II. Contexto narrativo de Mt 9,9-13

1) Contexto remoto: Mt 4,23 – 11,1

A. Nivel literario

Literariamente, lo primero que resalta es la inclusión formada por 4,23 (Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo) y 9,35 (Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia).[1] En 4,23 la actividad de Jesús se limita a la Galilea (recorría Jesús toda Galilea) y es presentada por medio de tres verbos: enseñar, proclamar y curar. De ellos Mateo ya usó proclamar en 4,17 y lo volverá a usar en 10,7.27 y en 11,1, en donde también lo hará con enseñar. La unión de ambos verbos en Mateo la encontramos sólo en 4,23; 9,35 y 11,1.

A enseñar lo encontramos en 5,1 y 7,29 formando otra inclusión, sobre todo si tenemos en cuenta: a) se trata del mismo lugar –el monte– en 5,1 y 8,1; b) la fórmula de 7,28 (Y sucedió que cuando Jesús terminó estas palabras) que usa Mt para concluir sus discursos;[2] y c) el grupo de personas a quienes se dirige la actividad (la muchedumbre) que están tanto en 4,25 como en 5,1, en 7,28 y en 8,1. Por último respecto de curar que estaba en 4,23 y 9,35, se encuentra también en 4,24; 8,7.16; 10,1.8. En 4,23; 9,35 y en 10,1 está junto con toda enfermedad y toda dolencia y en 4,24 y 8,16 con los que tenían males. Ambas expresiones están dentro del mismo campo semántico.

Teniendo en cuenta las referencias que hemos anotado hasta aquí, y teniendo en cuenta también que Mateo presentó la enseñanza de Jesús en los cc.5–7, creemos que la referencia al curar de Jesús de 4,23 va más allá de las curaciones presentadas en 4,24, y se refiere a la sección que narra los relatos de milagros en 8,1–9,34.

En 9,35 el contexto geográfico se expande ya que se pasa de la Galilea a que se hacía referencia en 4,23 a todas las ciudades y aldeas aunque luego se restringirá a las de la casa de Israel (cf. 10,5-6). En 9,36 tenemos la misma construcción que en 5,1: un participio verbal referido a Jesús en relación con la muchedumbre que introduce una actividad: en 5,1 es el discurso de la montaña y en 9,36 el de la misión. El discurso de misión comienza como la misma construcción gramatical que el de la montaña (5,1; 9,36). Ambos incluso terminarán de la misma manera (Y sucedió que cuando Jesús terminó estas palabras) en 7,28 y 11,1 respectivamente. Se trata del mismo término final.

Por otra parte, la actividad que desarrollarán los discípulos en el discurso de la misión es la misma que había desarrollado Jesús previamente, ya sea en cuanto a la predicación (cf. 10,7; 4,17) como en cuanto a las curaciones (10,8; 8-9) y a los destinatarios de su obrar. En efecto, los discípulos son mandados exclusivamente a la casa de Israel (10,5s) del mismo modo que Jesús (15,24). Las inserciones que Mateo ha efectuado en su discurso de la misión (10,1.7.8; cf. Mc 6,7-12) tienen por finalidad el conectar dicho discurso con las enseñanzas y los milagros narrados en los capítulos previos.

Esta conclusión es confirmada por el análisis de la respuesta a Juan el Bautista en 11,2-6. Mateo ha construido la sección 4,23–11,1 de modo de poder tener una respuesta ante la pregunta que hará Juan el Bautista en 11,2. Incluso prepara los próximos capítulos cuyo tema es la respuesta de Israel a las obras del Cristo.

A partir de todas las anotaciones literarias a las que hemos hecho referencia, podemos presentar la siguiente estructura literaria como contexto amplio de nuestra perícopa:

I.Actividad en Galilea4,23-9,35

I.a. Enseñanza en el monte.4,23-7,29

I.c. Curaciones.8,1-9,35

II.Actividad en Israel9,36-11,1

B. Nivel temático

Desde el punto de vista temático Mt presenta en esta segunda gran sección la actividad de Jesús, desarrollada ya sea por sí mismo como por medio de sus discípulos, en beneficio de la casa de Israel. En Jesús, el Reino de los cielos se acercó efectivamente a los hombres por las obras de misericordia que dan cumplimiento a la profecías del AT (cf. 8,17; 12,18-21; 9,3) en favor de los que sufren y son despreciados (9,9-13); principalmente por medio del perdón de los pecados (cf. 1,21; 9,2-6; 26,28).

Designado como Mesías e Hijo de Dios en el bautismo y habiendo demostrado su fe al superar las tentaciones, la noticia del encarcelamiento del Bautista es la circunstancia a partir de la cual Jesús comienza su actividad. Luego de haber establecido su residencia en Cafarnaún y de haber llamado a sus primeros discípulos, comienza a predicar la buena nueva del Reino. A partir de su predicación grandes muchedumbres le siguen y ante ellas Mateo presenta, en una primera parte de esta sección, el sermón de la Montaña (4,23–7,29) por medio del cual Jesús se revela como el Mesías poderoso en palabras.

Admiradas las muchedumbres por el poder de su enseñanza (7,29), le siguen cuando desciende del monte. En este momento Mt presenta una segunda actividad de Jesús en la que muestra que el Mesías poderoso en palabras lo es también en las obras (cf. 9,33) ð los cc.5–9 nos presentan a Jesús como el Mesías poderoso en palabras y en obras.

