CONCLUSION

El estudio del dicho de Jesús sobre la pérdida o salvación de la propia existencia, en los cuatro contextos fundamentales en que lo presentan los evangelistas, nos ha ido mostrando tanto los elementos que éstos tienen en común, como también las características propias de cada uno.

 

Logia ubicados en el primer contexto

Marcos 8,35:

v. 35:                                a          Porque quien quiera salvar su vida,

b         la perderá;

v. 35b:              a'         pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio,

b'        la salvará.

Mateo 16,25:

v. 25a:             a          Porque quien quiera salvar su vida,

b         la perderá,

v. 25b:             a'         pero quien pierda su vida por mí,

b'        la encontrará.

Lucas 9,24:

v.   24a:                   a          Lc 9:24 Porque quien quiera salvar su vida,

b         la perderá;

v.   24b:                   a'         pero quien pierda su vida por mí,

b'        ése la salvará.

Logion ubicado en el segundo contexto

Mateo 10,39:

v.   39a:                   a          El que encuentre su vida,

b         la perderá;  

v.   39b:                   a'         y el que pierda su vida por mí,

b'        la encontrará.

Logion ubicado en el tercer contexto

Lucas 17,33:

v. 33a:             a          Quien intente guardar su vida,

b         la perderá;

v. 33b:             a'         y quien la pierda,

b'        la conservará.

Logion ubicado en el cuarto contexto

Juan 12,25:

v. 25a:             a          El que ama su vida,

b         la pierde;

v.   25b:            a'         y el que odia su vida en este mundo,

b'        la guardará para una vida eterna.

I. ELEMENTOS EN COMUN

La transmisión del logion por parte de los cuatro evangelistas constituye ya el primer punto que éstos tienen en común. Es más, tanto Mateo como Lucas tienen, todavía, cada uno un duplicado, con lo cual el número de formulaciones asciende a seis.

Como podemos observar, la multiplicidad de testimonios caracteriza nuestro texto en cuestión, de un modo particular.[1]

En lo que a la formulación se refiere, si bien existen notables diferencias, hemos podido constatar que todas las variantes del logion tienen en la base la misma estructura, a saber, un paralelismo antitético entre dos miembros contrapuestos del tipo a b a' b'.

En cuanto al contenido, en todos ellos se trata de dos actitudes opuestas con respecto a la propia existencia,[2] y de sus respectivas consecuencias definitivas, también éstas opuestas entre sí.

II.   CARACTERISTICAS PROPIAS

DE CADA EVANGELISTA

 

1. Marcos

No hay lugar a dudas de que el sello redaccional de Mc 8,35 está constituido por la expresión: “y por el Evangelio”.  Ya hemos indicado, en su momento,[3] el particular interés de Marcos por el uso del término Evangelio. Es, justamente, a causa de esta Buena Noticia, con la cual Jesús (que es el Cristo, el Hijo de Dios; cf. Mc 1,1) se identifica, que el discípulo está dispuesto a perder su vida.

Por otra parte, tanto Mc 8,35 como sus paralelos (Mt 16,25; Lc 9,24) nos dan la razón (gar) por la cual es necesario el seguimiento incondicional de Jesús: sólo en la comunión con él se salva la vida que se obtiene del Hijo del hombre cuando vendrá en la gloria de su Padre.

2. Mateo

La nota característica de Mateo, en lo que a la formulación del dicho se refiere, está dada por el uso del verbo “encontrar” en las dos variantes en que éste lo presenta. En efecto, en 16,25 el verbo lo encontramos en la apódosis del segundo miembro, mientras que en 10,39 es utilizado tanto en la prótasis del primer miembro, como en la apódosis del segundo.

Se trata, entonces, de perder la vida a causa de Jesús para poder así encontrarla definitivamente, como quien descubre con asombro que, finalmente, "se ha ganado", "ha obtenido" por parte de Dios, los bienes definitivos que se habían buscado y esperado durante largo tiempo.

