CAPÍTULO QUINTO

Dios último fin

Dios es nuestro fin último, al cual cada uno debe tender, anhelar y procurar transformarse en él. Por eso exhortamos a todos los hermanos a dirigir a él todos los pensamientos, todos nuestras intenciones y deseos, de modo que nos podamos unir con nuestro espléndido Padre con todo posible ímpetu de amor con todo el corazón, mente y alma, fuerzas y virtud, con actual, continuo intenso y puro amor.

Medios para caminar hacia Dios

Dado que sin medio no se va hacia el fin cada uno ha de esforzarse en dejar de lado todas las cosas inútiles o perniciosas, que retardan o impiden el camino de Dios. Sin  preocuparse de las cosas impropias, optar por aquella que son útiles o necesarias para caminar hacia Dios. Elijan las más provechosas, como la altísima pobreza, la castidad inmaculada, la humilde obediencia y la' demás virtudes evangelices, virtudes nos ha enseñado, con palabras y ejemplos, el Hijo de Dios tanto él personalmente como por medio de sus santos.

Modo y tiempo de trabajar

Es difícil que el hombre permanezca siempre totalmente elevado en Dios. Para evitar pues, el ocio, raíz de todo mal, para da buen ejemplo al prójimo, y para no ser gravosos al mundo, a ejemplo del apóstol Pablo, que trabajaba predicando, y de los demás santos, para observar la admonición de trabajar, dada en la Regla por nuestro padre san Francisco, y conformarnos de ese modo con su voluntad, expresada en su Testamento, se ha determinado que cuando los hermanos no estén ocupados en ejercicios espirituales, trabajen manualmente en algún ejercicio honesto. En cuanto lo permite la humana fragilidad traten de ejercitarse con la mente durante el tiempo del trabajo en alguna meditación espiritual.

Se ordena, pues, que mientras se trabaje bien se hable siempre de Dios, o se lea al aún libro devoto.

Modalidad del trabajo

Guárdense los hermanos de tener el trabajo como fin, ni de depositar en él ningún afecto, o de estar tan ocupados que extingan, disminuyan o entorpezcan el Espíritu, al cual deben servir todas las cosas. Teniendo siempre el ojo abierto a Dios, caminen por el camino más alto y mas breve, a fin de que el ejercicio ofrecido por el hombre de Dios aceptado y encomendado por los santos para conservar la devoción del Espíritu, no le sea ocasión de distracción o de indevoción.

Sentido de la pobreza evangélica

Por otra parte, todo hermano piense que la pobreza evangélica consiste en no tener afecto a nada terreno, usar estas cosas de mundo frugalísimamente, casi por fuerza, constreñidos por la necesidad, y para gloria de Dios, del cual se debe reconocer que procede todo lo que existe. Para gloria de la pobreza demos a los pobres todo lo que a nosotros nos sobra.

Recuérdense los hermanos que estamos en la hostería y comemos los pecados de los pueblos. De todas las cosas deberemos dar cuentas.

Huir del ocio

Como dice el devoto san Bernardo, nada e. más precioso que el tiempo y nada hoy es considerado más despreciable. Dice también que todo nos ha sido concedido por Dios y que seremos cuidadosamente examinados de como hemos usado el tiempo. Exhortamos, pues a todos nuestros hermanos que jamás estemos ociosos, ni perdamos el tiempo en cosas de poca o ninguna utilidad, ni en palabras vanas o inútiles, recordándose siempre de la tremenda sentencia de la Verdad infalible: de cada palabra ociosa daremos cuenta en el día del juicio. [Mt 12 36)

Empleen todo el tiempo en ejercicios espirituales y corporales laudables, honestos, útiles, a honor y gloria de la divina majestad y para edificación y buen ejemplo de nuestros prójimos y hermanos, religiosos y seglares.

