ANTONIO HOMBRE EVANGÉLICO

La Carta de los Ministros Generales de las Familias Franciscanas a los hermanos y hermanas franciscanos a los fieles cristianos y a todos los Hombres de buena voluntad, en la celebración del octavo centenario del nacimiento de San Antonio de Padua. (1195-1995) ( Roma 1994), ha sido ya publicada en varias revistas y editada en un folletito que pueden encontrar en el Cipfe. Les ofrecemos un resumen con algunas de sus afirmaciones más significativas.

Continuo itinerario del Espíritu

Especialmente nos sorprende el hecho de que la vida de Antonio fue una peregrinación vertiginosa. De una infancia tranquila, a una vida monástica estudiosa y plácida, para llegar luego al franciscanismo, vivido como en una continua itinerancia en el caminar, pero también, y sobre todo, en una continuo itinerario del espíritu.
Antonio conoció la fascinación del martirio, la desilusión del fracaso, la soledad. y el anonimato, la fama inesperada e improvisa, la vida constantemente consumida por los otros, la satisfacción del estudio bíblico y el tumulto desgastante de la muchedumbre, la insaciada nostalgia de la contemplación, la experiencia de la Biblia como suma de la sabiduría, la alegría purificadora de la devoción, y por fin el aplacarse en el encuentro con su Señor: "Veo a mi Señor".
Su itinerario del espíritu posee todas las connotaciones esenciales franciscanas, aunque del franciscanismo asumió también la libertad de espíritu fuente de gran novedad. Antonio es un franciscano que mama su franciscanismo de la vida de los hermanos., El suyo es un franciscanismo fascinador porque el carisma de Francisco y su ideal lo encontró encarnando y enriquecido por la cotidiana convivencia fraterna.

La novedad franciscana

Antonio no pertenece al grupo de amigos, compañeros y colaboradores de Francisco. A pesar de lo cual Antonio vivió el franciscanismo de los orígenes con una plena fidelidad y con acatamiento absoluto.
De Francisco supo recoger la substancia de la vida, lo cual fue plenamente reconocido por la espi-ritualidad y la sensibilidad franciscanas.
Antonio vivió y fue expresión del franciscanismo de los orígenes sobre todo porque, a través de la mediación franciscana, expresaba la imitación radical de Cristo pobre y humilde. Antonio supo recoger del movimiento nacido de Francisco su esencialidad cristólogica más que los condicionamientos y las acentuaciones que fueron impuestas por la influencia franciscana en la iglesia y en la sociedad, por las necesidades internas del movimiento franciscano en evolución, por el culto y la piedad popular y por las inevitables tensiones internas.
Antonio se presenta en el franciscanismo de los orígenes como la encarnación de un ideal que todavía está en plena evolución, muy libre en las formas, aunque si inflexible en la expresión y en la defensa de lo esencial.

Tradición

Del espíritu franciscano de los orígenes Antonio tuvo: el espíritu de itinerancia, de provisionalidad; el sentido de la sacralidad de la palabra de Dios, la enseñanza de Cristo compasivo y misericordioso, humilde y crucificado; el espíritu de un cristocentrismo.

Originalidad

Pero Antonio también tuvo la tendencia a lo nuevo, característica del espíritu franciscano, así como la preocupación por encarnarlo en las distintas situaciones de la vida, que exigían respuestas nuevas y adecuadas. En un mundo que iba conociendo nuevas riquezas y nuevas pobrezas, el mensaje franciscano buscaba nuevos caminos.
Con Antonio el franciscanismo se abrió a nuevos caminos, a nuevas experiencias espirituales.

