UN ITINERARIO HACIA LA ARMONÍA

Reflexiones sobre el

“Itinerario de la mente a Dios”

de San Buenaventura:

Jerónimo Bórmida *

LA CULTURA DE LA MUERTE

Las víctimas del sistema

La religión del mercado está ultimando la tarea iniciada en la revolución industrial. Los datos apocalípticos de la catástrofe resultante son comunicados con profusión de detalles por todos los medios de comunicación [1] . Sentados cómodamente ante el televisor podemos ver y oír, asustados, pormenores escalofriantes:

Entre 1500 y 1850, fue eliminada una especie cada diez años... Alrededor del año 2000, desaparecerá una especie por hora. Entre 1975 y el 2000, habrá desaparecido el 20 % de todas las especies de vida. A partir de 1950 se perdió la quinta parte de la superficie cultivable y de los bosques tropicales. Los bosques del mundo se están acabando a un ritmo de 20 millones de hectáreas por año. Por causa del desmonte del Amazonas hasta el año 2000 desaparecerán entre 30 y 50.000 especies.

Sentimos hablar de lluvia ácida, calentamiento de la atmósfera, destrucción de la capa de ozono, desmonte, desertificación, y superpoblación... pero los mayores responsables del desastre son los países ricos e industrializados, que se niegan a asumir el principal compromiso por corregir el curso de este proceso de desarrollo; sin embargo, imponen al hemisferio sur, normas sobre cómo tratar la naturaleza [2] .

La conciencia (mala) de los ricos

Los ricos, dueños de los mas media comienzan a preocuparse y no por la naturaleza, sino porque temen quedarse sin recursos para el despilfarro. En su mala conciencia ecológica ofrecen soluciones que no cuestionan el modelo de sociedad ni el paradigma de desarrollo y consumo principales causantes de la muerte tanto de árboles como de humanos pobres.

La religión del mercado es intrínseca y perversamente depredadora y desvastadora de la naturaleza: el modelo sólo es exitoso a través de una frenética expoliación de la creación. Los dogmas de la fe mercantil sostienen que:

·         la autorregulación del mercado es la única garantía de futuro...

·         de hecho en la evolución de las especies sólo los vencedores sobreviven...

·         la única ecología ética es la ecología del caos, regulada sólo por la oferta y la demanda: en la autorregulación que nace del mercado se verá quien prevalece en la red de relaciones, si el árbol o las autopistas.

·         la ley de la competitividad dirá si una etnia, una región o un continente tienen posibilidad de subsistir.

·         lo que no es capaz de vencer en el mercado no tiene derecho a existir: no es ético defender una especie de plantas o un grupo de seres humanos.

Esto ha causado un verdadero ecocidio [3] . Con el pretexto del "bienestar para la población mundial", sacralizando ciencia y tecnología, el mercado terminó asolando la naturaleza y al hombre dentro.

Las pistas de salida

En los últimos decenios se han formulado una serie de propuestas, apenas remedios para paliar o curar los males del planeta. Algunos ejemplos:

El Ambientalismo propuso la lucha por salvar determinadas especies amenazadas a nivel de flora o de fauna, garantizando de ese modo espacios naturales para la recreación humana, sin cuestionar la ideología de los actuales modelos de desarrollo dominante. Pero la ecología es algo más que preservación de los recursos no renovables; supone una visión del mundo: es una cuestión cultural, o sea, de concepción del mundo y de manera de comportarse frente a las cosas [4] .

La eco-tecnología pretende que el hombre tiene en sus manos la técnica suficiente para revertir la situación ecológica, tanto a nivel local como planetario. Sin necesidad de cambiar el modelo de sociedad, de consumo y su correspondiente paradigma de producción, inventa técnicas y procedimientos capaces de preservar el medio ambiente y reducir los efectos indeseables del desarrollo. Se filtran los gases, se disminuyen los ruidos, se descontamina el agua... Sin duda que la misma técnica que hiere la naturaleza, también puede curarla, pero a condición de preguntarse por el tipo de sociedad deseable para el hombre. No hay salida técnica sin discusión previa de las utopías que permiten optar por el tipo de desarrollo ecológicamente aceptable.

La discusión sobre el modelo de sociedad abre el camino de la eco-política. Queremos una sociedad más participativa, igualitaria y solidaria. No queremos un mundo rico y opulento, sino pobre y fraterno. ¿Qué significa la preservación del medio ambiente en mundos marginales de miseria casi infinita? ¿Queremos alimentos libres de agrotóxicos o simplemente comida para los hambrientos endémicos? ¿Es satisfactorio ofrecer comida dietéticamente perfecta a los habitantes de un cantegrill que no llegan a las normas sanitarias básicas?

La ecología social apunta a la urgencia de escapar del apocalipsis ecológico, generando procesos que den lugar a alternativas al modelo social vigente, hasta superarlo históricamente. La ecología social apunta al modelo de educación, al régimen de trabajo, al reordenamiento de las ciudades a escala humana, a un tipo de ciencia y de técnica capaces de crear condiciones de una sociedad cuyo eje sea la vida y la alegría.

El nuevo modelo de sociedad, debe rehacer el tejido social a partir de las múltiples potencialidades del ser humano y de la propia sociedad. Al lado del trabajo debe estar el ocio, junto a la eficacia la gratuidad, la dimensión lúdica debe acompañar a la productividad. La imaginación, la fantasía, el sueño, la emoción, el simbolismo, la poesía y la religión deben ser tan valorados como la producción, la organización, la funcionalidad y la racionalidad, masculino y femenino, Dios/mundo, cuerpo/psiquis, deben integrarse en el horizonte de una inmensa comunidad cósmica. Sólo así, la sociedad será plenamente humana. El ser humano necesita tanto del pan como de la belleza [5] .

Para la eco-ética importa encontrar valores comunes, consensuados [6] , capaces de dejar de lado los paradigmas utilitarios dominantes para encontrar valores de alteridad, fraternidad, convivialidad, dentro de una visión holística de la ecología. La ecología supone la interacción de todos los seres, vivos o no, desde las partículas elementales y las energías primordiales hasta las formas más complejas de vida y abarca la cultura y la sociedad: todo se relaciona con todo y en todos los puntos y por todos sus lados. La ecología no es la suma de todos los seres, orgánicos e inorgánicos, ínfimos y complejos, terrestres y galácticos: infiere la interdependencia orgánica de todo con todo.

Veamos una propuesta que nace de la lectura de una obra de San Buenaventura, el Itinerario de la mente a Dios. Me parece que aporta pistas sugerentes para quien busca un mundo ecológico, es decir armónico.

EL CAMINAR COMO PARADIGMA

La vida es un Itinerario

Buenaventura imagina la vida del hombre en la tierra como un itinerario, es decir como un camino. Solamente se entienden los problemas y se encuentra el camino para superarlos... caminando.

Estamos ante una propuesta especialmente valedera para una época de transición de paradigmas. En los últimos 20 años hubo más cambios de paradigmas que en varios siglos de historia. Experimentamos las desazones propias de quien le tocó vivir el ocaso de un “fin de época” sin vislumbrar aún los contornos de la nueva a venir. Estamos ante espejos que nos devuelven imágenes borrosas y perturbadoras.

La modernidad fue época de libertades y de fe en el progreso, fe en la razón y en el progreso ilimitado. Pareció que declinaban las creencias, la magia, las religiones en general y que asistíamos al nacimiento de creencias seculares, de sistemas de valores fundados en las ideologías inmanentes, sin referencia a la trascendencia religiosa. El trabajo fue la nueva religión, y hoy lo peor que le puede pasar a un ser humano es no tener trabajo: somos esclavos del trabajo y estamos desempleados.

