SAN ANTONIO DE PADUA:

ESPIRITUALIDAD Y PENSAMIENTO
UN ESBOZO INICIAL

Patricio Grandón Z

O. CONSIDERACIONES PRELIMINARES


En la carta de Juan Pablo II, con motivo de la celebración del Octavo Centenario del Nacimiento de San Antonio, nos encontramos con una muy sugerente invitación a "difundir un conocimiento adecuado del santo taumaturgo". El acento puesto en el "conocimiento adecuado" se torna toda una suerte de desafío a mirar, y a comprender, a Antonio de Padua desde otra perspectiva, buscando poner de relieve, según parece, los elementos propios del "Antonio de la Historia", como una forma de completar, y mejor comprender, en la perspectiva de una visión más integral e integradora, la tan conocida y difundida imagen del "Antonio de la piedad y la devoción". Visión que para nuestra sensibilidad actual suele aparecer como demasiado legendaria y con rasgos hasta increíbles, pero que sin embargo tiene un profundo arraigo y relevancia en la piedad popular y en la fe sencilla del pueblo creyente de todas partes del mundo, tanto dentro como fuera del mundo cristiano.

Sin desconocer la fuerza, y significación profunda, de la imagen del "Antonio de la piedad y la devoción", quisiera intentar una lectura, y consecuentemente una interpretación, más por el lado del "Antonio de la historia", pero no con la cualificación del investigador científico, que no poseo, ni con la perspectiva de la crítica historiográfica, que desconozco, sino más bien con la óptica de un "lector atento" que desarrolla algunas intuiciones, que hace algunas preguntas y que intenta establecer algunas simples relaciones entre los hechos y sus posibles significados, en términos de lo que se puede considerar como espiritualidad y pensamiento de San Antonio de Padua.

El intento de establecer lo que podría comportar la espiritualidad y el pensamiento de San Antonio, tiene para mí algunas acentuaciones particulares que quisiera establecer de entrada, a modo de hipótesis de trabajo. De aquí que quisiera referirme a San Antonio de la siguiente manera:

En lo que se refiere al modo de proceder en este intento por establecer la espiritualidad y el pensamiento de san Antonio, estaría pautado de la siguiente manera: relevamiento de algunos puntos claves o significativos del "decenio franciscano" de san Antonio y leer a partir de ellos, los posibles elementos de espiritualidad-pensamiento antonianos. Y esto buscando enunciar-describir sucintamente el hecho y luego proponer una interpretación del mismo, procurando su posible proyección actualizada. En suma, el procedimiento sería: hecho-acontecimiento; interpretación (espiritualidad-pensamiento) y proyección.

1. LITURGIA, ESCRITURA Y CONTEMPLACION

Esta robusta triada va a marcar la primera formación y experiencia del joven Fernando por casi un decenio, primero en la canongía regular agustiniana de San Vicente de Fora en Lisboa y luego en la de La Santa Cruz de Coimbra. Decenio, casi, que culminar con su ordenación sacerdotal y que constituir su "primera" respuesta al llamado de Dios, nacida en los albores de su adolescencia lusitana

Tiempo largo es este, pautado por la vida regular de una gran comunidad de canónigos que se inspiran en la regla de san Agustín y que en su formación privilegian la teología positiva basada en el estudio de la Sagrada Escritura y la tradición de los Padres, como el medio para acceder a la oración-contemplación, celebrada solemnemente en la liturgia y que alternan con algunas actividades pastorales y asistenciales. Tiempo largo vivido en el diario contacto con las fuentes de la revelación-salvación que los canónigos regulares de san Agustín, y Fernando con ellos, intentan desentrañar, celebrar y poner en práctica.

La espiritualidad y el pensamiento formados, celebrados y practicados a partir del texto sagrado comentado por los Padres, especialmente san Agustín, san Jerónimo, san Gregorio, san Bernardo, basándose en el ya establecido cuádruple sentido de la Escritura: literal, alegórico, tropológico y anagógico. Todo lo cual se complementaba con la teología de las "Sentencias" de Pedro Lombardo y con el estudio de las ciencias naturales de la época, recogidas, sobre todo, en las llamadas "Etimologías" de san Isidoro de Sevilla.

Fernando se inserta, de este modo, en la tradición de la espiritualidad bíblico-monástica y su consecuente teología positiva de comentario del texto bíblico, en el momento en que empieza a ganar terreno en las universidades una teología más especulativa y racional, que recoger las aportaciones de Abelardo y la impronta del recientemente descubierto, en occidente, Aristóteles, y que andado el tiempo llegar a su culminación en las Summas de la llamada Alta Escolástica.

Esta primera formación basada, preferentemente, en el texto sagrado va a ser una impronta imborrable de la espiritualidad antoniana. Una emergente constante en el Antonio predicador y en el Antonio docente de sus hermanos. De esta impronta da testimonio claro su "Opus Evangelicum" o "Sermones" y también su forma de vida, "según la forma del santo Evangelio" en el movimiento franciscano.

Un significativo punto de acercamiento es este centrarse en el texto sagrado, entre la espiritualidad y pensamiento antoniano y la sensibilidad latinoamericana que sigue intentando construir una espiritualidad cristiana y eclesial a partir de la Palabra vivida, reflexionada y contrastada con la realidad desde el texto leído en la comunidad eclesial de base.

2. CRISIS, DESEO DE MARTIRIO Y
DESCUBRIMIENTO DE LA VIDA EVANGELICA

La vida regular de Fernando, en la gran canongía de La Santa Cruz de Coimbra, se va a ver impactada y transformada al saberse la noticia del martirio de los cinco primeros franciscanos en Marruecos. Movido por este acontecimiento, según atestigua la "Assidua" (5,5), Fernando va a manifestar a los franciscanos de San Antonio dos Olivais, ser admitido en la Orden Franciscana, previa dispensa de su condición de agustino, con el propósito de ser enviado a tierra de sarracenos para sufrir el martirio. De modo que el motivo inmediato de Fernando para hacerse franciscano es el deseo de martirio.

El cambio de nombre de Fernando a Antonio y la convivencia con los hermanos en san Antonio dos Olivais van a marcar la primera etapa en la iniciación franciscana de Antonio. Luego de un breve tiempo de conocimiento y formación en la vida "según el santo Evangelio", Antonio parte para Marruecos, pero su deseo de martirio se frustra y se trastoca por la enfermedad que lo inutiliza para la misión. Debe volver a Portugal, pero en el intento los vientos van a terminar por depositarlo cerca de Messina. Aquí se entera de la celebración inminente del Capítulo General de Asís de 1221, el conocido como "Capítulo de las Esteras".

Antonio pasa de canónigo regular a franciscano, con el deseo de ser mártir, pero ve frustrado su propósito. Los acontecimientos lo van llevando a descubrir, a través del contacto con los hermanos en Coimbra, primero; en Marruecos, seguramente -aunque nada dicen las primitivas fuentes-; en Messina y en el camino a Asís; en el mismo Capítulo, donde probablemente pudo divisar a Francisco, el proyecto de vida "según la forma del santo Evangelio", que es la propuesta central del movimiento franciscano. Todavía otro tiempo más le ser concedido, circunstancialmente, a Antonio para profundizar, en la práctica, dicho proyecto: su estancia en Montepaolo donde es enviado, un poco por compasión y un poco por necesidad, por el Provincial de Romagna, después del Capítulo de Asís de 1221 (cfr "Assidua" 7).

San Antonio dos Olivais, la breve y malograda estancia en Marruecos, Messina, el camino a Asís, el Capítulo de Las Esteras, Montepaolo, son los lugares que van a marcar la "inicial formación franciscana" de Antonio. Toda una suerte de formación itinerante para el silencioso y desconocido hermano lusitano, que hasta aquí, en todo, pasa desapercibido, dedicado a la oración-contemplación y a los oficios domésticos en el éremo de Montepaolo.

Ser otro acontecimiento "no proyectado" el que, una vez más vendrá a cambiar el rumbo en la vida de Antonio. En Forlí, y para salir del trance, Antonio debe predicar en la ordenación de un grupo de franciscanos y dominicos. Una circunstancia del momento va a ser el medio para "revelar" el saber y la ciencia bíblico-teológica de Antonio, que de aquí en más le ser encomendado, preferentemente y casi con dedicación exclusiva, el ministerio de la Predicación.

Esta manera de darse las cosas para Antonio, tienen una particular relevancia para descubrir un nuevo rasgo de su espiritualidad y pensamiento. De un lado, tenemos el "proyecto" de Antonio (ser mártir). De otro, las circunstancias que se van dando y que van revelando el proyecto de Dios para Antonio, en una tensión que las diversas fuentes van interpretando, a la luz de los resultados posteriores, como la preparación de la grandeza y santidad de El Santo y que dejan a éste, siempre según las fuentes, en el silencio y en el pasar desapercibido, como forma expresiva de la receptividad y disponibilidad para acoger el proyecto de Dios en el marco de la vida según la "forma del santo Evangelio".

El encuentro entre proyecto de Antonio y el proyecto de Dios, y la consecuente acogida de éste por Antonio, revelan que su espiritualidad-pensamiento se enraizan en lo que solemos llamar el Dios de la historia; el Dios que habla en los acontecimientos históricos, para algunos "fortuitos", para otros "gratuitos". Dios le había hablado ya a Fernando a través de la Palabra estudiada, meditada, contemplada y practicada en el decenio agustiniano. Este hablar de Dios hace ahora conjunción con los acontecimientos históricos de la vida del Antonio que buscando ser mártir descubre la vida evangélica en el acontecer de la vida compartida con la fraternidad minorítica, consolidando en El Santo la espiritualidad-pensamiento de la contemplación de la historia, a la luz de la Palabra y de la propia vida, como generadora de respuestas, también históricas (el ministerio de la predicación itinerante, por ejemplo), adecuadas a las circunstancias del tiempo y lugar.

La espiritualidad-pensamiento antoniano del Dios de la historia, que habla en los hechos históricos de la cotidianediad fraterna y minorítica, es otro recio punto de acercamiento y proyección con esa convicción y búsqueda de la espiritualidad latinoamericana que escudriña los acontecimientos de cada día y que al ser iluminados con la Palabra, leída y compartida en la comunidad, van dejando escuchar el habla-proyecto de Dios para el aquí, el ahora y el mañana, en cuya trama se van elaborando las respuestas-proyectos históricas para la hodierna vida de la comunidad humana y cristiana latinoamericana.

3. EL MINISTERIO DE LA PALABRA

El grueso de la vida franciscana de Antonio estuvo dedicado al ministerio de la predicación itinerante. La Romagna, el Véneto, la Lombardia, el Mediodía de Francia, conocieron la audacia profética, sin concesiones, de Antonio.

Este "ministerio" arrancaba del mandato de la obediencia y se apoyaba en una convicción fundamental, enunciada por el mismo Antonio en sus "Sermones": el Predicador es un HERALDO, un testigo, un enviado, un profeta; un simple portavoz. Es un "ministro" (servidor) de la Palabra, que tiene eficacia en sí misma y que debe estar siempre basada en la Palabra de Dios estudiada, meditada y asimilada. De aquí que el predicador, ministro de la Palabra, debe predicársela primero a sí mismo y luego a los demás, nunca en nombre propio, sino siempre en nombre de Dios.

El ejercicio práctico de la convicción precedente en la vida y ministerio de predicador itinerante de Antonio, viene a ser la condición de posibilidad, el requisito sine-qua-non, de la libertad, la audacia, el profetismo, sin concesiones ni claudicaciones, que van a caracterizar el anuncio-denuncia de la predicación de Antonio, tan resaltada, en su forma, contenido y contraste con el entorno por las fuentes antonianas primitivas y reflejadas en el texto mismo de los "Sermones"

En esta perspectiva la espiritualidad-pensamiento de Antonio viene marcada por el tema del anuncio como encuentro entre palabra y testimonio de vida; entre la conciencia de ser enviado y el imperativo de vivir en conformidad con el contenido del anuncio, en la tesitura franciscana de que al saber ha de seguir el bien obrar, en el orden del ser y el hacer en coherencia con el mensaje creído y anunciado.

La proximidad de espíritu e ideas con la convicción de la espiritualidad cristiana, de los últimos decenios, de que la vida cristiana se realiza, entre otras formas, por el anuncio de la Palabra y el testimonio de la propia vida, como dos momentos inseparables del ser-hacer cristianos, es más que cercana, y obvia. La actualidad de Antonio, en este campo, se concretiza en el traernos a la actualidad, desafiando a la actuación, aquella constitutiva originaria de la espiritualidad cristiana: la inseparable alianza entre anuncio de la Palabra y el testimonio de la vida, como sendas expresiones del ser-actuar cristianos en el mundo.

4. "LEER" LA SAGRADA TEOLOGIA A LOS HERMANOS

" Al hermano Antonio, mi obispo, el hermano Francisco, salud. Me place que enseñes la sagrada teología a los hermanos, con la condición de que, con el estudio no se extinga el espíritu de la santa oración y devoción, como se dice en la Regla. Amén".

Esta auténtica carta de Francisco a Antonio nos sitúa en el contexto de la tarea de Antonio como docente de teología, el primero en la Orden según el parecer de muchos estudiosos del franciscanismo. El ministerio de la docencia teológica fue ejercido por Antonio en Bolonia, el sur de Francia y Padua y según el tenor de la carta de Francisco fue una actividad que contó con su aval y beneplácito entusiasta

El "espíritu" de la carta va marcar, y condicionar, el tipo de magisterio ejercido por Antonio, tanto en el contenido como en la forma, de modo que su quehacer teológico se va a enmarcar en la forma de "Sermones" y no en el de las "Lectio", propias del modo de hacer y enseñar teología de la época escolástica que estaba comenzando a tomar envergadura y que se convertir, andado el siglo XIII, en "la" forma de concebir, hacer y enseñar teología en toda la cristiandad occidental, llegando a confundirse, casi, el m‚todo con el contenido en la teología escolástica.

En el ministerio teológico-docente de Antonio confluyen varios elementos, que le van a dar su talante particular y que podrían sintetizarse en: su formación teológica primera, marcada por el espíritu agustiniano; el carácter positivo, no especulativo, de dicha teología, basada fundamentalmente en el estudio-meditación-contemplación del texto de la Sagrada Escritura, según la tradición de los Padres; y la condición de Francisco (cfr. CtaAnt.2) que el hacer y el enseñar teología tienen que supeditarse al espíritu de oración y devoción y no a la razón especulativa, de modo de llegar a hermanar ciencia y unción contemplativa, a fin de, como más tarde dirá san Buenaventura, convertir la teología en "sapiencia".

Por otra parte, Antonio con su ministerio teológico-docente, y Francisco con el "placet" de su carta, están mostrando una clara capacidad de respuesta a una necesidad socio-histórica y pastoral, interna del movimiento franciscano que ya ha comenzado a insertarse significativamente en el quehacer pastoral de la Iglesia por la predicación itinerante de sus miembros, y la correspondiente necesidad de formar a los hermanos destinados al "ministerio" de la predicación; y también externa, de la misma Iglesia que se empeña en la aplicación de las reformas del Concilio Lateranense IV (1215), en cuyos decretos la predicación se va a imponer como una obligación propia del ministerio episcopal y de aquellos a quienes los obispos se lo encomienden.

En el ministerio teológico-docente de Antonio, hacer y enseñar teología sin "apagar/extinguir" el espíritu de oración-devoción, supone, para Antonio, su inserción en una tradición previa: la del modo de hacer-enseñar teología de las escuelas medievales, monásticas y abaciales, que custodian la fe y la ponen sobre la razón; y también la de las escuelas episcopales y catedralicias que profundizan, preferentemente, la moral y la liturgia. Por su parte, en las nacientes universidades medievales se est dando la lucha entre razón y fe y los intentos de sobreponerse la una a la otra. Además, Antonio es depositario de una cultura teológica basada en la experiencia de san Agustín, con su acento en la voluntad y el afecto -como constitutivos del quehacer teológico-, y la cultura europea previa a la gran escolástica. De aquí que, para Antonio, hacer-enseñar teología sea tomar la revelación y reflexionarla guiado por la fe, haciendo un proceso de "razón al interior de la fe", que más tarde ser amplia y sutilmente desarrollado por Escoto en los albores del siglo XIV.

Según la carta de Francisco a Antonio, hacer-enseñar teología es un don de Dios, al igual que el trabajo (cfr RB 5), y por tanto también es un auténtico trabajo al interior, y exterior, de la fraternidad. Hacer y enseñar teología es expresión-manifestación del espíritu de oración y devoción, del cual no se puede separar ni el trabajo manual ni el intelectual (hacer-enseñar teología), pues ambos son expresiones del espíritu de oración-devoción. Trabajo manual y teología son formas expresivas del orar devotamente, del obrar según el Espíritu, al que hay que dejar operar y actuar en todas las formas del ser y quehacer franciscanos. Dicho de otra forma: hacer-eneseñar teología, en el espíritu de oración-devoción, es agregar a la acción de las manos (en el caso del trabajo manual) y a la inteligencia (en el caso del trabajo intelectual), la acción del corazón que ve más allá, puesto que opera por amor y que transforma en don el "leer"-"aprender" teología. De esta forma la escuela de teología, franciscano-antoniana, deviene no sólo en aula de ciencia y erudición, sino en escuela de sapiencia y de vida que transforma la acción de enseñar y aprender en sacramento de gracia. Lo que Francisco quería, y por su beneplácito Antonio parece haber encarnado, es que todos los hermanos, sin distinción, se edifiquen unos a otros comunicándose los propios dones.

Una teología hecha, enseñada y aprendida sin apagar el espíritu de oración-devoción, emerge, obviamente, como un momento segundo, al interior mismo, de la espiritualidad cristiano-franciscana-antoniana; como una expresión de lo orado-contemplado-vivido; como el momento reflexivo de la vida según la forma del santo Evangelio en el mundo y desde la fraternidad. El quehacer y la docencia teológica como una expresión de la fe orada y vivida, desde la comunidad creyente inserta en la realidad, contemplada a la luz de la Palabra, compartida y celebrada en la misma comunidad.

Hacer, y enseñar, teología sin apagar el espíritu de oración-devoción, tal como se ha descrito más arriba, nos aproxima bastante al talante metodológico y de pretensión de la teología latinoamericana y su conciencia de ser momento segundo en la vida de la comunidad creyente. Momento necesario, pero segundo, que sucede a la acción del Espíritu actuante en la historia y en la vida de la comunidad creyente (momento primero). Quehacer teológico y docente como ministerio de reflexión-sistematización de la vida y testimonio creyente de la comunidad en el mundo y como ministerio para la vida de esa misma comunidad en el mundo.


5. ADAPTACION DEL "ESPIRITU" DE LA "LETRA" DE LA REGLA

Es difícil imaginar cómo pudo Antonio desarrollar en su época tantas y tan serias actividades, como la agotadora tarea de predicador itinerante, lector de teología en las casas de la Orden y, además, durante cuatro años "ministro y siervo de los hermanos", primero como Custodio en Limoges (1226, año de la muerte de Francisco) y luego Provincial de Romagna (1227-1230).

El ministerio de "animación y corrección" de los hermanos, lo va a ejercer Antonio en un momento particularmente decisivo, y grave, de la evolución y vida del movimiento franciscano: a partir de 1224, y con la venia de Francisco, la Orden había empezado un proceso de evolución que la llevó de la itinerancia de sus primeros quince años de existencia a la fijación en moradas estables, que a tenor del "Testamento" de Francisco, debían ser "pobrecillas" de modo que no hicieran perder a los hermanos la conciencia de ser "viajeros y forasteros en este mundo" (cfr Test. 24).

El paso de la itinerancia original a la fijación en moradas "pobrecillas", ponía sobre el tapete el decisivo tema de la fidelidad a los ideales evangélicos, especialmente en torno al tema de la pobreza-minoridad, nudos centrales de la espiritualidad franciscana. A esta realidad "ambiental" se sumaban otros eventos más coyunturales, como que durante la celebración del Capítulo General de 1230 se realizó el traslado del cuerpo de Francisco a la nueva basílica, construida con asombrosa rapidez, al igual que el "sacro convento", con los oficios de Fr. Elías y con dinero recaudado en toda la cristiandad con indulto pontificio, en contra de la tajante prohibición de la Regla. Estos eventos pusieron sobre la mesa capitular una serie de graves cuestiones a discutir y resolver, relacionados con la observancia de la Regla de Francisco: el tema de la autoridad del Testamento, la obligatoriedad del Evangelio, la capacidad de real dominio-propiedad por parte de la Orden, la cuestión de la centralidad de la vida en "altísima pobreza".

Frente al planteo de estas cuestiones surgieron diversas posiciones y partidos: los que sostenían la necesidad de adaptar la "letra" de la Regla a las reales circunstancias de la evolución de la Orden; postura encabezada por Fr. Elías; los que veían con preocupación el rumbo que las cosas habían tomado en manos de los anteriores; el grupo de los llamados "fieles" al ideal primitivo. En este último grupo se situaba Antonio, y el general Juan Parenti, quienes hubieran querido que la Orden, en el Capítulo mismo, asumiera la responsabilidad de encauzar rectamente la adaptación de la Orden de acuerdo con el "espíritu" de la Regla. Pero el Capítulo, por mayoría, decidió remitir la solución al Papa, para lo cual designó una comisión de seis hermanos, "eminentes por su ciencia y amor a la Orden", cuya lista estaba encabezada por Antonio. La gestión tuvo como resultado la bula "Quo elongati." de Gregorio IX (28 de setiembre de 1230) y su decisión de no obligatoriedad del Testamento. Esta bula es la primera declaración pontificia acerca de la Regla franciscana.

Antonio emerge aquí como protagonista de un momento crucial de la evolución institucional del movimiento franciscano y adhiriendo a la postura del "espíritu" de la Regla adaptado a las circunstancias evolutivas de la Orden, lo cual viene a mostrar cómo en poco tiempo, casi un decenio apenas, había logrado empaparse del espíritu de Francisco y también la capacidad de realismo para evaluar ponderadamente la evolución de la Orden. Esta suerte de realismo de Antonio nos sitúa en esa tarea siempre presente a la vida del movimiento franciscano: ser fiel a la inspiración de Francisco en las cambiantes circunstancias de cada tiempo, momento y circunstancia, buscando la forma, y el contenido, de ser fieles a la vida según la forma del santo Evangelio, sin caer en anacronismos y, a la vez, sin traicionar las intuiciones primigenias de Francisco, cuya radicalidad y universalidad valórica tienen un carácter transistórico.

Por otra parte, una actitud, "centrada", como la de Antonio surge, sin duda, de esa característica suya, de ser un contemplativo de la historia, en este caso de la historia de la evolución primera del movimiento franciscano, lo que le permite, en último caso, fidelidad estricta al espíritu de la Regla y capacidad de adaptación, equilibrada, a los procesos evolutivos e históricos de todo grupo humano, que desde su humanidad intenta responder con fidelidad a los desafíos y coyunturas de su historia presente, desde el lugar transistórico del espíritu que los inspira.


6. A MODO DE CONCLUSIONES ABIERTAS


Llegados a este punto quisiera plantear, luego del suscinto esbozo previo -sobre la espiritualidad/pensamiento de san Antonio- alguna suerte de conclusiones, o elementos de síntesis, abiertos a ulteriores desarrollos y a la confrontación de ideas, puesto que el tema propuesto es basto y lleno de pistas que se podrían seguir.

7.1. Un primer núcleo de síntesis tiene relación con un hecho que debe haber sido bastante común en los orígenes del movimiento franciscano: la diversidad de las personas, y personajes, que pedían abrazar la vida "según la forma del santo Evangelio". Tal es el caso de Antonio, venido de fuera del ámbito franciscano, con toda una cultura, formación y experiencia espiritual diversa de la del franciscanismo propiamente tal, pero que, sin embargo, logra insertarse de modo muy significativo, y rápido, en el ambiente franciscano, al punto de ser un protagonista decisorio en la primera evolución institucional del movimiento franciscano.
A esta rápida y significativa inserción en el movimiento franciscano, viniendo de "otro universo" de espiritualidad, deben haber contribuido, además de las condiciones de apertura de espíritu del mismo Antonio, la capacidad de acogida e integración de la misma fraternidad franciscana de los orígenes, muy poco estructurada y muy permeable al aporte particular de cada cual que ingresaba en la misma y que, según el propio espíritu que la anima desde la Regla, con grandes espacios para el desarrollo, la creatividad y la aportación de cada uno que pedía abrazar la vida "según la forma del santo Evangelio". En esta perspectiva deben haber resultado decisivas las experiencias de convivencia fraterna y minorítica de Antonio con los hermanos en San Antonio dos Olivais de Coimbra, en Marruecos y en Montepaolo, sobre todo si se tiene en cuenta que en dos de esos lugares, el acento de la vida fraterna estaba puesto en la actividad contemplativo-eremítica en la que, según el testimonio de las fuentes, Antonio siempre hizo grandes progresos, y provechos, dada su natural inclinación a la misma y, sin duda, muy motivado, y entrenado, por su experiencia de canónigo regular agustino.

7.2. Pasando a los aspectos de lo que más propiamente podríamos considerar como espiritualidad-pensamiento de Antonio, se podrían tener en cuenta los siguientes:

PATRICIO GRANDON
MULTIVERSIDAD FRANCISCANA
MONTEVIDEO-URUGUAY

BIBLIOGRAFIA (Sólo de trasfondo referencial)


"Vida Primera de San Antonio - "Assidua" Ediciones Franciscanas Conventuales, Buenos Aires 1995.
"Fonti Agiografiche Antoniane. "Vita Prima o Assidua" Vergilio Gamboso (a cura di) Edizioni Messagero, Padova 1981; pp. 9-124 (Introduzione)
"S. Antonio questo sconosciuto" Francesco Saverio Pancheri Edizioni Messagero, Padova 1981
"S. Antonio: vita e spiritualità" Vergilio Gamboso, Edizioni Messagero, Padova 1995
"Per conoscere Sant`Antonio. La vita - Il pensiero", Vergilio Gamboso Edizioni Messagero, Padova
"Un puente sobre siete siglos. San Antonio hoy. Ambientación biográfica" Pilar de Cuadra BAC, Madrid 1967
"S. Antonio di Padova e la prima predicazione francescana", Raoul Manselli, IL Santo, Gennaio-Aprile 1968, Padova; pp. 3-19
"La personalità di S. Antonio di Padova nei suoi Sermoni", Leonardo Frasson, En: "I volti antichi e attuali del Santo di Padova".
Colloquio interdisciplinare su l`immagine di S. Antonio. Edizioni Messagero, Padova 1980; pp. 174-211.
"S. Antonio e la glossa" Benamino Costa, IL SANTO, Maggio-Agosto 1967, Padova. Pp. 147-172
"Il senso della teologia nell`Ordine Francescano: la lettera di Francesco ad Antonio", Faustino Ossana, MISCELLANEA FRANCESCANA, Tomo 94, III-IV; Roma 1994; pp. 505-515
"El doctor evangélico y los otros doctores de la escolástica franciscana", Carlos Balic, CUADERNOS FRANCISCANOS 111; Chile 1995; PP. 154-164
"El otro San Antonio de Padua", Lázaro Iriarte, SELECCIONES DE FRANCISCANISMO 70, Valencia 1995; pp. 71-85
"San Antonio de Padua. Representante de la primera generación del pensamiento franciscano", Enrique Rivera de Ventosa, CUADERNOS FRANCISCANOS 110; Chile 1995; pp. 83-96