CAPITULO IV

LA VIDA, FRUTO DE UNA DECISION PERSONAL

(Jn 12,25)

Después de haber estudiado el dicho de Jesús en los tres contextos fundamentales en que los colocan los sinópticos, pasamos, ahora, a abordar el estudio del mismo en el cuarto evangelio.

Seguiremos el siguiente orden: primero, ubicación de Jn 12,25 en su contexto; en segundo lugar, estudiaremos el texto mismo (12,25), su estructura y contenido; finalmente, sacaremos las conclusiones de tipo teológico, que el análisis de los textos nos permitirá.

I. EL CONTEXTO

Consideraremos aquí tanto el contexto remoto como el contexto inmediato (12,20 - 26). En este último, estudiaremos, con particular atención, la estructura interna de la perícopa y el contenido de la misma.

§ 1. El contexto remoto

Teniendo en cuenta la estructuración de progresiva manifestación dramática del cuarto evangelio,[1] podemos ubicar Jn 12,25 hacia el final de la primera parte del libro, en la séptima[2] sección (12,1 - 36): "Días antes de la Pascua última",[3] en la perícopa 12,20 - 26: "Revelación sobre la suerte de Jesús y la de aquellos que lo siguen".

El contexto que precede a 12,20 - 26 está constituido por la "Unción en Betania" (vv. 1 - 11) como preparación a su sepultura (v. 7), y por la "Entrada en Jerusalén" (vv. 12 - 19) con la correspondiente aclamación mesiánica como rey de Israel (v. 13)[4].

La revelación o manifestación de Jesús produce una doble reacción:[5] por un lado, muchos creen en él (v. 11), el pueblo lo aclama rey (v.13) y los gentiles quieren verlo (vv. 20 - 21); por el otro, los fariseos se alarman porque todos se van detrás de él (v. 19).[6]

El contexto que sigue a 12,20 - 26 está compuesto por los vv. 27 - 30 (La gloria de Dios se manifiesta en la muerte y resurrección de Jesús), los vv. 31 - 33 (En su muerte y resurrección se verificará el juicio del mundo y la expulsión del enemigo. Entonces atraerá a sí todas las cosas),[7] los vv. 34 - 36 (El problema del Hijo del hombre[8]  y el último llamamiento a la fe[9]), y los vv. 37 - 50 que constituyen el epílogo de la vida pública de Jesús. En estos últimos versículos encontramos como en una síntesis (de la primera parte del evangelio): a) las diversas reacciones que se han ido exponiendo (vv. 37 - 43): de incredulidad (vv. 37 - 41), por un lado, y de fe (v. 42), aunque a veces velada por el miedo (v. 43), por el otro; y b) lo esencial de la manifestación de Jesús (vv. 44 - 50).[10]

Este epílogo (12,37 - 50) tiene sus correspondencias con el prólogo (1,1 - 18), lo cual da lugar a una inclusión entre el comienzo del evangelio y la conclusión de la primera parte del mismo.[11]

Antes de pasar al estudio del contexto inmediato (12,20 - 26) será conveniente exponer también, al menos brevemente, los puntos de contacto existentes entre este capítulo 12 y el capítulo precedente (11,1 - 57), los cuales forman una unidad.

Ante todo, el lugar mencionado al comienzo de ambos capítulos es el mismo: Betania (cf. 11,1; 12,1). Se trata de una aldea situada a unos tres km. de Jerusalén. Es aquí, donde tiene lugar tanto la resurrección de Lázaro (11,1 - 44) como la unción del cuerpo de Jesús (12,1 - 8).

Luego, también el tiempo es el mismo: la Pascua de los judíos, que para Jesús será la última (cf. 11,55; 12,1).

Finalmente, es preciso notar la coincidencia temática: "A través de la muerte se llega a la vida".

Todo el capítulo 11 está orientado a la muerte de Jesús (pues anticipa lo que sucederá) y al sentido que la misma tiene, preanunciándose, además, a través de la resurrección de Lázaro que, en la persona de Jesús, algo extraordinario tendrá lugar (cf. vv. 7.16.25.47 - 53).

