CLARA, OTRO FRANCISCO

Juan Jairo, ofm.

 

La tensión de Clara por comprender e imitar a Francisco induce a asimilar y a respetar su testimonio Franciscano. Su figura como madre del franciscanismo emerge con mayor fuerza en aquellos 27 años que vive después de la muerte de Francisco. Se ha identificado tanto con él, que antes de morir, en testamento bendice a sus hijas en nombre de Francisco y suyo:

"Para que mejor pueda ser observado este escrito, os lo confío, carísimas y amadísimas hermanas, presentes y futuras, en señal de la bendición del Señor y de nuestro beatísimo padre Francisco y de la bendición de vuestra madre y servidora" (Test. C. 12).

CLARA, GREGORIO IX Y EL PRIVILEGIO DE LA POBREZA

Es interesante ver cómo muchas dificultades son provocadas por el gran amigo de Francisco: el cardenal Hugolino, después Papa Gregorio IX, quien tuvo también profunda amistad con Clara y las Hermanas. El primer momento difícil se da hacia 1228 cuando el Papa llega hasta Asís con toda su corte para la canonización de Francisco. En esta ocasión visita a Clara. En su diálogo el Papa propone a Clara, que tenía entonces 30 años, el aceptar rentas que garantizaran el sostenimiento de la comunidad. El episodio lo marca sor Bienvenida:

... amó tan especialmente la pobreza, que ni el Papa Gregorio, ni el Obispo de Ostia, pudieron conseguir nunca que accediese a recibir propiedad alguna, más aún la bienaventurada Clara había hecho vender su herencia y darla a los pobres"... "Preguntada cómo lo sabía, respondió que estaba presente cuando el Sr. Papa le decía que quisiese aceptar algunas posesiones" (PROC. 2, 22).

En la leyenda Celano la presenta con algunos detalles más:

"El Sr. Papa Gregorio, de feliz recuerdo, hombre tan digno de veneración por sus méritos personales... amaba muy particularmente con paternal afecto a nuestra Santa. Al intentar persuadirla de que aceptara algunas posesiones, que él mismo le ofrecía con libertad... Clara se resistió con ánimo esforzadísimo y de ningún modo accedió y cuando el Papa le responde: si temes por el voto, nosotros te desligaremos del voto, ella dice: Santo Padre, a ningún precio deseo ser dispensada del seguimiento de Cristo" (Ley. 14).

Celano aclara que la propuesta surge del "afecto paterno", y Clara sabe de este afecto que ha experimentado. El Papa se cree con autoridad de ligar y desligar. Clara es precisa al asociar tal aceptación con la renuncia al seguimiento de Cristo. Descubrimos aquí una lectura e interpretación del Evangelio diferente a la del Papa y que la lleva a defender el ideal de Francisco, que vive en San Damián. Por esto, Clara quiere hacer confirmar por escrito del Pontífice el "PRIVILEGIO DE LA POBREZA" que le había sido concedido por Inocencio III. El Papa accede y retoma el mismo texto de Inocencio, pero que después del incidente suenan a reconocimiento del error del Papa:

"Como habéis suplicado que confirmamos con la potestad apostólica vuestro propósito de santísima pobreza y con la autoridad de las presentes condescendemos a que ninguno pueda constreñiros a admitir posesiones". (P. P. 2).

Es el último documento testimonio de la amistad de dos antiguos amigos de Francisco; a partir de este acontecimiento parece haberse enfriado la relación entre los dos. ¿Por qué? Pues Clara era una figura demasiado importante para el movimiento franciscano para quedarse al margen de las discusiones que comienzan a darse entre los hijos de Francisco. En Asís Fray Elías propagó la monumental construcción de la basílica de san Francisco, inaugurada en 1230. Dos acontecimientos marcan la vida del movimiento minorítico en este año: El traslado del cuerpo de san Francisco a la nueva basílica y la convocatoria a un capítulo general.

El año 1230 representó uno de los momentos más difíciles para el joven movimiento franciscano. En el mismo capítulo los frailes no logran ponerse de acuerdo en muchos asuntos y deciden dejar la solución en manos del Papa.

