se nos quiere indicar la razón (gar) por la cual es necesario el incondicional seguimiento de Jesús.

Analicemos más detenidamente el dicho.  En la primera parte (8,35a), Jesús establece la conexión entre querer[44] salvar la vida y perderla. Uno que concentre todos los propios esfuerzos en la conservación de la vida (en medio de la generación actual, cf.  8,38, y rechazando la negación de sí mismo y la aceptación de la cruz, cf. 8,34), perderá la vida (en comunión con el Hijo del hombre en la gloria, cf. 8,38).[45]

En la segunda parte del dicho (8,35b), encontramos el vínculo que existe entre perder la vida a causa de Jesús y de su evangelio y salvar la vida. No se trata de cualquier clase de pérdida de la vida, sino de aquella causada por el hecho de permanecer firmes en la comunión con Jesús y de la aceptación creyente de su evangelio (cf. 1,15).[46] Cuando Jesús no está  más visiblemente presente, la comunión con él se realiza por la fe en su evangelio.[47]

La aceptación creyente del evangelio comporta la negación de sí mismo y la aceptación de la cruz (cf. 8,34) por un lado, y el no avergonzarse de Jesús ni de sus palabras, es decir, el no ocultar la vinculación con él, por el otro (cf. 8,38).

Este aspecto negativo, que comporta el seguimiento de Jesús, nuestro dicho lo evidencia en la expresión "el que pierda su vida" (cf. 8,35b). La pérdida de la propia vida, en este contexto, puede llegar incluso hasta la anulación total, con la plena donación de sí en el martirio.[48] Y esto significa seguir a Jesús en su camino hacia Jerusalén, para participar con él de los sufrimientos y hasta de la muerte que comporta la adhesión a su persona.  De esta manera, el discípulo salvará su vida, pues al contrario de lo que sucederá a la generación adúltera y pecadora, éste participará de la comunión con el Hijo del hombre cuando venga[49] en la gloria de su Padre (8,38). Y esto significa seguir a Jesús, también hasta la última estación  - por decir de alguna manera -  que es la resurrección y la gloria.[50]

El tema de la resurrección, al cual ya hemos aludido,[51] formando parte, también del contexto, ilumina de un modo especial nuestro texto de Mc 8,35. Lo encontramos, refiriéndose a Jesús, en 8,31; 9,1; 9,9. Por otra parte, la perícopa Mc 9,14 - 29 utiliza una terminología que se refiere tanto a la muerte “para acabar” (hina apolesê) en 9,22, cf. 3,6; 11,18; “muerto” (nekros), “había muerto” (apethanen) en 9,26) como a la resurrección “levantó (êgeiren), “se puso en pie” (anestê) en 9,27).[52]

La resurrección es la más clara manifestación de la potencia de Dios (cf. 9,1).  Es la potencia de que goza Jesús para librar al joven endemoniado y para anunciar y aceptar su pasión y muerte.[53]

En este contexto, entonces, el querer evitar a toda costa la pasión y la muerte y conservar la propia vida (8,35a), no es signo de potencia sino de debilidad.[54]

Por su parte, el discípulo que permanezca estrechamente unido a Dios en la fe (cf. 9,23 - 24) y en la oración (cf. 9, 29), podrá participar de esta potencia, de esta capacidad para enfrentar a las fuerzas del mal, y hasta para perder la propia vida, actuando de esta manera, un verdadero seguimiento de Jesús[55] y una confianza ilimitada en Dios que puede,[56] también después de la muerte, poner su vida a salvo.[57]

III. OBSERVACIONES CONCLUSIVAS

No cabe duda de que la pérdida de la propia vida aparece como una de las condiciones fundamentales para el seguimiento de Jesús, y entre aquellas que más identifican al discípulo con el Maestro. La última palabra no la tiene la muerte del discípulo, sino Dios mismo, el cual, habiendo resucitado a Jesús de entre los muertos, es capaz de salvar la vida de quien sigue a su Hijo.

