Capítulo General de Perusa de 1322

SOBRE LA PROPIEDAD PRIVADA

DE CRISTO

Y LOS APÓSTOLES

Traducido de: Annales Minorum seu trium ordinum a S. Francisco Intitutorum autore A.R.P. LUCA WADDINGO HIBERNICO S.T. Lectores Jubilato et Ordinis Cronologo TOMUS VI (1301 -1322) Editio Tertia auctior e emendatior ad exemplar editionis P.JOSEPHI MARIAE FONSECA AD EBORA Ad Clara Aquas (Quaracchi) Prope Florentiam 1931 pág. 445 - 453 ss

La controversia sobre la pobreza de Cristo y de los Apóstoles, nacida el año anterior entre Menores y Predicadores, adormecida con eufemismos, fue de nuevo puesta por algunos en el tapete el 1322. Tanto que el Pontífice tuvo que proponer a todos los Prelados y Maestros de Sagrada Teología que estaban en la Curia la discusión de la siguiente propuesta, transmitida así por escrito:

"Si por acaso pueda ser herético el afirmar pertinazmente que el Señor Jesucristo y sus Apóstoles no tuvieron posesión alguna de bienes, ni en privado ni en común."

Tal afirmación parecía fundamentarse sólidamente en la "Exiit qui seminat", donde el Pontífice Nicolás enaltece la Religión de los Menores, la cual renuncia a la posesión, tanto privada como comunitaria, de todo bien:

"Estos son los que profesan la Regla Santa que se funda en la enseñanza del Evangelio, se robustece con el ejemplo de la vida de Cristo y se confirma con las palabras y los hechos de los Apóstoles, fundadores de la Iglesia militante.

Esta es la Religión pura e inmaculada ante nuestro Dios y Padre, que descendiendo ejemplarmente del Padre de la luces por mediación de su Hijo, fue transmitida verbalmente por los Apóstoles, y finalmente por el Espíritu inspirada al bienaventurado Francisco y a sus seguidores. De modo que podríamos afirmar que se apoya en el testimonio de la misma Trinidad.

Afirmamos sin equívocos que la renuncia por Dios a toda propiedad, tanto privada como comunitaria, de todos los bienes, es santa y meritoria. Dado que por medio de tal renuncia Cristo mostró con su palabra y confirmó con su ejemplo el camino de la perfección. En esa renuncia quisieron vivir perfectamente los primeros fundadores de la Iglesia militante, bebiéndola de el como de su misma fuente, y dejándola en herencia con su doctrina y ejemplo."

El Pontífice Juan decidió someter a examen el sentido genuino de la decretal de Nicolás, a pesar de que el mismo Nicolás lo había prohibido grave y categóricamente. Con pena de excomunión y privación de oficio y beneficio ordenó taxativamente que:

· la Constitución fuera leída siempre tal como había sido redactada, y de ese modo expuesta literal y fielmente,

· ningún lector o expositor pudiera inducir a concordancias, contradicciones, u opiniones divergentes o adversas

· quedaba prohibido hacerle glosas a la Constitución,

· las únicos glosas tenían que limitarse, literalmente, a una mejor inteligencia gramatical, aclarando alguna palabra o su sentido, o bien la construcción de la frase.

Juan eliminó esta prohibición promulgando la siguiente constitución.

"Para recordación perpetua.

A veces la experiencia presente demuestra perjudicial lo que en el pasado se pensó fuese provechoso para el futuro. El hacedor de las Leyes no debe ser incriminado si intenta revocar, modificar, o suspender algunas cosas contenidas en las leyes, tanto las promulgadas por sí mismo como por sus predecesores, cuando las considera mas perjudiciales que beneficiosas.

Esta fuera de toda duda que nuestro predecesor, el Papa Nicolás, de feliz memoria promulgó una Constitución, que se titula "Exiit", sobre la Regla de nuestros queridos hijos, los Hermanos de la Orden de los Menores, fundada por el Santo confesor Francisco.