Al final, en 9,36, ante la falta de pastor que sufren las muchedumbres, Jesús se compadece y nombra a doce de sus discípulos como apóstoles para enviarlos como colaboradores en su ministerio para la casa de Israel. Así bajo la forma de un encargo de misión a los discípulos se presenta un segundo discurso que continúa con el tema del Mesías presentado a la casa de Israel, pero en este caso por medio de las obras de sus discípulos. ð hay un desarrollo del tema del poder de Jesús, el cual se manifiesta en sus palabras (7,29) y obras (9,6.8), y que luego comparte con sus discípulos para su servicio a la casa de Israel (10,1) y para el servicio a todas las naciones al final del evangelio (28,16-20).

A partir de las anotaciones temáticas que hemos presentado podríamos presentar la estructura temática de esta parte del evangelio del modo siguiente:

I. Ministerio personal de Jesús a la casa de Israel4,23-9,35

I.a. Jesús poderoso en palabras4,23-7,29

II.b. Jesús poderoso en obras8,1-9,35

II. Ministerio de Jesús por medio de sus discípulos

a la casa de Israel9,36-11,1

2) Contexto próximo: Mt 8,1 – 9,34

A. Nivel literario

El material con que nos encontramos es en su mayor parte formado por relatos de milagros, pero también hay otros materiales intercalados entre dichos relatos. Una primera división la podemos descubrir prestando atención a las indicaciones geográficas:

a) 8,1-17: curaciones en Galilea;

b) 8,18-9,1: hacia y en la otra orilla; y

c) 9,2-35: nuevamente en Galilea, con una subsección dedicada a diversas controversias y otra a curaciones.

1. Curaciones en Galilea: 8,1-17
a) Actores e indicaciones geográficas o temporales

Los distintos actores que va presentando el relato son: 8,1: Jesús con las muchedumbres; 8,2: el leproso; 8,5: el centurión; 8,14: la suegra de Pedro, y 8,16: muchos endemoniados y todos los enfermos. El sucederse de los actores unido a los movimientos de Jesús encuadra las escenas en un marco geográfico y temporal: 8,1: Jesús baja del monte; 8,5: entra en Cafarnaún; 8,14: entra en casa de Pedro y 8,16: llega el anochecer. El cambio geográfico que encontramos en el 8,18 nos muestra que se trata de otra sección.

b) Elementos de estilo y composición

Los hechos narrados son tres, lo que se repite en las próximas secciones y es frecuente en Mt. Cada relato comienza con un ptc que describe el movimiento de Jesús (8,1.5.14), seguido por una preposición con un lugar geográfico (8,1.5.14). En cada relato la acción de Jesús es seguida inmediatamente por su efecto: 8,3.13.15 (cf. Lc 7,10). En los dos primeros el peticionante es presentado de la misma manera (8,2.5-6) y se dirige a Jesús dándole el mismo título (8,2.6.8). Incluso es igual el verbo del mandato final que da Jesús (8,4.13). La repetición de algún término de la petición en la respuesta refuerza la idea (cf. 8,2.3.8.13).

En el relato del leproso (8,2-4) tenemos tres acciones (8,2a.3a.3c) seguidas de un dicho (8,2b.3b.4) cada una. El término lepra de 8,2 forma una inclusión con el término de 8,4. En el relato del leproso y en el de la suegra de Pedro encontramos el verbo tocar con mano 8,3.15. En su trabajo redaccional respecto de Mc 1,40-45, Mt redujo la historia a lo esencial omitiendo la nota acerca de la compasión que el leproso provocó en Jesús y la orden respecto del secreto mesiánico. De este modo logra que en su composición el diálogo entre Jesús y el leproso quede más decisivamente al centro del relato. El verbo limpiar, aunque es utilizado tres veces como en Mc, gracias a sus abreviaciones, queda más de manifiesto. El término refleja el hecho de que la lepra vuelve al leproso ritualmente impuro (cf. Lev 13,45ss), y en cuanto tal, marginado del culto religioso de su pueblo. El pedido de Jesús al leproso de que se presente a los sacerdotes, para Mt, además de ser un testimonio de que Jesús cumple con las obras propias del Mesías, tiene como finalidad el que los sacerdotes y sus discípulos puedan comprobar que Jesús guarda la Ley y enseña a otros que deben guardarla (cf. 5,17-19). Este puede ser otro motivo más por el cual Mateo no reporta el resultado de dicho mandato que encontramos tanto en su fuente Mc 1,45 como en Lc 5,15.

En el relato del siervo del centurión (8,5-13), ausente en Mc, luego de la introducción, se da una expresión breve y otra más larga de Jesús y del centurión (8,6.7.8-9.10-13a), con una conclusión (8,13b). Tanto en este relato como en el de los exorcismos realizados al anochecer el poder de la palabra de Jesús es puesto de relieve (8,8.16; cf. Sal 107,20). Mateo utiliza el término una (8,8) que no se encuentra en el que se considera paralelo lucano de este relato (Lc 7,1-10) a raíz de las coincidencias entre Mt 8,8-10 y Lc 7,6b-9. En un momento se dirige la palabra a los presentes, quienes seguían a Jesús desde que había bajado del Monte (8,10-12). Al final se pone de manifiesto que el milagro es realizado en función de la fe (8,13; cf. 9,22b; 9,29; 15,28; 17,18b).

En el relato de la curación de la suegra de Pedro los verbos principales presentan 3 acciones asociadas a Jesús (8,14a llegar; 8,14b ver y 8,15a tocar) seguidas por 3 asociadas a la suegra de Pedro (8,15b dejar; 8,15c levantarse y 8,15d servir). La narración de Mt da la impresión al lector de que Jesús entra solo en la casa, ya que: a) Mt quitó toda mención de los discípulos, b) Jesús es el único sujeto gramatical de la frase, y c) en la frase final en vez de les servía (Mc 1,31b; Lc 4,39b) tenemos le servía (Mt 8,15b). Gracias a este trabajo redaccional, Mt focaliza la atención en Jesús y en la persona que va ser curada (cf. Mt 8,14-15; Mc 1,29-30). Otro detalle redaccional es que Jesús ya no necesita que le digan que está enferma, sino que toma conciencia por sí mismo (Mt 8,15 / Mc 1,30 / Lc 4,38).

