O R I G E N E S
HOMILÍAS SOBRE EL ÉXODO
INTRODUCCIÓN
La obediencia a la Palabra
Hay un párrafo de las Homilías origenistas que es sumamente indicativo de la forma de leer la Escritura que tenía Origenes, es decir, según él mismo declaraba, de cómo practicaba la ascesis verdadera: «Quien no combate en la lucha y no es moderado con respecto a todas las cosas, y no quiere ejercitarse en la Palabra de Dios y meditar día y noche en la Ley del Señor, aunque se le pueda llamar hombre, no puede, sin embargo, decirse de él que es un hombre virtuoso» (In Num. Hom. XXV, ). El vocablo latino exerceri traduce aquí, con sentido preciso, el griego askesis, en el que se equiparan dos elementos fundamentales y complementarios: el estudio de la Escritura y la práctica constante de la virtud. Así lo afirma en este pasaje del Contra Celsum: BI/ESTUDIO: «Para quien se dispone a leer (la Escritura), está claro que muchas cosas pueden tener un sentido más profundo de lo que parece a primera vista, y este sentido se manifiesta a aquellos que se aplican al examen de la Palabra en proporción al tiempo que se dedica a ella y en proporción a la entrega en su estudio (ascesis)» (VII, ). De un modo semejante a Origenes, Eusebio habla de «ascesis» con referencia a los discursos divinos y, «en lo que respecta a las enseñanzas divinas», y justamente refiriéndose a Origenes, dice que éste «practicaba la ascesis» con respecto a la Palabra (cf. Hist. Eccl. VI, III -). Con fondo y expresiones parecidas al pasaje de la Homilía sobre el libro de los Números, antes citada, Melodio de Olimpo veía la participación en la fiesta de los tabernáculos es decir, en la «alegría del Señor», como fruto de la fe y de la «ascesis y meditación de la Escritura» (El Banquete, IX, ).
Uno de los inconfundibles aspectos de esta ascesis global de la Palabra, que condiciona a los demás, es la obediencia a la Palabra en cuanto tal. Si ésta es la característica de toda la lectura origenista de la Escritura, en las Homilias lo es de una manera programática. Un comentario bíblico, por su naturaleza, puede ser utilizado para hacer un sermón con tesis, mientras que la homilía, explicación eclesial que obedece a una exposición continua y unitaria de la Palabra, renuncia, de antemano, a cualquier intento de elaboración «teológica» para exponer el puro proyecto divino que resulta de las páginas bíblicas. ¿Cuáles son las características de esta obediencia a la Palabra? Ante todo, hay un dato de Iglesia, al que Orígenes se somete, y que, más bien, es el suyo por excelencia: la lectura constante de la Palabra. La Iglesia anuncia pero no selecciona la Palabra, como si en ella hubiese puntos más o menos válidos. Precisamente porque es una semilla, la Palabra es asumida en su totalidad: «...así sucede también con esta Palabra de los libros divinos que se nos ha proclamado si encuentra un experto y diligente cultivador; aunque al primer contacto parezca menuda y breve, en cuanto comienza a ser cultivada y tratada con arte espiritual, crece como un árbol...» (In Ex. Hom. , ).
La Palabra es una trompeta de guerra, que excita a la lucha (cf. In Ex. Hom. lll, ) y por ello debe plantearse en toda su plenitud, para poder disfrutar de su pujanza victoriosa (cf. In Ex. Hom. IV, ). La lectura continua permite, además, seguir la línea de la historia de la salvación en la continuidad que, desde la Ley, conduce a las fuentes del Nuevo Testamento: «...encontramos el orden de la fe. El pueblo es conducido primero a la letra de la Ley; mientras permanece en su amargura, no puede alejarse de ella; pero cuando ha sido transformada en dulce por el árbol de la vida (cf. Pr. ,) y ha comenzado a ser espiritualmente comprendida, entonces del Antiguo Testamento se pasa al Nuevo, y se llega a las doce fuentes apostólicas» (In Ex. Hom. Vil, ).
Es hermoso descubrir esta frase: el orden de la fe. Una vez establecida la primacía ontológica de Cristo, y, por tanto, del cristianismo, es posible recorrer de nuevo en su pleno sentido los acontecimientos de la historia bíblica, penetrando en ellos. Si éste es un tema común a toda la exégesis origenista, en las Homilías sobre el Éxodo alcanza pasajes de extraordinaria inspiración, como en el célebre de la Homilía II, en el que la Ley se contempla como los pañales deslucidos y rústicos que envuelven a Moisés, niño bellísimo, de los cuales lo desata y libera la Iglesia, la hija del Faraón, venida de entre los gentiles. «Tengamos un Moisés grande y fuerte, no pensemos de él nada pequeño, nada mezquino, sino todo magnffico, egregio, hermoso... y oremos a nuestro Señor Jesucristo, para que Él nos revele y nos muestre cuán grande (cf. Ex. , ) y cuán sublime es Moisés» (, ).