Declarada la muerte de las ideologías aparece hoy otro sistema, único y definitivo, que suplanta todas las religiones y todas las creencias. Vivimos un exacerbado presente, participamos de la cultura del “instante”. Nace una nueva ética fundada en la estadística. La sexualidad y reproducción se independizan: se puede tener sexo sin concebir, y se puede concebir sin sexo. La religión es privada, armada con todos los elementos útiles de las religiones que están en el mercado. Dentro de la religión del mercado el hombre se ha vuelto un trashumante religioso en busca de prosperidad, auxilio, solución mágica de problemas. Dicen que en California nace una secta nueva cada siete días...

El tan proclamado fin de la historia, pensamiento único, concluye, de hecho, en la globalización de la exclusión. Parece que el sistema dominante está tocando sus límites ecológicos, sociales y hasta económicos.

La transición epocal nos ha quitado todo el horizonte de referencias y nos deja perplejos. Hemos perdido seguridades y estabilidad y quedamos a la intemperie, intemperie laboral, política, cultural, ética, planetaria, religiosa [7] .

Buenaventura respondería hoy a los profetas que vaticinan el fin de la historia, que la meta final del itinerario del hombre en el cosmos no es el mercado sino el absoluto trascendente.

A los que están perplejos por la caída de todos los referentes, les diría que la vida es un caminar entre espejos... y en el desierto. Buenaventura se sentiría cómodo en la intemperie que nos ha tocado vivir: el desierto es el lugar de la especulación.

El camino siempre comienza

Concebir la vida como itinerario, supone adoptar un nuevo paradigma dinámico. Definir la vida del hombre como un itinerario hacia el futuro absoluto, es suponer también que el cosmos no es estático, sino dinámico, evolutivo y en expansión, todavía por hacerse. Al finalizar el libro del génesis el camino recién comienza: Dios no ha cerrado sino abierto las puertas de la historia. Nuestro vocabulario tendría que adaptarse a los nuevos paradigmas dinámicos y deberíamos hablar de cosmogénesis y de antropogénesis en lugar de cosmos y de hombre.

El itinerario bonaventuriano no tiene pausas y se atreve a penetrar, especulando, los niveles más profundos de la realidad.

El camino comienza por la sala de los espejos en la que se encuentran los vestigios de Dios en el universo cósmico [8] , luego se pasa a contemplar los indicios que se reflejan en el mundo sensible [9] . Naturalmente uno se introduce en el ámbito donde se pueden ver los espejamientos en el hombre, imagen especial de Dios [10] . De ese estadio se sube inmediatamente al espejamiento producido por la gracia [11] , hasta hundirse en el espejo del mismo Dios. Cuando el hombre “llega” a Dios no se encuentra al final, sino al principio, no se interrumpe su caminar. Sumergidos en la fruición de Dios seguimos peregrinando. Luego de contemplar el ser de Dios en su unidad beatísima [12] , nos abismamos en el bien de la felicísima comunidad trinitaria [13] .

Dios como Bien Supremo es infinitamente difusivo, desbordante. El camino del hombre hacia Dios continúa, pero con un intelecto en reposo y en el desbordamiento del amor volcánico del amante... [14] El Itinerario se convierte en dinámica pura por la posesión apasionada del amor.

Los espejos terrenos nos orientaron en el camino, y encendieron nuestros deseos de caminar hasta el infinito [15] . Buenaventura supone que los espejos de la mente tuvieron que estar tersos y limpios para poder reflejar correctamente los espejamientos divinos en la creación y, especialmente, para evitar quedar cegados por el sublime resplandor de Dios en las creaturas [16] . Así el hombre, grado por grado, de espejo a espejo consigue contemplar a Dios tanto en la materia, como en la inteligencia, como en el arte eterno [17] .

El primer escalón es el mundo sensible [18] , porque resplandece el poder y sabiduría sumos de Dios en las cosas creadas [19] , todas y cada una de ellas vestigios de Dios en los cuales podemos contemplar su rostro espejado [20] en la infinidad de cosas todas hermosas y deleitables [21] y todas ellas nos llevan, de la mano, a la contemplación de Dios [22] .

Pero cuando entramos dentro de nosotros mismos vemos en nuestro interior resplandeciente, la imagen misma de la Santísima Trinidad.

Y porque los dos grados predichos, guiándonos a Dios por los vestigios suyos, por los cuales reluce Él en todas las criaturas, nos llevaron de la mano hasta entrar de nuevo en nosotros, es decir, a nuestra mente, donde reluce la divina imagen; de ahí es que, llegados ya al tercer grado, entrando en nosotros mismos, como si dejáramos el atrio del tabernáculo, en el santo, esto es, en su parte interior es donde debemos procurar ver a Dios por espejo: allí donde, a manera de candelabro, reluce la luz de la verdad en la faz de nuestra mente, en la cual resplandece, por cierto, la imagen de la beatísima Trinidad [23] .

Por más que en espejo y como en enigma [24] , el interior del hombre nos permite contemplar el mismo misterio uno y trino de Dios [25] . Cuando el hombre logra contemplarse en el espejo de su interioridad más profunda descubre la imagen de su origen uno y trino. En esta tarea es importante el recurso tanto a las ciencias [26] , como a la Sagrada Escritura [27] .

Caminar entre espejos

San Buenaventura define al camino del hombre en la tierra como un peregrinar entre espejos [28] . Especulación equivale a espejamiento. La vida del hombre es pensada como un largo camino entre imágenes reflejadas, entre espejos que exigen capacidad para descifrar las imágenes en movimiento.

Buenaventura traduce estas “especulaciones” de modo muy llano y simple en la teología narrativa de la Leyenda Mayor.

La piedad del Santo se llenaba de una mayor ternura cuando consideraba el primer y común origen de todos los seres, y llamaba a las criaturas todas -por más pequeñas que fueran- con los nombres de hermano o hermana, pues sabía que todas ellas tenían con él un mismo principio. Pero profesaba un afecto más dulce y entrañable a aquellas criaturas que por su semejanza natural reflejan la mansedumbre de Cristo y queda constancia de ello en la Escritura. Muchas veces rescató corderos que eran llevados al matadero, recordando al mansísimo Cordero, que quiso ser conducido a la muerte para redimir a los pecadores [29] .

Del mismo modo, anunciando de antemano con toda certeza la ruina de muchos que al parecer estaban firmes en la virtud, así como la conversión a Cristo de numerosos pecadores, parecía que contemplaba de cerca el espejo de la luz eterna, con cuyo resplandor admirable su mirada interna veía las cosas corporalmente ausentes como si le estuviesen presentes [30] .

 

EL POBRE COMO PARADIGMA

Espejo de Cristo y de Dios

El título del Itinerario es paradigmático: Comienza la especulación de un pobre en el desierto. Buenaventura es un pobre que camina entre espejos. Para comprender esta expresión recurramos a la teología narrativa de Buenaventura. Explaya este tema en la Biografía de Francisco de Asís.

Francisco escribió con palabras sencillas, para sí y para todos los suyos, una pequeña forma de vida, en la que puso como fundamento inquebrantable la observancia del santo Evangelio. Quiso que su escrito obtuviera la aprobación del Sumo Pontífice, decidió presentarse con aquel grupo de hombres sencillos ante la Sede Apostólica, confiando únicamente en la protección divina.