8,16 presenta un resumen del actuar de Jesús. Por medio de la conjunción para que (8,17) se indica la finalidad de la sección como cumplimiento de la profecía del profeta Isaías. En este contexto con el término todos de 8,16 no se hace referencia a algo cuantitativo, sino al cumplimiento que en el obrar de Jesús se ha dado de la profecía.

2. Viaje hacia la otra orilla del lago: Mt 8,18 – 9,1
a) Indicaciones geográficas

Encontramos claras referencias geográficas que marcan las etapas del viaje hacia la otra orilla y su regreso: a) 8,18b: cruzan a la otra orilla; b) 8,23a: embarcan; c) 8,28a: llegan a la otra orilla y d) 9,1a: vuelven a Cafarnaún.

b) Elementos de estilo y composición

Mateo, previamente al relato de la tempestad calmada (8,23-27), trae dos propuestas de seguimiento (8,18.23) que Lc presenta ampliadas a tres en la subida de Jesús a Jerusalén (Lc 9,57-60), y que Mc no tiene. Tanto Mt como Lc modificaron el relato que recibieron. ðMt 8,18-22 se presenta como una interrupción al mandato de cruzar a la otra orilla (8,18.23). No se explicita a quién se dirige la orden que da Jesús, pero el contexto sugiere que no se trata sólo de sus discípulos sino de todo el grupo que estaba con él desde que había bajado del monte (8,18). Mt resalta la unidad del relato usando el verbo de la frase principal (pasar 8,18b) en c/u de los diálogos siguientes (8,19.22). Los dos personajes son presentados de modo diferente: a) el primero es un escriba (8,19) mientras que el segundo es uno de los discípulos (8,21); b) el primero le da a Jesús el título de Maestro (8,19) mientras que el segundo le da el título de Señor (8,21); y c) el primero le dice a Jesús que lo seguirá (8,19) a lo que Jesús responde planteando una dificultad, mientras que el segundo plantea una dificultad a lo que Jesús responde invitándolo al seguimiento (8,22).

Respecto del primero –el escriba– si bien gramaticalmente la secuencia gramatical (8,19.21) sugiere que se trata de un discípulo de Jesús, el de que llame a Jesús Maestro haría suponer que se trata de uno que no es discípulo. Ello no implicaría que se tratase de un enemigo de Jesús ya que el que le haya dicho a Jesús te seguiré sugiere que si bien no es todavía un discípulo suyo, está inclinado a cruzar a la otra orilla del lago con él. Pero, lo central es que Mt presenta aquí a dos ejemplos contrapuestos de seguimiento.

En el relato de la tempestad calmada ya no se dice que los discípulos hayan tomado a Jesús como estaba en la barca (Mc 4,36) sino que Jesús se ha embarcado y que los discípulos le han seguido (Mt 8,23) resaltándose la libertad y señorío de Jesús. En Mt se trata de una sola barca y no de varias como en Mc. Así la barca pueda ser entendida en sentido simbólico como la Iglesia. Los discípulos ya no le recriminan ¿Maestro no te importa que nos muramos? (Mc 4,38) sino que con mayor respeto y fe exclaman: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! (Mt 8,25). Jesús define a los discípulos como gente de pequeña fe (8,26), término propio de Mt con el que presenta a los discípulos como a personas que tienen una fe imperfecta, pero que creen verdaderamente en Jesús (cf. 6,30; 14,31; 16,8; Lc 12,28) y por lo tanto son dignos de ser discípulos. Es la crisis de fe dentro de una experiencia de fe. En Mc 4,40 la expresión es más dura: ¿Todavía no tienen fe?

Mt con sus cambios –tanto en la figura de Jesús como en la de sus discípulos– construyó un estructura quiástica, que resalta el diálogo central entre Jesús y los discípulos que se embarcaron con él en la barca para cruzar hacia la otra orilla:

A: 8,23a Jesús embarca;

B: 8,23b los discípulos le siguen;

C: 8,24a-b se desata la tormenta;

D: 8,24c Jesús duerme;

E: 8,25 los discípulos se dirigen a Jesús;

E': 8,26a Jesús se dirige a los discípulos;

D': 8,26b Jesús se levanta y reprocha el viento y el mar;

C': 8,26c el mar se calma;

B': 8,27: los discípulos están asombrados y

A': (Jesús desembarca).

El episodio del exorcismo de los endemoniados en la región de los gadarenos, si bien se trata –dada la acotación geográfica de 8,28 y de 9,1– de un episodio distinto, en los tres sinópticos sigue al de la tempestad calmada (cf. Mt 8,23-34; Mc 4,35-5,20; Lc 8,22-39). El verbo seguir del 8,23b une lingüísticamente el episodio en la barca con los dos diálogos anteriores de 8,19, y 8,22. Geográficamente, la expresión vino a su ciudad 9,1b, contrasta con la ciudad de los gadarenos en 8,33 y en 8,34.

Mt cambia lo que en Mc podría verse como una orden de parte de los endemoniados (Mc 5,12-13) por una sugerencia (Mt 8,31-32). Abrevió la historia a lo esencial de modo que ya casi no se presta atención a los endemoniados en sí (a su curación o al ofrecimiento del que es curado, cf. Mc 5,18-20) ð mientras que la estructura básica del relato de Mc no quedó dañada, las omisiones concentran la atención del lector en la persona de Jesús. La acción de Jesús en ambos relatos es seguida inmediatamente por su efecto (8,26. 32).

