Tercera Parte

CRÓNICAS Y OTROS DOCUMENTOS

Las crónicas son fuentes del movimiento franciscano original, más que de San Francisco, al que -en general- sólo se refieren ocasionalmente. Pueden tener o no ese nombre, pero siempre van presentando los hechos en orden cronológico.

También estamos incluyendo en esta parte algunos otros documentos que no pueden ser clasificados como biografías, pero también constituyen fuentes históricas para los franciscanos.

Autores Franciscanos

1. Tomás de Eccleston escribió, entre 1258 y 1259, la historia de los primeros frailes en Inglaterra: "Liber de Adventu fratrum minorum in Angliam".

2. Jordán de Jano escribió, en 1262, la historia de los primeros frailes en Alemania: "Chronica".

3. Salimbene de Adam, de Parma, escribió, entre 1281 y 1288, una "Crónica".

4. Un grupo anónimo escribió, entre 1280 y 1305, un "Liber exemplorum fratrum minorum" (Libro de los ejemplos de los frailes menores).

5. Un fraile anónimo de Umbría escribió, entre 1330 y 1350, una "Vida del pobre y humilde siervo de Dios Francisco".

6. Arnaldo de Sarrant escribió, en 1365, el libro "De cognatione sancti Francisci".

7. Un fraile anónimo escribió, entre 1369 y 1373, la "Chronica XXIV generalium Ordinis Minorum"

8. Bartolomé de Pisa escribió, entre 1385 y 1390, el "Liber de conformitate vita beati Francisci al vitam Domini Iesu", que fue aprobado por el capítulo de 1399.

9. Antonio de Rieti escribió, entre 1385 y 1416, los "Actus Beati Francisci in Valle Reatina".

10. Fabiano de Hungría escribió, entre 1400 y 1443, el "Speculum vitae beati Francisci et sociorum eius".

11. Santiago Oddi de Perusa escribió, en 1475, la "Franceschina", biografía de figuras ilustres de la Orden.

Además de las anteriores, son fuentes informativas para los siglos futuros las siguientes crónicas y escritos: "Arbor vitae crucifixae Iesu" (1305) de Ubertino de Casale; el "Chronicon seu Historia septem tribulationum ordinis minorum" (1325/1330) de Ángel Clareno; los escritos de Pedro de Juan Olivi; la "Chronica" de Nicolás de Glassberger (1508); las numerosas obras de Mariano de Florencia (inicio del siglo XVI); la "Crónica" de Marcos de Lisboa (ed.It.1581); "Seraphicae religionis libri tres (1586) de Rodolfo de Tossignano; "De origini seraphicae religionis..." (1587) de Francisco de Gonzaga. Un amplio repertorio es ofrecido por los "Annales Minorum" (1625s) de Lucas Wadding.

Autores no franciscanos

Nuestra edición brasileña de VOZES presenta ocho pequeños testimonies de autores no franciscanos de los siglos XIII y XIV. Quien tenga acceso a la edición italiana podrá encontrar 28 interesantes testimonios de fuera de la Orden:

De cuando san Francisco estaba vivo: Dos cartas de Jacobo de Vitry y algunas páginas de su "Historia Occidentalis". La "Crónica" de Ernoul, el testimonio de Bernardo, el Tesorero y la Historia de Heráclito. Los testimonios de Buoncompagno de Signa y de Burcardo de Usperg. Las crónicas de Monte serene y de San Martín de Tours.

Posteriores a la muerte del santo, hay testimonios de Odón de Cheriton, de Lucas de Tuy, de Tomás de Spalato y de Esteban de Borbón, además de la Pasión de San Verecundo.

Sobre los orígenes y la difusión de la Orden tenemos unos sermones de Jacobo de Vitry a los frailes menores, testimonios de Cesáreo de Heisterbach y de Alberico de Trois Fontaines, además de un trozo de la Vida del Papa Gregorio IX, de los Anales de santa Justina y de las crónicas normandas.

También fueron escritas diversas pequeñas biografías de San Francisco por Rogerio de Wendover y Mateo de parís, por Ricerio de Sens, por Felipe Mousket, por Gualter de Gisburn, además de una crónica rítmica austríaca y de una crónica de Dinamarca.

Además de eso, la edición italiana presenta diversos otros testimonios franciscanos, menores pero muy interesantes, como la Crónica menor de Erfurt, la Crónica de Lanercost, la Serie de Maestros Generales OFM, los testimonios de Fray Peregrino de Boloña, Fray Tomás Toscano, Fray Estevan, Fray Nicolás de Asís, Fray Lucas de Bitonto, Fray Bonaparte y Fray Juan. Los recuerdos de Fray Iluminado, una oración de San Francisco, los recuerdos de Fray León, el texto escrito por Fray León en el breviario de San Francisco, una miscelánea de San Buenaventura e un texto de Juan Olivi.