Por su parte, el capítulo 12 alude tanto a la muerte de Jesús (vv. 7.24.27.33) como a la vida y salvación que ésta producirá y de la que Jesús es portador (vv. 24.47.49 - 50).

§ 2. El contexto inmediato: 12,20 - 26

La presencia de los griegos,[12] "que subían[13] a adorar[14] en la fiesta"[15], al comienzo de esta perícopa (vv. 20 - 21), constituye la concretización de la formulación irónica  del precedente v. 19c:  “¿Veis ?... todo el mundo se ha ido tras él”.

De esta manera se abre una dimensión universal, acentuada todavía más con la impronta helenista de los nombres de los discípulos: Felipe y Andrés,[16] y por la mención del origen del primero: “el de Betsaida de Galilea (v. 21a).[17]

La estructura interna de 12,20 - 26:[18] A B B' A', evidencia el rol de intermediarios de Felipe y Andrés (v. 22)[19] entre los griegos que "quieren ver[20] a Jesús" (vv. 20 - 21) y el mismo Jesús que responde con un discurso (vv. 23 - 26).

La correspondencia entre A (vv. 20 - 21) y A' (vv. 23 - 26) está en que: a la dimensión universal dada por la presencia de los griegos (v. 20), se corresponde el alcance, también universal de las sentencias de Jesús (vv. 24 - 26). El v. 25 lo evidencia, a través de los participios de generalización “el que ama”, (ho philôn) “el que odia” (ho misôn), mientras que el v.26 a través de la expresión “si alguno” (ean tis).

Por su parte, el v. 24 expresa dicho alcance universal a través del fruto abundante que la muerte y resurrección de Jesús producirá.

Las correspondencias entre B y B' (v. 22) son evidentes. Basta, para esto, con ver el paralelismo de la construcción, y el uso (doble) de los verbos “venir” (erchomai) y  “decir” (legô), como así también de la conjunción “y” (kai).

Por otra parte, las palabras de Jesús, que encontramos en A' (vv. 23 - 26), tienen, a su vez, una estructura del tipo A B B' A'.

 

v.20

 

Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta.

v. 21

A

Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús.»

 

 

 

v.22

B

Felipe fue

 

 

a decírselo a Andrés;

 

 

 

 

B’

Andrés y Felipe fueron

 

 

a decírselo a Jesús.

 

 

 

v. 23a

A

Jesús les respondió:

v. 23b

 

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.

 

 

 

v. 24a

 

En verdad, en verdad os digo

v. 24a

 

a.  si el grano de trigo no cae en tierra y muere,

 

B

b.- queda él solo;

v. 24c

 

a’  pero si muere,

A ‘

 

b’  da mucho fruto.

 

 

 

v. 25a

 

a.  El que ama su vida

 

B’

b.  la pierde

v. 25b

 

a’.  y el que odia su vida en este mundo,

 

 

b’.  la guardará para una vida eterna

 

 

 

v. 26a

 

a.  Si alguno me sirve,

 

A’

b.  que me siga,

v. 26b

 

c.  y donde yo esté, allí estará también mi servidor.

v. 26c

 

a’.  Si alguno me sirve,

 

 

b’.  el Padre le honrará.

 

El pasivo teológico “que sea glorificado” de A (v. 23b), en que se nos dice que el Hijo del hombre será glorificado (por Dios Padre), tiene su correspondencia en la expresión “el Padre le honrará” de (v. 26c), en la que se nos refiere que quien sirva a Jesús el Padre le honrará.

La persona de Jesús (v. 23a) tiene su correspondencia con el pronombre de primera persona singular al dativo: me (tres veces), con el pronombre personal yo; y, finalmente, con el adjetivo posesivo del v. 26.

Las correspondencias entre B (v. 24) y B' (v. 25) están dadas por el paralelismo antitético que caracteriza la estructura de cada una de las sentencias de Jesús, y por el tema o contenido que ambas tienen en común: "el paso de la muerte a la vida".