3. Controversias en Galilea: Mt 9,2-17

Las 3 controversias están presentadas en el mismo orden en los sinópticos (Mc 2,1-22; Lc 5,17-39). Lucas las agrupa dentro de un conjunto que habla del perdón (Lc 5,12-26), de la comida como figura del Reino (Lc 5,27-39) y del sábado (Lc 6,1-11). Marcos las presenta en un conjunto de distintas controversias galileas (Mc 2,1–3,6).

La unidad de la sección está dada por el mismo género literario de la controversia, con los distintos grupos de personajes que se van presentando (9,3 escribas; 9,11 fariseos y 9,14 discípulos de Juan). Ellos pertenecen a los diferentes grupos del pueblo de Israel. El tipo de materia por la cual se entra en conflicto es el que determina en cada caso el personaje que debe entrar en escena. La actitud que van asumiendo simboliza el rechazo de Jesús de parte de Israel. Finalmente se pondrán de acuerdo contra él (27,22).

En la curación del paralítico (9,1-8), el milagro se realiza gracias también a la fe de los que traen al paralítico (9,2). Pero la reducción mateana de la historia es tan grande, que ya no resulta claro qué es lo llamativo de ésta fe (Mc 2,3-4; Lc 5,18-19). Mt transformó una historia de milagro en una controversia: a) si fuera el relato de un milagro la reducción en la presentación del paralítico no es justificable pues se pierde claridad, pero si lo consideramos como controversia la introducción resulta suficiente, y b) el cambio en la conclusión final (quien había dado semejante autoridad a los hombres 9,8) especifica que el motivo por el cual daban gloria a Dios es el que ha suscitado la controversia.

Su estructura tiene tres partes: ? 9,2a-b: presentación de la problemática: el paralítico es traído hacia Jesús, y Jesús lo perdona; 9,3-6: introducción de los elementos del conflicto: los escribas acusan a Jesús y Jesús responde e instruye al paralítico; y ? 9,7-8: resolución de la problemática: el paralítico se levanta y va a su casa, y las muchedumbres dan gloria a Dios, reconociendo el poder que Dios ha dado a los hombres.

En la controversia respecto del ayuno la unidad con la precedente se da en el mismo contexto geográfico del banquete mientras que la diversidad está dada por el cambio en los personajes. Tanto en la primera como en la segunda controversia la recriminación que hacen los distintos grupos es presentada con por qué (9,11b.14b). En ambas ocasiones Jesús utiliza en su respuesta dos imágenes (v.12-13.6-17) que no se ajustan exactamente a los planteamientos que le habían hecho. Las controversias retoman algunos términos que son característicos de estos capítulos: seguir (9,9.9) y discípulo (9,10.11.14.14).

A lo largo de estos tres relatos la tensión va en aumento. Los adversarios son cada vez más directos a pesar de que las realidades son cada vez más leves. En el primero ante una actitud considerada blasfematoria los escribas sólo reaccionan interiormente (9,3.4). En el segundo la impureza legal –algo menos grave que la blasfemia– provoca una pregunta. En el tercero la negligencia en una práctica de ayuno no obligatoria provoca la crítica directa.

4. Curaciones en Galilea: 9,18-34

Mateo presenta cuatro milagros en tres historias de milagros.[3] Mt realizó cambios en la historia. La hija del magistrado ya no está por morir (Mc 5,23) sino que acaba de morir (Mt 9,18) ð la fe del magistrado supone que Jesús tiene poder para hacer volver alguien a la vida. En el relato de la hemorroísa Mt quitó todo detalle, dejando sólo la referencia a la situación de la mujer con su acto de fe y a la conciencia que Jesús tuvo de dicho acto. Mt es el único que refiere la mirada de Jesús (cf. Mt 9,22 / Mc 5,34),[4] y el inmediato efecto de sus palabras y se salvó la mujer desde aquel momento (9,22; cf. Mc 5,22; Lc 8,39). Al igual que con el relato de la curación de la suegra de Pedro, Mt quita de la escena a los discípulos ð presenta la curación de la hija del magistrado como el fruto de un encuentro personal entre Jesús y ella (9,25; Mc 5,40).

El hecho de que el relato de la curación de los dos ciegos se encuentre duplicado en 12,22-24 (el cual es un paralelo de Mc 10,46-52 y Lc 18,35-43) nos da a entender que la razón por la cual Mt lo puso aquí es para preparar la respuesta a Juan Bautista con respecto a la actividad mesiánica de Jesús (cf. 11,4b-6). Luego de que Mt presentó a Jesús como la manifestación de la misericordia del Padre (9,9-13), presenta a los ciegos rogando por aquella misericordia (9,27; 15,22; 20,30.31 con Mc 10,47.48; Lc 18,38.39).

5. Conclusión

Veremos algunas variables literarias que Mateo ha utilizado, a modo de síntesis.

a) Vocabulario y personajes

Ciertos términos aparecen con bastante frecuencia:

1.    El verbo seguir hace referencia a las multitudes que acompañan a Jesús cuando bajó del monte en 8,1.10; a la propuesta del escriba en 8,19 y a la propuesta de Jesús en 8,22; a los discípulos en 8,23; a la propuesta de Jesús a Mateo y a su respuesta en 9,9.9; a Jesús cuando sigue al magistrado en 9,19 y a los ciegos en 9,27. Sólo en 8,19.22.23; 9,9 tiene sentido metafórico ð acompañar a otro como discípulo.

2.    El sustantivo fe o el verbo creer en 8,10.13 se usa en referencia al centurión; en 9,2 a los que traen al paralítico; y en 9,22.28.29 es la causa por la cual la hemorroísa y los ciegos fueron curados.

