SAN IRENEO DE LYON

Contra los Herejes

 

LIBRO I: EXPOSICION DE LAS DOCTRINAS GNOSTICAS

LIBRO II: DENUNCIA Y REFUTACION DE SU DOCTRINA

LIBRO III: EXPOSICION DE LA DOCTRINA CRISTIANA

LIBRO IV: LAS ESCRITURAS ANUNCIAN A UN SOLO DIOS Y PADRE

LIBRO V: LA RESURRECCION DE LA CARNE

 

LIBRO I: EXPOSICION DE LAS DOCTRINAS GNOSTICAS

Prólogo

[437] Pr. 1. Algunos, rechazando la verdad, introducen falsos discursos y, como dice el Apóstol, «prestan más atención a cuestiones acerca de genealogías sin fin, que a edificar la casa de Dios por la fe» (1 Tim 1,4). Por medio de semejanzas elaboradas de modo engañoso, trastornan las mentes de los menos educados y las esclavizan, falseando las palabras del Señor. Interpretan mal lo que ha sido bien dicho, y pervierten a muchos, atrayéndolos con el cebo de la gnosis (40). Los separan de aquel que ha creado y ordenado el universo, [440] como si ellos pudiesen mostrar algo más alto y de mayor contenido que aquel que hizo el cielo, la tierra y todo cuanto contienen (Ex 20,11). Persuaden con su facilidad de palabra a los más simples para que se pongan a buscar (41); pero luego arrastran a la ruina, inculcando impías y blasfemas opiniones acerca del Demiurgo, a quienes son incapaces de discernir lo falso de lo verdadero.

Pr. 2. No es fácil descubrir el error por sí mismo, pues no lo presentan desnudo, ya que entonces se comprendería, sino adornado con una máscara engañosa y persuasiva; a tal punto que, aun cuando sea ridículo decirlo, hacen parecer su discurso más verdadero que la verdad. De este modo con una apariencia externa engañan a los más rudos. Como decía acerca de ellos una persona más docta que nosotros, ellos mediante sus artes verbales hacen que una pieza de vidrio parezca idéntica a una preciosa esmeralda, hasta que se encuentra alguno que pueda probarlo y delatar que se trata de un artificio fabricado con fraude. [441] Cuando se mezcla bronce con la plata, ¿quién entre la gente sencilla puede probar el engaño?

Ahora bien, temo que por nuestro descuido haya quienes como lobos con piel de oveja desvíen las ovejas (Mt 7,15), engañadas por la piel que ellos se han echado encima, y de los cuales el Señor dice que debemos cuidarnos (pues dicen palabras semejantes a las nuestras, pero con sentidos opuestos). Por eso, después de haber leído los comentarios de los discípulos de Valentín (como ellos se llaman a sí mismos), de haberme encontrado con varios de ellos y ahondado en su doctrina, me pareció necesario, mi querido hermano, declararte los altísimos misterios «que no todos pueden captar» (Mt 19,11), porque no todos han vaciado su cerebro (42), a fin de que tú, conociéndolos, se los expongas a todos los que te rodean, y de este modo los prepares para que se cuiden de caer en el abismo (43) de tal insensatez y de su blasfemia contra Dios.

En cuanto esté en nuestra capacidad, te expondremos de manera clara y sintética lo que andan enseñando los discípulos de Ptolomeo, que son como la flor de la escuela de Valentín; y, en cuanto lo permita nuestra pequeñez, ofreceremos a los demás los medios para refutarlos, haciéndoles ver que cuanto aquéllos andan diciendo no puede mantenerse en pie ni está de acuerdo con la verdad. No estoy acostumbrado a escribir ni domino el arte de hablar; [444] pero, impulsados por la caridad, exponemos a ti y a los tuyos las doctrinas que hasta ahora se mantenían ocultas y que por la gracia de Dios ahora salen a la luz del día: «Nada hay escondido que no se descubra, y nada oculto que no llegue a saberse» (Mt 10,26).

Preludio 3. Te suplico que no me pidas que te escriba con un arte que no he aprendido, porque vivo entre los Celtas y de ordinario tengo que expresarme en una lengua bárbara; ni tengo la facilidad de un escritor, pues no me he ejercitado; ni sé hablar con discursos elegantes o persuasivos; sino que te suplico recibas con amor lo que he escrito con amor, de manera sencilla, sin más adornos que la verdad y la sinceridad. Tú desarrollarás por tu cuenta estos escritos, pues eres más capaz que yo de hacerlo. Como quien dice, tú recibes de mí el impulso y la semilla, para que la hagas dar fruto abundante (44), extendiendo con tu espíritu lo que te expongo en breves palabras, y explicarás con fuerza a los que te rodean aquello que yo redacto para ti de manera tan débil. Por mi parte ahora respondo por escrito a tus deseos que desde hace tiempo has expresado de conocer las doctrinas de aquéllos, no sólo aclarándotelas, sino también dándote los medios para que se pruebe su falsedad; así también tú, por tu parte, poniendo a la acción la gracia que el Señor te ha dado, ofrece este servicio a los demás, [445] para que las personas ya no se vean arrastradas por sus engaños.

Notas

40. Es decir, del conocimiento: pretenden tener los secretos de la ciencia, la única en la que consiste la salvación del ser humano.

41. Los gnósticos acostumbran captar la atención de las personas simples fingiendo decir lo mismo que la Iglesia; pero la suya es una táctica para ponerlos a buscar a otro Dios distinto del verdadero.

42. Fuerte ironía de San Ireneo. Lit. «porque no todos han escupido (exeptykasin) el cerebro»: para que les quepan «tan altos misterios» ellos sí se han vaciado el cerebro.

43. Varias veces en su obra San Ireneo juega con esta palabra: los gnósticos tienen al Abismo (Bythos) como un Eón supremo (Padre) primordial: esto es lo que los lleva al abismo de su insensatez y locura.

44. De nuevo San Ireneo usa las palabras de los gnósticos contra ellos: la semilla (spérma) y el fruto (karpòs).

1. Doctrina básica de los gnósticos

1.1. El Pléroma. Los Eones en el interior el Pléroma

1,1. Dicen que en las alturas invisibles e inefables existe un Eón perfecto, preexistente, al que llaman Protoprincipio, Protopadre y Abismo (Bythos): él sería invisible, incomprensible, sempiterno e ingénito, y vivió en un profundo reposo y soledad por siglos infinitos. Con él estaba el Pensamiento (Ennoaia), a quien también llaman Gracia (Cháris) y Silencio (Sigè). Cierto día este Abismo decidió emitir el Abismo como Principio (Archè) de todas las cosas: entonces depositó este como Semen (Spérma) que había pensado emitir, en el vientre del Silencio, que era su compañera (45). Esta recibió el semen y quedando preñada engendró la Mente (Noûn), según la imagen y semejanza del que lo había emitido, y la única capaz de captar la grandeza del Padre. A la Mente también lo llaman el Unigénito (Monogenê), [448] o bien el Padre o el Principio de todas las cosas. Junto con él fue emitida la Verdad (Alétheia). Esta es la original y primitiva Tétrada de Pitágoras, a la que también llaman la raíz de todas las cosas: está formada por Abismo, Silencio, Mente y Verdad.

El Unigénito, habiéndose dado cuenta de por qué motivo había sido emitido, a su vez emitió el Verbo (Lógos) mismo y la Vida (Zoé), Padre de todos los que vendrían después de él (46), principio y formación de todo el Pléroma (47). A su vez, el Logos y la Vida, a manera de unión matrimonial (sydzygía), emitieron el Hombre (Anthropos) y la Iglesia (Ekklesía). Esta es la Ogdóada (48) primigenia, raíz y sustrato de todas las cosas, que ellos designan con cuatro nombres: Abismo, Mente, Logos y Hombre. Cada uno de éstos está formado por un elemento masculino y otro femenino, de esta manera: en primer lugar el Protopadre se ha unido sexualmente con su Pensamiento (al que llaman Gracia y Silencio); el Unigénito (también nombrado Mente), se unió con la Verdad; [449] en seguida el Verbo con la Vida; y por último el Hombre con la Iglesia.

1,2. Como todos estos Eones fueron emitidos para la gloria del Padre, queriendo por su cuenta glorificar al Padre, a su vez produjeron otras emisiones por vía matrimonial. El Verbo y la Vida, después de haber emitido el Hombre y la Iglesia, emitieron otros diez Eones, a los cuales han puesto estos nombres: Abismal (Bythios) y Confusión (Míxis), Agératos (49) y Unidad (Hénosis), Autoproducto (Autophyès) y Satisfacción (Hedoné), Inmóvil (Akínetos) y Mezcla (Synkrasis), Unigénito (Monogenès) y Felicidad (Makaría). Esto son, dicen, los diez Eones que el Verbo y la Vida emitieron. A su vez el Hombre y la Iglesia emitieron doce Eones, a quienes nombran: Paráclito (Parákletos) y Fe (Pístis), Paterno (Patrikòs) y Esperanza (Elpís), Materno (Metrikòs) y Caridad (Agápe), Eterno (Aeínous) y Entendimiento (Synesis), Eclesiástico (Ekklesiastikòs) y Dicha (Makariotès), Deseado (Theletòs) y Sabiduría (Sophía).

1,3. Esta es su desvariada doctrina de los treinta Eones impronunciables e inconoscibles. Este Pléroma, según ellos invisible y espiritual, está dividido en los tres grupos de la Ogdóada, la Década y la Docena (50). Por eso dicen que el Salvador -al que se niegan a llamar Señor- durante treinta años nada hizo en público, a fin de revelar el misterio de los Eones. [452] En cambio dicen que los treinta Eones quedan claramente declarados en la parábola de los obreros enviados a la viña: a unos se les envía en la hora prima, a los segundos alrededor de la tercia y a los terceros a la sexta, otros a la nona, y a los últimos a la undécima. Si se suman las diversas horas, producen el número treinta, pues uno más tres más seis más nueve más once suman treinta. Según ellos, estas horas representan a los

Eones. Y estos son los grandes, admirables y recónditos misterios, frutos de sus maquinaciones, además de todos los otros pasajes de las Escrituras que ellos amoldan para que se acomoden a sus creaciones.

1.2. Cómo se desarrolló el Pléroma

1.2.1. El Protopadre y el Unigénito

2,1. Dicen que solamente el Unigénito, o sea la Mente, conoce al Protopadre del que nació; en cambio para todos los demás Eones éste es invisible e incomprensible. Pues, según ellos, sólo la Mente se gozaba viendo al Padre y se deleitaba al contemplar su inmensa grandeza. Y trataba de hacer partícipes de la grandeza del Padre también a los otros Eones, [453] dándoles a saber cuán grande y excelso es, y cómo no tenía principio e incapaz de ser visto y comprendido. Mas el Silencio lo contuvo por mandato del Padre, pues quería inducir a todos el deseo de entender e investigar al Padre. También los demás Eones secretamente ansiaban ver al que había emitido su esperma y escrutar al que había sido su raíz sin principio.

1.2.2. La pasión de la Sabiduría

2,2. Emergió el último y más joven de los doce Eones, el Eón nacido de Hombre e Iglesia, es decir Sabiduría, y experimentó una pasión (51) fuera del abrazo de su esposo Deseado. Esta pasión había surgido de la Mente y la Verdad, y contagió a este Eón, o sea la Sabiduría, que se alteró bajo pretexto de amor; pero en realidad fue de arrogancia, porque no tenía, como la Mente, comunicación con el Padre perfecto. La pasión consistía en la búsqueda del Padre (52); pues, como dicen, quería comprender su grandeza; mas, como no era capaz porque emprendía una tarea imposible, se halló de pronto en una inmensa agonía por la grandeza del Abismo de lo ininvestigable del Padre, y por su amor hacia él; y como siempre se lanzaba más hacia adelante, al final habría quedado diluida en la dulzura del Padre y disuelta en la Substancia universal, si no le hubiera salido al paso la Potencia que consolida y conserva todas las cosas fuera de la inefable grandeza. [456] Llaman Límite (Hóros) a esta Potencia. Esta, pues, sostuvo y reafirmó a Sabiduría, la cual, apenas vuelta sobre sí misma, se convenció de que el Padre es incomprensible, depuso su primer Deseo (53) con la pasión que se había producido, nacida de la admiración llena de estupor.

