ANTONIO Y FRANCISCO DE ASÍS
propiedad y uso de los bienes de la tierra

Jerónimo Bórmida

 

San Francisco y San Antonio

San Antonio vive muy pocos años en la Orden y es difícil precisar con exactitud la influencia que tuvo San Francisco en su manera de entender y de vivir el evangelio. Antonio y Francisco se encuentran en el capítulo general de 1221 y la primera vida de Antonio, la llamada "Assidua", ni siquiera hace mención a Francisco de Asís, allí presente. Apenas sabemos que Francisco, personalmente, le da permiso para enseñar teología a los hermanos y que en el billetito donde se le da esa licencia, le llama "mi obispo".

Voy a proponer un texto de San Antonio, en el Sermón para el Domingo II de Pentecostés, en el cual expone la siguiente doctrina tradicional, patrística, sobre el derecho a poseer y a usar de los bienes de esta tierra. Luego veremos cómo esta doctrina es un elemento vertebral en la vida y magisterio de Francisco de Asís.

San Antonio: retener lo sobrante es pecado mortal

Todo esto concuerda con lo que leemos en la epístola: Si alguien goza de los riquezas de este mundo y si. al ver a su hermano en apuros le cierra el corazón, cómo permanecerá en él el amor de Dios? Hijitos míos, no amemos de palabras y de labios afuera, sino con obras y de verdad (1 Jn 3, 17-18).
Y el Señor recalca en el Evangelio de Lucas (11,41): Den a los pobres lo superfluo: y todo será puro para ustedes. La Glosa comenta: "Den a los pobres lo que les sobra a sus necesidades de comer y vestirse".
Pues bien, si alguien tuviera bienes materiales, después de haber retenido lo suficiente para las necesidades de la alimentación y del vestido, si ve que su hermano, por el cual Cristo murió, padece necesidad, debe darle lo que le sobra. Si no se lo diere y cerrare sus entrañas al hermano pobre, digo que comete pecado mortal, porque no hay en él el amor de Dios; porque, si hubiera ese amor, daría de buena gana a su hermano pobre.
¡Ay de aquellos que tienen las bodegas llenas de vino y de cereales y poseen dos o tres pares de vestidos, mientras los pobres de Cristo, con las tripas vacías y el cuerpo desnudo, claman a su puerta! Quizás, les hace alguna caridad, pero les da poco, y no de lo mejor sino de lo peor.
Llegará, sí, llegará la hora en que ellos también, estando fuera de la puerta, clamarán: Señor, Señor, ábrenos; y oirán: En verdad, les digo que no los conozco. ¡Vayan, malditos, al fuego eterno! (Mt 25, 11-12 y 41).
Salomón nos advierte: El que cierra sus oídos para no escuchar la voz del pobre, él mismo clamará y no será escuchado (Prov. 21, 13).
Supliquemos, pues, hermanos queridisimos, al Señor Jesucristo, para que, después de habernos llamado con este sermón, por inspiración de su gracia, se digne llamarnos a la cena de la gloria celestial, en la que nos saciaremos, contemplando cuán suave es el Señor (Salm.9). ¡Amén! ¡Amén!

Los Padres de la Iglesia.

En esta doctrina Antonio es fiel a la tradición de los Padres de la Iglesia. Leemos en la Didajé, o La doctrina de los Doce Apóstoles:

A todo el que pida, dale y no se lo reclames; pues el Padre quiere que a todos se dé de sus propios dones. Bienaventurado el que, conforme al mandamiento, diere, pues es inocente. Pero ¡ay del que recibe! Pues si recibe por estar necesitado, será inocente; mas el que recibe sin sufrir necesidad, tendrá que dar cuenta por qué recibió y para qué!.

Para San Basilio "uno está obligado por estricto derecho a dar sus bienes a los pobres, bien por hallarse éstos en grave necesidad, o por la superfluidad de sus muchos bienes", para San Juan Crisóstomo la tierra es de Dios para el bien común; y, por consiguien-te, "si no hacemos limosna, merecemos el castigo de los ladrones" . La obligación de comunicar los bienes que son de Dios lo expresan los Padres de la Iglesia en fórmulas fuertes y audaces:

Medellín: Pobreza de la Iglesia

En el contexto de pobreza y aun de miseria en que vive la gran mayoría del pueblo latinoamericano, los obispos, sacerdotes y religiosos tenemos lo necesario para la vida y una cierta seguridad, mientras los pobres carecen de lo indispensable y se debaten entre la angustia y la incertidumbre. Y no faltan casos en que los pobres sienten que sus obispos, o sus párrocos y religiosos, no se identifican realmente con ellos, con sus problemas y angustias, que no siempre apoyan a los que trabajan con ellos o abogan por su suerte.

San Ambrosio:

"Es injusto que un hombre no ayude a su semejante, sobre todo cuando el Señor Dios dispuso que esta tierra fuese la común posesión de todos los hombres y les ofreció sus productos a todos. Mas la avaricia ha repartido los derechos de posesión . Esto quiere decir que el Señor es el propietario de todos los bienes materiales; y el hombre, su administrador. Si el rico se apropia el ciento por ciento de sus bienes, comete una injusticia; y lo que da a los pobres es una restitución".

San Juan Crisóstomo:

"Semejantes al siervo perverso son los que teniendo dinero no dan nada a los necesitados. Pues también tú eres tan sólo administrador de tus riquezas, no menos que el que administra los bienes de la Iglesia. Y así como a éste no le es dado malgastar a su antojo los bienes que le entre-gasteis para socorrer a los pobres, así ni a ti los tuyos. Aunque me digas que lo recibiste en herencia de tus padres y que por lo mismo cuanto tienes es tuyo, con todo esto, dígote que de Dios lo recibiste, a propósito te los cedió para que dieras de comer a los pobres en tiempo oportuno. Del mis-mo modo que tú entregas tus dineros a tu criado para que los administre, de igual manera lo ha hecho Dios contigo."

San Francisco

Presumiblemente Antonio no aprendió del mismo San Francisco la doctrina de los Padres de la Iglesia, pero en ella es totalmente coherente con hechos y parábolas del pobrecillo de Asís.

Celano, en su vida segunda, nº 47, nos cuenta el caso de una avecilla que no deja comer a sus hermanos.

Estaba Francisco sentado a la mesa con los hermanos cuando aparecen dos avecillas, macho y hembra, que recogen cada día de la mesa del Santo unas migajas para alimentar sus crías. Nótese que las avecillas no tienen graneros ni previsión del mañana. Un buen día, la pareja presenta los pajarillos a los hermanos, como en señal de gratitud por haberlos alimentado, y, confiándoselos, desaparecen ya del lugar.... Los pajaritos son como Dios que deja a sus hijos al cuidado de los hermanos. Aquí viene una parte del relato que expresa, en lenguaje simbólico, la misma doctrina antoniana y patrística:
Pero la voracidad viene a deshacer la unión cuando la altanería de uno mayor persigue a los más pequeños. Comiendo él por placer hasta hartarse, impide que los demás coman. "Mirad - dice el Padre - lo que hace ese glotón; pletórico él y harto, no puede ver que los hermanos que tienen hambre coman. Con muerte bien triste va a desaparecer". Al dicho del Santo sigue luego el castigo. El perturbador de los hermanos se posa, para beber, sobre una vasija, y, cayendo de improviso en el agua, perece ahogado; y ni gato ni bestia alguna osó tocar el ave que había incurrido en la maldición del Santo.
Horrenda tiene que ser la codicia en los hombres, cuando en las aves es castigada con tanto rigor. Y de temer también la condena de los santos, que atrae tan fácilmente el castigo.

El ave cometió un pecado que la condujo a la muerte. En el mismo Celano nº 111 nos narra el caso de una cerda que mató un corderillo sin tener necesidad de comer. San Francisco maldice al animal imprecando para que ni hombre ni animal coma su carne.. La cerda, luego de penar por tres días terminó en una muerte vengadora. Tirada en la estacada del monasterio, arrojada allí durante largo tiempo, seca cual una tabla, no fue comida para ningún famélico. Los actos de la cerda también la condujeron a la muerte.

Hermosísimo el hecho-parábola del Hermano Fuego tenía hambre y no le dejaron comer, por avaricia que nos narra la Leyenda de Perusa nº 86. San Francisco pedía a los hermanos que no le hicieran mal a nuestro hermano fuego.. No quiso apagar un vestido que se le estaba quemando, así como tampoco le gustaba que se apagaran las velas, las lámparas o el fuego, como suele hacerse cuando es necesario. El Espejo de Perfección nº 117. dicen que San Francisco no quiso usar ya más una piel arrebatada al incendio, porque mi avaricia no ha consentido que el hermano fuego la devorara.. Es pecado de avaricia impedir comer a quien tiene hambre.

La segunda Celano los números 86-92 narra varios hechos en los cuales Francisco "devuelve" cosas "robadas" :

Al volver de Siena, se encontró también con un pobre. El Santo dijo al compañero: Es necesario que devolvamos el manto al pobrecillo, porque le pertenece. "Lo hemos recibido prestado hasta topar con otro más pobre que nosotros". "Hermano guardián, es necesario que devolvamos lo ajeno". "Padre - le respondió el guardián -, devuélvase en hora buena, si tenemos algo que es ajeno". "Restituyámosle - replicó el Santo - este manto, que hemos recibido, de prestado, de esa pobrecilla mujer, pues no tiene nada en la bolsa para sus gastos".

Como se puede ver ambos santos tienen idéntica doctrina acerca de la propiedad y el uso de los bienes de la tierra. Al menos es claro que en ambos fluye la doctrina evangélica mantenida siempre vivda en la tradición de la Iglesia.