Esta lectura fiel, que no pretende apartarse de la más mínima frase de la Escritura, permite captar una dimensión ulterior: en la primera alianza se contiene, como en un fecundo capullo de promesas, toda la maravillosa floración de la Nueva Alianza. Pensemos en Moisés, que recibe el consejo de su suegro Jetró, sacerdote de Madián, es decir, un gentil:
«Moisés, que era un hombre manso, más que todos los demás (Num , ), acepta el consejo de un inferior para proporcionar a los jefes de los pueblos un modelo de humildad y para indicar la imagen del misterio futuro. Sabía que había de llegar el tiempo en que los paganos daríaun un buen consejo a Moisés, ofreciendo una inteligencia buena y espiritual de la Ley de Dios; y sabía que la Ley los escucharía y que haría todo lo que ellos dijeran» (In Ex. Hom. Xl, ).
El Nuevo Testamento, exégesis del Antiguo
Nos apremia, ante todo, concretar la relación de Orígenes con San Pablo. En estas Homilías, Origenes se refiere a Pablo muchas veces; cuando se trata de profundizar en el misterio de los patriarcas, se expresa en estos términos: «Así pues, si alguno puede explicar estas cosas en sentido espiritual y seguir la interpretación del Apóstol. . . » (In Ex. Hom. , ); y en el comienzo de la Homilía V, al recordar la interpretación auténtica, sacramental, del Éxodo, dice: «Doctor de los pueblos en la fe y en la verdad (cf. I Tm , ), el apóstol Pablo ha transmitido a la Iglesia cómo deben ser usados los libros de la Ley, que fueron recibidos por otros y que eran desconocidos y muy extraños para ella. . . » (V, ), y concluye: «Por tanto, cultivemos las semillas de la inteligencia espiritual recibidas del santo apóstol Pablo, en la medida en que se digna iluminarnos el Señor gracias a vuestras oraciones» (V, ). Cuando se trata de acoger con humilde verdad las luces que vienen de los gentiles en orden a las cosas de Dios, todavía el Apóstol nos advierte: «La Escritura dice: Escuchó Moisés la voz de su suegro e hizo todo lo que le habia dicho (Ex. , ). «También nosotros, si alguna vez por casualidad encontramos algo sabiamente dicho por los paganos, no debemos despreciar las palabras junto con el nombre de su autor, ni conviene, por el hecho de poseer la Ley dada por Dios, hincharnos de soberbia y despreciar las palabras de los prudentes, sino como dice el Apóstol: Probándolo todo, retened lo bueno ( Ts , )» (In Ex. Hom. XI, ).
Al Apóstol es referida, también, la ley exegética fundamental, la conversión. Es éste el gran tema de la Homilia XII: Y cuando nos convertimos al Señor se arranca el velo: «Como dice el Apóstol, está puesto un velo en la lectura del Antiguo Testamento ( Co , ), y habla ahora Moisés con el rostro glorificado, pero nosotros no podemos contemplar la gloria que está en su rostro... Pero cuando uno se convierta al Señor, el velo será removido ( Co , )» (XII, ).
Es evidente que, al asumir el Apóstol la clave exegética, cuando uno se convierta al Señor el velo será removido, Origenes se refiere a Pablo, no tanto en cuanto a un maestro extraño, sino que va más allá: recurre a la lectura paulina de la Escritura como fuente de vida en sí misma. Es decir, Origenes reencuentro a Pablo en la comunión de los santos y acepta el magisterio sobre la Escritura como un dato revelado.
En lo que respecta a la Iglesia como intérprete de la Escritura en su ser comunión de los santos, ¡deberíamos citar gran parte de las Homilías sobre el Éxodo para recoger todo el pensamiento de Orígenes! Por lo menos, citaremos un fragmento que precisa perfectamente la fe contenida en la interpretación bíblica de la Iglesia: «No creo que puedan ser explicadas las divergencias y diferencias de estos inmensos acontecimientos, si no las explica el mismo Espíritu por quien fueron realizados, porque dice el apóstol Pablo: El Espiritu de los profetas está sometido a los profetas (I Co , ). Por tanto, no se dice que los dichos de los profetas estén sometidos—para explicarlos—a cualquiera, sino a los profetas. Pero puesto que el mismo santo Apóstol nos manda hacernos imitadores de esta gracia, es decir, del don profético, como si al menos, en parte, estuviese a nuestro alcance, cuando dice: Aspirad a los bienes mejores, pero sobre todo a la profecía) (cf. Co , I y , )... Por tanto, no nos entreguemos al silencio por desesperación, ya que eso ciertamente no edifica a la Iglesia de Dios» (IV, ).