En cuanto al contenido, podemos decir que, con nuestra perícopa comienza la pasión misma de Jesús, pues la hora ha llegado ya (v. 23b).[21] Y la llegada de los griegos ha sido evidentemente la señal[22].

Esta hora de Jesús es descrita como la caída en tierra del grano de trigo que, muriendo, produce mucho fruto (12, 24).[23]

El alcance universal de este fruto abundante, será confirmado más adelante, en las palabras: "Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (12, 32).[24]

Y, mientras la breve parábola joánica[25] del v. 24 se refiere a Jesús, el lógion del v. 26 se refiere a todo discípulo que, dispuesto a servirlo y a seguirlo, comparte con él la misma suerte y el mismo destino, ya que dónde está Jesús, estará también su servidor.[26]

Es en medio de estas dos sentencias que se coloca el v. 25, en el cual vamos a centrar, a continuación, nuestra atención.

II. EL TEXTO DE Jn 12,25

Después de habernos ubicado en el contexto (remoto e inmediato) pasamos, ahora, al estudio de la versión joánica del dicho de Jesús (12,25), que constituye el objeto primordial de nuestra investigación.

Comenzamos por la estructura. Una vez más se trata, como en las versiones del dicho precedentemente estudiadas,[27] de un paralelismo antitético del tipo a b a' b':

 

v. 25a

a  El que ama su vida,

 

b.  la pierde ;

v. 25b

a’  y el que odia su vida en este mundo,

 

b’  la guardará para una vida eterna.

Los verbos utilizados en la antítesis son “amar - odiar”.[28] No nos llama la atención, aquí, el uso participial de los mismos:  el que ama, el que odia”, pues algo semejante hemos visto en la versión de Mt 10,39.[29] En cambio, sí nos resulta novedoso, con respecto a las otras variantes, el semitismo que expresa la preferencia (=amar) o menor aprecio (=odiar) de la propia vida.[30] Dicho semitismo aparecía ya en el contexto de la versión mateana, esto es, en Mt 10,37 - 39[31] y, más precisamente, en el v. 37, en el que se dice que, quien ame (=prefiera) a su padre, a su madre, a su hijo o a su hija más que a Jesús, no es digno de él.[32]

Puede ser interesante, para la interpretación del texto, tener presente la traducción que, del binomio "amar - odiar", hace Léon-Dufour: «s'attacher - ne pas s'attacher», esto es, «apegarse - desapegarse», o bien, «ligarse - desligarse».[33]

En la segunda parte del dicho (v. 25b), aparecen dos expresiones o frases explicativas que sólo Juan agregará: una en la prótasis (a')= en este mundo, y la otra en la apódosis (b')= para una vida eterna. Se trata de una nueva antítesis.[34]

El término “mundo” (kosmos), por la frecuencia de su uso[35] es característico de Juan.[36] Sin excluir de él el significado espacial del mundo actual (cf. Jn 8,23), se mantiene también un significado temporal por el contraste que representa respecto al futuro:[37]

 

v. 25:

a’  y el que odia su vida en este mundo,

 

b’  la guardará para una vida eterna

En la segunda frase explicativa de la apódosis (b'), encontramos también un término favorito del cuarto evangelio: “vida” (zôê).[38]

La frecuencia de uso del vocablo es notable, si la comparamos con los Sinópticos y con el resto del Nuevo Testamento.[39]

El mismo evangelista, al declarar cuál es la finalidad de su obra, dice que él ha escrito "para que creáis... y tengáis vida" (20,31),[40] lo cual coincide con el objetivo de la venida de Cristo al mundo: "Yo he venido para que tengan vida" (10,10).[41]

Dice Dodd: "En casi la mitad de las veces que aparece la palabra «vida» (17 veces) va acompañada del epíteto «eterna», sin ninguna diferencia aparente de significado".[42]

Para Juan, la “la vida” o “vida eterna” (zôê aiônios) es la vida de Dios, la que el Padre tiene en sí mismo, y que también el Hijo posee porque la ha recibido del Padre (5,26; 6,57).[43]