CAPÍTULO SEXTO

Pobreza vivida en la imitación de Cristo

Nuestro seráfico padre san Francisco contemplaba la altísima pobreza de Cristo, Rey del cielo y de la tierra, y veía cuales habían sido sus habitaciones. Nació en un pesebre, no poseyó ni siquiera un lugar, viviendo como peregrino habitó en casas ajenas, y muriendo no tuvo donde reclinar su cabeza. Meditando además como en todas las demás cosas fue siempre pobrísimo, para imitarlo mandó en la Regla a sus hermanos que no tuviésemos cosas alguna en propiedad, a fin de libres como peregrinos en la tierra y ciudadanos del cielo, con Espíritu ardiente corramos por el camino de Dios.

Queremos imitar en los hechos el noble ejemplo de Cristo y observar concretamente el seráfico precepto de la pobreza. Por eso demostremos efectivamente que no tenemos ninguna jurisdicción, dominio, propiedad, posesión jurídica, usufructo ni siquiera jurídico de cosa alguna, inclusive de lo que , usamos por necesidad.

Precariedad de los lugares

Se ha determinado que cada lugar se haga un inventario en el cual se escriban todas las cosas de valor notable, prestadas por sus dueños para nuestro necesario y simple  uso.

Dentro de la octava del seráfico padre cada uno de los guardianes visite personalmente a los propietarios del lugar. Les agradecerán por el lugar prestado el año pasado y humildemente le pedirán que, con las mismas condiciones, se digna prestarlo por otro año a los hermanos. Cuando el dueño diere el consentimiento podrán habitarlo con conciencia segura. Se marcharán cuando este no lo quisiese, sin ninguna señal de tristeza, inclusive con corazón alegre, acompañados por la pobreza divina. Puesto que el dueño no estaba obligado al prestar algo de su pertenencia, se reconocerán obligados con él por el tiempo otorgado, y no ofendidos porque no haberlo renovado.

Lo mismo hagan con todas los objetos de notable valor ‑ tal como cálices y cosas semejantes ‑ llevándolos a casa de sus propietarios. Si no se pudieren trasladar con comodidad prometerán devolvérselos cuando no quisieran seguir prestándolos. Cuando dichos objetos no fueren más útiles para el uso, serán devueltos a sus propietarios, a lo. cuales se rogará con alegría que las distribuyan a los pobres del modo que ellos mismos vean convenientes.

Modo de fundar lugares

Se ordena que cuando los hermanos quisieren puedan tomar algún nuevo lugar. Según la doctrina del humilde Francisco, primero vayan al obispo o su vicario, y pidan licencia para poder tomar aquel lugar en su diócesis. Obtenida la licencia, con su bendición vayan a la comunidad o a su Señor, y rueguen que se dignen prestarles un poco de terreno.

Guárdense los hermanos de no tomar ningún lugar con la obligación de conservarlo No podrán ser aceptados sin la cláusula expresa de tener la libertad de abandonarlo siempre que les pareciere conveniente para la pura observancia de la Regla. De modo que no se produzca escándalo cuando fuere necesario marcharse.

Habitaciones pobres

A ejemplo de aquellos antiguos patriarcas, deberemos vivir como peregrinos en pequeñas casuchas, tugurios y chozas. Se exhorta, pues, a los hermanos que recuerden las palabras del seráfico padre en su Testamento. Prohibe que en ningún modo sean recibidas las iglesias que hubieren sido fabricadas para ellos sino fuesen conformes a la altísima pobreza Se declara que en ningún modo será lícito a los hermanos aceptar que otros edifiquen para ellos ni edificarlas ellos mismos con suntuosidad.

Los hermanos no violen la Regla, desagradando a Dios para complacer a los señores del mundo, escandalizando así al prójimo y ofendiendo la pobreza evangélica que hablan prometido Debe existir gran diferencia entre los grandes palacios de los ricos y lo pequeños tugurios de los pobres mendigos, peregrinos y penitentes

Se manda, pues, que sean recibidos lugares que hayan sido ya edificados para nosotros o para otros, y muchos menos se edifiquen. Los hermanos prometan que no serán edificados para ellos si no se hacen de acuerdo a la santísima pobreza que hemos prometido.