Y todavía en la Homilía V, al comentar la lectura del Éxodo, hecha en (I Co , -): « Ya veis cuánto se distingue la lectura histórica de la interpretación de Pablo: lo que los judíos piensan que es el paso del mar, Pablo lo llama bautismo; lo que ellos consideran nube, Pablo lo presenta como el Espíriitu Santo... Aún más, el maná, que los judíos consideran como alimento del vientre y saciedad de la garganta, Pablo lo llama alimento espiritual (cf. Co , )... En cuanto a la roca que les seguía, dice abiertamente Pablo: la roca era Cristo (I Co , ). ¿Qué haremos, pues, nosotros que hemos recibido de Pablo, maestro de la Iglesia, tales reglas de interpretación? ¿Acaso no es justo que observemos en diversos casos esta regla que nos ha transmitido en un ejemplo similar?» (V, ).
Este interrogante de Origenes expresa bien la fe. Para él, Pablo está en una situación especial, así como los demás autores del Nuevo Testamento: la inspiración que les hace autores del Nuevo Testamento, les convierte en los verdaderos intérpretes del Antiguo. Es éste un dato hermenéutico fundamental, que Origenes entrega a la Iglesia: la interpretación que el Nuevo Testamento nos da del Antiguo proviene desde el interior, es decir, de la autoridad del Espíritu Santo.
Según tales interpretaciones, el espíritu de la carta es Cristo mismo (cf. Giovanni Scoto, In Joann, fr. , PL , B), porque «el don profético hacia el cual tiende el sentido de toda la profecía es Cristo» (cf. también Origenes, Selecta in Thren, PG , - C). Las Homilías sobre el Éxodo contienen un bellísimo símbolo, que tendrá un gran alcance en la tradición exegética posterior; en la Homilía VII, al comentar el pasaje: no podían beber agua de Mará, porque era amarga... y el Señor le mostró una vara; la introdujo en el agua y el agua se volvió dulce (Ex , , ), Origenes dice: «Yo creo que la Ley, si es interpretada literalmente, es muy amarga y es lo que representa Mará... Pero si Dios muestra la vara que ha introducido en esta amargura para que se vuelva dulce el agua de la Ley, entonces puede beber de ella... Si, pues, la vara de la sabiduría de Cristo fuese introducida en la Ley... entonces se volvería dulce el agua de Mará, la amargura de la letra de la Ley sería convertida en la dulzura de la inteligencia espiritual y entonces podría beber el pueblo de Dios» (VII, ).
Esta imagen será ampliamente recogida: «la amargura de la Ley, vencida por la amargura de la cruz» (Bruno di Segni, In Ex., PL , B); «El leño, sumergido en el agua amarga, la endulza» (Abelardo, Hymni, In resto Inv. Sanctae Crucis, Ad Laudes et Vesperas, PL , ); «Amarga es la letra de la Ley, sin el misterio de la cruz, y de ella dice el Apóstol: la letra mata ( Co , )» (Ps.Ambr., Sermo XIX, , PL , B); «Para los gentiles que llegan a la fe de Cristo, la amargura de la Ley se convierte en dulzura por la pasión y la resurrección de Cristo, ya que ellos la entienden espiritualmente, no carnalmente» (Berengaudio, In ap. , PL , D).
Atribuyendo a Pablo la Carta a los Hebreos, al menos en sus lineas espirituales (aunque sea el propio Origenes quien afirma que, en cuanto a la redacción, sólo Dios podría decir quién la ha escrito: cf. Eusebio de Cesarea, Hist. Eccl. VI, , -), en la Homilía IX Origenes, por una parte, ve todavía en las palabras de Hb , : más no es éste el momento de hablar de todo ello en detalle, la imposibilidad de acceder al misterio en su fondo: «por la grandeza de los misterios, todo el tiempo de la vida presente no sería suficiente para explicarlos» (In Ex. Hom. IX, ). Por otra parte, se ve que la rendija está abierta para todo aquel que quiera penetrar en el tabernáculo admirable hasta la casa de Dios (cf. Sal {, -):
«Por tanto, si alguno quiere comprender el sentido de Pablo, puede advertir el océano de inteligencia que nos ha abierto por estas pocas palabras el que ha interpretado el tabernáculo interior como la carne de Cristo, el Santo como el cielo o los cielos, el pontífice Cristo el Señor, y dice de él que ha entrado de una vez por todas en el Santo, habiendo obtenido una redención eterna (Hb )» (In Ex. Hom. IX, ). Por tanto, de hecho, es como si, al explicar al pueblo la infinita amplitud de este anhelo del tabernáculo admirable, Origenes les condujese a los propios oyentes, arrastrándoles en la magnifica perspectiva de una gran abertura de la Iglesia, revelándoles a ellos mismos el misterio del que forman parte.
