CAPITULO II

LA VIDA,

FRUTO DEL

ANUNCIO DEL REINO DE LOS CIELOS

(Mt 10,39)

Después de haber estudiado, en el primer capítulo, el dicho de Jesús en el contexto que Léon-Dufour llama "sinóptico",[1] abordaremos, a continuación, el estudio de la sentencia del Señor en otro contexto diferente, como es el que nos ofrece el primer evangelio en su duplicado: Mt 10,39.

El orden, pues, de exposición en este capítulo será similar al anterior: primero, estudio del contexto dentro del cual se encuentra el logion; en segundo lugar, estudiaremos el texto mismo del logion (10,39), su estructura y contenido; finalmente, las conclusiones de carácter teológico nos permitirán apreciar otra interpretación del dicho de Jesús, que viene a completar aquella del capítulo precedente.

I. EL CONTEXTO

Consideraremos aquí tanto el contexto remoto como el contexto inmediato (10,37 - 39). En este último, estudiaremos, con particular atención, la estructura interna de la perícopa y el contenido de la misma.

§ 1. El contexto remoto

Teniendo en cuenta la ordenación geográfica del material evangélico, los datos ciertos de técnicas literarias de repetición y el dinamismo propio del primer evangelio con el dramatismo que lo caracteriza, podemos ubicar Mt 10,39 en la primera parte de dicho evangelio: "El pueblo judío no quiere creer en Jesús" (c.3 - 13), en la segunda sección: "Los discípulos enviados por el Maestro" (9,35 - 10,42).[2]

En los capítulos precedentes al capítulo 10, se recogía la actividad doctrinal de Jesús, expuesta en el sermón de la montaña (c.5 - 7), y su actividad de curación de enfermos como expresión de su misión mesiánica (c.8 - 9).[3]

Estos capítulos nos quieren indicar que con Jesús se han hecho presentes en la historia humana los bienes del Reino de los Cielos.[4]

Ahora, para difundir el anuncio del Reino y hacerlo presente en los signos extraordinarios, Jesús envía a los discípulos a misionar previniéndolos, al mismo tiempo, de las dificultades que tal ministerio comporta.

Esto último es, precisamente, lo que el evangelista recoge en el discurso de la misión (10,5 - 42), dentro del cual encontramos el dicho de Jesús (v. 39), objeto de nuestro estudio. El discurso de Jesús está precedido por un sumario, en que se recoge resumidamente lo ya expuesto (9,35), y por las circunstancias del discurso mismo (9,36 - 10,4).[5]

En la perícopa 9,35 - 10,16 parecía que la actividad apostólica se iba a desarrollar en una atmósfera de victoria, si bien en los vv. 13b - 15 se aludía a un eventual rechazo de los discípulos por los hombres y el v. 16 hablaba ya de los lobos con que se iban a encontrar los enviados de Jesús.[6]

A partir del v. 17 cambian por completo las perspectivas. Jesús anuncia sufrimientos y persecuciones a sus apóstoles (vv. 17 - 25), los exhorta a confesar sin miedo su nombre delante de los hombres (vv. 26 - 33) denuncia el malentendido irenista (vv. 34 - 36) y los invita a seguirle hasta la muerte (vv. 37 - 39).[7]

El contexto que sigue a Mt 10,39 está compuesto por los versículos de la perícopa 10,40 - 11,1. De ellos P. Bonnard dice que "constituyen la conclusión mateana de la gran instrucción de Jesús a sus apóstoles".[8] Estos, que han recibido de Jesús “poder” (exousia) sobre los espíritus inmundos y para curar toda enfermedad y toda dolencia (10,1), son quienes lo harán presente en medio de los hombres (10,40). Y quien recibe[9] a Cristo en la persona de los apóstoles, recibe por ello mismo a quien ha enviado a Jesús, al mismo Dios.[10]

El v. 1 (del Cap. 11), marcadamente redaccional,[11] tiene un doble valor.  Por un lado, tiene valor anafórico pues nos relaciona con cuanto precede, indicando así el final del discurso.

Por el otro lado, tiene un valor proléptico pues anticipa e introduce lo que el autor dirá a continuación, dando así comienzo a una nueva unidad redaccional.[12]

Aquí nos interesa el valor anafórico de 11,1, pues quiere decir que Mt 10,39 forma parte de las intrusiones que Jesús ha dado a sus discípulos, con motivo de la misión que les ha confiado.

§ 2. El contexto inmediato: 10,37 - 39[13]

Ubicados ya, en el interior del discurso apostólico, vemos que la sentencia del v. 39 está precedida por otras dos sentencias de Jesús (vv. 37.38), constituyendo, de esta manera, una perícopa bien definida.

En cuanto a la estructura de esta perícopa, podemos notar la correspondencia que hay entre los vv. 37 y 39 dada, principalmente, por el uso de participios sustantivados. Ambas sentencias, en sus paralelos y/o duplicados, están construidas sintácticamente por medio de proposiciones condicionales.[14]

En el centro de la perícopa tenemos el v. 38, en el que también encontramos una oración subordinada (oración de relativo) a una principal. Esta sentencia, en su duplicado (16,24) y paralelo (Lc 14,27), aparece también en una proposición de tipo condicional.