Por otra parte, la identidad entre la persona de Jesús y el evangelio (en cuanto mensaje), que Marcos pone de relieve (cf. 8,35 y 10,29), asume una importancia capital para la interpretación del dicho de Jesús, porque es justamente a causa de esta Buena Noticia (cuyo contenido esencial es que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios) que el discípulo está dispuesto a perder su vida.

Y esta capacidad del discípulo para arriesgar o perder su vida no es signo de debilidad, sino de potencia, de fortaleza, de coraje. Es fruto de su permanecer unido al Maestro y su mensaje, o dicho de otra manera, fruto de un seguimiento incondicional del mismo.

 NOTAS


[1]     V. TAYLOR, Evangelio según san Marcos (Madrid 1979) 454.

[2]     Para un estudio de tipo diacrónico, véase el importante análisis que hace C. H. DODD, La Tradición Histórica en el Cuarto Evangelio (Madrid 1978) 335;338-343.

[3]     A. GEORGE, Qui veut sauver sa vie, la perdra; qui perd sa vie, la sauvera, in BVC 83 (1968) 11-24. Después de un análisis exhaustivo de las seis variantes, hacia el final de su artículo, A. George dice: "Los evangelios sitúan esta palabra en cuatro contextos marcadamente diferentes..." (cf. p.22). Así lo entiende, también, en un interesante estudio, X. LÉON-DUFOUR, Luc 17,33, RSR 69 (1981) 101.

[4]     K. STOCK, Il cammino di Gesù verso Gerusalemme. Mc 8,27-10,52 (ad usum auditorii privati) (Roma 1989). El título que hemos dado a este capítulo es el mismo (si exceptuamos las palabras: "de Jesucristo") que el P. Stock da a su análisis de Mc 8,35.38 (cf. p.57).

[5]     J. CABA, De los Evangelios al Jesús histórico (Madrid 21980) 154-155: "Para la fecha de composición del evangelio (de Marcos) hay datos encontrados en la tradición (...). Los datos internos del evangelio inclinan a pensar que fué escrito antes de la destrucción de Jerusalén, año 70, ya que nada alude en el evangelio a la destrucción realizada de la ciudad. Una comparación de los tres sinópticos hace confirmar esta opinión, ya que tanto el evangelio griego según San Mateo como el evangelio según San Lucas muestran rasgos por los cuales hay que colocarlos en un tiempo posterior al evangelio de Marcos". El autor expondrá estos rasgos en el capítulo VII de la obra citada, al tratar el "problema sinóptico", llegando así a la constatación cierta de la existencia de tradiciones previas a la formulación de los evangelios” (cf. pp.362-395).

[6]     CABA, De los Evangelios, 145: "Al hablar de tiempo de composición del evangelio según San Mateo hay que distinguir entre el orignal aramaico y el texto griego que conservamos".

[7]     Ibid., 301-305.

[8]     Ibid., 304; STOCK, Il cammino, 14.

[9]     Ibid., 49.

[10]    Ibid.

[11]    CABA, De los Evangelios, 301-305.

[12]    STOCK, Il cammino, 86.

[13]    Ibid.

[14]    Ibid., 87.

[15]    Ibid., 97.

[16]    Es importante tener presente que "los Doce" habían recibido de Jesús poder para expulsar a los demonios (3,15) y sobre los espíritus inmundos (6,7) y que, conforme al poder recibido, expulsaban a muchos demonios y curaban a muchos enfermos (6,13). Ahora, ante el joven endemoniado, se muestran impotentes (9,18). El motivo es que, la oposición de éstos a Jesús les quita dichos poderes (cf. Ibid., 113).

[17]    Ibid., 111.

[18]    Ibid., 112-115.

[19]    Cf. texto en la página siguiente.

[20]    Ibid., 51.

[21]    Ibid., 52.

[22]    Ibid., 54.