LA BULA "QUO ELONGATI"

Es la bula de respuesta a los delegados del Capítulo sobre sus dudas y controversias, sobre lo que debían hacer o no hacer y sobre la obligatoriedad del testamento. En ella Gregorio IX no reconoce ninguna validez jurídica al testamento: Porque fue escrito cuando Francisco ya no tenía ningún rol en la orden. La obediencia al evangelio la refiere sólo a las partes expresamente nombradas en la Regla, dando la razón a los frailes que decían que era imposible observar todo el Evangelio. Dio largueza en los poderes de los Ministros Generales y Provinciales. Dio poder para usar dinero a través de un mediador "Un laico de confianza de la comunidad...". En cuanto a la relación de los frailes con las nuevas formas de vida Religiosa femenina, decretó:

"En fin, porque está escrito en la regla: 'Los frailes no entren en los monasterios, a excepción de aquellos en los cuales se concedió licencia especial de la Santa Sede', habéis preguntado para mayor claridad si se refiere la prohibición a todos los monasterios... nosotros respondemos que la prohibición acoge a todos los conventos de monjas...".

Toda la Bula representaba el intento de encuadrar jurídicamente las nuevas exigencías e inquietudes surgidas en la orden. Por algunos años más tarde los espirituales vieron en la Bula el primer ataque de quienes aún en vida de Francisco querían deformar y debilitar el auténtico espíritu franciscano.

¿Cómo acogieron los primeros compañeros esta intervención del Papa? ¿Angel, León, Rufino, Egilio, Bernardo? ¿Que actitud tomaron? El silencio de las fuentes es total... sólo de uno de sus primerísimos compañeros se tiene una reacción explícita: CLARA. Cuando llegan a San Damián estas disposiciones y especialmente la prohibición para los frailes de acercarse a sus monasterios a no ser por autorización del Papa, Clara se opone con firmeza. Generalmente en San Damián residen 4 ó 5 frailes encargados de procurar, en algunos casos la atención material, pero sobre todo espiritual de las Damas Pobres. Cuando ella se dio cuenta de que el Papa se reservaba la elección de los frailes encargados de la atención espiritual, Clara no permitió que se quedaran tampoco los encargados de las limosnas diciendo:

"Que se nos quiten todos los frailes, ya que, se nos han quitado los que nos daban el alimento de vida" (Ley. C 37).

Es decir que Clara hace algo así como una "huelga de hambre". Si el Papa las priva de la limosna espiritual... ella renuncia a la limosna material, arriesgando que no tuvieran que comer. Al enterarse el Papa, quiso dejar la solución en manos del General. El hecho de la prohibición podía dejarse a un lado respecto a los otros puntos que tocaba la Bula, pero tratándose de dos figuras del calibre de Clara y Gregorio IX en la orden, no se puede devaluar tal acontecimiento. Por otra parte Clara interviene en las controversias de la orden sólo cuando era tocada por circunstancias directas hacia sus hermanas. Los dos puntos claves por los que lucha toda la vida son la completa pobreza, según el Evangelio y el espíritu de san Francisco y la amistad espiritual con los hermanos menores. Si en 1228 defiende su opción de pobreza, en 1230 entra en juego la libre y fecunda unidad espiritual entre todo el movimiento Minorítico y San Damián.

CLARA EN LA SEGUNDA LEYENDA DE CELANO

La segunda biografía de Tomás de Celano dedica un amplio espacio a Clara y sus hermanas (c. 155-157). En especial la conclusión del c. 155 lo dedicó a la unidad de frailes y hermanas:

"Francisco que las veía abandonadas por pruebas de muy alta perfección, prontas a soportar y a padecer por Cristo toda clase de persecuciones e incomodidades, decididas a no apartarse nunca de las santas ordenaciones recibidas, prometió ayuda y consejo a perpetuidad de su parte y la de sus hermanos a ellas y a los demás que profesaban firmemente la pobreza con el mismo tenor de vida. Mientras vivió fue solícito en cumplirlo; próximo ya a la muerte, mandó con interés que lo cumplieran por siempre, añadiendo que un mismo espíritu había sacado de este siglo a los hermanos y a las damas pobres" (2C. 204)

Quién pudo contar a Celano estos detalles de relación entre Francisco y Clara? ¿Quién le pudo hablar de su promesa de tener por ellas la misma dedicación que tenía por los hermanos? ¿Quién conservaba el recuerdo de aquellas tiernas palabras, cuando estaba cercano a su muerte? Es indiscutible que la fuente tuvo que ser la misma Clara, ya que con una mirada comparativa fácilmente se distingue correspondencia entre lo que dice Celano y lo que dice Clara en su Regla:

"Viendo el bienaventurado padre que no nos arredraban la pobreza, el trabajo, la tribulación, la afrenta, el desprecio del mundo, antes al contrario que considerábamos todas esas cosas, como grandes delicias, movido a piedad nos redactó la forma de vida en estos términos: "ya que, por divina inspiración, os habéis hecho hijas y siervas del altísimo y sumo Rey, nuestro Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir según la perfección del santo Evangelio, quiero y prometo dispensaros siempre, por mí mismo y por medio de mis hermanos y como a ellos, en amoroso cuidado y una especial solicitud". Lo que cumplió diligentemente mientras vivió y quiso que sus hermanos hicieran siempre lo mismo" (RC. 6, 17 (2-5).

