IV. Teología de Mt 9,9-13
1) El llamado al discipulado
De acuerdo con su raíz maq-, el término maqhth,j discípulo, por su analogía con el verbo aprender manqa,nw asume el significado de "aprendista" ð alguien que se encuentra en un cierto estadio de la formación. No existe un discípulo maqhth,j sin un maestro dida,skaloj.
A. El discípulo en las escuelas griegas
Entre los griegos el término discípulo especifica ya sea al aprendista artesano, como al estudiante de una escuela filosófica, al filósofo ligado a una determinada escuela e incluso a la afinidad ideal entre dos personas notoriamente distantes en el tiempo la una de la otra. Como el aspecto racional prevalece sobre el de la comunión, algunos filósofos rechazaron ser llamados maestro.
Los grupos reunidos en torno a los maestros tenían fundamentos demasiado sólidos como para desaparecer al fallecimiento de su fundador; por lo cual se dio el comienzo de las tradiciones. El verdadero presupuesto de la supervivencia de estos círculos de discípulos, más allá de la persona del fundador, radicó en la causa que él sostuvo. Los mantenía unidos la concordancia en la defensa de ciertas doctrinas que el fundador había planteado.
B. El discípulo en el AT
En el AT no encontramos la relación maestro – discípulo que se daba entre los griegos. Solamente en el tardo judaísmo aparecerá esta figura, que proviene de la relación con el helenismo. La relación que se establece entre Moisés y Josué, como entre los profetas con sus seguidores es una relación de servicio. El hebreo talmîd que más tarde será el equivalente corriente de discípulo aparece en el AT sólo en 1Cro 25,8.
Dos aspectos determinan esta situación. Por una parte la forma del hebreo enseñar se encuentra siempre en relación con la voluntad de Dios e indica el proceso en el cual el hombre hace propia esa voluntad. Pero es el pueblo entero el que figura como sujeto de dicho aprendizaje. Además, debido a que la religión de Israel es una religión revelada, los hombres que han presentado al pueblo el mensaje de Dios no se han insertado en el proceso como intérpretes de la fe. Ellos no hablaron por sí mismos, y si se han encontrado obligados a defender su propia causa, tampoco lo han hecho por sí mismos. Su obra ha sido dirigida por el mismo Dios que puso sus palabras en la boca de ellos. De hecho sabemos muy poco de sus vidas porque ellos no eran los que contaban. Lo valioso era lo que ellos tenían para decir de parte de Dios, y el hecho de que su mensaje se verifique luego o no.
C. El discípulo en las escuelas rabínicas
En las escuelas de los rabinos, con el término talmîd se define al que asiste al aprendizaje de la Torá y de la tradición religiosa del judaísmo. En el uso lingüístico se distinguía a dos grupos según el grado de aprendizaje que habían alcanzado: estaban los principiantes; y aquellos que habiendo logrado un cierto grado de formación, podían tomar ciertas decisiones autónomas en el campo religioso – legal aunque aún no hubieran sido ordenados como rabinos ni se les haya reconocido públicamente su autoridad.
El talmîd es el primer escalón en la carrera para llegar a ser rabí. Gozaba de cierto honor entre los judíos piadosos, ya que el participaba del honor debido a la Torá a cuyo estudio estaba dedicado. Debido a ésta dignidad no debía hablar con quien no apreciaba la Torá, ya que quien no se ocupa de la Torá desprecia a Dios y disturba su trabajo para con el pueblo elegido.
No existe un talmîd sin un maestro. Quien no tiene un maestro no es un talmîd aunque estudie asiduamente. Solamente el ingreso a la comunidad del maestro y la sumisión a su autoridad lo convierten en un talmîd. El talmîd aprende escuchando a su maestro. Su trabajo fundamental es escuchar la enseñanza de la Torá que le imparte su maestro, pero por más relevante que sea la figura del maestro, la Torá ocupará siempre el puesto de honor.
D. El discípulo entre los profetas apocalípticos
Los profetas apocalípticos se presentaron bajo distintas formas durante el s.I, las que tenían en común el conducir al desierto a sus seguidores para aguardar allí el inicio del tiempo final o segundo éxodo. Pero mientras algunos sólo invitaban a aguardar dicho momento final observando la ley de modo más perfecto, otros invitaban a colaborar por medio de la guerrilla contra la fuerza de ocupación romana y sus cómplices judíos. Entre ellos estuvieron los esenios, zelotes, discípulos del Bautista, etc. El punto en común es el rechazo al sistema, y las divergencias radicaban en las metodologías pensadas para cambiarlo.