Destacados

Entre todos estos textos, destacamos como de importante lectura algunos documentos:

1. La Carta de Fray Elías - Escrita luego después de la muerte de San Francisco, para comunicarla a toda la Orden, es un documento característico e importante. Está en la edición de las VOZES.

2. La Crónica de Jordán de Jano - La edición de las VOZES da algunos trozos. Es un documento pintoresco, sincero, interesante de leer y, más que todo, muy fraterno. Cuando el Capítulo de 1221 designó frailes a Alemania, Jordán fue a mirar por curiosidad a los "futuros mártires" y lo agregaron al grupo. Testimonio un hecho fundamental de los orígenes.

3. La crónica de Tomás de Eccleston - También es una sabrosa historia de los primeros frailes en Inglaterra, entre 1224 y 1258: paupérrimos pero muy fraternos.

4. La Crónica de Salimbene de Adam - Contemporáneo de San Buenaventura, Salimbene se interesaba por todo y anota como un periodista todo lo que veía suceder a su alrededor, en diversos lugares. Tiene informaciones muy próximas de Francisco y sus compañeros a través de frailes que los conocieron.

Sacrum Commercium

Aunque no haga ninguna contribución a la biografía de San francisco, este es uno de los libros más bonitos e interesantes de las Fuentes Franciscanas. El "Sacrum commercium beati Francisci cum domina Paupertate" es una obra literaria de original valor teológico.

Expresa uno de los primeros pensamientos, fundamentales, franciscanos sobre su papel en la Iglesia.

Si nos basamos en las traducciones italianas que vienen desde el siglo XIV, en que el libro aparece como "Mistiche nozze", presentaríamos la traducción: "Nupcias místicas de San Francisco con la Señora Pobreza". Pero eso no expresaría el contenido del libro.

Commercium es un intercambio de mercaderías u otros bienes. Celano usa esa palabra en 1Cel 35, cuando dice: "comenzaron a familiarizarse (habere commercium) con la santa pobreza". Nuestra traducción de las VOZES dice: "iniciaron ahí su alianza". En 2Cel 70, dice: "Hay un trato (commercium) entre el mundo y los frailes". La palabra puede significar hasta relacionamiento sexual, pero una buena traducción sería "La sagrada Alianza" porque la figura típica del libro es la alianza bíblica entre Dios y su pueblo.

Su autoría ya fue atribuida a Juan Parenti, a Crescencio de Jessi y a Juan de Parma, que fueron ministros generales. También a San Antonio y a Juan de Peckam, obispo de York. No se puede afirmar nada.

También le dieron la fecha de 1227, anterior a 1Cel, pero, en realidad, debe haber sido escrito entre 1260 y 1270. Llegó a ser conocido por ser citado en el "Arbor Vitae Crucifixi Iesu", de Clareno, y también por Dante, en la Divina Comedia.

Es una alegoría. Los frailes buscan la Pobreza y llegan a encontrarla en una montaña en que vive abandonada. Ella cuenta su historia desde la creación del mundo hasta Cristo, después desde Cristo hasta las Ordenes religiosas, entonces decadentes. Después, se deja convencer para ir a un banquete con los frailes y queda feliz de estar con Francisco y sus compañeros. Especie de representación o de auto sacramental.

Van Cornstanje comenzó a leerla de modo diferente, en 1964. Repasó, desde el punto de vista teológico, las principales fuentes franciscanas, de los escritos a las leyendas, buscando los pasajes donde era más evidente la idea de alianza entre Dios y el pueblo de los pobres: los frailes menores.

Se vio así, que estamos ante una alegoría teológica de la opción franciscana por la pobreza. Esser retomó la idea, en 1966, y desarrolló el significado bíblico-teológico de la obra en base de la alianza salvífica. Desbonnets, en 1968, dejó claro que el autor no puede ser Juan de Parma y la fecha no puede ser 1227.

Siete de los 14 manuscritos que traen el texto dicen que fue terminado en julio de 1227. Pero todos dependen de dos más antiguos (sólo uno da la fecha), hoy perdidos. Los estudiosos hoy, en general, no aceptan esa fecha.

Al ironizar el oratorio, el claustro, la sala capitular, el refectorio, la cocina, parece referirse a un tiempo posterior, porque los franciscanos comenzaron a vivir una vida claustral en el tiempo del ministro general Aymón de Faversham (1240-1244).

No parece referirse a una polémica dentro de la Orden, con lecturas diferentes sobre la pobreza propuesta en la Regla, sino a una lucha de la Orden con opositores externos. Eso lo lleva a la década del 50 o 60 del siglo XIII, cuando la Orden fue atacada por el clero secular, y especialmente por los profesores de París.

