MADUREZ AFECTIVA Y PROCESO FORMATIVO FRANCISCANO

1989

Hermano Jerónimo Bórmida

 

Las siguientes no son teorías de un técnico o especialista diplomado en el tema formación y afectividad. Para la redacción de estas páginas no he consultado  obras de sicólogos y pedagogos. Presento reflexiones, fruto de una larga vivencia; de expertez si se quiere, pero de la pericia que da la experiencia. Prácticamente desde siempre he acompañado la formación inicial y permanente, como formador, maestro y profesor. He leído, he asistido a cursos, cursillos, seminarios, encuentros... Para esta reunión de formadores de la CCB he procurado resumir, ordenar, redactar esquemáticamente este material vital con la ilusión de ser útil a la reflexión y discusión de la asamblea. Tomen lo que sigue como puerta, no como cuarto. Quise abrir una ventana no pintar un cuadro.

I

EL JOVEN FORMANDO DE HOY

Hace unos doce años atrás participé en un curso organizado por la CAR - CONFER, las dos conferencias de religiosos, masculina y femenina respectivamente, de la República Argentina, que funcionan separadamente. Recuerdo este hecho por ser síntoma contextualizador de la madurez afectiva en la formación para la vida religiosa.

La explicación dada a la separación de sexos en la animación de la vida religiosa tiene sus razones convincentes. De hecho la mujer que trabaja con el varón trabaja bajo el varón. La separación, hoy por hoy, es la única garantía de cierta independencia. Como prueba bastaría hacer el recuento de cuántas presidentas hay en las conferencias mixtas de religiosos. La Asamblea elige a un varón como presidente, necesariamente... de lo contrario no es escuchado en ámbitos de dominio masculino, por no emplear un término más agresivo. Piénsese en las relaciones con la conferencia episcopal: es voz común que los obispos no hacen mucho caso a las religiosas. Abordo el tema consciente de una contextualidad poco favorecedora, poco formativa, de la madurez afectiva del religioso.

Era un curso sobre pastoral vocacional. Uno de los temas estuvo a cargo de  Efraín Sueldo Luque, poco tiempo después en conflicto con su comunidad religiosa. El contenido me quedó grabado y me sigue pareciendo válido en la actualidad. El joven que llega a golpear nuestras puertas religiosas no cae del cielo de las ideas o principios pedagógicos. Proviene de una sociedad que podríamos describir con algunas características que interesan a nuestro tema.

Pero es necesario tener en cuenta un dato complementario: en la selección de nuestros candidatos uno de los criterios básicos es la \“Normalidad”. El joven no tiene que padecer "anomalías" ni físicas ni síquicas. Tiene que haber terminado los estudios correspondientes a su edad o estar en un grado avanzado de absorción del modelo educativo. De hecho, al aceptar solamente jóvenes "normales", encuadramos la vocación dentro de los moldes de la cultura dominante.

Hoy en día estamos más proclives a recibir jóvenes provenientes de familias muy modestas e inclusive marginales, pero exigimos el más alto grado de "normalidad posible". Es decir: tiene que certificar la más alta integración posible del proyecto ideológico de los mass media, de la cultura dominante. Al menos tiene que haber superado y aprobado  el proyecto domesticador de la escuela primaria. Carente de esa básica domesticación no es apto al proceso educativo religioso.

Para elaborar un buen proceso formativo tenemos que tener en cuenta los siguientes factores: a) una buena caracterización de la matriz cultural de procedencia; b) una buena caracterización del joven concreto "a formar".

I.1. sociedad "mamista"

Puede dársele otro nombre, hedonista, por ejemplo. Pero el hecho es que la cultura dominante promete a sus cultores, como una grande y mítica "mamá", la ausencia o la superación de todo tipo de sufrimiento. Por todos los medios disponibles, sin referencias éticas. En la escala de valores, aquella que reglamenta el bien y el mal, la felicidad está en la cima. No se tolera ni la simple mención de la necesidad de "soportar", de convivir con el dolor.

Los jóvenes candidatos son partícipes de una cultura que integró dentro de su dogmática el axioma: "el dolor es absurdo". Hoy es posible evitar la mayoría de los dolores, y en un próximo futuro serán totalmente eliminados, por obra y gracia de la técnica y la ciencia que velan por nosotros en nombre de la gran‑madraza‑providente‑societaria. El hombre de hoy no tiene siquiera que luchar o que sufrir mucho para alcanzar la felicidad: basta pagar los impuestos, ser un ciudadano íntegro e integrado y... esperar.

I.1. a) los nacidos en la primera mitad el siglo

Un joven "normal", de los que admitíamos en nuestros cuadros religiosos, nacido en la primera mitad del siglo, sabía por experiencia lo que era el dolor. La familia, más grande y unida, ofrecía la oportunidad de asistir al fenómeno normal de la muerte, de la enfermedad, de la separación, del conflicto. Las desgracias eran vividas solidariamente por todo el clan familiar. El dolor, como la fiesta, eran constitutivos indiscutidos de la existencia humana. El velorio tenía siempre algo de encuentro, de celebración: incluía comida,  café, bebidas. Los familiares no tenían vergüenza de manifestar externamente el dolor con gritos, llantos, ropas negras... No había nada que ocultar: el dolor era un rostro familiar, conocido, "normal". Se veía nacer y morir gente y animales. Se sabía, se aceptaba, que el dolor, el sufrimiento, el conflicto son componentes existenciales que hay que saber integrar y soportar  Nos guste o no, ni siempre, ni la mayoría de las veces  son superables. Siempre son formativos, "te hacen hombre".

I.1. b) los nacidos en la segunda mitad del siglo

Pensemos ahora en un joven típico, de los que están llegando ahora a una de nuestras casas de formación. Tomemos a un joven "normal" que ha sido aceptado para entrar en nuestros procesos formativos.

