Ordenaciones de Albacina

En realidad no son Constituciones sino Ordenaciones o Estatutos. En Albacina fue celebrado el primer Capítulo de la reforma capuchina, en abril de 1529.

El texto actual, escrito en vulgar del 1500 nos ha sido transmitido por Matías Bellintani de Salò en la 'Historia capuccina” y de modo independiente por el cronista Paolo Vitelleschi de Foligno.

No reflejan un franciscanismo inédito y original sino que translucen la experiencia de los movimientos de reforma de inicios del siglo XVI. De hecho están emparentados con los estatutos que el general de los observantes, Francisco Quiñones, había dado a las provincia de España (1523) y de Italia (1526).

Su artículos no están dispuestos en un orden lógico. Encontramos cuatro ideas fundamentales:

1. Pobreza y austeridad,

  2.-oración,

3.- disciplina regular,

4.- Retiro y silencio.

La fraternidad no es una idea fuerza del texto.

Las ordenaciones se legitiman en base a los ejemplos y admoniciones de san Francisco, del Testamento y de la Regla, de la cual se recomienda una estricta observancia.

Muchas prescripciones tienen el objeto de evitar usos y abusos en los cuales había incurrido los observantes.

Al revés de lo que sucedía en otras reformas franciscanas, las constituciones de Albacina prevén un compromiso activo en el apostolado, pero, inexplicablemente, dado la postura del Fossombrone, no se hace mención de la necesidad del trabajo manual como medio de sustento.

 

Prólogo

Las constituciones que hicieron en Albacina se encuentran bajo el nombre de Fray Ludovico de Fossombrone, dado que él gobernó largo tiempo la congregación capuchina, y es factible que él mismo haya añadido alguna cosas, conforme a eventuales necesidades del tiempo.

Son las siguientes.

En primer lugar tratamos acerca de las cosas divinas y espirituales. Ruego y exhorto a todos nuestros hermanos de esta nuestra confraternidad, y en especial a los superiores, que ocupan el lugar del Señor, que colaboren en mantener y tutelar la armonía y el orden del Señor. Si todas las cosas, inclusive las irracionales, viven y observan el orden que el Señor les ha dado, cuanto mas tienen que hacerlo las creaturas racionales, y en especial aquellos que están dedicados y llamados a asistir y estar delante del Señor a su servicio, para ser espejo y luz del mundo e intermediarios en la tarea de llevar todo hacia el que es nuestro fin, Dios bendito, con exactitud, buena intención, y leyes espirituales y santas.

Estas leyes se promulgan con el fin de que todos los hermanos, sin excepción, se dediquen a esta tarea. No quiero, sin embargo, instituir una nueva Regla, ni establecer un nuevo modo de vivir, y ni siquiera quiero obligar a ninguno de los hermanos bajo pecado mortal a no contravenir la disposiciones que siguen a continuación. Pero exhorto, besándoles los pies, primero a los superiores, después a todos los demás hermanos, que quieran observar las ordenaciones infrascritas pura y simplemente, sin glosa, hasta que el Señor se dignare establecer otras leyes por intermedio de otro de sus siervos más esclarecido que yo.

A pesar de que ordeno las disposiciones presentes, entiendo siempre remitirlas, éstas y todas las demás cosas a otros mas inteligentes y de mejor juicio que yo. De todos modos, por el momento, me parece conveniente dejar escritas estas pocas constituciones.

Liturgia y contemplación

En primer lugar hablemos del oficio divino. Exhorto y ordeno que el oficio divino se recite devotamente, con las pausas debidas, sin colas ni saltos o voces femeninas. Maitines se dirá ordinariamente a media noche, según la costumbre de la religión. Las demás horas canónicas se recitarán a las horas oportunas, con excepción de tercia y sexta, que se dirán siguiendo la costumbre.

También ordenamos que no se añada en el coro otro oficio que no sea el obligatorio, con excepción del de nuestra Señora. Si a algunos de los hermanos le agradase y le diese más devoción recitar los siete salmos, o el oficio de los muertos, la Benedicta, u otras oraciones vocales se contentará con decirlas en privado, o con otro compañero fuera del coro, en tiempo en que no se recita el oficio en el coro. Lo harán de modo que no molesten a otro hermano que estuviere en la iglesia o en coro ejercitándose en oración secreta o mental. Se ordena que los hermanos digan en común devotamente y con las debidas pausas solamente el oficio obligatorio, mandado por la Regla. De esta manera los hermanos tendrán más tiempo para ejercitarse en oraciones secretas y mentales, mucho más fructuosas que las vocales.