En el "Sacrum Commercium", la Pobreza es esposa de Cristo. Francisco es un apasionado por ella y la saluda como reina de las virtudes (cfr. 18,23 y 64).

De hecho, San Francisco no ve a la Pobreza como su esposa y sí como su Dama o Señora, en los términos feudales. Por lo memos es lo que encontramos en sus escritos, en la "Vida I" de Celano y en los textos de origen leonino. Fueron la "Vida II" de Celano y la "Legenda Maior" las que comenzaron a usar esa imagen (2Cel 55.72.82, LM 7,1), veinte años después de Francisco.

El texto básico de Francisco sobre la pobreza es el "Testamento" En el, la pobreza es siempre concreta, no figurada: 1. Francisco se convierte porque va a vivir en medio de los leprosos; 2. Los frailes, antes de entrar, vendían y daban todo lo que tenían; 3. trabajando con las propias manos, participaban de la vida de los pobres. Para Francisco, la pobreza es una virtud de Jesucristo: para él, no es una virtud, es un programa.

En el "Sacrum Commercium", a su vez, la perspectiva es teológica: 1. Francisco busca la pobreza porque fue a ella a quien Dios dio la llave del reino de los Cielos; 2. La pobreza aparece como una virtud que, por sí misma, no requiere la participación en la vida de los pobres (ver 5,4 "constituida reina de todas las virtudes").

Francisco dialoga con la Pobreza (5-6), desarrollando una teología absolutamente pauperista. La Pobreza fundamenta su dignidad en el hecho de ser esposa de Cristo. Evoca episodios en que siempre fue compañera de Cristo. Y Cristo la confirma cuando sube al cielo.

La Pobreza reconstruye la historia de la salvación desde Adán a través de la historia de la fidelidad o de traición del pueblo para con ella. Adán era el pobre por excelencia, que vivía hasta sin ropa. Pero, en la Iglesia, lo que importa es la pobreza comunitaria, no la personal.

El libro presenta muchos juicios severos e incluso temerarios. Presupone una teología pauperística que, ciertamente fue vivida por Francisco, aunque él no la haya formulado.

El análisis de la Iglesia a partir de la pobreza es interesante, pero, ¿será que Francisco tuvo ese "programa"?

Es interesante confrontar la alegoría del "Sacrum Commercium" con los hechos más marcantes del encuentro de la Pobreza por parte de Francisco: con los leprosos, con los pobres, contando al Papa la parábola de la joven pobre del desierto e su identificación con ella, contando el sueño en que vio una estatua bellísima de una mujer vestida con harapos, encontrando en el camino a tres jóvenes pobrecillas que lo saludan como "Señora Pobreza" (una teofanía femenina que recuerda la visita de los tres ángeles a Abraham en Mambré).

Jerónimo Bórmida presentó un interesante estudio del "Sacrum Commercium" en sus libros "La no propiedad" y "Eclesiología Franciscana".

Sin duda, los hermanos y hermanas de Francisco y Clara tienen una colaboración que dar al Pueblo de Dios.

La "Cuestión Franciscana"

Las "Fuentes Franciscanas" están envueltas en un encendido acontecimiento que se llamó "Cuestión Franciscana" y ocupó todo el comienzo de nuestro siglo.

Quien la comenzó fue el pastor calvinista Paul Sabatier. Encargado por su maestro, el famoso literato Ernesto Renán, de continuar sus estudios sobre Francisco de Asís. Sabatier, que se preparó muy bien, ya llamó la atención de todo el mundo occidental cuando publicó, en 1895, su "Vida de San Francisco".

En 1898, cuando presentó una edición científicamente bien preparada del "Espejo de Perfección", provocó la "Cuestión Franciscana". Estaba partiendo de un documento que encontró en un códice antiguo de la biblioteca Mazzarino, en París, al que dio el nombre de "Legenda Antiquíssima".

El hecho es que Sabatier amaba a San Francisco pero no aceptaba a la Iglesia católica.

Atribuyendo el "Espejo de Perfección" al año 1227, decía que Celano escribió su obra para contradecir esa leyenda, más antigua y más genuina que la de el.

También daba un valor especial a la "Leyenda de los Tres Compañeros" y al "Sacrum Commercium", pero no aceptaba las Leyendas de San Buenaventura. Concretamente, despertó el interés por el valor de los testimonios de Fray león y otros compañeros de Francisco de la primera hora. Todo eso fue altamente benéfico porque movilizó a los estudiosos para descubrir prácticamente todo lo que conocemos actualmente sobre San Francisco y sobre su movimiento en los primeros tiempos.

