CAPÍTULO PRIMERO

Doctrina y vida de Jesucristo

En primer lugar, acerca del primer capítulo de la Regla que es la doctrina evangélica, toda pura, celeste, en grado sumo perfecta y divina, y traída a nosotros desde el cielo por el dulcísimo Hijo de Dios y por él mismo promulgada y enseñada con obras y palabras; aprobada y autentificada en el río Jordán y en el Monte Tabor por su eterno Padre cuando dijo: “Este es mi Hijo querido, en el cual me he complacido, escuchadlo". Solamente esta palabra nos enseña y muestra el camino derecho para llegar hasta Dios, por lo cual todos los hombres están obligados a su observancia y en especial los cristianos que lo han prometido en el sagrado bautismo. Tanto mas obligados estamos nosotros los hermanos. San Francisco en el principio y fin de su Regia hace expresa mención de la observancia del Santo Evangelio, y la Regla no es más que el meollo del Evangelio. Por lo cual dicho en su testamento haberle sido revelado que debía vivir según la forma del santo Evangelio

Por lo cual los hermanos tengamos siempre delante de los ojos de la mente la doctrina y vida de nuestro Salvador Cristo Jesús, y a ejemplo de la virgen santa Cecilia, lleven siempre en seno de su corazón, el santa Evangelio, se ordena que, por reverencia de la altísima Trinidad, se lean en todos los lugares, tres veces al año, los cuatro evangelistas. esto es. un mes cada uno.

La Regla, espejo del Evangelio

Porque la Regla de san Francisco es como un pequeño espejo en el cual se refleja la perfección evangelice, se ordena que sea leído todos los viernes en cada lugar, en voz alta y con la debida reverencia y devoción de modo que impreso en nuestras mentes pueda ser mejor observado. Los hermanos lean también alguna otra lectura devotísima que los anime en el seguimiento de Cristo

Hablar siempre de Dios y de eliminar las lecturas vanas

Los hermanos procuren hablar siempre de Dios, lo cual los ayudará mucho para inflamarse de su amor. Para que la doctrina evangélica pueda fructificar en nuestro. corazones, para extirpar toda cizaña que la pueda sofocar, se ordena que en nuestros lugares no haya en modo alguno libros inútiles o frívolos, perniciosos al Espíritu de Cristo Señor y Dios nuestro

Leer y estudiar la Palabra de Dios

Porque las llamas dei amor divino nacen de la luz de las cosas divinas, ser ordena que se lea siempre alguna lectura de la Santa. Escrituras, explicándolas con santos y de votos doctores. Si bien aquella infinita y divina sabiduría es incompresible y alta. Sin embargo en Cristo Salvador se abajó de tal modo que hasta los simples e idiotas la puedan entender sin otro medio, que el ojo limpio, simple, colombino, y puro de la fe. Por lo cual ser prohibe a todos los hermanos que no se atrevan a leer ni a estudiar ciencias inconvenientes y vanas, sino solo las sagradas Escrituras, es decir a Cristo Jesús santísimo, en el cual, según Pablo, están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia de Dios.

Observancia de la Regla

Fue tanto la voluntad de nuestro padre san Francisco así como la de Cristo nuestro Redentor, que la Regla sea observada simplemente, a la letra, sin glosa, tal como la observaron nuestro primeros padres seráficos. Siendo nuestra Regla de claridad meridiana, sea observada pura, santa y espiritualmente. Por lo cual se renuncia a todas las glosas y exposiciones carnales, inútiles, nocivas y relajativas, que alejan la Regla de la piadosa, justa y santa mente de Cristo nuestro señor, el cual hablaba mediante san Francisco. Como singular y vivo comentario de la nuestra Regla aceptamos las declaraciones de los sumos pontífices, y la santísima vida, doctrina y ejemplos de nuestro padre san Francisco.

Testamento de Francisco

Para que seamos participes de su herencia, como verdaderos y legítimos hijos de Cristo, nuestro Padre y Señor, dados a luz nuevamente en san Francisco, se ordena que todos observen el Testamento de nuestro padre san Francisco, ordenado por él cuando, próximo a la muerte, signado por las sagradas estigmas, lleno de fervor y Espíritu Santo, deseaba en sumo grado nuestra salvación. Para observar mejor y católicamente la Regla prometida lo aceptamos como glosa espiritual y exposición de nuestra Regla.

Para ser hijos del seráfico padre imitando su vida y doctrina recordemos lo que nuestro Salvador dijo a los hebreos: Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abrahám (Jn 8,39] Si somos hijos, pues, de san Francisco, hagamos las obras de san Francisco. Por lo cual, se ordena que todos se esfuercen por imitar a nuestro padre, no sola mente en la Regla y el Testamento sino en todas su inflamadas palabras y amorosas obras. Él nos fue dado como regla, norma, ejemplo, y por añadidura a nuestro señor Jesucristo en él. Por lo tanto se han de lee frecuentemente su vida y la de sus compañeros.