2,3. Algunos de ellos narran en forma de mito esta pasión y retorno de la Sabiduría: por haber pretendido una cosa imposible e incomprensible, dio a luz una substancia tan amorfa como la puede producir una mujer. Al darse cuenta, primero se entristeció por haber dado a luz algo inacabado, y luego tuvo miedo de que aun eso se le muriese; entonces se llenó de angustia, buscando la causa de lo que había sucedido [457] y cómo podría ocultar lo que de ella había nacido. Después de hundirse en estos sufrimientos, ella experimentó un regreso y trató de volver al Padre; pero, después de animarse por breve tiempo, se desalentó y suplicó al Padre, y a su ruego se unieron los otros Eones, sobre todo la Mente. Aquí es donde, según ellos, tuvo su primer inicio la substancia de la materia, nacida de la ignorancia, la tristeza, el temor y el estupor.

2.4. Entonces, además de estos Eones, el Padre por medio del Unigénito engendró según su imagen al antedicho Límite, sin unión sexual o matrimonial. Pues ellos algunas veces presentan al Padre con su esposa Silencio, y otras veces como varón y mujer. [460] A este Silencio también suelen llamarlo Cruz (Stauròs), Redentor (Lytrotès), Emancipador (Karpistès), Limitador (Horothétes) y Guía (Metagogéa). Este Límite fue el que purificó y fortaleció a la Sabiduría y la restituyó a su matrimonio. Porque, cuando se separó de ella por el Deseo (Enthymésis) con la pasión que le sobrevino, él sin embargo quedó dentro del Pléroma. Pero el Deseo junto con su pasión fue crucificado por el Límite y echado [461] fuera del Pléroma (54). De ahí brotó una substancia espiritual, pues se trataba del ímpetu natural de un Eón, sin forma ni figura porque no recibió ninguna; y por eso lo llaman su fruto débil y femenino.

1.2.3. Cristo, el Espíritu Santo y el Salvador

2,5. Después que ella se separó del Pléroma de los Eones y su Madre fue reintegrada a su matrimonio, de nuevo el Unigénito emitió otra pareja, según la providencia del Padre: a Cristo (Christòs) y Espíritu Santo (Pneûma Hágion), a fin de que los Eones no volvieran a sufrir de modo semejante con la misma pasión: de esta manera éstos llevaron a los Eones a su perfección en el Pléroma. Cristo les enseñó la naturaleza del matrimonio (pues eran lo bastante capaces para conocer y comprender al Ingénito) (55), y les declaró sobre el conocimiento del Padre, revelándoles que es incomprensible, [464] inaferrable, y que nadie puede verlo ni oírlo sino sólo mediante el Unigénito. La causa de la duración eterna de los otros Eones es lo incomprensible del Padre; en cambio el motivo del engendramiento y formación del Unigénito es lo que en éste hay de comprensible, pues se trata del Hijo. Esto es lo que el Cristo llevó a cabo apenas fue emitido.

2,6. El Espíritu Santo, habiendo dignificado a los Eones, les enseñó a dar gracias y les concedió el verdadero reposo. Por eso, dicen, los Eones fueron creados con el mismo género y forma, y todos llegaron a ser Mentes, Verbos, Hombres y Cristos; y todos los elementos femeninos, de igual manera, llegaron a ser Verdades, Vidas, Espíritus e Iglesias. Y dicen que habiéndose consolidado así todas las cosas, y finalmente puestas en reposo, con gran gozo cantan himnos al Padre primordial, que comunica la grande alegría.

[465] Y a causa de este don, con una sola voluntad y decisión, todo el Pléroma de los Eones, junto con el Cristo y el Espíritu, y estampando su sello junto con ellos el Padre de todos, cada uno de los Eones, poniendo cuanto tenía de más bello y floreciente, y tejiéndolo todo de manera armoniosa y uniéndolo cuidadosamente, emitieron un producto para honor y gloria del Abismo. Este es Jesús, el fruto consumado, la belleza más perfecta y el astro del Pléroma, al que también se le llama Salvador, Cristo y Verbo -en relación con el nombre del Padre- y el Todo (Pánta), porque fue hecho por todos. Y fueron emitidos junto con él los ángeles, del mismo origen que él, para que le sirvan de escoltas y para honrarlos a ellos.

1.3. Cómo abusan de la Escritura

3,1. Esta es, pues, lo que ellos llaman la producción (pragmateía) que se realizó en el interior del Pléroma: la pasión de este Eón que casi se perdió por la caída en la materia múltiple, por el ansia de buscar al Padre: la mezcla hexagonal de Límite, Cruz, Redentor, [468] Emancipador, Limitador y Guía. Y el nacimiento, posterior al de los Eones, del Cristo y del Espíritu Santo emitidos del arrepentimiento por el Padre. Y al final la formación del segundo Cristo, al que llaman Salvador (Sotêr), que proviene de una obra común.

Sin embargo tales cosas no habrían sido dichas claramente (por las Escrituras), porque no todos alcanzarían a comprenderlas (Mt 19,11); sino que el Salvador las reveló por medio de parábolas a quienes eran capaces de entenderlas: que los treinta Eones están representados por los treinta años en los cuales dicen que el Salvador nada habló abiertamente (Lc 3,23) y por los obreros enviados a la viña (Mt 20,1-7), como arriba dijimos. Y dicen que Pablo de manera muy clara habla de los Eones continuamente, y que incluso conserva su jerarquía cuando dice: «En todas las generaciones por los Eones de los Eones» (56) (Ef 3,21). Y también nosotros cuando damos gracias (57) [469] diríamos: «Por los Eones de los Eones». De esta manera, siempre que encuentran esta expresión, pretenden que se refiere a los Eones.

3,2. La emisión de los doce Eones estaría indicada en el hecho de que Jesús disputó con los doctores de la Ley a los doce años (Lc 2,42-46) y en la elección de los doce Apóstoles: pues eligió a doce (Mt 10,2; Lc 6,13). Y los otros dieciocho Eones están señalados en los dieciocho meses en los cuales, después de resucitar de entre los muertos, convivió con los discípulos, además de las primeras letras de su nombre, iota y eta (58), con toda evidencia manifestarían los dieciocho Eones. Igualmente los diez Eones estarían indicados en la iota inicial de su nombre, y por eso el Salvador habría dicho: «No pasará ni una iota ni un acento de la Ley sin se cumpla» (Mt 5,18).

3,3. También afirman que la pasión que recayó [472] en el duodécimo Eón está sugerida en la apostasía de Judas, pues era el duodécimo de los Apóstoles, y porque padeció el mes duodécimo: porque, según ellos hipotizan, Jesús habría predicado sólo durante un año después de su bautismo (Lc 4,19; Is 61,2). También estaría claramente escondido este misterio en aquella mujer que sufría el flujo de sangre (59): en efecto, lo padeció durante doce años, pero la curó la venida del Salvador, cuando ella tocó la orilla de su vestido (Mt 9,20; Lc 8,44), y por eso el Salvador dijo: «¿Quién me tocó?» (Lc 8,45). De este modo enseñó a sus discípulos lo que había sucedido en el misterio de los Eones, y la curación del Eón que había sufrido la pasión: en el sufrimiento que duró doce años estaba representada aquella Potencia, pues su substancia fluía y se extendía sin límite. Y si no hubiese tocado el vestido del Hijo, es decir de la Verdad de la primera Tétrada, que se manifestó en la orilla del vestido, se habría disuelto [473] toda su substancia. Pero el flujo se detuvo (Lc 8,44) y liberó de la pasión por el Poder salido del Hijo (Lc 8,45-46). Esta Potencia sería el Límite, según dicen, que la curó y le arrancó la pasión.

3,4. Que el Salvador emitido por todos (los Eones) sea la Totalidad (Pân), dicen que está escondido en aquella palabra: «Todo macho que abra la matriz» (Lc 2,23; Ex 13,2). Pues, siendo la Totalidad, abrió la matriz de Deseo del Eón caído en pasión cuando fue separado del Pléroma. Ellos llaman este Deseo la Segunda Ogdóada, de la que adelante hablaremos. Pretenden que Pablo también habría dicho refiriéndose claramente a él: «El es todas las cosas» (Rom 11,36). Y también: «En él habita toda la plenitud de la divinidad» (Col 2,9). [476] Y: «Dios ha recapitulado todo en Cristo» (Ef 1,10). Así es como ellos interpretan estos pasajes y todos los semejantes.

3,5. En cuanto al Límite, al que llaman con muchos nombres, afirman que tiene dos funciones: la de consolidar y dividir: en cuanto consolida y confirma se llama Cruz; en cuanto divide y demarca se llama Límite. Dicen que el Salvador declaró sus funciones, cuya primera es la de constituir, cuando dijo: «Quien no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo» (Lc 14,27; Mt 10,38); y: «Toma tu cruz y sígueme» (60) (Mc 10,21; Mt 16,24). Y la función de separar, cuando dijo: «No vine a traer la paz, sino la espada» (Mt 10,34). También dicen que Juan (el Bautista) lo enseñó claramente: «En su mano está el bieldo para limpiar la era; recogerá el trigo en su granero y quemará la paja con fuego inextinguible» (Lc 3,17). Con estas palabras habría señalado la obra del Límite: interpretan el bieldo como Cruz, porque [477] destruye todos los elementos materiales como el fuego consume la paja, y en cambio limpia a los que deben salvarse, como el bieldo el trigo. También el Apóstol Pablo habría dicho lo mismo, cuando hace memoria de la Cruz: «El mensaje de la cruz es vanidad para los que se pierden; mas para aquellos que se salvan es poder de Dios» (1 Cor 1,18); y también: «No me glorío sino en la cruz de Cristo, por la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo» (Gál 6,14).

3,6. Enseñan todas estas vaciedades acerca de su Pléroma y de la plasmación (61) de todas las cosas, tratando de adaptar aquellas cosas que han sido bien dichas a las que ellos inventaron mal por sí mismos. Y no sólo toman de los Evangelios y de las cartas apostólicas los argumentos para sus doctrinas, trastocando su interpretación y adulterando su exégesis; sino también de la Ley y los profetas: como éstos narran muchas parábolas, alegorías y otros dichos que se prestan a ser arrastrados en cualquier sentido, ellos acomodan su ambigüedad a sus invenciones, por medio de exégesis dolosas. De esta manera mantienen en cautiverio lejos de la verdad a quienes no mantienen una fe firme en el único Dios Padre omnipotente y en Jesucristo, el Hijo único de Dios.

1.4. Fuera del Pléroma: Achamot (62) origina la materia

4.1. Según sus teorías, [480] fuera del Pléroma sucede lo siguiente: el Deseo de la Sabiduría superior, a la que llaman Achamot, alejada del Pléroma por motivo de su pasión, como dicen, anduvo vagando en los lugares de la sombra y del vacío: en efecto, salió de la Luz del Pléroma, sin forma y sin figura como un aborto, por no haber logrado nada. Pero el Cristo superior tuvo misericordia, y extendiéndose en la Cruz, con su poder le creó una forma, pero sólo en cuanto a la substancia, no en cuanto al conocimiento. Una vez realizada esta obra se retiró, llevándose su poder y dejándola, a fin de que, sintiendo la pasión debida a la separación del Pléroma, desee las realidades superiores, gozando de un cierto olor de incorrupción que le dejaron Cristo y Espíritu Santo. Por eso se le llama con dos nombres: Sabiduría por motivo de su padre -pues su padre se llama Sabiduría- y Espíritu Santo por el espíritu que está junto a Cristo.

