ORACIONES PARA LA CUARESMA  

¡Se den, pues, toda alabanza, toda gloria y todo honor al Hijo de Dios, principio de toda la creación! En El hemos depositado y de El esperamos la recompensa de este trabajo. El es el Dios bendito, glorioso y bienaventurado por los siglos eternos.

Y toda la Iglesia cante: "¡Amén! ¡Aleluya!

(Prólogo)

 

 

Te suplicamos, Señor Jesús, que nos hagas tierra buena, para que podamos recibir la semilla de tu gracia y podamos "dar frutos dignos de penitencia" (Mt 3, 8); y así mereceremos vivir eternamente en tu gloria,

Te pedimos que nos lo concedas tú mismo, que eres el Dios bendito por los siglos de los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!

(Domingo de Sexagésima)

¡Ay de mí! ¡Ay de mí! El que es la libertad de los prisioneros es encarcelado, la gloria de los ángeles es escarnecida, el Dios de todos es flagelado, el espejo sin mancha y el candor de la luz eterna es escupido, la vida de los que mueren es matada. Y a nosotros, tan desgraciados, ¿ qué nos queda por hacer sino ir y morir con El? Sácanos, oh Señor Jesús, del barro de la hez con el anzuelo de tu cruz, para que podamos correr, no arrastrados por el perfume, sino por la amargura de tu pasión. ¡Oh alma mía, prepárate el colirio, haz un llanto amargo por la muerte del Unigénito y por la pasión del Crucificado!

(Domingo de Quincuagésima)

 

 

Oh queridísimos, roguemos y pidamos insistentemente con la devoción de la mente que el Señor Jesucristo se digne iluminar los ojos de nuestra alma con la fe en su encarnación, con la hiel y el colirio de su pasión, El que iluminó al ciego de nacimiento, a Tobías y al ángel de Laodicea. Y así mereceremos contemplar en el esplendor de los santos y en el fulgor de los ángeles al mismo Hijo de Dios, que es luz de luz.

¡Nos lo conceda el mismo Señor, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos! ¡Amén! ¡Así sea!

(Domingo de Quincuagésima)

Adoremos también nosotros a aquel a quien los arcángeles adoran, y sirvamos a Aquel a quien los ángeles sirven. El es el Señor bendito, glorioso, digno de alabanza y excelso por los siglos de los siglos.

Y toda la creación diga: "¡Amén! ¡Así sea!".

(Domingo I de Cuaresma)

 

 

Oh Señor Jesús, quita, quita estas dos palabras: "¡Dame, dame!", de los prelados de tu iglesia, que se pavonean en el monte de las dignidades eclesiásticas y derrochan tu patrimonio que conquistaste con las bofetadas, los salivazos, los flagelos, la cruz, los clavos, el vinagre, la hiel y la lanza.

Nosotros, pues, que nos llamamos cristianos por el nombre de Cristo, todos juntos, con la devoción de la mente, imploremos al mismo Jesucristo y pidámosle insistentemente, que del espíritu de contrición nos haga llegar al desierto de la confesión, para que en esta cuaresma merezcamos recibir la remisión de todas nuestras iniquidades. Y así, renovados y purificados, mereceremos fruir de la alegría de su santa resurrección y ser colocados en la gloria de la eterna bienaventuranza.

Nos lo conceda aquel Señor, a quien corresponden todo honor y gloria por los siglos de los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!

(Domingo I de Cuaresma II)

Te suplicamos, pues, Señor Jesús, que del valle de la miseria nos hagas subir al monte de la vida santa, para que, marcados con la figura de tu pasión y fundados en la mansedumbre de la misericordia y en el celo de la justicia, merezcamos en el día del juicio ser envueltos por una nube luminosa y oír la voz de la alegría, del gozo y del júbilo: "¡Vengan, benditos de mi Padre", que los bendijo en el monte Tabor, "y reciban el reino que les fue preparado desde el origen del mundo!" (Mt 25, 34).