Esta vida, que estaba en el Verbo preexistente (1,4),[44] puede ser acogida por los hombres mediante la fe en Jesús (5, 24), el Cristo, el Hijo de Dios (20,31), el Hijo único (3,16), que es el Verbo hecho carne (1,14). Jesús llegará a decir que él es la vida (11,25; 14,6; Ap 1,18); sus palabras son espíritu y vida (6,63), son palabras de vida eterna (6,68).[45]

Dice Brown: "No puede haber duda de que para Juan la «vida eterna» es cualitativamente distinta de la vida natural (psychê), pues se trata de una vida que la muerte no puede destruir" (11,26). Y agrega: "Lo cierto es que el verdadero enemigo de la vida eterna no es la muerte, sino el pecado” (1 Jn 3,15; 5,16).[46]

El uso del verbo “proteger”, “conservar” (phylassô) en la apódosis del segundo miembro (b') es también propio de esta versión joánica del dicho. Y si bien, a veces, significa "observar", "obedecer", "cumplir" la palabra (cf. 12,47), aquí significa "proteger" de elementos externos aquello que se conserva (cf. 17, 12); esto lo exige el contraste que hay con el verbo precedente “destruir”, “perder” (apollyei),[47] en la apódosis del primer miembro (b). Este último, que en todas las variantes del logion se encuentra al futuro: ”perderá”,[48] sólo en Juan se encuentra al presente: ”pierde”, haciendo, como ya lo hemos indicado anteriormente,[49] que se establezca una distinción de tiempos: presente y futuro, entre el primer miembro (v. 25a) y el segundo (v. 25b); aunque, se podría considerar al primero como un presente de generalización, es decir, el que se usa en las máximas y proverbios.[50]

Notemos finalmente que, en esta versión del dicho de Jesús, al igual que en la versión de Lc 17,33,[51] falta el comentario explicativo que indica la causa por la cual el discípulo está dispuesto a "odiar" o "perder" su vida, es decir, la motivación fundada en Jesús:[52] “por mí”,[53] y en su evangelio: “y por el evangelio”.[54]

En cuanto al contenido, podemos decir que la originalidad de la versión joánica de la sentencia radica, ante todo, en que ésta se aplica primeramente a Jesús y a su muerte.[55]

En efecto, el v. 25 es la concretización del v. 24, y constituye, en cuanto dicho no parabólico, la clave de interpretación[56] de la breve parábola joánica del "grano de trigo", que se refería a Jesús. Recordemos que, al estudiar la estructura de Jn 12,20 - 26, los vv. 24 y 25 estaban en correspondencia recíproca.[57]

Pero no sólo se aplica a Jesús. La formulación indeterminada de los participios  “el que ama - el que odia”, hace que este logion se aplique también a todo aquel que quiera servir y seguir a Jesús (cf. v. 26),[58] como en el caso de los paralelos sinópticos.

Juan también muestra su originalidad, como hemos visto,[59] al oponer este mundo donde hay que odiar la propia existencia, a la vida eterna que ya ha comenzado pero que sólo se puede conservar con el menosprecio de sí mismo.[60]

Como Jesús en relación al Padre, así también el discípulo en relación a Jesús, deberá apreciar menos su existencia y preferir (o apreciar más) la persona del Hijo, sirviéndolo y siguiéndolo (cf. v. 26).

De esta manera, su existencia no se perderá, sino que se conservará intacta para gozar de una vida como la de Jesús, que es la vida de Dios y, por eso mismo, eterna.[61] Y esto, ahora, en el presente de su existencia terrena (en su calidad de creyente en Jesús) y para siempre, pues se trata de una vida que no tiene fin.[62]

Ahora bien, la participación en este fruto abundante que la muerte y resurrección de Jesús producirá (cf. v. 24) dependerá también de una decisión enteramente personal por parte de los hombres: prefiriendo su existencia o desapegándose de la misma, rechazando a Jesús o adhiriéndose a su persona. Una vez más nos encontramos con el dramatismo del cuarto Evangelio, al que ya nos hemos referido al comienzo de este capítulo.[63]

Si la decisión es positiva, esto es, acogida del Hijo por medio de la fe, entonces el discípulo será honrado por el Padre (cf. v. 26c). Ya hemos visto que este honor de que será objeto el discípulo se correspondía con la glorificación del Hijo (cf. v. 23b).[64] Y, en qué consista este honor y esta gloria nos lo dice, justamente, el v. 25: consistirá en la conservación de la propia existencia, renunciando a ella, para una vida eterna.[65]

III. OBSERVACIONES CONCLUSIVAS

La formulación joánica del dicho de Jesús, que hemos venido estudiando, nos revela cuál ha sido la actitud fundamental y decisiva de Jesús con respecto a su vida terrena. Esta es la dimensión cristológica del logion.