Una vez que recibió la forma y se hizo consciente, de pronto la abandonó el Verbo que estaba con ella, es decir Cristo, ella se entregó de nuevo a buscar la Luz que la había abandonado. [481] Sin embargo ella no pudo alcanzarla, porque el Límite se lo impedía. Y el Límite así la habría llamado cuando ella se lanzaba hacia afuera: «¡Iao!» Por eso también se le llama Iao. Y como ella no pudo atravesar el Límite, porque había abrazado la pasión y por eso había quedado afuera (del Pléroma) ella sola, sucumbió a todo tipo de sufrimientos múltiples y variados. Y la invadió la tristeza por no haber podido aprehender la Luz; y además temor de que, así como la Luz, también se le escapase la Vida. Todo esto la consternó y la invadió la ignorancia. A diferencia de su madre, el Eón de la primera Sabiduría, sus pasiones la cambiaron, al contrario de aquélla. Entonces vino sobre ella otro deseo apasionado: el de convertirse a aquel que le había dado la vida.

4,2. Dicen que éste fue el origen y la esencia de la materia de la cual está compuesto el mundo. Del desarrollo del mundo y del Demiurgo toda alma sacó su origen, [484] y todo lo demás fue formado del temor y la tristeza. Porque de sus lágrimas (de Achamot) provienen todas las substancias húmedas, de su risa las brillantes, y de la tristeza y el temor los elementos materiales del mundo. Pues, según su teoría, unas veces lloraba y se ponía triste al sentirse sola y desamparada en la oscuridad y el vacío; otras veces se reía pensando en la Luz que la había abandonado; a veces en cambio sentía temor; y finalmente en otras ocasiones salía de sí por la angustia.

1.4.1. Refutación

4,3. ¿Qué decir de todo esto? Que no es, en verdad, sino una gran comedia, ver cómo cada uno de ellos en su fantasía expone de manera diversa, pero muy seria, de qué pasión y de cuál elemento tomó origen la substancia. Pero ellos, y a mi juicio con toda razón, no quieren enseñar abiertamente a todos, sino sólo a quienes pueden pagar bien por tales misterios. Pues estas cosas no se parecen a aquéllas de las que dijo el Señor: «Dad gratis lo que gratis habéis recibido» (Mt 10,8); porque estos son misterios abstrusos, portentosos y profundos elaborados con gran trabajo para aquellos a quienes les encanta ser engañados. Porque ¿quién no gastaría todo su dinero por aprender que los mares, las fuentes, los ríos y todo elemento líquido tuvieron su origen en las lágrimas del Deseo el Eón que cayó en la pasión, que de su risa surgió la Luz, y de su temor y angustia los elementos corporales del mundo?

4,4. Yo también quiero contribuir un poco a su producción (63). Porque veo que algunas aguas son dulces, [485] como las fuentes, los ríos, las lluvias, etc.; en cambio las del mar son saladas; por eso no debieron todas ellas tener su origen en las lágrimas, ya que éstas son saladas. Porque es evidente que las aguas saladas provienen de las lágrimas. Pero también se me ocurre que ella debió haber sudado cuando se hallaba en violenta lucha con la angustia. Y así, continuando con su hipótesis, hemos de suponer que las fuentes, ríos y otras aguas dulces tuvieron origen en su sudor. Porque no es probable que, siendo las lágrimas saladas, de ellas hayan nacido tanto las aguas saladas como las dulces. Es, pues, más persuasivo decir que unas aguas brotaron de sus lágrimas y otras de su sudor. Y como en el mundo existen además aguas calientes y ácidas, debes también entender cómo se produjeron y por qué órgano fueron emitidas. Estos son los frutos más congruentes con sus argumentos.

1.4.2. Origen de la creación exterior

4,5. Una vez que su Madre pasó a través de todas las pasiones de las cuales apenas pudo liberarse, dicen ellos que se puso a suplicar a la Luz que la había abandonado, o sea el Cristo. Este, habiendo regresado al Pléroma, parece que ya no le quedaron ganas de volver a bajar. Mejor le mandó al Paráclito, o sea al Salvador, siendo el Padre [488] quien le dio todo poder (Mt 11,27; Lc 10,22) y puso todas las cosas bajo su dominio, y los Eones hicieron algo semejante, a fin de que «en él tuviesen consistencia todas las cosas, las visibles y las invisibles, los Tronos, Divinidades y Dominaciones» (Col 1,16) (64). Fue enviado pues (Cristo) junto con los Angeles sus acompañantes.

Achamot se llenó de reverencia y primero se cubrió con un velo, y en seguida, una vez que lo vio con todos sus frutos, se le acercó para recibir el milagro de su manifestación. El entonces le dio la forma gnóstica y la curó de sus pasiones; pero sin quitárselas -porque ya no era posible hacerlas desaparecer como había sucedido con la primera (Sabiduría), porque ya se habían arraigado y fortalecido-; sino que las puso aparte, las mezcló y coaguló para transferirlas de la pasión incorpórea a la materia incorpórea. Luego les hizo una naturaleza adaptable, para permitirle formar las diversas combinaciones de los cuerpos, [489] de manera que surgieran dos substancias: una mala, brotada de las pasiones, y otra que fuera capaz de convertirse (65). Por eso dicen que el Salvador actuó con el poder del Demiurgo. Una vez que Achamot se vio libre de la pasión, concibió con gozo la visión de las Luces que lo acompañan (al Salvador), es decir los Angeles (66). Enseñan que, alegrándose al verlos, ella dio a luz frutos a su imagen (de los Angeles); es decir, un parto [492] espiritual a semejanza de los guardias del Salvador (67).

1.4.3. Creación previa del Demiurgo

5,1. De esta manera, pues, habrían surgido los tres elementos: el primero es el material (hylico) nacido de la pasión, el segundo es el psíquico surgido de la conversión, y el tercero el espiritual dado a luz por ella (Achamot); de modo que ella se abocó a darles la forma. Pero no fue capaz de dar forma al elemento espiritual (pneumático), porque tenía su misma substancia. Entonces se volvió a formar el elemento nacido de la conversión, que es la substancia psíquica, de acuerdo con las enseñanzas del Salvador. En primer lugar, según dicen, de la substancia psíquica formó al (Dios y) Padre y Rey de todas las cosas que le son consubstanciales, o sea las psíquicas, a las cuales llaman «la derecha»; y también a las que provienen de la pasión y de la materia, a las cuales llaman «la izquierda». Dicen que formó todos los seres que vienen después de él, impulsado en secreto por su Madre. Por este motivo lo llaman «Padre-Madre (Metropátora)», «Sin Padre (Apátora)», «Demiurgo» y «Padre». Lo llaman Padre de los seres de la derecha, [493] o sea de los psíquicos; Demiurgo de los seres de la izquierda, o sea de los materiales y Rey de todos. Porque dicen que este Deseo, queriendo hacer todas las cosas en honor de los Eones, fabricó imágenes de éstos; o, mejor dicho, el Salvador los hizo por su medio. Ella (Achamot) conservó la imagen del Padre invisible desconocida para el Demiurgo; así como éste la imagen del Hijo Unigénito, y los Arcángeles y Angeles hechos por él, las imágenes de los demás Eones.

5,2. De esta manera él (Demiurgo) se convirtió en Dios y Padre de todo cuanto existe fuera del Pléroma, siendo el Hacedor de todos los seres psíquicos y materiales. Separando las dos sustancias que se hallaban mezcladas; y a partir de las incorpóreas hizo las corporales; fabricó los seres celestes y terrestres y se convirtió en Demiurgo de las cosas psíquicas y materiales, derechas e izquierdas, ligeras y pesadas, que suben o que bajan. De esta manera, dicen, el Demiurgo hizo siete Cielos sobre los cuales él habita. Por eso también lo llaman «Semana» (Hebdomáda o sea séptima), mientras que a la Madre dan el nombre de Ogdóada (es decir octava), o sea a Achamot, que conserva el número de la Ogdóada basica y original, que es la del Pléroma. Estos siete Cielos, según dicen, son inteligentes, los cuales, según ellos enseñan, serían [496] los Angeles. El Demiurgo también sería un Angel, pero semejante a un Dios. Igualmente al Paraíso, que quedaría encima del tercer cielo, lo llaman el cuarto Arcángel en poder, y Adán habría recibido de éste alguna cosa, cuando permaneció en ese cielo.

5,3. También afirman que el Demiurgo creyó haber fabricado todas las cosas por sí mismo; pero hizo las cosas de Achamot (68): pues fabricó el cielo sin que lo supiera Cielo, y plasmó al ser humano en la ignorancia de Hombre, así también la tierra sin que Tierra estuviese informada. Igualmente en todas las cosas ignoró los modelos de los seres que hacía, e incluso ignoró a la Madre misma, imaginando que él lo era todo. El motivo de haber actuado así, dicen, fue su Madre que quiso producirlo, pues lo hizo Principio y Cabeza de su substancia, y Señor de todas sus obras. A esta Madre ellos la llaman Ogdóada, Sabiduría, Tierra, Jerusalén, Espíritu Santo, así como también Señor, en masculino. Ella ocupa la Región Intermedia (Mesótes), [497] porque está por sobre el Demiurgo, pero debajo y fuera del Pléroma hasta la consumación (del mundo).

5,4. Ellos dicen que la substancia material se sustenta de tres pasiones: el temor, la tristeza y la ansiedad. Del temor y la conversión tomaron su fundamento los seres psíquicos. De la conversión sacó su origen el Demiurgo. Y del temor brotaron las demás substancias psíquicas, de los animales irracionales y de los seres humanos. Y por este motivo (el Demiurgo), pues los seres espirituales eran demasiado elevados para que pudiese conocerlos, se imaginó que él era el único Dios. Por eso dijo por los profetas: «Yo soy Dios y fuera de mí no hay ningún otro» (Is 45,5; 46,9).

Enseñan, además, que de la tristeza fueron elaborados los «espíritus del mal» (Ef 6,12): de ella sacaron su origen el Diablo, al que ellos llaman «Soberano del mundo» (Kosmokrátor), los demonios y todos los seres malvados. Pero dicen que el Demiurgo es el hijo psíquico de su Madre, en cambio el Soberano del mundo es una creatura del Demiurgo. Sin embargo, el Soberano del mundo sí comprende las cosas que existen por encima de él, porque es espíritu, por más que sea del mal; en cambio el Demiurgo las ignora, porque es una substancia psíquica. Y dicen que la Madre habita en un lugar celeste, es decir en la Región Intermedia (Mesóti), mientras el Demiurgo reside en un lugar celeste, es decir [500] en la Semana, y el Soberano del mundo radica en nuestro mundo.

Del espanto y la angustia (pues son sentimientos pesados) brotaron los seres corporales: la tierra del estado de terror, el agua del movimiento del temor, el aire de la concetración de la tristeza. El fuego, por su parte, se halla en todos ellos para engendrar la muerte y la corrupción; así como la ignorancia se halla escondida en las tres pasiones.

1.4.4. Creación de los tres tipos de hombres

5.5. Una vez fabricado el mundo, también hizo al ser humano, «sacado de la tierra» (69) (Gén 2,7; 1 Cor 15,47). No lo hizo de tierra seca, sino tomando algo de la substancia invisible, de la materia difusa y fluida, en la cual sopló el elemento psíquico. Este es el hombre hecho «a imagen y semejanza» (Gén 1,26). Ante todo según la imagen es el hombre hylico (70): cercano, pero no consubstancial a Dios (71). [501] Según la semejanza es el hombre psíquico, a cuya substancia se le llama «espíritu de vida» (Gén 2,7), porque surge de un fluido espiritual. Y, dicen ellos, en tercer lugar la «túnica de piel» (Gén 3,21): ésta sería la carne sensible.

5.6. Respecto al parto de su Madre Achamot, que engendró cuando contemplaba los Angeles que rodean al Salvador, era consubstancial a su Madre, pneumático, pero el Demiurgo lo ignoró, porque fue colocado en él de modo secreto, sin que él lo advirtiera, a fin de que fuese sembrado en la psyche que de él provenía y en este cuerpo material. Gestado de esta manera en estos elementos y desarrollado como en un vientre, estaría preparado para recibir el Deseo perfecto. Así pues, como dicen, quedó oculto al Demiurgo el hombre pneumático (72) que había sido sembrado por la Sabiduría en su soplo (Gén 2,7), con inefable poder y providencia. Así como él ignoró a su Madre, así también desconoció su esperma al que llaman Iglesia, que es una imagen de la Iglesia que está en las alturas. De esta manera pretenden ellos que se haya originado el hombre que en ellos existe: recibió la psyche del Demiurgo, el cuerpo del lodo y la carne de la materia; [504] pero el hombre pneumático surgió de su Madre Achamot.

1.4.5. Destino de los tres tipos de hombres

6.1. Son tres, pues, los tipos de hombre: el primero es material (hylico), al que llaman «de izquierda», que por necesidad perece, el cual es incapaz de recibir ningún soplo de incorrupción. El animado (psychico) (73), también llamado «de derecha», que queda entre el material y el espiritual, que se inclinará hacia el lado que lo arrastre su propensión. Y el espiritual (pneumático), que fue enviado al animado a fin de que, estando en éste, lo educase. Este elemento espiritual, dicen ellos, es «la sal» y «la luz del mundo» (Mt 5,13-14). En efecto, el hombre psíquico necesitaba una educación por los sentidos. Con este objeto el mundo habría sido fabricado y el Salvador habría venido al lado de este hombre animado (psíquico), porque es libre, para salvarlo. Porque, dicen ellos, él ha tomado las primicias de lo que debía salvar: de Achamot el elemento espiritual, del Demiurgo el vestido psíquico (es decir el animado) que es Cristo: por motivo de la Economía (74) se le preparó un cuerpo formado con substancia psíquica, [505] pero dispuesto con un arte inefable para que pudiera ser visto, palpado y sufrir. En cambio nada tomó del (hombre) material, porque éste nada tiene que pueda salvarse. La consumación vendrá cuando todo lo espiritual esté perfectemente formado mediante la gnosis. Estos son los hombres espirituales (pneumáticos), que han adquirido el perfecto conocimiento de Dios y a quienes Achamot ha iniciado en los misterios. Ellos pretenden ser estos hombres. (75)

6,2. También hay enseñanzas psíquicas, que son las que han recibido los hombres animados (psychicos), es decir aquellos que, mediante la fe sencilla y las obras han sido confirmados, pero no tienen la gnosis perfecta: éstos somos los hombres que, según ellos, formamos la Iglesia (76). Por eso nos hace falta una buena conducata, pues de otra manera no podremos salvarnos. En cambio enseñan que ellos no se salvan por las obras, sino que, por el hecho de ser de naturaleza espiritual, automáticamente se salvan. Porque, así como lo que nace del lodo es incapaz de acoger la salvación -por no tener potencia de recibirla-; de igual manera lo que por naturaleza es espiritual -y de esta clase pretenden ser ellos- es incapaz de corromperse, [508] sean cuales fueren sus actos. Sucedería como con el oro, que aun cuando caiga en el lodo no pierde su belleza; sino que conserva su naturaleza, pues el lodo es incapaz de dañar al oro. De igual manera, dicen, ellos no pueden sufrir ningún daño ni perder su sustancia espiritual, aunque se hundan en cualesquiera obras materiales.

6,3. Por eso los que entre ellos ya son «perfectos», sin vergüenza alguna hacen lo que quieren, aun todas las acciones prohibidas, de las cuales la Escritura afirma: «Quienes tales cosas hacen no heredarán el Reino de Dios» (Gál 5,21). Comen, si se les antoja, la carne inmolada a los dioses, pues imaginan que nada puede dañarlos. En todas las fiestas paganas, si les viene en gana, son los primeros en gozar de las fiestas a los ídolos, de modo que no se abstienen ni siquiera de los espectáculos que son una indignidad ante Dios y ante los seres humanos, como las luchas homicidas de los gladiadores entre sí o con las fieras. Algunos de ellos sin freno alguno sirven a los placeres de la carne, excusándose en que los carnales entregan lo que en ellos hay de carnal a los carnales, y los espirituales lo espiritual a los espirituales. Otros de entre ellos en oculto han corrompido a mujeres a quienes enseñan esta doctrina: muchas de estas mujeres a quienes ellos han logrado convencer, lo han confesado junto con otros errores una vez que se han convertido a la Iglesia. Otros de ellos abiertamente y en forma descarada, cuando se apasionan por una mujer, la separan de su esposo para casarse con ella. Otros más, mostrando al principio mucha seriedad, han hecho creer que cohabitaban con ella como hermano [509] y hermana, hasta que pasando el tiempo ha aparecido que la hermana estaba preñada del que se decía su hermano.

6,4. Mientras hacen muchas otras acciones vergonzosas e impías, se ríen de nosotros, que por temor de Dios nos abstenemos de pecar incluso en nuestros pensamientos y palabras, teniéndonos por ignorantes e idiotas. En cambio presumen de ser los perfectos y la semilla de elección. Nosotros, como nos echan en cara, hemos recibido sólo el uso de la gracia, y por eso nos será quitada; en cambio ellos poseen con derecho propio una gracia que ha descendido de arriba, de un matrimonio (77) inefable e innombrable, y por eso siempre se les dará más (Lc 19,26). Para lograrlo ellos deben siempre meditar en el misterio de la unión sexual. Esto es lo que predican a los insensatos con estas palabras: «Cualquiera que viva en el mundo (Jn 17,11), si no ha amado a una mujer hasta unirse con ella, ese tal no pertenece a la Verdad (Jn 18,37) ni caminará hacia la Verdad; en cambio aquel que es del mundo (Jn 17,14-16), si se ha unido a una mujer, no habitará en la Verdad, porque se ha unido a ella por concupiscencia». Por ello nosotros, [512] a quienes llaman psíquicos y, según ellos, pertenecemos a este mundo, tenemos que observar por fuerza la continencia y realizar buenas obras para que podamos llegar al Lugar Intermedio. En cambio ellos, que a sí mismos se llaman espirituales y perfectos, de ningún modo lo necesitan (78); porque no son las obras lo que lleva al Pléroma, sino la semilla sembrada de lo alto que, aunque es pequeña, acá abajo llega a hacerse perfecta.

7,1. Cuando todo el esperma se haya vuelto perfecto, su Madre Achamot pasará del Lugar Intermedio al interior del Pléroma, y recibirá como esposo al Salvador que ha sido hecho por todos los Eones; a fin de que se consume el matrimonio entre el Salvador y la Sabiduría, que es Achamot. Estos son «el esposo y la esposa» (Jn 3,29), mientras que la cámara nupcial será todo el Pléroma. Entonces los espirituales, que se han despojado de sus almas y convertidos en espíritus puramente intelectuales, entrarán en el Pléroma para convertirse en esposas de los Angeles que forman el entorno del Salvador. A su vez el Demiurgo pasará al lugar de su Madre la Sabiduría, que es el Intermedio. [513] También las almas de los justos descansarán en el Lugar Intermedio; pues nada psíquico puede ingresar dentro del Pléroma. Una vez que todo esto se haya realizado, el fuego escondido en la tierra se encenderá y apoderándose de toda la materia la consumirá, y él mismo, consumiéndose con ella, irá a la nada. El Demiurgo, según dicen, no ha sabido nada de esto antes de que el Salvador viniese.

1.4.6. Variante sobre el Cristo y el Salvador

7,2. Algunos de ellos también andan diciendo que (el Demiurgo) engendró a un Cristo hijo suyo, pero psíquico, el cual habría hablado por los profetas. Este sería el que pasó por María como agua por un tubo (79), sobre el cual descendió del Pléroma en el bautismo el Salvador en forma de paloma (Mt 3,16; Lc 3,22); también Achamot habría sembrado en él la semilla espiritual. De donde se sigue que, si hemos de creerles, nuestro Señor estuvo compuesto de cuatro elementos, reproduciendo en sí la imagen de la primera y primordial Quaterna (Tetraktys): de elemento pneumático emitido de Achamot; de psíquico, proveniente del Demiurgo; de la Economía, hecho con arte inefable; y del Salvador, o sea la paloma que descendió sobre él. Y dicen que fue siempre impasible -pues no podía padecer, siendo invisible e incomprensible-. Por eso, cuando fue conducido a Pilato, [516] se le quitó el Espíritu de Cristo que se le había sembrado (80). Pero según ellos tampoco padeció el semen que provenía de la Madre; porque era espiritual e invisible aun para el Demiurgo. Por lo tanto habría padecido sólo el Cristo psíquico, el que por la Economía fue elaborado misteriosamente, a fin de que por medio de él la Madre manifieste la imagen del Cristo superior, el cual extendió los brazos en la Cruz y al que Achamot dio la forma de la substancia: todas estas cosas, dicen, serían figura de aquéllos (seres superiores).

7,3. Igualmente predican que las almas que recibieron de Achamot el semen, son mejores que las otras; por eso el Demiurgo más las ama, sin saber por qué son superiores, pues se imagina que de él mismo salieron. Por ese motivo las eligió para ser profetas, reyes y sacerdotes. Pretenden que este esperma mucho habría hablado por medio de los profetas, porque es de naturaleza superior; así también la Madre habría dicho muchas cosas acerca de lo alto; y aun el Demiurgo reveló muchas cosas por medio de las almas que él había hecho (81). De este modo ellos dividen las profecías, enseñando que unas son enseñanzas de la Madre, otras del esperma, otras del mismo Demiurgo. Y lo mismo pasa [517] con Jesús: dicen que una parte proviene del Salvador, otra de la Madre, otra del Demiurgo, como expondremos más adelante.

7,4. El Demiurgo, ignorando las cosas superiores a él, quedó admirado de lo que se decía, pero lo atribuyó unas veces a una causa, otras veces a otra: o al Espíritu profético que tiene un propio movimiento, o al hombre, o a una combinación de elementos inferiores. De esta manera se mantuvo en la ignorancia hasta la venida del Salvador. Mas cuando vino el Salvador, de él aprendió todo lo que se había dicho, y con alegría se le unió con todo su poder (82). El sería el centurión que en el Evangelio dijo al Salvador: «Yo tengo bajo mi poder servidores y soldados, y ellos hacen lo que les digo» (Mt 8,9; Lc 7,8). El llevará a cumplimiento la Economía del mundo hasta el tiempo oportuno, sobre todo por el cuidado que tiene de la Iglesia y por el conocimiento del premio preparado, ya que habrá de pasar al lugar de la Madre.

7,5. Enseñan, pues, que son tres los tipos de seres humanos: los pneumáticos, los psíquicos y los terrenos (83), como fueron Caín, Abel y Set, de modo que éstos representan las tres naturalezas, no [520] de hombres concretos, sino de toda la raza humana. El terreno va directo a la corrupción. El psíquico, si elige las cosas mejores, descansará en el Lugar Intermedio; pero si elige las más bajas, también acabará como aquellas cosas de las que se ha hecho semejante. Achamot, en cambio, desde el principio hasta hoy siembra a los hombres pneumáticos en las almas justas, para educarlos y desarrollarlos aquí en la tierra; a fin de entregarlos después, una vez hechos perfectos, como esposas a los Angeles que forman la guardia del Salvador, mientras sus almas necesariamente quedarán en el Lugar Intermedio para hallar su reposo eterno junto con el Demiurgo. Finalmente distinguen las almas en buenas y malas por naturaleza: las almas buenas son las capaces de recibir la semilla; en cambio las de naturaleza mala nunca podrán ser capaces de acogerla.