Posiblemente fue criado en una ciudad. Vivió en un apartamento, apenas tuvo contactos ocasionales con otra familia que la inmediata de papá, mamá y... un hermano o hermana. Ya no son frecuentes las familias numerosas. No tuvo mucho para compartir, ni obligación de compartir. Nunca asistió a un velorio ni sufrió por la muerte de su perro preferido. Si quiere luz toca un botón. Agua helada y abre la heladera. Quiere ver cine, incluso "atrevido" y prende la televisión.  Las diversiones ya no son cosas de clase adinerada y no hay que luchar para gozarlas. Los padres no imponen penitencias a sus hijos. Tratan de evitarles todos los traumas posibles. Se impone el diálogo, no la imposición.

Generalmente las vocaciones se extraen "del común", pero a veces solicita el ingreso alguna de esas vocaciones "óptimas". Un joven ideal, que además de proceder de una familia "normal", ha tenido una buena militancia cristiana o política... Aquí se complica aún más el panorama: su acción  militante pretendía eliminar o al menos suavizar el sufrimiento humano en el mundo. Para este joven el dolor soportado es ideología alienante.

I.1. c) la irrupción de los pobres.

Es frecuente constatar lo que la teología de la liberación verbaliza como "irrupción de los pobres". Estamos convocando y admitiendo jóvenes provenientes de medios muy populares y hasta marginales. Para ellos el sufrimiento es pan cotidiano. No podemos ignorar anomalías en el comportamiento familiar, golpizas, maltratos, divorcios y otros etcéteras  que alimentan las páginas policiales. Jóvenes con tales traumas, antes no los aceptábamos. Integrados hoy a un proceso formativo no quieren aceptar un dolor del cual han salido para llevar una nueva vida, evidentemente mejor. Generalmente son más exigentes frente a la obtención del placer antes no gozado.

Concluyendo, en todos los casos, contadas las excepciones con los dedos de la mano constatamos que nuestros jóvenes se derrumban ante la primera experiencia de sufrimiento serio en la vida. La muerte del padre, el primer proyecto frustrado, una separación impuesta... la aparición de un conflicto grave, normal, de aquellos que son inevitables en la existencia humana. El joven literalmente se derrumba porque no sabe sufrir. No aprendió a sufrir. Si está casado se divorcia. Si está manteniendo una relación "ilícita" que va a destruir su vida o la del otro, no es capaz de romper, de cortar. No está capacitado para sufrir y menos aún para provocar sufrimiento en el otro. Cortar significa tajo, herida, sangre... No está sicológicamente capacitado para comprometerse seriamente en un proceso de superación de un problema personal: droga, alcohol o cigarro, relaciones, simplemente porque no sabe sufrir.

Podemos multiplicar los ejemplos: El joven no sabe estudiar, porque para estudiar hay que sufrir... En este mundo "mamista", donde la sociedad promete evitar todo dolor real a sus hijos, el producto que llega a nuestras manos no es fácilmente integrable a nuestros procesos educativos.

El joven formando que tenemos entre manos padece de una imposibilidad sicológica de sufrir, de superar el sufrimiento.

I.2.  sociedad mutante

La mutabilidad propia de la condición histórica del ser humano se ha exasperado hasta niveles intolerables. Así como el oído no puede soportar un sonido que supere un determinado nivel de decibles, análogamente la aceleración histórica ha alcanzado "decibeles" sicológicamente insoportables.

Todo lo que era sólido se desvanece en el aire. No solamente el futuro es incierto: no estamos seguros ni siquiera del pasado. El revisionismo histórico más elemental echa por tierra las certezas más incuestionables. Revoluciones, inflación, biogenética, planetización de los conflictos, armas satánicas... la lista puede seguir, pero hoy no sabemos lo que puede pasar no mañana, sino hoy mismo. Los grandes mitos son suplantados rápidamente por otros que duran cada vez menos. Los ídolos tienen vida efímera. La autoridad ya no la tienen los ancianos ni los sabios: está en manos de los técnicos, los capaces de transformar, rápidamente, el futuro.

No es necesario abundar en la descripción de una evidencia, de las más difíciles de asumir para el hombre contemporáneo. Aquí también podríamos hacer las distinciones del parágrafo anterior.

La juventud de la primera mitad del siglo, a pesar de haberse ya iniciado el proceso de aceleración histórica, vivía todavía dentro de ciertos parámetros estables. Tanto que los religiosos ponían la estabilidad como adjetivo de todas las condiciones de ingreso para los candidatos.

 Exigíamos estabilidad al joven que llegaba a nuestras casas de formación. Su familia tenía que ser estable.  Debía haber hecho los estudios establemente. Tener una relación estable con la fe y con la práctica eclesial. Militar en algún movimiento reconocido. No podía adherir a nuevas y sospechosas organizaciones... El joven que llegaba a nuestras casas de formación entraba para no salir, porque era o tenía que ser estable emocionalmente. Quien hacía la profesión temporal la hacía sin dudas y para toda la vida: perder la vocación equivalía a arriesgar la salvación eterna: el cielo era la estabilidad terminal, una especie de seguro de jubilación sin sobresaltos. 

No hay que ser muy perspicaz para ver que hoy la situación se ha revertido. Nos guste o no tenemos que enfrentar la siguiente conclusión.

El joven formando que tenemos entre manos padece de una imposibilidad sicológica de tomar decisiones permanentes.

I.3.  sociedad pansexualizada

Basta sentarse una tarde frente al televisor. Sexo y violencia, desatados, sin control, sin límite, lo más explícito que permite "la sensibilidad del espectador". Sensibilidad que poco a poco se va endureciendo y soporta y exige platos cada vez más fuertes.  Un parque, una playa, una plaza nos permiten asistir a espectáculos que eran inimaginables fuera de los lugares de "mala vida" de la primera mitad del siglo.

