IV CONCILIO DE LETRÁN, 1215 VII ecuménico

contra los Albigenses, Joaquín, los valdenses, etc.)

De la Trinidad, los sacramentos, la misión canónica, etc.

La predicación

Capítulo 10. Del nombramiento de los predicadores.

Ente otras cosas que miran a la salvación del pueblo cristiano es especialmente necesario que sea conocida la palabra de Dios. Así como el cuerpo el material, también el alma necesita del alimento espiritual, dado que el hombre no vive solamente de pan sino de toda palabras que sale de la boca de Dios.

Por muchas razones, sin mencionar la falta de ciencia, que en ellos es absolutamente reprobable y que no podrá en el futuro jamás nuevamente tolerada - con frecuencia constatamos que el obispo no puede por sí mismo administrar la palabra de Dios al pueblo. Sea por sus múltiples ocupaciones o por estar enfermos, o por las guerras, o por otras múltiples razones, pero sobre todo por vastedad y extensión de las diócesis, por esta constitución general establecemos que los obispos asuman hombres idóneos para ejercer saludablemente el santo oficio de la predicación. Estos tales, vigorosos en su vida y su predicación, visitarán al pueblo que les ha sido encomendado en lugar de aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos. Edificarán al pueblo con su ejemplo. Administren la palabra siempre que sea necesario, no sea que por carecer del alimento necesario desistan del camino iniciado.

Por cual prescribimos que tanto en la iglesias catedrales como en las Conventuales sean ordenados varones idóneos a los que el obispo pueda tener como cooperadores, no solo en el oficio de la predicación, sino también en el oír conversiones y imponer penitencias y otras cosas pertinentes a la salud de las almas. Si alguien fuere negligentes en poner en práctica estas cosas padezca las debidas penas.

Cap 2 Del error del abad Joaquín.

Mas como algunos, bajo apariencia de piedad (como dice el Apóstol), reniegan de la virtud de ella (2 Tim. 3, 5) y se arrogan la autoridad de predicar, cuando el mismo Apóstol dice : ¿ Cómo. . . predicarán, si no son enviados (Rom. 10, 15), todos los que con prohibición o sin misión, osaron usurpar pública o privadamente el oficio de la predicación, sin recibir la autoridad de la Sede Apostólica o del obispo católico del lugar sean ligados con vínculos de excomunión, y si cuanto antes no se arrepintieron, sean castigados con otra pena competente.

Los Capítulos

Capítulo 12. Sobre los Capítulos conjuntos de los monjes.

Para aquellos monasterios que no están habituados a celebrar capítulo común con otros, establecemos que en cada reino o provincia, de tres en tres años, salvo el derecho de los obispos, se celebrará un capítulo común de los abades y de los priores en los monasterios que no tienen abad. Al cual asistirán todos los que no tuvieren algún impedimento canónico. Se reunirán en uno de los monasterios apto a tal fin, de modo que ninguno sea sede por más de seis veces y de ninguno asista más de ocho personas.

Los que no tienen experiencia llamen, con caridad, a dos abades de la Orden cisterciense. Estos tienen una larga costumbre en tal práctica y les darán oportunos consejos.

Nuevas órdenes religiosas

Capítulo 13. Se prohibe las nuevas religiones.

A fin de que la exagerada diversidad de religiones induzca a confusión en la iglesia de Dios, prohibimos firmemente que nadie funde una nueva religión y que aquél que quisiere entrar en religión asuma una de las ya aprobadas. Si alguien quisiera fundar una nueva casa religiosa, reciba la regla y encuentra de las religiones aprobadas.

También prohibimos que alguien presuma ser monje de diversos monasterios, ni que un solo abad presida diversos monasterios.