Retiro

Ordenamos que la semana santa los hermanos digan maitines y celebren las tinieblas la noche y no por la tarde en las tierras y ciudades donde pueden los seglares asistir al oficio de las tinieblas en otros lugares. Esta era la costumbre en los tiempos de los primitivos espíritus angélicos.

También ordenamos que no se asista a los oficios de los muertos, ni a velatorios, con excepción de casos de gran necesidad. Tampoco se participe de procesiones. Exceptúase la del Corpus Domini y de Rogaciones, cuando se viese que el no asistir serviría de escándalo. Lo mismo se diga de otra procesión que se hace en ocasión de alguna necesidad: siempre que se puede eludir la asistencia sin provocar escándalo los hermanos procuren rehuirlas, de modo que permanezcamos en nuestro sosiego.

Comunión fraterna y pobreza

Ordenamos que, según el uso de la Orden, habitualmente se diga solamente una misa en la iglesia. Ordenamos que los hermanos sacerdotes no sean obligados por los prelados a celebrar la misa si éstos se contentaren con participar solamente de esa misa común, de acuerdo a la exhortación que hizo S. Francisco besándonos los pies. Han de celebrar cuando estén motivados por su propia devoción y en caso de solemnidad o necesidad.

En esta materia los prelados procuren diligentemente no dar satisfacción a seglares y no recibir misas gregorianas, ni otra clase de misas, de modo que por tal causa los sacerdotes se vean constreñidos a decir misa por necesidad.

Guárdense absolutamente los prelados, movidos por ambición y con el pretexto de decir misas y oficios, de atraer el pueblo a los eremitorios y lugares donde viven con la finalidad de que el pueblo traiga limosna y otros bienes.

Queremos y ordenamos que no se reciban misas por ningún motivo. Si alguno dijere: 'Hermanos, dígannos una misa o más", se le deberá responder devota y discretamente: Nosotros rezaremos por vosotros en nuestras misas. Se podrá entonces recitar una colecta especial en satisfacción de dicha persona. De ningún modo se podrá pedir ningún tipo de limosnas por misas o por oraciones. Si los que solicitan oraciones hicieren donaciones de pan o vino, u otras cosas en orden a la alimentación, podrán ser recibidas como limosnas. Las oraciones se harán siempre por simple caridad y por amor de Dios.

Austeridad discreta

Ordenamos también que la disciplina se haga después de maitines, con excepción de lugares muy fríos, donde en invierno se podrá hacer por la tarde.

Oración, silencio, hospitalidad

También ordenamos que la oración de haga en los tiempos ordenados por la Orden. Si alguno se encontrase mal dispuesto para la oración a la hora marcada, no deje de hacer una hora de oración en otro momento del día.

Establecemos dos tiempos diarios para hacer oración secreta, no pública ni con sonido de campanas: uno después de vísperas otro antes de tercia. Pero si alguien estuviere ocupado en alguna tarea impuesta por sus superiores no se excusa de la obediencia. Por el contrario, obedezcan con simplicidad.

Hemos de notar que esta obligación es muy apreciada en la religión y, establecida para mantener un buen orden, y un ritmo normal, útil para que los muchos hermanos tibios y perezosos no descuiden esta hora de oración personal.

Los hermanos devotos y fervientes no se contentarán con una o tres horas, sino que gastarán todo el tiempo del día en orar, meditar o contemplar. Y como verdaderos contemplativos, adoren al Padre en espíritu y verdad. A este menester exhorto a los hermanos, porque para este fin se han hecho religiosos.

Ordenamos también que el silencio sea observado siempre inalterado desde la primera señal de completas hasta acabada la celebración de la misa conventual y ordinaria. Desde Pascua hasta mediados de agosto se haga la señal del silencio después de lavada la vajilla y se guarde hasta la señal de vísperas.

Si algún hermano quebrantase el silencio, dirá la culpa y hará la disciplina en presencia de los hermanos.

