IIIº

CRITERIOS

PARA LEER UN SALMO

 

1. CONTEMPLATIVO DE LA HISTORIA

Los salmos son contemplación transformadora de la historia personal y societaria. Como toda la Biblia son historia  orada, pensada, soñada, reflexionada, a la luz del actuar de Dios. No se puede orar los salmos sin sentarse, sin disponer de tiempo físico y de tiempo sicológico ( Jn 1, 39: es preciso quedarse en casa del maestro) como para anteponer delante de los ojos del todo yo, la propia historia. 

La vida  del propio orante y la de vida de la comunidad del orante. El que quiere orar los salmos tiene que sintonizar con todas las esperanzas, expectativas, temores, angustias, fracasos y éxitos del pueblo del orante.

La oración del discípulo de Cristo tiene que asumir "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren" (Gaudium et Spes, 1). Para rezar un salmo hay que aprender las bienaventuranzas (Mt. 5, 1; Lc 6, 2O).

En el fondo el cristiano ora los salmos contemplando el misterio de la Palabra hecha historia, porque aceptó en la fe una revelación que no se busca en la escritura sino en la historia con la que nos relaciona la escritura. La buena noticia no son los libros sino la persona de Jesús de la cual hablan los libros.

2.‑ TODO EL SER PUESTO EN JUEGO

Para orar los salmos hay que poner en acción todas las dimensiones del ser. Inteligencia y voluntad; adrenalina  y yo profundo; una buena digestión y los sentimientos y gozos estéticos. Alegría, placer, gratitud, bronca, entusiasmo y desánimo. Léase el salmo 1O2(1O1), 4‑12. Imposible servirse de esta oración inspirada sin poner en juego todo el ser... propio y ajeno.

Para rezar un salmo hay que saber convivir bajo el mismo techo con la esperanza, la desesperanza, y hasta con la desesperación. Fe y hasta un cierto ateísmo tienen que aprender a convivir en la oración sálmica con la certeza más radical en la presencia fidelísima del triunfo de Dios... Tomemos para la oración el salmo 73, es un buen ejemplo. No tenemos que tener miedo de orar cuando andamos "sentados en tinieblas de muerte" (Lc. 1, 79)  Conviviendo alegremente con la oscuridad, la oración busca la luz (Is. 9, 1).

Porque la oración del salmo expresa la vida del hombre, la vida‑misterio del hombre ante la vida‑misterio de Dios. El salmo es Dios puesto en medio de la vida del hombre. Orar es abrirse al Espíritu de Dios que sopla donde quiere (Jn. 3, 8). Es sumergirse ante lo insondable del abismo de la riqueza, sabiduría y ciencia de Dios (Rom. 11, 33‑36).

3.‑ USAR NUESTRO PROPIO LENGUAJE

En nuestras oraciones somos merecedores de todas las recriminaciones de Jesús. Escuchamos mil veces que para orar no son necesarias muchas palabras, ni lugares públicos, ni vestidos especiales ( Mt. 6, 1‑14. 25‑34 ) Si el corazón del hombre es bueno, buenas son las palabras que salen del corazón para comunicarse con el Señor en la asamblea de los hermanos ( Mt. 12, 33 ).

No hay palabras puras y palabras impuras para dirigirse a Dios ( Mt. 15, 1O ss). Basta que se reúnan dos o tres, en nombre de Jesús, a pedir lo que fuere (Mt 18. 19‑2O). Hay que ser como los niños para poder orar como se ora en el Reino de Dios (Mt. 19, 14; 21. 16). Dios le ha revelado los misterios de la oración a los pobres, humildes, insignificantes (Mt 11, 25). Tenemos que reaprender a hablar de Dios y con Dios en el lenguaje  insignificante de todos los días.

Cuando rezamos un salmo tenemos que ser capaces de traducir el lenguaje litúrgico, formal y generalmente en un castellano excelente. Nosotros no usamos ese lenguaje en la comunicación con las demás personas. Ni siquiera en nuestras meditaciones cultas hablamos en nuestro interior a nosotros mismos con el os y el vosotros y las fórmulas verbales correspondientes. Hagamos la prueba de rezar en lenguaje vulgar y corriente. El de todos los días. Vale la pena.

4.‑ CARNALIZAR‑PERSONALIZAR‑NOMBRAR

En los salmos una roca es una roca y un muerto es un muerto. Un enemigo no es simplemente un pecado del espíritu. Si se quiere rezar los salmos con el mismo espíritu con el que fueron compuestos, entonces hay que visualizar rostros, lugares, acontecimientos... No se puede orar un salmo habiendo dejado la vida a la puerta de la capilla, como aconsejaban espiritualidades poco o nada bíblicas. Si uno llega al altar y se acuerda que el hermano tiene algo de que reprocharle... el reproche no  puede ser olvidado por Dios y por el orante a la puerta del templo. No pueden quedar en las afueras de la oración hambres, salarios, familia...(Mt. 5, 23).

No se puede orar el salmo con el material aportado solamente por el cerebro o el corazón del orante. Se está logrando orar en sintonía bíblica cuando se identificaron lugares, caras, nombres, historias, problemas.  Los del autor de muchos siglos o los del lector del presente. Se está consiguiendo orar el salmo cuando a trasluz de los nombres, cosas, acontecimiento pasados, se están viendo nombres, cosas, acontecimientos actuales... y en todos ellos al Señor de la historia, que se revela solamente en la historia.