La linea es unitaria: el conocimiento del tabernáculo es una cima de la subida espiritual; esto es un misterio en los salmos, en los profetas, en los escritos de los apóstoles, y en el Evangelio. «Es extraordinariamente difícil descubrir talas cosas», escribe Origenes en De Principiis (I V, , ); sin embargo, ese misterio, que la mente es incapaz de explorar, el cristiano está justamente llamado a vivirlo, y penetrará en el conocimiento del tabernáculo a medida que lo construya.
«La razón por la que debía hacerse el tabernáculo, se encuentra indicada un poco antes cuando dice el Señor a Moisés: Me harás un santuario y allí me mostraré a vosotros (Ex , ). Así, pues, Dios quiere que le hagamos un santuario. Y promete que, si le hacemos un santuario, podrá aparecerse a nosotros» (In Ex. Hom. IX, ).
Para concluir el punto, considerado más en general: Origenes, al ver y al anunciar el misterio de la Iglesia, el hermoso tabernáculo que muestra sus estructuras y conexiones en los apóstoles, profetas y doctores, en los que la virtud lleva la belleza de los colores y de los materiales preciosos, y que Cristo cubre con vestiduras que son Él mismo (cf. Rm , ), da, por un lado, las indicaciones de una exégesis que considera a los apóstoles como los primeros expositores de la Escritura, predicadores del Nuevo Testamento y reveladores del Antiguo (como dice Gregorio, In Ez ll; Hom lll, , PL , D) y, por otra parte, ve exactamente la función de la predicación eclesial, continuadora de la apostólica, como misterio de verdad y fermento de fe: «en la que verdadera es la fe e íntegro el anuncio de la Palabra de Dios» (Orígenes, In Num. Hom. IX, ).
¡Qué grandeza tiene este ministerio de la Palabra, así concebido! En él se perpetúa el milagro de Pentecostés: los discípulos quedaron llenos del Espíritu Santo, haciéndose ellos mismos semejantes a un libro escrito por dentro y adornado por fuera: «Por dentro, sus corazones fueron colmados del conocimiento de las Escrituras y por fuera se escuchaban varias lenguas» (Gerhohus, Libellus de ordine donorum, Opera inedita, Roma , , p. ). En las Homilías sobre Josué, Origenes explica la belleza de esta tarea que, desde los apóstoles a los doctores, consiste en remover la superficie de la letra» (In Jos Hom. XX, ); los cristianos, dice en De Principiis, «entienden el significado de la Escritura según el pensamiento de los apóstoles» (, Xl, ) y, en Contra Celsum, dice: «Nosotros, componentes de la Iglesia, no transgredimos la Ley, pero hemos rechazado los argumentos de los judíos y juntos tratamos de llegar a ser doctos y a instruirnos en la mística visión de la Ley y de los profetas» (, ).
Esta amorosa acogida a la exégesis apostólica, de Pablo y de todos los escritores del Nuevo Testamento, viene siempre actuada en el interior del mismo cuerpo, del que Cristo es cabeza, y la Iglesia. En esto, Origenes es un maestro. La Homilía Xlll sobre el Éxodo, que vuelve a tratar el tema del tabernáculo al considerar las ofrendas, se detendrá, ya en la esencia del don—Reservad de vuestros bienes una ofrenda para Yahveh (Ex , )—, ya en cada uno de los dones ofrecidos. Aquí, Orígenes convierte en oración su explicación. Primeramente considera la diferencia entre el Señor y el príncipe de este mundo: cada uno de nosotros, cuando está próximo al pecado, experimenta que apenas el "Maligno " llega a nuestra alma, trata de encontrar allí las malas acciones que son suyas y las reclama; el Señor, por el contrario, al visitar su tabernáculo, busca misericordiosamente aquello que es suyo, para defendernos y llamarnos suyos. El que nos lo ha dado todo, nos pide el oro de la fe en el corazón y la plata de la confesión en los labios (cf. In Ex. Hom. XIII, -; cf. Rm , -). De aquí, la súplica: «¡Señor Jesús, concédeme merecer tener algún memorial en tu tabernáculo!» (XIII, ). Y he aquí como se completa esta visión de la Iglesia: los cristianos son los materiales donados al Cuerpo, elementos pasivos de ofrenda y de holocausto, pero, asumidos por El, se transforman en parte activa y preciosa; pueden ser llamados la boca del Señor (Elinando, Sermo XXI V, PL , D), los ojos de la Iglesia, las mejillas, los pechos (cf. Gregorio, In Cant., PL, , A), el cuello, los dientes, en definitiva, pueden significar todas las partes que el Cantar contempla en la belleza del Esposo y de la Esposa.
En este sentido, Pablo, el exegeta admirable (egregius explanator; cf. Origenes, In Rom III, PC , A), cuanto más contempla, tanto más anuncia y explica y, sobre su modelo, cada uno en la Iglesia tanto más catequiza y predica, cuanto más es.
