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  Introducción a las fuentes

SACRUM COMMERCIUM

PRÓLOGO

1. En el conjunto de las preclaras y nobles virtudes que prepararan en el hombre un lugar para morada de Dios e indican el camino más adecuado y expedito para llegar hasta El, ay una que por especial prerrogativa destaca sobre todas las demás y por gracia singular las aventaja en títulos: ¡la santa Pobreza! Ella, en efecto, es el fundamento y salvaguardia de todas las virtudes, y, aun entre las señaladas virtudes evangélicas, goza justamente de la primacía en cuanto al lugar que ocupa su mención. Las demás virtudes -si están bien afianzadas sobre esta base- no tienen por qué temer las lluvias torrenciales, ni la crecida de los ríos ni los vientos huracanados que se desencadenen, amenazando ruina.

2. No Sin razón, se atribuye todo esto a la pobreza, cuando el mismo hijo de Dios, el Señor de las virtudes y el Rey de la gloria , sintió por ella una predilección especial, la buscó y la encontró cuando realizaba la salvación en medio de la tierra. Porque la pobreza a la que en el comienzo de su predicación puso Como lámpara en manos de los que entran por la puerta de la fe y como la roca en la cimentación de la casa. Es más: el reino de los cielos que El concede en promesa a las otras virtudes, a la pobreza se lo confiere inmediatamente sin dilación alguna. Dichosos -dice- los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos

3. Es del todo justo que el reino de los cielos pertenezca a los que nada poseen en la tierra por propia voluntad, por una intención espiritual y por el deseo de los bienes eternos. Es menester que vivan de las cosas del cielo quienes tienen en menos las de la tierra, y que cuantos renuncian a todo lo que es de este mundo considerándolo como basura, saboreen con fruición, ya en el presente destierro, las dulces migajas que caen de la mesa de los santos ángeles y merezcan gustar cuán dulce y suave es el Señor. La pobreza es la verdadera investidura del reino de los cielos, la seguridad de su posesión y como una santa pregustación de la futura bienaventuranza.

4. Por eso, el bienaventurado Francisco, -cual auténtico imitador y discípulo del Salvador-, en el comienzo mismo de su conversión, se entregó con todo celo, con todo afán y con toda deliberación a buscar, encontrar y retener la santa pobreza, Sin vacilar ante ninguna adversidad ni arredrarse frente a contratiempo alguno; sin rehuir trabajo ni escatimar fatiga corporal de ninguna clase, con tal de conseguir el poder llegar hasta aquella a quien el Señor confió las llaves del reino de los cielos.

BÚSQUEDA DE LA POBREZA

EL BIENAVENTURADO FRANCISCO PREGUNTA POR LA POBREZA

5. Diligente -como un curioso explorador-, se puso a recorrer con interés las calles y plazas de la ciudad buscando apasionadamente al amor de su alma. Preguntaba a los que estaban en las calles y plazas, interrogaba a cuantos se le cruzaban en el camino, diciéndoles: ¿Por ventura habéis visto a la amada de mi alma?. Pero este lenguaje resultaba para ellos un enigma y como un idioma extranjero. Al no poder entenderse con él, le decían: hombre, no sabemos de qué hablas. Exprésate en nuestra propia lengua, y sabremos responderte. Los hijos de Adán no tenían en aquel tiempo ni voz ni sentido para querer conversar sobre la pobreza, ni siquiera para mencionarla. La aborrecían con ardor al igual que la aborrecen hoy, y a quien venía preguntando por ella no le podían responder nada con palabra de paz. Así es que le contestan como a desconocido y le aseguran que no tienen ni la más remota idea de lo que se les pregunta.

6. Iré -dijo entonces el bienaventurado Francisco- a los magnates y sabios y les hablaré, pues ellos conocen el camino del Señor y el juicio de su Dios. Esos, por el contrario, son tal vez unos pobretones e ignorantes que desconocen el camino del Señor y el juicio de su Dios . Y así lo hizo. Más estos le respondieron aún con mayor aspereza, diciendo: ¿Que nueva doctrina es la que propones a nuestros oídos? ¡Esa pobreza que tú buscas sea enhorabuena por siempre para ti, para tus hijos y para tu futura descendencia! Lo que cuenta para nosotros es disfrutar de los placeres y abundar en riquezas, porque corto y triste es el tiempo de nuestra vida y no ay remedio en el fin del hombre, Así que no conocemos nada mejor que alegrarnos, comer y beber mientras vivimos.

7. Quedó profundamente asombrado el bienaventurado Francisco al oír tales desatinos, y, dando gracias a Dios, decía: «!Bendito seas, Señor Dios, que as escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las as revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te a parecido mejor. Señor Padre y Dueño de mi vida no me abandones al consejo de ellos ni permitas que recaiga sobre mí semejante reproche, antes bien haz que -con la ayuda de tu gracia- logre encontrar lo que busco, ya que siervo tuyo soy hijo de tu esclava.

8. Y así, saliendo con paso rápido de la ciudad el bienaventurado Francisco, vino a parar en un campo, donde divisó a lo lejos a dos ancianos que estaban sentados y sumidos en profunda tristeza. Uno de ellos se expresaba de esta forma ¿En quién pondré mis ojos sino en el pobrecillo y abatido que se estremece ante mis palabras? El otro, a su vez, decía: Nada trajimos al mundo como nada podremos llevarnos así que teniendo que comer y con que vestirnos, podemos estar contentos.

FRANCISCO RUEGA QUE SE LE INDIQUE DONDE MORA LA POBREZA

9. Acercándose a ellos el bienaventurado Francisco, les dijo: Indicadme -por favor- dónde mora dama Pobreza, dónde pastorea, dónde sestea al mediodía porque desfallezco de amor por ella.

O buen hermano -le contestaron, nosotros llevamos aquí sentados un tiempo y dos tiempos y medio tiempo, y con frecuencia la hemos visto pasar, dado que mucha gente andaba en su busca. A veces iba muy acompañada, pero a menudo volvía sola y desnuda, sin adorno de joyas, sin comitiva que la realzase, Sin vestido ni ropa alguna. llora a lágrima viva y decía: Los hijos de mi madre se han airado contra mi. Nosotros, empero, la consolábamos diciendo: ten paciencia, que los buenos te aman.

10.Mira, hermano, ahora está subiendo a la montaña grande y elevada, donde Dios la a establecido. Ella habita en los montes santos porque el Señor la prefiere a todas las moradas de Jacob. No ay gigante que aya sido capaz de seguir las huellas de sus pies, ni águila que aya logrado volar a la altura de su cuello. Es algo singular la Pobreza: todo el mundo la desprecia por eso de que no se la encuentra en medio de los que viven entre delicias; por lo mismo, queda oculta a sus ojos; aun a las aves del cielo se les esconde. Sólo Dios conoce su camino. El sabe el lugar de su morada.

11. Así, pues, hermano, si quisieres llegar hasta ella, quítate los vestidos de fiesta y deja todo peso y el pecado que te asedia, porque, si no te hallares despojado del todo, te será imposible subir asía la presencia de aquella que se a recogido en una altura tan elevada. Sin embargo, como es tan benigna, se deja ver fácilmente de los que la aman, y es hallada de los que la buscan. Pensar en ella hermano, es prudencia consumada y quien vela por ella pronto se verá sin ufanes. Toma, pues, contigo unos compañeros fieles, a fin que en la ascensión de la montaña te sirvas de sus consejos y te apoyes en su ayuda porque ¡ay del solo!, que si cae, no tiene quien lo levante; mas si uno que va acompañado fuere a caer, lo sostendrá el otro.