[23]    Cf. 1,18; 2,14s; 6,1; 10,28 referido a los discípulos; 3,7; 5,24; 10,32 en referencia a la gente.

[24]    Ibid., 54.

[25]    Ibid., 56.

[26]    Ibid., 61.

[27]    K. STOCK, Alcuni aspetti della cristologia marciana (ad usum auditorii privati) (Roma 1989) 38-40. El P. Stock, después de analizar los particulares de la formulación marciana (9,1), esto es, el participio perfecto “que ha venido” (elêlythia), que en el texto se lee “venir” y la expresión “con poder” o “con potencia” (en dynamei), afirma: “No parece improbable que Mc 9,1 se refiera a la poderosa realización del señorío de Dios en la resurrección de Jesús (...) Algunos indicios revelan que este acontecimiento es la resurrección de Jesús” (cf. p.39). Y después de detallar estos indicios (4 en total), concluyendo, dice: "Según Mc 9,1 así interpretado, en Jesús resucitado el  señorío de Dios no solamente se ha acercado (cf. Mc 1,15) sino que se ha llegado plenamente; en Jesús resucitado se manifiesta abiertamente el poder total de Dios Señor (...). Sin embargo, también este hecho permanece aún escondido; solamente algunos ven esta plena realización del señorío de Dios. No se realiza en un triunfo terrestre sino a través de la muerte de Jesús, superando potentemente la muerte en la resurrección. Todos (8,34 : discípulos y muchedumbre) participan de esta vida nueva negando a sí mismo y siguiendo a Jesús en su camino, confiándose a su evangelio (8,34-38)" (cf. p.40).

[28]    J. GNILKA, El Evangelio según san Marcos. Mc 8,27-16,20, II (Salamanca 1986) 27.

[29]    J. McKENZIE, Evangelio según san Mateo, en Comentario Bíblico "S. Jerónimo", III: Nuevo Testamento I (Madrid 1972) 213; R. SCHNACKENBURG, El Evangelio según san Marcos 2/2 (Barcelona 1980) 26; J. CABA, Dalla parenesi lucana alla cristologia giovannea, in G. MARCONI - G. O'COLLINS (a cura di), Luca-Atti. L'interpretazione a servizio della Scrittura. Studi in onore di P. Emilio Rasco nel suo 70º compleanno (Assisi 1991) 84; Este último autor  envía a : X. LÉON-DUFOUR, Di fronte alla morte. Gesù e Paolo (Torino 1982) 49; ID., Luc 17,33, RSR 69 (1981) 102; G. DAUTZENBERG, Sein Leben bewahren. Psyche in den Herrenworten der Evangelien (SANT 14; München 1966) 58.

[30]    J. FITZMYER, El Evangelio según Lucas, III (Madrid 1987) 117.

[31]    STOCK, Il cammino, 60.

[32]    Ibid., 61.

[33]    Ibid., 57.

[34]    GNILKA, El Evangelio, 25.

[35]    Ibid., 28.

[36]    STOCK, Il cammino, 57.  Además, la nota de la Biblia de Jerusalén a Mt 16,25 (el texto paralelo a 8,35) dice: "Este logion de forma paradójica y los que le siguen, juegan con dos etapas de la vida humana: presente y futura...".

[37]    “Adúltero/a y pecador/a (moichalis y hamartôlos) son los términos usados para cualificar la generación contemporánea. En el A.T., el pueblo de Israel, que es infiel a su Dios, es presentado como una adúltera (p.e. Jer 3,1-13; Ez 16; Os 2,4-17) (Ibid., 59).

[38]    Ibid., 59-60.

[39]    GNILKA, El Evangelio, 27.

[40]    CABA, Dalla parenesi, 83.

[41]    STOCK, Il cammino, 57.

[42]    CABA, Dalla parenesi, 83-84.

[43]    Cf. supra p. 9.