Inocencio III se sintió inclinado a acceder piadosamente a las súplicas de Francisco. Pero sintió de una parte la oposición de algunos de los cardenales y de otra parte el apoyo de otros que le hacían notar que Francisco no pedía sino la confirmación de la forma de vida evangélica. Prohibir a Francisco su propósito sería inferir con ello una injuria al mismo Evangelio de Cristo. Pues si alguno llegare a afirmar que dentro de la observancia de la perfección evangélica o en el deseo de la misma se contiene algo nuevo, irracional o imposible de cumplir, sería convicto de blasfemo contra Cristo, autor del Evangelio.

El Papa le pide a Francisco volver con nuevas pruebas de la legitimidad y viabilidad de su pedido. Y Francisco cuenta esta Parábola:

En efecto, le narró -tal como se lo había inspirado el Señor- la parábola de un rey rico que se complació en casarse con una mujer hermosa pero pobre, y de los hijos tenidos, que se parecían al rey su padre, y a quienes, por tanto, debía alimentarles de su propia mesa. Interpretando esta parábola, añadió: "No hay por qué temer que perezcan de hambre los hijos y herederos del Rey eterno, los cuales -nacidos, por virtud del Espíritu Santo, de una madre pobre, a imagen de Cristo Rey- han de ser engendrados en una religión pobrecilla por el espíritu de la pobreza. Pues si el Rey de los cielos promete a sus seguidores el reino eterno, ¿con cuánta más razón les suministrará todo aquello que comúnmente concede a buenos y malos? [31] "

El pobre es el espejo de Dios por excelencia.

Sucedió una vez que uno de los hermanos respondió con cierta dureza a un pobre que importunamente pedía limosna. Al enterarse de ello el piadoso amigo de los pobres, mandó al hermano que, despojado de su hábito, se postrara a los pies de aquel pobre, confesase su culpa y le pidiese el perdón y el sufragio de sus oraciones. Habiendo cumplido humildemente el hermano dicha orden, añadió con dulzura el Padre: "Cuando veas a un pobre, querido hermano, piensa que en él se te propone, como en un espejo, la persona del Señor y de su Madre, pobre. Del mismo modo, al ver a los enfermos, considera las dolencias que él cargó sobre sí" [32] .

Buenaventura narra que cuando Francisco todavía no se había apartado del mundo ni en su vestido ni en su modo de vivir, hizo una peregrinación al sepulcro de Pedro.

Por este tiempo visitó con religiosa devoción el sepulcro del apóstol Pedro, y, viendo a la puerta de la iglesia una multitud de pobres, movido por una afectuosa compasión hacia ellos y atraído por su amor a la pobreza, entregó sus propios vestidos a uno que parecía ser más necesitado, y, cubierto con sus harapos, pasó todo aquel día en medio de los pobres con extraordinario gozo de espíritu [33] .

Francisco, a quien Buenaventura llama este pobre muy cristiano, caminaba en el desierto de este mundo viendo espejada en cada menesteroso la imagen misma de Cristo.

Esta actitud no era pura teoría: Francisco, según la doctrina de los Padres griegos, consideraba un verdadero robo la no-solidaridad. Cuando se trataba de pasar a los hechos no perdonaba nada: ni mantos, ni túnicas, ni libros, ni siquiera ornamentos del altar, hasta llegar a entregar todas estas cosas, en la medida de sus posibilidades, a los pobres [34] .

El camino se hace con los pobres

El Cristo que centraliza la experiencia de fe de Francisco de Asís no es el hacedor de milagros y de palabra llena de poder sino Jesús de Nazareth, hombre pobre y de madre pobre. Un desnudo a quien sólo desnudo se puede seguir. El Cristo de Francisco no es el Cristo de la sistematización escolástica: es el que se espeja en el pobre.

Buenaventura desafía a los franciscanos de hoy. Con Francisco de Asís hay que dejar que los pobres hagan libremente su irrupción en la Historia: solamente es posible construir una sociedad nueva, con nuevo sistema de propiedad y nuevo ejercicio del poder, a partir de los pobres, sabiendo contemplar los espejos de Dios en la óptica de los pobres reales.

Hay una serie de temas tradicionales franciscanos sugeridos por el pobre que se mira al espejo en el desierto: uso pobre, medios pobres, austeridad, de notoria actualidad cuando encaramos la problemática de la ecología y la preservación del medio ambiente. Si queremos soluciones para los países pobres y para los pobres de estos países, solamente los medios pobres y la no imposición de modelos de la sociedad opulenta, puede salvar al mundo, al mundo pobre y al mundo rico. Los franciscanos tendríamos que trabajar en la construcción de un mundo pobre y fraterno, nunca rico y opulento.

Los franciscanos tendrían que poner al pobre como punto de partida en la instauración de un nuevo orden mundial, en las propuestas de una nueva economía a escala humana, en los proyectos para mejorar la calidad de vida del hombre. Solamente especulando con los pobres en el desierto se podrán conservar las especies en extinción, especialmente al ser humano [35] .

La propuesta ecológica de Francisco de Asís supone la capacidad de estar en el desierto, como pobre, itinerando entre los espejos de la creación.

EL PARADIGMA DE LA GRACIA

No es destino sino gracia

Para el caminante que busca la armonía cósmica a través de los espejos de su interioridad, el itinerario a recorrer es más un don que una tarea [36] . La capacidad de caminar entre espejos hacia la satisfacción de los deseos más profundos de la persona supera las capacidades adquiridas y es sentida como gracia, como regalo que no puede comprarse en el mercado. Buenaventura cuenta de San Francisco:

... respondía a los que lo elogiaban; hablando, empero, consigo mismo, se decía: Francisco, si el Altísimo le hubiera concedido al ladrón más perdido los beneficios que te ha hecho a ti, sin duda que sería mucho más agradecido que tú. Repetía frecuentemente a sus hermanos la siguiente consideración: Nadie debe complacerse con los falsos aplausos que le tributan por cosas que puede realizar también un pecador. Este -decía- puede ayunar, hacer oración, llorar sus pecados y macerar la propia carne. Una sola cosa está fuera de su alcance: permanecer fiel a su Señor. Por tanto, hemos de cifrar nuestra gloria en devolver al Señor su honor y en atribuirle a El -sirviéndole con fidelidad- los dones que nos regala" [37] .

Cuesta explicar cómo el movimiento franciscano consigue confrontarse radicalmente a la cultura de la guerra, caracterizante y globalizante en la sociedad feudal. Los paradigmas de muerte que se convierten en guerra santa en el fervor de la cruzada no son inevitables: es posible escapar de la lógica férrea de la guerra, de los barrotes al parecer invulnerables de los paradigmas del asesinato por honor de Dios. El Espíritu de Dios iluminó a Francisco regalándole paradigmas totalmente contrapuestos a los de la ideología-cultura-religión dominantes. Para él y para sus compañeros la armonía fue un regalo de Dios.

Hay que entender las afirmaciones de Buenaventura en este contexto de profecía, de alternativa neta y radical. El Itinerario [38] dice que Francisco dedicó su vida a anunciar el evangelio de la paz, como un “repetidor“ de la predicación de Jesús. Buenaventura define a Francisco como quien anunciaba la paz al principio y al final de todas sus predicaciones, optando por la paz en cada uno de sus saludos. Es muy interesante la alusión bonaventuriana a la ciudad de Jerusalén, justificativo ideológico de la cruzada. En medio de las luchas por la reconquista de la ciudad santa, Francisco suspiraba por la paz radiante en toda contemplación, porque él era el verdadero ciudadano de aquella Jerusalén pacífica. Francisco sabía que el “trono de Salomón” tenía que ser construido en la paz.

Francisco presenta a su sociedad paradigmas opuestos, contrastantes a los que dominan en toda la iglesia contemporánea. El movimiento se opone a los códigos teóricos y prácticos oficialmente impuestos por la más alta jerarquía eclesiástica. En la Leyenda Mayor Buenaventura afirma:

En verdad, Francisco, cual lucero del alba en medio de la niebla matinal, irradiando claros fulgores con el brillo rutilante de su vida y doctrina, orientó hacia la luz a los que estaban sentados en tinieblas y en sombras de muerte; y como arco iris que reluce entre nubes de gloria, mostrando en sí la señal de la alianza del Señor, anunció a los hombres la buena noticia de la paz y de la salvación, siendo él mismo ángel de verdadera paz, destinado por Dios -a imitación y semejanza del Precursor- a predicar la penitencia con el ejemplo y la palabra, preparando en el desierto el camino de la altísima pobreza.

Al comienzo de todas sus predicaciones saludaba al pueblo, anunciándole la paz con estas palabras: «¡El Señor os dé la paz!». Tal saludo lo aprendió por revelación divina, como él mismo lo confesó más tarde. De ahí que, según la palabra profética y movido en su persona del espíritu de los profetas, anunciaba la paz, predicaba la salvación y con saludables exhortaciones reconciliaba en una paz verdadera a quienes, siendo contrarios a Cristo, habían vivido antes lejos de la salvación [39] .

El movimiento Franciscano tiene la ilusión de erradicar de la ciudad – o sea en el burgo o sociedad emergente – los demonios de la inseguridad, haciendo que se respeten los paradigmas del respeto mutuo y de los derechos humanos. Es de notar que esta pretensión se quiere concretizar con medios pobres y sin violencia.

Al punto quedó apaciguada la ciudad, y sus habitantes, en medio de una gran serenidad, volvieron a respetarse mutuamente en sus derechos cívicos. Expulsada, pues, la furiosa soberbia de los demonios -que tenían como asediada la ciudad- por intervención de la sabiduría de un pobre, es decir, de la humildad de Francisco, tornó la paz y se salvó la ciudad. En efecto, por los méritos de sus heroicas virtudes de humildad y obediencia había conseguido Francisco un dominio tan grande sobre aquellos espíritus rebeldes y protervos, que le fue dado reprimir su feroz arrogancia y desbaratar sus importunos y violentos asaltos [40] .

Esta iluminación del Espíritu, si bien es don de Dios, es también tarea humana: proviene de la contemplación de la historia, de las cosas creadas que devienen, y solamente la adquieren los pobres y crucificados [41] . Los ricos y los poderosos no son capaces de tolerar esa nueva luz.

La armonía interior

Estamos enfermos por dentro. El mundo sufre de la desarmonía interior del hombre. Para Buenaventura todos los componentes del cosmos están en nosotros como imágenes: caminamos entre espejos interiores. El hermano sol, la hermana agua, las hermanas penas viven en nosotros como representaciones cargadas de sentido. También sobreviven todas nuestras experiencias, el itinerario ya realizado está presente en los espejos que contemplamos. Cuando caminamos retomamos un largo peregrinar de la humanidad... más, del cosmos entero.

De hecho los caminos del hombre son auténticos en la medida que integran las dimensiones interiores del hombre. La mente, diría Buenaventura en su Itinerario, es el sujeto privilegiado del camino.

La religión del mercado intenta, al decir de Marcuse, reducir al hombre a su sola dimensión económica. Este humano, al que llama hombre unidimensional, es también por otros sistemas reducido a la psiqué, a la razón, a los sentidos... En todos los casos la reducción produce seres castrados incapaces de vivir en armonía con su entorno. Negando su identidad singular el hombre del mercado niega la identidad de cada partícula del universo.

El camino de la mente propuesto por Buenaventura intenta recuperar la armonía profunda del hombre: hay que abismarse en el propio interior para poder recuperar la capacidad de convivialidad, de maravillarse en la capacidad reflexiva, especulante, de cada ser del universo. El itinerante que todos debemos ser si queremos llegar a Dios, tiene que ser capaz de sintonizar con las fuerzas del cosmos que se hacen presentes en nosotros, microcosmos y microteos.

Sin un itinerario de la mente, será imposible la nueva armonía cósmica. La armonía interior es uno de los eslabones en la inmensa armonía cósmica.

 

La contemplación

Para poder adquirir los nuevos paradigmas de la vida el hombre tiene que ejercer su capacidad innata de contemplación [42] . En la búsqueda de sentido en la historia hay que saber descifrar las razones de los pobres, de los incultos. Esto solamente se puede lograr con un ejercicio de contemplación afectiva, la única capaz de descubrir los paradigmas emergentes [43] .

El Espíritu del Crucificado exige unción, devoción, admiración, jovialidad, amor, humildad... Nada podemos descubrir en el espejo de la realidad sin la sabiduría del Espíritu Santo [44] .

En la conformación de nuevos paradigmas de la vida importan más la gratuidad que las teorías, el deseo de cambiar más que la veracidad de la propuesta. No hay que estar muy instruido para cambiar el mundo, sino totalmente inflamado por el fuego del amor. Para producir vida no se necesita luz intelectual, sino el fuego que apasione [45] . Un mundo más perfecto que proporcione felicidad para el hombre se construye cordialmente, con el poder del amor [46] .

Para Buenaventura los nuevos horizontes se vislumbran en el área del deseo, del amor, de la felicidad, del bien. Felicidad, Bien, Amor... pleno o presente en los vestigios de las cosas creadas. “Es tanta la energía del bien supremo, y provoca tal intensidad de deseo en la creatura, que termina ésta confundiendo la representación y el simulacro por el bien original”.

El deseo, por último, versa, ante todo, sobre aquello que sumamente lo mueve. Sumamente mueve lo que sumamente se ama; pero ámase sumamente ser feliz, y ser feliz no se consigue sino poseyendo lo óptimo y el fin último: luego nada apetece el humano deseo sino el sumo bien o lo que dice orden al sumo bien, o lo que tiene apariencia del sumo bien. Tanta es la eficacia del sumo bien que, si no es por su deseo, nada puede amar la criatura, la cual se engaña y cae en error precisamente cuando toma por realidad no que no es sino efigie y simulacro del sumo bien [47] .

En los antiguos paradigmas a Dios se lo nombraba como Ser, Cristo cambió la perspectiva, de modo que para el discípulo de Cristo “Amor” es el primer nombre de Dios [48] .

 

PARADIGMAS DEL AMOR

Itinerancia ardiente

Dios es tan cercano a la mente del Hombre que sorprende – dice Buenaventura – el constatar que sea tan poco común la capacidad para descubrirlo en sus espejos. El problema radica en la incapacidad de adentrarse en la imagen de Dios que tiene dentro de sí cada ser humano. El hombre está atrapado en la red de las cosas sensibles y no logra la contemplación interior [49] . Tenemos que aprender a contemplar a Dios tanto fuera como dentro de nosotros mismos, e inclusive sino más allá de nuestras experiencias [50] .

Buenaventura aprendió sus ígneas especulaciones en la experiencia de Francisco de Asís. Lo que teologiza en el Itinerarium, lo hace teología narrativa en la Leyenda Mayor.