Ordenamos que siempre y no solo en tiempo de silencio, los prelados tengan diligente celo de moderar la llegada de seglares o religiosos a los eremitorios donde habitamos. El portero, elegido entre los mas discretos, devotos y de buen ejemplo de entre los hermanos, líame al guardián, o algún otro que haya sido designado por él, para atender, hablar y acompañar a los forasteros. Los demás, a quienes no ha sido impuesto este cuidado, se abstengan de hablar con las personas que vienen a nuestros lugares sin tener gran necesidad.

Alimentar cuerpo y espíritu

También ordenamos y queremos que los guardianes tengan solicito cuidado de hacer siempre leer algunos libros espirituales y devotos. Tal es la costumbre de la Orden, y esta registrado en la decretal: Quod in mensa religiosorum habeatur lectio.

No se admitan seglares a comer con los hermanos, excepto por gran necesidad. En ese caso no se cubra la mesa con manteles, sino que se ponga una servilleta pobre. como la que usan los hermanos

También ordenamos que a la mesa se ponga solamente un plato de guisado, o sopa. Cuando se hace ayuno se servirá una ensalada cocida o cruda. Los hermanos pueden comer pescado u otra cosa cuando lo reciban de regalo. El cocinero no prepare nunca para llevar a la mesa mas de dos especies distintas de comida.

Los prelados no pueden obligar comer de la comida coman a los hermanos que no quieran comer come ni beber vino. Apoyo a los que en verdad con capaces de abstenerse. Los prelados examinen si alguno no puede gobernarse, ni tener discreción, y sepa detectar síntomas de posibles enfermedades causadas por la abstinencia. Los prelados exhorten a este tipo de conducta discreta, timorata y devotamente, en la medida que lo exijan la necesidad y la discreción. Exhorten también a los hermanos en el Señor que sean mesurados y no de dura cerviz. El vino que se ponga a la mesa esté bien diluido.

Teniendo en cuenta lo antedicho, no se impida a los hermanos que quieran ayunar y hacer alguna cuaresma. Si fuese preciso le será concedido un solo plato de comida.

Pobreza en todas las cosas

Los utensilios sean pocos y despreciables, de modo que en todas las cosas que están a nuestro uso resplandezca la escasez, la pobreza y la austeridad.

Ordenamos que, como limosna ordinaria, no se vaya en busca de carne, ni huevos ni queso; cuando se vaya en busca de limosna se podrá aceptar estas cosas si alguna persona inspirada por el Señor lo ofreciere espontáneamente, bien entendido que siempre y en todo se observe y brille el estado de la santa pobreza.

Si fueren hechas este tipo de donaciones a los lugares donde nosotros habitamos, los superiores y demás hermanos no se dejen vencer por la poca fe o por la avaricia o la ambición. No acepten donaciones de cosas que ya tuvieren en el lugar, considerando nuestro estado y la pobreza altísima que hemos prometido: quae nos, carissimos fratres meos, haeredes et reges regni coeloram instituit; pauperes retas fecit, virtutibus sublimavit. Haec sit portio vestra, quae perducit in terra viventium Rb 6. Como criterio de aceptación se repare que la cualidad y cantidad sea conforme a nuestra Regla.

También ordenamos que los superiores no busquen hacer grandes provisiones al procurar limosnas: en casa solamente se ha de tener lo suficiente para el día o para dos o tres días, o al máximo para una semana, según las exigencias y lejanía de los lugares. Siempre, en cuando es posible, hemos de conservar nuestro pobre estado en el corazón y en las obras que hacemos.

También ordenamos que ni los prelados, ni los hermanos, se abrevan a conservar en los lugares toneles de vino, ni damajuanas, ni barriles: Solamente tengan algunas botellas o botellones, tanto cuanto sea necesario a la pobre exigencia de los hermanos.

Austeridad en el vestir

También ordenamos que se le conceda licencia a los hermanos que quisieren llevar solamente un hábito, dado que se lo permite la Regla. A aquel que el hábito no es suficiente, tenga también una túnica pobre y corta que pase cuatro dedos de las rodillas. Se conceda una capa a los hermanos que padecen mucho el frío, y que hubiesen experimentado no poder resistir solo con un hábito y una túnica, como es el caso de los hermanos ancianos y de los débiles de espíritu. Esta capa, extendiendo lo brazos, cubrirá la extremidad de las manos: que exceda y equivalga a dicha extremidad, o un poco más, de modo que la cubra y no más. Y las cuerdas sean gruesas y despreciables, y con un nudo simple, no hechas a propósito.