E. El discípulo cristiano
En los evangelios, algunas personas aceptaron el mensaje de Jesús acerca del reino y el desafío que él presentaba de modo severo y tajante de dejar sus familias y su modo ordinario de vida para viajar con él, recibir sus enseñanzas y compartir su inseguridad. Si bien el discípulo cristiano tuvo estrechos contactos con el talmîd rabínico o con los discípulos de los profetas apocalípticos u otros, las diferencias son notorias.
Respecto de los profetas apocalípticos, es semejante el abandono de la propiedad y del ligamen familiar o del trabajo, pero Jesús no fue el jefe de un movimiento entusiasta (Lc 4,23-29). Incluso no se retiró con un pequeño grupo de elegidos al desierto sino que a pesar de haber llamado a algunos a seguirlo de modo permanente, su propuesta quedó abierta para todo su pueblo, manteniendo contacto con casi todos los grupos que lo forman.
Respecto de los griegos o rabinos, el discipulado cristiano no tiene como finalidad principal el estudio de la Torá o de una doctrina; sino compartir la misión (Mt 4,19) y tomar parte de un destino (Mt 10, 24-25; 16,24-28). Se aprende, pero no se trata de algo intelectual sino de la puesta en práctica que se aprende en la experiencia común. Lo distintivo del discípulo no es el aprender sino el seguir. Lo fundamental de la predicación de Jesús no fue comunicar una nueva doctrina ni radicalizar un comportamiento moral, sino vincular con su persona (Mt 11,28-30). Es en dicha vinculación que se producen los cambios.
La invitación al discipulado de 4,19 puede implicar un valor consecutivo: "si me siguen, la consecuencia es que haré de ustedes pescadores de hombres"; o uno explicativo: "síganme, y esto significará para ustedes el que lleguen a ser pescadores de hombres". Ambas interpretaciones son posibles pero la primera se ajusta mejor a la interrelación que supone el seguimiento. En el discipulado cristiano no se da una sola acción, la de los discípulos que siguen a Jesús; hay dos acciones: la de los discípulos que siguen a Jesús y la de Jesús que hace a ellos pescadores de hombres (4,19).
Mientras que en el rabinismo lo determinante era el respeto por la sabiduría del maestro; en la relación entre Jesús y sus discípulos es la fe en su persona. Lo que liga en última instancia el talmîd a su maestro es el modo en que éste interpreta la Torá, del mismo modo que lo que liga a Sócrates con sus seguidores es la idea que éste defiende. En cambio, los discípulos de Jesús están ligados a su misma persona. El que quiere seguir a Jesús es porque ha encontrado un nuevo centro a su propia vida; ya no es él su propia razón de ser; sigue a otra voluntad. No se trata de un esfuerzo sobre sí mismo ni de una renuncia a tal o cual pecado; el hombre continúa siendo el mismo, pero ya no se pertenece (Mt 16,24-25).
La auto–conciencia que tiene Jesús de su misión y personalidad condiciona tanto el origen como la forma del discipulado cristiano: Jesús no es para sus discípulos un rabí. El es el Señor. Los discípulos de Jesús, al contrario de los de los rabinos que un día se ordenarán de rabinos y dejarán de ser discípulos, no dejarán nunca de serlo ya que el Maestro está siempre vivo y actúa con ellos (Mt 28,20). Se da una evolución en la relación ya que cuando el creyente permanece en la palabra de Jesús (Jn 8,31) y se atiene a sus mandamientos (Jn 13,34s; 14,15ss; 15,10ss) es verdaderamente su discípulo (Jn 8,31) y en cuanto tal es enaltecido del grado de siervo al de hijo (Jn 15,14ss). Pero en la relación Jesús es siempre quien da, con quien no existe una comunión de paridad. Cuando Jesús dice en Mt 10,25 ya le basta al discípulo estar en las condiciones de su Maestro no significa la elevación del discípulo al rango de Maestro, sino su disposición para aceptar como honra suprema la misma afrenta que soportó el Señor (Mt 5,11-12; 23,8).
Otra diferencia con los discípulos rabínicos es que la llamada se debe a la iniciativa de Jesús (Mc 1,16-20; 2,14). Con los rabinos eran los candidatos los que demostraban su piedad procurándose un maestro. Ellos se acercaban proponiéndose como discípulos.
