Iº

INTRODUCCIÓN

LA NUMERACIÓN DE LOS SALMOS

texto hebreo

(masorético)

texto de los LXX

 texto de la vulgata

1‑8

1-8

9-10

9

11-113

10-112

114-115

113

116

116-145

147

145-147

148-150

148-150

* los salmos 9 y 1O originariamente formaban un solo poema

* la traducción griega de los LXX unen erróneamente los salmos 114   y 115

* el salmo 147 es una unidad clara dividida en dos por las versiones griega y  latina.

LOS NOMBRES DE DIOS EN LOS SALMOS

Frecuencia de los nombres divinos en grupos de salmos

 

salmo

1-41

42-72

73-89

90-106

107-150

Yahveh

272

30

44

103

236

‘Elohim

15

164

43

 

7

 

ELOHIM

"'Elohim"  es el plural de "'El", que es el sustantivo para designar el nombre genérico de Dios. En la Biblia se usa preferentemente en plural "superlativo". Se traduce siempre simplemente por Dios. Con frecuencia tiene adjetivaciones: Saday, Elyon, Sebaot, de muy difícil traducción. Dios de la montaña., Dios altísimo, Dios de los ejércitos celestiales... posiblemente nombres de divinidades cananeas "bautizadas" por los patriarcas primitivos. La revelación  intentaría así manifestar que había un sólo Dios con nombres diversos.

YAHVEH

Expresa el nombre propio del Dios de Israel. En etapas más primitivas de la revelación era el nombre propio del "más grande entre todos los dioses". Poco a poco pasó a ser el nombre del "único". Tanto que ese único, cada vez más revelándose como trascendente, exigió no solamente que no se lo nombrase en vano, sino que ni siquiera nadie se atreviese a nombrarlo. Ciertamente que en la época de Jesús ya hacía bastante tiempo que el "tetragramma" divino (las cuatro consonantes YHWH del nombre divino) no era pronunciado sino por el sumo sacerdote, una vez al año, en el santo de los santos, y con temor y temblor. En su lugar se usaban varios circunloquios. "Adonai", el Señor; "Ha Schem", el nombre; "Ha Maqqom", el lugar; "Ha Shamaim", los cielos...

La traducción griega de los LXX, del siglo II antes de Jesús, y la Vulgata Latina que utilizó la Iglesia primitiva, según la tradición de la iglesia apostólica, nunca traslitera el nombre de Yahveh, y en su lugar emplea siempre el nombre de Señor (Kirios, Dominus).

Este empleo de circunloquios que evitan pronunciar el nombre propio de Dios es imprescindible para entender la teología del Nuevo Testamento. Pensemos en las citas que el mismo Jesús hace de los salmos, y en la teología paulina sobre Jesús el Kirios. Dos ejemplos: Cuando Jesús disputa con los fariseos en base al texto del salmo 11O(1O9),1, empleando Adonai en lugar de Yahveh. (Cf. Mt.22, 41-45) [1] . Cuando Pablo en Fil. 2, 9, dice que a Jesús se le dio "El Nombre" que está sobre todo nombre (el de Yahveh); 2, 11. a fin de que toda lengua confiese que Jesús es "el Señor" (es decir Yahveh). Por tales motivos todos los salmos en la liturgia cristiana actual leen "Señor" cuando el texto original hebreo emplea el nombre propio de Yahveh.

Este dato es muy importante cuando vamos a rezar los salmos. Porque indistintamente nos podemos estar refiriendo al Padre o a Jesús, el Señor. Siempre que leamos, por ejemplo, en San Mateo, Reino de los cielos, Padre nuestro que estás en los cielos, el Padre de ustedes que está en los cielos... habría que leer simplemente Yahveh. O bien Dios, como otros evangelistas.

AUTOR Y FECHA DE COMPOSICIÓN

Es prácticamente imposible determinarlos, si bien una buena serie se los atribuye a David, el “rey poeta”.  En 1Sam 16, 23 se dice que David tocaba la cítara produciendo en Saúl calma y bienestar. En  2Sam 6, 14  vemos a David danzar y girar con todas sus fuerzas ante Yahveh. En 1Cron 16, 7 vemos cómo David, alabando el primero a Yahveh, entregó a Asaf y a sus hermanos un canto compuesto por él ¡Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas!  Jesús mismo le atribuye la autoría de los salmos: David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. (Mc 12, 36). En algún caso el versículo introductorio aporta las circunstancias en las que David habría compuesto el salmo 18, 1 Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl.