Los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX, hasta el inicio de la guerra mundial de 1914 fueron fecundísimos.

En 1900, el bolandista Van Ortry critica severamente la "Leyenda de los tres Compañeros", que muestra ser un "pastiche" de otros documentos, dependiente de la "Vida II" de Celano y teniendo influencia hasta de la "Legenda Maior".

En ese mismo año, aparece otra copia del "Espejo de Perfección", la del códice Ognissanti, que ya da una fecha más aceptada, 1318.

En 1901, Lemmens publica una versión más corta y según él, más antigua, del "Espejo de Perfección". A partir de ahí, se encuentran documentos franciscanos antiguos en una medida de casi uno por mes. En 1904, salen las primeras ediciones criticas del los Escritos de San Francisco, ciertamente la base más confiable para conocer su verdadero pensamiento.

Pero es bueno recordar que el conocimiento de las obras de Celano era reciente y el "Tratado de los Milagros" había sido encontrado en aquel tiempo, como el "Anónimo de Perusa", las "Crónicas" de Tomás de Eccleston, de Jordán de Jano y de Salimbene de Adam. La "Leyenda de Perusa" sólo vendría a ser conocida después de la gran guerra.

Pero la gran cuestión no era simplemente descubrir y conocer fuentes nuevas: el problema era evaluar cuál era su grado de credibilidad, cuál la relación de unas con otras, por qué nacieron y las circunstancias históricas del primer siglo franciscano en que ellas fueron apareciendo.

Para los franciscanos y franciscanas de hoy, resulta difícil imaginar qué idea se podía tener de San Francisco cuando la mayor parte de sus escritos eran desconocidos, cuando no se podía leer un Celano o una "Leyenda de Perusa", cuando las informaciones históricas sobre su tiempo eran casi nulas, cuando el santo que todos admiraban y a quien rezaban era el de las "Fioretti" o el que había sido representado en las iglesias a partir de la lectura asidua de la "Leyenda Menor".

Hoy, no se habla más de la "Cuestión Franciscana". Ella produjo numerosos frutos y nos dejó muchos desafíos: el mayor es rehacer una historia franciscana protagonizada no sólo por los frailes menores, sino también por las Hermanas de la segunda y tercera Orden, por los Hermanos de la Orden tercera regular y Secular.

El mayor de la "Cuestión Franciscana" fue despertarnos a un estudio crítico de las Fuentes.

Los primeros biógrafos, de hecho, aunque siendo testigos directos de los hechos narrados, fueron condicionados por muchos factores, como: las vidas de santos que estaban de moda, la mentalidad devota y preocupada de edificar, la intención de actualizar al protagonista conciliando el ideal primitivo con la realidad del momento en que se estaba viviendo, con todos sus problemas.

Algunos de los "compañeros" parecen presos de la primitiva experiencia franciscana y toda evolución les parece traición. Pero la historia es viva y no puede parar. Muchas cosas cambian de prisa, incluso en la historia franciscana. Y también las fuentes se resienten de esos cambios.

Para ser más incisivos, los hagiógrafos se sirven de todo lo que es eficaz y popular: elementos literarios, litúrgicos. homiléticos, simbólicos, legendarios. No interesa tanto la historia objetiva, "de hechos", como la eficacia del mensaje. Esa metodología didáctica fue adoptada por escritores, educadores, predicadores, sacerdotes, etc.

Tal vez podamos enumerar algunos principios prácticos para leer las Fuentes:

Para conocer al auténtico San Francisco, nada se compara a sus Escritos, hoy reconocidos como auténticos y publicados en ediciones criticas. Pero es preciso saber leerlos, pues fueron escritos ocho siglos atrás, en otro país.

El elemento más seguro que tenemos, hoy, para interpretar a San Francisco, es el conocimiento de Santa Clara y de sus escritos.

No basta conocer a San Francisco. El no cayó del cielo como un meteorito: hace parte de los movimientos penitenciales que lo precedieron y sólo se entiende dentro de la historia del movimiento franciscano.

Todas las biografías deben ser leídas con espíritu crítico y conocimiento de las circunstancias en que surgieron. Su enorme valor no está solo en que informan, sino tal vez hasta más en lo que los autores nos transmiten inconscientemente.

Tomás de Celano, leído también con todo cuidado crítico, ha adquirido cada vez mayor credibilidad en la medida en que va siendo conocido.

Los testimonios de Fray León y otros compañeros del santo son preciosísimos. Pero es preciso buscarlos como pequeñas pepitas de oro en medio de mucha arena.

El mejor conocimiento que se puede adquirir sobre San francisco y su movimiento es con el corazón: buscando la transformación de la propia vida.