También es diferente el que a Jesús lo hayan acompañado mujeres que le servían en sus viajes y que haya mostrado tanta buena voluntad en enseñarles (Lc 8,1-3; 10,38-42; Jn 4,7-42; 11,1-44; Mc 15,40-41).
La llamada que Jesús dirige a sus discípulos presenta una verdadera y propia analogía sólo en la que Dios dirige a los profetas del AT. Creer en el mensaje mesiánico significa por lo tanto creer al mismo Dios y seguirlo significa seguir al mismo Dios.
F. El discípulo en Mateo
Mateo es considerado como un manual para la formación del discipulado. Discípulo es un término favorito de Mt (Mt 73; Mc 46; Lc 37; Jn 78; Hch 28) al igual que los verbos aprender (Mt 3; Mc 1; Jn 2; Hch 1; 17 en el resto) y hacer discípulo (Mt 3; Hch 1). Regularmente está al plural (el singular sólo en 10,24.25.42). De las 73x, en 68 designa a los de Jesús (Mc 42; Lc 34). De ellas, 24 se encuentran en Mc, una es Q (10,24), tres de Smt (27,64; 28,13.16) y las 40 restantes son fruto del trabajo redaccional del evangelista.
Del análisis literario, surge que Mt suele agregar un término para explicitar a la persona a la cual se refiere un determinado episodio. Así como en 7,28 (Mc 1,21) agrega el nombre de Jesús, en otras ocasiones incluye discípulo. Ante esto surge la pregunta sobre el sentido de estas inclusiones. ¿Se deben sólo a un rasgo estilístico de precisión –Mt sólo explicita lo que ya está presente en Mc– o hay una intención teológica?
1. Identificación de los discípulos con los doce
Mateo completa a veces los doce con discípulos, identificando a ambos grupos aunque no de manera exclusiva. El reemplazo mateano de doce presente en Mc con discípulos tanto en 13,10 como en 18,1 reflejaría que doce no fue importante para Mt. De hecho, él nunca reemplaza el discípulos de su tradición con doce discípulos.
Mt presenta la identificación como algo o dado, sin poner ningún acento. No se habla de los doce hasta 10,1 y nada prueba que no haya hablado de los discípulos antes de allí, lo que muestra que la "historización" o el deseo de presentar a los discípulos como un grupo irrepetible del pasado no es importante para él. En síntesis, una consciente historización identificando a los discípulos con los doce es poco probable.
2. Diferenciación entre los discípulos y las muchedumbres
Mateo distingue a los discípulos de las muchedumbres. En 5,1 y en 23,1 ambos grupos son separados. Los discípulos son un grupo más cercano a Jesús (9,19), ayudantes en su misión (9,36-37) y ejemplo para la muchedumbres (12,49) pero que a diferencia de ellas entienden su mensaje (13,10-17).
Los discípulos como el auditorio privilegiado en los distintos discursos. Los dos tipos de "escuchadores" a que hace referencia Mt 13 corresponden a las dos audiencias que tuvo Jesús: por una parte están los discípulos (13,10) a quienes les es dado el entender y pueden ver porque han creído en Jesús como Mesías a partir de las obras de misericordia que ha realizado (13,16); y por otra parte (13,11) quienes no les es dado entender porque no han querido creer a partir de las obras. Ambos tienen en común cierta apertura, al contrario de los fariseos (23,11), pero les diferencia la capacidad de entender.
3. Homogeneización del grupo de los discípulos
En Mt los discípulos forman un grupo más homogéneo que en su fuente Mc. Ello se debe a haber quitado las alusiones al grupo más íntimo de los tres discípulos como también a haber quitado algunas diferencias entre el grupo grande de discípulos y el de los doce. A su vez, sin negar el lugar especial de Pedro en Mt, la inclusión de los discípulos en ciertos pasajes trajo como resultado que se produzca la identificación de Pedro con los discípulos.
