CAPITULO III

LA VIDA ANTE LA VENIDA

DEL 

HIJO DEL HOMBRE

(Lc 17,33)

 

Hemos abordado, ya, el estudio del dicho de Jesús en dos contextos diversos, como lo son el contexto "sinóptico",[1] que contiene la versión de Mc 8,35 (y paralelos), y el contexto en el cual el primer evangelio nos ofrece su duplicado: Mt 10,39.

Nos ocuparemos, ahora, del estudio de la sentencia del Señor en otro duplicado que encontramos en el evangelio según San Lucas: 17,33. Estamos, pues, ante una nueva formulación del dicho, como, así también, ante un nuevo contexto.

El orden a seguir en este capítulo será, como en los precedentes: primero, ubicación de Lc 17,33 en su contexto; en segundo lugar, estudiaremos el texto mismo (17,33), su estructura y contenido; finalmente, las conclusiones teológicas no sólo nos ofrecerán una nueva óptica para la interpretación del dicho, sino que además nos dejarán el camino abierto para el estudio de la sentencia del Señor en el cuarto evangelio.

I. EL CONTEXTO

Consideraremos, aquí, tanto el contexto remoto como el contexto inmediato (17,22 - 37). En este último, estudiaremos, con particular atención, la estructura interna de la perícopa y el contenido de la misma.

§ 1. El contexto remoto

Teniendo en cuenta la estructuración cronológico - geográfico - teológica del tercer evangelio,[2] podemos ubicar Lc 17,33 en la tercera parte del mismo (9,51 - 19,27: Camino hacia Jerusalén)[3] y, más precisamente, en la perícopa 17,22 - 37, que se refiere a la venida del Hijo del hombre.

Esta perícopa (llamada también "pequeño apocalipsis"),[4] que forma parte, además, de la sección 17,1 - 18,30 (instrucciones de Jesús a sus discípulos),[5] tiene un prefacio (17,20 - 21)[6] que se refiere igualmente a una venida, aquella del reino de Dios; es de notar que estos versículos (20 - 21) difícilmente subsistirían solos entre el "relato de la curación de los diez leprosos" (17,11 - 19) y el "pequeño apocalipsis" (17, 22 - 37).[7] Además, la formulación de los vv. 20 - 21 es paralela a aquella de los vv. 22 - 24.[8]

Por otra parte, el mismo conjunto 17,22 - 37 ha sido completado por Lucas, quien agrega al final la "parábola del juez que se hace rogar" (18,1 - 8), para decir que Dios hará rápidamente justicia en favor de sus elegidos que gritan a él día y noche, en nombre de una fe insistente. Esta invitación estimulante a la oración corresponde del resto al final del discurso escatológico sobre la necesidad de velar y orar (21,34 - 36).[9]

§ 2. El contexto inmediato: 17,22 - 37

El pequeño "apocalipsis lucano" constituye una unidad literaria bastante clara (17,22 - 37).[10]

El pasaje está estructurado por el binomio literario "Día - días". Al Día del Hijo del hombre, mencionado en los vv. 24 (26)+ 30, 31, se oponen literariamente "los días del Hijo del hombre" (vv. 22.26), que corresponden a los "días de Noé" (v. 26) y a los "días de Lot" (v. 28), ellos mismos contrapesados por el "día en que Noé entró en el arca" (v. 27) y el "día en que Lot salió de Sodoma" (v. 29); y, para terminar, a "en aquel Día" (v. 31) corresponde "en esa noche" (v. 34). He aquí, entonces, lo que justifica la división en tres párrafos, a los cuales podemos intitular: 1) cómo viene el Día del hijo del hombre (vv. 22 - 24, a los cuales se agrega el v. 25); 2) aquellos que no se esperan este Día (vv. 26 - 30); 3) el carácter decisivo y universal del Día (vv. 31 - 35, a los cuales se agrega el v. 37).[11]

Como se podrá notar, en la perícopa Lc 17,22 - 37[12] falta el v. 36.  A este propósito J. Fitzmyer dice:

« Algunos manuscritos  -  D, ¦13, 700  -  añaden una frase que, tradicionalmente, se ha considerado como v. 36: "Dos estarán en el campo; uno (heis: masculino) será llevado y el otro (ho heteros: masculino; aunque la familia manuscrita ¦13 lo pone en femenino) será dejado". Pero todos los manuscritos importantes omiten la adición; véase el texto de P75 y de los códices À, A, B, L, W, D, Q, Y, ¦1. Aparte de la casi unánime tradición textual, hay razones internas para rechazar esa variante; no sólo revela una armonización con Mt 24,40, sino que, además, destruye la simetría de composición ».[13]

Una vez determinada la perícopa 17,22 - 37, esto es, los versículos que la componen y su estructura literaria fundamental, vamos a estudiar, ya más detenidamente, los tres párrafos que resultan de la división tripartita de la misma.

Conviene aclarar antes, que el primer párrafo (vv. 22 - 24+ 25) lo vamos a estudiar junto con los versículos inmediatamente precedentes (vv. 20 - 21) que, como ya hemos indicado,[14] tienen una formulación paralela a la de los vv. 22 - 24 y constituyen el prefacio de toda la perícopa.

Lc 17, 22 - 37:

v :22        Dijo a sus discípulos:

«Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre,

y no lo veréis.

v :23        Y os dirán: "Vedlo aquí, vedlo allá.

" No vayáis, ni corráis detrás.

v :24        Porque, como relámpago fulgurante

que brilla de un extremo a otro del cielo,

así será el Hijo del hombre en su Día.

v :25        Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

v :26        «Como sucedió en los días de Noé,

así será también en los días del Hijo del hombre.

v :27        Comían, bebían, tomaban mujer o marido,

hasta el día en que entró Noé en el arca;

vino el diluvio y los hizo perecer a todos.

v :28        Lo mismo, como sucedió en los días de Lot:

comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían;

v :29        pero el día que salió Lot de Sodoma,

Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos.

v :30        Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

v :31        «Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa,

no baje a recogerlos;

y de igual modo, el que esté en el campo,

no se vuelva atrás.

v :32        Acordaos de la mujer de Lot.

v :33        Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.

v :34        Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho:

uno será tomado y el otro dejado;

v :35        habrá dos mujeres moliendo juntas:

una será tomada y la otra dejada.»

v :37        Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?»

El les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.»

 

A)      La venida del reino de Dios y del Hijo del hombre

(vv. 20 - 25)

El paralelismo que encontramos en este párrafo, es del tipo

 a  b  c  a' b' c':

v. 20 a

 

Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios,

 

v. 20 b

a

les dijo:

«El Reino de Dios viene sin dejarse sentir.

I

v. 21 a

b

Y no dirán: "Vedlo aquí o allí",

 

v. 21 b

c

porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.»

 

 

 

 

 

v. 22 a

a’

Dijo a sus discípulos:

 

v. 22 b

 

«Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.

 

v. 23 a

b’

Y os dirán: "Vedlo allí, vedlo aquí."

II

v. 23 b

 

No vayáis, ni corráis detrás.

 

v. 24 a

c’

Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo,

 

v. 24 b

 

Así será el Hijo del hombre en su Día.

 

v. 25

 

Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

 

Las correspondencias están dadas, principalmente, por

 

a

a’

el hecho de que Jesús se dirige a un

 

 

grupo de personas bien determinadas

los fariseos

los discípulos

el verbo “decir”

dijo

dijo

el verbo “venir, llegar”

llegaría

vendrán

las realidades "que vienen"

el reino de Dios

los días del Hijo del hombre

 

b

b’

el verbo “decir”

dirán

dirán

la expresión casi idéntica,  pero con el orden de los adverbios aquí, allá invertidos

"Vedlo aquí o allí",

"Vedlo allí, vedlo aquí."

 

c

c’

la razón por la cual Jesús se opone a las falsas ideas que sus contemporáneos tienen de una y otra venida

porque

porque

Nuevamente

el reino de Dios

el Hijo del Hombre en su día

finalmente el verbo “ser, estar”

está

será

 

El versículo 25, con el que concluye este primer párrafo, se relaciona con cuanto precede, principalmente, por medio de la forma adverbial “antes” (prôton) y el pronombre de tercera persona “le” (auton), que se refiere al Hijo del hombre, mencionado anteriormente.