3.  a) los jóvenes "de antes"

Pensemos nuevamente en los nacidos en la primera mitad del siglo. Una pregunta que puede ser clarificadora: ¿Te imaginas a tu mamá en tanga? ... impensable. Pudor, virtud, tabúes... o lo que fuera. Pero el hecho es que entre los jóvenes cristianos la castidad era un valor. A veces "el" valor. Se pretendía llegar virgen al matrimonio y permanecer fiel a la pareja, con la cual se mantenía un tipo de relación sexual y afectiva muy enmarcada por códigos morales estrechos. El joven que quería ingresar en la vida religiosa tenía que ser "casto" a toda prueba. Las relaciones sexuales previas... contraindicación seria. El noviazgo previo... mejor era tomarlos de muy niños para modelar su afectividad casta sin ningún tipo de experiencia extraña.

I.3.  b) los jóvenes "de ahora"

Pensemos en los jóvenes de esta generación. La relación de la genitalidad con la afectividad ha cambiado totalmente. Los jóvenes de hoy encuentran normales cosas que en el pasado se relacionaban con la "mala vida". Asisten a espectáculos obscenos gratis, en vivo y en directo en cualquier espacio público de la ciudad. Las relaciones sexuales se ofrecen cada vez con más normalidad, y la que toma la iniciativa es muchas veces la parte femenina. Los nuevos métodos anticonceptivos y los nuevos medicamentos han eliminado todos los miedos al uso indiscriminado del sexo. Hasta el advenimiento del apocalíptico SIDA (AIDS), nuevo monstruo de siete cabezas, al cual se combate no con ética sino con preservativos. Los Spots televisivos que se promueven como "educativos" son dignos de largos estudios trans‑disciplinares, como símbolo de una cultura dominante esclava de la genitalidad.

Si nosotros pretendemos recibir jóvenes "normales", integrados a la "normalidad" de los comportamientos societarios, tenemos que llegar a la siguiente conclusión:

El joven que tenemos entre manos padece de una imposibilidad sicológica de dominar su genitalidad

II

LA FORMACIÓN ACTUAL

II. 1.  lo nuevo positivo

En el terreno específico de la afectividad nuestros modelos formativos han cambiado substancialmente. Y me parece que para mejor. Comparemos dos textos y dos realidades. Una la correspondiente a las Constituciones de l925, que prácticamente mantienen inalterado el texto de 1536. Otra las de las Constituciones renovada en l968 y sus sucesivos retoques hasta el presente.

las Constituciones 1936 -1925

Las Constituciones de 1925, con aquel famoso "la mujer es más amarga que la muerte", encuadraban un modelo formativo que los de mi edad recordamos muy nítidamente:

"Porque según el parecer de los santos Doctores de la Iglesia, y en particular de san Jerónimo, los siervos de Dios deben evitar la familiaridad con las mujeres, aunque sean piadoras...." (n. 234)

"Y para que los limpios de corazón veamos a Dios con los ojos del alma y estemos mejor dispuestos para las cosas celestiales, no tengan los frailes sospechosas compañías o familiaridad con mujeres, ni largas y superfluas conversaciones; y cuando sea preciso hablar con ellas, háganlo en sitio patente, de modo que puedan ser vistos, y así en todo lugar sean buen olor de Jesucristo, conversando con pureza, discreción y honestidad, acordándose del memorable ejemplo que se lee en nuestra crónicas, de aquél fraile que, quemando un poco de paja, dijo: 'La ganancia que hace la paja con el fuego, es la que hace el siervo de Dios conversando con mujeres'. Y de san Luis obispo, fraile de nuestra Orden, refiere el Papa Juan XXII, en la bula de su canonización, que tuvo desde su niñez tan arraigado en su corazón el amor a la castidad, que por guardarla fielmente huía  en absoluto de la compañía de mujeres, de tal suerte que nunca hablaba solo son sola, excepto con su madre y hermana, porque sabía que la mujer es más amarga que la muerte. Y en la vida de san Agustín se lee que rehusó la casa y la familiaridad de su hermana y sobrina, diciendo que si bien las parientes próximas no dan lugar a sospecha, no obstante pueden darla alguna vez las que van a visitarlas. Finalmente, San Bernardo dice que dos cosas contaminan y pierden a los religiosos, a saber, la familiaridad con las mujeres y la especialidad de los manjares." (n. 236)

"Acuérdense además los frailes de que nuestra conversación, no sólo con mujeres, sino también con hombres seglares, debe ser moderada y poco frecuente, porque la familiaridad indiscreta y los inútiles razonamientos con ellos ponen en grave obstáculo al adelanto espiritual."(n. 238)

·       las fraternidades eran numerosas y sometidas a una serie casi infinita de "observancias regulares" que despersonalizaban al máximo la relación fraterno - afectiva.

·       la amistad entre compañeros era muy mal vista, tachada fácilmente de "amistad particular", eufemismo de desviaciones graves de la masculinidad.

·       estaba terminantemente prohibido entrar a la pieza del compañero sin permiso, y en ese caso había que dejar la puerta abierta, con penas de hasta privación de la comunión.

·       la conciencia, la intimidad solamente se abría al confesor.

·       había que ser "macho", como para aguantar sin llorar y sin chistar todos los dolores y problemas personales. Moría la madre, se casaba la hermana, y no se podía asistir ni compartir el dolor y el goce familiar.

·       la formación filosófico - teológica estaba dirigida al cerebro

·       el campo de la afectividad, del corazón, se reservaba a la piedad, especialmente mariana. Recuérdese el famosísimo libro de Cayetano de Bérgamo, "El Capuchino Retirado", con su saguinoliente relato de la pasión, digno de una telenovela.