Modelo para la edificación

A este fin presentamos un pequeño modelo según el cual han de ser edificados. Las celdas no pasarán los nueve palmos de ancho y de largo. Diez de altura, las puertas los siete palmos, y anchas de dos y medio La ventanas altas de dos y medio y anchas uno y medio. El pasillo del corredor seis palmos de ancho. Del mismo modo las demás oficinas serán pequeñas, humildes, pobres, abyectas y bajes, de modo que todo predique humildad, Pobreza y desprecio del mundo.

Las iglesias sean también pequeñas, pobres y honestas. No ambicionen iglesias grandes para poder predicar, que, como dijo san Francisco, se da mejor ejemplo predicando en las iglesias ajenas que en las nuestras, sobre todo si en las nuestras se ofende la pobreza.

Los “fabriqueros”

Para evitar todas las cosas que podría ofender la pobreza, se ordena que los hermanos no se entrometan en modo alguna en la edificación de los lugares. Les enseñarán la forma pobre del modelo a quienes le hubieren encomendado la empresa y los ayudarán en el trabajo manual.

Los hermanos se esforzarán, en cuanto posible, de construir hacer todo lo factible de mimbre y barro, cañas, ladrillos crudos y material vil, a ejemplo de nuestro padre y en señal de humildad y pobreza. Tengan como ejemplo las pequeñas casas de los pobres no las habitaciones modernas.

Para evitar todo desorden se determina que ningún lugar se tome o se abandone, se edifique o destruya sin licencia del capítulo provincial y del padre vicario general. Ningún guardián pueda edificar ni destruir sino de acuerdo a lo que haya sido ordenado por su vicario provincial, el cual, con algún hermano apto, vaya a dar normas que los edificios

Distancia de los centros habitados

Para que los seglares puedan usar de nuestros bienes espirituales y nosotros de los suyos temporales, se ordena que nuestros lugares no se tomen muy lejos de las ciudades, castillos o villas; ni tampoco demasiado cercanos, de modo que nos veamos perjudicados por su frecuentación excesiva. Basta que se ubique a más o menos una milla y media. Estaremos siempre más cerca ( a ejemplo de los santos padres y especialmente del nuestro) de los desiertos solitarios que de las deliciosas ciudades

Hospedería

Se establece que en nuestros lugares, siempre que se pueda, haya una pequeña piecita con estufa para recibir, cuando fuere necesario a los peregrinos y forasteros tal como lo exige la caridad y lo permite nuestra pobreza.

Una o dos celditas eremíticas

Se ordena que en cada lugar, donde cómo demente se pueda, en la selva o lugar con cedido a los hermanos, haya una o dos celditas solitarias, alejadas de la habitación común de los hermanos, de modo que s algún hermano quisiere llevar una vida anacorética, habiendo sido juzgado idóneo por su prelado, pueda entregarse totalmente a Dios, retirado en soledad, con vida angélica según la inspiración del Espíritu Santo.

Para que en tal tiempo pueda gozar de Dios en el retiro, se ordena que solamente les hable el padre espiritual, el cual será como su madre en proveer sus necesidades, según los deseos de nuestro seráfico padre, como se lee en las Conformidades.

Fe en la providencia, mendicidad y pobreza

En los lugares que tomemos si hubiera vides o árboles superfluos, no se corten sin con sentimiento de sus propietarios, y se den sus frutos a los pobres. Las viñas de cavarán serán llevadas para ser plantadas en otros lugares o para darse a los pobres.

Según la doctrina evangélica, los cristianos en especial los pobres hermanos de San Francisco, que se han obligado especial mente a seguir a Cristo, sumo Emperador, espejo sin mancilla, por el camino de la altísima pobreza, deben pensar que su Padre celestial sabe, puede y quiere velar por ellos y por lo tanto tiene de ellos cuidado especial No obren, pues, como los gentiles que no creen en la divina providencia, no procurar con afán superfluo las cosas del mundo, las que el sumo Dios concede con mano generosa inclusive a los brutos animales. Como hijos del Padre eterno, dejada de lado toda solicitud camal. debemos en todas las cosas depender de la liberalidad divina y abandonarnos a su infinita bondad.