Celano escribe esta biografía en 1246-47 y Clara escribe la Regla más o menos 6 años después (1253). Luego, Celano al escribir debió tener ante sus ojos el texto auténtico de la "forma de vida" de Francisco para las hermanas, que debió constituir un tesoro para las hermanas y que luego incluye en su Regla. Para el hablar de las hermanas tuvo que haberlo investigado en San Damián y Clara tendría que sentirse feliz y orgullosa de poder dar testimonio con sus vivencias y recuerdos y contribuir así, a la reconstrucción de la auténtica imagen de Francisco, casi 20 años después de su muerte.

Uno de los tantos detalles que Celano debió conocer por Clara lo incluye en su biografía:

"Estando en San Damián el Padre santo, e invitado con incesantes súplicas a que expusiera la Palabra de Dios a las Hijas, vencido al fin por la insistencia accedió. Reunidas como de costumbre, las Damas para escuchar la Palabra de Dios y no menos para ver al Padre, comenzó éste a orar a Cristo con los ojos levantados al cielo, donde tenía puesto siempre el corazón. Ordena luego que le traigan ceniza; hace con ella en el suelo un círculo alrededor de sí y la sobrante se la pone en la cabeza. Al ver ellas al bienaventurado Padre que permanece callado dentro del círculo, un estupor no leve sobresalta sus corazones. De pronto, se levanta el Santo y atónitas ellas, recita el salmo `Miserere' por toda predicación. Terminando el salmo sale afuera más que de prisa".

El lugar San Damián, el término "hijas" para designar a las hermanas, la originalidad del gesto de Francisco, tan cargado con detalles de la mentalidad penitencial y de la cultura popular, hacen pensar que el relato tan fiel no pudo salir sino de un testigo ocular, y que no podría ser otro que el de Clara. Y es que el recuerdo de las palabras y gestos de Francisco debieron permanecer siempre en San Damián. Clara sería en muchas ocasiones su intérprete y quien reelaboraría su mensaje.

En su empeño de fidelidad al espíritu de Francisco, ¿cuál fue el grado de certeza que Clara tenía sobre la importancia de su testimonio y de la autoridad que había alcanzado al interior de la orden? ¿Cuál era la conciencia que tenía en relación con el beato Padre? Estas preguntas tienen muy poca respuesta en la leyenda oficial de santa Clara. Incluso el nombre de Francisco sólo unas tres veces aparece. En parte se explica por el deseo de no opacar el recuerdo de una figura tan femenina como la de Clara, con el recuerdo de otra igualmente grande y contemporánea, la de Francisco.

VISION DEL SENO DE FRANCISCO

Clara, consciente del peso y autoridad espiritual que le venían de su amistad profunda con Francisco, trataba de continuar su obra y de garantizar que el primitivo espíritu que ella había bebido de Francisco no fuera traicionado. Esto se plasma muy bien en lo que los testimonios en el proceso de Clara han enunciado respecto a una visión que tuvo Clara y que seguramente ella misma les contó:

"Contaba también madona Clara que una vez en visión le había parecido que llevaba a san Francisco una vasija de agua caliente con una toalla para que se enjuagara las manos. Y subía por una alta escalera, pero caminaba con tal agilidad como si anduviese por suelo llano. Y cuando llegó junto a san Francisco, el santo sacó de su seno una tetilla y le dijo a la virgen Clara: "Ven, toma y mama". Cuando hubo sorbido, el santo la animaba a chupar otra vez. Al sorber lo que de allí tomaba, era tan dulce y grato que no podía expresarlo de ninguna manera. Y cuando se sació, la redondez o boca del pecho de donde salía la leche, quedó entre los labios de Clara. A quien, al tomar en sus manos lo que se le había quedado en la boca, le pareció un oro tan claro y brillante que se veía todo como si fuera un espejo".

Esta visión expresa uno de los aspectos más personales e íntimos de la personalidad de Clara. El lenguaje de las visiones en aquella época era el más propio para indicar la experiencia religiosa y el sentimiento. Las visiones se consideran lenguaje propio de la espiritualidad medieval, según algunos, con tonos anti-intelectuales y anticulturales, pero en realidad conservan siempre el carácter de expresividad y de lenguaje culto, que daba autoridad a sus expositores. A la mujer estaba absolutamente prohibido predicar, administrar los sacramentos y vivir de manera itinerante, pero no le podrían prohibir tener visiones. Porque venían directamente del Espíritu y el divulgarlas pertenecía al patrimonio cultural. Por tal razón las visiones y profecías resultan el lenguaje más típico de la espiritualidad femenina.