1.4.7. La Escritura al servicio de sus teorías

8,1. Esta es su teoría, que ni los profetas anunciaron, ni el Señor enseñó, ni los Apóstoles transmitieron (84). Y, sin embargo, ellos se glorían de haber recibido de estas cosas un conocimiento más elevado que todas las demás personas. Todo el tiempo citan textos que no se hallan en las Escrituras (85) y, como se dice, fabrican lazos con arena. Y no les preocupa acomodar a sus doctrinas, de una manera confiable, [521] sea las parábolas del Señor, sea los dichos de los profetas, sea la predicación de los Apóstoles. Lo único que tratan de hacer es que sus creaciones no parezcan carecer de pruebas. Por eso enredan el orden y el texto de las Escrituras, y en cuanto pueden separan los miembros (del cuerpo) de la verdad. Transponen y transforman todo y, mezclando una cosa con otra, seducen a muchos mediante la fantasiosa composición que fabrican a partir de las palabras del Señor.

Como si un hábil artista hiciese con toda precisión en un rico mosaico el hermoso retrato de un rey, y luego alguien, para destruir su imagen, arrancase fragmentos de piedra y los volviese a acomodar formando otra figura mal dibujada, por ejemplo de un perro o una zorra; y luego dijese que ese es el bello retrato del rey que el famoso artista había hecho. Ese hombre mostraría las piedras (las mismas que el primer artista había hábilmente acomodado para trazar los rasgos del rey, pero con las cuales el segundo con toda vileza había formado la figura de un perro), para engañar a los más simples que no conocen los rasgos del rey, haciéndoles creer que esa detestable imagen de zorra es su auténtico retrato. Del igual manera esa gente, después de haber juntado fábulas de viejas, añadiéndoles en seguida textos, [542] frases y parábolas pretendieron acomodar a sus mitos la Palabra de Dios. Ya hemos hecho notar los pasajes de la Escritura que ellos aplican a los seres que habitan dentro del Pléroma.

8,2. Veamos ahora los textos de las Escrituras que ellos pretenden atribuir a los sucesos que han tenido lugar fuera del Pléroma. El Señor, alegan, vino a sufrir en los últimos tiempos del mundo, a fin de mostrar la pasión del último de los Eones, para de esta manera dar a conocer el fin para el que fueron hechos los Eones. La niña de doce años, hija del jefe de la sinagoga a la que el Señor, cuando se le rogó, despertó de entre los muertos (Lc 8,41-42), era, según explican, figura de Achamot a la cual Cristo, colocándose encima de ella, le dio forma y la hizo sentir la Luz que la había abandonado. Que el Salvador se le mostró cuando se hallaba como un aborto fuera del Pléroma, lo diría Pablo en su primera Carta a los Corintios: «Por último también a mí se me dejó ver como a un abortivo» (1 Cor 15,8). Y la venida del Salvador a Achamot, junto con sus acompañantes (los Angeles), quedaría claramente manifiesta en la misma carta, cuando dice: «Conviene que la mujer tenga puesto el velo en la cabeza por respeto a los Angeles» (1 Cor 11,10); porque, cuando el Salvador se acercó a ella, Achamot se echó el velo en su cara llena de vergüenza como lo habría indicado Moisés cubriéndose la cara con un velo (Ex 34,33-35; 2 Cor 3,13). [525] Y dicen que el Señor señaló los sufrimientos por los que ella había tenido que pasar, cuando dijo desde la cruz: «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Mt 26,46; Sal 22[21],2), las cuales harían memoria de cuando la Luz abandonó la Sabiduría y el Límite le impidió lanzarse hacia lo alto; su tristeza, cuando dijo: «¡Triste está mi alma!» (Mt 26,38); y su temor cuando dijo: «Padre, si es posible, pase de mí este cáliz» (Mt 26,39); y su angustia y consternación, cuando dijo: «No sé qué decir» (Jn 12,27).

8,3. También prueban que hay tres clases de seres humanos, de esta manera: los hílicos estarían incluidos en estas palabras que respondió al que le decía: «Te seguiré»: «El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8,19-20; Lc 9,57-58). El psíquico, en aquello que contestó al que le decía: «Te seguiré, pero primero déjame ir a despedirme de mi familia»: «Ninguno que pone la mano en el arado y se vuelve atrás, es digno del Reino de los cielos» (Lc 9,61-62); [528] pues dicen que un hombre de este tipo pertenecía a los mediocres, al cual se le parecía aquel joven que confesaba haber hecho muchos deberes de justicia, pero que luego no quiso seguirlo, sino que, impedido por las riquezas para volverse perfecto (Mt 19,16-22), dicen que se movía dentro del mundo de los psíquicos. Y el pneumático estaría indicado en aquello que dijo: «Deja a los muertos sepultar a sus muertos, tú ve y anuncia el Reino de Dios» (Mt 8,22; Lc 9,60), y también en el publicano Zaqueo a quien dijo: «Baja de prisa, porque hoy debo quedarme en tu casa» (Lc 19,5): estos hombres pertenecerían al tipo de los pneumáticos (86). También dicen que en la parábola de la levadura que la mujer escondió en tres medidas de harina, se esconden los tres tipos de seres humanos. La mujer sería la Sabiduría, y las tres medidas de harina, los tres tipos de hombres: espiritual, animado y terreno. El fermento sería el Salvador.

Igualmente Pablo se habría referido claramente a los terrenos, psíquicos y espirituales. En un lugar dice: «Como es el terreno, así son los terrenos» (1 Cor 15,48). En otro pasaje: «El hombre animal no percibe las cosas del Espíritu» (1 Cor 2,14). En otro texto: «El hombre espiritual todo lo juzga» (1 Cor 2,15). «El hombre animal no percibe las cosas del Espíritu» lo habría afirmado del Demiurgo, el cual, siendo psíquico, no conoció ni a la Madre espiritual ni su semilla ni los Eones que habitan en el Pléroma. Y como el Salvador [529] asumió las primicias de los que había de salvar, Pablo dijo: «Y si las primicias son santas, también lo será la masa» (Rom 11,16): la primicia designa, según ellos, aquello que es pneumático; la masa somos nosotros, o sea la Iglesia psíquica. El Salvador, dicen, asumió la masa y la elevó en sí mismo, porque él era la levadura.

8,4. Y que Achamot se extravió del Pléroma, el Cristo la formó y el Salvador la buscó, afirman ellos que está indicado cuando dijo que había venido a buscar la oveja perdida (Mt 18,12-13; Lc 15,4-7). Porque la oveja errabunda significaría a la Madre errante, la cual sembró la Iglesia terrena; su pérdida sería su permanencia fuera del Pléroma, en medio de sufrimientos, de los cuales se habría originado la materia. La mujer que limpió toda la casa hasta encontrar la dracma (Lc 15,8-10), dicen que describe a la Sabiduría superior, la cual, habiendo perdido su Intención, después de algún tiempo, limpiando todas las cosas con la venida del Salvador, la volvió a encontrar, porque habría regresado al interior del Pléroma.

Acerca de Simeón, que «recibió en sus brazos a Cristo y dio gracias a Dios diciendo: Ahora, Señor, deja a tu siervo ir en paz según tu palabra» (Lc 2,29), dicen que es figura del Demiurgo, el cual, una vez venido el Salvador, le hizo posible cambiar de lugar, y dio gracias al Abismo. Y en Ana, de la cual el Evangelio [532] afirma que «había vivido con siete maridos» (Lc 2,36-38), pero luego había permanecido viuda el resto de sus años hasta que vio al Salvador, lo reconoció y habló de él a todos, claramente estaría representada Achamot: ésta, habiendo visto durante un instante al Salvador junto con todos sus acompañantes, durante todo el tiempo que siguió habitó en el Lugar Intermedio, esperando su segunda venida y renunciando al matrimonio. Incluso su nombre estaría indicado en lo que dijo de ella el Salvador: «La sabiduría ha quedado justificada en sus hijos» (Lc 7,35), y también Pablo: «Hablamos de la sabiduría a los perfectos» (1 Cor 2,6). En cuanto a los matrimonios que se celebran en el Pléroma, Pablo se habría referido a ellos, cuando dijo acerca de uno: «Este es un gran misterio, hablo de Cristo y de la Iglesia» (Ef 5,32).

8,5. Además enseñan que Juan, el discípulo del Señor, habría dado a conocer la primera Ogdóada. Estas son sus propias palabras: Juan, el discípulo del Señor, queriendo exponer el origen de todas las cosas, es decir el modo como el Padre las ha emitido, comenzó estableciendo un Principio que fuera como el cimiento, o sea el Primogénito de Dios, por lo cual lo llamaron el Hijo y el Dios Unigénito: en él el Padre sembró todas las cosas a modo de semilla. Este Principio a su vez emitió al Verbo y, en él, toda la substancia de los Eones, a los cuales el mismo Verbo dio forma posteriormente. Y como Juan habla de los orígenes, es claro que parte del Principio, es decir del Hijo, [533] y elabora la doctrina del Verbo. Dice así: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba ante Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio ante Dios» (Jn 1,1-2).

Al inicio distingue tres cosas: Dios, el Principio y el Verbo; en seguida los une. Lo hace para mostrar la emisión de ambos, es decir del Hijo y del Verbo, y en seguida la unidad que hay entre ambos y de ambos con el Padre. El Principio, en efecto, se origina del Padre y está en el Padre, y el Verbo proviene del Principio y está en el Principio. Por eso habría dicho justamente: «En el Principio estaba el Verbo», porque estaba en el Hijo. «Y el Verbo estaba ante Dios», porque es el Principio. «Y el Verbo era Dios» en consecuencia: pues lo que ha nacido de Dios es Dios. «El estaba en el Principio ante Dios», muestra el orden de la emanación. «Todo fue hecho por él, y sin él nada ha sido hecho» (Jn 1,3), pues el Verbo es la causa de la formación y generación de los Eones que después de él vinieron. «Y lo que a sido hecho en él era la Vida» (Jn 1,3-4): estas palabras significan el matrimonio, pues en él ha sido hecha toda Vida. Luego ésta, que ha sido hecha en él, le es más cercana que las cosas que fueron hechas por él: pues está con él y por él produce fruto. Por eso dice: «Y la Vida era la luz de los hombres» (Jn 1,4): [536] con esta palabra «hombres» dio a entender la Iglesia terrena, pues con este solo nombre quería indicar la comunión del matrimonio, ya que del Verbo y la Vida son engendrados el Hombre y la Iglesia. A la Luz la llamó la Vida de los hombres, porque los iluminados por ella son los formados y manifestados.

Pablo dijo lo mismo: «Todo lo que se manifiesta es luz» (Ef 5,13). Porque la Vida manifestó y engendró al Hombre y la Iglesia, se le llama su Luz. Mediante estas y otras palabras Juan claramente dio a entender la segunda Cuaterna (Tetráda), el Verbo, la Vida, el Hombre y la Iglesia. Pero también insinuó la primera Cuaterna. Pues hablando del Salvador y enseñando que él dio forma a todas las cosas fuera del Pléroma (87), al mismo tiempo descubre que este Salvador es el fruto de todo el Pléroma. Pues lo llama «Luz que brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no lo recibieron» (Jn 1,5) porque, a pesar de haber armonizado él todas las cosas que fueron hechas de la pasión, éstas no lo conocieron. También lo llama Hijo y Verdad y Vida, y añade que el Verbo se hizo carne, cuya gloria hemos visto, y se trataba de la gloria del Unigénito, que el Padre le concedió, llena de Gracia y de Verdad. Pues Juan dice lo siguiente: [537] «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de Gracia y de Verdad» (Jn 1,14). Estas palabras describirían con toda exactitud la primera Cuaterna: el Padre, la Gracia, el Unigénito y la Verdad. Por eso Juan habría dicho acerca de la Ogdóada, primera Madre de todos los Eones: pues se habló del Padre, la Gracia, el Unigénito, la Verdad, el Verbo, la Vida, el Hombre y la Iglesia. Esto dice Ptolomeo (88).