Se ordena, pues, en nuestros lugares no hagan provisiones de cosa alguna, inclusive de aquellas necesarias para el alimento humano, especialmente de aquellas que pare dan mendigarse cotidianamente. Según las exigencias de tiempo y lugares podrá hacer se provisiones para dos o tres días y al máximo para una semana.

Los frutos no pueden guardarse sino por poco tiempo, según el juicio del provincial.

Para cerrar el camino a la superflua previsión humana, se ordena que en nuestros lugares no haya toneles ni barriles, sino solamente algunos pobres recipientes o botellas, especialmente para el tiempo de invierno y podrán guardarse dos o tres meses.

Para que la mendicidad hecha o no en nombre de los hermanos, no sea rica ni refinada se ordena que no se busque, ni siquiera en carnaval, carne, huevos queso, pescado n otros alimentos preciosos, no convenientes a nuestro pobre estado, excepto para los enfermos. Si tales cosas nos fueren donadas sin pedirlo nosotros, podrán ser recibidas siempre que no ofendan a la pobreza.

Ejemplo de san Francisco

Se guarden sobre todo los hermanos que cuando abunden las limosnas por el favor de los grandes y por la fe de los pueblos y la devoción del mundo, no abandonen su santísima madre pobreza, como hijos no legitimas de san Francisco. Recuerden aquellas hermosas palabras de su padre que frecuentemente decía con ardentísimo afecto de amor: Doy gracias a dios, que por su bondad, siempre me he conservado fiel a mi querida esposa pobreza. Nunca he sido ladrón de limosnas, y siempre he tomado menos de lo que necesitaba, para que los otros pobres no fuesen defraudados de su porción, porque hacer lo contrario es harto delante de Dios" [FF 674. 1240. 1670. 1695].

Limosna para los pobres en tiempo de carestía

También ordenamos que en tiempo de carestías los prelados nombren a hermano, especialmente dedicados a buscar limosnas para acudir a las necesidades de los pobres, a ejemplo de nuestro piadosísimo padre, que tenia gran compasión por los pobres. Cuando le regalaban alguna cosa por amor de Dios no la aceptaba sino con la condición de poderla dar a los pobres en caso de encontrar alguien más pobre que él. Leemos que muchas veces, para no quedar sin el vestido nupcial y evangelice de la caridad, se despojó de sus propios vestidos y se los dio a los pobres, como si hubiera sido despojado por el ímpetu violento del amor divino.

Pobreza y desapego

La pobreza voluntaria nada posee y es rico de todas las cosas y feliz, no teme ni desea ni puede perder cosa alguna, habiendo colocado su tesoro en lugar seguro. Para eliminar del camino concreto y lealmente la ocasión de toda propiedad, se ordena que ningún hermano tenga llave de celda, baúl, cofre ni de ningún otro objeto, excepto los oficiales para conservar aquellas cosas que han de dispensar para la comunidad de los hermanos de modo justo y razonable.

Dado que nada poseemos en este mundo, a ningún hermano sea licito regalar nada a los seglares, sin licencia de sus guardianes. Estos no podrán dispensarlos ni dar a todos licencias sin la licencia de sus vicarios provinciales, a no ser de cosas mínimas y viles.

Cuidado de los hermanos enfermos y de los apestados

Para atender la necesidad de los enfermos como lo dicta la razón, lo manda la Regla y lo exige la caridad fraterna, se ordena que, enfermándose algún hermano, inmediatamente el padre guardián le asigne un hermano apto que lo atienda en todas sus necesidades. Y si fuere necesario que cambie de lugar, lo provea inmediatamente.

Todo hermano piense en lo que querría que se le hiciese a si mismo en caso semejante No hay madre alguna más tierna y afectuosa con su hijo único, como cada uno de los hermanos, como lo dice nuestro piadoso padre en nuestra Regla.

Para los que no tienen amor alguno en I¿ tierra, es cosa dulce, justa y debida, morir por aquel que murió por nosotros en la cruz Se ordena que en tiempo de peste, los hermanos se pongan al servicio de los apestados, según disposición de sus vicarios, los cuales en esos casos tendrán bien abiertos los ojos de la discreta caridad.