Por su alcance universal, nos revela también cuál debe ser la actitud de todo aquel que quiera ser su discípulo.

La conservación de la propia existencia para una vida eterna comporta una exigencia, a saber, el vivir desapegado de esta existencia.  Una exigencia que Jesús jamás habría formulado, si él mismo no la hubiera aceptado para sí, antes que sus discípulos.[66]

Además, la conservación de la propia existencia para una vida eterna será el estadio final y definitivo de aquello que el evangelista llama: "glorificación del Hijo" y "honor del discípulo", ambas realizaciones operadas por Dios Padre.

La fe, aunque más no sea inicial o incipiente, como la de los griegos que querían ver a Jesús (vv. 20 - 21), es la que hará posible la realización de la segunda parte de la sentencia (v. 25b).

No podemos, sin embargo, dividir el paradójico dicho de Jesús en dos partes, sino sólo para establecer una distinción que nos permita su estudio. En él está contenido el dramatismo del cuarto Evangelio, a causa de la diversidad de actitudes ante la propia existencia y, sobre todo, ante la persona del Hijo de Dios.

Y esta opción fundamental, no es algo que queda relegado para un futuro incierto o para la eventualidad de una proximidad parusíaca (como lo indicaba el contexto de Lc 17,33 que hemos estudiado).[67] Por el contrario, Jn 12,25 nos coloca ante una comprensión inmediata del presente,[68] que exige una respuesta, también inmediata.

NOTAS


[1]     CABA, De los Evangelios, 350ss.

[2]     Ibid., 351. Se trata de la última de las siete secciones articuladas en torno a las fiestas judías y que abarcan los capítulos 2,13-12,36.

[3]     Ibid., 353.

[4]     Ibid.

[5]     Esta doble reacción o "diversidad de actitudes que provoca la progresiva revelación de Jesús constituye el dramatismo del cuarto evangelio" (Ibid., 350).

[6]     Ibid., 353.

[7]     Ibid., 349.

[8]     R. E. BROWN, El Evangelio según Juan, I-XII (Madrid 1979) 740.

[9]     R. SCHNACKENBURG, El Evangelio según san Juan. Versión y comentario. Tomo II (Barcelona 1980) 481.

[10]    CABA, De los Evangelios, 353.

[11]    Estas correspondencias entre el prólogo (1,1-18) y el epílogo (12,37-50), que han tenido su desarrollo en el transcurso de la primera parte del evangelio, se nos presentan a través de cuatro ideas fundamentales que iluminan todo el proceso de la vida pública de Jesús: 1‘) La proclamación del Bautista (“clama”): cf. 1,15) acompañada por su testimonio, y la proclamación de Jesús (“clamó, gritó”): cf. 12,44) en la que se sintetiza lo esencial de cuanto ha revelado hasta el momento; 2‘) La luz (cf. 1,4.5) como consecuencia de la venida de Jesús entre los hombres (encarnación del Verbo), ya que él es la luz (cf. 12,46); 3‘) La vida (cf. 1,4) que el Verbo, encarnándose (cf. 1,1.14; 12,48), nos vino a comunicar, en cuanto Enviado del Padre, puesto que su mandato es vida eterna (cf. 12,50); 4‘) Finalmente, la doble reacción y actitud: de rechazo (cf. 1,11; 12,37) o de aceptación por medio de la fe (cf. 1,12; 12,42) de la persona de Jesús.