4. Idealización de los discípulos
Mt incluye material propio con discípulos en lugares en donde deja a los discípulos mejor y peor (15,23-24), adoradores y temerosos (17,6-7), entendiendo pero gracias a la enseñanza de Jesús (16,5-12; 17,10-13; 18,1-5; 19,3-12). En ocasiones su imagen mejora (como en 20,20ss / Mc 10,35ss, donde la madre hace el pedido en vez de los hijos), pero en otras puede deberse también al deseo de reducir el relato a lo esencial (Mt 19,23 / Mc 10,23ss; Mt 20,17 / Mc 10,32; Mt 18,1 / Mc 9,33-35), o los cambios no producen cambios en el contenido (Mt 26,9 / Mc 14,5). El miedo presente en Mc, es a veces suprimido, especialmente cuando está en conexión con el entender (Mc 9,32; 10,32; 16,8); pero a veces reforzado o introducido (14,30; 17,6; 28,4ss). Particularmente, se da un deterioro de la imagen de Pedro, con respecto a Marcos.
Los discípulos son los "que escuchan" el mensaje, sus oídos y ojos son benditos porque escuchan y ven (13,16). Así en Mt 15 la multitud está presente en la controversia con los fariseos (15,10) pero luego desaparece cuando Jesús explica la parábola a los discípulos (15,12.15). Ello es así porque a la multitud a la que Jesús predica las parábolas no pueden entender (13,13). Mt resalta que los discípulos sí entienden las parábolas.
5. La comprensión de los discípulos en Mateo
El único punto en donde Mt «mejoró» la imagen es en la eliminación de la incomprensión de Mc. Los discípulos de Mt entienden. ¿Por qué trata a la comprensión de los discípulos de modo diferente a como trata a las otras cualidades de los discípulos? En 15,16 y 16,9 todavía no entienden, pero con más enseñanza en 16,12 y 17,13 sí entienden ð Jesús es el buen Maestro que hace que los discípulos entiendan. Esto no quiere decir que los discípulos son idealizados, sino que reciben una enseñanza y un entender, para poder a su vez enseñar. Ellos, por sí mismos, no alcanzan a entender; Jesús es el Maestro que conduce a los discípulos a entender: el entender se refiere a la enseñanza de Jesús. En Mt la fe y el entender son dos cosas separadas. Los discípulos son personas de pequeña fe pero que entienden. La fe se refiere a la persona de Jesús mientras que el entender está en relación a su enseñanza. En Mc la falta comprensión de los discípulos tiene motivos cristológicos: en referencia a la persona y sufrimiento del Hijo de Dios.
El pleno entendimiento no es para Mateo la expresión sino el presupuesto de la existencia cristiana y ello en razón de ser leales al mensaje del Jesús histórico. El concepto mateano de fe ha sido separado del de entender y en algún sentido la idea ha quedado reducida. El elemento intelectual fue excluido del de fe: creer es preponderantemente confiar. La fe está en relación con el poder milagroso del Señor que trabaja en la comunidad mientras el entendimiento se relaciona con la enseñanza de Jesús.
2) La enseñanza de la misericordia
Como vimos Mt 9,9-13 es –fundamentalmente– una perícopa didáctica. Varios de los cambios realizados por Mt apuntan en esa dirección: a) la aclaración en la formulación de la pregunta que en Mateo requiere una respuesta que explique los motivos de su actitud; b) la omisión del pronombre ellos en 9,12 que amplia los oyentes de la respuesta de Jesús a todos los lectores del evangelio, c) el título de maestro con el cual se dirigen a Jesús los fariseos, y d) el agregado de la cita de Oseas con su introducción en 9,13a. ð el acento ya no está más en la controversia como en Mc, sino que se trata de una directiva para la comunidad, la cual fue presentada por medio de palabras y hechos de la vida de Jesús con sus discípulos.
En cuatro de las cinco controversias (excepción de 19,3-12) los fariseos –solos o asociados con otros grupos– acusan de una violación de la ley que atañe a la vida de Jesús con sus discípulos (9,9-13; 9,14-15; 12,1-8; 15,1-20). A partir de dichas acusaciones Jesús defiende su comportamiento o el de sus discípulos proponiendo la correcta interpretación de la ley ð Jesús ya no es presentado únicamente como el Mesías de la palabra y de la acción, sino también como el Maestro de la palabra y de la acción. El enseña con autoridad (7,28-29) y sus actos corresponden con las palabras, contrariamente a los fariseos y escribas (23,3).
La enseñanza de Jesús no implica sólo un aspecto intelectual sino que supone una transformación del modo de vivir. Ella se realiza por medio de la experiencia del seguimiento. El discípulo podrá comprender a su maestro en la medida que lo sigue. La llamada es el primer acto salvífico por el cual se dispone el llamado a recibir la salvación. Al llamarlo Jesús lo introduce dentro de circunstancias que le posibilitan la novedad de la conversión –su amistad dentro de la comunidad de los discípulos–. En estas nuevas circunstancias, el llamado es capaz de recibir y obrar su propia salvación. La salvación se hace posible gracias a esta permanecía con Jesús y con sus otros discípulos.
