San Antonio en el Folklore de América Latina  

Maximiliano Salinas


San Antonio es una metáfora del amor humano. Su figura tiene que ver con la afirmación festiva y emotiva de la comunicación humana.

Porque el Santo no es obstáculo sino puente entre los seres amados.

Los orígenes ibéricos

La gran tradición popular que llevará la devoción a San Antonio por toda la América Latina y el Caribe tiene su origen fundamental en el folklore ibérico, sin duda alentado por las vinculaciones del santo con Portugal. En España es conocido como "El Milagro".

La cercanía y familiaridad de San Antonio con el pueblo ibérico es ampliamente atestiguada en sus cantos folklóricos:

Devoto de San Antonio

toda mi vida lo he sido

y ahora me quieren quitar

tu devoción, santo mío.

A san Antonio le rezo

tres días en la semana,

si algún santo tiene envidia

le rezo a quien me da gana .

La celebración del santo se realiza al interior del ciclo que el historiador y antropólogo de España Julio Caro Baroja ha designado como la "estación de amor" entre las fiestas de Mayo a San Juan.

Las asociaciones básicas con relación a San Antonio dicen precisamente de este contexto de la estación de amor. Su figura tiene que ver con la afirmación festiva y emotiva de la comunicación humana, sobre todo entre los sexos. Con este carácter se encuentran las alusiones más generalizadas a su persona en las colecciones folklóricas de España. Este no ea un santo de características nacionalistas o políticas, como podría ser el apóstol Santiago u otros similares.

Aquí nos hallamos con una invocación que viene a explicitar la trascendentalidad de las propias relaciones humanas amorosas en el mundo. San Antonio remite a los seres humanos por sí mismos, en cuanto amables y amantes. El Santo no es obstáculo sino puente entre los seres amados :

San Antonio lleve a Antonio

y Antonio me lleve a mí

que yo muero por Antonio

y Antonio muere por mí.

 

La estampa de San Antonio

siempre la traigo en el pecho

cuando me acuerdo de Antonio

saco la estampa y la beso.

 

Un San Antonio de plata

tengo de mandar a hacer

con una devoción santa

al cuello me lo echaré

porque Antoñito te llamas

 

San Antonio está en el cielo

eso me lo ignoro yo

y también está en la tierra

la Antonia que adoro yo.

 

De San Antonio vengo,

Antonia mía,

solo de ver tu santo

tengo alegría

La figura del santo habla por sí misma. Transmite la alegría que se comunica a los semejantes y a los amados. El mundo se puebla de Antonias y Antonios que invocan la sacralidad de sus sentimientos en relación al santo que los designa.

San Antonio es una metáfora del amor humano. Su propio nombre puede al fin ser desbordado por la intensidad de los sentimientos del amor .

Ni mi padre ni mi madre

ni San Antonio bendito

me pueden a mí quitar

que yo te quiera un poquito.

 

Aunque a puñalás me maten

y a tiros me den el olio,

de tu queré no m'aparta

ni er bendito San Antonio.

 

Tan imposible lo hallo

el olvidar tu cariño

como llegar a quitarle

a San Antonio su Niño

 

Aunque me digan de ti

lo que dicen del demonio

yo te tengo de querer,

carita de San Antonio.

 

Los dos últimos versos vuelven a encarnar en San Antonio la amabilidad del mundo, ya sea en su estrecha relación con el Niño Dios o por su rostro que al fin aleja cualquier demonización.

Si como hemos dicho el santo no está asociado en absoluto a un imaginario político (nación, Estado, ...) tampoco lo está en relación a un imaginario eclesiástico (clérigos, jerarquía, cristianidad, etc.). Una de las narraciones más hermosas acerca de su vida es una oración andaluza que recuerda su preocupación por la vida de su padre. Esto lo llevó a interrumpir su predicación, y a perder su breviario, signos de su cultura eclesial. Después de salvarle la vida a su padre, el Niño Dios y la Virgen le devuelven el breviario. Esta predilección por la vida lo tornaron un intercesor para hallar los objetos perdidos, recordar lo olvidado y aproximar lo lejano.

Al fin, misterios y ministerios del amor :

Beato Antonio, en Padua nacites,

En Portugal te criates,

Donde Cristo predicó predicates.

Predicando tuviste rebelación

Qu'a tu padre lo iban a'jorcá.