[12]    SCHNACKENBURG, El Evangelio, 471: "Los «griegos» no son los judíos que hablaban la koiné, sino griegos de nacimiento (cf. Coment. a 7,35), que se habían aproximado al judaísmo como prosélitos o como simpatizantes”.

[13] El término técnico “subir” (anabainô), utilizado aquí, indica la peregrinación hacia Jerusalén durante las grandes solemnidades (Cf. G. NOLLI, Evangelo secondo Giovanni [Cittá del Vaticano 1986] 472).

[14]    El evangelista utiliza el verbo “adorar” (proskyneô) en 4,20-24 para describir el culto debido a Dios. Este uso es propio del estilo joánico (cf. SCHNACKENBURG, El Evangelio, 472). En cambio, el uso de este verbo en 9,38, en el que se indica el gesto de postrarse para adorar a Jesús, lo encontramos también en los sinópticos, sobre todo en Mateo (cf. BROWN, El Evangelio, 620).

[15]    Ibid., 730: "La mención de la fiesta en el v. 20 liga esta escena con el contexto general de la Pascua, que viene sirviendo de trasfondo a partir de 11,15".

[16]    CABA, Dalla parenesi, 92.

[17]    BROWN, El Evangelio, 726: "Algunos creeen que se menciona aquí Galilea por su relación con los gentiles (Mt 4,15, citando Is 9,1)".

[18]    Cf. texto en la página siguiente.

[19]    CABA, Dalla parenesi, 92.

[20]    BROWN, El Evangelio, 726: "«Ver» puede tener el sentido de «visitar, entrevistarse con» (W. BAUER, A Greek-English Lexicon of the New Testament. Trad. de W. F. Arndt y F. W. Gingrich [Chicago 195] 220, eidon § 6), como en Lc 8,20; 9,9. Sin embargo, en el contexto teológico de Juan, «ver» también puede significar «creer en»".

[21]    BROWN, El Evangelio, 731: "En este evangelio han sido ya muchas las veces que hemos oído decir que su hora (o su oportunidad: 7, 6.8) no ha llegado aún (2,4; 7,30; 8,20), es decir, la hora del retorno al Padre a través de la crucifixión  la resurrección y la ascensión (Cf. Apén. I:11). Ahora, y consecuentemente en los capítulos siguientes (13,1; 17,1), se nos dirá que ya ha llegado la hora".

[22]    Ibid.

[23]    CABA, Dalla parenesi, 92s.0

[24]    SCHNACKENBURG, El Evangelio, 485: «El aspecto positivo más importante de la hora de Jesús está en la salvación de los creyentes, y desde luego a escala universal: la salvación de todos los hombres que se allegan a él y por él se dejan conducir». Otros elementos que dan a las palabras de Jesús un alcance universal, cf. supra p. 38s.

[25]    BROWN, El Evangelio, 732s.

[26]    CABA, Dalla parenesi, 97.0

[27]    Cf. supra pp. 10.19.30-31.

[28]    CABA, Dalla parenesi, 93, nota 55: "Los dos verbos tomados separadamente son típicamente joaneos,: “amar” (fileô): Mateo 5 veces, Marcos 1 vez, Lucas 2 veces, Juan 13 veces; “odiar” (miseô): Mateo 5 veces, Marco 1 vez, Luca 7 veces, Juan 12 veces. Así también cuando están unidos para indicar dos posiciones opuestas del mundo, amor - odio (Jn 15,18-19)".

[29]    Cf. supra p.19.

[30]    En correspondencia con el uso linguístico de Dt 21,15-17, el par de opuestos amar/odiar recibe en Mt 6,24 y en Lc 16,13 el significado de preferir (estar aficionado) y posponer (despreciar). Se trata de un preciso hebraísmo que encontramos también en Mt 10,37 y Lc 14,26.

Con la expresión odiar, se entiende la exigencia de la separación, el consciente rechazo, destaco y renuncia de cosas o personas en vista del seguimiento de Jesús. De aquí que, esta renuncia no se pueda entender en sentido psicológico o fanático, sino más bien en sentido neumático y cristocéntrico (cf. O. MICHEL, mise/w, GLNT VII, 341-343).