También ordenamos que solo se haga provisión de paños de acuerdo a la necesidad presente, teniendo siempre esperanza en el Señor y fe.

Los superiores y los hermanos cuiden que la anchura de los hábitos nos sea de mas de once palmos comunes, o a lo más corpulentos doce, y la túnica siete palmos. Procuren que las mangas sean  derechas y pobrecitas, de modo que el brazo pueda entrar y salir libremente.

Calzado al estilo apostólico

Quien lo haya probado y haya visto que no puede resistirlo no deberá andar descalzo. Lleven sandalias al estilo de los apóstoles y de nuestros antiguos padres, lo más pobremente que sea posible, como lo exige nuestro estado y no se lleven zuecos.

La gracia de la predicación

También ordenamos que los predicadores que deben predicar la palabra del Señor, cuando van de viaje y de lugar en lugar, no lleven consigo más de tres libros que sean necesarios para su oficio.

Se ordena también a los prelados que no dejen estar ociosos a los predicadores a los cuales el Señor les concediera tal gracia. Que los hagan trabajar la viña del Señor predicando no solamente la cuaresma, sino durante el año, tanto en las fiestas ocasionales como en otros días oportunos. Quienes fueren encargados de ese oficio serán de tal cualidad, que su primera predicación sea su vida buena y su buen ejemplo; en el hablar no busquen ser curiosos y elegantes, ni recurran a especulaciones sutiles, al contrario, prediquen el evangelio del Señor pura y simplemente. Los demás sacerdotes y clérigos que no saben predicar podrán tener a su uso un librito espiritual, escrito a mano o en imprenta, y el breviario y nada mas.

Usar sin poseer

Ordenamos también que ningún hermano tome, sin licencia del superior, o de aquel que las esté usando, cosas que habían sido concedidas a uso de algún otro hermano; quien contraviniera esta orden coma una vez pan y agua y diga la culpa en presencia de los hermanos; el padre guardián le haga una buena corrección, de modo que no repita su acción. Cada uno haga alguna señal a todo lo que se le ha concedido en uso.

Simplicidad sin curiosidad

Ordenamos también que todos los hermanos se vistan de paños viles, como dice la Regla. Usaran las telas mas viles, las más abyectas, despreciadas, y mortificadas de color que puedan encontrar en los respectivos países.

También ordenamos que no lleven bastón, alforja o sombrero, sino solamente dos pares de calzoncillos, y, quien tuviere necesidad, dos pobres camisetas. Los breviarios y los demás libros no sean curiosos ni tengan ilustraciones refinadas, ni adornos rebuscados, ni otras cositas que son más bien femeninas que propias de un religioso; los rosarios sean viles y despreciables.

Estudio y devoción

Nadie presuma dedicarse al estudio, a no ser a leer alguna lección de las Sagradas Escrituras u otro librito devoto y espiritual, que induzcan al amor de Cristo y a abrazar su Cruz.

Trabajo pastoral y retiro

También se ordena que los confesores no tengan menos de 40 años y que sean de buena vida, discretos, de buen ejemplo y bastante bien instruidos. Que el confesar no se convierta en costumbre. Se confesará solo en algunos casos urgentes y ocasionales y sumamente necesarios, y esto a juicio de los prelados, quia omnis regula patitur exceptionem.

También ordenamos que, sin licencia del Capitulo General, de ningún modo se asuma la dirección de monasterios de monjas.

Sin nada poseer

Los libros estarán todos en lugar común, excepto los que han sido concedidos por devoción a algún hermano para su uso. Cuando alguien se lo pidiese prestado, lo entregará con licencia del prelado. De lo contrario se convertirá en propietario. Y lo mismo se diga de otra pequeñeces.

Ordenamos que, sin licencia de sus superiores, ningún hermano regale nada, ni dentro ni fuera de la Orden.

No escriban cartas sin licencia de sus superiores, ni por si ni por otros, ni las manden ni reciban.

Vocaciones y formación

Si alguien quisiere abrazar nuestra vida y entrar en la Orden, sea tenido durante 15 días en el lugar. Luego los hermanos observarán escrupulosamente aquél pasaje de la Regla: quod vadant et vendant omnia sua et ea studeant pauperibus erogare.... postea concedant eis pannos probationis. De modo que antes de vestir el hábito deberán dar sus bienes a los pobres.