El pueblo de los santos que compone la Iglesia
Esto nos lleva a ver, una vez más, a través de las Homilías sobre el Éxodo, como Orígenes considera a los destinatarios de ellas, ese auditorio que tiene delante, mutable pero incesante en la perpetuidad de la Iglesia, pobre y, sin embargo, rico de la plenitud de los dones del Espíritu.
Del conjunto de las Homilías, de las protestas, de los reproches y de las exhortaciones de algunas, se deduce que el auditorio visible de Orígenes era el de siempre: en aquel entonces, una cristianidad joven, ciertamente, y en algunos aspectos ardiente, pero llena de desidia, de costumbres, de sugestiones mundanas, de miradas hacia atrás. Algunos son los cristianos «de los domingos» (cf. In Gen. Hom. X, ), los hambrientos de indulgencias, absorbidos por dedicaciones y negocios de otra clase (cf. In Gen. Hom. X, C, que regresan, sedientos, «del pozo de agua viva» (cf. In Gen. Hom. XI, ) aquellos que explícitamente fingen la conversión que la Escritura exige, con la aversión no negada a su ser (cf. In Ex. Hom. XII, ), aquellos que contradicen al don de la palabra con la locuacidad de su inquieto espíritu (cf. In Ex. Hom. XIII, )
Y, sin embargo, es precisamente, de este histórico auditorio, encarnado, del que Origenes no se desespera, sino que más bien lo honra con la riqueza y plenitud de su ministerio. Porque ese auditorio medio, mediocre y pecador, es, también, la Iglesia, es el pueblo de los santos en la posibilidad concreta de perfección, que le es dada por su elección de Cristo.
El Éxodo es, de por si, un texto privilegiado para introducirnos en la comprensión de la vida cristiana, que es por esencia el camino pascual, el itinerario de los tres días: «...Moisés decía al Faraón: Haremos un camino de tres días por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios al Señor Dios nuestro (Ex , ). El Faraón no permitía que los hijos de Israel llegasen al lugar de los signos, no les permitía avanzar hasta el punto de poder gozar de los misterios del tercer día... El Apóstol nos enseña con razón que en estas palabras se contienen los misterios del bautismo (cf. Co , )... Que los que han sido bautizados en Cristo, hayan sido bautizados en su muerte y con Él hayan sido sepultados (cf. Rm , -) y con Él, al tercer día, resuciten de entre los muertos... Por tanto, cuando hayas sido recibido en el misterio del tercer día, Dios comenzará a conducirte y Él mismo te mostrará el camino de la salvación» (In Ex. Hom. V, ; cf. lll, ).
Este camino nuevo y vivo (cf. Hb , ) es la señal de la era inaugurada por Cristo en su encarnación-pasión-resurrección: la perfección no es un nivel moral que hay que alcanzar, es participar de esta realidad ontológica del ser cristiano. Por ello, el bautismo, por sí mismo, desbarata al mal y es «perfección». Y, ¿si el camino es fatigoso y peligroso, y el paso inestable? La respuesta de Origenes es de aquellas que realmente han marcado el camino espiritual de la Iglesia: «Es mejor morir en el camino buscando una vida perfecta que no partir en búsqueda de la perfección» (In Ex. Hom. V, ).
Por otra parte, la muerte no es más que una interrupción aparente para quien ha entrado en Cristo: quien muere con Cristo por el bautismo, en verdad resucita con Él, y la muerte no tiene más dominio real sobre él, pero se transforma en fecundidad inagotable, que hace brotar vida; Orígenes, al comentar la muerte de José, dijo al pueblo de Dios: «Murió José... y los hijos de Israel crecieron y se multiplicaron (Ex , -)... Antes de que muriese nuestro José, aquel que fue vendido por treinta monedas por uno de sus hermanos, Judas (cf. Mt , ), eran muy pocos los hijos de Israel. Pero cuando por todos gustó la muerte... fue multiplicado el pueblo de los fieles» (In Ex. Hom. , ) Lo que es válido para el sentido místico, lo es también para la interpretación moral, referida al alma individual: la muerte al pecado de los «miembros» (cf. Co ,), fructifica en obras de vida: «Pues si son mortificados los sentidos de la carne, crecen los sentidos del espíriitu y cada día, muriendo en ti los vicios, se aumenta el número de las virtudes» (In Ex. Hom, ,).
Todaviá más: ya no hay ruptura de la relación con Dios cuando se está injertado en la mediación de Cristo; las caídas, las contradicciones, no tienen fuerza para apagar la voz del Espíritu, que grita más allá de nuestro silencio; esto está expuesto en un pasaje de la Homilía V, con expresiones de arrebatadora belleza: «Entre tanto, Moisés clama al Señor. ¿Cómo clama? No se oye la voz de su grito y, sin embargo, Dios le dice: ¿Por qué clamas a mi? (Ex ,). Querría yo saber cómo los santos claman a Dios sin usar la voz. El Apóstol enseña: Dios nos ha dado el Espiritu de su Hijo que grita en nuestros corazones: ¡Abba, Padre! (Ga ,), y añade: el mismo Espiritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rm ,)... El clamor silencioso de los santos se oye en el cielo por la intercesión del Espíriitu Santo» (V,).