CAPÍTULO SEPTIMO

Confesar a los seglares

En primer lugar, para evitar problemas de súbditos y prelados, se ordena que ningún hermano confiese seglares sin licencia de capítulo o del padre vicario general. Dicho oficio exige una experiencia adecuada junto a buena conciencia y capacidad. No sea ejercido, pues, por aquellos que no son idóneos.

Los que han sino nombrados confesores no confiesen ordinariamente sino en casos extraordinarios, cuando fuese constreñidos por caridad. Y esto para evitar todo peligro de distracción de la mente, de modo que retirados y recogidos en Cristo, puedan sin impedimento y de modo más seguro correr a la patria celestial.

Reconciliación y eucaristía

Se ordena también que los hermanos se confieses al menos dos veces por semana y comulguen cada 15 días o más seguido, cuando así lo deseen y los respectivos prelados lo vean conveniente. En el adviento y en cuaresma hagan la comunión todos los domingos.

Según la admonición apostólica, procuren examinarse primero muy bien a si mismos, viendo de un lado su nada y su indignidad, y de la otra parte el noble don de Dios, dado con tanta caridad. Que estos sacramentos no sean motivo de juicio para sus almas, sino de aumento de luz, de gracias y de virtud.

Este altísimo y divino sacramento, en el cual tan dulcemente se digna habitar continuamente con nosotros nuestro dulcísimo Salvador, en todas nuestras iglesias sea conservado en lugares limpísimos y tenido por todos en suma reverencia. Se mantengan y oren en su presencia, casi como si estuvieren en la patria celeste, junto con los santos ángeles.

Se concede a los hermanos que, en caso de necesidad, cuando estén fuera de nuestros lugares, puedan confesarse con otros sacerdotes

Hospitalidad y caridad

Para alimentar la caridad, madre de toda virtud, se ordena que se reciba a aquella. personas que vinieren a nuestros lugares con toda posible humanidad cristiana, y especialmente los religiosos, en cuanto ello. están más especialmente dedicados a la alabanza divina. Así lo exhortaba nuestro Padre en su primera Regla.

Misericordia de los ministros hacia los hermanos que pecan

Se orden que en los casos reservados loe transgresores se presenten lo más rápido posible, recurriendo humildemente a sus vicarios, en los cuales pueden y deben confiar.

Los prelados, si los vieren verdaderamente contritos y humillados, con firme propósito de enmendarse, y preparados a una penitencia adecuada, los traten con dulzura, a ejemplo de Cristo nuestro verdadero Padre Pastor. Lo recibirán tal como el padre piadosísimo recibió al hijo pródigo. Con Cristo traten de llevar al redil angélico, con alegría, sobre sus propias espaldas, la oveja perdida

Exhortación de san Francisco

Recuerden también que nuestro padre san Francisco acostumbraba decir que, si quería levantar a un caído era necesario inclinarse hacia él por piedad, y no estar de pie con justicia inflexible y cruel sobre el caído. Así lo hizo Cristo, piadosísimo Salvador, cuando le fue presentada la adúltera. Cristo. El Hijo de Dios, para salvarnos, descendió del cielo sobre la cruz, y con inmensa dulzura animó a los pecadores humillados.

Piensen que pocos o ninguno se salvaría si Dios nos hubiese juzgado con justicia inflexible. En el imponer la penitencia tengan pues, cuidado de salvar y no perder la fama de aquel pobre hermano. Ningún hermano tiene que escandalizarse de su pecado, ni avergonzarlo, rehuirlo, o tenerlo en horror: Por el contrario se ha de tenerle compasión, y amarlo tanto más cuando más necesidad tiene. Pues, como decía el padre san Francisco, cualquiera de nosotros hubiera obrado mucho peor si Dios no los hubiese preservando con su Gracia.