3.    Con el verbo salvar –que tiene el doble sentido de curarse y de salvarse– expresan los discípulos en la barca su pedido de auxilio en 8,25 y se expresa el resultado que espera obtener la hemorroísa y a la respuesta de Jesús ante su fe en 9,21.22.22.

4.    Como uno de los discípulos es presentado en 8,21 el segundo que se acerca a Jesús y en 8,23 son los que se embarcan con Jesús para ir a la otra orilla. En 9,10.11 comen con Jesús y los cobradores de tasas y pecadores. En 9,14.14 se contrapone a los de Juan con los de Jesús. En 9,19 son los que siguen con Jesús al magistrado. A partir del momento en que cruzan a la otra orilla con Jesús (8,23) están literariamente presentes los discípulos junto a Jesús.

5.    Las muchedumbres en 8,1 seguían a Jesús luego de que él bajó del monte. Al verlas en 8,18 Jesús manda cruzar a la otra orilla. En 9,8 dan gloria a Dios por el poder dado a los hombres pero en 9,23.25 se burlaban de Jesús. En 9,33 dan su apreciación de los hechos. Si bien en 8,23 es claro que la muchedumbre no fue en la barca con Jesús, el que la afirmación de asombro de 8,27 sea dicha por los hombres hace pensar que también ellas estén incluidas ð hay una presencia más cercana de los discípulos, pero la muchedumbre está también presente a lo largo del relato, aunque sin asumir un rol siempre positivo.

6.    Los endemoniados son exorcizados en 8,16.28.33.32.33; los demonios son expulsados en 8,32; y Jesús es declarado príncipe de los demonios en 9,34.

7.    Un escriba se presenta en 8,19 y como grupo en 9,3 declaran blasfemo a Jesús. Los fariseos se encuentran, como grupo, en 9,11 criticando a los discípulos de Jesús. En 9,14 son presentados como ayunantes. Están literariamente presentes desde el banquete hasta el final, cuando emitirán su lectura de los milagros realizados por Jesús en 9,34.

b) Elementos de estilo y composición

Más de la mitad de las historias de milagros relatadas por Mateo se encuentran en esta colección; el resto, ocho en total, están esparcidas a lo largo de los próximos capítulos.

Si bien Mt redujo el espacio dedicado a las historias de milagros esto no quiere decir que les de una importancia menor que Mc, ya que dónde Mc dice que Jesús curó muchos enfermos, Mt dice que los curó a todos (Cf. Mc 1,34; Mt 8,16). En las multiplicaciones de panes, Mc habla de cinco mil (Mc 6,44) y cuatro mil personas (Mc 8,9), y Mt agrega sin contar las mujeres y niños (Mt 14,21; 15,38). La presentación que hace Mt de la curación de Jesús es más amplia (Cf. Mt 4,23 / Mc 1,39 / Lc 4,44) y realiza repetidos sumarios a lo largo del evangelio (4,23-24; 8,16; 9,35; 12,5b; 14,14.35-36; 15,30-31; 19,2; 21,14).

Mt resaltó el poder de la palabra de Jesús (cf. Mt 8,8 / Lc 7,7; Mt 8,16) dando preponderancia a los diálogos a fuerza de reducir a su mínima expresión la presentación de los sucesos en sí y de quitar a los personajes que no son estrictamente necesarios. Además ha mostrado que la acción de Jesús es seguida inmediatamente por su efecto poderoso: 8,3.13 (cf. Lc 7,10); Mt 8,15.26.32; 9,22.25.29-30.33.

6. Estructura literaria de Mt 8,1 - 9,34

Del análisis surge que la estructura literaria es la siguiente:

Jesús cura en Galilea8,1-17

La curación del leproso8,1-4

La curación del siervo del centurión8,5-13

La curación de la suegra de Pedro8,14-15

Resumen final8,16-17

Viaje hacia la otra orilla del lago8,18 - 9,1

Dos propuestas distintas8,18-22

El viaje en la barca8,23-27

En el país de los gadarenos8,28-9,1

Controversias en Galilea9,2-17

La curación del paralítico9,2-8

Llamada de Mateo y

   comida con los pecadores9,9-13

La controversia sobre el ayuno9,14-17

Curaciones en Galilea9,18-34

La hija del magistrado y la hemorroísa9,18-26

Los dos ciegos9,27-31

El endemoniado mudo9,32-34

B. Nivel temático

Releeremos ahora las secciones que hemos descubierto en nuestro análisis literario, prestando atención a los distintos contenidos temáticos que se van presentando.

1. Jesús cargó con nuestras enfermedades: Mt 8,1-17

En esta primera parte Jesús se dirige a tres miembros del pueblo que por la situación que viven o por el grupo social al cual pertenecen –un leproso, un pagano y una mujer– no podían participar del culto. Jesús los cura como signo de la salvación que él vino a traer.[5] Todo concluye en la citación del Siervo sufriente cuyo valor cristológico[6] es rescatado de modo distinto. Para Bornkamm, ella ofrece la clave para comprender el sentido de Mt 8–9. Por medio de ella, Mt presenta a Jesús Mesías como Siervo de Dios.

Como vimos por la abundancia del vocabulario[7], Mt en cc.8–9 presenta a Jesús bajo varias perspectivas al mismo tiempo. El realiza como una sumatoria de los diversos aspectos.  Aunque la citación de Is 53,4 en 8,17 no expresa todas las temáticas de la sección, ella unifica lo narrado en 8,2-16 en torno a Jesús que es presentado con poder pero que es el "Siervo de Yahveh". Las respuestas que Jesús da al leproso y al centurión (8,3.7), y la curación de la suegra de Pedro –en donde simbólicamente Mateo pareciera que quiere presentar a Jesús cargando con la fiebre de la mujer– son ejemplos con los cuales se lo presenta cargando con nuestras enfermedades.