Y también en el Comentario a Juan dice Orígenes: «En cuanto a la voz inteligible de los que oran, (incluso) en el caso de que no sea ni grande ni larga y ellos no aumenten el estrépito y los gritos, Dios escucha a los que oran de esa forma... (Moisés) clamaba estrepitosamente durante su oración, con una voz que sólo podrá ser oída por Dios» (VI, ).
La catequesis, las exhortaciones y las explicaciones que Origenes transmite en las Homilías, en especial en las que estamos considerando, revelan y descubren, tanto a quien es consciente como a quien se haya olvidado, el poder de la vocación cristiana: el misterio del pueblo nuevo, el puebio de los santos, se ve en su conexión con todo el proyecto salvffico, en relación al primer Israel y a la liberación de Cristo. Es, especialmente, la Homilía VI la que considera este movimiento salvífico, al comentar un párrafo del cántico de la liberación: Los hizo enmudecer como una piedra, hasta que pasó tu pueblo, oh Yahveh, hasta pasar el pueblo que compraste (Ex ,).
El endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la totalidad de los gentiles (cf. Rm ,): el Dios Creador no es el endurecedor, como sostiene la herejía marcionita y como repiten las herejías de todos los tiempos, rompiendo el misterio y escogiendo las palabras de la Escritura, según el juicio del momento. Ellos «oyen la palabra: destruiré, pero no oyen la otra: resucitaré; oyen la palabra: golpearé y rehusan citar: sanaré. Se sirven de tales cosas para calumniar al Creador» (cf. Orígenes, In Luc. Hom. XVI,).
Por tanto, Cristo no es el libertador bueno, que nos ha comprado a un Creador impasible para salvarnos del despotismo de un cielo gnóstico, lleno de seres petrificados, sino que es el Redentor que nos rescata del demonio para conducirnos a la misericordiosa paternidad de Dios: «Así parece que recibe como suyos a los que había creado, y que adquiere como si fuesen extranjeros a los que, al pecar, se habían buscado un dueño extraño» (In Ex.Hom. Vl, ).
En un relato similar, en el Comentario a Juan, Origenes dice que Cristo unió a sí al hombre; «pero el que ligó a si al hombre, ligó también a sí al (hombre) muerto: Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos» (In Joann. Comm. Vl, : cf. Rm. ,).
Queda por considerar todavía alguno de los dones de los que Origenes ve revestido al pueblo del Éxodo, que es aquel mismo pueblo al cual se dirige su anuncio, su homilética: estos dones se expresan fundamentalmente en la libertad y en la cruz. Ante todo, el cristiano es un hombre libre, porque está liberado, y Orígenes habla de su vinculación a la obediencia a Dios, en la Homilía VIII, con luminosas expresiones sobre el comienzo del Decálogo: los mandamientos son los preceptos de la libertad y son en nosotros como la señal del amor de Dios, que nos ha transferido de la esclavitud de las tinieblas al servicio de su reino. Lejos de ver en la obediencia a la Ley una cadena, es preciso que reconozcamos con gratitud en ella una llamada al amor: «Si antes no has cumplido muchos trabajos, si no has superado muchas pruebas y tentaciones, no merecerás recibir los preceptos de la libertad y escuchar del Señor: Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud (Ex ,)» (In Ex. Hom. Vlll, ).
Con ello, Orígenes no hace otra cosa que explicar el contenido directo de la Escritura; pensemos en lo que afirma el Deuteronomio en tal sentido: Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: ¿qué son estos estatutos, estos preceptos y estas normas que Yahveh nuestro Dios os ha prescrito?, dirás a tu hijo: Éramos exclavos de Faraón en Egipto y Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte (Dt , -); la primera Carta de Juan: En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos (I Jn ,); la Carta de Santiago en la que habla de la ley perfecta de la libertad (St ,). En esta libertad consiste la perfección ontológica del cristiano, llamado a la compresión de la cruz. A este propósito señalemos un texto ambiguo de las Homilías sobre el Éxodo, en la Homilía Xll, en la que Origenes parece ver un paso, un crecimiento entre el conocimiento de Cristo como crucificado (cf. I Co ,) y el conocimiento de Cristo como Sabiduría (cf. I Co ,-): «A los que él había considerado incapaces dice: No he intentado entre vosotros saber otra cosa, sino a Jesucristo y éste crucificado» (I Cor ,)... Otros, a los que decía: Hablamos entre los perfectos de la Sabiduria,...de la Sabiduría de Dios escondida en el misterio (I Co ,-), éstos no tenían necesidad de recibir la Palabra de Dios en cuanto hecha carne (Jn ,), sino en cuanto Sabiduría escondida en el misterio» (cf. I Co ,) (X,).