1.4.8. Refutación

9.1. Ve, mi hermano, los trucos de que se valen para enloquecerse a sí mismos, forzando las Escrituras para tratar de sostener con ellas sus propias creaciones. Por este motivo pusimos arriba sus propias palabras (89), a fin de que adviertas el dolo de sus trucos y la malicia de sus errores (Ef 4,14). Porque, en primer lugar, si Juan hubiese tenido el propósito de mostrar la Ogdóada superior, sin duda habría conservado el orden de su emisión; y si hubiese hablado de la Cuaterna superior, que como ellos dicen es la más venerable, habría puesto sus nombres en primer lugar, y sólo después le habría añadido la segunda Cuaterna, a fin de hacer ver mediante el orden de los nombres también la jerarquía dentro de la Ogdóada. Ciertamente no lo habría hecho después de un intervalo tan largo, casi como quien se ha olvidado y en seguida lo ha recordado, para al final acordarse de la primera Cuaterna. Si hubiese querido también referirse al matrimonio, no habría callado el nombre de la Iglesia: porque, en los otros matrimonios también se habría contentado [540] con nombrar a los masculinos, de manera que en ellos pudieran sobreentenderse también sus parejas, conservando de esta manera la unidad en todo el relato; o bien, si quería describir los matrimonios de los demás (Eones), también habría debido indicar el del Hombre, cuya compañera ciertamente no habría dejado de mencionar, en lugar de dejarnos adivinar su nombre.

9,2. Es, pues, evidente el capricho de su exégesis. Pues Juan proclama al único Dios Soberano de todas las cosas, y a Cristo, su Hijo único, por el cual todas las cosa fueron hechas (Jn 1,3). A éste lo llama el Verbo de Dios (Jn 1,1), el Unigénito (Jn 1,18), el Creador de todas las cosas, la Luz verdadera que ilumina a todo hombre (Jn 1,9), el Creador del cosmos (Jn 1,10), el que vino a los suyos (Jn 1,11), el que se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). Por el contrario ellos, enredando con sofismas la exégesis, pretenden llamar a uno el Unigénito en referencia a la emisión, y también lo llaman el Principio; a otro lo llaman el Salvador; a un tercero el Verbo; a otro el Hijo del Unigénito, y a uno distinto lo llaman el Cristo, emitido para enmendar el Pléroma.

Desviando la verdad de las palabras (de la Escritura), abusan de ellas imponiéndoles sus propias elucubraciones. Y lo hacen a tal punto que, según ellos, Juan no habría hecho ni siquiera mención de nuestro Señor Jesucristo. Habría mencionado al Padre, la Gracia, al Unigénito y la Verdad, al Verbo y la Vida al Hombre y la Iglesia. [541] Si siguiéramos sus hipótesis, Juan habría hablado de la primera Ogdóada, en la cual por ningún lado se encuentra Jesús, ni Cristo, el Maestro de Juan. Y que el Apóstol no habló de sus matrimonios, sino de nuestro Señor Jesucristo, del que sabía que era el Verbo de Dios, él mismo lo puso en claro. Pues recapitulando lo que al principio había dicho acerca del Verbo (Jn 1,1), explica más adelante: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Pero según los argumentos que ellos proponen, el Verbo no se habría hecho carne, ya que ni siquiera salió jamás del Pléroma, sino que lo habría hecho el Salvador, emitido por todos los Eones y posterior al Verbo.

9,3. Aprended pues, gente sin cerebro, que Jesús es el que padeció por nosotros (1 Pe 2,21), el que vivió con nosotros, y él mismo es el Verbo de Dios. Porque si algún otro de los Eones se hubiese hecho carne para salvarnos, es claro que de él lo habría dicho el Apóstol. Mas si fue el Verbo del Padre el que descendió, fue él también el que ascendió (Ef 4,10; Jn 3,13). El es el Hijo Unigénito del único Dios, encarnado por los seres humanos según la voluntad del Padre. Así pues, Juan no habló de ningún otro (Eón) ni de la Ogdóada, sino del Señor Jesucristo. Pero, según ellos, el Verbo propiamente no se hizo carne; sino que el Salvador [544] se revistió un cuerpo psíquico formado de la Economía por una inefable providencia, para que lo pudieran ver y tocar. Mas la carne es aquella que al principio Dios plasmó del barro en Adán, y ésta es la que verdaderamente el Verbo de Dios se hizo, como dio a entender Juan. De esta manera se disuelve su primera y primordial Ogdóada. Porque, una vez que se revela como uno y el mismo el Verbo y el Unigénito, la Vida y la Luz, el Salvador y el Hijo de Dios, y que es éste el que se hizo carne por nosotros, cae por tierra el falso andamio de su Ogdóada. Y, una vez que éste se ha derrumbado, también se deshacen todos sus argumentos, esos sueños vacíos con los cuales infaman las Escrituras.

9,4. En seguida recogen frases de aquí y de allá, las cambian de lugar (como arriba dijimos), sacándolas de su contexto natural para ponerlas en uno forzado (90). Hacen como aquellos que, fijándose una idea sobre el primer tema que les viene en la cabeza, en seguida tratan de probarlas con versos de Homero, para hacer creer a los ingenuos que Homero compuso tales versos precisamente para fundar la teoría que ellos han inventado. Y son muchos en verdad los que se dejan inducir, por la ordenada lógica de los versos, a pensar que quizás Homero mismo los ha elaborado. Es como si uno narrase con versos tomados de Homero la misión que Hércules recibió de Euristeo, de bajar para atar el perro del Hades. Y nada impide que usemos este ejemplo para compararlo con lo que ellos hacen, pues el método de argumentar es el mismo en ambos casos (91):

«Después que así habló, llorando fue echado de casa» (Odisea 10,76),

«Hércules invicto, autor de grandes empresas» (Ibid 21,26),

«por Euristeo, hijo de Sténelo, raza de persas» (Ilíada 19,123)

«para que echase del Erebo el perro del cruel Hades» (Ibid 8,368).

[545] «El partió como un fuerte león criado en la montaña» (Odisea 6,130)

«atravesando la ciudad, y todos los amigos lo seguían» (Ilíada 24,327):

«las jóvenes novias, los muchachos y los viejos en años» (Odisea 11,38),

«llorando mucho, como si caminara a la muerte» (Ilíada 24,328).

«Hermes lo precedía: por eso la bella Atenea» (Odisea 11,626)

«sabía cuánto dolor experimentaba su hermano» (Ilíada 2,409).

¿Quién que no sea un ingenuo se dejará arrastrar por estos versos, creyendo que Homero ha creado este argumento? Pues, quien conoce los escritos de Homero, reconoce los versos, pero no el argumento; pues se da cuenta de que dijo unas cosas acerca de Ulises, otras de Hércules, otras de Príamo, otras de Menelao y Agamenón. Volviendo a poner cada uno de los versos en el sitio del libro que le corresponde, hará pedazos el argumento en cuestión.

De manera semejante quien conserva inquebrantable la Regla de la verdad (92) que recibió en el bautismo, reconocerá los nombres, los dichos y las parábolas tomados de las Escrituras, pero no sus teorías blasfemas. [548] Reconocerá las piedras del mosaico, pero no aceptará que la figura de la zorra sustituya el retrato del rey. Volviendo a colocar las palabras en su propio orden y en el contexto del cuerpo de la verdad, dejará al desnudo las creaciones que ellos han fantaseado y probará su falta de consistencia.

9,5. Como a una tal comedia sólo le falta que se le desenmascare, y no hay entre esos payasos alguno que acabe con esa farsa, hemos pensado en primer lugar mostrar aquellos puntos en los cuales los mismos padres de tales fábulas difieren entre sí, puesto que están inspirados por diversos espíritus del error. Y, en segundo lugar, a partir de su [549] comparación podremos demostrar, si examinamos el asunto atentamente, la verdad que la Iglesia predica y los errores enmascarados que ellos pregonan.

1.5. La única fe de la Iglesia

10,1. La Iglesia, extendida por el orbe del universo hasta los confines de la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre Soberano universal «que hizo los cielos y la tierra y el mar y todo cuanto hay en ellos» (Ex 20,11; Sal 145,6; Hech 4,24; 14,15), y en un solo Jesucristo Hijo de Dios, encarnado por nuestra salvación (Jn 1,14), y en el Espíritu Santo (93), que por los profetas proclamó las Economías y el advenimiento, la generación por medio de la Virgen, la pasión y la resurrección de entre los muertos y la asunción a los cielos (Lc 9,51) del amado (Ef 1,6) Jesucristo nuestro Señor; y su advenimiento de los cielos en la gloria del Padre (Mt 16,27) para recapitular todas las cosas (Ef 1,10) y para resucitar toda carne del género humano; de modo que ante Jesucristo nuestro Señor y Dios y Salvador y rey, según el beneplácito (Ef 1,9) del Padre invisible (Col 1,15) «toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los infiernos, y toda [552] lengua lo confiese» (Fil 2,10-11). El juzgará a todos justamente (Rom 2,5), los «espíritus del mal» (Ef 6,12) y los ángeles que cayeron y a los hombres apóstatas, impíos, injustos y blasfemos, para enviarlos al fuego eterno (Mt 18,8; 25,41), y para dar como premio a los justos y santos (Tit 1,8) que observan sus mandatos (Jn 14, 15) y perseveran en su amor (Jn 15,10), unos desde el principio (Jn 15,27), otros desde el momento de su conversión, para la vida incorruptible, y rodearlos de la luz eterna (2 Tim 2,10; 1 Pe 5,10).

10,2. Como antes hemos dicho, la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón (Hech 4,32), y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa [553] ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una creatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz, que es la predicación de la verdad, brilla en todas partes (Jn 1,5) e ilumina a todos los seres humanos (Jn 1,9) que quieren venir al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4). Y ni aquel que sobresale por su elocuencia entre los jefes de la Iglesia (94) predica cosas diferentes de éstas -porque ningún discípulo está sobre su Maestro (Mt 10,24)-, ni el más débil en la palabra recorta la Tradición: siendo una y la misma fe, ni el que mucho puede explicar sobre ella la aumenta, ni el que menos puede la disminuye.