Así, la vida que el discípulo pierde y vuelve a encontrar, además de ser un don escatológico, será también fruto de su fidelidad a Jesús, tanto en el seguimiento (16,24),[4] como en el anuncio del Reino de los Cielos (10,5 - 42).[5]

3. Lucas

En cuanto a la formulación del logion, Lucas mostrará la elegancia del griego, con el que escribe su evangelio, en el duplicado de 17,33. La variante de 9,24 es casi idéntica a Mc 8,35 y Mt 16,25.

Una primera característica, que ambas formulaciones lucanas tienen en común, es su alcance universal, gracias también a los respectivos contextos en que se encuentran.

En efecto, en Lc 9,23 Jesús se dirige "a todos", de aquí que las palabras sobre el perder o salvar la vida interesen "a todos", no solamente a la gente que lo circunda, sino también a los cristianos que más tarde formarán la comunidad.[6]

Por su parte, también en Lc 17,33 el logion de Jesús tiene un carácter universal, además de decisivo. En la formulación misma del dicho, falta la expresión “por mí (y por el Evangelio)”, lo cual hace que el dicho se sustraiga al contexto histórico, que podría ser el de las condiciones para seguir a Jesús hasta el martirio, adquiriendo, así, un sentido a - histórico, pues se puede aplicar a todos los tiempos, y universal, en cuanto que afecta a todos los hombres.[7] Además, según el contexto (17, 22 - 37), el carácter discriminatorio que tendrá lugar cuando se manifieste el Día del Hijo del hombre, vale tanto para el hombre como para la mujer, pues éste se manifestará inevitablemente y en todas partes, donde quiera que haya seres humanos.

Otra característica, compartida también por la dos recensiones de Lucas, es su tono de exhortación insistente por el modo como el logion es introducido: “Decía, pues” (9,23a), o por el contexto apremiante de los acontecimientos finales (17,22 - 37).[8]

En el primer caso, porque, en relación estrecha con el primer anuncio de la pasión (9,22), y bajo su luz, se trata de seguir el ejemplo de Jesús "cada día" (9,23b), dispuestos a perder la vida "por su causa" (9,24b), para salvarla así definitivamente. El “ese” (houtos) enfático del v. 24b, indica que solamente quien así actuare salvará su existencia.

En el segundo caso, porque será inútil “intentar salvar” la propia existencia. Más bien, convendría vivir desapegados no sólo de los propios enseres sino también hasta de la misma vida, para estar así dispuestos a dejarse transformar por la nueva realidad que viene, la cual hará posible que el discípulo "mantenga viviente" su existencia.

Esto último, constituye la tercera característica que Lucas manifestará, sobre todo, a través de su duplicado (17,33). Nos referimos a la proyección escatológica del logion. Será, justamente esta perspectiva escatológica de la venida del Hijo del hombre, de aquel que debe sufrir mucho por parte de esta generación (17, 25), la que ayudará a vivir con esta actitud de pérdida de la vida para conservarla.[9]

Asimismo, habría que aclarar que la dimensión escatológica y no meramente material, caracteriza también la salvación de la que se trata en 9,24, ya que éste es el sentido que el verbo “salvar”  tiene aquí.[10]

4. Juan

En la presentación joánica del dicho de Jesús, no sólo se conservará el alcance universal, que ya encontrábamos en Lucas, y que el cuarto Evangelio potenciará aún más,[11] sino que también se recuperará el contexto clásico, de seguimiento de Jesús, propio de la presentación "sinóptica" del logion.[12]

Por otra parte, la dimensión escatológica que el contexto de Lc 17,33 evidenciaba tan claramente, se hace todavía más explícito en Jn 12,25, al contraponer éste el desapego de la propia existencia “en este mundo” y “la vida futura (eterna)”  para la cual se conserva.[13]

Pero hay algo más. En virtud del contexto inmediato, el cuarto Evangelio nos está revelando que la suerte y destino de los discípulos se identifica con la suerte y destino de su Maestro. Hemos visto, al respecto, que la gloria de Jesús y el honor del discípulo consisten, justamente, en la conservación de la propia existencia, viviendo desapegado de ella, para una vida eterna. Y este honor se identifica, además, con la plena coincidencia del ámbito del discípulo y del ámbito de Jesús (donde esté yo, allí estará también mi servidor; v. 26b).[14]

Finalmente, esta palabra de Jesús, que nos revela cuál ha sido su actitud fundamental con respecto a su propia existencia (dimensión cristológica del logion), comporta para el oyente una opción fundamental, que exige, en virtud de la comprensión inmediata del presente que ella le provoca, una respuesta también inmediata.