Es preciso prestar atención porque, si aquí el concepto de perfección parece deslizarse hacia la acepción de una gnosis más elevada y esotérica, sin embargo, esto no es el fondo continuo ni último del pensamiento de Origenes. Además, una formulación «intelectual» de la perfección, como ésta, no afecta a la ortodoxia de la fe origenista en la cruz salvffica de Cristo. Veamos el Contra Celsum, en donde Origenes se expresa con precisión: «La muerte (de Cristo) por la humanidad, ha traído la salvación al mundo entero... (Celso), no ha intuido qué profunda sabiduría reveló Pablo al respecto» (,). Es cierto que el pasaje de la Homilía Xll sobre el Éxodo refleja el trabajo del pensamiento origenista con respecto al misterio del Logos y de la participación al Logos; cuando Origenes, en el Comentario a Juan, escribe: «Algunos se adornan del Logos en sí mismo; otros, en cambio, de un (Logos) que está cercano (al Logos) y que parece el mismo primer Logos: son aquellos que no reconocen sino a Jesucristo y éste crucificado (I Co ,) y solamente ven el Logos (hecho) carne>> (II,); es evidente que él lee el texto paulino con un sentido paralelo al de conocer a Cristo según la carne (cf. Co ,).
Nos parece que algunos de los textos del Comentario al Cantar de los Cantares dan la más clara formulación del pensamiento origenista a este respecto: la encarnación del Verbo ha redimido a la humanidad pecadora y, al mismo tiempo, ha hecho posible que el hombre se acerque a Dios mediante el Logos hecho carne. En tal sentido, el conocimiento «según la carne» es propedéutico y, a medida que el cristiano progresa, puede acercarse siempre más a la divinidad del Logos; pero esto no establece una jerarquLa de cristianos, sino un crecimiento y purificación de los sucesivos estados del alma de cada uno de ellos. A continuación, reproducimos un bellísimo fragmento:
«Perfume derramado es tu nombre, por eso las doncellas te amaron y te atrajeron en pos de sí. Correremos al olor de tus perfumes (Ct//-)... Por causa de estas almas doncellas y en pleno crecimiento y progreso de la vida, se anonadó (cf. Flp ,) aquel que tenía la condición de Dios, a fin de que su nombre se convirtiera en perfume derramado, de modo que el Verbo no siguiera habitando únicamente en una luz inaccesible, ni permaneciera en su condición divina (cf. I Tm ,; Flp , ) sino que se hiciera carne (cf. Jn ,) para que estas almas doncellas y en pleno crecimiento y progreso no sólo pudieran amarlo, sino también atraerlo hacia sí. Efectivamente, cada alma atrae y toma para sí al Verbo de Dios, según el grado de su capacidad y de su fe. Ahora bien, cuando las almas hayan atraído a sí al Verbo de Dios y lo hayan introducido en sus sentidos y en sus inteligencias y hayan sentido la suavidad de su encanto y de su olor; cuando hayan percibido la fragancia de sus perfumes, a saber: cuando hayan conocido la razón de su venida, las causas de la redención y de la pasión y el amor que movió al inmortal a llegar hasta la muerte de cruz por salvar a todos (Flp ,) estimuladas por todo esto como por el olor de un perfume inefable y divino, las doncellas, esto es, las almas llenas de fuerza y de vivo entusiasmo, corren en pos de Él y al olor de su fragancia» (In Cant. Comm. , -; cf. también Prefacio; conclusiones de , - y , -).
De esta forma la Iglesia, el pueblo del Éxodo, permanece como pueblo de la ciencia de la cruz, el pueblo que se ofrece en el tabernáculo como lienzo de lino doblado, consumido en la abstinencia, en las vigilias, en la fatiga de las meditaciones (cf. In. Ex. Hom. X,), que entona el cántico de la libertad con el timbal entre las manos, esto es, con la insignia de la cruz: «Dirás estas palabras mejor y más dignamente si tienes un pandero en tu mano, esto es, si crucificas tu carne con sus vicios y concupiscencias (cf. Ga ,) y si mortificas tus miembros terrenos (cf. Col. ,)» (In Ex. Hom. Vl,l).
Esta condición de la Iglesia está entre las dos glorificaciones de Cristo: la gloria de la cruz y la magnifica gloria del último retorno: «Padre, llega la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique (Jn ,). Por tanto para El, la pasión de la cruz era también una gloria;... cuando resplandezca... y después de la primera llegada en humildad, nos muestre su segunda llegada en gloria, entonces no sólo se cubrirá de gloria el Señor, sino que se cubrirá gloriosamente de gloria (cf. Ex ,)» (In Ex. Hom. Vl,l).