En cuanto al contenido, podemos decir que, a los fariseos (v. 20), dotados para la observación y la vigilancia (cf. 14, 1; 20,20), que tratan de controlar todo aquello que el joven rabbi dice y hace, Jesús responde que no pueden juzgar la venida del reino de Dios como se procede con una realidad de este mundo, sino que deben percibirla como un acontecimiento que está, ahora, "a su disposición", "a su alcance", al alcance de la visión de fe, porque está ahí escondido en el corazón del mundo y, en este sentido, "entre ellos" (v. 21b).[15] He aquí, los dos sentidos[16] que la expresión “entre vosotros” (entos hymôn) adquiere, de acuerdo al contexto lucano.

De esta manera, Jesús, oponiéndose a todo cálculo apocalíptico y rechazando, de un modo tajante, toda clase de especulaciones inútiles sobre la llegada del reino de Dios, invita a escrutar el presente.[17]

En la segunda parte (vv. 22 - 24+25) del desarrollo "sobre la venida", el auditorio cambia; quienes reciben la enseñanza son, esta vez, los discípulos (v. 22a). El que está "por venir" es, ahora, el Hijo del hombre, en un modo (también éste) no observable,[18] en cuanto que no podrá ser objeto de "observación" física o de "comprobación por cálculo o por signos" (v. 20) ni aparecerá como respuesta a expectativas individuales.[19]

Jesús declara que no habrá un signo precursor de la venida del Hijo del hombre.[20] Ésta llegará de improviso; su manifestación será inequívoca. Es lo que expresa la imagen del relámpago. Se tratará de una presencia repentina y desconcertante. Pero esa manifestación deberá ir precedida  - "antes" (v. 25) -  de algo tan inevitable como el sufrimiento, la reprobación, la pasión y la muerte del Hijo del hombre.[21]

De esta manera, el v. 25 introduce, aquí, un correctivo a los precedentes vv. 23 - 24 y repite, en cierta manera, el anterior anuncio de la pasión (cf. 9,22): Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por ...»[22] Este correctivo consiste en el hecho de que, durante el tiempo intermediario que va desde la ascensión hasta la parusía, el regreso (eleusetai: cf. Hech 1,11) de Jesús, no hay que buscar de "ver" la gloria del Hijo del hombre, sino que hay que recordarse de la pasión que ha tenido que sufrir "antes". De esta manera, la parusía[23] del Hijo del hombre[24] juega un rol en el tiempo presente del discípulo[25] y se convierte en una llamada que invita a considerar el presente y a no permanecer inactivos en la espera de la venida del Hijo del hombre.[26]

B) Aquellos que no se esperan este Día (vv. 26 - 30)

En este segundo párrafo nos encontramos nuevamente con un paralelismo del tipo a  b  c  d  a' b' c' d' y, además, con una inclusión dada por las expresiones de los vv. 26b y 30:

 

v. 26a

a

«Como sucedió en los días de Noé,

v. 26b

 

así será también en los días del Hijo del hombre.

v. 27a

b

Comían, bebían, tomaban mujer o marido;

v. 27b

c

hasta el día en que entró Noé en el arca

 

v. 27c

d

vino el diluvio y los hizo perecer a todos.

 

 

 

v. 28a

a’

Lo mismo, como sucedió en los días de Lot:

v. 28b

b’

comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían ;

v. 29a

c’

pero el día que salió Lot de Sodoma,

v. 29b

d’

Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos.

v. 30

 

Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

Las correspondencias del paralelismo son tan evidentes que, para identificarlas, es suficiente seguir con la vista cada una de ellas con los respectivos subrayados.

En cuanto al contenido, los vv. 26 - 30 nos presentan dos situaciones típicas: "los días" de Noé (vv. 26 - 27) y "los días" de Lot (vv.28 - 30) que, al compararlas con "los días del Hijo del hombre" (vv. 22 - 25), constituyen una advertencia contra la dejadez y desidia de "esta generación".[27]

Los contemporáneos de Noé (salvo él y su familia) fueron sorprendidos y no entraron en el arca en el momento oportuno y "perecieron todos" (cf. v. 27b.c). Por su parte, los contemporáneos de Lot (menos éste y su familia) fueron también sorprendidos por la lluvia de fuego y azufre, que arrasaron con la rebeldía y desobediencia de Sodoma y "perecieron todos" (cf. v.29).[28]