Mas para que todas las criaturas le impulsaran al amor divino, exultaba de gozo en cada una de las obras de las manos del Señor y por el alegre espectáculo de la creación se elevaba hasta la razón y causa vivificante de todos los seres. En las cosas bellas contemplaba al que es sumamente hermoso y mediante las huellas impresas en las criaturas buscaba por doquier a su Amado, sirviéndose de todos los seres como de una escala para subir hasta Aquel que es todo deseable. Impulsado por el afecto de su extraordinaria devoción, degustaba la bondad originaria de Dios en cada una de las criaturas, como en otros tantos arroyos derivados de la misma bondad; y, como si percibiera un concierto celestial en la armonía de las facultades y movimientos que Dios les ha otorgado, las invitaba dulcemente -cual otro profeta David- a cantar las alabanzas divinas.

Si las creaturas lo encendían, Cristo lo incendiaba:

Cristo Jesús crucificado moraba de continuo, como hacecillo de mirra, en la mente y corazón de Francisco, y en Él deseaba transformarse totalmente por el incendio de su excesivo amor.

Era tan ardiente el afecto que le arrebataba hacia Cristo y, por otra parte, tan cariñoso el amor con que le correspondía el Amado...

Su amor al sacramento del cuerpo del Señor era un fuego que abrasaba todo su ser, sumergiéndose en sumo estupor al contemplar tal condescendencia amorosa y un amor tan condescendiente. Comulgaba frecuentemente y con tal devoción, que contagiaba su fervor a los demás, y al degustar la suavidad del Cordero inmaculado, era muchas veces, como ebrio de espíritu, arrebatado en éxtasis.

Es el mismo fuego que produce en Francisco un amor de indecible afecto a la Madre del Señor Jesús, que lo une con vínculos de amor indisoluble a los espíritus angélicos. Al sólo recuerdo de todos los santos, como piedras de fuego, se recalentaba en su corazón un incendio divino... y.. se diría que en todo momento inmolaba su cuerpo con el rigor del ayuno, y su espíritu con ardorosos deseos....

Los vestigios de Dios son contemplados con devoción intensa y ferviente caridad, y entre todos los seres humanos.

Si, por una parte, su intensa devoción y ferviente caridad lo elevaban hacia las realidades divinas, por otra, su afectuosa bondad lo lanzaba a estrechar en dulce abrazo a todos los seres, hermanos suyos por naturaleza y gracia. Pues si la ternura de su corazón lo había hecho sentirse hermano de todas las criaturas, no es nada extraño que la caridad de Cristo lo hermanase más aún con aquellos que están marcados con la imagen del Creador y redimidos con la sangre del Hacedor.

La vida de Francisco de Asís se define como un incendio de amor.

Enfervorizado en el incendio de la caridad, se esforzaba por emular el glorioso triunfo de los santos mártires, en quienes nadie ni nada pudo extinguir la llama del amor ni debilitar su fortaleza en el sufrir. Inflamado, pues, en esa caridad perfecta que arroja de sí todo temor, deseaba ofrecerse él mismo en persona -mediante el fuego del martirio- como hostia viva al Señor, para corresponder de este modo al amor de Cristo, muerto por nosotros en la cruz, y para incitar a los demás al amor divino [51] .

Itinerancia pacífica

Este deseo del martirio -ser matado – solamente puede ser comprendido en contraposición a la guerra santa, al deseo de matar.

En el itinerario que Francisco recorrió en su conversión hacia nuevos paradigmas, la guerra fue el horizonte de comprensión inicial privilegiado. Luego de fracasar en la guerra contra Perusa, ciudad papal, abandona el campo imperial y se embarca en el ejército de la iglesia, en una Cruzada. En este itinerario Francisco desciende otro escalón. Cuenta Buenaventura que en un sueño ve un palacio lleno de armas en las cuales estaba marcado el signo de la Cruz.

A la noche siguiente, cuando estaba sumergido en profundo sueño, la clemencia divina le mostró un precioso y grande palacio, en que se podían apreciar toda clase de armas militares, marcadas con la señal de la cruz de Cristo... Y como Francisco preguntara para quién sería el palacio con aquellas armas, una voz de lo alto le aseguró que estaba reservado para él y sus caballeros [52] .

Al principio el espíritu de Francisco no estaba familiarizado en descubrir el secreto de los misterios divinos e ignoraba el modo de remontarse de las apariencias visibles a la contemplación de las realidades invisibles. Por eso:

pensó que aquella insólita visión sería pronóstico de gran prosperidad en su vida. Animado con ello y desconociendo aún los designios divinos, se propuso dirigirse a la Pulla con intención de ponerse al servicio de un noble conde, y conseguir así la gloria militar que le presagiaba la visión contemplada.

Otro sueño le precisa el sentido de la visión.

Emprendió poco después el viaje, dirigiéndose a la próxima ciudad, y he aquí que de noche oyó al Señor que le hablaba familiarmente: Francisco, "¿quién piensas podrá beneficiarte más: el señor o el siervo, el rico o el pobre?" A lo que contestó Francisco que, sin duda, el señor, el rico. Prosiguió la voz del Señor: «¿Por qué entonces abandonas al Señor por el siervo y por un pobre hombre dejas a un Dios rico?»" [53] .

La voz divina le cambia los paradigmas de comprensión de la vida y el itinerario comienza a ser recorrido en sentido inverso. Francisco descubre que el ejército del siervo de los siervos de Dios, el papa, no es el ejército de Cristo. El camino de la muerte producida es contrario a la muerte padecida para dar vida. Eso es el martirio que desea Francisco: él quiere ser testigo de otros paradigmas de la vida ante la cultura de la muerte.

Itinerancia cósmica

Para Buenaventura la universidad del cosmos es una escalera para ascender a Dios [54] . Para llegar a contemplar la verdad de Dios hay que pasar a través de sus vestigios, adentrarse luego en nuestro interior [55] .

San Francisco... procedió de este modo para ascender, en orden progresivo, de las cosas sensibles a las inteligibles, y de las menores a las mayores... [56] .

Las más modernas visiones contemporáneas se aproximan a la mística cósmica franciscana. Según la física cuántica y la teoría de la relatividad, materia y energía son intercambiables y equipolentes. La nueva física establece el concepto del mundo como un todo unificado e inseparable. En tal visión todo es dinámico. Todo vibra. Todo está en proceso. Algunos ecólogos se representan la tierra como sistema complejo único, un organismo vivo, Gaia. La psicología de lo profundo, la psicología transpersonal, y de la así llamada nueva antropología... Todos coinciden en esto: el ser humano, biológica y psíquicamente posee una ancestralidad, como el universo. Existe una ecología interior y conexiones con todas las energías del cosmos que pasan por nosotros, nos marcan y nos interligan con el destino de todos los seres [57] .

Para Buenaventura toda creatura es efigie y semejanza [58] que nos conduce al seno de la misma Santísima Trinidad [59] . Solamente un ciego no se deja iluminar por el resplandor del cosmos; sólo un sordo no escucha los clamores del universo; hay que ser mudo para no prorrumpir en gritos de alabanza y estúpido quien no reconoce al hacedor. Quien no logra ver, escuchar, cantar y reconocer experimentará la enemistad del entero universo [60] .

Todas las cosas existentes son vestigios que nos permiten llegar a ver el rostro de Cristo, única imagen reflejada en todos los espejos de la creación. Jesús es el espejo que refleja a Dios y a toda creatura.