·       la relación con la mujer se limitada a la exasperación del culto a la "Virgen" María.

·       La familia desaparecía, se borraba hasta el nombre familiar: desde hoy en adelante te llamarás...

Los datos podrían completarse y con mucha utilidad a la hora de montar un proyecto sólido de formación permanente para  hermanos adultos y superadultos: no podemos ignorar su formación de la afectividad.

las Constituciones 1968 -1988

Las Constituciones han cambiado, y mucho. Consecuentemente también han cambiado las actitudes en las casas de formación.

"Entre los Consejos evangélicos la castidad aceptada voluntariamente por Cristo y su Reino y por moción del Espíritu Santo, ha de ser estimada como eximio don de Dios. La razón  de nuestra vida en castidad es el amor preferencial de Dios y de todos los hombres: de modo singular nos proporciona una mayor libertad del corazón, por la cual adherimos a Dios con amor indiviso, y nos hacemos todo para todos." ...(n. 168)

"Una de los notas sobresalientes de San Francisco es la grandeza de sus afectos y su capacidad para expresarlos. Francisco, cautivado del amor de Dios y de todos los hombres, y aún de todas la creaturas, es el hermano y amigo universal...  Cortés y noble, sensible a cuanto hay de bueno y bello, quiere que sus hermanos sean cantores alegres de la penitencia - conversión, inmersos en la paz y la fraternidad universal, inclusive cósmica." (n.169)

"Mientras estamos en el camino hacia el Reino de Dios, la castidad siempre implica cierta privación, que hay que saber reconocer y asumir.... (n,170)

"La maduración afectiva y sexual recorre un itinerario gradual  de conversión del amor egoísta y posesivo hacia el amor oblativo, capaz de donación a los demás. Recuerden los hermanos, especialmente los superiores, que el cariño mutuo y la vida familiar y el servicio fraterno son las principales ayudas para la castidad. La fraternidad verdadera, serena y abierta a los demás hace más fácil la natural evolución de la castidad. El servicio fraterno exige una renuncia constante al amor propio, y supone una dedicación que favorece las auténticas y profundas amistades, que son muy importantes para la plenitud de la vida afectiva..." (n.171)

"Los Hermanos amen a todos los hombres en Cristo y busquen la conversación fraterna y amistosa para participar del Reino de Dios. Según el ejemplo del noble afecto del hermano Francisco hacia la hermana Clara, nuestra relación con las mujeres sobresalga por nuestra urbanidad, reverencia y sentido de la justicia. La amistad en un gran don y favorece el crecimiento humano y espiritual.... La amistad liberadora no es destructora de la fraternidad. Las relaciones de los hermanos con la propia familia favorecen el crecimiento afectivo; sin embargo no olvidemos que la fraternidad es nuestra nueva familia...."(n.172)

·       las fraternidades  son más pequeñas y las relaciones personalizadas.

·       la amistad se aprecia y valora.

·       se provoca el diálogo, la comunicación de vida a todos los niveles entre todos los integrantes de la fraternidad.

·       se trata de rescatar el corazón: véase el excelente trabajo de José Carlos Pedroso sobre la Contemplación Franciscana, en Cuadernos Franciscanos, de Cefepal, Chile, diciembre l988.

·       a mujer y la familia son considerados factores importantes, imprescindibles en la formación de la persona....

II. 2. las carencias

Muchos de los formadores arrastramos las consecuencias de una formación para la madurez afectiva totalmente deficitaria, a veces castradora. En el mejor de los casos muchos nos sentimos impotentes para formar a otros. En el peor de los casos, encontramos formadores convencidos que la gracia de estado basta para todo, inconcientes de la problemática arrastrada, produciendo daños irreparables en los jóvenes formandos.

Frecuentemente los formadores nos sentimos desprovistos de una madurez afectiva correspondiente, proporcionada a la edad biológica. No es buen consuelo el pensar que el problema es también común en los matrimonios, incapaces de guiar la maduración afectiva de las nuevas generaciones.

 Lo cierto es que no basta la buena voluntad. No es legítimo el recurso a la "santa obediencia". Por la Regla y las Admoniciones de San Francisco sabemos que la conciencia a veces nos prohibe obedecer. No puedo hacer una operación quirúrgica sin ser médico cirujano, a pesar de la buena voluntad y de la gracia de Dios que asiste al religioso obediente. Podría ser sometido a juicio por asesinato y uso ilegal de la medicina. En Argentina la "ley de la obediencia debida", eximió a los mandos inferiores de la ejecución de torturas y otras barbaridades. Una mala ley política que reconoce la imposibilidad del Estado ante un sistema militar anacrónico. No podemos caer en análogos anacronismos en la vida religiosa.

No podemos hacer disparates en el campo de la formación. Posiblemente no cometamos ningún delito, legalmente hablando. Pero esto no nos exime de ser concientes: la falta de formadores capacitados es una de las carencias graves en la Orden.

Si en el pasado pudo funcionar la estratagema, hoy no basta el recurso a la piedad y a la ascética. Los consejos piadosos, los arrebatos místicos, en todo caso pueden conducir a compensaciones y trasferencias afectivas más o menos graves. No resuelven ni curan, ni maduran. A veces montan una bomba de tiempo que cuando explota produce desastres en la persona y en su entorno.  La ascética clásica, montada sobre la estructura del individuo, es de muy poca ayuda en el campo de la maduración de la afectividad, porque centra al Hombre en sí mismo, en lugar de abrirlo al mundo del otro, apertura en la que se gesta la maduración. Beber en su propio pozo, de Gustavo Gutiérrez, puede iluminar este aspecto del problema. 

Nos estamos convenciendo  de que no bastan formadores amateurs para la formación de la afectividad en la vida religiosa.