No sea recibido nadie que no haya cumplido 15 años, pero si tiene apariencia pueril no sea recibido. Los prelados tengan mucho cuidado en este punto y no los reciban de ninguna manera.

Los novicios clerigos aprenderán la Regla de memoria en el tiempo del noviciado y sus maestros sean solícitos en esta materia.

Los prelados le proporcionarán, durante cuatro años, un maestro a los clérigos y laicos jóvenes. En este lapso serán instruidos en la vida perfecta del espíritu.

Ningún profeso se atreviera o presumirá entrar en la celda de los clérigos sin licencia de sus maestros o guardián. Ningún clérigo se atreva a entrar en la celda de ningún otro hermano sin licencia de su maestro o guardián. Quien lo hiciere comerá un día pan y agua, diciendo su culpa delante de los hermanos.

Pobreza y austeridad

No se haga siguiera mención de procuradores y de síndicos, y en esta materia no se hagan excepciones. No tengamos otro procurador y otro sindico que Cristo bendito y nuestra procuradora y protectora sea nuestra Señora Madre de Dios, y nuestro sustituto sea nuestro padre san Francisco. Somos intransigentes en la prohibición de quedar bajo la protección o cuidado de extraños.

Tampoco se tendrán animales, ni mulos, ni caballos, ni asnos para los lugares, y los prelados viajen a pie. Si algunos fuere débil y tuviere necesidad de cabalgar, vaya en un pollino, porque así anduvo Cristo, nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco cuando estuvo en extrema necesidad. Ya la Regla lo estableció para los casos muy necesarios.

Los hermanos no tengan navajas, excepto alguna para alguna necesidad ocurrente, y para sacar sangre a los enfermos. Cada 20 días se hagan la tonsura usando las tijeras.

Procuren los hermanos que al recibir lugares o tomar algún eremitorio, solamente acepten lo que consideren conveniente a nuestro pobre estado de vida.

Los hermanos se guardaran de llevar birretes o sombreros.

Los casos que son reservados en la familia (es decir los observantes) serán también reservados a sus superiores y ninguno podrá absolverlos.

Bajo ningún concepto se coma carne los miércoles.

Ordenamos que ningún hermano tenga llave o candado en su celda ni en ningún otro lugar, y las celdas permanezcan abiertas y sin llave.

Vida eremítica

Se ordena que en todos los lugares donde sea posible, se haga una celdilla o dos, apartadas del lugar, retiradas. Si alguno recibiese la gracia del Señor de vivir en silencio y anacoréticamente, y es juzgado idóneo por los superiores, tendrá así la comodidad necesario con toda la caridad. Exhorto a los superiores y prelados, que no nieguen esta caridad a aquellos que encontraren aptos. Se le garantizara silencio al hermano que viva retirado y nadie lo disturbara, y no sea obligado a hablar, excepto con su padre espiritual, ni nadie le hable sin licencia de su superior. Su pobre alimento le será llevado hasta la celdilla en silencio y sin estrépito, de modo que se mantenga siempre unido con su amoroso Jesucristo, esposo de su alma.

Superiores para servir

Si se comportan bien y conservan la vida regular, los superiores vicarios y guardianes podrán ser reelegidos y confirmados en su oficio.

Ordenamos que los discretos y los vocales que han elegido los superiores mayores, pueden destituir y nombrar a otros superiores, tanto mayores como menores, o sea vicarios y guardianes, si estos no se comportaren bien y su actitud resultare peligrosa y destructora de la confraternidad. Si los guardianes no se comportan bien, los vicarios, con el consejo de los definidores del capitulo, pueden deponerlos y nombrar a otros.

La confirmación del vicario (general) sea hecha de tres en tres años; la de los provinciales y guardianes cada año. En las elecciones procuren actuar siempre con pureza y simplicidad, buscando el honor y gloria del Señor y la conservación de la vida regular, sin ninguna ambición, intriga o camarilla. Quien hiciere tales cosas, creo que será maldito del Dios eterno y del padre san Francisco.

Casas pequeñas y pobres

No se reciban lugares sin autorización del capitulo, a no ser que alguien tuviese especial autoridad y licencia del vicario general.