Con los datos que tenemos a mano, la exégesis actual sostiene que no se puede saber con certeza quien es el autor de los salmos. Además hay que tener en cuenta que están diseminados en muchos libros de la Biblia inclusive en el Nuevo Testamento. Por eso mismo es prácticamente imposible determinar la fecha de su composición, dado el empleo habitual de la  seudonimia, o sea de la atribución de una obra o de un género a un autor tradicional. Al menos es claro que es un género literario muy antiguo y que recorre toda la  Sagrada Escritura.

SALMOS CENSURADOS POR LA LITURGIA

La revisión de la liturgia impuesta por el Vaticano IIº ha tocado muy profundamente la oración con los salmos. Entre los aspectos positivos nos asombra que la tijera de la censura les eliminara algunos versículos de la recitación litúrgica. Asombra porque el mismo concilio sigue afirmando que:

Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo.  la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia.  Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería. (DV  n°11)

Es decir que los salmos, que “íntegros y en todas sus partes” son palabras de Dios, como el resto de la Biblia. Seguramente que han parecido poco compatibles con la santidad de Dios Padre y con el mensaje de su Hijo Jesús. Los siguientes son los versículos censurados

SALMOS   

5, 5‑7. 11    Pues no eres tú un Dios que se complace en la impiedad, no es huésped tuyo el malo.  No, los arrogantes no resisten delante de tus ojos. Detestas a todos los agentes de mal, pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y fraudulento le abomina Yahveh. Trátalos, oh Dios, como culpables, haz que fracasen sus intrigas; arrójalos por el exceso de sus crímenes, por rebelarse contra ti.

17, 13‑14    ¡Levántate, Yahveh, hazle frente, derríbale; libra con tu espada mi alma del impío, de los mortales, con tu mano, Yahveh, de los mortales de este mundo, cuyo lote es la vida! ¡De tus reservas llénales el vientre, que sus hijos se sacien, y dejen las sobras para sus pequeños!   

18, 38‑43    Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado; los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies.  Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores, a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian.  Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde. Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso.

35, 8.26           ¡Sobre cada uno de ellos caiga de improviso la ruina: le prenda la red que había tendido, y en su fosa se hunda! ¡Vergüenza y confusión caigan a una sobre los que se ríen de mi mal; queden cubiertos de vergüenza y de ignominia los que a mi costa medran!

4O, 15‑16     ¡Queden avergonzados y confusos todos juntos los que buscan mi vida para cercenarla! ¡Atrás, sean confundidos los que desean mi mal! Queden consternados de vergüenza los que dicen contra mí: «¡Ja, Ja!»

52, 7‑8        Por eso Dios te aplastará, te destruirá por siempre, te arrancará de tu tienda, te extirpará de la tierra de los vivos. Los justos lo verán y temerán, se reirán de él:

58, 7‑11      ¡Oh Dios, rompe sus dientes en su boca, quiebra, Yahveh, las muelas de los leoninos.  ¡Dilúyanse como aguas que se pasan, púdranse como hierba que se pisa.  como limaco que marcha deshaciéndose, como aborto de mujer que no contempla el sol!  ¡Antes que espinas echen, como la zarza, verde o quemada, los arrebate el torbellino!  Se alegrará el justo de haber visto la venganza, sus pies bañará en la sangre del impío.

59, 6. 12‑14 Tú, Yahveh, Dios Sebaot, Dios de Israel, álzate a visitar a todos los gentiles, no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos. ¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo, dispérsalos con tu poder, humíllalos, oh Señor, nuestro escudo!  Pecado es en su boca la palabra de sus labios; ¡queden, pues, presos en su orgullo, por la blasfemia, por la mentira que vocean!  ¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más! Y se sepa que Dios domina en Jacob, hasta los confines de la tierra.

69, 22‑29    Veneno me han dado por comida, en mi sed me han abrevado con vinagre.  ¡Que su mesa ante ellos se convierta en un lazo, y su abundancia en una trampa;  anúblense sus ojos y no vean, haz que sus fuerzas sin cesar les fallen! Derrama tu enojo sobre ellos, los alcance el ardor de tu cólera;  su recinto quede hecho un desierto, en sus tiendas no haya quien habite:  porque acosan al que tú has herido, y aumentan la herida de tu víctima.  Culpa añade a su culpa, no tengan más acceso a tu justicia;  del libro de la vida sean borrados, no sean inscritos con los justos.