II. 3. interrogantes no resueltos

Muchos, y parece que todos los días descubrimos alguno. Pero por lo que percibo en nuestra realidad formativa latinoamericana, señalo especialmente dos.

II. 3. a) formación de la conciencia crítica

Nuestra formación actual y las generales condiciones pastorales de la iglesia latinoamericana hace que nuestros jóvenes estén muchos más sensibilizados que en pasado hacia las cuestiones sociales. Siempre es útil hacer distinciones entre los de la primera mitad del siglo y los actuales, pero no es ya necesario. El ejercicio puede hacerse mentalmente sin mayores esfuerzos.

Si el joven que se formaba en la década del 50 tenía prácticamente prohibido el acceso a las noticias del "mundo", al actual se le exige dominio de la información. Tiene a mano todos los mass media imaginables. Es frecuente en nuestra provincias ver jóvenes hipersensibilizados frente a la problemática social. Muy especialmente en contextos donde lo franciscano se une a una pastoral eclesial comprometida con el mundo de los pobres.

Pero también encontramos jóvenes no muy preocupados con la realidad, y más frecuentemente aún, padeciendo una visión ingenua de la realidad. Muy rara vez nos encontramos con religiosos dotados de sólida conciencia crítica. El crecimiento de la conciencia social lleva inevitablemente a plantearse la opción política, a entrar en el campo de la eficacia, de lo factible, y por lo tanto del poder. No siempre nuestros jóvenes están preparados para enfrentar el reto. Terminan embarcándose en el partido que afectivamente esté más cerca propuestas de tipo "místico - religiosas".

Para lograr una buena propuesta orgánica en la formación de la conciencia crítica necesitamos de la colaboración de expertos. Estos, siempre, están avalados por una ideología y por la adhesión a un partido. Un horizonte ideológico que hay que tener en cuenta y que no siempre es superable.

II. 3. b) formación de la madurez afectiva

El segundo gran problema no resuelto. Sin pistas claras que indiquen una posible solución. No bastan amateurismos, buenas voluntades y soluciones místicas. Aquí también tenemos que recurrir a la ayuda de expertos, de técnicos. Y como en el caso de la conciencia crítica hay que saber discernir y evidenciar la orientación científico‑ideológica‑antropológica del experto y de las posibles ayudas técnicas. Al menos para no tragar elefantes como si fueran dogmas de fe. A este propósito propongo el paso siguiente.

III

EL PROCESO FORMATIVO

Siempre que me encuentro con formadores insisto en la necesidad de un currículum formativo orgánico que abarque desde la primera propuesta vocacional hasta la formación permanente. Hay que evitar contradicciones y reiteraciones a lo largo de las diversas etapas. Hay que tomar recaudos para que no queden lagunas formativas demasiado grandes. Tenemos que ofrecer una propuesta formativa coherente que abarque toda la vida del "formando".

Los esfuerzos puntuales no resuelven todos los problemas. Una fiesta en la cual se consume un kilo de carne no cubre las necesidades proteínicas del individuo. Puede ser inclusive dañosa.

El alimento tiene que ser administrado paulatinamente, en tiempos prefijados, con dosis adecuadas. No solucionamos el problema de la madurez afectiva con seminarios, cursos, encuentros, tratamientos sicológicos, experiencias que no tienen continuidad ni encuadre en un curriculum formativo, expresión de un proceso global de formación.

A título de ejemplo presento dos esquemas que pueden ayudar a visualizar lo que quiero decir por "curriculum formativo".

El primer cuadro representa el esquema que habría que completar para cada etapa de formación inicial y permanente. El cuadro vertical representa los "niveles" a ser tenidos en cuenta en todo proceso formativo. Es un elenco indicativo, puede ser completado, desdoblado o suplantado por otro. Lo importante es tener claro el panorama y no dejar niveles desatendidos. El cuadro horizontal propone los diversos objetivos a alcanzar en cada uno de los niveles.

El segundo cuadro toma solamente  uno de los aspectos del nivel que podríamos llamar "humano", al menos para entendernos. No excluimos que lo teológico, lo franciscano... es también humano. Este nivel quiere abarcar todos aquellos aspectos formativos que se relacionan con la antropología en sentido estricto. Desde la salud hasta la cortesía en el trato. Ubicamos aquí, tentativamente, la "madurez afectiva", o la "formación para una afectividad relativamente madura", como quiera llamársele.

Evidente que todos los niveles y todos los objetivos están interrelacionados, y no pueden manejarse independientemente. Podríamos hacer un ejercicio trabajando personalmente y en grupos llenando los cuadritos, como quien hace una verdadera programación.

III.1.  esquema en base a objetivos

nivel

objetivos

experiencia

contenidos

aptitudes

actitudes

valores

humano

 

 

 

 

 

teológico

 

 

 

 

 

franciscano

 

 

 

 

 

vida apostólica

 

 

 

 

 

 III.2. esquema para la madurez afectiva  

nivel

objetivos

experiencia

contenidos

aptitudes

actitudes

valores

postulantado 1º

 

 

 

 

 

postulantado 2º

 

 

 

 

 

noviciado

 

 

 

 

 

posnoviciado 1

 

 

 

 

 

posnoviciado 2º

 

 

 

 

 

joven pastor

 

 

 

 

 

a 10 años

 

 

 

 

 

año sabático

 

 

 

 

 

tercera edad

 

 

 

 

 

IV

OBJETIVOS DEL PROCESO EDUCATIVO

Qué queremos lograr con nuestro proceso educativo, cuál  tiene que ser nuestro producto terminal. Porqué y para qué queremos lo que habremos producido al final del proceso. Estos son los objetivos generales.