Y todas estas cosas son vestigios donde podemos investigar a nuestro Dios. Porque siendo la especie que se aprehende semejanza engendrada en el medio e impresa después en el órgano, y llevándonos, en virtud de la impresión, al principio de donde nace, es decir, al conocimiento del objeto, nos da a entender de modo manifiesto no sólo que aquella luz eterna engendra de sí una semejanza o esplendor coigual, consubstancial y coeterno, sino también que aquel que es imagen del invisible, esplendor de su gloria y figura de su substancia, existente en todas partes por su generación primera, el objeto engendra su semejanza en todo medio, se une por la gracia de la unión -la especie se une al órgano corporal- a un individuo de la naturaleza racional para reducirnos mediante tal unión al Padre como a fontal principio y objeto. Luego todas las cosas cognoscibles, teniendo como tienen la virtud de engendrar la especie de sí mismas, proclaman con claridad que en ellas, como en espejos, puede verse la generación eterna del Verbo, Imagen e Hijo que del Dios Padre emana eternalmente [61] .

Dado que el hombre fue hecho a imagen de Dios, en él contemplamos al que es por su naturaleza imagen de Dios invisible y hombre perfecto. En Cristo se espeja el primero y el último, el principio y el fin, la causa y el efecto, en él se conjuga lo mínimo y lo supremo.

En esta consideración es donde nuestra alma, a la vista del hombre formado a imagen de Dios, como si fuese el sexto día, halla iluminación perfecta. Porque siendo la imagen una semejanza expresiva, nuestra alma, al contemplar en Cristo, Hijo de Dios e imagen de Dios invisible por naturaleza, nuestra humanidad, tan admirablemente exaltada y tan inefablemente unida; al ver, digo, en Cristo reducidos a unidad al primero y al último, al sumo y al ínfimo, a la circunferencia y al centro, al alfa y a la omega, al efecto y a la causa, al creador y a la criatura, al Verbo escrito por dentro y por fuera, llegó ya a un objeto perfecto, para con Dios lograr la perfección de sus iluminaciones en el sexto grado, como en el sexto día, de suerte que nada le queda ya más que el día de descanso, en el que, mediante el mental exceso, descanse la perspicacia de la mente humana de todas las obras que llevó a cabo [62] .

Este mismo Cristo nos regala al Espíritu Santo que al fin del camino nos transforma en Dios [63] . Para comprender esta posesión de Dios, más allá de todos sus espejos nada puede la naturaleza, poco el esfuerzo humano, la investigación se queda corta: solo cabe el fervor. No hay que proferir palabras y hay que abundar en el gozo del espíritu. No es necesario escribir, basta dejar obrar al don de Dios, que es el Espíritu Santo [64] .

En clave de Teología Narrativa, Buenaventura considera la pobreza del movimiento primitivo franciscano como clave para encontrar el camino hacia la armonía. La pobreza apunta a la paradoja del ya y del todavía no. Nada le es necesario cuando el caminante ha llegado a la posesión, cuando aún en camino se encuentra al fin del itinerario hacia Dios.

En efecto, la santa pobreza, que llevaban como su única provisión, los convertía en hombres dispuestos a toda obediencia, fuertes para el trabajo y expeditos para los viajes. Y como nada poseían sobre la tierra, nada amaban y nada temían perder en el mundo, se sentían seguros en todas partes, sin que les agobiase ninguna inquietud ni les distrajese preocupación alguna. Vivían como quienes no sufren en su espíritu turbación de ningún género, miraban sin angustias el día de mañana y esperaban tranquilos el albergue de la noche [65] .

Decía también: "El que quiera llegar a la cumbre de esta virtud debe renunciar no sólo a la prudencia del mundo, sino también en cierto sentido a la pericia de las letras, a fin de que, expropiado de tal posesión, pueda adentrarse en las obras del poder del Señor y entregarse desnudo en los brazos del Crucificado, pues nadie abandona perfectamente el siglo mientras en el fondo de su corazón se reserva para sí la bolsa de los propios afectos".

No quiero cambiar por la posesión de las falsas riquezas, que os han sido concedidas para poco tiempo, aquella dignidad real que asumió el Señor Jesús, haciéndose pobre por nosotros a fin de enriquecernos con su pobreza y constituir a los verdaderos pobres de espíritu en reyes y herederos del reino de los cielos" [66] .

 

CONCLUSIÓN

Itinerario

Para Buenaventura la armonía más que un estado es un camino. La vida de San Francisco y sus compañeros se define como un camino en el mundo. Para los paradigmas franciscanos hablar de fin de la historia, de fin de las utopías..., es decir del fin del caminar, equivaldría a la pérdida de la armonía cósmica enseñada por Jesús caminante. El equilibrio sólo se mantiene en movimiento y el viaje sólo termina abismándose en la sima sin límites del absoluto trascendente.

De un pobre

El caminar hacia la armonía exige romper amarras, quemar las naves, renunciar a todas las seguridades: cuando los hermanos van por el mundo, nada lleven para el camino: ni bolsa, ni alforja, ni pan, ni pecunia, ni bastón [67] . Solamente el pobre tiene el espejo terso y limpio capaz de reflejar los espejamientos divinos en dentro y fuera de sí. El pobre no queda cegado por el sublime resplandor de Dios reflejado en las creaturas. El rico sometido al Dios mercado queda atrapado en el brillo de los espejos y se empantana en su camino hacia la armonía [68] .

En el desierto

El camino no es solamente inacabable sino desconcertante: el itinerante bonaventuriano se siente a gusto a la intemperie. Sabe que los paradigmas viejos se cambian o abandonan y que los nuevos se crean andando por el desierto. En los centros de las ciudades y de los sistemas es imposible imaginar la nueva armonía del hombre nuevo integrado al nuevo cosmos. Para salir de Egipto hay que atravesar el desierto, y solamente así se podrá para entrar -gracias al prodigioso poder de la misma cruz - en la tierra prometida de los vivientes [69] .

El movimiento franciscano tendría que proclamar la belleza y las bondades de la intemperie.

El libro de las criaturas

La subida hacia la armonía es un largo caminar entre espejos. Para Buenaventura cada uno y todos los seres del universo forman las páginas de un libro. Páginas que no están escritas con letras sino con imágenes, figuras, vestigios. El hombre es un peregrino de la felicidad, que solamente puede alcanzar recorriendo un camino pletórico de espejos.

Lamentablemente el hombre de la cultura de la muerte es incapaz de ver a través: se queda mirando al espejo sin ver la imagen reflejada. El que con tantos esplendores de las cosas creadas no se ilustra, está ciego: el que con tantos clamores no se despierta, está sordo; el que por todos estos efectos no alaba a Dios, ése está mudo; el que con tantos indicios no advierte el primer Principio, ese tal es necio...

Convivimos en una cultura para la que las cosas perdieron trasparencia, se volvieron opacas, objeto de manipulación científica o económica.

El movimiento franciscano tiene que reaprender a caminar entre espejos.

Utopías, deseos, felicidad, fruición, contemplación

Los bienes de este universo, por más deleitables y hermosos que sean, no proporcionan al hombre felicidad duradera, porque no siendo la felicidad otra cosa que la fruición del sumo bien y estando el sumo bien sobre nosotros, nadie puede ser feliz si no se trasciende a sí mismo. Porque el hombre, por naturaleza, fue creado hábil para la quietud de la contemplación.