En el último puesto

Nuestro padre, totalmente divino, en cada creatura contemplaba a Dios, especialmente en el hombre y mas aún en los cristianos, y sobre todos en los sacerdotes y de modo muy singular en el sumo pontífice, el cual es el vicario de Cristo nuestro Señor en la tierra, y cabeza de toda la Iglesia militante. Por eso quiso, según la doctrina apostólica, que sus hermanos, por amor de aquel que se anonadó por nuestro amor, fuesen sujetos a Dios en toda criatura. Por eso motivo los llamó hermanos menores, de modo que se considerasen inferiores a todos no solamente en el corazón, sino que invitados en la iglesia militante a las bodas del santísimo esposo Jesucristo, buscasen de estar en el último lugar. según su consejo y ejemplo.

Renuncia a la exención

Considerando que la libertad de no ser súbditos de los ordinarios, fruto de privilegios y exenciones, además de rayana en la soberbia, es enemiga de la de humilde y minorítica sujeción, y muchas veces, perturba la paz y es motivo de escándalo en la Iglesia de Dios. El capítulo general renuncia a los privilegio de ser libres y exentos de los ordinarios con fin de conformarnos al humilde Cristo crucificado, el cual vino a servimos, hecho obediente hasta la dura muerte de la cruz, y quien a pesar de no estar sujeto sino ser señor de la ley quiso someterse a la ley y pagar el censo y e tributo, siendo libre y para evitar todo escándalo. Como supremo privilegio aceptamos, con el Seráfico Padre estar sometidos a todos.

Se ordena a todos los vicarios, en sus provincia, que vayan a sus diocesanos y prelados y ordinarios que estén en la obediencia del sumo romano pontífice, el cual es cabeza y superior de todos. Humildemente, por sí mismo y por todos sus hermanos, le presenten obediencia y reverencia en todas la. cosas divinas y canónicas, renunciando a todo privilegio que obrase en contrario.

Reverencia por los sacerdotes

Tal como ha sido voluntad de nuestro padre, se exhorta a todo hermano a comportarse siempre con la debida reverencia con todos los sacerdotes. Se exhorta también a los hermanos a obedecer siempre con toda posible reverencia al sumo pontífice, supremo padre de todos los cristianos, a todos los prelados e inclusive a toda creatura que has pudiera mostrar el camino de Dios, sabiendo que cuanto más vil sea la persona a la cual se obedece Por amor de nuestro Señor Jesucristo, la obediencia es más gloriosa y a Dios es más agradable.

Confirmación del general de los conventuales

También se ordena que los hermanos no solamente estén sujetos a sus vicarios custodios y guardianes, sino también se ha determinado que nuestro padre vicario general se presente humildemente al reverendo padre general de los conventuales, del cual deberá ser confirmado.

Renuncia a los privilegios

Dado que nuestro padre san Francisco en su Testamento, para evitar semejantes privilegios, manda a sus hermanos que no soliciten ninguna carta en la corte romana para evitar la persecución de sus cuerpos, decidimos en el capítulo general renunciar a todos los privilegios que relajan la Regia dado que se apartan del camino estrecho del Espíritu y dejando de lado la letra se conforman con el sentido.

CAPÍTULO SEGUNDO

Discernimiento y aceptación en la Orden

Queremos que nuestra congregación capuchina crezca mucho más en virtud, perfección y Espíritu que en número, sabiendo que, como dijo la infalible Verdad: “muchos son los llamados y pocos los elegidos" [M 22,14]. Como predijo el seráfico padre, ya próximo a la muerte, nada puede dañar tanto a la pura observancia de la Regla como la muchedumbre de hermanos inútiles, carnales y animales. Se ordena, pues, que los vicarios examinen diligentemente las condiciones y calidad de los aspirantes, y no los admitan si no demuestran tener optima intención y fervorosísima voluntad.

Para evitar toda admiración y escándalo se prohibe la admisión de aquellos que no hayan cumplido los 16 años. Tampoco serán admitidos los que con la edad requerida tengan aspecto infantil. En todos los caso. han de saber por experiencia lo que van a prometer.

Conveniente instrucción para los clérigos

También se ordena que nadie sea recibido a la profesión como clérigo si antes no tuviera una conveniente formación previa, de modo que al celebrar la alabanzas divina no lo ultraje, pueda alimentarse de ellas, al entender lo que está  diciendo.

Prueba de los postulantes

Se ordena que todos aquellos que sean recibidos para abrazar esta vida, antes de vestir el hábito, durante algunos días realicen una experiencia de aquellas cosas que observar los hermanos en alguno de nuestros lugares Constátese que tienen buena voluntad y que quieren asumir tan grande empresa con lucidez, madurez y deliberación. Lo mismo digamos de otros religiosos que quieren asumir nuestra vida.

Para una mejor observancia lo antedicho, se ordena que los vicarios no reciban a nadie sin el consejo y consentimiento de la mayor parte de los hermanos que se encontraren en aquél lugar

Expropiación de los novicios

Cristo, sapientísimo Maestro, impuso a aquel adolescente que demostraba querer salvar se y ser su discípulo, que primero vendiese todo lo que poseía y lo diese a los pobres y después lo siguiese. El imitador de Cristo Francisco no solo lo observo y enseñó con e ejemplo en si mismo y en aquellos que admitía, sino que también lo impuso en la Regla. Para conformarnos, pues, a Cristo nuestro Señor y a la voluntad del seráfico padre, se ordena que no se haga la vestición de nadie que antes (pudiendo) no hubiera distribuido todas sus posesiones a los pobres, como conviene a quien voluntariamente elige la vida mendicante. En este gesto se podrá juzgar si su Espíritu es fervoroso o tibio, y de ese modo podrá servir a Dios con mente tranquila y firmemente. Los hermanos permanecerán desinteresados en su santa paz, no buscando ninguna ocasión de entrometerse en sus cosas.

Hábitos seculares de los novicios

Se ordena también que los vestidos de los novicios que vienen del siglo se conserven hasta el día de la profesión, el de los religiosos durante algunos días Una vez que hayan perseverado, el de los seglares se den a los pobres y el de los religiosos lo den a sus vicarios provinciales directamente o por medio de alguna persona espiritual.

Maestro y formación de los novicios

Cristo santísimo dijo a los escribas y fariseos: "¡Ay de vosotros que andáis recorriendo el mar y la tierra para hacer un prosélito y después los hacéis hijo de gehena, peor que vosotros mismos" [Mt 23j15]. Para no caer en su condena se determina que en cada provincia los novicios sean colocados en uno o dos lugares aptos al Espíritu, designados a este fin por el capítulo.

Se les proporcione los maestros más maduros, morigerados e iluminados del camino de Dios. Estos tengan diligente cuidado de enseñarles no solo las ceremonias, sino las cosas del Espíritu, necesarias para imitar perfectamente a Cristo, nuestra luz, camino, verdad y vida. Y le muestren, con el ejemplo y las palabras, en que consiste la vida del cristiano y del hermano menor. Nadie será recibido a la profesión si antes no sabe perfectamente todo aquello que debe prometer y observar.

A fin de que se fortalezcan mejor el Espíritu en el retiro, la paz y el silencio, se ordena que no se les hable demasiado, excepto el padre guardián o su maestro. Ninguno podrá entrar en su celda, ni en la celda de los demás sin especial licencia.

Post-noviciado

Se ordena que continúen bajo la disciplina del maestro al menos por tres años después de la profesión. Así aprenderán mejor a llevar el yugo del Señor, y no perderán fácil mente el Espíritu recién adquirido, y por e contrario confirmándose mejor se vayan cada vez más afirmando y enraizando en el amor de Cristo, Señor y Dios nuestro.

Preparación a la profesión

Según dice algunos doctores, los novicios a hacer debidamente su profesión, son restablecidos en la inocencia bautismal. Por ello se ordena que los novicios se preparen a la profesión con gran diligencia, con confesión comunión y muchas oraciones, dado que ya han hecho la confesión general al ingresar en la religión para vestirse el hombre nuevo. Para recibir a los novicios, tanto a la religión como a la profesión, se observen los modos y ceremonias en uso y aprobadas por nuestra Orden.

Austeridad en el vestir

Acertadamente Cristo exaltó la austeridad en el vestir de san Juan Bautista diciendo: “Los que visten de vestiduras blandas están en las casas de los reyes" [Mt 11,8; Lc 7,25]. Por eso de ha ordenado que, dado que han elegido ser abyectos en la casa de Dios, los hermanos, se vistan de las telas más viles, abyectas, austeras, groseras y despreciadas que cómodamente puedan obtener en las provincias en las cuales vivan. Recuérdense los hermanos que no son propias de los ricos del mundo ni los retazos con los cuales quiso san Francisco que se remienden ni las cuerdas que con las cuales quiso que nos ciñésemos.

El Capítulo general exhorta también a todos los hermanos a contentarse (pudiendo) de un solo hábito, tal como san Francisco dijo de si y de sus hermanos: "Nos contentábamos con una túnica remendada por dentro por fuera" [Test 20-21]. A los hermanos débiles en el cuerpo y en el Espíritu, la Regla les concede la segunda túnica. A ellos no se les conceda una capa sin necesidad y licencia del respectivo prelado. Sabemos que los hermanos que se acostumbran a usar tres vestidos manifiestan un Espíritu extinguido.

La pobreza, tan amada del Hijo de Dios, del seráfico padre, y a nosotros dada por madre tiene que resplandecer en cada cosa que usemos. Por lo cual se ordena que las capas no excedan la extremidad de las manos, y no tengan capucha, excepto cuando se va de viaje. Y no se lleven sin necesidad.

Los hábitos no sean más largos que la juntura de los pies, y no más anchos de once palmos y de doce para los corpulentos. Las mangas no sean mas anchas que lo necesario para que puedan entrar y salir el brazo, largas hasta la mitad de la mano o poco más. Las túnicas sean vilísimas y groseras, anchas de 8 o 9 palmos y al menos medio palmo más cortas que el habito.

El capucho sea cuadrado, como parece haber sido el de san Francisco. De esa forma son los de los compañeros, que aún quedan como reliquias y así se evidencia en las antiguas pinturas y está escrito en las Conformidades. Nuestro hábito sea en forma de Cruz, de modo que aparezcamos crucificados al mundo y a nosotros mismos.

El cíngulo de los hermanos sea un cuerda rústica, vilísima y grosera, con nudos simplisísimos, sin ninguna curiosidad o singularidad, de modo que, despreciados del mundo tengamos más ocasión de mortificarnos. No lleven birretes ni sombreros, ni cosas dobles o superfluas.

Pieza para las telas

En cada uno de los lugares haya una piecita donde un hermano guarden los vestidos de la comunidad. Este tal los mantendrá limpios y remendados para subvenir la necesidad de los pobres hermanos. Una vez que lo hayan usado para remediar su necesidad, lo devolverán limpios cum gratiarum actione.

Cualidad de los lechos

Nuestros lechos tienen que ser de algún modo semejantes a lecho de muerte de aquel que dijo: "Los zorros tienen madriguera y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza" [Mt 8,20; Lc 9,58]. Para ser mas vigilantes y solícitos a la oración, y para conformarnos a nuestro padre san Francisco, al cual frecuentemente le sirvió de lecho la desnuda tierra, así como también a Cristo, santo de los santos, especialmente en el desierto: se ordena que ningún hermano, a no ser que estuviese enfermo o muy débil, duerma solamente sobre la tablas desnudas, esteras, retamas, o un poco de paja o heno y no duerman sobre las frazadas.

Pies desnudos

Se ordena que, a ejemplo de Cristo, los hermanos jóvenes y aquellos que puedan, vayan descalzos, en signo de humildad, testimonio de pobreza, mortificación de la sensualidad y buen ejemplo al prójimo. No pudiendo, según la doctrina evangélica, para imitar nuestros antiguos padres, con licencia del prelado llevaran sandalias simples, desnudas, viles y pobres, sin curiosidad alguna.

Uso pobre

Para que los hermanos asciendan a la excelsitud de la altísima pobreza, reina y madre de todas las virtudes, esposa de Cristo nuestro Señor, y del seráfico padre, y nuestra madre amadísima. se exhorta a todos los hermanos que no quieran tener afecto ninguno en la tierra. Depositen siempre su amor en el cielo, usando casi por fuerza de estas cosas bajas, frugalísimamente, en cuanto es posible a la fragilidad humana, reputándose ricos con su pobreza.

Se contenten con un librito espiritual, especialmente que trate de Cristo crucificado, con dos pañuelitos y dos calzoncillos. Recuerden que, según el seráfico padre, el hermano menor debe ser un espejo de toda virtud especialmente de pobreza.

Humildad en los viajes

A fin de que corramos de modo más expedito por el camino de los preceptos divinos se ordena que en los lugares nuestros no haya ningún animal, ni se cabalgue. En caso de necesidad, a ejemplo de Cristo y de su imitador Francisco, se viaje sobre un asno de modo que nuestra vida predique siempre A Cristo humilde.

Tonsura y barba

La tonsura se haga de 20 en 20 días, o una vez por mes, con las tijeras. No te posean palanganas, sino solamente un recipiente para las ventosas. Llévese la barba, a ejemplo de Cristo santísimo y de todos nuestros antiguos santos, dado que es cosas viril natural, grave, despreciable y austera.

CAPÍTULO TERCERO

Del oficio divino y de la misa

Nuestro seráfico padre, todo católico, apostólico e divino, tuvo siempre especial reverencia a la Iglesia romana, como a juez y madre de todas las otras iglesias. Ordenó en la Regla que los clérigos recitasen el oficio según el orden de la santa Iglesia romana. En su Testamento prohibió variarlo en modo alguno. Por lo cual se determina que los hermanos unidos bajo un mismo estandarte en Espíritu y llamados a un único fin en las alabanzas divinas observen en lo posible los mismos ritos que usa y observa la santa Iglesia romana en cuanto al misal breviario y calendario. Tanto los clérigos como los laicos reciten los cinco oficios por los difuntos según se tiene en el calendario.