Clara es parte de esta cultura; para ella las visiones son siempre un signo de Dios. En el testamento, el origen de su comunidad lo recuerda a partir de la profecía de Francisco (Test. C (9-14). La madre de Clara, antes del parto, escucha una voz salida del crucifijo (Ley. C 2; PROC. 6, 2). Sus hermanas dan testimonio de sus éxtasis y visiones (PROC. 3, 25; Ley. C. 31). Tomás de Celano no la incluye en la leyenda, porque parece bastante complicado para dejarla en una obra destinada a la edificación. Las hermanas la debieron escuchar de la misma Clara. El notario seguro que omitiendo repeticiones, pero conservando lo esencial, la escribe en latín, luego se pasa a conocer en Umbro-Toscano, pero siempre conservando su frescura; a través de ella penetremos en los secretos de la mente de Clara.

Análisis Histórico e Interpretación

Seguramente la tuvo Clara, luego de la muerte de Francisco; pues uno de los testigos llega a San Damián en 1228-29. A no ser que Clara la haya ocultado hasta después de muerto san Francisco. Pero los detalles con que es contada hace pensar que la haya tenido poco tiempo antes de su muerte.

Clara lleva agua a Francisco

Clara ha de tener fresco el recuerdo de la experiencia de enfermedad de Francisco y sobre todo la última, de la que pasó un tiempo en San Damián, (L. P. 42-45) tiempo en el que Clara con especial delicadeza debió cuidar de él. El agua caliente y el platón debían ser instrumentos comunes de estos cuidados; ella tenía que apresurarse pues el agua se enfriaba.

Francisco está en la cima de la escalera

Francisco no está enfermo; se encuentra en la cima de una alta escalera. Esta posición de Clara, respecto a la de Francisco, que está más alto, expresa la actitud interior de Clara hacia él; es ella la pequeña, la que está a sus pies para aprender.

Clara se amamanta del pecho de Francisco

Quizá lo más escandaloso es que Francisco la amamanta. En las visiones el lenguaje no distingue sexo. El tomar del seno de la madre, la experiencia más original de todo hombre, significa para el niño continuar siendo uno con ella, buscando poseerla y hacerla suya. Clara siempre se sintió en dependencia filial de Francisco.

Describe la dulzura de la leche

Ella nota la dulzura de la leche. En el medievo era costumbre amamantar a los niños hasta los 2 ó 3 años. Luego esta experiencia bien podría recordarla Clara.

El pezón de Francisco permanece en la boca de Clara

No sólo toma de la leche, sino que la redondez del seno y su pezón permanecen en su boca, como el niño muerde a la madre queriendo tomar algo más de ella. Clara no se contenta y quiere ser una sola cosa con él. El niño desea poseer el seno de la Madre porque es a toda la madre la que desea. Así Clara realiza el deseo de hacer suya toda la vida y pensamiento de Francisco y de ser una con él.

Ella lo toma entre sus manos y allí se mira

Clara toma entre sus manos el seno, el pezón que está en su boca y le parece fino y radiante como el oro; es una joya preciosa. Y ella que había renunciado a todos los bienes, aparece ella encontrando en la amistad, en el amor y testimonio de Francisco un tesoro mucho más precioso que toda su herencia. El seno se tornó espejo; allí ella se puede mirar. El deseo de Clara no era sólo poseerlo, sino la plena identificación, de ser una sola persona con Francisco. Ella se mira en Francisco, que ha aparecido en su vida. En él ella se ve a sí misma. Toda la descripción deja ver el gran amor entre Francisco y Clara. Nos hace conocer el sentimiento con que Clara ve a Francisco por casi 25 años después de su muerte, defendiendo arduamente el ideal primitivo.

Imágenes simbólicas usadas por Clara

Clara no fue a la escuela, recibió la educación noble y familiar impartida por la madre. Luego recibe consejo y orientación de Francisco y los predica desde que llega a San Damián. Sus escritos, sobre todo las cartas y la Regla son testimonio de su riqueza cultural.

El agua

Símbolo universal y fundamental de vida en toda cosmología.

Aparece en la Biblia como elemento purificador. Agua viva "es signo del Espíritu Santo". En la patrística es símbolo de iluminación y transparencia. En el medievo, en una cultura agrícola, es un elemento esencial. El que Clara lleve agua y toalla, evoca el lavatorio de los pies (Jn. 13, 2-5). Es un texto particularmente precioso en la tradición franciscana, signo de pobreza, humildad, pureza, elegidas por Francisco y Clara (Cf. PROC 10, 6; L M. 2, 6).