Si el hombre quiere reconquistar la felicidad para este mundo tiene que readquirir la capacidad contemplativa, que nos ha de llevar de la mano a contemplar a Dios en todas las criaturas. Todas ellas son vestigios que nos llevan de la mano hasta entrar de nuevo en nosotros, es decir, a nuestra mente, donde reluce la divina imagen; ...donde debemos procurar ver a Dios por espejo: allí resplandece, por cierto, la imagen de la beatísima Trinidad.

Las creaturas consideradas como objeto de consumo terminan interponiéndose como niebla entre ti y el rayo de la verdad.

El movimiento franciscano tiene que volver a ser antipragmático, portador de deseos ilimitados, de la eficacia de la gratuidad, de tiempo largo dedicado a la contemplación amistosa de la realidad creada. El itinerante es portador de Utopías.

Gratuidad amante

Asistimos a una manipulación de la naturaleza que no admite límites éticos, culturales, religiosos ni científicos. Buenaventura advierte que no basta la lección sin la unción, la especulación sin la devoción, la investigación sin la admiración, la circunspección sin la exultación, la industria sin la piedad, la ciencia sin la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio sin la gracia, el espejo sin la sabiduría divinamente inspirada.

La ciencia sólo se realiza en las dimensiones del trascender y traspasar. El hombre, si no quiere asistir a la devastación del planeta tiene que tomar conciencia de sus límites y recuperar la convivialidad alegre con las creaturas, hermanas no esclavas: ha de darse poco a la inquisición y mucho a la unción; poco a la lengua y muchísimo a la alegría interior; poco a la palabra y a los escritos, y todo al don de Dios.....

El movimiento franciscano tiene que reaprender a navegar hacia lo interior, a vivir la armonía del macrocosmos que, dice Buenaventura, se realiza y concentra en el interior del hombre, microcosmos y, de algún modo, microteos.

El franciscano tiene que profetizar a los sabios que tienen la ilusión de ver todo claro: el camino del hombre que busca la verdad conduce al rayo clarísimo de las divinas tinieblas. El que ama está muerto porque puede ver a Dios... Muramos, pues, y entremos en estas tinieblas... que estructuran los nuevos paradigmas de la vida.

 NOTAS


*    Doctor en Teología. Coordinador del área de Teología en la Multiversidad.

[1]   Worldwatch Institute de los Estados Unidos a partir de 1984 publica anualmente un minucioso trabajo: "Estado del mundo: informe del Worldwatch Institute sobre el progreso para una sociedad aceptable".

[2]   Véase: Boff, L., Ecología mística y política, Montevideo 1996. Uso ampliamente este trabajo en las páginas siguientes.

[3]   Rui Manuel Gracio das Neves y Sergio Bran Molina, Retos eco-teológicos: «Alternativas» 7(diciembre 1996) Guatemala

[4]   Clodovis Boff, Ecología: planteamiento de la cuestión, «Ave Maria», São Paulo, 94/6 (junho 1992) 9-10

[5]   Boff L., Ecología.

[6]   CEREIJO, J.L., Ética y ecología, Revista de la MFAL, 5,

[7]   Consúltese la página web de la Sociedad Uruguaya de Teología (. Véase el informe sobre el segundo encuentro de teólogos del Mercosur, sobre teología y globalización.

[8]   Título del Capítulo Iº: Acerca de los peldaños para subir a Dios y de cómo se espeja en sus vestigios en el universo. (de gradibus ascensionis in Deum et de speculatione ipsius per vestigia eius in universo).

[9]   Título del Capítulo II: De cómo Dios se espeja en sus vestigios del mundo sensible. (de speculatione dei in vestigiis suis in hoc sensibili mundo).

[10] Título del Capítulo IIIº: De cómo Dios se espeja en su imagen dotada de potencias naturales. (de speculatione dei per suam imaginem naturalibus potentiis insignitam).

[11] Título del Capítulo IVº: De cómo Dios se espeja en su imagen performada por los dones de la gracia. (de speculatione dei in sua imagine donis gratuitis reformata).

[12] Título del Capítulo Vº: De cómo se espeja la unidad divina en su nombre elemental, que es el ser. (de speculatione divinae unitatis per eius nomen primarium, quod est esse).

[13] Título del Capítulo VIº: De cómo se espeja la Santísima Trinidad en su nombre que es el bien. (de speculatione beatissimae trinitatis in eius nomine, quod est bonum).

[14] Título del Capítulo VIIº: Acerca de la sobreabundancia mental y mística, en la cual se adquiere el sosiego del intelecto, de modo que el desbordamiento de la dilección traslada totalmente a Dios. (de excessu mentali et mystico, in quo requies datur intellectui, affectu totaliter in deum per excessum transeunte).

[15] Los deseos se inflaman en nosotros de dos modos: mediante el clamor de la oración, que nos hace gritar con gemidos del corazón, y mediante el resplandor del espejamiento, por el cual la mente se vuelve a los rayos de la luz de modo directo e intensísimo... (prol 3)

[16] ... Propongo, pues, las siguientes especulaciones... dándoles a entender que poco o nada sirve el espejo puesto delante al exterior; el espejo de nuestra alma no se hallare terso y pulido. Ejercítate, pues, hombre de Dios en el aguijón remordedor de la conciencia, antes de elevar los ojos a los rayos de la sabiduría que relucen en sus espejos, no suceda que de la misma especulación de los rayos vengas a caer en una fase más profunda de tinieblas. prol 4.

[17] Itin 1, 3.... en cada uno de los modos predichos vemos a Dios como a través de un espejo y en un espejo. Itin 1, 5.

[18] ... el primer grado de la subida supone reconocer a todo este mundo sensible como un espejo, por el cual llegamos a Dios... Itin 1, 9

[19] ...reluce en las cosas creadas la suma potencia, la suma sabiduría y la suma benevolencia del Creador... El entendimiento que contempla considera la existencia actual de las cosas; el que cree, el decurso habitual de las cosas, y el que razona, el valor de la excelencia potencial de las cosas. Itin 1, 10.

[20] Todas estas cosas son como vestigios en los cuales podemos ver espejado a nuestro Dios. Itin 2, 7.

[21] Todas las cosas son hermosas y deleitables...Itin 2, 10.

[22]   Para el observador contemplativo y sabio, todas las creaturas de este mundo sensible conducen a Dios eterno... Más, como, en relación al espejo de las cosas sensibles, nos sea dado contemplar a Dios no sólo por ellas como por vestigios, sino también en ellas por cuanto en ellas esté por esencia, potencia y presencia... la contemplación, que nos ha de llevar de la mano a contemplar a Dios en todas las criaturas, las cuales entran en nuestra alma por los sentidos corporales. Itin 2, 11.

[23] Itin 3, 1.

[24] Puede ver a Dios como por imagen, lo cual es verlo por espejo y en enigma. Itin 3, 1.

[25] Cuando la mente se contempla a sí misma, como en un espejo, se eleva a la visión espejada del Trinidad santa. Itin 3, 5.

[26] A esta especulación que el alma tiene de su principio uno y trino, mediante sus potencias, trinas en número, por las que es imagen de Dios, la ayudan las luces de las ciencias, luces que la perfeccionan e informan y representan la beatísima Trinidad de tres maneras. Pues se ha de saber que toda la filosofía o es natural, o racional, o moral. La primera trata de la causa del existir, y por eso lleva a la potencia del Padre; la segunda, de la razón del entender, y por eso lleva a la sabiduría del Verbo, y la tercera, del orden del vivir, y por eso lleva a la bondad del Espíritu Santo. Itin . 3, 6

[27] En este nivel de espejamiento es útil de modo especial y preferente la consideración de la Sagrada Escritura, divinamente inspirada, así como para el grado anterior sirve la filosofía. Itin 4, 5.