Amor a la Iglesia

Para Antonio, el amor a la Iglesia fue pasión y sufrimiento, juicio y opción por una actitud filial que renacía con más fuerza cada día, a pesar de la experiencia de una realidad eclesial que lo estremecía. Antonio habla de su Iglesia con la pasión, la libertad y la esperanza del profeta.
El clero calla y se enriquece, se mancha con la simonía y el concubinato, prefiere los vestidos lujosos a las virtudes, el poder al servicio. Hay 'falsos religiosos' saciados de alabanzas humanas, divididos entre ellos, pobres en frutos espirituales: 'Altercados en los capítulos, abandono del coro, murmuraciones en el convento, abundancia en el refectorio, comodidad en el lecho". Los fieles están enfermos de lujuria, avaricia, usura, violencia, abuso de poder.
Y, sin embargo, la Iglesia sigue siendo la "tierra buena" donde cae la Palabra de Dios y produce más o menos fruto, en una gradación que adolece de los esquemas eclesiológicos de la época.

Respuesta a las nuevas preguntas

Antonio enriquece el franciscanismo ante el estímulo de las nuevas preguntas que plantea una sociedad en efervescencia.
Sabemos cuán desgarradoras eran las situaciones religiosas, sociales, políticas y culturales de su tiempo.
De la contemplación a la acción
Tal vez pueda afirmarse que en la tradición franciscana la contemplación no es un medio para llegar a una fuente, ni siquiera un hábito interior: es un modo de ser. La verdad divina sólo puede comprenderse y anunciarse gracias a la plenitud de la inspiración interior".
La contemplación antoniana es distinta de la contemplación que procura adquirir material para la evangelización (comunicar a los otros lo que se ha contemplado). Para Antonio, la contemplación consiste en una adhesión a Dios que desnuda al evangelizador y lo purifica de tal manera que la palabra de Dios pasa a través de él sin contaminarse y puede, así, llegar en toda su pureza e integridad al corazón de los hombres.

Evangelizar a los pobres

El franciscanismo radical de Antonio se manifiesta en su opción por la minoridad, que lo acercaba al pueblo; en su elección de una predicación popular fundamentada en un estudio profundo de la teología; en su valoración del pueblo como lugar privilegiado de la salvación; en su entrega y atención al pueblo, que prefiere las obras a las palabras, el testimonio a las explicaciones.
Antonio nos invita a leer la religiosidad popular como una experiencia religiosa que necesita ser purificada a la luz de la religiosidad pura; y, al mismo tiempo, nos invita a reexaminar la experiencia religiosa pura a la luz de la religiosidad popular.
Siguiendo a Antonio, también podemos preguntarnos si nuestra piedad no debe ser más popular, a fin de expresar mejor nuestra mi-noridad, que no se limita, ni mucho menos, a la atención a los últimos.
Antonio, fermento de caridad a los pobres
La predicación de san Antonio se caracteriza, desde el punto de vista franciscano, por su compromiso popular, por su atención preferencial a la gente sencilla, a los "minores", a los pobres. Antonio, aun siendo un docto teólogo, se siente enviado a llevar, en pos de Cristo, la Buena Noticia a los pobres, anunciándoles el Evangelio como mensaje de liberación y de promoción humanas.
Baste recordar, a este respecto, su severa y vigorosa predicación contra la usura, contra el egoísmo de los ricos, contra la violencia del poder político, la explotación de los trabajadores, la opresión de los pobres.
Estilo del anuncio evangélico de san Antonio
San Antonio mismo expresa su dedicación a la evangelización de los pobres, diciendo: 'Solo los pobres, es decir los humildes, son evangelizados". Y prosigue, casi como con un grito de sufrimiento y de esperanza: "Hoy en día los pobres, los sencillos, los iletrados, la gente del pueblo, las viejecitas, tienen sed de la palabra de vida, del agua de la sabiduría de la salvación... Sólo los pobres son evangelizados... Los verdaderos pobres no se escandalizan, porque sólo ellos son evangelizados, es decir, alimentados con la palabra del Evangelio, pues ellos son el pueblo del Señor y las ovejas de su rebaño".
Como Antonio debemos acercamos a la palabra de Dios no por curiosidad científica, ni por orgullo intelectual o por instinto de dominio cultural, sino, sobre todo y primeramente, para acogerla como manantial de meditación fecunda, como llamada a la conversión diaria, como punto de referencia constante de la predicación, como estímulo de vida evangélica, en comunión fraterna con el hombre y la naturaleza.

Roma: 13 de junio de 1994 Fiesta de San Antonio de Padua