En ella prohibió a los Lectores o expositores inducir en modo alguno a concordancias, contradicciones u opiniones divergentes o adversas, y hacer glosas, salvo las estrictamente gramaticales, para mejor inteligencia de alguna palabra o de la construcción de alguna frase. El intelecto del lector no debe que ser inducido a entender cosa distinta de lo que suena literalmente en la Constitución.

Quiso, además que estuviera latente la pena de excomunión , "ipso facto", para quien no obedezca y se atreva a glosar en algún escrito dicha Constitución fuera de las modalidades arriba señaladas. Sin que puedan obstar en contrario privilegios, indulgencias, o Letras apostólicas, dadas a cualquiera persona que fuere, sea dignidades, Órdenes o lugares religiosos o seculares, sea que hubieren sido concedidas en general como en particular y bajo cualquier forma o expresión verbal.

Todos los que hagan algún comentario, oral o escrito, o escriban algún libro, y enseñan deliberadamente en las Escuelas o en la predicación algo que estuviere en contra de lo afirmado en dicha Constitución, todos, sin excepción, caen bajo pena de excomunión.

A pesar de todo, bien sabemos que la verdad que está escondida se abre frecuentemente mediante la argumentación y el dialogo y que bajo la misma expresión se esconden muchos sentidos.

Teniendo en cuenta que

· tanto la lectura como la inteligencia perfectas de dicha Constitución resultan difícil a sus lectores,

· queremos abrir el camino a la verdad, y evitar el peligro de incurrir en dichas penas a personas ilustradas, especialmente escolásticos,

· han surgido nuevamente algunas dudas al respecto

· si no fuera lícito reflexionar y no disputar sobre lo afirmado en dicha constitución, puede correr peligro la verdad y favorecerse el camino al error.

Es por eso que tanto para los Hermanos nuestros, Arzobispos, Obispos y demás Prelados, como para los profesores en ambos derechos, y para los Maestros de Sagrada Teología que estarán presentes en nuestro consistorio, por la autoridad Apostólica que nos asiste, suspendemos hasta que sea beneplácito de la Sede Apostólica todas las penas, tanto las latas como las conminadas, así como sus efectos contenidos en dicha Constitución.

Por esta suspensión no entendemos conceder licencia alguna a nadie como para dogmatizar, escribir o predicar o hablar en contra de la Regla de dichos Hermanos, tanto en privado como en público. Al contrario, lo prohibimos taxativamente a todos y a cada uno con la autoridad antes mencionada.

Que nadie en el futuro se atreva a poner en duda la suspensión de las mencionadas prohibiciones y penas, que nadie piense que por falta de pruebas ha transgredido dichas prohibiciones y caído en las penas consiguientes. A efectos de proveer remedio oportuno mandamos que se cuelguen afiches o bandos en lugar público, en las puertas de la Iglesia Mayor de Aviñón, tal como si fuera un pregón cantado y público de la mencionada suspensión."

Ante tal suspensión de las censuras muchos varones doctos comenzaron a buscar el sentido de la Constitución de Nicolás, que favorecía en todo la opinión de los Menores.

Por esa época los Menores se reunieron para el Capitulo General en la ciudad de Perusa. Entre los cuales hemos de destacar al Ministro General, Miguel de Cesena, a varios Maestros de Teología, a algunos Cardenales, especialmente Vital de Furno y Bertand de la Torre, antiguos miembros de loa Menores, y otros varones nobles, que querían mantener indemne sus opiniones. De modo que decidieron escribir un documento público para que el sentido común pudiera abrir Juicio sobre el asunto. en dicha Carta exhortaban, urgían insistentemente, a los destinatarios, tanto Cardenales como otros Señores, a defender con su palabra la declaración de Nicolás III.