Ascensión de la montaña y encuentro con dama Pobreza

EL BIENAVENTURADO FRANCISCO EXHORTA A SUS HERMANOS

12. Siguiendo el consejo de hombres tan ponderados, se fue el bienaventurado francisco, eligió a algunos compañeros que eran fieles y con ellos llegó presuroso al pie del monte. Allí dijo a sus hermanos: Venid, subamos al monte del Señor y a la cada de dama Pobreza, para que ella nos instruya en sus caminos y marchemos por sus sendas. Pero al observar lo ardua que se presentaba por cualquier lado la ascensión de la montaña a causa de su extraordinaria alta y aspereza, algunos de ellos comentaban entre sí: ¿Quién puede subir a este monte quién será capaz de alcanzar su cima?»

13. Percatándose de ello el bienaventurado Francisco, les dijo: Estrecho es hermanos el camino y angosta la puerta que lleva a la vida, y son pocos los que dan con ella. Mas confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder, porque se nos allanará toda dificultad. Deponed la carga de la propia voluntad, echad por tierra el peso de los pecados y ceñíos de valor como hombres valientes. Olvidando lo que queda atrás, lanzáos, en la medida de vuestras fuerzas, hacia lo que está delante. Os aseguro que todo lugar donde pongáis el pie pasara a ser vuestro. Mirad. ay uno que va delante de vosotros infundiéndoos aliento: Cristo el Señor, el cual os atraerá hasta la cumbre de la montaña con los lazos de la caridad.

13. Es maravilloso. hermanos, el plan salvífico que se nos ofrece en la pobreza; con todo, no nos va a resultar difícil gozar de sus abrazos, porque como una viuda se a quedado La señora de las naciones, vil y despreciable para todos la reina de las virtudes. No ay en la región nadie que se atreva a alzar la voz, nadie que se nos oponga, nadie que con derecho pueda impedirnos realizar esta alianza de salvación. Todos sus amigos la han despreciado y se han vuelto enemigos suyos. Dichas estas palabras, comenzaron a caminar todos juntos en pos de San Francisco.

LA POBREZA SE ADMIRA DE LA FACILIDAD CON QUE ESCALAN EL MONTE

14. Iban ya avanzando con paso muy ágil hacia la cumbre, cuando de pronto dama Pobreza -que estaba en la cima de la montaña- extendió Su mirada por toda la pendiente. Y al divisar a estos hombres que subían con tanto brío, es más, que volaban, sin poder salir de su asombro, se dijo: Pero ¿quiénes son esos que vuelan como nubes y como palomas a su palomar. Pues hace tiempo que no he visto hombres tales, ni escaladores tan ligeros desprovistos de toda carga. Así que les voy a hablar de las cosas que tanto medito en mi corazón, no sea que se arrepientan como otros- de haber efectuado una ascensión tan fatigosa, no habiendo reparado en el abismo que se tiende en torno suyo. Bien sé que ellos no pueden posesionarse de mí sin previo consentimiento mío, pero, si les revelo el plan de salvación, me lo recompensará mi Padre celestial. Oyóse entonces una voz del cielo que le decía: "No temas, hija de Sión" porque estos son la estirpe que el Señor ha bendecido y elegido con amor sincero.

15. Y así, reclinándose dama Pobreza en el solio de su desnudez, los previno con bendiciones de dulzura y les dijo: "Cuál es la razón de vuestra visita? decídmelo, hermano: Porque habéis venido con tanta presteza del valle de los miserables a esta montaña de luz? Acaso me buscáis a mi? Pero no veis que soy una pobrecilla azotada por la tempestad m privada de todo consuelo?

PETICIÓN DE LA ALIANZA

EL BIENAVENTURADO FRANCISCO Y SUS COMPAÑEROS ELOGIAN A LA POBREZA

16. Ellos le respondieron: Sí, venimos a ti, señora nuestra. Te suplicamos los acojas en paz. Nuestro más ardiente deseo es hacernos siervos de Señor de las virtudes, ya que el es el Rey de la gloria. hemos oído decir que tú eras la reina de las virtudes, y lo hemos comprobado ahora con nuestros propios ojos. Por eso, postrados a tus plantas, imploramos humildemente que te dignes vivir en nuestra compañía y seas para nosotros el camino que nos conduzca al Rey de la gloria. así como lo fuiste para El cuando, naciendo de lo alto, se dignó visitar a los que estaban sentados en tinieblas y en sombra de muerte.

16. Sabemos, en efecto, que tuyo es el poder, tuyo el reino, que tu te elevas por encima de todas las virtudes, habiendo sido constituida por el Rey de reyes como reina y soberana. Basta que tú nos otorgues la paz y seremos salvos, de suerte que por tu mediación nos reciba el que por ti nos redimió. Si tu decides salvarnos bien pronto quedaremos libertados. Pues el mismo Rey de reyes y Señor de los señores, el Creador del Cielo y de la tierra, prendado está de tu belleza y hermosura, Nada menos que un rey que se hallaba sentado en su solio, rico y glorioso como era en su reino, abandonó su palacio, dejó su heredad que había gloria y riquezas en su casa -y, descendiendo de su trono real, tuvo la singular dignación de venir a tu encuentro.

17. "Grande es, por tanto, tu dignidad, e incomparable tu alteza, pues, dejando todos los coros de ángeles e innumerables Virtudes que sobreabundan en el cielo, vino precisamente buscarte a ti en las regiones más bajas de la tierra; a ti que yacías en la charca fangosa, en lugares tenebrosos y en sombra de muerte. Eras aborrecida, y no poco, de todo ser viviente. Todo el mundo rehuía tu presencia y en lo que podía se apartaba de ti. Y si bien a algunos les resultaba del todo imposible alejarse de tu compañía, no por eso eras para ellos menos odiosa y detestable.

18. Mas cuando vino el Señor del señorío, al asumirte a ti en su propia persona, te enalteció sobre las tribus de los pueblos y como a esposa te ciñó con la diadema, elevándote por encima de las nubes. Aunque es cierto que son incontables todavía los que te detestan, ignorando tu virtud y tu gloria, sin embargo, nada te afecta esto, ya que habitas libremente en los montes santos, en el sólido recinto donde mora la gloria de Cristo.

TITULOS DE LA POBREZA

19. Y así enamorado de tu belleza, el hijo del altísimo Padre se unió solamente contigo en el mundo y te halló fidelísima en todo. En efecto, antes de que El descendiera a la tierra procedente de la patria luminosa, ya le tenías dispuesto un lugar adecuado, un trono donde sentarse y un lecho en que descansar: la Virgen pobrísima de la que nació, iluminando este mundo. Cierto es que saliste fielmente al encuentro del recién nacido, de suerte que en ti y no entre delicias hallara El su morada preferida. Fue puesto -dice el evangelista- en un pesebre, porque no había sitio para El en la posada, y lo acompañaste siempre, sin separarte jamás de El durante toda su vida, de modo que -cuando apareció en la tierra y vivió entre los hombres- mientras las zorras tenían madrigueras y las aves del cielo nidos, El, en cambio, no tuvo dónde reclinar la cabeza. Después, cuando abrió su boca para enseñar -El que en otro tiempo había despegado los labios de los profetas- , de entre las muchas cosas que habló, fuiste tú la primera a quien alabó, la primera a quien enalteció al decir: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

20. Además, en el momento de elegir a algunos testigos fidedignos de su santa predicación y gloriosa vida para la salvación del género humano, no escogió, ciertamente, a unos ricos mercaderes, Sino a pobres pescadores, dando a entender con semejante predilección cómo deberías tú ser estimada de todos. Y finalmente para que se hiciera patente a todos tu bondad, tu magnificencia tu fortaleza y dignidad; para dejar en claro que tú aventajas a todas las virtudes, que sin ti no puede haber ninguna y que tu reino no es de este mundo, sino del cielo, fuiste tú la única que permaneciste unida al Rey de la gloria cuando todos sus elegidos y personas queridas lo abandonaron cobardemente. Pero tú, como fidelísima esposa y tiernísima amante, no te separaste ni un solo instante de su compañía, incluso te mantenías más firmemente unida a él cuando veías que era más despreciado de todos. Y en verdad que, si tú no lo hubieras acompañado, nunca haría podido recibir El un menosprecio tan universal.