Los lugares que se acepten estarán todos fuera de la ciudad, a una milla de distancia, poco más o menos. Los lugares que se han de asumir y fabricar permanecerán siempre bajo el dominio de su dueños o de la ciudad. Sean siempre aceptados con esa condición, de modo que cada vez que se encuentre impedimento a nuestra vida, los hermanos puedan partir libremente. Cuando a los dueños no les agrade más que los hermanos habiten en dicho lugar, sin ninguna contradicción se avendrán a partir e ir a otro lugar a hacer penitencia con la bendición del Señor, allí donde serán mandados de sus superiores.

Los lugares que han de fabricar, se edifiquen lo más humildemente posible, de mimbre y barro, y la iglesia, siempre pequeña, de piedra y tierra. Esto siempre y cuando se encuentren mimbre y barro, y buena tierra para edificar. Las celdas tengan la apariencia y sean pequeñas y pobres, de manera que se parezcan mas a los sepulcros que a las celdas. Las celdas serán humildes y bajas.

Los hermanos no posean ni tengan en la celda figuras rebuscadas, sino solo alguna cosa pobrecita, por ejemplo, un crucifijo, o una simple figura, o simple crucecita con los misterios de la pasión, como lanza, esponja, clavos.

Ordenamos que cuando nos sean ofrecidos los lugares ya edificados no se acepten de ningún modo a no ser que sean pequeñitos y pobrecitos, tanto en la iglesia como en las habitaciones, según lo expresado mas arriba, y tal como es la voluntad de nuestra padre san Francisco, que dice: quod fatres habeant ecclesias et abitacula paupercula, et quae pro ipsis construantur omnino non recipiant nisi fuerint secundum sanctam paupertatem, quam in Regula firmiter promisimus, ibi hospitantes sicut peregrini et advenae (Test 28‑29). Para aceptar estos lugares, se pida consejo a los buenos hermanos espirituales, devotos y fervorosos.

Austeridad discreta

Los hermanos que no son débiles, usen lechos de tabla, o bien esteras de paja o cañas, sin colchones, con un cojín o almohada de paja quien lo quisiere.

Evitar las distracciones

Se advierta con diligencia que no se dejen fácilmente entrar mujeres en los lugares o eremitorios donde habitamos. Si se puede hacer cortésmente que nunca entre mujer alguna, porque solamente huyendo se derrotan el mundo y la mujer.

Ordenamos que no se reciban muertos para sepultar, a no ser algún pobrecito que lleven hasta el lugar, a condición de que los hermanos no vayan a buscarlo y que nadie más hubiere querido darle sepultura porque era pobre y no podía pagar. Podremos sepultar a estos tales cuando serán llevados a los lugares o eremitorios donde estamos, quia est opus pietatis et misericordiae. Por tal acción no reciban paga alguno y oren por caridad y por amor de Dios por su alma.

Los hermanos no presuman tomar alguna refacción fuera de la mesa y del lugar ordenado. Se guardarán, porque es inconveniente e irregular, de andar tomando cosas por el huerto, ni de comer frutas, ni cosa alguna sin licencia y bendición de sus superiores.

Y cuando salen fuera del lugar, y esto lo observaran siempre, si se ven en la necesidad de tomar refacción, pueden tomarla, con licencia y bendición del hermano más antiguo. Y cuando llegaren a otros monasterios o lugares, no tomen nada sin licencia y bendición del superior de dicho lugar.

Se ordena, como actitud congrua y religiosa, que cuando los hermanos se encuentren en necesidad de hablar en tiempo de silencio o en cualquier hora del día, hablen siempre en voz baja y con cortesía y humildad y reverencia mutua, no usando en momento alguno de soberbia o superioridad: así conviene a los devotos y humildes siervos del Crucificado.

Obediencia

Ordenamos, bajo pena de excomunión privación de oficio, que ningún hermano miembro de nuestra confraternidad, sea recibido de una provincia en otra sin la obediencia del vicario general.

Ninguno de nuestros hermanos viaje sin la obediencia, cuando camina de lugar en lugar o de provincia en provincia. Viaje siempre con el compañero, si cómodamente se pudiere hacer.

Pequeñas fraternidades

En los eremitorios el número de los hermanos no pase de siete u ocho, a no ser que vivan en una ciudad grande, donde cómodamente puedan vivir más o menos diez o doce hermanos. En las demás regiones o ciudades comunes, quiero que no se pase el número de ocho hermanos. Porque de ese modo, más cómoda y fácilmente, se puede observar nuestra Regla y pobreza. Tal fue la voluntad de nuestro padre, del cual se lee en las crónicas de la Orden que su voluntad era que hubiese pocos hermanos en cada lugar.