Cuando dejó en el mundo como su lugarteniente y pastor universal a San Pedro le dijo que quería que perdonase al pecador aun que pecase setenta veces siete. San Francisco dijo en una de sus epístolas que quería que si el hermano hubiere pecado a más no poder, visto los ojos del prelado, no partiere sin misericordia cuando la buscase humildemente. Y que si no la buscase, quería que el prelado se la ofreciese; y si después mil veces volviera a su presencia, quería que jamas se mostrase indignado o se recordase de su pecado. Por el contrario, para acercarlos a Cristo nuestro piadosísimo Señor, decía que es suficiente delante de Dios amar con el corazón y en verdad, arrepentirse de corazón, con propósito firme de no pecar más y ejercitarse en obras virtuosas. Cristo, dando la penitencia, acostumbrada decir: Vete y no peques más.

Misericordia con justicia

Por otra parte piensen que no castigar al que peca equivale a abrir la puerta a todo tipo de vicios e invitarlos a cometer errores semejantes. Por lo cual, según la Regia, le impondrán con misericordia una penitencia adecuada. A fin de que las buenas cepas sean conservadas por las buenas obras en la posesión del Señor, ordenamos que en nuestras cosas y especialmente en la corrección y castigo de los hermanos no se observe la sutileza de las leyes ni se caiga en las redes judiciarias.

Llevar la cruz de la penitencia

Según la concesión de Bonifacio VIII, Inocencio y Clemente, de feliz memoria, a ningún hermano le será licito apelar contra sus prelados fuera de la congregación, bajo pena de excomunión latae sententiae, de cárcel y ser expulsado de la congregación. No hemos entrado en la religión para litigar sino para llorar nuestros pecados y corregir nuestra vida y obedecer, llevar la cruz de la penitencia en seguimiento de Cristo.

Los prelados corrijan misericordiosamente a los malvados, de modo que no se conviertan en futuro impedimento a los buenos.

Todos los cristianos y sobre todo nosotros hermanos de san Francisco debemos conservar integra e incólume la fe apostólica de la santa iglesia romana. Hemos de confesarla con firmeza y predicarla sinceramente, dispuestos a ser torturados y derramar la sangre hasta la muerte en su defensa. Ordenamos, pues, que, si algún hermanos, por tentación diabólica, fuese encontrado, lo que Dios no permita, inficionado de algún error contra la fe católica, sea puesto en prisión perpetua. Para castigar a esta calaña de delincuentes, haya en nuestros lugares cárceles a la vez seguras y humanas.

Los hermanos apóstatas

Habrá hermanos que lleguen a abominar nuestra soledad y retiro y deseen volver a las carnes de Egipto, habiendo sido liberados de la fornicación de Babilonia. Por la presente constitución decretamos que el vicario general y todo el capítulo excomulguen a todos los apóstatas de nuestra congregación. Los excomulgados serán notificados y se remitirán al vicario general y a los provinciales, la cualidad y cantidad de las penas con las que deberán ser castigados dicho apóstatas y todos los demás delincuentes.

Los vicarios deberán castigarlos teniendo en cuenta la índole de los excesos, la humildad de los penitentes y la caritativa discreción, según las antigua constituciones y laudables costumbres de nuestra Orden.

Tal como lo dice el eximio doctor Agustín, tanto al castigar como al perdonar no se pierda de vistas que la finalidad el la corrección de la vida del hombre. La justicia, pues se vea temperada con la misericordia, de modo que, sin faltar el rigor de la disciplina no se exceda por la crueldad excesiva. El objetivo del castigo es la curación del enfermo, por cual la misericordia y la verdad se deben encontrar juntas. Se elegirá como prelados a hombres maduros, discretos, que tengan ciencia, conciencia y experiencia, y en todas las cosas procedan con el consejo de los hermanos mas antiguos

Los secretos de la Orden

Los castigos, que deberán imponerse con buen celo, no deben verse impedidas o juzgados aviesamente, y debe existir total libertad de procedimiento contra los delincuentes Por eso prohibimos que los secretos de la Orden sean manifestados. Debemos con conservar la fama de todos, en cuanto sea posible, procurando en todo la alabanza y la gloria de Dios, la conservación de la paz, la edificación y la salud de todos nuestros prójimos.