[44]    “Quiera salvar” (thelê... sôsai) y no “salve” (sôzê) se refiere, tal vez, al hecho de que puede existir sólo una intención de mantener la propia vida, no un éxito perfecto; la existencia humana, antes o después, llegará a su fin (cf. STOCK, Il cammino, 58).

[45]    Ibid., 508.

[46]    Es significativo que el término evangelio aparezca 4 veces en Mt, 8 en Mc y que no aparezca en Lc ni en Jn. Aparecerá también 2 veces en Hech, 1 vez en 1Pe, 1 en Ap y 60 en las Cartas de Pablo. Sin embargo, además de las Cartas de Pablo, en Lc y Hch aparecerán, con mucha frecuencia, las diferentes formas verbales del verbo evangelizar (cf. R. MORGENTHALER, Statistik des neutestamentlichen Wortschatzes [Zürich 1958] 101; MOULTON-GEDEN, A Concordance to the Greek Testament [Edinburgh 51978] 396-397). Parece que Marcos tenía un particular interés en el uso del término evangelio. Esto queda evidenciado, no sólo por la frecuencia con que lo utiliza (si lo comparamos con los otros evangelistas), sino también, y sobre todo,  por el modo y los lugares en que lo emplea. En efecto, lo encontramos en Mc 1,1, indicando, al comienzo de su obra, el programa de cuanto sigue a continuación. Lo que sigue es precisamente el "evangelio", pero no considerado aquí como libro (este matiz de "libro" no se encuentra hasta el siglo II: Didaché 8,2; SAN JUSTINO, Apología I, 66; SAN IRENEO, Adv. haer. 3,11,8), sino en su sentido de buena noticia,  de mensaje, como aparece en los diversos textos en que se encuentra semejante término en la obra de Marcos (1,14.15; 8,35; 10,29; 13,10; 14,9; [16,15]). El contenido fundamental de esta buena noticia que debe ser proclamada a todas las gentes (13,10) es que Jesús es el Cristo (1,1; 8,29), el Hijo de Dios (1,1; 15,39). Para Marcos hay, pues, como una identidad entre la persona de Jesús y el evangelio. Los rasgos que testimonian semejante identidad  los encontramos justamente en 8,35 (el texto que nos ocupa) y en 10,29. En estos textos Marcos, y sólo él, establece un paralelismo entre Jesús  y el evangelio:

por mí y

[por]  el evangelio

(cf. J. CABA, El Jesús de los Evangelios [Madrid 1977] 11-13).

[47]    STOCK, Il cammino, 58; GNILKA, El Evangelio, 27: "Cuando Marcos presenta complementariamente el evangelio como criterio de decisión, se ha tomado conciencia del presente pospascual. El Jesús terreno nos es accesible nada más que por el evangelio, pero n0o se puede prescindir de él por tener el evangelio".  Cf. también la nota precedente.

[48]    CABA, Dalla parenesi, 84.

[49]    La conclusión "venir con poder" de 9,1 se corresponde con 8,38, y debe ser considerada como obra de Marcos (cf. GNILKA, El Evangelio, 25). El uso del verbo “venir” (erchomai) pone en relación los dos versículos, que tratan de dos venidas: una, la del juicio final (cf. 8,38) y otra, la de Jesús resucitado en su aparición a los discípulos (cf. 9,1 y la nota 27 de este trabajo), con lo cual, los dos misterios quedarían, aquí, estrechamente unidos.

[50]    STOCK, Il cammino, 64.

[51]    Cf. supra p.7, especialmente la nota 27.

[52]    STOCK, Il cammino, 114.

[53]    Cf. supra p.5.

[54]    STOCK, Il cammino, 115.

[55]    Ibid.

[56]    Es importante, aquí, tener presente estas dos expresiones: todo es posible para Dios” (Mc 10,27) y  todo es posible para tì (Mc 14, 36), ubicadas, claro está, dentro de sus respectivos contextos.

[57]    R. PESCH, Il Vangelo di Marco. Parte seconda (CTNT II/2; Brescia 1982) 103.