[28] Título del Itinerario: Comienza el espejamiento de un pobre en el desierto (Incipit speculatio pauperis in deserto).

[29] LeyMay Cap. 8, 5

[30] LeyMay 11.10

[31] LeyMay 1-9

[32] LeyMay Cap 8.5

[33] LeyMay Cap 1.6

[34] Si se quiere abundar en este tema véase los artículos sobre San Francisco y San Antonio en el sitio de Internet ya citado.

[35] No abundo en el tema, me remito a varios de mis trabajos y, en especial, a: No propiedad: una propuesta de los franciscanos del siglo XIV, Montevideo, 1996.

[36] En el principio invoco al primer Principio, de quien descienden todas las iluminaciones como del Padre de las luces, de quien viene toda dádiva preciosa y todo don perfecto.... tenga a bien iluminar los ojos de nuestra mente para dirigir nuestros pasos por el camino de aquella paz que sobrepuja a todo entendimiento. Itin., prol. 1.

[37] LeyMay 6.3

[38] ... el bienaventurado Francisco, nuestro guía y padre, tenga a bien iluminar los ojos de nuestra mente para dirigir nuestros pasos por el camino de aquella paz que sobrepuja a todo entendimiento. Paz que evangelizó y dio Nuestro Señor Jesucristo, de cuya predicación fue repetidor nuestro padre Francisco, quien en todos sus discursos, tanto al principio como al fin, anunciaba la paz en todos sus saludos deseaba la paz, y en todas sus contemplaciones suspiraba por la paz extática, como ciudadano de aquella Jerusalén, de la que dice el varón aquel de la paz, que era pacífico con los que aborrecían la paz: Pedid los bienes de la paz para Jerusalén. Porque sabía que el trono de Salomón está asentado en la paz, según está escrito: Fijó su habitación en la paz y su morada en Sión. Itin Prol 1.

[39] LeyMay 3, 2

[40] :LeyMay 6, 9

[41] Así que la figura de las seis alas seráficas da a conocer las seis iluminaciones escalonadas que empiezan en las criaturas y llevan hasta Dios, en quien nadie entra rectamente sino por el Crucificado. Itin prol 3.

[42] Porque el hombre, según la primera institución de la naturaleza, fue creado hábil para la quietud de la contemplación; y por eso lo puso Dios en el paraíso de las delicias. Itin Cap 1, 7.

[43] Te ruego que prestes más atención a la intención del escritor que a su propia obra, más al sentido de las frases que al parafraseo inculto, que atiendas más a la verdad que al brillo, al ejercicio del amor que a la erudición del intelecto. Idem prol 4

[44] ... no sea que piense que le basta la lección sin la unción, la especulación sin la devoción, la investigación sin la admiración, la circunspección sin la exultación, la industria sin la piedad, la ciencia sin la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio sin la gracia, el espejo sin la sabiduría divinamente inspirada. Idem prol 4

[45] Y si tratas de averiguar como sean estas cosas, pregúntalo a la gracia, pero no a la doctrina; al deseo, pero no al entendimiento; al gemido de la oración, pero no al estudio de la lección; al esposo, pero no al maestro; a la tiniebla pero no a la claridad; a Dios, pero no al hombre; no a la luz, sino al fuego, que inflama totalmente y traslada a Dios con excesivas unciones y ardentísimos afectos. Idem Cap 7, 6.

[46] No siendo la felicidad otra cosa que la fruición del sumo bien y estando el sumo bien sobre nosotros, nadie puede ser feliz si no sube sobre sí mismo, no con subida corporal, sino cordial. Idem. Itin 1, 1.

[47] Itin 3, 4

[48] El primer modo, primera y principalmente, fija el aspecto del alma en el ser, dando a conocer el que es el primer nombre de Dios. El segundo modo fija el aspecto del alma en el bien, dando a conocer que el bien es el primer nombre de Dios. El primer nombre - el ser - se refiere especialmente al Antiguo Testamento. El segundo nombre - el bien - hace referencia al Nuevo Testamento... Dionisio, siguiendo a Cristo, asegura que el nombre divino primario es el bien. Itin 5, 2.

[49] Cosa parece admirable, por cierto, que, habiendo demostrado cuán cerca está Dios de nuestras almas, sea de tan pocos especular en sí mismos al primer Principio. Pero la razón es obvia: distraída el alma con los cuidados, no entra en sí misma por la memoria; anublada con los fantasmas de la imaginación, no regresa a sí misma por la inteligencia, y seducida por las concupiscencias, no vuelve a sí misma por el deseo de la suavidad interior ni por el de la alegría espiritual. Por eso, postrada enteramente en estas cosas sensibles, no puede entrar de nuevo en sí misma como en imagen de Dios. Itin 4, 1.

[50] Podemos contemplar a Dios no solamente a nuestro alrededor y dentro de nosotros, sino también sobre nosotros. Itin 5, 1

[51] LeyMay 9.1-5

[52] LeyMay 01.3

[53] Ley Cap 1, 2-3

[54] Todas las cosas son una escalera para ascender a Dios. Itin  1, 2

[55] Es necesario pasar por el vestigio, que es corporal y temporal y exterior a nosotros, - esto es ser conducido por la senda de Dios; es necesario entrar en nuestra alma, que es imagen eviterna de Dios, espiritual e interior a nosotros - y esto es entrar en la verdad de Dios. Idem.

[56] LeyMay 02.8

[57] Cf. Boff L., Ecología

[58] Toda creatura, por su propia naturaleza es efigie y semejanza de la sabiduría eterna. Itin 2 12.

[59] El orden y el origen de dichas potencias nos conducen a la misma santísima Trinidad. Itin 3, 5.

[60] Luego, el que con tantos esplendores de las cosas creadas no se ilustra, está ciego: el que con tantos clamores no se despierta, está sordo; el que por todos estos efectos no alaba a Dios, ése está mudo; el que con tantos indicios no advierte el primer Principio, ese tal es necio. Abre, pues, los ojos, acerca los oídos espirituales. despliega los labios y aplica tu corazón para en todas las cosas ver, oír, alabar, amar y reverenciar, ensalzar y honrar a tu Dios, no sea que todo el mundo se levante contra ti. Itin 2,15.

[61] Itin 2, 7

[62] Itin 6, 7... hasta espejarnos en el principio primero y sumo y mediador entre Dios y los hombres, a saber: en Jesucristo, maravillas que no teniendo en manera alguna semejantes en las cosas creadas, exceden toda perspicacia de humano entendimiento, esto es lo que le queda todavía: trascender y traspasar, en el espejo de dichas realidades, no sólo este mundo sensible sino también a sí misma... Itin 7, 1.

[63] Para que este tránsito sea perfecto, hay que dejar de lado todas las operaciones del intelecto y dejar obrar solo al sumo amor para que todo él se transfiera y se transforme en Dios... dado que nadie recibe si antes no desea. Ni desea si no está inflamado por la dulcedumbre del Espíritu Santo que Cristo envió a la tierra. Itin 7, 4

[64] Y así, no pudiendo nada la naturaleza y poco la industria, ha de darse poco a la inquisición y mucho a la unción; poco a la lengua y muchísimo a la alegría interior; poco a la palabra y a los escritos, y todo al don de Dios, que es el Espíritu Santo. Itin 7, 5.