Leído el documento de Nicolás en aula capitular, estudiado el asunto por todos los Maestros, luego de larga discusión sobre el tema, expresaron su sentir sobre la cuestión con las siguientes palabras:

A todos los fieles que habrán de leer esta carta, el hermano Miguel, Ministro General de la Orden de los Hermanos Menores; Guillermo de Inglaterra; Enrique, superior de Alemania; Arnaldo, Ministro Provincial de Aquitania y Maestro en Sagrada Teología; Hugo de Novocastro y Guillermo de Almuguia, Doctores en Sagrada Teología; Nicolás, Ministro de Francia y Guillermo Bloc, Bachiller en Sagrada Escritura; y todos los Ministros, Custodios, Discretos y Lectores Generales de Estadios; congregados en Capítulo General en la ciudad de Perusa,

salud y paz eternas en el Señor.

Sabrán hermanos, que el año del Señor 1322, en la indicción VI, del primer día de las Nonas de Junio, supimos que en la Curia Romana se estaban planteando interrogantes acerca de si serla herético afirmar que Cristo y los Apóstoles no tuvieran propiedades en común.

Teniendo que dar nuestra opinión acerca de esa cuestión, hemos querido comunicarla mediante este escrito con nuestra firma y sello.

Vistos y examinados todos los argumentos en pro y en contra de dicha cuestión, luego de diligente y madura deliberación, adhiriendo total y firmemente a la determinación de la Santa Iglesia Romana, acorde y unánimemente decimos y declaramos:

No es herético decir y afirmar que Cristo, al mostrar el camino de la perfección y los Apóstoles al seguirlo, y al querer dejar ejemplo para que otros pudieran vivir en la perfección en el futuro, a título de propiedad o de dominio o por derecho propio nada poseyeron en común.

Mas aún, afirmamos que tal juicio o. sano, católico y fiel en grado sumo con el sentir de la Iglesia Católica Romana, quien probadamente nunca se desvío ni erró del sentir de la tradición Apostólica.

Esto esta expresamente afirmado en la "Exiit qui seminat", donde así leemos:

"Afirmamos que la renuncia por Dios a toda propiedad, tanto privada como comunitaria, de todos los bienes, es santa y meritoria. Dado que por medio de tal renuncia Cristo propaso a los hambres el camino de la perfección, enseñándolo con su palabra y confirmándolo con su ejemplo. Por su medio los primeros fundadores de la iglesia militante, o sea los apóstoles, quisieron llevar la vida perfecta que aprendieron de la fuente del mismo Cristo, para dejarla en herencia a las generaciones futuras tanto con su doctrina como con su ejemplo."

Esta determinación de la Iglesia fue insertada en el libro 6 por la misma Iglesia Católica, Y fue promulgada ,por otra decretal en el Concilio de Viena, y allí fue insertada en el libro 7, siendo de tal modo aprobada por la Iglesia universal y Católica. Además ha sido aprobada recientemente por el Señor Juan XXII, Papa por la divina providencia, como saludable, sólida, lúcida, elaborada con mucha madurez, en el contexto de una amplia declaración sobre la Regla y situación de los Hermanos Menores, que comienza con las palabras: "Quorundam exigit".

Tal como consta en el canon 19, aquello que fue tenido sanamente por dogma por la Sede Apostólica, se deberá aceptar siempre, y no es lícito a nadie rechazarlo.

Nuestra opinión al respecto es común, y concorde la aprobación dada a esta sentencia. De modo que dotamos el presente escrito elaborado de común acuerdo, con el sello y la firma del mismo Ministro General, y de los nombrados hermanos Maestros en Teología, y de cuatro Ministros Provinciales: Tomas, de la Provincia de Bolonia; Pedro, de la Provincia de San Francisco; Fernando de la Provincia de Castilla; y Simón de la Provincia de Turín.

Dado en Perusa, en el año y mes arriba señalados.

Antes de disolver la asamblea y retirarse de Perusa editaron otra declaración semejante pero más detallada. Con muchos razonamientos y autoridades de los Santos quisieron dar a conocer a todos los fieles que tal sentencia no era herética, sino que al contrario sana y católica. El texto lo tomo de Álvaro Pelagio, quien, en cuanto yo sepa, ha sido el único en transcribirla, aunque omitió muchas otras autoridades y razones en favor de la sentencia contraria, porque, como él mismo dice, lea conserva en otras partea de su obra.