Der púrpito te bajates ;

De la jorca lo quitates ;

En er camino perdite' r breviario ;

El Hijo de la Bigen María se lo jayó ;

Tres boses de la Bigen María oítes :

- Beato Antonio, beato Antonio, beato Antonio,

 

Buerbe atrás,

Que tu santo breviario lo hayarás,

En él hayarás un Santo Cristo 'nclavao ;

 

Tres dones le pedirás :

Que lo perdió sea jayao,

L'orbidao recordao

Y lo alejao acercao.

Estas tres cosas te pío ;

Otórgamelas, santo mío

 

Una versión abreviada de esta destacada oración andaluza se halla en el folklore de la zona de Maule, en Chile.

La relación entre los temas amorosos y el del hallar lo perdido no puede apartarse. Son dimensiones que se requieren, y que el cancionero folklórico español ha puesto en común :

San Antonio Portugués,

devoto de lo perdido,

mi amante se perdió anoche;

búscamelo, santo mío

En el folklore ibérico el santo no es pues de los ámbitos políticos ni eclesiásticos. No pertenece al orden de la cristiandad. Su mundo es el del pueblo sencillo, que no dispone de los bienes de este mundo. A él se le invoca desde esa precariedad, como señala esta copla andaluza :

A San Antonio le pido

que me de conformidad,

que los bienes de este mundo

Dios los quita y Dios los da

¿Qué tiene, que posee el santo para el pueblo? Como lo expresa su imaginería clásica lo que tiene es al Niño Dios en sus brazos. Ese es su tesoro y su riqueza. Contener al Mesías es su contento. Con tenerlo a El lo tiene todo: la clave gratuita del amor. Hay allí una cierta imagen matrística en la figura de San Antonio. Su identidad se asocia a la de María, por tener al Niño Dios en brazos :

Tan imposible lo hallo

el olvidar tu cariño

como llejar a quitarle

a San Antonio su Niño.

 

San Antonio, bendito eres,

Por el Niño que en los brazos tienes.

 

San Antonio,

Bendito tú eres ;

Bendito es el fruto

que en tus brazos tienes

Más no sólo al Niño Dios. El ama con ternura a todos los niños pequeños para ponerlos entre sus brazos. Un antiguo romance español que pasó a América Latina compone la figura del santo abiertamente en este sentido. Se trata de Don Juan de Lara y doña Laura recogido a principio del siglo XX en Chile por el investigador Julio Vicuña Cifuentes :

A este tiempo San Antonio

dentró por la misma sala,

vestido de religioso

de la orden franciscana /.../

 

Supe como esta señora

en grande peligro se halla,

con los dolores del parto,

y he venido a visitarla.

Esto que oyó la señora,

alegremente escuchaba,

su corazón le decía

lo qu'ella misma ignoraba :

aquel era San Antonio

que venía visitarla.

El Santo le pide al niño,

la señora se lo daba.

Agarrándolo en sus brazos

cariñosamente le habla :

-Dios te guarde, hermoso niño,

y te libre de desgracia ; /.../

Un santo que más que nada tiene y contiene el fruto del amor divino de Dios -el niño Jesús-, ¿qué es lo que da ? Su dádiva es el propio amor hermano, imagen no desdeñable del divino. En la tradición folklórica andaluza hallamos la creencia tan extendida a América Latina de que el santo concede novios). Su intercesión concede y otorga los encendidos colores de la vida. Según los cancioneros populares de España :

San Antonio bendito,

Ramos de flores,

A las descoloridas,

Dales colores

Popularidad de su devoción colonial

Durante la época colonial se puede comprobar la inmensa popularidad de San Antonio. Su advocación supera con mucho la de cualquier otro santo con asociaciones de tipo mas político o clerical. San Antonio es el santo de todos, de la gente común y corriente. Está en lal boca de todos. ¿Superaría incluso las imágenes cristológicas?

En un concienzudo y erudito trabajo del historiador benedictino Gabriel Guarda acerca de las iglesias chilenas del periodo virreinal publicado en 1986 se logró determinar que San Antonio fue el santo más preferido para titular las iglesias sólo después que San José. Santo Tomás de Aquino, San Ignacio de Loyola, o el propio San Francisco de Asís, asociados a las órdenes dominicas, jesuitas y franciscanas, fueron ampliamente sobrepasados por el culto al Taumaturgo medieval. Lo mismo puede señalarse en relación a santos de filiación más política o de Casa Real como San Carlos, San Felipe o San Luis; y también de la advocación cristológica a la Santa Cruz.