Queremos un hombre afectivamente maduro, capaz de relacionarse libre y creativamente consigo mismo y con los demás, capacitado para estructurar una red de relaciones armónicas en el ambiente donde vive. Adulto como para perseverar en su opciones aún a costa de grandes sacrificios, capaz de darla vida por el otro en el gesto de suprema madurez...

Esto objetivos generales, que podríamos explicitar y desarrollar en la discusión y programación, se realizan necesariamente mediante objetivos de tipo intermedio, más concretos y por lo tanto operativos y evaluables.

IV.1. objetivos de adquisición de contenidos

Comenzamos por objetivos de fácil acceso. Los contenido son identificables, cuantificables, evaluables. Si damos un libro a leer, luego podemos medir la comprensión mediante un examen... Pero para que el contenido llegue al destinatario tenemos que tener en cuenta dos cosas:

IV. 1. a) la cultura

Es de vital, de primerísima importancia, que la comunicación de conocimientos integre el mundo de valores, la cosmovisión, de cada uno de los formandos. De lo contrario la formación solo comunicará conceptos que se yuxtapondrán a otros conceptos sin formar una nueva unidad vital. El resultado de la Encuesta realizada en preparación a la I ALAC contiene un material que me parece sigue siendo utilizable. Hicimos 51 preguntas sobre la relación entre Formación y Cultura Popular. En uno de los apartados se interrogaba acerca cómo los candidatos imaginaban la castidad, la pobreza, la obediencia antes de ingresar en la Orden. Luego se investigaba cuáles eran las opciones formativas que habían sido tomadas teniendo en cuenta esa realidad. Si no asumimos conscientemente los preconceptos del formando no tocamos el núcleo de la persona en ningún proyecto de formación de la afectividad.

Ni la afectividad real del joven postulante ni la del fraile adulto pueden ser ignoradas a la hora de hacer una programación global de la formación.

IV.1.  b) gradualidad

En cualquier dominio del saber somos aplastados por una avalancha de conocimientos, datos, conceptos teorías. Los que elaboran un  curriculum formativo tienen que hacer un fino discernimiento para priorizar lo sustantivo, lo realmente importante. El que se inicia tienen que saber distinguir lo sustantivo de lo adjetivo. De lo contrario naufraga en medio de un océano de datos. 

IV. 2. objetivos de adquisición de aptitudes

Aptitudes, destrezas, métodos, técnicas. Es un campo de abordaje teórico relativamente simple, y  es también relativamente fácil la evaluación. La eficacia en la vida real es el primer criterio de verificación. Las destrezas para navegar en las aguas turbulentas de lo afectivo ya no son útiles o practicables. Ya no funcionan agua fría, cilicio, ayuno, apartarse de toda ocasión próxima de pecado... Con todo, para la propuesta de nuevos modelos hay que saber aprovechar e integrar todo lo válido de los conocimientos y técnicas ya empleados por los formandos. Las nuevas propuestas tienen que ser utilizables por la persona y el grupo de los destinatarios. Tienen que abarcar todos los campos operativos de la vida del formando.

Evidentemente que las destrezas exigibles a los formandos tendrían que ser ubicadas y escalonadas a lo largo del curriculum formativo, en las diversas etapas de formación. Un joven sacerdote que se integra al trabajo pastoral en una parroquia tendría que saber manejar la nueva relación que se establece frente a los laicos. Nueva relación con el mundo de la mujer, con el mundo de los laicos dirigentes, con la amistad militante, etc. Las carencias en este campo las constatamos a diario. Lanzamos a la pastoral hermanos que no están afectivamente preparados: el instrumental recibido en la formación no les resulta de ninguna utilidad... si es que el curriculum formativo les ofreció conscientemente un programa para adquirir habilidad, destreza, método, técnica para manejar las nuevas situaciones.

IV.3. objetivos de adquisición de actitudes

A partir de las Constituciones renovadas resulta fácil hacer una lista de actitudes que el proceso formativo tiene que procurar y exigir en el formando:

·       amplia libertad de corazón,

·       riqueza de afecto y capacidad de expresarlos;

·       cortesía, nobleza, alegría, paz y hermandad universales, incluso cósmicas; * vida sacramental y en especial eucarística y penitencial; 

·       oración continua e íntima con Cristo y su madre Virgen;

·       no presunción de las propias fuerzas;

·       paulatina conversión del amor egoísta al amor oblativo,

·       capacidad de darse a los demás, amor mutuo y trato familiar;

·       fraternidad serena, auténtica, abierta a los otros;

·       renuncia continua del amor propio,

·       profundas y auténticas amistades, * control de los sentidos y del corazón,

·       alegría en el trabajo diligente;

·       trato fraterno y amistoso con todos los hombres;

·       cortesía, respeto y justicia con la mujer;

·       relación normal con la propia familia...

El problema consiste en ubicar estas actitudes a lo largo del curriculum formativos, ver donde y cuándo priorizarlas, con qué recursos, mediante qué experiencias, etc. ¿Cuáles son las actitudes relativamente afianzadas que exigimos al terminar el postulantado y que hace que se juzgue al formando apto para pasar al noviciado? ¿Cuáles son las que están indicando la necesidad de pasar a otra etapa, de realizar un tiempo fuerte de formación permanente? ¿Cuál es el significado cultural de las actitudes requeridas en el formando? ¿Que significa, por ejemplo, "capacidad de expresar los afectos" para un descendiente de alemán, para un negro, para un indígena, para... los miles substratos culturales que manejamos en nuestra formación?

IV.4. objetivos de adquisición de valores

Es la parte más difícil de la programación y de la evaluación. A la hora de hacer un listado de valores, la cultura, la ideología nos ponen mil interrogantes. Nunca sabemos discernir con total claridad lo que es cultura y lo que es ideología dominante. Lo que es cultura y lo que corresponde al mensaje de Jesús o a la intuición franciscana más esencial.