Si bien, las tres sentencias no están construidas sintácticamente por medio de proposiciones hipotéticas, constituyen de hecho las condiciones para ser dignos discípulos de Jesús.

Mt 10,37 - 39:

v. 37a:

 

a

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí,

no es digno de mí;.

v. 37b

 

« el que ama a su hijo o a su hija más que a mí,

no es digno de mí.

 

 

 

v. 38a

b

El que no toma su cruz y me sigue detrás

v. 38b

 

no es digno de mí.

 

 

 

v. 39a

 

a’

El que encuentre su vida,

la perderá;

v. 39b

 

y el que pierda su vida por mí,

la encontrará.

En cuanto al contenido, vemos que la persona de Jesús es el punto de referencia constante[15] para quien debe asumir las actitudes que allí se señalan.

El versículo central (v.38) contiene la idea de seguimiento, fuertemente marcada por el uso del verbo “seguir” (akoloutheô) y la expresión “en pos de mí”, “detrás mío”  (opisô mou).[16]

La expresión “no es digno de mí” (ouk estin mou axios), que se repite tres veces, dos en la primera sentencia (v. 37) y una en la segunda (v. 38), no aparece en la tercera sentencia (v. 39).[17] Si bien Jesús continúa siendo el punto de referencia (cf. v. 39b: “por mí”, “por mi causa” = heneken emou), la reflexión se centra por completo en el tema de la vida (su pérdida o su encuentro).[18]

Podríamos decir que en esta perícopa hay como un "crescendo" que va desde el preferir a Jesús más que a los padres o a los hijos (v. 37), siguiéndole por un camino de sufrimientos violentos y públicos (v. 38a),[19] hasta perder la propia vida por su causa para encontrarla definitivamente (v. 39).

II. EL TEXTO DE Mt 10,39

La estructura del dicho de Jesús en esta versión de Mt 10,39 es la misma que el texto de Mc 8,35,[20] a saber, un paralelismo antitético, a b a' b':

v. 39a:                          a         El que encuentre su vida,

b     la perderá;

v. 39b:                         a'        y el que pierda su vida por mí,

b'       la encontrará

Sin embargo, en lugar del verbo “salvar” (sôzô), nos encontramos con el uso del verbo “encontrar” (heuriskô). Otra diferencia, como ya señalamos anteriormente, es el uso de participios sustantivados en las prótasis de los respectivos períodos.

La figura quiástica que se forma, entonces, como resultado de la disposición del texto, y de las variantes aquí indicadas sería:

A         el que encuentre

B    perderá

B'   el que (la) pierda

A'        encontrará

En cuanto al contenido, es también casi el mismo, pero con los matices propios de la formulación mateana y del nuevo contexto en que ahora se encuentra.

Perder su vida significa concretamente "morir de muerte violenta", no por una razón cualquiera, sino por causa de Jesús (v. 39b), en su seguimiento (v. 38a).[21]

Encontrar (heuriskô) se ha de entender aquí con el matiz de "ganar, obtener, procurarse".[22]

Es la redacción de Mateo, la que presenta la salvación  de la psychê como un encontrar (heurêsei) de nuevo la vida que se había perdido (16,25).[23] Este encontrar tiene aquí un fuerte sentido escatológico en cuanto que se trata de recibir finalmente algo de parte de Dios. Un descubrir con asombro la realidad escondida del Reino; encontrar al fin de los tiempos, es decir, recibir de Dios los bienes definitivos que se habían buscado y esperado durante tanto tiempo.[24]

Según el contexto, el "compromiso" público que el anuncio del Reino de los Cielos comporta, se convierte al mismo tiempo en el acto más íntimo y personal (perder la propia vida). He aquí, la otra "paradoja" que el dicho de Jesús, en este contexto, nos revela: no hay adhesión a Cristo que no sea una arriesgada aventura pública; la vida más "interior" (tanto personal como comunitaria) se convierte en la más pública y la más peligrosa. Y este, dice Bonnard, es el tema esencial que domina de parte a parte esta gran instrucción apostólica: nada de lo que estaba oculto puede permanecer así.[25]

III. OBSERVACIONES CONCLUSIVAS

El contexto en el cual se encuentra Mt 10,39 es el del anuncio del Reino de los Cielos (con los signos extraordinarios que acompañan este anuncio) en medio de las persecuciones. En efecto, los discípulos son enviados como ovejas en medio de lobos (v. 16), serán entregados a los tribunales (v. 17), pero no deben tener miedo a nada ni a nadie (vv. 26.28.31), sino declararse valientemente como tales por Cristo (v. 32) y colocar la fidelidad a su Maestro por encima de los amores más fuertes y legítimos (v. 37).[26]

Este anuncio requiere, en aquellos que han sido llamados para tal misión, un desprendimiento radical (hasta de la propia vida) y una adhesión total a Aquel que ha hecho presente, en la historia humana, dicho Reino. La vida que el discípulo pierde y vuelve a encontrar , además de ser un don escatológico, será también fruto de su fidelidad al anuncio del Reino de los Cielos.