A. Jesús ha dado cumplimiento a la justicia
En ningún otro evangelio encontramos el énfasis en el tema de la inminencia del juicio y en la necesidad de practicar la voluntad de Dios expresada en la ley como en Mt. Tanto en el vocabulario de la justicia como el análisis redaccional se verifica la importancia que nuestro evangelio da al tema.
El término justicia pertenece a su uso lingüístico (Mt 7x: 3,15; 5,6.10.20; 6,1.33; 21,32; sinópticos sólo en Lc 1,75). Su sentido no es siempre claro, pero en la mayoría de los casos hace referencia a la conducta del hombre que obra de acuerdo a la voluntad de Dios y que le es grato en todo. Dicha justicia no es sólo un requerimiento para el ingreso al reino (5,20) sino también un don escatológico (5,6; 6,33) ð es esfuerzo y don al mismo tiempo (así lo muestra la bienaventuranza referida a los que tienen hambre y sed de justicia 5,6; y la que se refiere a los que son perseguidos a causa de su práctica 5,10).
B. La justicia y la misericordia
Un primer aspecto es reconocer que la comparación que se plantea entre la justicia de los discípulos y la los fariseos en 5,20 se establece tanto en el aspecto cuantitativo como en el cualitativo. La justicia superior que necesitan tener los discípulos, considerada desde las antítesis de 5,21-48, no significa sólo un incremento cuantitativo en el cumplimiento de la ley, sino sobre todo una intensificación cualitativa - en términos del amor - de la vida ante Dios.
La de los fariseos es una justicia que resulta insuficiente (23,13) porque ellos dicen y no hacen (23,3.23), porque no tienen en cuenta la misericordia (5,20; 9,13) y también porque la justicia de ellos es tan sólo externa (15,7; 23,28) lo cual en algunos casos les lleva a ser llamados hipócritas (22,18; 23,15). Para Mt buscar el reino de Dios implica el practicar abundantemente las obras de justicia, pero no se trata de una justicia cualquiera sino de una justicia que tiene como centro y parámetro de evaluación a la misericordia.
La exigencia de 5,20 unida a la bienaventuranza de 5,3 muestran cómo Jesús ha enfrentado al hombre, al mismo tiempo, con la gracia soberana de Dios que acoge al pecador y con su exigencia total.
Ya al redactar su presentación del bautismo de Jesús (3,13-17; Mc 1,9-11), Mt había presentado la misericordia como el contenido de la justicia superior, ya que Jesús cumple toda justicia al decidir solidarizarse con los pecadores de su pueblo a pesar de que él no tiene ningún pecado. Hacerse bautizar es para Jesús un acto de sumisión a la voluntad de Dios; no a su voluntad codificada en una ley escrita u oral ni a la voluntad divina revelada por Juan Bautista a los judíos de su tiempo (la cual entendía a la justicia como castigo más que como misericordia) sino un designio especial para Jesús. El reconoce dicho designio divino y lo obedece tanto en el hacerse bautizar como en su decisión de invitar a los cobradores de tasas y pecadores a su banquete.
El tema es resaltado en 9,13 y 12,7 donde Mt incluye Os 6,6 para hacer notar que la justicia superior consiste primordialmente en la misericordia para con el hermano. En los tres casos (3,15; 9,13; 12,7) la actitud misericordiosa de Jesús para con los pecadores es vista como obediencia a la voluntad de Dios. La misericordia es el valor fundamental. Ella es prioritaria a la oferta en el templo (5,23-24), es el fundamento la regla de oro del sermón de la montaña (7,12), y sin ella no se puede esperar el perdón de Dios (5,7; 18,38). Su importancia se ve también en que se puede incluso profetizar en nombre de Dios (7,21-23) pero si no se vive la misericordia del Padre para con los pequeños nada será tenido en cuenta (25,31-46).
Su práctica es lo que hace al hombre justo (25,37.46). Tanto en su presentación del juicio final como en la parábola de los dos hijos, de los cuales uno finalmente hace la voluntad del Padre mientras que el otro no (21,28b-31) Mateo se revela como un hombre pragmático: lo que cuenta es el llegar a hacer (12,50).
ir al siguiente capítulo