Los clérigos y los sacerdotes no muy letrados, preparen con antelación lo que públicamente han de leer en la misa y en el oficio divino, no sean que, injuriando las cosas divinas, produzcan turbación en los oyentes y provoquen a los santos ángeles que estar presenten en las alabanzas divinas.

Tanto en las misas, como en el oficio divino no se diga nada fuera de lo que está en los misales y breviarios, con las respectivas ceremonias.

Celebrar "por pura caridad,' y "con suma reverencia

Se exhorta asimismo a los hermanos sacar dotes que al celebrar no se preocupen de la intención, cuidándose del favor o gloria humana, o de ninguna otra cosa temporal. Con simple y puro corazón busquen solamente e honor divino, celebrando por pura caridad con toda humilde reverencia, fe y devoción.

Prepárense en cuanto lo permite su fragilidad, porque es maldito quien con negligencia hace las obras de Dios. Siendo este acto divino sobre todos los demás, es muy desagradable cuando se realiza de modo irreverente.

No queremos recibir en la tierra premio alguno por celebrar, a ejemplo de Cristo sumo sacerdote, que sin recibir premio alguno para si, se ofreció por nosotros en la cruz Sepan que, por el contrario, están más obligados para con Dios.

Se exhorta también a los otros hermanos que estén presentes en la celebración de los misterios divinos de los sacerdotes. Asistan con suma reverencia, con mente angélica en presencia de Dios, y celebren espiritual mente y comulguen y ofrezcan a Dios es' sacrificio agradabílismo.

Condiciones para admitir a las órdenes sagradas

Dado que celebrar es cosa de suma importancia, se determina que ningún clérigo se ordene sacerdotes antes de haber cumplidos los 24 años, como lo exigen las leyes canónicas. Los que hubieren sido ordenados antes se abstengan de celebrar hasta que no tengan dicha edad.

Se ordena que el clérigo que sea promovido al sacerdocio, además de buen Espíritu tenga una mediana inteligencia. Al menos debe poder pronunciar y entender bien lo que celebra y las palabras que dice. En todas sus misas y oraciones se recuerden de los bienhechores, orando a Dios que los recompense abundantemente en la vida presente y futura.

Solicitud en el coro

Se ordena también que los clérigos y sacar dotes que legítimamente no estén impedidos, apenas hayan escuchado la primera señal de la campana para el oficio divino vayan al coro lo más rápido posibles, par¿ preparar sus oraciones al Señor. Con devoción, compostura, mortificación, sosiego y silencio, piensen que están en presencia de Dios, y que tienen que asumir el oficio angélico de entonar las alabanzas divinas.

Oficio divino de los clérigos y de los laicos

Se ordena que se diga el oficio con toda la devoción debida, con atención, madurez uniformidad de voz y consonancia de espíritu, sin colas o saltos, con voz ni muy alta ni muy baja, sino mediocre. Se esforzarán los hermanos del salmodiar a Dios más con e corazón que con la boca, de modo que no tenga que decirse a nosotros los que fue dicho por el dulcísimo Salvador nuestro a los hebreos: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón esta lejos.» [Mt 15,8 Mc 7,6].

Se ordena también que los laicos estén presentes a principios de maitines, de vísperas y completas, y al Te Deum laudamus. Hecha la preparación común, empezado el oficio, podrán retirarse en algún lugar, según su propia devoción, a decir los Padrenuestros según lo manda la Regla.

También se ordena que en todas las fiestas, los clérigos no impedidos por causa razonable, asistan a vísperas y a todas las misas que puedan.

''No se reciban muertos"

Para evitar lo que podría ofender la altísima pobreza, el sosiego espiritual y la tranquila humildad, y para conservar la paz con los demás clérigos y sacerdotes, y evitar toda impureza que con el tiempo podría manchar nuestra congregación, se ordena que en nuestros lugares no se reciban muertos, excepto alguno que por pobreza no hubiese quien lo quisiera enterrar. En tal caso deberá abrírsele las entrañas de la caridad.

Se prohibe que en nuestros lugares se hagan sepulturas, ni para los seglares ni para nuestros hermanos. No queremos que se sepulten muertos en nuestras iglesias, don de debe estar presente todo decoro por la presencia de Cristo purísimo. Sepúltese en algún lugar cerca de las iglesias o en el claustro.

Cuando los hermanos visiten a los enfermos se cuidarán mucho de persuadirlos de sepultarse en nuestros lugares. Si fuera iniciativa de ellos no lo consientan de modo alguno. Dada la novedad de la determinación para que no se ocasione escándalo, se deberá informar a los ignorantes de nuestra. causas razonables de modo tal que puedan entender las razones.