A todos los fieles que habrán de leer esta carta, el hermano Miguel, Ministro General de la Orden de los Hermanos Menores: Guillermo de Inglaterra; Enrique, superior de Alemania; Arnaldo, Ministro Provincial de Aquitania y Nuestro en Sagrada Teología; Napo de Newcastels, y Guillermo de Almuguia, Doctores en Sagrada Teología; Nicolás, Ministro de Francia, y Guillermo Bloc, Bachiller en Sagrada Escritura; y todos los Ministros Custodios, Discretos y Lectores Generales de Estudios, congregados en Capítulo General en la ciudad de Perusa;

salud y paz eternas en el Señor.

Sabrán que en el año del Señor 1322, en la indicción V de los Idus de Julio, congregados en Perusa para nuestro Capítulo General, se nos ha requerido especialmente nuestra opinión acerca del tema que vamos a desarrollar.

Luego de un intercambio de ideas, hemos deliberado con madurez y diligencia tanto acerca de la naturaleza propia del tema como de todos sus aspectos colaterales. Y respondemos tal como sigue:

Proclamamos y confesamos unánimemente que no es herético, sino al contrario sano, Católico y fiel, el afirmar que Cristo al proponer el camino de la perfección y los Apóstoles al proseguir idéntico camino de perfección, y legarlo como herencia mediante su ejemplo para que otros también pudieran vivir en perfección, no poseyeron cosa alguna ni por derecho de propiedad o de señorío, ni en razón de algún otro tipo de derecho propio o especial.

Contamos con multitud de razones y con muchas mas autoridades de los Santos, tanto Latinos como Griegos. Estos concuerdan en este punto, así como los dos querubines extendían sus alas juntándolas en medio del tabernáculo del Señor, o como los dos serafines en el templo que no dejan de proclamarlo a una sola voz y sin cesar. Pero queremos ser breves y presentamos solamente las razones siguientes:

1.-Ninguna afirmación es herética si se funda sobre una determinación y varias confirmaciones posteriores de la sacrosanta Iglesia Romana. Pues bien, el afirmar que Cristo y los Apóstoles no tuvieron cosa alguna en propiedad, ni en común ni en privado, tal como ha sido dicho, se fundamenta en una determinación y en varias declaraciones de la santa Iglesia romana. Por lo tanto tal afirmación no es herética.

Lo mayor es evidente a cualquier católico y así conato en muchos cánones. Dice Agustín: "No creería en el evangelio si lo autoridad de la Iglesia no me indujera a ello..

La menor se prueba por aquél texto de la Exiit qui seminat: ‘Afirmamos que la renuncia por Dios a toda propiedad, tanto privada como comunitaria. de todos los bienes, es santa y meritoria. Dado que por medio da tal renuncia Cristo propuso a los hambres el camino de la perfección, enseñándolo con su palabra y confirmándolo con su ejemplo. Por su intermedio los primeros fundadores de la Iglesia militante, o sea los Apóstoles, quisieron llevar la vida perfecta que aprendieron de la mente del mismo Cristo, para dejarla en herencia a las generaciones futuras, tanto con su doctrina como con su ejemplo. Esta decretal tare promulgada por otra del Concilio de Vienne, la Exivi de paradiso., y de ese modo promulgada por la misma iglesia universal. Además ha sido aprobada recientemente en la "Quorundam" por el mismo Señor Juan XXII, Papa por la divina providencia. En eso declaración suya sobre la Regla y situación actual de los Hermanos Menores la recomienda muy mucho como saludable, sólida, lúcida, y como elaborada con mucha madurez. Queda claro, pues que la menor, o sea la afirmación que dice que Cristo y los Apóstoles no tuvieron cosa alguna en propiedad, ni en privado ni en común, tal como ha sido dicho, está fundada en una determinación común y por varias confirmaciones de la Santa Iglesia Romana.