Jamás es equivalente conocimiento teórico de la castidad con un vida regida realmente por el "valor castidad". Una buena técnica de dominio de los sentimientos no produce automáticamente un hombre que valora la amistad. La madurez afectiva no es solamente cuestión de técnicas para vivir afectivamente equilibrados.

Los nacidos en el clima religioso de la primera mitad del siglo venimos de un estilo de formación dirigido a la adquisición de una serie de "costumbres", "hábitos" capuchinos que frecuentemente se confundían con los valores de la vida franciscano-capuchina.

El problema radica en saber si al final del proceso formativo, como producto terminado, tenemos un hombre maduro, con una escala de valores afectivamente centrada y además franciscana.

Tendríamos que tener clara, explícita, la escala de valores que queremos transmitir, los niveles exigidos en cada etapa, los mecanismos a utilizar para conseguir la producción de tales valores.

V

FORMACIÓN Y AFECTIVIDAD MADURA

Un proyecto formativo centrado en la afectividad integra muchos aspectos, todos centrales en la espiritualidad franciscana. Nuestra vida se define como fraterna. Y la hermandad no puede pensarse ni vivirse fuera de una relativa madurez afectiva. La vida en fraternidad conlleva, de por sí, las dimensiones de libertad, creatividad, conflicto, propiedad... tópicos "afectivos", que tocan fundamentalmente el área de lo volitivo y no de lo intelectual.

V. 1.  afectividad y fraternidad

"Si una madre ama y cuida a su Hijo carnal, ¡cuánto con mayor diligencia debe cada hermano debe amar y cuidar a su hermano espiritual!"  Con el trasfondo de la Regla y de la vida de Francisco, las Constituciones tratan el tema de la vida en fraternidad con un vocabulario netamente afectivo. Si queremos formar religiosos que sean capaces de vivir el texto de las Constituciones debemos formar hombres afectivamente maduros. Entresaquemos del Cap. VI algunas expresiones significativas:

·       la fraternidad desarrolla en libertad la dignidad de los hijos de Dios

·       la fraternidad incrementa la eficacia apostólica

·       os hermanos deberán:

 aceptarse mutuamente, de corazón

sobrellevar el peso y los defectos el uno del otro

hacerse violencia para controlar las propias pasiones

fomentar el diálogo

comunicar confiadamente sus experiencias y manifestar sus necesidades

penetrar en todo de espíritu de fraterna comprensión y estima

·       todos  los hermanos son iguales

·       la diferencia de la edad redunda en de concordia y complemento mutuo

·       no hay madre tan tierna y afectuosa con su hijo como un hermano

·       hay que tener en cuenta la índole personal de los hermanos

·       se debe que promover el trabajo en equipo

·       se favorecerá el trato familiar

·       as actividades deben favorecer el trato fraterno

·       hay que recibir los huéspedes con fraterna caridad y alegría

·       vivir en fraterna comunión con los hermanos de la familia franciscana

·       cultivar una especial relación con las hermanas de vida contemplativa.

·       unirse con fraterno amor con los institutos religiosos franciscanos

  • * hay que cumplir los deberes de piedad y familiaridad con padres, parientes,   bienhechores, colaboradores, y con cuántos pertenecen espiritualmente a   nuestra familia

Los hermanos se confiesan impotentes frente al proyecto de vida fraterna propuesto por las constituciones. A veces porque cargan con neurosis de origen vario. Y siempre porque se carece de la madurez afectiva necesaria para convivir con las neurosis propias y ajenas. No se tiene la suficiente libertad para vivir en fraternidad.

V.2.  afectividad y libertad

La formación antigua preparaba a los hermanos para un estilo de vida conventual, que podría definirse como una urdimbre de permisos, costumbres y "observancias" que regulaban fuertemente el uso de la libertad. El fraile sabía lo que tenía que hacer: o el superior lo ordenaba, o la costumbre ya lo tenía previsto. No podemos abundar en la descripción de horarios, de ejercicios de piedad que disciplinaban la voluntad para el buen uso de la libertad, sin tener demasiado en consideración la madurez afectiva del religioso.

Hoy la formación tiene que preparar al religioso para otro estilo de vida en fraternidad - libertad. La vida en común tiene otros marcos culturales, ideológicos, sicológicos: el diálogo, el respeto a la persona, la flexibilidad... La formación tiene que ser capaz de gestar hombres dotados de tal madurez afectiva, equilibrio síquico y estatura humana y espiritual como para vivir en una fraternidad liberadora y creativa y por lo tanto necesariamente conflictiva. Hay que formar hermanos capaces de crear ámbitos de libertad y creatividad siendo superiores y de vivir en fraternidad  libre y creativa siendo súbditos

Un libro de Eric From, El miedo a la libertad fue muy leído por lo religiosos porque tocaba uno de los puntos neurálgicos de la vida consagrada. Madurez afectiva y libertad son inseparables y directamente proporcionales.

El niño no es libre... a pesar de su apariencia de vivir sin ataduras. El que no está seguro es como un niño, tiende a ser dictador. Dios es tolerante, infinitamente tolerante, porque está soberanamente seguro de sí mismo y de su gobierno sobre las cosas. El hombre maduro es libre y produce libertad. El inmaduro castra la afectividad y la productividad propia y la de su entorno: el miedo le impide la creatividad, vive preso de su propios miedos.

V. 3. afectividad y conflicto

El conflicto siempre existió en la vida del hombre. Pero era vivido en otros parámetros. Se hacía recurso a la obediencia, renuncia, cruz, humildad, aceptación de la voluntad de Dios. Al final siempre quedaba el refugio del coro, de la intimidad de la celda para superar en soledad el conflicto interior y exterior.