Es importante notar, que los verbos, en paralelo, de los vv. 27a y 28b no indican acciones inmorales, sino que más bien describen el comportamiento de aquellos que no conocen otra cosa, más que la necesidad de alimentarse, unirse en matrimonio, comerciar, plantar y construir (todos modos de ocupaciones normales).[29]

Pero esto no basta, hay que contrarrestar el ritmo rutinario de la existencia (como en "los días de Noé", como en "los días de Lot") con una actitud de vigilancia, con una expectativa alerta.[30]

La llegada del Hijo del hombre, que se producirá de un momento a otro, debe invitar al discípulo a estar atento y a no dejarse llevar por las cosas de la tierra. No debe olvidarse que esta venida será decisiva.[31]

No se trata, entonces, de tener miedo ante la llegada de este Día,[32] sino, más bien, de conferir a la propia existencia su verdadera dimensión ante la presencia de este Hijo del hombre, que puede llegar en cualquier momento.[33]

C) El carácter decisivo y universal del Día (vv. 31 - 37)

En lo que se refiere a la estructura de este tercer y último párrafo, que pertenece a la perícopa 17,22 - 37 que estamos estudiando, podemos constatar las correspondencias que hay entre el v. 31 y los vv. 34 - 35, dadas principalmente por las expresiones: “aquel día” (v. 31a) y “aquella noche” (v. 34a), y los paralelismos de los vv. 31b.c y 34b.c - 35; a su vez, al v. 31 se añade el v. 32, y a los vv. 34.35 se agrega el v. 37.  En el centro nos encontramos, finalmente, con el dicho de Jesús, objeto de nuestro estudio (v. 33).

 

v. 31a

 

 

«Aquel Día,

 

v. 31b

 

a

el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa,

 

 

A

b

no baje a recogerlos;

 

v. 31c

 

a’

y de igual modo, el que esté en el campo,

 

 

 

b’

no se vuelva atrás.

 

v 32

 

Acordaos de la mujer de Lot.

 

 

 

 

 

 

v. 33a

 

a

Quien intente guardar su vida,

 

 

B

b

la perderá;

 

v. 33b

 

a’

y quien la pierda,

 

 

b’

la conservará

 

 

 

 

 

 

v. 34a

 

 

Yo os lo digo: aquella noche

 

v. 34b

 

a

estarán dos en un mismo lecho :

 

v. 34c

A’

b

uno será llevado y el otro dejado;

 

v. 35a

 

a’

habrá dos mujeres moliendo juntas:

 

v. 35b

 

b’

una será llevada y la otra dejada.»

 

v 37a

 

Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?»

 

v 37b

 

El les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.»

 

En cuanto al contenido, la expresión “aquél día” (en ekeinê tê hêmera) (v. 31a) y la mención de la mujer de Lot (v. 32), nos relacionan con el párrafo precedente (vv. 26 - 30), subrayando, ahora, el aspecto discriminatorio del juicio que tendrá lugar "aquel día" (v. 31a), "esa noche" (v. 34a), es decir, cuando se manifieste el (los) día(s) del Hijo del hombre.[34]

Aquí se coloca, de un modo magistral, el v. 33, constituyendo la "bisagra" de este desarrollo donde se precisa, con el primer ejemplo, que no es necesario "volverse atrás" (vv. 31 - 32), y con el segundo, que cuanto sucederá nos concierne a todos (vv. 34 - 35).[35]

El empeño humano por alcanzar la salvación no supone una garantía de éxito: "El que intente conservar su vida, la perderá; en cambio, el que la pierda, la mantendrá viviente".

La mera actividad humana a la que se referían los vv. 27a y 28b no asegura la salvación. Y eso vale tanto para el hombre como para la mujer, sin distinción alguna (vv. 34.35).[36]

¿Dónde tendrá lugar esto? (cf. v. 37a). El proverbio (v. 37b), con el cual Jesús deja zanjada la cuestión, querría indicar que los días del Hijo del hombre se manifestarán inevitablemente, así como es inevitable que donde hay carroña aparezcan también los buitres, y, en todas partes, donde quiera que haya seres humanos (cf. vv. 34.35).[37]

II. El TEXTO DE Lc 17,33

Cuanto hemos visto hasta el momento, nos ayudará a interpretar con mayor exactitud Lc 17,33.