2.-La afirmación que sostenga que Cristo y los Apóstoles observaron una altísima pobreza no es herética, Pero afirmar que Cristo y los Apostales no poseyeron nada en propiedad, ni privada ni común, es sostener que ellos observaron una pobreza altísima y perfectísima. Por lo tanto esta afirmación no es herética.

La mayor se puede probar con argumentos de razón. Cristo y los Apostales fueron principio y medida ejemplar de toda suerte posible de perfección evangélica. Ahora bien, el principio, la medida y el ejemplar de la perfectísima y altísima perfección contiene en sí todas las perfecciones en él reflejadas o contenidas. Por lo tanto la perfección de la pobreza evangélica, como las demás perfecciones, fueron en Cristo de modo altísimo y perfectísimo.

La mayor también queda clara por las autoridades, y en primer lugar por la del mismo Cristo, quien al decir de Jerónimo a Eustoquio: "Cristo se manifestó pobrísimo y abyectísimo..

La menor se prueba porque la pobreza altísima y perfectísima es la que mejor elimina la solicitud temporal y la que hace al alma más libre de toda afección a las cosas temporales. Ahora bien, por sí misma y en razón de su misma esencia, diferenciamos la solicitud que nace desde lo extrínseco y la que se origina en cosas intrínsecas al estado de pobreza. Por ejemplo: el estado de pobreza se ve debilitado en quien esta preocupado por adquirirlas y poseerlas mas allá de lo necesario. Otra es la deficiencia que nace de la falta de caridad entre los hombres, caridad por cual es normal sustentar a los pobres de Cristo proveyéndoles de lo cotidiano necesario. Aquella pobreza que elimina la propiedad privada, por sí misma y esencialmente, y en razón de su naturaleza propia, es la que mejor elimina toda solicitud, dado que los bienes temporales, aún aquellos que se poseen en común, seducen las mentes de los poseedores y de algún modo las atan. Inevitablemente hace que los poseedores se afanen por conservar, defender, adquirir, ampliar tales bienes. Los vuelve temerosos y preocupados por evitar la pérdida o disminución o deterioro de tales bienes comunes. Por lo cual no logran tener el ánimo totalmente libre, sino antes bien de algún modo coaccionado. Como claramente lo dice Agustín: "Son muy pocos lo que dejaron todas sus cosas y siguieron a Cristo distribuyendo todos sus bienes a loa pobres a fin de servir a Dios completamente aligerados de toda atadura secular; pocos son los liberados de todas las cargas del mundo que hayan logrado levantar vuelo a las alturas como las aves.

También probamos la menor por la decisión de la Iglesia al confirmar la Regla de San Francisco, que así reza: "Esta es la excelencia de la altísima pobreza, la que a ustedes, mis queridísimos hermanos, los ha constituido en herederos y reyes del reino de loa cielos, los ha hecho pobres en cosas y los ha sublimado en virtudes. Sea ésta su porción, la que conduce a la tierra de los vivientes. Adheridos enteramente a ella, hermanos amadísimos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, jamás queráis tener ninguna otra cosa bajo el cielo.. Si lo analizamos diligentemente, es evidente que en este texto se habla de la pobreza que excluye toda propiedad, tanto personal como común. Podemos citar también otro pasaje de lo Regla que dice : "Los hermanos no se apropien nada para si.. Pero además el sentido se evidencia en los declaraciones de los Romanos Pontífices aquí ya varias voces aludidas.

También podemos probar esta menor por la autoridad de las colaciones de los padres. En la colación 10, 11, leemos: "En realidad la pobreza mayor y más santa es la de aquel que no conoce refugios o derechos propios y que recibe el cotidiano auxilio de la liberalidad ajena. Es la de aquel que, queriendo sustentar su vida y su salud por medio de la providencia divina en cada uno y todos los momentos de la existencia, se confiesa verdadera y merecidamente mendigo del Señor..