CAPÍTULO OCTAVO

Autoridad como servicio

Según la doctrina de Cristo, humilde Señor nuestro, los prelados cristianos no deben parecerse a los príncipes gentiles, que se enaltecen con la dignidad. Aquellos deben tanto más abajarse cuando tiene más peso en las espaldas. Mientras que los demás hermanos tienen que obedecer a su prelado, éstos tiene que obedecer a todos los hermanos. El capítulo que los elige la impuso el cargo por obediencia para que sirvan y ministren a los hermanos en todas sus necesidades, especialmente en las espirituales. Así lo hizo Cristo que vino para servirnos y ministrarnos y para dar por nosotros su propia vida.

Se exhorta a todos los prelados a ser ministros y siervos de todos sus hermanos. Según la doctrina del seráfico padre administren a sus súbditos Espíritu y vida con su ejemplo y doctrina.

Humildad y simplicidad en las elecciones

En todas las elecciones se actúe simple, santa y canónicamente: Según la doctrina de Cristo, piadoso Señor nuestro, invitados a sus bodas, procuren estar en el último lugar. No se ubiquen con Lucifer en el primero. Sabiendo que los primeros serán los últimos y los últimos los primeros. Huyendo las dignidades con Cristo, no las acepten, si no fueren llamados por Dios por santa obediencia. como Aarón.

Capítulos generales y provinciales

Se ordena que, el capítulo general se haga cada tres años en la fiesta de Pentecostés considerada por nuestro seráfico padre como la fecha más apropiada. Los capítulos provinciales se harán todos los años, el se segundo o tercer viernes después de Pascua.

Renuncia de los ministros

En signo de humildad y para demostrar su ánimo sincero, alejado de toda suerte de ambición, el vicario general en el capítulo general y los provinciales en los capitular provinciales, renunciarán libremente a sur oficios y todas sus facultades en las manos de los definidores elegidos por el capítulo En testimonio de renuncia perfecta, pondrán los sellos en las manos de dichos definidores.

Si muere el general

Se determina que si el padre vicario general muere durante su trienio asuma como comisario general el primer definidor elegido en el capítulo anterior. Si este muriese, lo sucede el secundo y así siguiendo.

El cual deberá convocar al capítulo la antes posible en torno de la fiesta de Pentecostés, o en setiembre. Apenas pueda convoque a los otros definidores y con su consejo y determine el lugar que le parezca mas conveniente.

Si el general no es apto

Proponemos establecer un modo cierto seguro y fácil para deponer el general, cuando éste no fuese idóneo, tal como san Francisco lo manda en su Regla. Los tres primeros definidores del capítulo anterior recabar la información necesaria que les permita juzgar su incapacidad. En tal caso tendrán el poder y la obligación, cuando y como les parecerá conveniente, de convocar a los hermanos al capítulo general. En él se determinará si hay causa suficiente o no para deponer al general

Si el general intentase impedir tal convocatoria del capítulo, queremos que sea privada ipso tacto del oficio. En caso que el capítulo general juzgase que el general no mereciese ser depuesto y los tres definidores antedichos hayan producido tal conmoción en la congregación sin justa causa, éstos serán castigados gravemente según el arbitrio del capítulo por haber procedido con tan poca discreción.

Elección de los definidores

En la elección de los definidores tengan voz pasiva todos los hermanos que se encuentren en el lugar del capítulo. Los vicarios tendrán voz activa en dicha elección: el general en el capítulo general y los provinciales en los capítulos provinciales.

En el capítulo general serán elegidos seis definidores, de los cuales podrán ser al máximo dos de los elegidos en el capítulo inmediatamente anterior. En los capítulos provinciales serán elegidos cuatro definidores de los cuales sólo dos al máximo podrán ser de los elegidos en el capítulo próximo pasado.

Pausa en el gobierno

Se ordena que los provinciales queden vacantes después del trienio, al menos por un año, a no ser que por causa razonable le pareciese otra cosa al vicario general.

Oraciones durante el capítulo

Todos los hermanos de la congregación durante la celebración del capítulo general harán oraciones continuas y fervorosas, y en el tiempo del capítulo provincial lo harán todos los hermanos de la provincia, pidiendo a la divina clemencia se digna concertar nuestros asuntos según su beneplácito, para alabanza, honor y gloria de su Majestad, y para utilidad de la santa Iglesia.