10,3. Que unos tengan más y otros menos capacidad para comprender, no influye en alterar la doctrina misma, a tal punto que se piense en otro Dios fuera del Demiurgo y Padre de todas las cosas, como si éste no bastase; [556] ni en otro Cristo o en otro Unigénito. La diferencia está sólo en la capacidad de investigar todo lo que se ha dicho en parábolas, a fin de ver la concordancia con la doctrina de la verdad, a fin de exponer los instrumentos que Dios usó en su Economía en favor de la raza humana (95). También en su habilidad para mostrar cómo Dios es misericordioso aun en la apostasía de los ángeles y la desobediencia de los seres humanos; y para predicar por qué el único y mismo Dios creó los seres temporales y eternos, los celestes y terrenos; por qué, siendo Dios invisible, se apareció a los profetas, no en una sola forma, sino en formas diversas a cada uno; por qué Dios estableció con la humanidad varios Testamentos y enseñar las particularidades de cada uno; para investigar por qué «Dios ha encerrado a todos en la incredulidad, para tener compasión de todos» (Rom 11,32); por qué «el Verbo de Dios se hizo carne» (Jn 1,14), padeció y murió, a fin de darle gracias; para explicar por qué en los últimos tiempos vino [557] el Hijo de Dios, es decir, por qué apareció hacia el fin y no desde el principio; para descubrir la enseñanza de las Escrituras acerca de las cosas últimas y futuras; para no callar el motivo por el que Dios hizo a los gentiles sin esperanza (Ef 2,12) coherederos, miembros del mismo Cuerpo y participantes de los santos (Ef 3,6); para proclamar que esta carne «mortal será revestida de inmortalidad y, siendo corruptible, de incorrupción» (1 Cor 15,54); y para pregonar cómo «el que no era pueblo se hizo pueblo, y amados los que no lo eran» (Os 2,25; Rom 9,25), y cómo «la abandonada ha tenido más hijos que la casada» (Is 54,1; Gál 4,27).

Acerca de estas y de otras muchas parecidas, el Apóstol exclamó: «¡Oh profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué insondables son tus juicios e impenetrables tus caminos!» (Rom 11,33) En cambio ninguno (en las iglesias) habla acerca de una Madre del Creador y Demiurgo que esté por encima de éste y los otros Eones -el Deseo de un Eón errante- ni lo verás llegar a una blasfemia tan brutal; ni acerca de un Pléroma superior que contendría unas veces treinta, otras una inumerable multitud de Eones, como predican aquellos que han defeccionado de la verdadera [560] doctrina del Maestro. Porque en la Iglesia universal se conserva la única y misma fe en todo el mundo, como ya hemos dicho.

Notas

45. Sigè en griego es de género femenino.

46. San Ireneo muestra la apariencia de verdad de los gnósticos: «Todo fue hecho por él (el Verbo)... en él estaba la vida» (Jn 1,3-4). Ellos lo interpretan como un matrimonio (sydzygía) o unión al estilo carnal, entre dos Eones: el Verbo (en griego es masculino) y la Vida (femenino). El Verbo sería padre, pero por su unión con ella.

47. Pléroma o Plenitud es la totalidad del mundo espiritual y supraceleste.

48. Ogdóada, es decir Octeto conjunto de ocho realidades: algunos distinguen entre una Ogdóada superior (o primera) y otra inferior (o segunda).

49. Agératos es una piedra de pulir.

50. Es decir, de ocho, diez y doce Eones.

51. Páthos (passio), que aquí traducimos por pasión (impulso emotivo hacia algo), tiene un significado mucho más amplio que en castellano: también significa sufrimiento, capacidad para ser afectado por otro, etc.

52. Como los Eones se van engendrando en degradación, los grados más bajos están más alejados del Padre: de ahí brota la decadencia en su conocimiento y su ansia (pasión) por conocerlo.

53. Enthymésis: término gnóstico muy citado por San Ireneo. Intraducible al castellano, en el sentido que los gnósticos quieren darle. Lo suelo traducir Deseo (porque suele aplicarse al deseo o ansia que la Sabiduría inferior sintió, de conocer al Padre, convertido luego en pasión, de la que nació la substancia del mundo material), aunque puede significar reflexión, plan, consejo, sentimiento, intención, tendencia. Es una actividad primordial del espíritu.

54. La Cruz para los gnósticos es una figura tomada del Evangelio, pero vaciándola de su significado original, para simbolizar con ella la crucifixión mística que purifica al creyente de sus pasiones y deseos (ver Gál 5,24). Su efecto redentor consistiría para ellos en la propia purificación.

55. Esta frase entre paréntesis resulta ininteligible en el texto. La traducción es sólo aproximativa.

56. Recuérdese que la misma palabra griega Aiòn puede traducirse por Eón o por Siglo; en este segundo caso: «Por los siglos de los siglos», como el cristianismo ha entendido. Los gnósticos abusan de esta expresión para hacer aparecer cristiana su doctrina sobre los Eones.

57. O bien «en la Eucaristía» (epì tês eucharistías).

58. En efecto, el nombre griego de Iesoús comienza con Iota y Eta, que corresponden al número 18, ya que en griego los números se indican por letras.

59. El episodio de la hemorroísa sería mítico (los gnósticos abusan de él con frecuencia), para simbolizar que la mujer enferma crónica sólo se pudo curar con el conocimiento (gnosis) que fluye de la Verdad del Salvador: dicha Verdad es el vestido del Hijo.

60. Texto manipulado por los herejes: como tal no existe en el Evangelio.

61. Plasmación (plásis), plasmado (plásma), del verbo plásso, «hacer modelando»: se refiere a la creación (modelación) de los seres materiales, de modo especial al cuerpo humano.

62. Hay dos Sabidurías: una superior, el 30º de los Eones, en el Pléroma. Reflejo de ella, fuera del Pléroma, es la Sabiduría inferior, madre de los seres materiales mediante el Demiurgo.

63. San Ireneo comienza una serie de ironías, sembradas aquí y allá, como uno de sus métodos para echar por tierra las teorías gnósticas.

64. Texto un tanto manipulado: sustituyó Potestades (Archaì) por Divinidades (Theótetes).

65. Difícil traducción de matices: los cuerpos están formados por dos tipos de substancias: la primera enteramente mala, (la materia, hyle) porque nació de la pasión; la segunda (el alma o sustancia psíquica, psyche) sigue mezclada de pasión, pero al menos puede convertirse (ver III, 29,3). Los seres materiales (hylicoi) nacen de la pasión y son insalvables: al final se quemarán con toda la tierra. Los psíquicos han brotado de la conversión (aunque no han quedado del todo libres de pasión): por ello son medianamente salvables (pueden llegar a la Región Intermedia, del Demiurgo, también éste hecho de substancia psíquica), si es que observan los mandamientos y tomando su Cruz (de la purificación) se libran de las pasiones. Los seres espirituales (pneumatikoì), del que formarían parte los gnósticos, se salvan por naturaleza, luego ya son salvos y no pueden perderse (hagan lo que hagan). (Ver I, 5,4).

66. El Demiurgo es el verdadero Salvador de Achamot, el que hizo posible su conversión (2º tipo de substancia), aunque ella había nacido de la pasión (1º tipo).

67. Las creaturas, pues, habrían sido hechas no a imagen del Verbo (o del Hijo) de Dios, sino de los Angeles, concebidos como escoltas del Salvador.

68. El Demiurgo se cree el Creador, porque no se ha dado cuenta de que Achamot (la Madre Sabiduría) actúa por él. Los gnósticos suelen hacer muy mal favor al Demiurgo: es ignorante (ver III, 6,3), y por eso presuntuoso. Adelante veremos cómo, porque no conoce al Padre, se ha creído el único Dios, y así lo reveló en el Antiguo Testamento.

69. Choïkón: «el terreno». Es la misma etimología de los nombres del ser humano en hebreo: Adam («terreno») de Adamá («tierra»); así como del latín Homo, de humus. Difícil traducir con precisión: Choûs es el barro: choikòs, hecho de barro.

70. Según ellos el ser humano está compuesto de materia (hyle), alma (psyché) y espíritu (pneûma). Según predomine uno u otro de estos elementos, hay tres clases de seres humanos: el hylico, en el que predomina el elemento material; el psíquico, en el que predomina el alma o principio de vida; y el pneumático, en el que predomina el espíritu.

71. Dios, en este caso el Demiurgo, ser psíquico, a cuya imagen fueron hechos los seres psíquicos.

72. El Demiurgo (psíquico) es tan ignorante, que ni siquiera es capaz de conocer a los seres espirituales (pneumáticos), como los gnósticos presumen serlo: por tal motivo éstos no están sujetos a ese Creador (Marción lo confunde con el Yahvé del Antiguo Testamento) ni a su ley (ver II, 19,2). Los seres materiales no pueden salvarse porque jamás conocerán la Verdad; a los psíquicos les queda la esperanza de vencer sus pasiones y de ser instruidos por los gnósticos en la doctrina del Dios desconocido (ver I, 6,2). Los espirituales (pneumáticos) ya están salvados por naturaleza, por la gnosis del Dios desconocido.

73. Nótese que, según los gnósticos, la psyche (que llamamos «alma»), es lo que caracteriza a los hombres «animados», es decir, a aquellos en los que predomina el elemento alma.

74. Oikonomía es una palabra que leeremos constantemente en San Ireneo: en la teología cristiana significa el proyecto salvífico de Dios en favor del hombre. En la traducción dejaremos de ordinario la palabra transliterada: Economía, aunque algunas veces aparecerá como «plan de Dios», o «disposición divina».

75. Los seres humanos hílicos (materiales) por naturaleza no son salvables: al morir quedarán en la tierra y se quemarán con ella al final de los tiempos. Los psíquicos (dotados de alma), si son justos, podrán habitar en la Región Intermedia con el Demiurgo. Los pneumáticos (espirituales) por naturaleza están salvados y habitarán en el Pléroma: no necesitan una conducta moral recta.

76. La verdadera Iglesia es la pneumática (la de los gnósticos): es la Iglesia celeste. La terrena (la de los comunes buenos cristianos, seres psíquicos) es sólo una pálida imagen de la verdadera. Por eso la gente ignorante debe convertirse a su Iglesia si quiere salvarse.

77. La palabra que usan es sydzygía: matrimonio, connubio, unión sexual.

78. Los psíquicos, si quieren salvarse, deben observar la ley de la abstención del sexo con cualquier mujer, pues lo hacen por pasión de la carne. Los gnósticos, como viven en el espíritu (son pneumáticos por naturaleza), pueden practicar todas las acciones sexuales que deseen, pues ya se han liberado del cuerpo.

79. Para los gnósticos no hay verdadera encarnación del Cristo psíquico en un cuerpo (hílico, hecho de barro, y por tanto insalvable). Por este motivo sólo «apareció» como un hombre de tierra (de aquí viene su docetismo), y para parecer como tal, pasó por el seno de María sin tomar ni desprender nada de ella: como agua por un tubo dejándolo seco (ver III, 11,3; 16,1; V, 1,2). Doctrina muchas veces condenada por los Padres de la Iglesia (por ej. S. Gregorio Nacianceno, Carta 101: PG 37, 180). En el siglo III (probablemente de origen gnóstico maniqueo) tomó la forma: «pasó por el seno de María como un rayo de luz a través de un cristal» (ver su refutación en S. Atanasio, Carta a Epicteto 5: PG 26, 1057).

80. El Cristo pneumático descendió sobre Jesús en el bautismo y volvió a ascender al Pléroma cuando éste fue conducido a Pilato: el crucificado fue el Jesús sobre el que había descendido el Cristo psíquico; pero en realidad éste sólo sufrió en apariencia. Ni vale para ellos el argumento de que si Cristo no murió verdaderamente no somos salvados, porque para ellos la cruz sólo es un símbolo de la liberación de las pasiones (del hombre psíquico) para salvarse por el conocimiento o gnosis (del pneumático).

81. Las profecías son de diverso valor, según su origen: 1º algunas provienen del semen superior; 2º otras de la Madre; y 3º del Demiurgo (psíquico, creador de este mundo). Para ciertos gnósticos, este último sería el que inspiró a los profetas del Antiguo Testamento: por eso les conceden un valor tan bajo.

82. «Con todo su poder», es decir, con todos sus servidores, como se aclara por la cita del Evangelio que sigue.

83. La más clara expresión de la antropología gnóstica: el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu. Según predomine en cada ser humano uno de estos elementos, será un hombre hílico, psíquico o pneumático.