Todo este argumento se confirma aún mas con la autoridad de Eusebio, que dice así: "Cristo prohíbe a los Apóstoles el oro y su posesión, mandando a quienes debían marchar a tierras extrañas que no tenían que llevar consigo ni bolsa, ni báculo, ni calzado, ni dos túnicas, y ni siquiera pan o dinero, poniendo así a prueba su fe y su entusiasmo. Les mandó, pues, llevar una vida de extrema pobreza, al grado de no poder preocuparse del alimento cotidiano ni poder tener dos túnicas, ni usar calzados, y tener que recorrer de ese modo todo el mundo. Creyó que no era conveniente para los portadores del las prendas del Reino de Dios, estimar como condigno para los consagrados a la obra del cielo ni siquiera aquellas cosas que los mismos Monjes aprecian". Hasta aquí Eusebio.

Hay que notar que en el texto se afirma que los Apóstoles debían llevar una vida de extrema pobreza.. De modo que también aquí se confirma la mayor del argumento anterior, que sostiene que los apóstoles observaron una pobreza altísima y perfectísima. Y cuando el texto dice que "no debían estimar condigno ni siquiera lo que los mismos Monjes aprecian., está afirmando que su pobreza fue tal que nada tenían siquiera en común. Por lo cual el texto también confirma la menor. Recuérdese que llamamos Monje a quien no tiene nada en propiedad privada personal, mientras que su comunidad tienen algún tipo de propiedad y dominio común, tal es la definición que encontramos en varios documentos.

Ahora bien, que Cristo haya observado la misma pobreza que exigió observar a los Apóstoles se prueba, por el testimonio de Jerónimo en su Carta a Eustoquio, donde afirma: "El señor no podía poseer lo que prohibió a los siervos al decir : No llevéis ni bolsa, ni alforja, etc..

3.-El tercer argumento suena como sigue: ninguna proposición debe calificarse como herética si la proposición opuesta no esta expresada de modo evidente ni en la Sagrada Escritura "secundum se", ni en la exposición que de la Escritura hacen los Santos. O si la contraria no aparece evidentemente como Católica en alguna determinación de la Sacrosanta Iglesia. O bien si tal afirmación contradictoria no se concluye de modo evidente y necesario de algunas de las anteriores.

Ahora bien, en ninguna de las tres modalidades expuestas encontramos proposiciones afirmativas opuestas que excluyan que Cristo y los Apóstoles no poseyeron cosa alguna ni en privado ni en común. Por lo tanto esta proposición negativa no es herética.

La mayor aparece clara por el argumento de la división suficiente. No conviene ni ampliar ni reducir los dogmas de fe, dado que ellos están contenidos de modo evidente y expreso o en la Sagrada Escritura o en la determinación do la Iglesia. Un argumento solamente probable o sofista que se basa en deducciones ampliatorias o reductivas de los dogmas y que se presenta como evidentemente opuesto a una condición o miembro evidente del dogma, no convence al opuesto de herejía.

La menor la probamos por partes. Se prueba evidentemente que en la Sagrada Escritura "secundum se" no está contenido lo opuesto a nuestra afirmación. En todo caso esto podría probarse por lo que el texto de Juan 12, 13 dice de la bolsa y por lo que se afirma en los Hechos de los Apóstoles que tenían todas las cosas en común.. Pero por estos textos no o prueba evidentemente que la Escritura tomada "secundum se" contradiga nuestra afirmación. No os el caso del primer texto, porque trata de compra-venta, y comprar y vender no son actos exclusivos de los que poseen algo en propiedad, sino que pueden ser actos do administradores o dispensadores quo no tienen propiedad alguna sobre las cusas que se venden, o sobre el dinero con el cual se compra. Por tales palabras, pues, no se afirma expresamente ni se sigue evidentemente que ellos tenían efectivamente propiedad -. Y todas las autoridades que mencionan tales actos dicen que los Apóstoles no los hacían como dueños sino como sus meros y puros administradores, teniendo solamente un simple uso de hecho. Y respondemos también al argumento de La bolsa acudiendo a todas las autoridades que hablan del tema. Todos concuerdan en que los Apóstoles tuvieron para sí solamente el uso de tal bolsa y esto al servicio de los demás. Sería inverosímil leer que Cristo y los Apóstoles tuvieron o quisieron tener algo en propiedad, porque eso sería sumamente repugnante a su perfección y profesión. Pues tal tipo de pobreza cae bajo el voto propio de la profesión de Apóstol. Por lo cual se prueba que la afirmación afirmativa opuesta, o sea que Cristo tuvo propiedades en común, no aparece evidente ni en la sagrada escritura tomada "secundum se", ni en las exposiciones de los Santos, ni por determinación de la Iglesia, ni en ninguna otra cosa que pueda de ello deducirse. Por lo cual la proposición negativa, o sea que Cristo y los Apóstoles no tuvieron cosa alguna en propiedad, ni privada ni común, tal como ha sido ya explicitado, no es de modo alguno herética sino fiel.