21. Tú estabas con El en los improperios de los judíos, en los insultos de los fariseos, en los reproches de los príncipes de los sacerdotes; con El en las bofetadas, con El en los esputos, con El en los azotes El que debía ser reverenciado por todos, era de todos ultrajado; sólo tú le consolabas No lo abandonaste hasta la muerte, y una muerte de cruz, y en la misma cruz -desnudo ya el cuerpo, extendidos los brazos y elevadas las manos y los pies- sufrías juntamente con El, de suerte que en Crucificado nada aparecía más glorioso que tú. En fin, cuando subió al cielo, te hizo entrega del sello del reino de los cielos para marcar a los elegidos, de modo que cuantos aspiran al reino eterno deban acudir a ti. pedir tu auxilio y entrar por tu medio, porque nadie

que no esté sellado con tu distintivo puede ingresar en aquel reino.

22. Ea, pues, señora, ten compasión de nosotros y márcanos con la señal de tu gracia. Pues ¿quién será tan necio, quién tan insensato, que de todo corazón no te ame a ti, que de esa forma as sido escogida y preparada por el Altísimo desde toda la eternidad? ¿Quién no te reverenciará y honrará, cuando Aquel a quien adoran todas las virtudes de los cielos te condecoró con tan excelso honor? ¿Quién no venerará de buen grado las huellas de tus pies, cuando el Señor de la majestad se postró tan humildemente a tus plantas, se te unió con tan estrechos lazos y te tomó en su compañía con tan gran amor? Te rogamos, pues, señora, por El y a causa de El, no desoigas las súplicas que te presentamos en nuestras necesidades, mas líbranos siempre de todo peligro, ¡o gloriosa y eternamente bendita.

Respuesta de dama Pobreza. Su gran discurso

23. A estas palabras respondió dama Pobreza con un corazón jubiloso, semblante risueño y dulce voz, diciendo:

«Os confieso, hermanos y amigos queridísimos, que desde que habéis comenzado a halar me siento inundada de alegría y de contento, observando vuestro fervor, al comprobar ya vuestra santa intención. Vuestras palabras se me han vuelto más apetecibles que el oro y las piedras muy preciosas, más dulces que la miel de un panal que destila, porque no sois vosotros los que haláis, es el Espíritu Santo quien hala por vuestro medio, y su misma unción os va enseñado todas las cosas que habéis halado acerca del Rey altísimo, el cual, por pura gracia, me tomó como a su favorita, quitando con ello el oprobio que pesaba sobre mí en la tierra y me elevó a la categoría de los grandes del cielo.

24. Quisiera, por tanto, si no os resulta pesado escucharme, entretejeros la historia de mi situación; una historia larga, sí, pero no por eso menos útil. Ojalá aprendáis con ello cómo debéis comportaros y agradar a Dios, guardándoos de incurrir en el reproche de que miráis atrás los que intentáis poner mano al arado! No soy ruda e inculta -como muchos se imaginan-, sino muy antigua y llena de número de días, versada en la ordenación de las cosas, en la variedad de las criaturas, en los cambios de los tiempos. Cuán inestable sea el corazón humano, lo sé por la experiencia de los años, por ingenio natural, así como por un don singular de la gracia.

LA POBREZA RECUERDA SU ESTANCIA EN EL PARAISO

25. Estuve una temporada en el paraíso de mi Dios, donde el hombre andaba desnudo; es más, yo misma me paseaba en el hombre y con el hombre a lo largo de aquel jardín delicioso en extremo, sin ningún temor ni incertidumbre, sin sospechar siquiera que me pudiera sobrevenir desgracia alguna. Estaba creída que mi convivencia con el hombre duraría por siempre, ya que por el Altísimo había sido él creado justo, bueno y sabio, y había sido colocado en el lugar más ameno y hermoso que imaginarse pueda. Yo era sumamente dichosa, jugando todo el tiempo en su presencia, porque -al no poseer aquél nada propio- todo él pertenecía a Dios.

26. Mas, ¡ay!, de improviso sucedió una catástrofe, del todo inaudita desde que la criatura comenzara a existir, cuando aquel infeliz, que en medio de su hermosura perdió un día la sabiduría -introduciéndose en una serpiente quien no pudo estar en el cielo-, lo atacó con fraudes para lograr que se convirtiera, como él, en prevaricador del mandato divino. El miserable creyó a quien tan mal le aconsejaba hasta darle su consentimiento, y, olvidándose de Dios, su Creador, imitó al primer prevaricador y transgresor. Al principio estaba desnudo -según afirma de él la Escritura-, pero no sentía vergüenza, porque residía en él una plena inocencia. Pero, una vez de pecar, se dio cuenta de su desnudez, y, ruborizado, corrió hacia unas hojas de higuera, con las que se hizo uno ceñidores. Viendo, pues, a mi compañero convertido en transgresor Y cubierto con las hojas, porque otra cosa no tenía, me separé de él y con el rostro bañado en lágrimas me puse a mirarlo desde lejos. Esperaba que el me pondría a salvo del abatimiento de mi espíritu y de una tempestad tan horrorosa.

27. De repente resonó un ruido del cielo acompañado de una luz deslumbradora en extremo, que sacudió el paraíso entero. Miré fijamente, y vi al Señor de la majestad paseándose en el paraiso a la ora de la brisa de la tarde. Inefable, indescriptible era el resplandor que despedía su gloria. Acompañábale multitud de ángeles, que con voces potentes clamaban, diciendo: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos; llena está toda la tierra de tu gloria, Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes.

28. Ante su vista -lo confieso sinceramente-, me puse temblando de pies a cabeza, toda sobrecogida de terror y espanto; me sentía desfallecer: el cuerpo lo tenía como paralizado; el corazón, en cambio, a todo palpitar. Entonces desde lo hondo grité, diciendo: ¡Señor, ten piedad Señor, ten piedad! No llames a juicio a tu siervo, pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti. Y El me respondió: Anda, escóndete un breve instante mientras pasa mi cólera.

Inmediatamente llamó a mi compañero: Adán, ¿dónde estás~’ El contestó: oí, Señor, tu voz, me entró miedo, porque estaba desnudo, y me escondí, y en verdad desnudo, porque, bajando de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos salteadores, que lo despojaron incluso de los bienes naturales una vez que hubo perdido la semejanza con el Creador. Con todo, el Rey altísimo -lleno igualmente de benignidad - aguardó a que hiciera penitencia, dándole oportunidad de volverse a El.

29. Pero el miserable dejó inclinar su corazón a proferir palabras de malicia con el fin de justificar con excusas su pecado. hízose con ello reo de una culpa y castigo mayores, atesorando contra si cólera para el día de la cólera y de la indignación del justo juicio de Dios. El Señor no perdonó ni a él ni a su descendencia, descargando además sobre todos ellos la terrible maldición de la muerte. Como resultado del juicio, en el que intervenían todos los asistentes, el Señor lo expulsó del paraiso de delicias. Dicho juicio era justo, pero también misericordioso. Y para que volviera a la tierra de la que había sido sacado pronunció sobre él—muy suavizada—la sentencia de maldición; le hizo unas túnicas de piel, dando a conocer con ello su condición mortal una vez que se había despojado del ropaje de inocencia.

30. Viendo a mi compañero cubierto con la piel de los muertos, me alejé por completo de él, ya que su única aspiración consistía en multiplicar trabajos para hacerse rico. Así es que me lancé por el mundo errante y fugitiva toda deseca en lágrimas y gemidos. Desde entonces no e aliado dónde posar mi pie, ya que incluso Abrahán, Isaac y Jacob y demás recibieron en promesa riquezas y una tierra que manaba leche y miel, En todos ellos busqué descanso, y no lo encontré, estando como estaba a la puerta del paraíso un querubín que blandía flameante espada hasta que del seno del Padre descendiera al mundo el Altísimo, el cual tuvo la singular dignación de requerirme.

EL TESTIMONIO DE CRISTO

31. Y cuando -cumplidas todas las cosas que habéis dicho- quiso El volver a su Padre, que lo había enviado, hizo de mí el testamento que legó a sus elegidos, ratificándolo con un decreto irrevocable. e aquí sus términos: No poseáis oro ni plata ni dinero. No llevéis talega ni alforja ni pan ni bastón ni calzado ni tengáis dos túnicas, Al que te quiera ponerte pleito para quitarle la túnica déjale también la capa; a quien te fuerza a caminar una milla acompáñalo dos. Dejaos de amontonar riquezas en la tierra donde la polilla y la carcoma las echan a perder donde los ladrones abren boquetes y roban. No andéis agobiados pensando qué vais a comer o que vais a beber o con qué os vais a vestir. No os agobiéis por el mañana porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. Cualquiera que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo, y lo demás que está escrito en el mismo libro.

LOS APOSTOLES

32. Todo esto lo observaron con la mayor diligencia los apóstoles y todo el grupo de los discípulos, que en ningún momento dejaron de cumplir cuanto habían escuchado a su Señor y Maestro. Ellos -como soldados muy valerosos y jueces del orbe de la tierra- pusieron en práctica el mandato de salvación y lo predicaron por doquier, colaborando con ellos el Señor y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban. Su caridad era ardiente: llenos de sentimientos de piedad, acudían siempre solícitos a remediar las necesidades de todos, estando muy alertas a par no incurrir en aquél reproche: ésos dicen, pero no hacen. De allí que uno de ellos pudiera confesar con absoluta seguridad: No me atrevo a hablar de cosa alguna que Cristo no aya realizado por mi medio de obra y de palabra, con la fuerza del Espíritu Santo. De igual modo decía otro: No tengo plata ni oro. Y así todos ellos -tanto en vida como en muerte -me enaltecieron con los mayores elogios.

Sus oyentes se esforzaban por cumplir todo lo que les anunciaban los maestros, y vendiendo sus posesiones y bienes, repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. vivían todos unidos y lo tenían todo en común. Alababan juntos a dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. Por eso, el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.

LOS SEGUIDORES DE LOS APOSTOLES

33. Durante un largo período de tiempo fueron muchos los que convirtieron en realidad el contenido de estas palabras, tanto más cuánto más cálida se conservaba en su memoria la sangre del pobre crucificado, y embriagaban sus corazones con el cáliz glorioso de su pasión. Pues si algunos se sentían a veces tentados de abandonarme a causa de la extremada austeridad, nada más

acordarse de las llagas del Señor -en las que se manifiesta su entrañable misericordia-, se imponían un severo castigo por la tentación se me unían más estrechamente y me abrazaban con mayor afecto. Yo estaba con ellos y trataba incansablemente de grabar en su memoria los dolores de la pasión del Rey eterno, de suerte que -reconfortados no poco con mis palabras- tomaban de buen grado un instrumento de hierro con que laceraban su propio cuerpo y veían, sin asustarse, manar de su carne sangre sagrada. Estas victorias fueron sucediéndose durante mucho tiempo y en tan grado que no había día en que miles y miles no fueran marcados con el sello del Rey soberano.

LA PAZ, CONTRARIA A LA POBREZA

34. Mas, ¡ay!, poco después sobrevino la paz; pero una paz más nefasta que cualquier guerra. En sus comienzos fueron pocos los sellados, menos en el intermedio, poquísimos al final. Y ved ahora cómo realmente en la paz reside mi mayor amargura. Mientras reina esa paz, todo el mundo que de mí, todos me desecan, nadie me busca, sufro el abandono universal. Tengo paz por parte de los enemigos, pero no por parte de mis familiares. Los extraños me dejan en paz, los hijos me declaran la guerra. ¡Y yo e criado hijos y los e engrandecido, pero ellos me han despreciado!. Aun en aquel tiempo en que la lámpara del Señor brillaba encima de mi cabeza y a su luz cruzaba yo las tinieblas, estaba ya el demonio ensañándose sobre un gran número de adictos míos, allí estaba el mundo tratando de seducirlos, allí también la carne incitándolos con sus concupiscencias, de suerte que muchos comenzaron a amar al mundo y a lo que ay en el mundo,

LA PERSECUCION, HERMANA DE LA POBREZA

36. Pero permanecía a mi lado la consumación de todas las virtudes, es a saber, dama Persecución, a quien el Señor confirió -al igual que a mí- el reino de los cielos, Ella era en todo mi fiel colaboradora, mi fuerte protectora y prudente consejera. Tan pronto como veía a algunos entibiarse en el fervor de la caridad o descuidar un tanto las cosas del cielo, poniendo de algún modo su corazón en los bienes de la tierra, al punto estallaba, movilizaba todo un ejército, cubría de ignominia el rostro de mis hijos para que buscaran el nombre del Señor, Pero ahora me a dejado sola mi hermana y no está conmigo la luz de mis ojos. En efecto, mientras los perseguidores han eco una tregua con mis hijos, éstos se desgarran entre sí en medio de una guerra doméstica e intestina mucho más cruel, envidiándose los unos a los otros, provocándose mutuamente por el logro de riquezas y el derroche de placeres.

ELOGIO DE LOS AUTÉNTICOS POBRES

37. "Bien es verdad que - pasado cierto tiempo - unos cuantos comenzaron a reaccionar y se pusieron a caminar voluntariamente por la senda recta, que en tiempos anteriores recorrieron algunos obligados por la necesidad. Todos éstos vinieron suplicándome insistentemente con muchos ruegos y lágrimas que ajustara con ellos un tratado de paz perpetua y que compartiese su compañía, de la misma forma que la compartí antes en los días de mi adolescencia, cuando estaba conmigo el Todopoderoso y me rodeaban mis hijos. Fueron éstos - mientras permanecieron en carne mortal hombres de acendrada virtud, gente de paz, irreprochables ante Dios, perseverantes en el amor fraterno, pobres en el espíritu, faltos de bienes temporales, pero ricos en santidad de vida; colmados de dones y carismas celestiales, fervorosos de espíritu, alegres en la esperanza, sufridos en la tribulación, mansos y humildes de corazón los que conservaban la paz interior, la armonía en las costumbres, la concordia mutua y una gozosa comunión de vida.

37. "En fin, eran varones del todo consagrados a Dios, gratos a los ángeles, amables a los hombres, rigurosos para consigo mismos, indulgentes para con los demás, religiosos en todo su proceder, modestos en su porte, alegres en el semblante, graves en su interior, humildes en la prosperidad, magnánimos en la adversidad, sobrios en la mesa, pobrísimos en su vestir, muy parcos en el sueño, respetuosos y timoratos. En una palabra: resplandecían por el brillo de todas las virtudes. Mi alma estaba íntimamente unida a ellos y no había entre nosotros más que un solo espíritu y una sola fe.

LOS FALSOS POBRES

38. "Después surgieron entre nosotros quienes no eran de los nuestros, unos hijos de Belial , vanílocuos, agentes de la maldad. Confesaban ser pobres, cuando en realidad distaban mucho de serlo; y a mí, que me habían amado de todo corazón esos gloriosos varones de quienes acabo de hacer mención, llegaron a despreciarme y a deshonrarme. Eran éstos de los que seguían el camino de Balaán, hijo de Bosor, que amó un salario de iniquidad ; hombres de mente corrompida y privados de la verdad y que piensan que la piedad es un negocio; hombres que, al tomar el hábito de la santa Religión, no se revistieron del hombre nuevo, sino que paliaron el viejo. Murmuraban de sus antepasados y criticaban a espaldas la vida y costumbres de los que fueron fundadores de una santa forma de vida, tachándolos de indiscretos, sin entrañas y crueles; y en cuanto a mí, que me habían asumido en sus vidas, me tildaban de holgazana, áspera, torpe, inculta, desahuciada y difunta.

En todo ello intervenía muy activamente una rival mía que -astuta como una zorra—ocultaba, bajo la piel de oveja, su rabia lupina.

LA AVARICIA

39. Me refiero a la Avaricia, a esa desordenada ambición de adquirir y poseer riquezas. La designaban con un nombre que sonaba a santo para no causar la sensación de haberme abandonado a mí, después que les hacía eco la merced de levantarles del polvo y alzarles de la basura. Me aseguraban de ella que abrigaba sentimientos de paz para conmigo, pero en su rabia tramaba engaños, y, aunque no pueden ocultarse las ruinas de una ciudad situada en la cima del monte, le impusieron el nombre de Discreción o Previsión, cuando tal discreción más bien debiera merecer el apelativo de confusión, y tal previsión el de olvido pernicioso de todo lo bueno. Y dirigiéndose a mí, me decían: Tuyo es el poder, tuyo el reino, ¡no tengas miedo! Qué tiene de malo dedicarse a obras de misericordia y a producir buenos frutos, socorrer a los necesitados, dar algo a los pobres?

LA POBREZA AMONESTA A LOS FALSOS RELIGIOSOS

40. "Yo les respondía: "No discuto hermanos, que no sea bueno lo que proponéis; pero, por favor, os suplico: considerad vuestra vocación. No miréis hacia atrás. No bajéis de la azotea a recoger algo de la casa. No volváis del campo en busca del manto. No os entrometáis en los negocios del siglo, No dejéis que os envuelva otra vez el contagio y la corrupción del mundo, de que huísteis una vez de haber conocido al Salvador. Pues resulta inevitable que los que envuelven de nuevo en dichas redes, queden vencidos, y necesariamente el final de ellos viene a ser peor que el principio, abandonando - bajo apariencia de piedad - el cumplimiento del sagrado ministerio que se les confió.

REACCIÓN DE ESTOS RELIGIOSOS

41. Al dirigirles estas palabras, se produje entre ellos una disensión. Unos decían, refiriéndose a mi: Es buena y habla bien!’ otros, por el contrario: ¡No, que quiere seducirnos para que la imitemos! Es una miserable, e intenta hacernos a todos miserables como ella!

LA POBREZA HABLA DE LOS BUENOS RELIGIOSOS

42. No pudo por entonces mi rival expulsarme del ámbito de los religiosos, dado que aún había entre ellos un crecido número de hombres de gran fervor e intensa caridad que se hallaban en los comienzos de su conversión, hombres que con sus clamores pulsaban el cielo y lo penetraban con insistentes oraciones, que se elevaban sobre sí por la contemplación y tenían en menos todo lo de la tierra entonces el Criador de todas las cosas me ordenó y el que me creó el Señor me dijo: habita en Jacob, sea Israel tu heredad y hecha raíces entre mis elegidos, Yo me desvivía por dar fiel cumplimiento a este mandato. Y así, cuando estaba con ellos y avanzábamos juntos por el camino real, gracias a mí alcanzaban prestigio entre la muchedumbre y eran la admiración de los poderosos; la gente los veneraba y los llamaba santos. Pero ellos comenzaron a sentirse incómodos con dicho tratamiento y, recordando las palabras del hijo de Dios: Yo no recibo gloria de los hombres, rehusan por completo los honores que se les tributaban.

LA AVARICIA SE APROPIA EL NOMBRE DE DISCRECION

43. Se movían en este clima de amor tan ferviente a Cristo, cuando de pronto la Avaricia -arrogándose el nombre de Discreción -comenzó a decirles: Pero, por favor, no os presentéis tan oscos ante los hombres, ni menospreciéis de esa forma los honores que os rinden, antes bien mostraos afables con ellos; y no rechacéis externamente la gloria que os brindan, tratando -eso sí- de recusarla por completo en vuestro interior. Es cosa buena entablar amistad con los reyes, adquirir fama entre los príncipes, fomentar la familiaridad con los grandes, porque mientras ellos os dirigen tales muestras de respeto y veneración, y de esa forma os ensalzan y buscan vuestra compañía, muchos, a la vista de este ejemplo, se convierten más fácilmente a Dios.

44. Viendo las ventajas de semejante proceder, aceptaron el consejo dado; pero sin reparar en la trampa que se les había tendido junto al camino, terminaron por abrazar de todo corazón la gloria y el honor. Se imaginaban ser en su interior tal como se pregonaba de ellos al exterior, depositando su gloria en la boca de los aduladores de la misma forma que la depositaron las vírgenes necias en los vendedores de aceite, y el siervo inútil en la tierra.

La gente, empero, que se creía que estos eran de eco lo que aparentaban al exterior, de buen grado les ofrecía sus bienes para remisión de los propios pecados. En un principio, aquellos buenos religiosos estimaban todo esto como si fuera basura. Nosotros -decían- somos pobres, y así queremos mantenernos siempre; no nos interesa lo vuestro sino vosotros, Teniendo qué comer y con qué vestirnos estamos contentos con eso, porque vanidad de vanidades y todo es vanidad. Así, de día en día aumentaba más y más la veneración de la gente hacia ellos; en tal grado, que muchos llegaban a menospreciar sus bienes al ver el poco aprecio que hacían de los mismos estos santos varones.

LA PREVISION HUMANA

45. Entre tanto, aquella bárbara enemiga mía -viendo el cariz que iban tomando las cosas- comenzó a enfurecerse con vehemencia, hasta rechinarle los dientes, y, transida de un profundo dolor en su corazón, dijo: ‘¿Qué hacer? e aquí que todo el mundo se va en pos de ella. Me apropiaré -pensó- el nombre de Previsión y les hablaré al corazón, por si acaso me oyen y acceden a mis palabras, Y así lo hizo. Se les acercó muy humilde y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí todo el día ociosos, sin hacer provisión alguna para el día de mañana? ¿Qué perjuicio puede causaros el tener lo necesario para la vida, si os abstenéis de lo superfluo? Sin duda que con mayor paz y sosiego podríais dedicaros a la obra de vuestra salvación y de la de los demás, si dispusierais de cuanto os es de estricta necesidad. Mientras tenéis tiempo, mirad por vosotros y por vuestra posteridad, porque día llegará en que los hombres retiren su mano de los primeros donativos y de las limosnas acostumbradas. Sería estupendo el que siempre permanecierais de esa forma, pero de ninguna de las maneras podéis continuar así, ya que el Señor va aumentando de día en día vuestra familia. ¿Acaso no aprobará Dios el que poseáis algo con que socorrer a los necesitados y tener presentes a los pobres.