84. Nótese el orden ascendente: el Anuncio, la Doctrina y la Tradición, que constituyen la verdad de la enseñanza.

85. Lit. «leyendo textos no escritos», es decir, extraños a las Escrituras. S. Ireneo los acusa con frecuencia de que, o modifican a su conveniencia las sentencias bíblicas, o cambian el significado de las palabras, sacándolas de su contexto para, forzándolas, probar con ellas sus doctrinas.

86. Los hombres hílicos son los que tienen puesta la mira en lo material: dónde reclinar la cabeza. Los psíquicos están representados por el joven rico: a pesar de cumplir la Ley, sigue apegado a la riqueza, no se ha liberado enteramente de la pasión. Los pneumáticos son aquellos en los cuales ya habita el Salvador, «se ha hospedado en su casa», porque tienen el conocimiento (gnosis): para éstos son indiferentes la Ley y las cosas materiales: pueden gozarlas libremente, porque su espíritu ya habita en el conocimiento de las cosas superiores.

87. Efectivamente, como se dijo en I, 2,6, el Salvador fue formado por todos los Eones.

88. S. Ireneo parece indicar que todo este párrafo es una cita textual de Ptolomeo, sobre todo por lo que decimos en la nota siguiente.

89. Dià toûto gàr kaì autàs parethemén autôn tàs léxeis: ha citado las propias palabras de Ptolomeo, para que en ellas mismas se descubra directamente el truco: la interpretación torcida de las Escrituras.

90. Nótese el argumento: la doctrina de los gnósticos no brota de la Escritura, sino de otras fuentes. Ellos primero forjan sus teorías, y luego buscan los textos bíblicos, sacándolos de su contexto natural, para forzarlos a «probar» sus enseñanzas. De esta manera seducen a los ignorantes, haciéndoles creer que su doctrina es la verdadera interpretación de las Escrituras.

91. Tomo las citas de la edición de SC 264, p. 149.

92. La «regula veritatis», cf. I,1,20; 9,4; 14,3; 22,1; II, 27,1; 28,1; III,1,2-5; 2,1; 4,1; 15,1-2; IV,35,2-4; V,20,1. Epídeixis 3. En Epídeixis 6 Ireneo prefiere hablar de «la norma de la fe» (písteos kanóna). Una noción muy querida de Ireneo: la norma de la verdadera fe, que representaba en su tiempo el sentir de la Iglesia, anterior al Credo y al dogma. Incluye los contenidos fundamentales de la fe cristiana, a partir de la Tradición apostólica en cuanto asimilada por la Iglesia. De I,9,4 se sigue que esta norma brota de la fe en la cual el cristiano ha sido bautizado.

93. Es obra del «Espíritu profético» anunciar, por medio de los profetas, la venida de Cristo, su obra, muerte y resurrección por nosotros, «para recapitular todas las cosas». Luego proseguir esta obra iluminando a los Apóstoles y la Iglesia (ver IV 33,1).

94. En taîs Ecclesíais proestóton: signo de que los ministerios apostólicos estaban afirmados en la Iglesia durante el siglo II. El mismo Ireneo, como obispo de Lyon era lo que en términos de hoy podríamos llamar Primado de las Galias.

95. La Economía se refiere al eterno plan salvífico del Padre; las parábolas muestran los instrumentos (pragmáteis) o los modos históricos como se hace efectiva. Esta distinción ayuda a entender, pocas líneas adelante, «por qué (el Verbo) apareció hacia el fin y no desde el principio»: desde el inicio existía la Economía de dios; el Verbo la llevó a cabo en el tiempo. El plan es eterno; su realización, histórica.

2. Variantes del sistema gnóstico

2.1. Valentín

11,1. Veamos ahora su inestable doctrina. Basta que ellos sean dos o tres para que digan cosas diversas acerca de los mismos temas, e incluso respondan cosas contradictorias acerca de los nombres y los hechos.

Valentín fue el primero en tomar los principios antiguos de la secta llamada Gnóstica para aplicarlos a las características de su propia doctrina. Valentín la definió de esta manera: [561] había una Díada innombrable, uno de suyos elementos se llamaba Inefable (Arretos) y el otro Silencio (Sygé). Esta Dualidad emitió una segunda Dualidad, a uno de cuyos elementos llama Padre, y al otro Verdad (Alétheia). Esta Cuaterna produjo como frutos el Verbo, la Vida, el Hombre y la Iglesia. Esta fue la primera Ogdóada (96). El Verbo y la Vida emitieron las diez Potestades (Dynámeis) como arriba expusimos. Del Hombre y la Iglesia nacieron otras doce, de una de las cuales apostató (del Pléroma) y caída en la decadencia creó las demás cosas. Pone luego dos Límites: uno entre el Abismo y el Pléroma, que separa a los Eones que nacieron del Padre ingénito; la otra pone la separación entre la Madre de ellos y el Pléroma.

El Cristo no habría sido emitido por los Eones del Pleroma; sino que la Madre, una vez que se halló fuera del Pléroma, lo engendró de acuerdo con las memorias que conservaba de las realidades superiores, y por eso lo dio a luz en una cierta sombra. Este, como nació masculino, se libró de la sombra y volvió al Pléroma. Entonces la Madre, abandonada en la sombra y privada de la substancia espiritual (pneumática), emitió otro hijo. Este es el Demiurgo, a quien (Valentín) llama el Soberano universal (Pantokrátor) de todos los seres que le están sometidos. Pero junto con él fue engendrado un Principio (Archonte) «de la izquierda» que, a decir de Valentín, [564] es semejante a los falsos gnósticos de los que hablaremos adelante (97). En cuanto a Jesús, unas veces enseña que fue engendrado por aquel que se separó de la Madre para unirse con el resto (de los Eones), es decir del Deseado (Theletòs); otras veces, que proviene de aquel que ascendió al Pléroma, es decir de Cristo; y otras, finalmente, que el Hombre y la Iglesia lo engendraron. Tambien enseña que la Verdad emitió al Espíritu Santo, a fin de juzgar y hacer fructificar a los Eones. El Espíritu se introduce en ellos de manera invisible, y por su obra los Eones producirían los frutos de la Verdad. Esto es lo que dice.

2.2. Segundo

11,2. Segundo, por su parte, transmite que la primera Ogdóada está formada por una Cuaterna «de la izquierda» y una Cuaterna «de la derecha», que son Luz y Tiniebla. Y añade que la Potencia apóstata (del Pléroma) se degradó, y no tuvo su origen de los treinta Eones, sino de sus frutos.

2.3. Algunos gnósticos anónimos

11,3. Otro ilustre maestro entre ellos, [565] a quien se le tiene por más profundo y conocedor, describe así la primera Cuaterna: Ante todo existió el Protoprincipio (Proarchè), anterior a toda inteligencia, inefable e innominable, a la que llamo Unicidad (Monóteta). Junto con la Unicidad existe una Potencia a la que también llamo Unidad (Henóteta). Estas Unicidad y Unidad, siendo una sola cosa, engendradon sin dar a luz al Principio de todas las cosas, inteligente, ingénito e invisible, Principio al que solemos llamar Mónada. Junto con esta Mónada existe una Potencia que le es consubstancial, a la que llamo el Uno (Hén). Dichas Potencias, es decir la Unicidad, la Unidad, la Mónada y el Uno, emitieron el resto de los Eones.

2.4. Refutación burlesca de los sistemas

11,4. ¡Terrible! ¡Terrible! Con razón podemos llamar una tragedia esa creación de nombres y ese atrevimiento que le llevó a ponerles tales nombres, sin sentir vergüenza. Cuando dice: «Ante todo existió el Protoprincipio (Proarchè) anterior a toda inteligencia, al que llamo Unicidad»; y: «Junto con la Unicidad [568] existe una Potencia a la que también llamo Unidad (Henóteta)», confiesa que todo cuanto dice es pura ficción suya, y que todos esos nombres son sólo fábulas que a ningún otro se le han ocurrido.¡Naturalmente si él no hubiese tenido esa osadía, la verdad aún no tendría nombre!

Pero entonces, según su argumento, nada impide que alguien venga y defina los nombres de otra manera como ésta: «Hay un Protoprincipio real, protodespojado de mente, protovacío de substancia, una Potencia protodotada de redondez, a la que llamo Calabaza. Junto con esta Calabaza hay otra Potencia a la que llamo Supervacío (98). Estos Calabaza y Supervacío, puesto que son una sola cosa, emitieron sin dar a luz un Fruto dulce y visible que todos pueden comer, al que el lenguaje común llama Pepino. Junto con el Pepino existe una Potencia que goza del mismo poder, a la que llamo Melón. Estas Potencias: la Calabaza, el Supervacío, el Pepino y el Melón, emitieron el resto de los pepinos fruto de los delirios de Valentín». Porque, si para la primera Cuaterna es preciso cambiar el lenguaje común para que cada uno les ponga los nombres que le parece, ¿quién nos puede prohibir usar estos nombres más creíbles y conocidos de todos?

2.5. Otros gnósticos anónimos

11,5. Otros dan estos nombres a la primera y primitiva Ogdóada: primero el Protoprincipio, luego el Ininteligible, en tercer lugar el Inefable, en cuarto el Invisible. Del Protoprincipio habría sido emitido, en primero y quinto lugar el Principio; del Ininteligible, en segundo y sexto lugar el Incomprensible (Akatáleptos); del Inefable, en tercer y séptimo lugar el Innombrable (Anonómastos); [569] del Invisible, en cuarto y octavo lugar, el Ingénito. De esta manera se completaría la primera Ogdóada. Dicen que estas Potencias existieron antes del Abismo y el Silencio, a fin de parecer más perfectos que los perfectos y más gnósticos que los gnósticos. De ellos se podría afirmar con razón: «¡Oh sofistas dignos de toda burla, más melones que seres humanos!» Incluso sostienen entre ellos varias teorías acerca del Abismo: unos dicen que no se casó; otros, que no ha sido ni masculino ni femenino; otros afirman que fue masculino y femenino, porque nació por concepción hermafrodita; otros, finalmente, le asignan al Silencio como esposa, para que así se realice la primera unión matrimonial.

2.6. Discípulos de Ptolomeo

12,1. Los más avanzados entre los discípulos de Ptolomeo enseñan que el Abismo tiene dos compañeras (sydzygous) a las que llaman Disposiciones (diathéseis): [572] Pensamiento (Énnoia) y Voluntad (Thélema). Porque primero concibió en la mente antes de emitir, dicen ellos, y después lo quiso. Por eso de estas Disposiciones y Poderes, o sea el Pensamiento y la Voluntad, como si ambas se unieran entre sí, brotó la emisión del Unigénito y de la Verdad. Estos dos habrían salido como tipo e imagen visibles de las dos Disposiciones invisibles del Padre: la Voluntad nació de la Mente, y del Pensamiento la Verdad. Por eso la Voluntad engendrada es imagen de lo masculino, y en cambio el Pensamiento, que no ha sido engendrado, es imagen de lo femenino, puesto que la Voluntad es como el poder de la Mente (99). Pues la Mente siempre pensaba en emitir, pero ella por sí misma no era capaz de emitir lo que pensaba. Mas cuando le sobrevino el poder de la Voluntad, entonces ya fue capaz de dar a luz lo que había concebido.

12,2. ¿No te parece, mi hermano, que éstos más que al Señor del universo tienen en mente al Zeus de Homero, que no podía dormir por la preocupación de no saber cómo honrar [573] a Aquiles y acabar con muchos griegos? Pues el Señor del universo al mismo tiempo que piensa realiza lo que piensa; y al mismo tiempo quiere y piensa lo que quiere: él piensa al mismo tiempo que quiere, y quiere al mismo tiempo que piensa; porque todo él es pensamiento y voluntad, todo mente, todo luz, todo ojo, todo oído y todo es fuente de todos los bienes.

12,3. De entre ellos, los que se tienen por más conocedores dicen que la primera Ogdóada no ha sido emitida por grados, un Eón por otro, sino