SAN LEÓN MAGNO

SELECCIÓN DE LAS HOMILÍAS CUARESMALES

INTRODUCCIÓN:

El Papa San León Magno (+461) ha quedado, en la historia de la espiritualidad, como aquel que ha dado las líneas fundamentales dentro de la espiritualidad litúrgica de Cuaresma. Desde aquella máxima que luego retomaron tantos autores: "Aunque esta observancia (cuaresmal) convendría observarla en todo tiempo... al menos tratemos de ejercitarla en estos días...', el Papa León marcó su importancia: se trata de la preparación para participar en el Misterio Pascual, y eso es tarea de toda la vida, que no puede reducirse a cuarenta días solamente.

Sus enseñanzas se van entretejiendo, de una manera casi connatural, con los textos bíblicos que ya en el siglo V constituían la base de la liturgia cuaresmal. Así su primer fundamento es el relato de las tentaciones de Cristo en el desierto, después de su bautismo, a donde es llevado por el Espíritu (Mateo c.4). La Cuaresma del cristiano es equivalente a esa cuarentena del Señor, donde su triunfo sobre el espíritu del Mal prefigura su victoria final, su victoria Pascual. En ese breve relato el cristiano debe centrar toda su atención en este tiempo.

Sin embargo las armas propias de esa preparación para la Pascua, en las que se renueva la pureza bautismal, son las que presenta el mismo evangelio de Mateo en sus c.5-7: El Sermón de la Montaña, y más concretamente: el ayuno, la oración y la limosna, entendida esta última en toda su riqueza evangélica, como don de sí a Dios y al prójimo. San León es un verdadero pregonero de 1a limosna así entendida, como centro de la observancia cuaresmal.

Pero hay un rasgo que caracteriza su predicación: todas esas obras, tanto interiores como exteriores, muchas veces pesadas y penosas, se deben vivir en un clima de gozo y alegría. Y éste es el indicio de una verdadera cuaresma. Si el cristiano no encuentra su gozo en esa lucha, privación y mortificación, es que no ha encontrado el espíritu propio de esas obras: las bienaventuranzas, señaladas en primer lugar en el Sermón de la Montaña (Mateo 5,1-10).

Podemos sintetizar diciendo que para san León la observancia cuaresmal se centra en abrazar libremente las obras de mortificación, que llevan a participar de los padecimientos de Cristo, descubriendo el carácter gozoso (la bienaventuranza) que encierran como prenda de la victoria Pascual, y como estímulo para prolongar esta ascesis en toda la vida del cristiano.

La Cuaresma: síntesis del combate cristiano.

"Muchas batallas hay en nuestro interior: la carne combate contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Si en esta lucha triunfa la concupiscencia de la carne, perderá vergonzosamente el espíritu su propia dignidad, y será para él una gran desgracia el servir, cuando debía mandar. Si, al contrario, se somete el alma a su Creador y se deleita en los dones celestiales, si pisotea los halagos del placer terreno y no consiente que en su cuerpo mortal reine el pecado, la razón tendrá el señorío según todo derecho, y ninguna ilusión del espíritu maligno echará por tierra sus fortificaciones, pues sólo tiene el hombre la paz y libertad verdaderas cuando la carne está regida por su juez, el espíritu, y éste gobernado por Dios, su Señor.

Aunque esta preparación, amadísimos, se tenga provechosamente en todo tiempo para superar con una continua vigilancia a enemigos tan despiertos, con todo, hay que procurarla con más cuidado y ejercerla con más celo ahora que nuestros sagacísimos adversarios nos acechan con más estudiada astucia. Porque sabedores ellos de que han llegado los sacratísimos días de Cuaresma, en cuya observancia se castigan todos los descuidos y se borran todas las negligencias del pasado, dirigen todo el poder de su malignidad a que los que han de celebrar la santa Pascua del Señor se encuentren con alguna impureza, para que, de donde deberían obtener el perdón, de allí mismo experimenten motivo de tropiezo".

"Entramos, amadísimos, en la cuaresma, es decir, en una fidelidad mayor al servicio del Señor. Viene a ser como si entrásemos en un combate de santidad. Por tanto, preparemos nuestras almas a la embestidas de las tentaciones, sabiendo que cuanto más celosos seamos de nuestra salvación, tanto más violentamente nos atacarán nuestros adversarios. Mas "el que habita en medio de nosotros" (cf IJn 4,4) es más fuerte que quien lucha contra nosotros. Nuestra fortaleza viene de El, en cuyo poder tenemos puesta nuestra confianza. Pues si el Señor permitió que le visitase el tentador, lo hizo para que tuviésemos nosotros, además de la fuerza de su socorro, la enseñanza de su ejemplo. Acabáis de oírlo: venció a su adversario con testimonios de la Escritura, no con el poder de su omnipotencia. Sin duda alguna, reportó su humanidad mayor gloria y fue mayor el castigo de su adversario al triunfar del enemigo de los hombres no como Dios, sino como mortal. Ha combatido para enseñarnos a combatir en pos de El. Ha vencido para que nosotros seamos también vencedores de la misma manera. Pues no hay, amadísimos, actos de virtud sin la experiencia de la tentaciones, ni fe sin prueba, ni combate sin enemigo, ni victoria sin batalla. La vida pasa en medio de emboscadas, en medio de sobresaltos. " (Sermón 1,2-3)

La Cuaresma y el celo por las obras.