Fidelidad a la norma de vida

También ordenamos, para que las presentes constituciones sean mejor observadas, que los prelados la hagan leer una vez por semana. Si en esto fueren negligentes, serán castigados según el parecer de sus vicarios. Amonestados tres veces por sus superiores, si no se enmendaren, serán depuestos de sus oficios.

Si los superiores mayores fueren negligentes en hacer observar las antedichas constituciones que mandan imponer penitencia a los imperfectos, penitencia que dejo a su arbitrio. Una vez amonestados, si no se enmendaren, serán depuestos de su oficio.

Exigencias de simplicidad

En la iglesia no tengan mas de dos ornamentos, o al máximo tres, uno festivo y dos feriales, sin terciopelo, seda u oro o alguna otra curiosidad. Salvo en algunos lugares donde encuentren los ornamentos ya hechos, en especial las puntillas y las cruces, tanto de planetas como de albas y casullas.

Los manteles y casullas sean limpios, simples y de paño. En los lugares no habrá mas de dos cálices. En lo posible sean de peltre En los lugares donde vivimos se excluya toda curiosidad y superfluidad y preciosidad de otro, plata, seda y terciopelo, y reluzca en ellos toda pobreza y austeridad. Pensemos que el Señor no mira a las manos y a los vasos, sino a nuestros corazones. Que han de ser puros y limpios de toda suciedad, y llenos de afectos y deseos de pobreza, la cual, según dice nuestro padre san Francisco, heredes et reges nos regni coelorum instituit, pauperes retus fecit, virtutibus sublimavit; haec sit portio vestra, fratres carissimi, si vere divites esse cupimos et beati (Rb 6, 5~)

Ordenamos que los hábitos viejos de los lugares, se pongan en comunidad y se escoja un encargado que tenga diligente cuidado de remendarlos y lavarlos. De ese modo tendrá otro para cambiarse cuando algún hermano quisiera lavar su hábito. El encargado sea solicito y no se olvide del hábito que había prestado, no sea que lo deje usar dos o tres meses y luego se lo devuelvan sucio y roto, como suele suceder entre los hermanos. Se ordena que quien tome hábitos prestados, se apresure en lavar y remendar el suyo, de modo que no tenga que usar el hábito de la comunidad por más de tres o cuatro días.

Seguir a Cristo Crucificado

Si a algunos de los hermanos le pareciere difícil algunas de las cosas antedichas, acuérdense de nuestro Señor Jesús Cristo, que apareció y nació en el mundo pobre y humilde, y toda su vida ha sido para nosotros espejo y ejemplo de humildad y pobreza. Esto lo enseñó y mostró a nuestro Padre san Francisco y lo ha enseñado a todos sus siervos. Dio a entender que el principio, el medio y el fin de nuestra conversión era solamente el acompañarlo hasta la santa cruz. Quien ha transcurrido y leído la vida de sus santos y sus dichos lo podrá comprender. Así se dice de San Martín que estando cerca de morir, dijo a sus discípulos que lo exhortaban "ut saltem villa sibi sineret stramenta supponi: « Non decet—inquit—flii, christianum nisi in cinere et cilicio morí; ego si vobis aliad exemplum relinquo, ipse peco". ¿Qué leemos del glorioso Jeronimo? ¿Acaso no dice él de sí mismo: "quod nuda homo vix ossa haerentia collidebat et quad de cibis et potu tacet, cum etiam languentes monachi agua frígida uterentur? Et coctam aliquod accepisse luxurise esset?"

De modo que, queridísimos hermanos, sigamos las doctrinas ejemplos y costumbres intachables de los verdaderos santos. Dejemos de lado la fantasía y dichos de los hombres, especialmente de aquellos que son contrarios a la penitencia y cruz de Cristo. A esto os exhorto y confío que seáis fieles.

Valete in Domino semper y recordaos de mí, hermanos queridísimos, en vuestras oraciones.

Expliciunt ordinationes fratrum minorum vitae heremiticae, per reverendum patrem fratrem Ludovicum Forosemproniensem generalem vicarium ordinatae.