La estructura del dicho de Jesús continúa siendo, en 17, 33, esencialmente la misma que los textos ya vistos de Mc 8,35[38] y de Mt 10,39,[39] a saber, un paralelismo antitético, a b a' b':

v. 33a:             a         Quien intente guardar su vida,

b         la perderá;

v. 33b:             a'        y quien la pierda,

b'        la conservará.

Sin embargo, si comparamos esta versión con las dos versiones de los textos antes citados, notaremos inmediatamente algunas diferencias importantes.

Ante todo, falta aquí el comentario explicativo, esto es, la causa por la cual el discípulo está dispuesto a perder su vida: “por mí y por el Evangelio” (heneken emou kai tou euangeliou) en Mc 8,35, y “por mí” (heneken emou) en Mt 10, 39.

Por otra parte, salta a la vista el empleo, en Lucas, de nuevos verbos, tales como ”buscar”, “intentar” (zeteô) (v. 33a) en lugar de “desear”, ”querer” (zelô) ( cf. Mc 8,35), y los verbos “conservar”, “guardar” (peripoieomai) y “conservar”, vivificar” (zôogoneô) (v. 33a y v. 33b, respectivamente) en lugar de “salvar” zôzô) (cf. Mc 8,35a.b) o de “encontrar” (heuriskô) (cf. Mt 10,39a.b), por lo cual, la figura quiástica que se forma es menos clara y más desenfocada que las variantes precedentes, por el cambio de verbos en los extremos:[40]

A         Quien intente guardar

B         perderá

B'        Quien pierda

A'        (la) conservará.

En cuanto al contenido, el dicho de Jesús adquiere aquí matices muy particulares.

Comencemos por la formulación misma.  El verbo “buscar”, “intentar” es más fuerte que el verbo “querer”, pues subraya la intensidad del esfuerzo por medio del cual se encarna el deseo.[41] Además, Lucas usa aquí el aoristo (y no el presente, como en los paralelos) situando así la búsqueda en un futuro que el contexto permite precisar.[42]

Por su parte, el verbo “conservar”, “guardar” se encuentra sólo aquí (de entre los evangelios); su significado es "conservar" y, en base al valor de la forma media del verbo, "conservar algo que es propio".[43]

La expresión inicial del dicho, entonces, en esta redacción lucana, quien intente guardar (v. 33a), que es solamente suya, puede haber sido inspirada por la exhortación precedente del v. 31a.b:  Aquél Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos ; esta tendencia a apegarse a los propios bienes se proyecta también sobre otro bien más íntimo como es la propia vida (cf. v. 33a).[44] La unión de los dos verbos “intentar - guardar” sugiere la inutilidad del esfuerzo por conservar para sí la propia vida.[45]

En lo que se refiere al verbo “destruir, matar, perder” (apollymi),[46] lo encontramos ya en en capítulo 13, vv. 3 y 5, usado en el sentido total de "perdición"; también lo encontramos en nuestro contexto inmediato (en los vv. 27c y 29b),[47] para indicar que, aquellos que en "los días de Noé" vivieron despreocupadamente,[48] y aquellos que en "los días de Lot" se mostraron rebeldes a Dios, "perecieron todos". Tal es el sentido fuerte que perder tiene en la primera parte del dicho (v. 33a). En la segunda parte (v. 33b), el sentido es inverso y paradójico, entendiendo por esto que, ante la llegada del Hijo del hombre, no hay que tratar de conservar la propia vida, sino más bien, abandonarla toda, sin precisar a quién ni cómo.[49]

En cuanto al uso del verbo “vivificar”, Lucas sugiere aquí, aquello que Jn 12,25 explicitará con el término “vida” (zôê) y, entre los posibles sentidos, conviene retener aquel de Hech 7,19, a propósito de las hijas de los hebreos que los egipcios pueden "dejar con vida". El sentido sería, entonces, "mantener en vida", como en Ex 1,17s y Jc 8,19, refiriéndose, aquí, al mantenimiento y transformación de la existencia, otorgada ya en el momento de la creación.[50]

Finalme