45. Cuando El mismo dice: ay más dicha en dar que en recibir. ¿Por qué no aceptáis los bienes que se os ofrecen para no defraudar a los donantes la recompensa eterna? No tenéis por qué temer el contacto con las riquezas, toda vez que las reputáis por nada. No reside la maldad en las cosas, sino en el corazón, pues vio Dios todo lo que había eco, y era muy bueno, Así, pues, para los buenos, todo es bueno, todo está a su servicio, todo a sido creado para su utilidad. ¡O, cuántos que poseen bienes los malgastan!; pero, si los tuvierais en vuestras manos, ¡qué buen destino les daríais, porque santa es vuestra intención, santo vuestro propósito! No pretendéis enriquecer a vuestros parientes, que ya están bien situados; pero, si vosotros tenéis los bienes necesarios, podéis llevar una vida más decorosa y ordenada.

45. Estas y otras razones parecidas adujo aquella desalmada; y algunos -cuya conciencia estaba ya contaminada- le dieron al momento su asentimiento. Otros, en cambio, haciéndose los sordos, dejaban pasar dichas palabras y con agudas razones refutaban las razones expuestas. En la discusión, tanto estos como aquélla se basaban en las pruebas de las Escrituras.

LA AVARICIA PIDE AUXILIO A LA ACIDIA

46. Pero, viendo la Avaricia que por sí sola era incapaz de recabar de estos lo que se proponía, cambió de plan para realizar mejor su objetivo. Llamó en su auxilio a la Acidia que es la negligencia personificada para emprender toda obra buena y para completarla una vez comenzada-, y firmó con ella un pacto, y precisamente un pacto que iba en contra de éstos. No es que tuvieran entre sí demasiada familiaridad ni que compartieran idéntica suerte; pero, tratándose de hacer el mal, se aliaron de buen grado, así como antaño Pilato y Herodes para ir en contra del Salvador. Tomada la resolución, bramó la Acidia, y, atacando fuertemente con sus satélites, penetró en el recinto de los religiosos. Disparó sus armas con tal ímpetu, que logró extinguir en ellos la caridad y los redujo a mera tibieza e indolencia, e, invadidos poco a poco por el desánimo, quedaron como muertos de corazón.

RELIGIOSOS VENCIDOS POR LA ACIDIA

47. Comenzaron después a añorar miserablemente los ajos y cebollas de Egipto que habían abandonado y a reclamar ruinmente lo que con ánimo tan generoso habían despreciado. Caminaban tristes por la senda de los mandatos de Dios e iban lánguidos al cumplimiento de cuanto se les imponía. Desfallecían bajo su peso y, por falta de espíritu, apenas podían respirar. Era rara en ellos la compunción, nula la contrición. Su obediencia estaba llena de murmuración; sus pensamientos eran rastreros; su alegría, disoluta; su tristeza, pusilánime; su hablar, incauto; su risa, fácil; en su rostro dibujábase la hilaridad; en su porte, la vanidad. Su vestido era suave y delicado, de corte curioso y de confección muy caprichosa. Su sueño era prolongado; su comida, excesiva; su beber, inmoderado. Proferían al aire necedades, chistes y chocarrerías. Recitaban fábulas, modificaban las leyes, distribuían provincias y comentaban con interés los sucesos humanos. Descuidaban por completo la vida espiritual, no sentían celo alguno por la salvación de las almas; rara vez platicaban sobre cosas del cielo y era remisa su aspiración a los bienes eternos.

48. Endurecidos de este modo, comenzaron a envidiarse y provocarse mutuamente, y, tratando de sobreponerse el uno al otro, acusaban al hermano de los peores vicios. Rehuían lo penoso, andaban a la caza de vanos goces, ya que no atinaban con los verdaderos. No obstante, mantenían a toda costa la fachada de santidad, no sea que fueran del todo menospreciados; y, ablando de cosas santas, se esforzaban por ocultar ante la gente sencilla la miseria de su vida. Pero tan grande era su relajación interior, que, no pudiendo disimularla, se traslucía visiblemente al exterior.

49.Finalmente, comenzaron a adular a los seglares y a entablar estrecha amistad con ellos con objeto de vaciarles las bolsas, agrandar los edificios y acumular unos bienes a los que habían renunciado por completo. Vendían palabras a los ricos, y saludos a las matronas; y frecuentaban con sumo interés los palacios de los reyes y príncipes, para añadir casas a casas y juntar campos con campos. Y e aquí que se han engrandecido ya, se han eco ricos y poderosos en la tierra, porque han ido de mal en peor y no han conocido al Señor, han sucumbido al ser enaltecidos, se han deslizado sobre la tierra como abortos, y encima tienen la desfachatez de venirme diciendo: ¡Somos tus amigos!

LOS POBRES ENRIQUECIDOS PERSIGUEN A LA POBREZA

50. Estaba yo muy dolorida, máxime por algunos que en siglo no hubieran pasado de ser unos pobretones y miserables, y que, una vez venidos a mí, se hicieron ricos. Ellos, bien cebados y rollizos, eran los más recalcitrantes de todos, llegando a burlarse de mí. Y precisamente se trataba de aquellos que eran tenidos aún por indignos de vivir, agotados por el hambre y la penuria, que Comían hierbas y cortezas de árboles, escuálidos por la calamidad y miseria. Ahora en cambio, no se conforman con vida común, sino que se separan de la misma y van a apacentarse desvergonzadamente. Su vida de constante mendigar cosas superfluas resulta muy molesta a los demás.

50. Se arrogan el honor de ser contados entre los discípulos de Cristo quienes en el siglo figuraban bien poco aun en el círculo de sus conocidos, y estos que a menudo carecían de pan de cebada y de agua, que contaban por delicia morar debajo de los espinos, hijos de gente insensata y despreciable y que no se dejaban ver en absoluto sobre la tierra, se han cebado en mis miserias, me aberración, se distancian de mí y hasta se atreven a escupirme en la cara: Me e convertido en blanco de sus contumelias y terrores, y los que eran mis amigos y partidarios, ésos eran precisamente los que me insultaban. Se avergonzaban de mí, y tanto más me repudiaban cuanto más reconocían haber sido enriquecidos con mis beneficios; hasta tal punto, que se desdeñaban incluso de oír mi nombre.

LA POBREZA LOS EXHORTA A VOLVER JUNTO A SI

51. En medio de mi profunda aflicción, me dirigía a ellos, diciéndoles: Volved, hijos descarriados, y os curaré de vuestra apostasía, guardaos de toda avaricia, que es una idolatría, pues el avaro no se hartará de dinero. Recordad aquellos primeros días, cuando, recién iluminados, sostuvisteis recios y penosos combates. No seáis gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma. Al que viola la ley de Moisés lo ejecutan sin compasión, basándose en dos o tres testigos ¿cuánto peor castigo pensáis que merecerá uno que a pisoteado al hijo de Dios, que a juzgado como impura la sangre de la alianza que lo había consagrado y a ultrajado al Espíritu de la gracia? Reflexionad, pues, prevaricadores, que, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Pero ellos replicaban indignados: ¡Marca, miserable; apártate de nosotros, que no nos interesan tus caminos! Yo les respondía: Apiadaos de mi, apiadaos de mi siquiera vosotros mis amigos. ¿Por qué me perseguís sin motivo? ¿No os dije yo que mi conducta y la vuestra no estaban de acuerdo? ¡Vamos! ¡Me pesa de haberos conocido!