Dotamos, pues, de los sellos y firmamos con nuestras propias manos el presente testimonio.

Dado en Pelusa, el mes y día antedichos.

Los Padres Capitulares establecieron además que este documento, tan bien armado con declaraciones de los Pontífices y con tantos argumentos, fueran defendido por doquier y de cualquier modo licito.

Dieron una comisión especial al Hermano Bonagracia de Bérgamo, quien permaneciendo en la curia Pontificia tenia que defender la causa y urgir una decisión favorable. Viviendo en Avinón en nombre de la Procura de toda la Orden, podría satisfacer las objeciones de los adversarios. Era un hombre de no poca doctrina, osado de ánimo, pronto en el obrar, quizá un poco más allá de lo justo y conveniente, como después se demostró.

Al pontífice le cayó mal que muchos hermanos enrostraran públicamente su doctrina, posiblemente con animosidad exagerada e que la inculcaran inoportunamente. Y a fin de ayudar a establecer la opinión contraria, provocado e irritado por algunos, renunció a la propiedad de todas los bienes que le eran conferidos por los Hermanos Menores aunque de hecho permanecieran en su poder. Gozando de su uso, ellos dejaban la propiedad en manos de los Pontífices Romanos, de modo que la propiedad fuera de la Iglesia. Esto de acuerdo a la declaración de muchos Pontífices Romanos, especialmente Gregorio IX, Inocencio, Martín IV, Nicolás III, Clemente V. Por tal motivo Martín les concedió Síndicos o Procuradores que en nombre de la Iglesia recibieran o reclamaran las cosas donadas a los Menores.

Promulgó esta decisión ese año, en los IV Idus de diciembre, colgando de las puertas de la Iglesia de Aviñón una amplia y difusa constitución, la "Ad conditorem canonum". En ella se procede disputando escolásticamente para demostrar que el uso de hecho no se distingue de la verdadera propiedad, especialmente en el terreno de los bienes consumptibles. A consecuencia renuncia a la propiedad privada de aquellas cosas que estaban en posesión de los Menores, o las que ellos les pudieran ofrecer y las que sus predecesores hablan recibido para sí y para la Iglesia Romana. Prohibió que en adelante hubieran Síndicos o procuradores que en nombre de la Sede Apostólica reclamaran o cuidaran de tales posesiones.

A las personas simples y piadosas causó mucho desagrado ese proceder: la peligrosa facilidad para derogar las constituciones Apostólicas, para revocar o anular los actos de sus predecesores, y sobre todo en un argumento grave que castigaba o suprimía un Intitulo de muy grandes proporciones, tal como lo era toda la masa Franciscana.

No faltaron, entonces, quienes con sus palabras y con sus escritos reprobaron el hecho. Con el correr del tiempo sigue siendo pacifica entre los buenos teólogos la opinión contraria a la "Conditorem canonum". Hoy por hoy todos sostienen que la distinción entre propiedad de derecho y propiedad de uso, es totalmente acorde con la razón y patente por la experiencia.