"Aunque ante la proximidad de las fiestas pascuales, amadísimos, el retorno regular del tiempo prescrito debería ser suficiente para recordarnos el ayuno de cuaresma, sin embargo, hemos de añadir nuestra exhortación, pensando que, con la ayuda del Señor, no será inútil a los perezosos ni fastidiosa a los fervorosos. Estos días tienen por fin obtener un aumento en toda nuestra práctica religiosa. No hay nadie entre vosotros, estoy persuadido de ello, que no se regocye de ser estimulado a las obras buenas. Nuestra naturaleza, mientras seamos mortales, está sujeta a cambios aunque se eleve a los grados más altos del celo en la consecución de las virtudes; sin embargo, siempre puede tener una ocasión de caída, como una ocasión de progreso. Tal es la verdadera santidad de los perfectos, que jamás se atreven a creer que son perfectos... "(Sermón 2,1)

La victoria sobre el tentador.

"Por eso ha sonado oportunamente en nuestros oídos la lectura de la predicación apostólica: "He aquí el tiempo favorable; he aquí el día de salvación (2Cor 6,2). ¿Qué tiempo hay, en efecto, más favorable que éste, qué días más propicios para la salvación que estos en que se declara la guerra a los vicios o se aumenta el progreso en todas las virtudes ?. En todo tiempo, es cierto, ¡oh alma cristiana!, debías estar en guardia contra el adversario de tu salvación, para que el tentador no encuentre ninguna brecha abierta a sus insidias...¿A quién no se atreverá a tentar quien ni siguiera se abstuvo de hacerlo engañosamente a nuestro Señor Jesucristo?. Como nos lo ha manifestado el relato evangélico (Mt 4,1-I1), nuestro Señor Jesucristo, que era Dios verdadero, para mostrarse también verdadero hombre y excluir las impías opiniones de todo error, después de un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, sintió el hambre, propio de nuestra debilidad. El diablo se alegró de haber encontrado en El un individuo de una naturaleza pasible y mortal, y, queriendo explorar el poder que el tenía, le dice: "Si eres h~o de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan". Podía hacer esto el Omnipotente y era fácil a toda criatura de cualquier género que fuese, pasar por orden del Creador a la forma que el mandase tomar. Cuando El lo quiso cambió el agua en vino en el banquete de bodas (Jn 2,1-10). Pero convenía mejor a la economía de nuestra salvación que el Señor venciese la astucia del enemigo más orgulloso no por el poder de su divinidad, sino por el misterio de su humanidad". (Sermón 2, 2-3).

El ayuno: "bienaventurados los que tienen hambre..."

"Por el magisterio de nuestro Redentor, amadísimos, aprendemos que "no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios", y es conveniente al pueblo cristiano, en cualquier grado de abstinencia que se haya establecido , el desear más alimentarse con la Palabra de Dios, que del alimento material... así seremos verdaderamente de aquellos de los que la Verdad misma dio: "Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia, porque serán saciados "(Mt 5,6). Que las obras de piedad hagan nuestras delicias... pongamos nuestra alegría en aliviar a los pobres, que saciarán nuestras necesidades; gocemos en vestir a aquellos a quienes cubriremos la desnudez con los vestidos que necesitan; hagamos sentir nuestra humanidad a los que desfallecen en la enfermedad...La opulencia de la buena voluntad no deja de tener su mérito, incluso si tenemos pocos medios. Las limosnas de los ricos son más grandes, y menores las de la gente menos pudiente, pero el fruto de sus obras no difiere si los anima un mismo afecto. " (Sermón 2,4)

La caridad para con todos: "bienaventurados los pacíficos..."

En estos días, consagrados a los santos ayunos, practiquemos con mayor generosidad las obras de caridad, que por lo demás, han de ser en todo tiempo objeto de nuestro celo. "Seamos misericordiosos con todos, especialmente con los hermanos en la fe (Gal 6,10). Por eso, en la distribución de nuestras limosnas imitemos la bondad del Padre celestial, "que hace salir el sol sobre los buenos y sobre los malos, y caer la lluvia sobre justos e injustos (Mi 5,45) ....Quebrantemos, amadísimos, los motivos de discordia, las espinas de la enemistad. Cesen los odios, desaparezcan las contiendas, y todos los miembros de Cristo se encuentren en la unidad del amor: "Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9), y no sólo hermanos, sino herederos, "coherederos con Cristo (Rm 8,17), que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén". (Sermón 3,3)

Las obras de misericordia: "bienaventurados los misericordiosos..."

"¿Qué hay más conforme a la fe cristiana que perdonar las ofensas no sólo en la Iglesia, sino en todas las casas? Dejemos las amenazas, desatemos las cadenas, con las cuales será encadenado más perniciosamente guíen no las suelte. Cada uno, en efecto, decida hacia los otros y determine hacia sí mismo por su propia ley. Pero "bienaventurados los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos" (Mi 5, 7). El que es justo y bueno en sus juicios, permite que algunos estén sometidos al poder de otros para que sean guardados en una exacta medida, en una útil disciplina, en una dulce clemencia, y nadie ose rehusar a los otros por sus faltas el perdón que él desea recibir por las suyas". (Sermón 11,4)

La purificación de los vicios: "bienaventurados los puros..."

"En la cercanía de la solemnidad pascual, llega el ayuno queridos hermanos, que lo acostumbra preceder ...Pero ¿cómo participaremos de la muerte de Cristo, sino cesando de ser lo que fuimos? Y cuál será la semejanza en su resurrección sino el abandono de nuestra antigua vida?. De este modo, el que comprenda lo que es el misterio de su renovación debe despojarse de todos los vicios de la carne, y rechazar todas las manchas de los pecados... El conjunto de los fieles debe tender a la inocencia perfecta y a una completa pureza, a fin de participar de la suerte de la que está dicha : "Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mi 5,8). "(Sermón I2,l)