"Y recen por los muertos”

Al morir alguno de nuestros hermanos, los demás, con piadoso afecto de caridad, se esforzarán por recomendar su alma a Dios Cada sacerdote de esa provincia diga por él una misa. Los clérigos dirán las vigilias dé nueve lecciones y los laicos cien Padre nuestros. Cada sacerdote dirá todas la' semanas una misa por todos nuestros hermanos difuntos.

Tiempos del la oración mental

Dado que la oración es la maestra espiritual de los hermanos, tal como lo deseaba el seráfico padre el verdadero hermano menor espiritual debe orar siempre, a fin de que el Espíritu de oración no se entibie en los hermanos, sino que, ardiendo continuamente en el altar del corazón, se encienda siempre más. Se ordena que para los tibios sean establecidas dos horas especiales, una después de completas durante todo el año. La otra de Pascua hasta la Exaltación de la santa cruz, inmediatamente después de nona, excepto los días de ayuno, que se hará en lugar del tiempo de sexta; y desde la Exaltación de la Santa Cruz hasta la Pascua después de Maitines.

Oración mental y letanía de los santos

Recuerden los hermanos que orar es hablar a Dios con el corazón, porque a Dios no se le habla solo con la boca. Por cual cada cual se esforzará por hacer oración mental, y según la doctrina de Cristo, óptimo maestro, adorar al Eterno Padre en espíritu y verdad. Tendrán diligente cuidado de iluminar la mente e inflamar el afecto, mas que de pronunciar las palabras.

Antes de la oración, después de nona o maitines, o en día de ayuno, después de sexta, se dirán las letanías, invocando a todos los santos a orar a Dios con nosotros y por nosotros. No se añada otro oficio en coro, excepto el día de nuestra Señora, para que los hermanos tengan más tiempo de dedicarse a las oraciones privadas y mentales, mucho más fructuosas que las vocales.

Oración de intercesión

Nuestro padre, tal como aparece al principio y al fin de la Regla quiso que se tuviese especial reverencia tanto al sumo pontífice, vicario de Cristo, Dios nuestro como también a todos los prelados y sacerdotes. Se ordena pues, que además de las oraciones comunes, cada hermano en sus oraciones privadas ore por el estado feliz de la iglesia militante y por su santidad, para que le conceda la gracia de discernir claramente, de querer eficazmente, de obrar con poder todas las cosas en honor y gloria de la Majestad Divina, salud del pueblo cristiano y conversión de todos los infieles. Del mismo modo deben orar por todos los reverendos cardenales, obispos y prelados obedientes al romano pontífice, por el serenísimo emperador, por todos los reyes y príncipes cristianos y por todas las personas, en especial por aquellos a los cuales estamos obligados.

Se ordena también que se digan por los bienhechores los cinco oficios mencionados que están en el calendario.

“Evangélico silencio"

Por que el silencio es custodia del Espíritu y, según Santiago, vana es la religión de quien no domina su lengua, se ordena que, en cuanto posible a nuestra fragilidad, se observe siempre el silencio evangélico, sabiendo que, como dijo la Verdad infalible, Cristo Jesús, de toda palabra ociosa tendremos que dar cuentas. Es tanta la grandeza de las cosas divinas, que no es pequeño error que el hermano, dedicado al culto divino, hable de las cosas del mundo con sus boca consagrada.

Silencio regular

El silencio regular sea perpetuo en la Iglesia en el claustro y en el dormitorio; en el refectorio, desde la primera señal en la mesa hasta que serán dadas las gracias, en todo lugar, desde que sean dicho completas hasta que se llame a prima; y de Pascua hasta la Exaltación de la Santa Cruz, después de la siesta se haga la señal del silencio hasta que, después de nona, haya acabada la oración. Quien rompiera el silencio dirá en el refectorio, con los brazos en cruz, cinco Padrenuestros y cinco Avemarías.

Los hermanos se esforzarán siempre, e, todo lugar y tiempo en hablar de Dios, en voz baja y humildemente, con modestia y caridad.

''EI ir por el mundo''

Se ordena también que los hermanos no vayan solos sino con el compañero, a ejemplo de los santos discípulos del santísimo Salvador. Observando la corrección evangélica, si no se enmendaren denunciarán a sus prelados los defectos mutuos.

No viajen sin la obediencia escrita del prelado, sellada con el sello del padre vicario, o del lugar. Por lo cual se manda que cada lugar tenga su sello, según la antigua costumbre de los religiosos.

Nos se separen durante el camino, ni litiguen, sino con toda humildad y caridad, a ejemplo de Cristo bendito, cada uno se esfuerce por obedecer y servir espiritualmente a su compañero, considerando que son hermanos en Cristo.

Saludo evangélico

Dado que san Francisco, en su Testamento, dice haberle sido revelado por el Señor, que al saludar a las personas se diga, a ejemplo de Cristo "El señor os de la paz”, se ordena que los hermanos usen siempre este saludo evangélico.