De esta manera, los discípulos, habiendo perdido la propia vida por causa de Jesucristo y en el ejercicio de su misión, están invitados a "hallar" su verdadera existencia (v. 39) como se encuentra el camino que lleva a la vida (7,14), el reposo deseado (11,29), el tesoro escondido (13,44) o la perla preciosa (13, 46).[27]

Ha quedado también de manifiesto, en este contexto, que la adhesión a Jesucristo, además de ser el acto más íntimo y personal, es, al mismo tiempo, el más público y arriesgado.

NOTAS


[1]     LÉON-DUFOUR, Luc 17,33, 104: "El contexto que llamo “sinóptico”, coloca la palabra de Cristo entre las condiciones para seguir a Jesús de Nazareth. El texto es prácticamente idéntico en las tres recensiones, tal como lo señala el esquema anterior (Mt 16,25 = Mc 8,35 = Lc 9, 24), de modo que se puede con bastante facilidad llegar a una base común semejante a esta. : Quien quiera salvar su existencia la perderá, pero aquél que pierda su existencia por mi causa la salvará”. Por esta razón el primer capítulo lo hemos dedicado al estudio de una de las tres versiones paralelas, a saber, la de Mc 8,35 y su contexto. Y, no obstante, la similitud y casi identidad de las tres versiones, en la conclusión pondremos en evidencia también (en aquello que nos interesa según la finalidad de este trabajo) las diferencias existentes entre cada una de ellas.

[2]     CABA, De los Evangelios, 289-290.

[3]     Ibid., 198s.

[4]     De los apuntes de los estudiantes durante el curso: Mt 5-7: Programma di vita del discepolo di Gesù Cristo, dictado por el profesor R. Riva, en la Pontificia Facoltá San Bonaventura; Anno scolastico 1990-91.

[5]     CABA, De los Evangelios, 290.

[6]     P. BONNARD, Evangelio según san Mateo (Madrid 21983) 229.

[7]     Ibid., 229 ss.

[8]     Ibid., 244.

[9]     Bonnard dice: "El verbo recibir (dechomai) ha de entenderse (cf. ya 14; 11,14; 18,5) en el doble sentido de hospitalidad, dominante al comienzo del capítulo, y de sumisión a la palabra predicada por el apóstol" (Ibid., 245).

[10]    Ibid., 245.

[11]    Con esta locución estereotipada  Y sucedió que, cuando acabó Jesús” ... que aparece en el evangelio de Mateo cinco veces concluyendo las unidades discursivas (7,28; 11,1; 13,53; 19,1; 26,1), el evangelista da a entender que los discursos no se deben tomar aisladamente unos de otros, sino que se deben considerar como un cuerpo único de la enseñanza de Jesús. Esto está subrayado, todavía, por el hecho de que Mateo, en 26,1, modifica la idéntica fórmula colocando, antes de “estos discursos” (7,28; 19,1) “todos” y así expresa que, en 26,1, se concluye no solamente el discurso precedente, sino toda la enseñanza de Jesús (cf. K. STOCK, Il Discorso della Montagna Mt. 5-7. Le Beatitudini (ad usum auditorii privati) (Roma 1988) 1.

[12]    RIVA, fuente citada.

[13]    Cf. texto en la pagina siguiente.

[14]    Para el v. 37, ver su paralelo en Lc 14,26; para el v. 39, ver su duplicado en 16,25 (y paralelos: Mc 8,35 y Lc 9,24) y su paralelo en Lc 17,33. La otra versión de nuestro dicho en Jn 12,25 está construida también por medio del uso de participios.

[15]    Nótense las expresiones “más que a mí” (hyper eme) (dos veces) y “de mí” (mou) (dos veces) del v.37, “en pos de mí”/“detrás mío”  (opisô mou) del v. 38, y “por mí”/“por mi causa” = heneken emou del v. 39.

[16]    Cf. supra p.7.

[17]    Es interesante notar que en 16,24 (duplicado del v. 38) no encontramos esta expresión. Más interesante, aún, es Lc 14,26-27 (paralelo de los vv. 37.38) que usa, en su lugar, la expresión “no puede ser mi discípulo” (ou dynatai einai mou mathêtês).

[18]    BONNARD, Evangelio, 241: "En el v.39 la atención se centra por completo en la idea de la salvación personal".

[19]    Ibid., 243.  "(Jesús) anuncia a sus discípulos la misma violencia y el mismo desprecio público que soportará él mismo" (cf. p.243).

[20]    Cf. supra p.10s.

[21]    BONNARD, Evangelio, 244.

[22]    Cf. nota de la Biblia de Jerusalén a Mt 10,39.

[23]    CABA, Dalla parenesi, 85.  El autor envía a P. BONNARD, L'Evangile selon Saint Mathieu (Neuchâtel 1963) 251.

[24]    BONNARD, Evangelio, 375.

[25]    Ibid., 241.

[26]    LÉON-DUFOUR, Luc 17,33, 104.

[27]    Ibid., 104.