79, 1O‑12   ¿Por qué han de decir las gentes: «¿Dónde está su Dios?» ¡Que entre las gentes se conozca, a nuestros propios ojos, la venganza de la sangre de tus siervos derramada!  ¡Llegue hasta ti el suspiro del cautivo, con la grandeza de tu brazo preserva a los hijos de la muerte!  ¡Devuelve siete veces a nuestros vecinos, en su entraña, su afrenta, la afrenta que te han hecho, Señor!

83, 14‑19    Dios mío, ponlos como hoja en remolino, como paja ante el viento.   Como el fuego abrasa una selva, como la llama devora las montañas,  así persíguelos con tu tormenta, con tu huracán llénalos de terror.  Cubre sus rostros de ignominia, para que busquen tu nombre, Yahveh.   ¡Sean avergonzados y aterrados para siempre, queden confusos y perezcan,  para que sepan que sólo tú tienes el nombre de Yahveh, Altísimo sobre toda la tierra!

94, l.2.23    ¡Dios de las venganzas, Yahveh, Dios de las venganzas, aparece! ¡Levántate, juez de la tierra, da su merecido a los soberbios!  Él hará recaer sobre ellos su maldad, los aniquilará por su malicia, Yahveh, nuestro Dios, los aniquilará.

1O9, 6‑20  «¡Suscita a un impío contra él, y que un fiscal esté a su diestra; que en el juicio resulte culpable, y su oración sea tenida por pecado! «¡Sean pocos sus días, que otro ocupe su cargo;  queden sus hijos huérfanos y viuda su mujer!  «¡Anden sus hijos errantes, mendigando, y sean expulsados de sus ruinas; el acreedor le atrape todo lo que tiene, y saqueen su fruto los extraños!  «¡Ni uno solo tenga con él amor, nadie se compadezca de sus huérfanos,  sea dada al exterminio su posteridad, en una generación sea borrado su nombre!  «¡Sea ante Yahveh recordada la culpa de sus padres, el pecado de su madre no se borre;   estén ante Yahveh constantemente, y él cercene de la tierra su memoria!»  Porque él no se acordó de actuar con amor: persiguió al pobre, al desdichado, y al de abatido corazón para matarle; amó la maldición: sobre él recaiga, no quiso bendición: que de él se aleje.  Se vistió de maldición como de un manto: ¡que penetre en su seno como agua, igual que aceite dentro de sus huesos! ¡Séale cual vestido que le cubra, como cinto que la ciña siempre! ¡Tal sea de parte de Yahveh la paga de mis acusadores, de los que dicen mal contra mi alma!

12O, 3‑4      ¿Qué te dará y qué te añadirá, lengua tramposa? ¡Flechas de guerrero afiladas con brasas de retama!

129, 5‑6          ¡Sean avergonzados, retrocedan todos los que odian a Sión;  sean como la hierba de los techos que se seca antes de arrancarla!

137, 8‑9      ¡Hija de Babel, devastadora, feliz quien te devuelva el mal que nos hiciste,  feliz quien agarre y estrelle contra la roca a tus pequeños!

140, 10‑12 Ahóguelos la malicia de sus labios; llueva sobre ellos carbones encendidos, en el abismo hundidos, no se levanten más; no arraigue más en la tierra el deslenguado, al violento lo atrape de golpe la desgracia.

Esta censura puede ser bien explicable. El buen gusto, el ecumenismo, la buena voluntad de no fomentar guerras santas contra los malos y los no muy buenos recuerdos de la inquisición de la iglesia. Pero de todos modos no deja de ser una lamentable censura de la inspiración divina. Léanse los salmos con los criterios que estamos manejando y veremos hasta qué punto son cristianamente rezables para quien se adhiere al mismo Espíritu que los inspiró.

 NOTAS


[1]   Mt 22:41 Estando reunidos los fariseos, les propuso Jesús esta cuestión: «¿Qué pensáis acerca del Cristo? ¿De quién es hijo?» Dícenle: «De David.» Díceles: «Pues ¿cómo David, movido por el Espíritu, le llama Señor, cuando dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies? Si, pues, David le llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»  El salmo 110 (109) dice: Salm 110:1 De David. Salmo. Oráculo de Yahveh a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies.