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TRATADO DE PAZ ENTRE LOS BUENOS HOMBRES Y LOS HOMBRES DEL PUEBLO, EN ASIS

1203 - noviembre

En nombre de Dios, Amén. Año 1203, mes de noviembre. En lo presencia de Alducio Mucio, Jacobo y Carlos, cónsules de Asís,

En Asís hubo una cierta desavenencia entre los buenos hombres y los hombres del pueblo, y en ello se destruyeron castillos y moradas. Nosotros, Jacobo, Tancredo de Ugón y Marangón, comisionados por el Común paro establecer lo paz mutua entre los antes mencionados, o tales efectos ordenamos:

El común de Asís construirá o hará construir dos casas con tres muros, cada uno de ellos de 10 pies de alto, 30 de largo y 15 de ancho, en el caserío de Morrupto, como pago y restitución a los hijos de Mateo, por lo destrucción del monte Morio y de lo colina de San Damián. Aguramonte se hará cargo de lo cuarta parte de las expensas en lo construcción de tales casas.

El común hará también una casa con cuatro muros de 10 pies de alto, 30 de largo y 15 de ancho en los propiedades de los hijos de Bratiz y de Pedro Lope.

El Común hará también una casa dentro de la ciudad para Casedonio y paro Adinolfo, y en ellos construirá varas de muro de 10 pies de alto, y 15 de largo, amén de lo prometido al Señor Hugolino en pago de lo destrucción de lo cuarto parte de lo torre de S. Sabina.

Igualmente, en pago por la destrucción de Basano, el Común hará una casa de acuerdo a los deseos de los hijos de Sanguineo, y con los medidas acordadas, en la propiedad que los hijos de Lope tienen en el caserío de Mercato, o en el caserío de Morrupto.

Paro el Hijo de Morico levantará el Común tres varas de muro en su caserío de Morrupto, junto al muro de la ciudad, de 10 pies de alto.

Paro los hijos de Bernardo Doce, el Común levantará un muro alrededor de su propiedad en el caserío de Morrupto, empleando las piedras y arena que se encuentran en el lugar, alzándolo hasta la altura del muro mayor existente en el caserío, Además hará un muro en el medio y otro vara de muro o lo largo, sobre el muro de Morescoto. Lo que falte de material lo aportará el Común, con piedras, arena y cal de sus propiedad.

Para Gentil Seguino hará una vara y medio de muro de 10 pies de alto y 15 de largo en la casa que posee junto a su tierra. Lo mismo hará el Común para Celino, junto a su tierra.

Para los hijos de Otreducio Negro levantará una vara y medio de muro en su caserío y en las cercanías de su tierra, según lo antedicha medida.

Par la casa de Juan Saxo y de Medicis se pagarán 50 lib.. Se entreguen también 50 lib. a los hijos de Petrucioto por la suya. A Fortibraccio y Girardo también se le ofrezcan 50 lib., y puedan mantener allí sus casas en tanto tengan sus denarios. Por el caserío de Munaldo se pagarán 30 lib. La misma cantidad par el caserío de Leonardo. Esto será ejecutado por los Cónsules que estuvieren oportunamente.

Por el bien de la paz, ordenamos y afirmamos que los ciudadanos de esta ciudad y de sus suburbios que hubieren acostumbrado prestar a sus Señores las servidumbres propias del vasallaje (hominitium), pero que no lo hubieren hecho desde hace 25 años a la fecha, quedarán ahora eximidos de todo vasallaje, y de sus servidumbres propias. Pero si, por el contrario, hubieren estado sometidos o tales servidumbres hasta hace seis años atrás, en ese caso, seguirán a ellas sometidos. Y si los Señores, por si o por mensajeros, les requiriesen tales servidumbres de vasallaje, y a ellos se resistieren, o si no los hicieren a satisfacción, tendrán aquellos el poder de confiscarles el doble de lo estimado, tanto dentro como fuera de la ciudad. Pero no añadirán sobre ellos otro tipo de servidumbre.

Los hombres que desde hace yo 33 años son considerados como campesinos (villani), también serán tenidos por campesinos en la actualidad, y los Señores harán de ellos lo que quisieren, tanto dentro como fuera de la ciudad.

Ningún ciudadano se esta ciudad podrá establecer una sociedad o hacer pacto alguno con otra ciudad, o con un castillo, con otro Señor, ni con un embajador del Emperador, sin el consejo del Común de esta ciudad. No podrá obrase división alguna tanto dentro como fuera de esta ciudad, sino que todos harán siempre el bien y jamás el mal al Común de Asís.

Quien tuviere que salir de esta ciudad o quien hubiere partido en tiempos de la guerra que el Común sostuvo con los de Perusa (o no ser que sea campesino -villanus-) para ser enemigo de esta ciudad, y hubiere hecho algún mal o esta ciudad, todos sus bienes serán públicos. Y los ciudadanos de esta ciudad darán poder a los Cónsules para castigarlos. Y si alguno se opusiese a la pena que debe padecer, aunque insistentemente suplicara ante el juicio de los cónsules, que tales fugitivos no tengan más derechos (balia) tanto dentro como fuera de la ciudad.

Decretamos también que los hijos de Gislerio, Bernardo, Alberico Tiberio, Aguramón, y todos los otros que quisieren ponerse a nuestro disposición. quedará a nosotros reservado juzgar entre ellos y el Común. El Común estará obligado a acatar nuestro dictamen.

Todos los hombres de Asís estarán habitualmente obligados a la mutua ayuda con el fin de preservar todos sus bienes, todas sus cosas y derechos, costumbres y propiedades que actualmente poseen y todas las que en el futuro puedan adquirir, por derecho o por uso, aquí o en otro lugar, siempre que sea de buena fe y sin fraude.

Cuando un soldado u otro hombre cualquiera de nuestra ciudad deba ser repatriado, o tuviere que pagar alguna deuda a otra ciudad o castillo, o a otra persona fuera de nuestra jurisdicción, nuestros ciudadanos estarán obligados a repatriarlo.

Si en alguna ciudad o castillo fuere confiscado o robado algún soldado o comerciante de nuestra ciudad. el Común está obligado a rescatarlo.

El Común podrá admitir como ciudadano a alguien que viniera da otro lugar de nuestra tierra, luego de la tercera solicitud, y si tal solicitud proviniera de un Superior de Común. Pero si el solicitante fuera un Menor, quedará la resolución a juicio de los cónsules.

Todo lo que pueda ser realizado por el Señor Ugolino durante su mandato, por él, en persona, será ejecutado. El resto será cumplido dentro del período de los dos consulados siguientes.

Cualesquiera que se oponga o lo anteriormente acordado caerá en las penas del Común, pagando 100 lib. Si no las tuviere será sometido al juicio de los Cónsules. Si el pueblo no observare lo acordado deberá pagar 1000 lib. a los buenos hombres. Si los buenos hombres no lo cumplieren pagarán ellos 1000 lib a los hombres del pueblo.

Todo el que hubiere hecho gastos a cargo del Común, en el tiempo en que el Buenbarón fue Cónsul de Asís, y de todo lo gastado desde entonces hasta el presente, el cónsul o los cónsules sucesivos, estén de ordinario obligados o restituir o los hombres de esta tierra, y a dispensarlos de sus cuentas, y a corregir los daños que hubieren podido ocasionar a los negocios del Común.

Quien tuviere que pagar impuestos (balia) al Común o al Señor de esta ciudad, desde el tiempo de Buenbaron hasta el presente, y de ello no hubiere rendido cuentas, y no hubiere sido absuelto, el Cónsul estará obligado o apresarlo para que rinda cuentas, y los tales estén obligados a pagar. Los que han sido. pues juzgados, estén obligados o pagar sus deudas.

Decretamos que todos los daños y perjuicios ocasionados a los castillos mencionados sean pagados por quienes los ocasionaron. Y los que padecieron o recibieron los perjuicios, no pueden devolverlos por sus propias manos en las personas, o bienes de los causantes. No podrán tampoco presentar querella alguna ante la corte del Emperador o ante la Curia Apostólica, o de sus delegados (nuntiis). Tampoco podrán poner término u obtener los instrumentos de pacificación ratificados por este Común, tanto los ya hechos como los que serán establecidos en el futuro, bajo la pena de 1000 lib.

Y serán condonados todos los demos perjuicios que hubieren podido ser cometidos entre los Asisienses.

Todos los buenos hombres y todos los de Asís, juraron observar lo que se puede leer en estas páginas.

Yo, Juan, he escrito y autenticado todo lo anterior por mandato de los arriba mencionados. Con mi propio mano escribí todo lo actuado y lo trasladé al escrito original y con mi autoridad, sin nada añadir ni quitar.