EL SEÑOR HALLA A LA POBREZA

52. Entonces me habló el Señor, diciendo: Vuélvete, vuélvete, Sunamitis; vuélvete, vuélvete para que te veamos. Tus propios hijos son rebeldes y no quieren hacerte caso, porque no quieren hacerme caso a mi. Tienen un corazón traidor y rebelde y se han marcado lejos; no es que te hayan rechazado a ti, sino a mi. En efecto, tú los amaestraste contra ti y los instruiste para su perdición, porque, si no te hubieran escogido a ti, jamás se habrían enriquecido de semejante manera. Fingían amarte con intención de escaparse después de verse así colmados de tus beneficios. Por eso se han apartado con una actitud hostil y traidora, y, aferrándose a la mentira, rehusar convertirse. No vayas a creerles otra vez, aunque te vengan con buenas palabras, porque te han rechazado y buscarán tu muerte. No eleves por ellos alabanzas ni plegarias, que no te escucharé, pues los e desecado por haberme ellos despreciado.

DAMA POBREZA PREVIENE AL BIENAVENTURADO FRANCISCO ACERCA DEL PROGRESO Y DECADENCIA DE LA VIDA DE SU ORDEN

53. He aquí, hermanos, que con un prolijo discurso os e referido la historia en forma de una parábola. Preceda la mirada a vuestros pasos para ver cómo debéis comportaros. Es sumamente peligroso mirar atrás y burlarse de Dios. Acordaos de la mujer de Lot y no os fiéis de cualquier espíritu, Pero yo confío en vosotros, carísimos, porque en vosotros -más que en los demás- veo cosas mejores y más cercanas a la salvación, ya que, al parecer, habéis eco una renuncia absoluta de todas las cosas, os habéis liberado de todo peso. Prueba muy convincente de ello es para mí el eco de que hayáis subido a esta montaña, cuya cima tan pocos han logrado alcanzar hasta el presente. Pero os digo a vosotros, amigos míos, que la malicia de muchos me hace sospechar hasta de la virtud de los buenos, puesto que bajo piel de oveja e visto con frecuencia esconderse lobos rapaces.

54. Mi deseo más ardiente es que cada uno de vosotros imite a los santos, que por la fe y la paciencia me heredaron a mí. Pero como temo que os suceda lo mismo que a los demás, os doy un saludable consejo: no pretendáis -como al principio- alcanzar las metas más altas y sagradas, sino avanzad gradualmente, de suerte que, teniendo a Cristo de guía, lleguéis finalmente hasta la cumbre. Tened cuidado: no suceda que, tras haber recibido en vuestras raíces el abono de la vileza, os encontréis estériles, porque entonces no habrá otra cosa que se os aplique sino el acá. No os fiéis demasiado de las buenas intenciones que abrigáis actualmente, porque los sentimientos del hombre son más propensos a hacer el mal que el bien, y fácilmente vuelve uno a las andadas aun cuando en ocasiones esté muy lejos de ello. Bien sé que, en medio de vuestro intenso fervor, todo se os hace sumamente llevadero, pero tened presente aquello que se dice: e aquí que los que le sirven no son estables, y en sus mismos ángeles descubre faltas.

55. Ciertamente, en un principio todo se os presenta muy suave y soportable, pero poco después -sintiéndoos seguros- os olvidaréis de los beneficios recibidos. Pensaréis poder recobrarlos a la ora en que se os antoje y sentir nuevamente la consolación primera; pero, una vez admitida la negligencia, no es fácil extirparla. Luego vuestro corazón se inclinará hacia otras cosas, pero será raro que suspire por volver a los principios. Y así, reducidos a indolencia y flojera espiritual, pretenderéis excusaros con razones tan fútiles como éstas: No podemos vivir con la valentía de los comienzos. ¡Han cambiado los tiempos! Con ello daréis a entender vuestra ignorancia sobre lo que está escrito: Cuando el hombre Hubiere acabado, entonces está empezando. Y en vuestro interior no resonará sin cesar otra voz que ésta: Mañana, mañana volveremos al primer marido, que entonces nos iba mejor que ahora. Mirad, hermanos: os e avisado de antemano muchas cosas. Otras muchas más me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Día llegará en que os exponga más claramente todo lo que os acabo de referir.

RATIFICACIÓN DE LA ALIANZA .

RESPUESTA DEL BIENAVENTURADO FRANCISCO Y DE SUS HERMANOS. JURAMENTO DE FIDELIDAD A DAMA POBREZA

56. A estas palabras postróse en tierra el bienaventurado Francisco con sus hermanos dando gracias a Dios, y dijo: Señora nuestra, nos place cuanto acabas de decir y es imposible hallar nada censurable en todo lo que as hablado. ¡Verdad es cuanto oímos decir en nuestra tierra de tus palabras y tu sabiduría, y por mucho supera tu sabiduría a todo lo que oímos decir! ¡Dichosas tus gentes, dichosos tus siervos, que están siempre en tu presencia y escuchan tu sabiduría! ¡Bendito sea por siempre el Señor tu Dios, a quien as complacido y que te a profesado un amor perpetuo y te a constituido reina para administrar un juicio de misericordia con sus siervos! ¡O, cuán bueno y suave es tu espíritu cuando corriges a los que yerran y amonestas a los que pecan!

57. Ea, pues, señora, por el amor con que te amó el Rey eterno y por el que tú le profesas, te suplicamos encarecidamente que no nos defraudes en nuestras aspiraciones, antes bien trátanos conforme a tu mansedumbre y misericordia. Tus obras son grandiosas e inenarrables por eso, las almas ignorantes se extravían de ti, y como tú avanzas sola, erizada por doquier de escollos, como un ejército en orden de batalla, no pueden morar contigo los insensatos. Pero mira que nosotros somos tus siervos y ovejas de tu rebaño. Para siempre y por siglos sin fin nos comprometemos con juramento a guardar los preceptos de tu justicia!

CONSENTIMIENTO DE DAMA POBREZA

58. Se le conmovieron las entrañas a dama Pobreza al oír tales palabras y como es propio de ella compadecerse siempre y perdonar, sin poder contenerse por más tiempo, corrió a abrazarlos y, dando a cada uno el ósculo de paz, les dijo: mirad, ya vengo con vosotros, hermanos e hijos míos, segura de que por medio vuestro e de conquistar otros muchos.

El bienaventurado Francisco, a su vez, no cabiendo en sí de pura alegría, comenzó a alabar en alta voz al Omnipotente que no abandona a los que en él esperan, diciendo: Bendecid al Señor todos sus elegidos, celebrad días de alegría y alabadle, porque es bueno, porque es eterna su misericordia, Y, bajando de la montaña, llevaron a dama Pobreza al lugar donde ellos moraban, pues era ya casi mediodía

59. Y preparadas todas las cosas, la apremiaron a compartir su comida. Mas ella dijo: "Mostradme primero el oratorio, la sala capitular, el claustro, el refectorio, la cocina, el dormitorio y el establo, los pulcros asientos, las mesas bien pulidas, y las inmensas casas. Veo que todo esto brilla aquí por su ausencia; a vosotros, en cambio, os encuentro alegres y contentos, desbordando de gozo, repletos de consolación, como si todo estuviera dispuesto conforme a vuestro talante". "Señora y Reina nuestra - le replicaron-, nosotros tus siervos estamos rendidos tras una caminata tal larga, y tú que has venido en nuestra compañía has debido de cansarte también no poco. De modo que vayamos antes a comer, si así lo ordenas, y, una vez reconfortados, todo se cumplirá de acuerdo con tus deseos."

60."Me place lo que proponéis -añadió ella-; pero traed ya agua para lavarnos las manos, y tohallas con qué secarnos". Inmediatamente le presentaron una vasija de arcilla medio rota -no había allí una entera- llena de agua. Y al verterle el agua en las manos andaban mirando de acá para allá en busca de una tohalla. Y, en vista que no la encontraban, uno le alargó la túnica que vestía para que con ella se enjugara las manos. La pobreza la tomó muy agradecida, al mismo tiempo que alababa a Dios en el fondo de su corazón por haberla hecho partícipe de la compañía de tales hombres.