La advocación a la Santa Cruz solo alcanza 17 títulos. Prácticamente la devoción o la predilección por San Antonio sólo se asemeja a la de la Virgen María, ya sea como inmaculada (46 títulos) o como Virgen del Carmen (49 títulos).

La iconografía colonial mostró al santo -de manera similar a la Virgen del Carmen o San José- alzando al Niño Dios, lo que revela las predilecciones en las representaciones más populares de lo sagrado. En un cuadro ilustrativo del arte mestizo chileno del Siglo XVIII se representó a San Antonio dejando su libro para jugar con el Niño Dios. Según la descripción del historiador del arte P. Luis Mebold : "El santo de aspecto juvenil, sin barba,..., tiene entre sus brazos a un Niño Jesús pletórico de vitalidad".

San Antonio representó más que nada la dimensión fascinante de lo sagrado y del cristianismo colonial, en oposición o tensión con los elementos mas "tremendos" de la religión de la élite y de la cristiandad. Esto que apunta a su popularidad queda muy bien ilustrado en el carácter y la ambientación de la presentación del santo por parte de algunos misioneros como el franciscano Francisco Garcés, en Sonora y Arizona en el siglo XVIII quien recordaba con estas palabras el contexto más informal y regocijado con que ofrecía la figura del Taumaturgo a los indios del lugar incluso para divertirse él mismo:

"Al cerrar la noche, encontré cada familia en su lumbre y fui saludando y riéndome con todos... Gustaban mucho de oírme cantar la letanía, de la que aprendieron algunos términos. Y para aficionarlos más, cuando nombraba San Antonio, añadía jabesúa..., lo que les causaba mucho regocijo... Servíame esto para divertir la melancolía que me causaba el verme enterrado en vida en aquel calabazo de cerros...". ¿Fue la devoción a San Antonio una piedad predilecta de los grupos mas humildes de la sociedad colonial? Hay fuentes que señalan la simpatía y el respeto por el santo en los ambientes más discriminados del orden social de la época, sobre todo mujeres de sectores populares.

En 1757 el viajero De La Flotte señaló que la imagen del Santo estaba en los oratorios de las prostitutas del Brasil quienes, a su modo, respetaban su figura religiosa y divina; "Tal a devocao a Santo Antonio e tao deturpada pelos cariocas que as mulheres de mau viver em dados momentos fechabam os seus oratorios pois, diziam "muito embora praticassen actos de Natureza nao era necesario que o Thaumaturgo assitisse a scenas que poderia levar a mal !" (sic)".

La figura de San Antonio fue fácilmente asimilada por las poblaciones indígenas y africanas incorporándola a sus fundamentos y recursos culturales y espirituales. Una mujer bantú, proveniente de la Angola portuguesa, fue acusada a la Inquisición de Minas Gerais en el siglo XVIII por sus conocimientos terapéuticos africanos asimilándolos a un pacto con el demonio. La mujer, llamada Luiza Pinta, de la ciudad de Sabará, era, con todo, cristiana bautizada, con conocimientos de los rezos cristianos. Más aún, atribuía sus éxitos medicinales a la intercesión de San Antonio para quien ofrecía misas por sus sanaciones. La Inquisición de Brasil, sin embargo, fue implacable en demonizarla hasta conducirla a Lisboa para su proceso en 1749.

En la capital de Portugal esta mujer negra fue interrogada y torturada por su condición de "calundureira" o sea sacerdotisa de cultos africanos. Mientras era torturada clamó a San Antonio. Como señala el proceso : "Sendo atada perfeitamente nas oito partes, lhe foi dado todo o tormento a que estava julgada, e nele clamava por Santo Antonio, ...".

Esta mujer recorrió en su vida el triángulo completo del sistema colonial. Originaria de Africa, esclavizada en América Latina, terminó condenada en Europa. En este largo itinerario aprendió a estimar y valorar a San Antonio como aliado de la vida y la salud de sí misma y de sus semejantes. Paradojalmente, fue torturada en Lisboa, la ciudad del Santo.

La figura de Luiza Pinta puede ser una metáfora de los procesos colectivos que vivieron los sectores populares forjando el folklore de San Antonio en América Latina colonial.

 

Antonio inspira vida y amores al pueblo

Con los orígenes ibéricos y a través de las situaciones coloniales determinantes que hemos apuntado se asienta la identidad folklórica de San Antonio como un santo que no se sitúa en el espacio de la cristiandad - Estado, Clero, Clases Altas-, sino en medio de la cotidianeidad popular (laical) y sus necesidades de vida y amor. La imagen y el tratamiento folklóricos relativos al Santo revelan la relación de proximidad y asimilación con la cultura popular.

El es "San Antoñito" como dicen en Colombia :

Me dijo San Antoñito

al verme tan triste y sola :

- Ya le tengo su encarguito,

vaya pensando en la boda

En el folklore de México aparece en leyendas en relación contradictoria con los hacendados, como lo mostró Frank Aguilar, en su "Antología del Saber Popular" de 1971). Oreste Plath refiere acerca del folklore de Chile : "Se sabe del santo que era alegre y dicharachero, por lo cual siempre se le veía entre las muchachas que iban a las fuentes en busca de agua... ; también era amigo de los pastores, de los rapaces".

Si no cumple con las peticiones que el pueblo le hace no debe vacilarse en tratarlo con rigor, colocando su imagen de cabeza, o sumergida en agua, o vuelta hacia la pared.. Si sus concesiones no son favorables tampoco el pueblo tiene remilgos en echárselo en cara, como puede verse en esta copla del folklore de Argentina :

San Antonio maldito

cara de cuerno,

como tu cara

salió mi yerno !

Como puede verse no hay contemplaciones de tipo espiritual con el Santo. Este es en cierto sentido imperfecto, sujeto a olvidos y errores, imposible de entenderse con los moldes de perfección elitista y puritana de la "cristiandad".

Este es un santo que sabe de amores humanos. Imperfectos, confusos y peligrosos, como todo amor. Por ello no es raro que pueda invocárselo en medio de una danza de amor como lo es la cueca en el folklore de Chile :

Por mi Dios y las estrellas

que están en el cielo azul

yo te tengo que querer

más que no me quieras tú.

San Antonio bendito

yo te lo ruego sácame de las llamas

que ya me quemo.

 

Que ya me quemo, sí,

y arroz con leche

aquí está tu negrito

no lo desprecies.

 

Yo me tiro de guata

por una nata

Si en el folklore de Chile San Antonio es invocado en medio de la pasión amorosa para no zozobrar en ella, en el folklore de Colombia dicha pasión puede hacer sucumbir al propio santo :

A San Antonio bendito

lo tentó en balde el demonio

si lo tienta mi morena

se condena San Antonio

El Santo, pues, se confunde con la cultura popular. Emerge con ella en las fiestas populares, el lugar por excelencia donde se inspira la vida y el amor de las gentes comunes y corrientes, más allá de sus propias definiciones religiosas. Con gusto el novelista brasileño Jorge Amado pone en una de sus obras, "Teresa Batista cansada de guerra", como animador de la fiesta de San Antonio a un típico personaje popular abierto a la diversidad religiosa popular, llamado Raimundo Rompe-Mato o Mundinho de Obatualá.

Como inspirador de la vida y el amor San Antonio es comprendido desde el folklore de América Latina como padre e incluso aún como madre. Su figura transforma la imaginación patriarcal de las élites. Según una oración infantil del folklore de Cuba, y sustituyendo a la figura de Jesucristo común a otras variantes de dicha oración, San Antonio se presenta como padre :

San Antonio era mi padre,

Santa María mi madre.

Los ángeles mis hermanos

me agarraron por la mano

me llevaron a Belén.

En el folklore de Puerto Rico la figura paterna del Santo está asociada a la salud del pueblo:

Pare San Antonio,

médico divino,

cura a los enfermos,

mancos y tuyíos.

La imagen paterna, como vemos, es eminentemente vital y saludable. Ambos ejemplos caribeños nos remiten a una condición maravillosa de la paternidad, junto a María y a favor de los enfermos. En el folklore de Venezuela la figura del padre se hace más insinuante y regocijada en una vinculación con la danza popular del Tamunangue :

Ay, mi padre San Antonio!

¿Dónde está, que no lo veo?

Que vengo a bailar con él

y me voy con los deseos

El1 folklore de Colombia termina festivamente reconociendo en San Antonio incluso una figura maternal :

Oh! divino San Antonio,

ninguno cual como vos

pues que fuistes escogido

para ser madre de Dios

.Continuando las tradiciones ibéricas originales el Santo inspira los amores populares de América Latina. El inicia y conserva el amor de las parejas. En el folklore de Argentina y Chile así lo invocan los padres por sus hijos e hijas:

San Antonio de Padua,

santo glorioso,

dale mujer a mi hijo

que ya está mozo.

 

San Antonio bendito,

carita 'e rosa,

dale un novio a mi hija,

que ya está moza.

 

San Antoñito,

cara de rosa,

dale marío a mi hija,

que es tan hermosa.

 

San Antoñito,

San Antoñazo,

dale marío a mi hija,

que es tan güenaza.

En el folklore de México la petición pueden hacerla las mismas mujeres según sus propias necesidades:

San Antonio milagroso

yo te suplico llorando

que me des un buen esposo

porque ya me estoy pasando

En el folklore de Chile el Santo es invocado también para la felicidad de la parejas y la recreación del amor a través del tiempo. Cosidas en la almohada las medallas de San Antonio aseguran la fidelidad del marido. Unos antiguos versos chilenos indican el protagonismo del Santo en la procura de un amor sin límites de tiempo. Se trata de los "Parabienes para novios" del poeta popular Javier Jerez:

Viven pues los desposados

en este dichoso día

rebosando de alegría

todos los acompañados.

 

Hasta la consumación

viva viva el matrimonio

permita pues San Antonio

que vivan siempre en unión

en cualquiera situación

con el lujo y bizarría

que es una segura guía

con un amor sin segundo

vivan hasta el fin del mundo

rebosando de alegría

Con todo, uno es el ideal y la fantasía, y otra cosa es la realidad. Lo histórico no es absoluto, y el Santo puede estar solícito a deshacer las relaciones infundadas en el amor:

San Antoñito,

San Antoñazo,

quítale el marío a mi hija,

que es tan malazo

Un Santo eminentemente sensible al amor y a la humanidad del amor no podía hacer oídos sordos a las relaciones de desigualdad y dominación anejas al matrimonio en América Latina, donde las uniones regales no estaban muchas veces fundadas en el amor. Estudios recientes sobre el matrimonio en los siglos XVIII y XIX en Chile refieren casos sorprendentes de violencia conyugal donde el marido abusó de los malos tratamientos hasta los intentos de homicidio de la pareja.

San Antonio fue siempre en estos casos un aliado de la mujer, y sobre todo de los sectores populares más discriminados por las institucionalidades establecidas. En 1913 se decía en Chile que la devoción al Santo era un rasgo propio de las obreras y modistas de la época.

La identificación del Santo con los temas amorosos llevó a postular en el folklore de América Latina que él mismo era protagonista de vivencias de amor. El es un Santo que sigue de cerca las emociones populares. En los "velorios a San Antonio" celebrados por las poblaciones de origen africano en Venezuela, los versos en su honor, confundidos con coplas amatorias, lo pintan dispuesto a incorporarse al popular baile conocido como Tamunangue:

Anda vete poco a poco

no vayas a tropezar

la bella, bella,

a la bella, bella...

que pa' darle gusta al cuerpo

no es preciso de rogar.

Sale el padre San Antonio

a bailar el Tamunangue,

cuando empieza la batalla

en la plaza o en la calle

El folklore de Chile ha sido en este sentido más explícito. El pueblo supo imaginar sus inequívocos amores con Santa Clara, a pesar de ser venerado en la localidad de Putaendo bajo el apodo de "El Fruncidito", o sea, como una persona aparentemente compuesta y modesta. Más allá de sus "fruncimientos", el Santo no puede ocultar sus amores por la santa franciscana, con la cual conforma una divina unidad cósmica:

A mi padre San Antonio

cuando veía a Santa Clara,

se quedaba como atontao

y se le caía la baba.

 

Nuestro Señor puso un huevo

de una virtud muy preclara

San Antonio era la yema

y Santa Clara la Clara

En una de las creaciones más libres y fantásticas del imaginario celestial el folklore de Chile construyó una denominada "Remolienda en el cielo", donde San Antonio invita a Santa Clara a bailar una entusiasta cueca, como culminación de una fiesta sagrada que desafío todas las reglas posibles de la "cristiandad" en América Latina ordenada según los cánones del concilio de Trento.

 

Aquí nos hallamos ante una desenfadada interpretación del Santo que inspira la vida y los amores del Pueblo, colocándose el mismo en la situación de apasionante y regocijado intérprete del sentir amatorio.