Hoy se habla de discernimiento, conciencia, derechos humanos, y el refugio se busca en la compañía de los amigos y amigas. Es curioso que antiguamente se llamaban  "amigos espirituales" a los que proporcionaban dinero para subvencionar las necesidades materiales de los hermanos; ahora son los que dan cariño.

Hay que formar en la "espiritualidad del conflicto", tema que ha sido tratado abundantemente por la CLAR. El conflicto agiganta al hombre maduro, pero puede destruir al iniciado en la vida del Espíritu.

"Hemos constatado los conflictos que hoy atraviesan la vida consagrada en América Latina, tal vez con más intensidad que otras épocas. Conflictos al interior de la Iglesia, al interior de las Congregaciones, conflictos de origen social, cultural y aún político; conflictos generados por la misión entre los pobres y por la defensa de sus derechos; conflictos de conciencia, de lealtad; conflictos que se originan desde la misión profética de la Iglesia y que recuerdan la suerte de los profetas y aún de los mártires. Hemos visto igualmente la relación profunda entre conflictividad en la misión y la fidelidad al Evangelio del Reino...."

Los "signos de los tiempos" en América Latina nos llevan a redescubrir esta profunda relación entre seguimiento de Jesús y conflicto, y especialmente conflicto social - político y cultural. Probablemente más que en otros tiempos, hemos de saber integrar toda suerte de conflictos en la espiritualidad...."

"No hay conflictos humanos puramente "exteriores" (persecuciones, acusaciones, o contradicciones que vienen del exterior). Todo conflicto humano es tal, porque tiene siempre un dimensión interior, se presenta como una crisis del espíritu. Conflicto y crisis son correlativos. Por eso el conflicto tiene que ver con la espiritualidad y es posible integrarlo en una espiritualidad."

"En estos casos y otros similares, se requiere madurez suficiente para vivir estas situaciones de tensiones y conflictos, prolongados y estructurales, sin "quebrarse", "radicalizarse" indebidamente, sin claudicar, sin romper con valores fundamentales..." (CLAR Hacia una vida religiosa latinoamericana, selección de textos teológicos, Bogotá 1987 ‑con bibliografía sobre el tema; Equipo Teólogos CLAR, Fidelidad y conflicto en la Vida Religiosa, Bogotá 1981)

V.5. afectividad, dinero y propiedad

En mi experiencia solamente he podido ayudar a un hermano que flaquea en el terreno de la pobreza cuando he logrado tocar el campo de su afectividad. Si un hermano llega a tener cuenta bancaria a nombre personal, si ha conseguido amontonar pequeñas o grandes propiedades individuales... cuando es hijo de una Madre - Orden tan rica y poderosa como para subvenir generosamente a todas sus necesidades... o es estúpido o tiene problemas afectivos graves. No se siente querido, respetado, amado: no se siente seguro en la fraternidad y busca compensaciones en el dinero o en la propiedad privada. Una tarea a realizar: elaborar nuestra propia teorización franciscana de la afectividad partiendo de la no‑propiedad. Transcribo para terminar algunos textos de mi Introducción a la Espiritualidad Franciscana (Identidad : realidad y utopía, CEFEPAL 1984).

"Bastaría recorrer la regla franciscana para reconocer que la "forma de vida", la cosmovisión, la identidad franciscana encuentra en la no apropiación uno de sus ejes estructurantes, uno de sus soles simbólicos."

Es el drama del Génesis. Adán el "terráqueo", tiene toda la creación a su entera disposición a condición de mantenerse en el "humus" fraterno. Sólo Dios es sujeto de propiedad en la tierra y en el devenir del hombre sobre la tierra. El homo‑humus‑tierra‑fecunda será señor como Dios en la medida que sepa mantenerse en comunión fraternal con la creatura. Si no se apropia de lo que sólo corresponde a Dios, la bondad y maldad de los actos humanos, el poder decisorio sobre lo que está mal y está bien, logrará la comunión armónica consigo mismo, con las cosas y con Dios."

"Pero Adán, el hombre, al hacer un acto de propiedad desencadena todo el mal histórico del mundo. En el acto de poseer es poseído malamente por un animal. Y ya no domina ni sus instintos ni los procesos naturales de gestación y crecimiento. Poseído por la propiedad que ilusionó poseer, se convierte en déspota de su compañera y esclavo de la lucha por el poder..."

"Francisco, sabedor de que uno solo es necesario y basta para todo, es el hombre "sin propio". No sólo renuncia fanáticamente al dinero - moneda, sino que exige renunciar al dinero o peculio del propio parecer, recusando todo dominio o poder sobre personas. Aquí la fuente de su obediencia. No sólo rechaza toda propiedad de tierra, casas, lugares, iglesias, sino también la ilusoria posesión de la verdad: aquí su pobreza. Y en esta dimensión, su castidad, de la que tan poco hablan sus escritos: la renuncia a toda posesión de personas. El temblor con que se acerca a Clara, su voluntad de que sean llamadas "damas" pobres, nunca sujetas al imperio masculino, coincide con la delicadeza que evita la posesión de un animalito que canta laudes a Dios con el pobrecito."

"El franciscano, hombre sin propiedades, se identifica por su capacidad de reírse de sí mismo, de sus proyectos, de sus verdades, de sus certezas. Es alguien que aprendió a no tomarse demasiado en serio a sí mismo por haber descubierto que la única propiedad privada de que puede hacer reclamo son sus propios vicios y pecados. Ha descubierto en tal actitud el camino de la destrucción de los ídolos, siempre solemnes, majestuosamente vestidos, llenos de oros y pedrerías, revestidos de poder sólo aparente: el ídolo muere en el instante en que uno se ríe del ídolo. Y el último ídolo que se logra vencer, en una gran parábola de la perfecta alegría, es el yo."