Es claro que esta es una lectura "mateana" de Isaías ya que ella hacía referencia a cómo sufriría el Siervo y cómo dicho sufrimiento sería redentor para el pueblo, mientras que aquí la acción de Jesús evita el sufrimiento y no se dice que a partir de ello Jesús se haya vuelto enfermo ð Mt utiliza la citación de Isaías para encuadrar las curaciones de Jesús como acciones en las cuales se manifestaba su obediencia a la voluntad de Dios.

Para comprender la citación debemos recordar que Mt no presenta una secuencia cronológica de los acontecimientos; como se nota tanto en la exclamación de Jesús ante la fe del centurión (8,10), que desde el punto de vista histórico no refleja la respuesta que hasta aquél momento del evangelio le han dado a Jesús; y en 8,20 que se encuentra en contraposición aparente con el relato que venimos leyendo en el cual Jesús pareciera tener una casa en Cafarnaún ð se narra una historia "teológica" que se comprende desde su totalidad: sólo desde el contexto de la cruz podemos ver estas curaciones como un modo en el que Jesús asume sobre sí la negatividad de estas enfermedades.

2. La Iglesia en la barca con Jesús: 8,18 – 9,1

La composición de la sección presenta el tema del discipulado[8] en el contexto de un tema eclesiológico. La barca es imagen de la Iglesia,[9] comunidad formada por personas que se han embarcado en una mismo destino con el Señor. Ellos han aceptado los costos que implica el seguimiento (8,18-22) y están llamados a confiar en su presencia y poder.

La difícil respuesta de Jesús en 8,22 se debe leer en relación con los pedidos que Dios hizo a algunos profetas (cf. Ez 24,15-24; Jer 16,1-4) de realizar acciones contrapuestas a la normativa común como un anuncio de su juicio inminente. Es difícil encontrar un logion de Jesús más agudo que éste para expresar su visión de la ley, las devociones y las costumbres de su tiempo. El se justifica únicamente en la inminencia del Reino de Dios y debe verse bajo la perspectiva escatológica de su llamado y en referencia al carácter mesiánico de Jesús. La respuesta establece claramente las profundas diferencias que existen entre el discipulado al que Jesús invitaba, que vinculaba a su persona y hacía perder toda otra seguridad, con el de los rabinos de su época, que brindaba "status" al discípulo.

El análisis del relato de la tempestad calmada en 8,23-27 y 14,23-31, demuestra que Mt no está interesado en el milagro sucedido en el pasado sino en fortalecer en su comunidad la experiencia de la ayuda permanente del Señor; pero ello no implica que su carácter histórico de milagro real, haya sido abandonado. Quedan datos que Mt pudo haber omitido, ¿por qué dejó  estos "restos" de milagro histórico? porque es en cuanto evento histórico que puede servir para la vida presente de la comunidad.

Algunos se preguntaron si las referencias a la pequeña fe en las historias de milagros (8,26; 14,31; 16,8; 17,20) hacen referencia a la situación de la comunidad hacia final del s.I en donde los milagros ya no estaban presentes a pesar de la fe de la comunidad (17,19ss apoyaría esta interpretación). Mateo por medio del vocablo pequeña fe distingue entre la incredulidad que es propia del pueblo de Nazaret en 13,58 o de los judíos en 21,32, y la pequeña fe que siempre hace referencia a los discípulos. Los cristianos aquí representados por los discípulos son, por un lado, creyentes y por otro, incrédulos en el sentido de que a menudo les falta la fe que mueve montañas y es capaz de hacer milagros. Existencialmente, la experiencia y la reflexión acerca de la cesación del Espíritu ha jugado un rol fundamental en estos relatos. Mateo parece entender la fe a la luz de la situación presente en su comunidad, sin dar una expresión conceptual muy clara.

Para el lector los hechos narrados tienen una función parenética. Para una comunidad atormentada por las persecuciones externas y por las disensiones internas (cf. 5,10-12; 10,17-39; 23,34-45; 24,9-13), los relatos son el llamado a confiar en Jesús, quien, tomando sobre sí nuestras enfermedades (8,17), está con nosotros en la barca de la Iglesia.

Por último, con el aspecto geográfico del relato de los endemoniados gadarenos Mt parece mostrar que los discípulos llegaron a comprender que, si bien Jesús era igualmente poderoso tanto fuera de Israel como dentro, no era aún el tiempo oportuno para extender la misión fuera de los límites de Israel. Dicho momento llegará luego de su resurrección y será parte de la tarea que les competerá a ellos (28,16-20).

3. Jesús como Médico y Esposo: 9,2-17

Schweizer hipotiza que Mt redactó los cc.8–9 en base a una fuente propia de dichos y palabras de Jesús concentrados en el tema de la disputa de la Iglesia con Israel. No creemos que debamos poner el tema del conflicto con Israel –indudablemente presente en Mt– como el tema principal. El tema principal es el mostrar la actitud de Jesús, la cual ha suscitado dicho conflicto.

Para Cope la citación de Os 6,6 en 9,13a es un punto central que establece el tema no solo para 9,10-34, sino para Mt 8–9: en todos los relatos se contrapone la misericordia de Jesús a la piedad de la Torah. Además de lo difícil que es probar la contraposición que plantea, rescatamos para responderle lo dicho respecto al tema de Jesús como Siervo: no creemos que pueda agruparse de modo evidente en una perícopa todo el contenido de estos capítulos. Ellos presentan a Jesús, quien no es definible solamente bajo un aspecto.

Los temas se van entrelazando: el quiero que Jesús respondió al leproso (8,3) muestra su vocación de Médico (9,12-13); la cura del paralítico anticipa el poder que les será dado cuando Jesús les encargue la misión (cf. 9,8; 10,1) y a su vez habla de las prácticas de reconciliación de la comunidad del evangelista. La comida con sus discípulos y los pecadores mientras los fariseos se quedan afuera, es un anticipo del banquete profetizado en ocasión de la fe del centurión (8,11-12; 9,10); y las críticas que le suceden con sus distintos diálogos enfatizan la solidaridad establecida entre Jesús y sus discípulos que quedará de manifiesto cuando les encargue la misión a Israel y la misión final (9,36-10,42; 28,16-20).

La presente sección propone a Jesús, quien como Médico de Israel viene a ofrecer un vino nuevo, una nueva experiencia de la misericordia de Dios expresada en su amor gratuito hacia los pecadores y los marginados, el cual no será aceptado por todos. En efecto, la alusión a la pasión contenida en la profecía que anuncia que les será quitado el Esposo es una nueva alusión a la cruz, por medio de la cual se implantará la nueva y definitiva alianza que como Esposo, Jesús vino a proponer.

El lector encuentra:

a) en la llamada de Mateo el poder de la palabra de Jesús que es capaz de arrancar a un hombre de la situación de pecado;

b) en el cambio de 9,8, que el plural hombres referido al poder que era del Hijo del Hombre (9,6) y que fue dada a los hombres, es el fundamento de la Iglesia para el ejercicio de su ministerio de la reconciliación (cf. Mt 16,19; 18,18); y

c) en la comida de Jesús con los pecadores y excluidos de la comunidad judía, una base para aceptar a los paganos en su comunidad formando así una comunidad pluralista.

4. Las respuestas a Jesús: 9,18-34

En el primer grupo de milagros (8,1-17) Mt mostró cómo las palabras y obras de Jesús cumplieron la profecía de Isaías. Por ello no había prestado atención a los "méritos" de los que pedían el milagro. En este último grupo (9,18-31) su motivación no es la misma. Ahora se interesa en acentuar el tema de la fe, preanunciado en la cura del siervo del centurión (8,10.13) y en la del paralítico (9,2), como la disposición necesaria para recibir el milagro.

Se presentan aquí tres modelos de fe en el poder milagroso de Jesús. Se explica al lector que el milagro operado por Jesús es una respuesta y no una causa de la fe. Antes se acentuaba la misericordia de Jesús, ahora las disposiciones para recibirla por parte del creyente. Cuando Mt acentúa el tema de la fe en los relatos de milagros, es claro que está hablando, a su comunidad y al lector, de la fe.

Respecto de la curación de los dos ciegos, su importancia radica en que dar vista a los ciegos era algo atribuido al Mesías (Is 29,18; 35,5; 42,7; 49,6). Concluye esta sección de relatos de milagros con una alusión a la reacción que ellos causaron tanto en la muchedumbre como en los fariseos. También en 12,22-24 y en 21,14-16 se presentará una reacción doble ante el milagro de Jesús. Lo breve y falto de detalles del relato del endemoniado mudo muestra que Mt no lo puso por el relato en sí, sino para introducir la reacción que estos dos grupos tuvieron ante el obrar de Jesús (en 8,28-34 ya se encuentran otros exorcismos en donde el poder de Jesús había sido relatado de modo claro).

Ambas reacciones no resultan inesperadas para el lector. Las muchedumbres lo habían seguido (4,25) y escucharon el sermón de la montaña (5,1) y se maravillaron por la autoridad con la que les había enseñado (7,28-29). Estuvieron en el momento de la curación del leproso y escucharon las conversaciones con el centurión y la hemorroísa. Se maravillaron ante su poder frente a la tormenta (8,27) y glorificaron a Dios a partir de lo sucedido con el paralítico (9,8). Respecto de los escribas y fariseos, que Mateo había definido por boca de Juan como raza de víboras (3,7), tienen una justicia inferior a la necesaria para entrar en el Reino de los cielos (5,20), piensan mal en sus corazones (9,3-4) y no comprenden las escrituras (9,11).

5. Conclusión

Como dijimos, Mt preparó en estos capítulos la respuesta que dará al Bautista, con la que cierra esta sección del evangelio que presenta el ministerio de Jesús y de sus discípulos a Israel, y abre la próxima en la que presentará la respuesta de Israel. En la pregunta del Bautista, Mt une su cristología con su eclesiología, ya que cuando dice que Juan ha escuchado hablar de las obras del Cristo (11,2) se está refiriendo tanto a las que llevó a cabo Jesús (Mt 8–9) como a las que llevaron a cabo sus discípulos (Mt 10). Para la Iglesia ello implica que Jesús puede realizar sus obras a pesar de la pequeña fe de los discípulos.

Al Bautista le fue difícil entender la actividad de Jesús como mesiánica, porque las obras que realizaron Jesús y sus discípulos no eran como las que él había anunciado (3,10-12). Jesús se distinguió de lo predicho por el Bautista, ya que hizo preceder la salvación –ejemplificada en sus obras por los milagros y en sus palabras por las bienaventuranzas que preceden al sermón de la montaña– al juicio.

Jesús responde al Bautista describiendo sus obras en concordancia con las que Isaías había atribuido al Mesías (cf. 11,4b-6; Is 26,19; 29,18; 35,5-6; 42,7.18; 61,1). El lector sabe que Jesús realizó todo esto ya que: dio la vista a dos ciegos en 9,27-31, curó a un paralítico en 9,1-8, purificó a un leproso en 8,1-4, dio el habla a un mudo en 9,32-34, resucitó a una niña en 9,18-26, y la buena noticia del Reino fue anunciada a los pobres en 4,17.23; 5,3; 9,35 y 10,7.

Así prepara Mt el reproche que en 11,20-24 Jesús hará a las ciudades en donde sucedieron estos milagros, por no haber creído en él como Mesías a pesar de las pruebas que les había dado. En función de esta próxima sección del evangelio 11,2–12,50 en la que tenemos la reacción ante los milagros de Jesús, comprendemos más aún que Mt 8–9 es una muestra de la autenticidad de su mesianismo.

Los milagros, que suscitan por parte de los fariseos la misma blasfemia en 9,34 y 12,24, demuestran que Jesús ha sujetado a Satán, el hombre fuerte (12,29), liberando a los hombres y a la naturaleza de su dominio (8,26; 12,28). La presentación mateana del conflicto que surge a partir de la acción mesiánica de Jesús manifestada en sus obras de misericordia, encuentra un punto culminante en 12,14, cuando, a raíz de otro milagro los fariseos se reúnen para tramar el modo de destruirlo.

Para el lector la lectura de estos capítulos implica una exhortación a aceptar, en función de ser capaces de compadecerse de la falta de guía que sufren las muchedumbres (9,36-38), la invitación a solidarizarse con el encargo misionero de Jesús. Los capítulos contienen un modelo de cómo debe llevar a cabo el cristiano su misión en el mundo ya que aquí el Señor le ha dado un ejemplo, tanto en los milagros en sí como en los mensajes que surgen a partir de lo que Jesús hizo y dijo en los relatos de controversias. El lector tiene una clave para poder evaluar si su acción está o no en consonancia con la de su Maestro (11,4-5).

6. Estructura temática de Mt 8,1 - 9,34

En función de todo lo dicho proponemos, desde el punto de vista temático, la siguiente estructura para Mt 8–9:

Jesús cargó con nuestras enfermedades8,1-17

La curación del leproso8,1-4

La curación del siervo del centurión8,5-13

La curación de la suegra de Pedro8,14-15

Resumen final8,16-17

La Iglesia en la barca con Jesús.8,18 - 9,1

Dos ejemplos del seguimiento8,18-22

El viaje en la barca8,23-27

En el país de los gadarenos8,28-9,1

Jesús como Médico y Esposo9,2-17

El perdón dado a los hombres9,2-8

Jesús como Médico9,9-13

Jesús como Esposo9,14-17

Las respuestas a Jesús9,18-34

La fe del magistrado y de la hemorroísa9,18-26

La fe de los dos ciegos9,27-31

El endemoniado mudo y las respuestas

de la muchedumbre y de los fariseos9,32-34


 

[1] Mateo suele utilizar inclusiones. Otras son: 19,30 / 20,16 y 24,42 / 25,13. Cf. Luz, Mateo, 40 y 43-44.

[2] Se trata de términos finales. Cf. Mt 11,1; 13,53; 19,1; 26,1.

[3] Varios ven la clave de Mt 8–9 en el número diez. Jesús realiza diez milagros en consonancia con los diez portentos realizados por Moisés en Egipto (Ex 7-12). Pero si bien hay diez milagros, las historias de milagros son nueve (9,18-26 incluye dos milagros relatados de forma indisoluble, del mismo modo que 8,28-34 se refiere a dos endemoniados y 9,27-31 se refiere a dos ciegos), y que aquí tenemos episodios intercalados que no asemejan nuestra sección con Ex 7–12. Además, ¿qué relación hay entre las 10 plagas de Egipto con estos 10 hechos de misericordia?

[4] Este aspecto suele ser tenido en cuenta por Mt: cf. Mt 5,1; 8,14 / Mc 1,30; Mt 8,18; 9,2.23.36; etc.

[5] Jesús toca al leproso, lo que está prohibido en Lv 5,3 y aceptó que éste se le acerque (Num 5,2-3) ð la dignidad del hombre está sobre la interpretación de la ley: Jesús acaba con la marginalidad que sufría el leproso.

[6] Held piensa que Mt compiló estos capítulos de milagros y otros materiales en torno a ciertos temas: 8,2-17 en torno al tema cristológico; 8,18–9,17 al tema del discipulado y 9,18-31 al tema de la fe.

[7]Mt 8–9 le da a Jesús el título de Ku,rie 8,2.6.8.21.25; 9,28; dida,skaloj 8,19; 9,11; ui`o.j tou/ avnqrw,pou 8,20; 9,6; ui`e. tou/ qeou/ 8,29; ui`o.j Daui,d 9,27; y le atribuye el cumplimiento de la profecía del siervo de Yahveh (8,17). Hay alusiones a títulos del AT: poder de Dios de perdonar los pecados (Mt 9,1-8; 2 Sam 12,13: Is 43,25; Sal 50; 103,3); Dios como médico (Mt 9,12; Os 14,5; Jer 3,22; 30,17; Eclo 38,1-15); y como esposo (Mt 9,15; Os 2,18ss; Is 54,5s; 62,4s; Ez 16,8s).

[8] Thompson divide Mt 8–9 en 4 en función de la temática: ? 8,1-17: tema cristológico; 8,18-9,17: tema del discipulado; ? 9,18-31: la fe; y 9,32-34: reacción que los milagros causaron tanto en la muchedumbre como en los fariseos. Entendemos que esta clasificación temática es reductiva y deja de lado aspectos que el texto presenta con bastante claridad.

[9]Ya Tertuliano presenta a la Iglesia como a una barca sacudida por las olas y salvada por Cristo. Para Burger el tema central de Mt 8–9 es la fundación de la Iglesia, lo cual es discutible ya que no encontramos aquí las perícopas mateanas fundamentales para esto (16,13-20; 28,16-20).

 

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