Escuche la compañía

lo que le voy a cantar.

El guitarrón va a sonar

con su canto de alegría.

Habrán de saber que un día

donde Dios los santos fueron

y licencia le pidieron

p' armar una remolienda,

y el Señor, sin soltar prenda

concedió lo que pidieron. /.../

 

S' estaba poniendo tarde

cuando dijo San Antonio

Caracho, por los demonios,

qu' está la fiesta que se arde!

Echaré mi cara al aire

como la echan los demá

y con mucha suavidá

a Santa Clara un capote,

sin que ninguno lo note

se lo voy a dar no mah!

 

Así lo hizo el Taumaturgo,

que de un brinco quedó al frente

y zapateó corno veinte,

güeno en el sento alicurco !

Escobilló como un turco

con tanta gracia y primor

qu' el divino Salvador

s' entusiasmó su poquito,

y es que le dijo: Antuquito,

echa un trago de licor!

 

Todos los santos rodearon

a tan bonita pareja;

uno pasa una bandeja,

otro aplaude como un diablo.

San Pedro, San Juan, San Pablo,

todos se hallan muy contentos;

están como en su elemento

aquellos santos benditos,

y con ganas qu' el ratito

se repita en poco tiempo.

La composición folklórica juega diestramente con las imágenes religiosas a disposición de un pueblo que se ve a sí mismo transfigurado en el amor. La nota más alta de esta fiesta en el alto cielo la brinda San Antonio -Antuquito, para el propio Redentor- con su magnífica interpretación de sus desencadenados amores hacia Santa Clara

 

Observaciones finales

De acuerdo al material folklórico analizado la figura de San Antonio aparece más que nada asociada al tema del amor. Hemos hallado referencias a sus poderes terapéuticos o a sus poderes para encontrar cosas perdidas, más, al fin, lo mas determinante es su intimidad con el pueblo en los temas del corazón.

Su figura, por otra parte, es arrolladora. Su presencia es de primera magnitud, y desafía las visiones religiosas de la "cristiandad", esto es, de un cristianismo ligado al Estado, el Clero, y la Clases Altas. El impacto de su influencia realmente cuestiona la real magnitud de dicha "cristiandad" en la historia religiosa de América Latina. Podríamos reinterpretar esa historia a la luz de la devoción popular a San Antonio. Quizás allí está el verdadero milagro de San Antonio en relación a la historia del cristianismo latinoamericano.

El Santo supera así el orden religioso establecido, como en cierto sentido lo da a entender el romance recogido en Nuevo México y conocido como "El cuando de San Antonio":

Habrá muchos predicadores

pero como San Antonio ¿Cuándo ?

El es santo milagroso

que a todos nos va mandando /.../

De Dios tienes el poder

como lo estamos mirando./.../

Habrá muchos sacerdotes

(pero) como San Antonio, ¿Cuándo ?/.../

Tú eres el que está adentro

de todos los corazones

El santo pertenece a la más entrañable identidad de las gentes del pueblo. Está entre ellos, con ellos, en el fondo de sus propias destrezas y certezas, para toda la vida. Como lo enseña la poesía oral negra del Ecuador:

Con San Antonio hei venido

con San Antonio yo estoy,

San Antonio está conmigo,

con San Antonio me voy.

 

San Antonio tengo aquí

san Antonio tengo en casa

San Antonio es mi eficacia

cuando me vaya a morir. /.../

 

Con sus palabras divinas

me enseñó a ser cantador,

maestro compositor

azote de bastilleros,

como él e' mi compañero,

con San Antonio yo estoy

Como una alternativa a las ideas elitistas de la "cristiandad", presa de dualismos o exclusivismos (alma /cuerpo, varón /mujer, célibes /casados, santos /pecadores, etc.), la imagen folklórica de San Antonio, desde sus orígenes ibéricos hasta sus versiones en las culturas populares de América Latina, nos invita a todos a reinventar el carácter amoroso de la condición humana, la opción por el Otro, la salida al encuentro del Otro, desde la totalidad de Uno mismo.

Así quizás con razón y con pasión podremos obtener lo que durante siglos le fue solicitado al Santo y que recordamos con la pronunciación andaluza de nuestros antepasados:

Que lo perdío sea jayao,

L' orbidao recordao,

Y lo alejao acercao.