5.‑ UN POBRE CLAMÓ, DIOS ESCUCHÓ

Clamor del pobre, grito del oprimido, un salmo no lo puede rezar un potentado de este mundo. Un opresor no puede rezar un salmo, por dos motivos. (Gen. 18, 21; 19, 12; Is,. 5, 7; Dt. 24, 14‑15; Sant. 5, 1‑6)  Por empezar no lo entiende, le parece absurdo. Segundo, porque su oración no es escuchada. Solamente quiénes están sufriendo, padeciendo la opresión y la pobreza sienten como suyas las palabras de los salmos inspirados por el Espíritu derramado sobre el mundo desde los orígenes de la historia por Jesús crucificado (Gen. 4, 1O;  Job 24, 2‑14; Ex. 3, 7‑9; 1, 21; 2, 24; 6, 9)

El salmo es un grito que sale de lo más profundo de la opresión del hombre. Es el grito de los segadores que clama al cielo. (Sant. 5, 1‑6). Es el clamor de la sangre de Abel que, derramada por su hermano asesino, grita a Dios desde la tierra profanada ( Gen. 4, 1O).

La intuición radical de Francisco de Asís es que no se puede hacer verdadera oración sino desde la pobreza y la opresión optada. Si alguien la está pasando "bien", siente ajenos a los salmos. Por eso es que a los exégetas europeos les resulta tan difícil rezar los salmos sin espiritualizarlos, trascenderlos, "cristianizarlos", y en definitiva domesticarlos. Como se domestica a Dios y a la revelación de Dios (Is. 58. 2‑9).

O somos pobres y estamos nosotros mismos, individualmente, oprimidos. O estamos solidarizados en mayor o menor grado con los pobres, débiles, aplastados, expoliados, de este mundo.... o no podemos rezar los salmos. Ser solidarios, ser un "solidum", aún sin culpa ni merecimiento personal, como María o como Jesús, con los pobres y desgraciados de la tierra. Esto es seguir la huellas de Jesús. Es estar apasionado por la vida como el salmista, y sufrir con la vida y gozar con la vida.

Para una oración sálmica necesitamos, pues, compartir, conocer, vibrar con la problemática de la "gente". Nuestra oración sálmica ha de poblarse de pobres, desposeídos, cojos y ciegos de todas las encrucijadas de los caminos. Los presos, los perseguidos, las prostitutas, los sufrientes, los enfermos, los moribundos, todas las experiencias humanas han de poblar el cosmos del orante del salmo (Mt. 9, 35). Todos tienen que estar presentes en el banquete de la oración (Mt. 22, 8‑1O), con sus fracasos y con todas sus victorias sobre toda muerte.

6.‑ VOZ DE LOS SIN VOZ

El orante del salmo sabe ser "voz de los que no tienen voz". Esto no significa solamente denunciar y anunciar en plaza pública. (Hab. 2, 6‑18; Jer. 22, 13; Miq. 2, 1ss; Is. 5, 8; 1O, 11 ss; Lc. 6, 2O‑26; Mt. 8, 24 y pp). Es también orar en lo escondido, junto al Padre (Mt. 6, 5‑6) presentándole los estados de no reino, las salidas justas y queridas porque reveladas por el mismo Dios. Es gritar y clamar por los que no saben  hacerlo delante de Dios.  Y también, claro está, dar gracias, alabar, bendecir, por  aquellos que no son capaces de hacerlo.   Porque no pueden creer en el Padre Dios.

Los cristianos rezando salmos, estamos llamados a ser como la voz orante del pobre y del oprimido que ya no puede elevar su voz ante el Señor, porque tan grande es la carga de la opresión. Es tan difícil rezar  cuando el agua llega al cuello !!! (Sal. 69 (68), 2‑4)

Rezar los salmos es haber encontrado en medio del torrente desbordado, la roca firme y segura que es Dios (Salmo 18(17), 3).

7.‑ EL YO SOLIDARIO

Del punto de vista gramatical es bastante simple dividir los salmos en individuales y colectivos. Pero no podemos ignorar uno de los datos tipificantes de la cosmovisión bíblica. La solidaridad del yo con el pueblo y del pueblo con el yo. Léase el salmo 131(129) y veamos la facilidad con la que el salmista introduce al pueblo entero en una oración personalísima.   Jeremías es el primero en separar claramente culpa de padres y de hijos, méritos de unos y de sus descendientes. Todavía en el tiempo de Jesús bastaba ser hijo de Abraham para ser heredero de la fe y de las promesas del patriarca. Y la pregunta sobre el pecado que origina la ceguera. Y la muerte solidaria de Jesús... Aquí el evangelio viene también a llevar a plenitud la solidaridad.

Cuando alguien reza un salmo individual está siendo siempre la expresión de todo el pueblo. Y cuando canta en un solemne plural, es el yo personalísimo el que se juega por Dios y sus fieles.

Por eso es que la mejor manera de orar los salmos es la fraternidad reunida, volcando todos y cada uno sus yo, sus problemas personales, sus angustias, esperanzas, miedos, expectativas, para enriquecer y enriquecerse con el grupo solidario. Y cuando uno toma la Biblia en la soledad y ora los salmos toda la historia, y todas las historias se tienen que hacer presentes: toda la vida de la familia, del barrio, de la ciudad, del país, del continente, de la comunidad de base, de la parroquia....del Vaticano...todos tienen que tener la posibilidad de asomarse al salmo para participar en la solidaridad del orante, por que en Cristo Jesús somos un solidum, un solo cuerpo.