A este reino se digne conducirnos aquel Señor, al cual pertenecen el honor y la gloria, la alabanza y el dominio, la majestad y la eternidad por los siglos de los siglos.

Y todo espíritu responda: ¡Amén! ¡Así sea!

(Domingo I de Cuaresma II)

 

 

Roguemos, pues, queridísimos, al Señor Jesucristo, que por su santa misericordia nos conceda salir de la vanidad del mundo y entrar en la región de Tiro y Sidón, o sea, de la contrición y de la confesión, para que nuestra hija, nuestra alma, pueda ser liberada del diablo y de sus tentaciones y ser colocada en la bienaventuranza del reino celestial.

Nos conceda esta gracia Aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos.

Y todo hombre responda: "¡Amén! ¡Así sea!".

(Domingo II de Cuaresma II)

Demos, pues, gracias a Jesucristo, hijo de Dios, que echó al demonio, iluminó al ciego, hizo hablar al mudo y oír al sordo. Y todos juntos, con la devoción de la mente, supliquemos y humildemente pidamos que aleje el pecado mortal de la conciencia de todo cristiano y le infunda la gracia de Dios, para que reconozca su iniquidad, la manifieste en la confesión y obedezca fielmente a los consejos y a los mandatos de su confesor.

Se digne concedernos estas gracias, a nosotros y a ustedes, el mismo Jesucristo, al cual se deben el honor, la majestad, el dominio, la alabanza y la gloria por los siglos eternos.

Y toda criatura diga: "¡Amén! ¡Así sea!".

(Domingo III de Cuaresma)

 

 

Supliquemos, pues, hermanos queridísimos, a Jesucristo, que con su humildad derrotó la soberbia del diablo, para que nos conceda también a nosotros quebrantar con la humildad del corazón los cuernos de la soberbia y de la arrogancia, y mostrar siempre en los sentidos de nuestro cuerpo el ejemplo de humildad. Así mereceremos llegar un día hasta su gloria.

Nos lo conceda aquel, que es el Dios bendito por los siglos de los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!

(Domingo III de Cuaresma)

Te rogamos, pues, Señor Jesús, que por la potencia de tu gracia alejes del corazón de los fieles al espíritu inmundo, y los vuelvas secos y sin agua, hagas que su conciencia sea pura y fervorosa en tu santo servicio y la colmes con la gracia de los siete dones del Espíritu.

Se digne concedernos estos favores aquel Señor Jesús, al que pertenecen el honor y la gloria por los siglos de los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!

(Domingo III de Cuaresma)

 

 

Te rogamos, pues, nuestra Señora y nuestra esperanza. Tú que eres la estrella del mar, brilla sobre nosotros que andamos sacudidos por las tempestades del mar de este mundo y guíanos al puerto. En el momento de nuestro "tránsito", defiéndenos con tu presencia consoladora, para que, sin temor, podamos salir de la cárcel y merezcamos llegar felizmente al gozo infinito.

Nos lo conceda aquel Jesús, a quien llevaste en tu vientre bendito y amamantaste con tus pechos sagrados. A El sean el honor y la gloria por los siglos eternos. ¡Amén! ¡Así sea!

(Domingo III de Cuaresma)

Roguemos, pues, y con lágrimas imploremos a nuestro Señor Jesucristo, que no nos esconda su rostro, ni salga del templo de nuestro corazón; y que en su juicio no nos acuse de pecado, sino que nos infunda la gracia de escuchar con la máxima diligencia su palabra. Nos dé la paciencia para soportar las injurias, nos libere de la muerte eterna y nos glorifique en su reino, para que con Abraham, Isaac y Jacob merezcamos ver el día de la eternidad.

Nos lo conceda aquel Jesús, al cual pertenecen el honor y la potestad, el esplendor y el dominio por los siglos eternos.

Y toda la iglesia responda: ¡Amén! ¡Así sea!

(Domingo V de Cuaresma)