La escalera

La visión presenta la imagen clásica de la sabiduría o ascensión al cielo; es una imagen frecuente en mitos, leyendas y ritos de todos los tiempos y lugares. Se encuentra ya en la antigua literatura hebrea y en la Biblia. La mención principal es a la escalera de Jacob (Gn. 28, 12-13), a la que más tarde el mismo Jesús hace referencia (Jn. 1, 51). En el siglo III se usó mucho por los autores cristianos: escala cósmica, escala de perfección, escala de virtudes, de amor espiritual de mártires y contemplativos. En el siglo XII es muy acogida en las escuelas de espiritualidad constituyendo un auténtico género literario. Clara debió conocer la Regla de san Benito y por tanto la "escala de la humildad". Pero Clara tenía a su alcance más cercana la vida segunda de Francisco, donde Celano narra la visión de fray Pacífico, que entre los puestos destinados para los elegidos descubre que el más bello está vació y oye una voz que le dice que está reservado para el humilde Francisco. Visión tan acogida que Giotto la plasma en la basílica superior de Asís.

Estas ideas nos permiten tener mayor precisión en la comprensión de la visión. Francisco, que la precedió en la escala de la humildad, en la cima espera a Clara que con el símbolo del lavatorio de los pies (humildad y servicio) lo sigue. Y aunque es alta, Clara puede subirla ligeramente; su grado de perfección permite que no le cueste esfuerzo.

Seno materno

En la Regla de san Benito se cita el salmo 130: "No he tomado un camino de grandeza ni de prodigios... mantén mi alma en paz y en silencio, como un niño destetado en el regazo de su madre; como un niño destetado está mi alma en mí". En la Biblia se presenta el seno materno al hacer referencia a Jerusalén, "madre" del pueblo de Israel. "Alégrense con Jerusalén, llénense de gozo con ella... todos los que han llorado por ella; y ella, como una madre los hartará del seno de su consuelo hasta que queden satisfechos" (Is. 66, 10-11).

La visión continúa presentando a Francisco que la invita a continuar tomando de la leche que en boca de Clara tenía un sabor dulce y deleitable. Es un alimento espiritual, comparable con aquélla probada por el profeta Ezequiel, que al recibir el rollo de las lamentaciones del pueblo exclama: "Yo lo comí y fue en mi boca dulce como la miel" (Ez. 3, 3). En el relato de Clara no habla específicamente de leche, sino de "aquello que de allí salía". Quizás para darle un claro sentido espiritual de la visión.

En la mitología los héroes y dioses son amamantados por animales; la leche es considerada aliento paradisíaco, mediadora de la vida. En el A.T. la leche presenta la abundancia como característica de la tierra prometida. En el N.T. la leche es una bebida espiritual que representa la doctrina divina: "Como los niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que por ella crezcáis para la salvación..." (1 Ped. 2, 2). También la Patrística con Ireneo y Clemente de Alejandría presenta el tema de la leche como doctrina y como palabra de Dios. Clara tuvo referencias más cercanas a ellos respecto al amamantar espiritual. Era común el relato de la visión de san Bernardo, que mientras él oraba delante de la estatua de la Virgen, ella comprimió su seno haciendo caer gotas de leche en los labios del Santo.

Otras referencias las ha encontrado en la tradición franciscana. Francisco que llamaba la Navidad "fiesta de las fiestas", por ser el día en que Dios hecho niño había bebido de un seno humano (Cf. 2C 199). Después de su muerte fue considerado como protector de la maternidad y del amamantar, gracias al milagro obtenido por mediación de Francisco, por el que una madre puede amamantar a su hijo.

El espejo

Otra imagen significativa en su tiempo. La visión concluye con la palabra "espejo", palabra clave en la cultura y espiritualidad del medievo y con particular acogida en los círculos de religiosidad femenina a partir del siglo XII para indicar la unión mística. La originalidad de Clara está en que logra plasmar la experiencia de su respeto por Francisco, pasando así más allá del significado común del amor, utilizándolo como símbolo de su amor por Francisco. Amor que no debilita el que siente por Dios; pues para ella Dios es su más alto apoyo y sostén. Pero Francisco ha sido el medio concreto por el que ella conoce, ama y sigue a Dios; así lo dice en su testamento: "el era nuestra columna, única consolación y único sostén después de Dios" (Test. C 38).

Cuadernos Franciscanos, Chile, 1993, n° 104