Fe en la providencia y el buen ejemplo

Los verdaderos hermanos deben aprender a depender con fe viva del piadoso y óptima Padre celestial. Se ordena, pues, que para el camino no lleven ni botellas, ni carne, ni huevos, ni alimentos delicados o preciosos, abandonándose a si mismos totalmente al cuidado de Dios, el cual cuida no solamente de los animales, sino también de aquellos que lo injurian.

Los hermanos, sin gran necesidad, no se detengan a dormir o comer fuera en las ciudades o castillos que están cerca de nuestros lugares.

Dado que quien se deleita en las fiestas de mundo se mancha fácilmente, se ordena que los hermanos no vayan a las fiestas a no ser para predicar la palabra de Dios. A ejemplo de Cristo, nuestro único maestro, e cual, invitado a la fiesta no quiso aceptar pero luego fue para predicar. Recordando que, según el apóstol Pablo, hemos sido hechos espectáculo para Dios, para los ángeles y los hombres del mundo, se esfuercen por dar tal ejemplo que por ello Dios sea glorificado y no blasfemado.

Austeridad en los alimentos y bebidas

La abstinencia, la austeridad y la gravedad es laudable, especialmente en los santos. Nosotros, que ejemplo de Cristo nuestro Señor, hemos elegido una vida difícil. Por más que el hermano penitente ayuna siempre, se exhorta a los hermanos a hacer las santas cuaresmas que acostumbraba hacer san Francisco. No se hagan excesivas o superfluas colaciones y ni siquiera las ordinarias El miércoles no se coma carne.

Para terminar con las ansias del vientre, no se ponga a la mesa más que una especie de sopa. Pero en el tiempo de ayuno se sirva una ensalada cocida o cruda. Piensen que poco basta para satisfacer su necesidad y nada para contentar la sensualidad.

Para que, de acuerdo a la doctrina de nuestro santísimo Salvador, nuestros corazones no se entorpezcan con la crápula y la ebriedad, sino nuestras mentes se mantengan siempre claros y mortificados los sentidos, ordena que a la mesa no pongan vino, sino muy bien aguado. Lo cual también tiene que ser considerado como fruición elemental, pensando que, según el seráfico santo Buenaventura nuestro padre san Francisco no se abrevia a beber suficiente agua fría para mitigar el ardor de la sed. Acostumbraba decir que es difícil satisfacer la necesidad sin obedecer a los sentidos.

Les será dulce si piensan que Cristo le fue negada el agua y cuando estaba en la Cruz le fue dado vino con mirra, vinagre e hiel. San Jerónimo escribe que en su tiempo inclusive los monjes enfermos bebían agua fría, y que era reputada lujuria el hecho de comer algún alimento cocido.

Pobreza, caridad y lectura de la mesa

Se ordena también que a la mesa no se trate especialmente a nadie, excepto a los enfermos, itinerantes, viejos o muy débiles, tal como lo exige y quiere la caridad.

Si alguno de los hermanos quisiere abstenerse del vino, carne, huevos, u otros alimentos, o ayunar más seguido, si el prelado no ve que esto no lo daña en exceso, no se lo impida, sino que lo estimule en su camino. De todos modos coma junto a los demás hermanos.

En señal de pobreza en nuestra mesas no se usen manteles, sino una servilleta pobrecilla. Y para que se alimente no solo el cuerpo sino especialmente el Espíritu, se ordena que a la mesa se lea siempre una lectura espiritual.

Se ordena también que los hermanos no soliciten ni reciban alimentos refinados, no convenientes a nuestro pobre estado. No se usen tampoco especies, excepto cuando fuere necesario para los enfermos, Con ellos se tiene que usar toda caridad posible como lo quiere la Regla y toda ley justa Tomemos ejemplo de nuestro padre seráfico que no se avergonzaba de buscar carne públicamente para los enfermos.

Si fuese regalado algún alimento innecesario, agradeciéndolo con humildad lo rechazarán, o con el consentimiento del donante lo regalarán a los pobres.

Hospitalidad "con toda caridad"

Algunos de los antiguos patriarcas merecieron recibir a los ángeles a causa de su hospitalidad. Se ordena, pues, que en los lugares haya un encargado que tenga diligente cuidado de recibir a los forasteros con toda la caridad posible. A ejemplo del humilde Hijo de Dios le lavarán los pies, estando presentes todos los hermanos a este acto de caridad. Mientras se los lavan recitarán algún himno o salmo devoto, reputándose por ello siervos inútiles, inclusive si hiciésemos todo que a nosotros fue posible.