61. A continuación la llevaron al lugar donde estaba preparada la mesa. Una vez allí, lo observó todo atentamente, y, al no ver más que tres o cuatro mendrugos de pan de cebada o salvado puestos sobre la hierba, en el colmo de su asombro decía entre sí: "¿Quién vio semejante cosa por generaciones? Bendito seas tú Señor Dios, que cuidas de todas las cosas; porque con sólo quererlo lo puedes todo, y has enseñado a tu pueblo a agradarte por medio de tales obras." Así es que se sentaron todos juntos, dando gracias a Dios por todos su dones.

62. Ordenó entonces dama Pobreza que sirvieran en escudillas viandas cocidas. Al punto le trajeron una sola escudilla -llena de agua fría- para que untaran todos en ella el pan; no había allí abundancia de escudillas ni variedad de cocidos. Pidió que le presentaran, al menos, una cuántas hierbas crudas y aromáticas. Mas, al no tener hortelano ni saber de huertas, se fueron al bosque, recogieron unas hierbas silvestres y se las pusieron delante. Ella insistió: "Pasadme un poco de sal para sazonar las hierbas, que saben amargas". Le contestaron: "Agrada, señora, mientras vamos a la ciudad y te la traemos, si es que hay alguna persona que nos la suministre".

62. "Prestadme entonces - dijo-, un cuchillo para mondar lo superfluo de las hierbas y cortar el pan, que está muy duro y seco".

"Dispensa, señora -le contestan-, no tenemos herreros que nos forje cortante; por el momento utiliza los dientes en lugar del cuchillo, que luego te proveeremos". "Y ¿no tenéis un poco de vino?, añadió ella. "Señora nuestra -le respondieron., vino no tenemos, pues lo esencial para la vida del hombre son pan y agua; además la esposa de Cristo debe de huir del vino como del veneno."

63. Después que es hubieren saciado con la satisfacción de compartir escasez tan grande más que si hubieran saboreado hasta la hartura toda clase de manjares, bendijeron al Señor, ante cuyos ojos habían hallado tan singular gracia.

Seguidamente condujeron a un lugar donde pudiera descansar, pues se encontraba fatigada. Y, desnuda como estaba, se acostó sobre la desnuda tierra. Pidió entonces le trajeran una almohada para apoyar en ella la cabeza. Al momento le trajeron un piedra y se la pusieron de cabezal. Ella- tras haber dormido sobria y muy plácidamente- se levantó con toda presteza y suplicó se le enseñara el claustro. La llevaron a una colina y le mostraron toda la superficie de la tierra que podían divisar, diciendo: "Este es nuestro claustro, señora".

64. Ordenó que se sentaron todos juntos y les dirigió la palabra de vida diciendo: "Hijos míos, benditos seáis del Señor Dios, que hizo el cielo y la tierra, pues me habéis acogido en vuestra casa con tal plenitud de amor, que , al estar hoy con vosotros, me he sentido como transportada la paraíso de Dios. Y por ello estoy inundada de gozo, desbordo de consuelo, y pido perdón por haber tardado tanto en venir. Verdaderamente, el Señor está con vosotros, y yo no lo sabía. e aquí que por fin ya veo lo que deseé, ya poseo lo que codicié, por que estoy unida en la tierra a quienes me evocan la imagen de Aquel con quien estoy desposada en los cielos. que el Señor bendiga vuestra fortaleza y acepte la obra de vuestras manos.

65. Os ruego y suplico encarecidamente como a hijos muy queridos: perseverad en la tarea que habéis emprendido bajo la dirección del Espíritu Santo, no abandonando vuestra perfección como suelen algunos- sino que, esquivando todas las emboscadas de las tinieblas, esforzaos siempre por tender a lo más perfecto. Altísima es vuestra profesión, está por encima del hombre y de sus fuerzas, e ilustra con mayor claridad la perfección de los antiguos. No abriguéis la menor duda ni incertidumbre acerca de vuestra posesión del reino de los cielos, porque ya desde ahora tenéis la garantía de la futura herencia y habéis recibido ya la prenda del Espíritu una vez que habéis sido marcados con la señal de la gloria de Cristo, emulando en todo, con su gracia, aquella primera escuela que él congregó cuando vino al mundo. En efecto, la misma obra que los discípulos realizaron teniendo a Cristo presente, la habéis emprendido íntegra en su ausencia, de suerte que podéis decir sin reparo alguno: e aquí que nosotros lo hemos dejado todo y te seguimos.

66. Que no os arredre la magnitud del combate ni la enormidad de la tarea, porque recibiréis una espléndida recompensa. Y, fijos los ojos en el autor y consumador de todo bien, el Señor Jesucristo, el cual, por la dicha que le esperaba, sobrellevó la cruz, despreciando la ignominia, mantened firme la confesión de vuestra esperanza. Corred en caridad al combate que se os propone; corred con paciencia, que os es muy necesaria para realizar el designio de Dios, y alcanzar así la promesa. Pues poderoso es Dios para llevar a feliz término la empresa sobrehumana que con su santa gracia habéis comenzado: El es fiel a sus promesas.

67. Que el espíritu que actúa en los hijos rebeldes no encuentre en vosotros nada que le complazca, no encuentre ninguna duda ni desconfianza, no sea que tome pie de vosotros mismos para atacaros con su perfidia. Pues es soberbio en extremo, y su soberbia y arrogancia son más que su fortaleza, y como rebosa furor contra vosotros, os acometerá con todas las armas de su astucia y tratará de inyectaros el veneno de su maldad, puesto que quien ya venció y derribó a otros, sometiéndolos a su imperio, no se resigna a veros a vosotros por encima de él.

68. Con motivo de vuestra conversión, carísimos, los ciudadanos del cielo han celebrado grandes festejos y entonado cánticos nuevos en la presencia del Rey eterno. En vosotros y por vosotros se gozan los ángeles, porque mientras muchos -gracias a vosotros- guardarán virginidad y brillarán por su castidad, se llenarán los puestos vacíos de la ciudad de arriba, donde las personas vírgenes han de ser colocadas en lugares de preferencia, ya que los hombres y las mujeres que no se casan serán como ángeles de Dios en el cielo. Se regocijan los apóstoles, viendo que se renueva su vida, se predica su misma doctrina y se hacen patentes por vosotros los ejemplos de una santidad extraordinaria.

68. Se alegran los mártires, esperando que con el derramamiento de sangre sagrada se reproduzca su misma constancia. Saltan de gozo los confesores, comprobando que frecuentemente se rememora en vosotros su victoria sobre el enemigo. Se sienten jubilosas las vírgenes, que siguen al Cordero adondequiera que vaya, al constatar que gracias a vosotros a aumentando a diario su número. En fin, están que desbordan de exultación los habitantes todos de la corte celestial, que van a celebrar cada día las fiestas solemnes de nuevos conciudadanos y serán rociados constantemente con el perfume de las santas oraciones que se elevan desde este valle.

69.Así, pues, hermanos, os ruego, por la misericordia de Dios, que os a impulsado a abrazar una vida tan extremadamente pobre: obrad conforme a las intenciones que traíais al venir aquí, conforme a los objetivos de vuestra subida a la montaña desde los ríos de Babilonia. Acoged humildemente la gracia que os a sido concedida, haciendo un digno uso de ella siempre y en todo para alabanza, gloria y honor de aquel que murió por vosotros: Jesucristo Señor nuestro, que vive y reina, vence e impera con el Padre y el Espíritu Santo y es Dios eternamente glorioso por todos los siglos de los siglos. Amén