Concluyendo, entonces, podríamos decir que, las diferencias en la presentación del logion por parte de cada evangelista, lejos de ser un signo de infidelidad a lo que Jesús pudo haber literalmente dicho, manifiestan, por el contrario, una mayor fidelidad a Él y al Espíritu que, después de los acontecimientos pascuales, ha iluminado a los apóstoles guiándolos hasta la verdad completa (Jn 16,13).[15]

Esta fuerza interpretativa que les daba el Espíritu, y el enriquecimiento teológico que cada evangelista ha dado a sus formulaciones, han hecho que, habiéndose mantenido un núcleo común invariable, el dicho de Jesús haya adquirido, gracias a tal enriquecimiento, su verdadera dimensión.[16]

En efecto, el "perder la vida para salvarla" tiene una causa: Jesús y su Evangelio (cf. Mc 8,35). Esta instrucción del Maestro a sus discípulos (cf. Mt 10,39; 16,25), se convierte en una exhortación de alcance universal (cf. Lc 9,24), cuyas dimensiones escatológicas (cf. Lc 17,33) y cristológicas (cf. Jn 12, 25) le son, también, inherentes.

 NOTAS


[1]     CABA, Dalla parenesi, 99: “Aplicando el criterio de historicidad consistente en la tradición múltiple, no sería arriesgado pensar que nos encontramos ante algo que en su núcleo esencial tiene origen en una fuente única. Jesús, inclusive si ha sido transmitido mediante tradiciones diversas y con formulaciones diferentes que evidencian la fecundidad del dato original.”.

[2]     Notemos que, en las seis variantes del logion nos encontramos con la expresión “su vida” (tên psychê autou).

[3]     Cf. supra c.1, p.11s. y, especialmente, la nota 46.

[4]     En este contexto, se trataba del seguimiento de aquel que habiendo anunciado su pasión, muerte y resurrección (16,21), da inicio a su camino hacia Jerusalén.

[5]     Recordemos que, el anuncio del Reino de los Cielos en el contexto del cap. 10, implicaba no sólo sufrimientos y persecuciones (vv. 17-25) para quien confesare sin miedo el nombre de Jesús ante los hombres (vv. 26-33), sino también un seguimiento hasta la muerte (vv. 37-39).

[6]     CABA, Dalla parenesi, 76.

[7]     LÉON-DUFOUR, Luc 17,33, 102; Cf. supra p.33.

[8]     CABA, Dalla parenesi, 91.

[9]     Ibid., 87-88.

[10]    CABA, De los Evangelios, 337.  Para un sentido meramente físico de salvación, véase Mt 8,25; Mc 5,23.28 (Ibid.).

[11]    Cf. supra pp. 57-38.40.

[12]    LÉON-DUFOUR, Luc 17,33, 111. Al presentar los dos logia, sobre la pérdida o salvación de la propia existencia (v. 25) y sobre el seguimiento de Jesús (v. 26), Juan invierte el orden de presentación de los Sinópticos (cf. Mt 16,24-25; 10,38-39; Mc 8, 34-35; Lc 9,23-24), y esto constituye también una característica que le es propia (cf. CABA, Dalla parenesi, 103).

[13]    Ibid., 100.

[14]    Ibid., 103. «La convergencia  del hopou de Jesús con el ekei del siervo consiste en la participación a una misma suerte, la del grano de trigo que muere a sí mismo, pero para dar frutos de gloria en una vida eterna.” (Ibid.).

[15]    CABA, De los Evangelios, 425.

[16]    Ibid.

BIBLIOGRAFIA

 

A continuación recogemos únicamente la bibliografía consultada y utilizada en la elaboración de este trabajo.

 

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