[31]    Cf. supra p.18.

[32]    En su paralelo, Lc 14,26 dirá que, quien no odie a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, y hasta su propia vida no puede ser discípulo de Jesús. Dado, entonces, que "odiar" puede significar, aquí, "amar menos" (cf. LÉON-DUFOUR, Diccionario del Nuevo Testamento [Madrid 1977] 328) o "apreciar menos", lo que Jesús pide a quien está dispuesto a seguirlo no es odio, sino desprendimiento completo e inmediato, cf. 9,57-62 (cf. Nota de la Biblia de Jerusalén a Lc 14,26).

[33]    LÉON-DUFOUR, Luc 17,33, 111-112. También BROWN, El Evangelio, 736, dirá: "El contraste básico en la forma joánica de la sentencia se establece entre el apego y el desprecio a la propia vida". Además, el uso de las expresiones "amar - odiar", en lugar de "salvar-perder" (propia de los paralelos sinópticos), hace que el logion insista más en la actitud personal que en los actos que la manifiestan (cf. GEORGE, Qui veut sauver sa vie, 22).

[34]    Ibid., 21.

[35]    Kosmos es utilizado 14 veces en los Sinópticos, 78 veces en Jn, 24 veces en 1, 2 y 3 Jn, 3 veces en Ap; Total joánico: 105; total N.T.: 185 (cf. BROWN, El Evangelio según Juan, XIII-XXI [Madrid 1979] 1481).

[36]    CABA, Dalla parenesi, 93.

[37]    Ibid., 93-94.

[38]    BROWN, El Evangelio, 1478.

[39]    El término zôê aparece 16 veces en los Sinópticos, 36 veces en Juan, 13 veces en 1, 2 y 3 Juan, 17 veces en Ap; Total joánico: 66; total N.T.: 135 (cf. BROWN, El Evangelio, 1478).

[40]    Por este motivo, el cuarto Evangelio puede ser "justamente llamado el evangelio de la vida" (cf. F. V. FILSON, The Gospel of Life. A Study of the Gospel of John, en W. KLASSEN - G. E. SNYDER [Ed.], Current Issues in New Testament Interpretation. Essays in honor of O. A. Piper [New York 1962] 123).

[41]    C. H. DODD, Interpretación del Cuarto Evangelio (Madrid 1978) 153.

[42]    DODD, Interpretación, 153.

[43]    BROWN, El Evangelio, 1479.

[44]    LÉON-DUFOUR, Diccionario del N. T., 441.

[45]    BROWN, El Evangelio, 1480.

[46]    Ibid.

[47]    Ibid.

[48]    Cf. supra pp. 10-11.19.31. En estas páginas, encontramos las versiones de Mc 8,35, Mt 10,39 y Lc 17,33, que hemos estudiado. También en los paralelos de Mc 8,35, esto es, en Mt 16,25 y en Lc 9,24 sucede lo mismo.

[49]    Cf. supra p.42.

[50]    NOLLI, Evangelo, 476.

[51]    Cf. supra p.31.

[52]    SCHNACKENBURG, El Evangelio, 475.

[53]    Cf. Mt 10,39; 16,25; Lc 9,24.

[54]    Cf. Mc 8,35.

[55]    GEORGE, Qui veut sauver sa vie, 22.

[56]    DODD, La tradición histórica, 367.

[57]    Cf. supra p.39.

[58]    CABA, Dalla parenesi, 94.

[59]    Cf. supra p.42.

[60]    GEORGE, Qui veut sauver sa vie, 22.

[61]    CABA, Dalla parenesi, 94.

[62]    DODD, Interpretación, 158-159; BROWN, El Evangelio, 1480; SCHNACKENBURG, El Evangelio, 429-432.439.

[63]    Cf. supra p.35ss., especialmente la nota 147.

[64]    Cf. supra p.39.

[65]    CABA, Dalla parenesi, 98.

[66]    GEORGE, Qui veut sauver sa vie, 24.

[67]    Cf. supra c.3 p.30ss.

[68]    LÉON-DUFOUR, Luc 17,33, 111.