Tiempos de las "acostumbradas disciplinas"

A fin de que nuestro cuerpo no se ponga recalcitrante contra el Espíritu, sino que le sea obediente en todo, y en memoria de la durísima pasión y en especial de la penosísima flagelación de nuestro dulcísimo Salvador, se ordena que las acostumbradas disciplinas, los lunes, miércoles y viernes, no se dejen ni siquiera en las grandes solemnidades. Se harán después de maitines, excepto cuando hiciere frío muy intenso, cuando se hará por la tarde. En semana santa se hagan todas las noches.

Disciplinándose los hermanos piensen con piadoso corazón en el dulce Cristo, Hijo de Dios, atado a la columna, Se esfuercen por sentir una partecita de sus penosísimos dolores. Después de la Salve Regina se digan cinco oraciones devotas

CAPÍTULO CUARTO

Procuradores y abogados

Sabia nuestro padre san. Francisco que según la doctrina apostólica, la ambición e' la raíz de todo mal, y queriendo extirparlo totalmente de los corazones de sus hijos mandó en la Regla que de ningún modo fuese recibido por los hermanos dineros o pecunias, por si o por interpuesta persona. Como algo que le estaba muy en el corazón lo repite tres veces en la Regla, para mejor fijarlo en la mente de los hermanos. Cristo nuestro Señor decía "Guardaos de toda avaricia” [Lc 12,15]. Queriendo, pues, satisfacer í íntegra y plenamente la piadosa intención y mente de nuestro padre inspirado por el Espíritu Santo, ordenamos que los hermanos no tengan en modo alguno síndico o procurador o persona alguna en la tierra, fuese como fuese llamada, la cual tenga o reciba pecunia o dinero para los hermanos o que lo haga a pedido o requerimiento ni de ellos ni para ellos.

Nuestro procurador y abogado sea Jesucristo, Dios nuestro y su dulcísima Madre sea nuestra sustituta y abogada, y todos los ángeles y demás santos sean nuestros amigos espirituales.

Exhortación a la pobreza

La altísima pobreza fue la querida esposa de Cristo, Hijo de Dios, y de nuestro padre san Francisco, su humilde siervo. Por lo cual los hermanos deben pensar que no puede profanada sin desagradar en grado sumo a Dios. Quien la ofende hiere la pupila su ojo.

Solía decir el seráfico padre que sus verdaderos hermanos no debían estimar la pecunia y el dinero más que el polvo. Debían huirle y tenerlo en horror, como una serpiente venenosa.

El padre piadoso y celante lloró la condenación, previéndolo en Espíritu, de muchos hermanos que, abandonado esta perla preciosa, deberían relajarse recibiendo legados, testamentos y limosnas superfluas. Decía que estaba próximo a la perdición aquel hermano que estimaba más la pecunia que el barro.

Todos sabemos por experiencia que cuando el hermano aparta de si la pobreza, cae en otro vicio enorme. Por eso los hermanos se esfuercen, a ejemplo del Salvador del mundo y de su querida Madre, por ser pobres de las cosas del mundo, para ser ricos de la divina gracia y de las santas virtudes y celestiales riquezas.

Cuando visiten un enfermo, ni directa ni indirectamente le induzcan a legarles alguna cosa temporal. Si esto espontáneamente lo quisieren, no las acepten. Las deben rechazar, en cuanto lo puedan hacer con justicia, pensando que no se pueden poseer juntamente riquezas y pobreza.

No se acepten legados.

Recurso a los amigos espirituales

Se ordena que en ningún modo se recurra a los amigos espirituales. De ese modo poseerán de modo más seguro este precioso tesoro de la pobreza. Cuando cómodamente puedan obtener las cosas necesarias las consigan por otro medio permitido por la Regla.

A fin de que no seamos pesados a los amigos, ningún hermano haga comprar alguna cosa de notable precio o valor, sin licencia del padre vicario provincial. Se concede pues, el recurso a ellos para las cosas verdaderamente necesarias, las cuales no se podrían obtener de otro modo. Pero esto siempre con la licencia de los superiores, de modo que en cada recurso estén juntas la verdadera necesidad y la licencia.

Hemos sido llamados a esta vida con la finalidad de que, mortificando nuestro hombre exterior, vivifiquemos el Espíritu. Exhortamos, pues, a los hermanos a acostumbrarse a padecer la penuria de las cosas del mundo a ejemplo de Cristo que, siendo Señor de todas las cosas. eligió ser Pobre y Padecer.

Guardarse de la falsa pobreza

Guárdense los hermanos del demonio meridiano, el cual se transfigura en ángel de luz: esto sucede cuando el mundo, por tenernos devoción, nos aplaude y hace fiesta para honramos, y darnos sus riquezas. Estas cosas muchas veces han sido causa de muchos males en la religión.

No queremos ser de aquellos falsos pobres de los cuales dice el devoto Bernardo que hay algunos, que quieren ser pobres a condición de que no les falte nada.