La concepción del Verbo
La lucha espiritual es toda ella reconducible a un nacimiento, al misterio de la encarnación del Verbo en el alma: hoy, cada día (cf. Contra Celsum, IV, : el «continuo advenimiento del Verbo»); es preciso que, en cada alma, Cristo sea incesantemente concebido y formado, porque otras tantas veces se renovará la gran alegría que los ángeles anunciaron un día.
Cuando Orígenes dice que expone la Palabra de Dios para la edificación del que escucha (cf. In Ex. Hom. ,: «edificación de los oyentes»), se atribuye una función magisterial, que, al mismo tiempo, es mayéutica: no quiere acariciar el oído de los santos con alocuciones pías, sino ayudarlos en la generación del Verbo, con una operación que, ante Dios y ante los hombres, hace preciosos los nombres de las dos comadronas que salvaron de la muerte a los pequeños hebreos (cf. In Ex. Hom. ,). «Estas dos comadronas pueden ser figura de ambos Testamentos, y Séfora, que se traduce por ''gorrión'', puede corresponder a la Ley que es espiritual (cf. Rm ,), mientras que Pua, "que se ruboriza" o es "vergonzosa", puede designar los Evangelios, que se "ruborizan" por la sangre de Cristo y resplandecen en el mundo entero por la sangre de su pasión».
Después, la obra de la Iglesia se identifica con este «hacer vivir al (niño) varón», que está en nosotros, en el cuidar y fortalecer a este «hombre interior» (cf. In Ex. Hom. ,) y después en conducir al alma a descubrir su pequeñez y, al mismo tiempo, la grandeza del Verbo que está llamada a dar a luz. Moisés, que es un gran conocedor de la ciencia de los egipcios, es mudo en lo que respecta a la Sabiduría divina, y «se proclamó mudo cuando comenzó a conocer esta verdadera Palabra que estaba en el principio junto a Dios (cf. Jn ,)» (In Ex. Hom. lll,l).
El Verbo viene a nosotros del cielo, es el maná que nunca acaba de nuestro domingo eterno (cf. In Ex. Hom VIl, ), y en nuestra boca entra el alimento salido de la boca del mismo Dios; y toda nuestra vida es este sexto día: «En este día, por tanto, debemos guardar como reserva tanto que baste también para el día futuro» (In Ex. Hom. VII, ). El Verbo se ha hecho carne por nosotros en la tarde del mundo y «esta carne del Verbo de Dios no es comida ni por la mañana, ni al mediodía, sino por la tarde» (In Ex. Hom. VII, ), y sin embargo, ¡nosotros nos encontramos saciados de pan por la mañana! «Porque Él ha encendido para el mundo la nueva luz del conocimiento, porque, de alguna manera, por la mañana Él ha creado su propio día, como Sol de justicia (cf. M,) ha producido su propia mañana, y, en esta mañana, se saciarán de pan los que cumplen sus mandamientos» (ibid ).
En la medida en que este Pan sacia, capacita a los creyentes su asimilación y su conformación con Él, les hace posible concebirlo y engendrarlo: «No sólo en María, a la sombra de El, se ha iniciado su nacimiento, sino también en ti, si eres digno, nace el Verbo de Dios» (In Cant. Hom. ,ó). Dios habló una vez y su Palabra permanece constante y no cesa de alcanzarnos y de hacerse «generar» por cuantos la acogen: Si hubiese algunos más capaces de acoger al Verbo de Dios... en ellos exulta y salta el Verbo de Dios de la manera más digna, que ha venido a ser en ellos, por la abundancia de doctrina, fuente de agua viva, que salta hasta la vida eterna» (In Cant. ,).
Un gran origenista del Medievo, se expresará inequívocamente de esta manera: «Tamar se defendió: Del hombre a quien esto pertenece estoy encinta, ...Examina, por favor, de quién es este sello, este cordón y este bastón (Gn ,) ...Escucha a mi alma que dice: Del hombre a quien esto pertenece estoy encinta. En realidad reflexiono sobre cualquier cosa que me haya sucedido sensiblemente, para poder así decir sin vacilación que esta dádiva o don viene de lo alto, y desciende del Padre de las luces». (cf. St ,) (Ruperto di Deutz, Super quaedam capitula Regulae S. Benedicti, . PL , B). Una Homilía completa, la X, comenta el pasaje de /Ex//, que trata de la pena que se debe infligir a quien haya golpeado a una mujer encinta.
«La mujer encinta es el alma que acaba de concebir la Palabra de Dios....Así, cuando los hombres discuten y en su discusión ofrecen motivo de escándalo—lo que suele ocurrir en las discusiones de palabras—este alma, que ahora es llamada "mujer" a causa de su debilidad, es golpeada y escandalizada, de modo que pierde y rechaza la palabra de la fe, que ella había débilmente concebido» X, . La Palabra es verdaderamente alimentadas calentada en el seno, y las disputas la matan, porque la expulsan del alma. Que no nos sorprenda, comenta Orígenes, que la Palabra se diga que está ya formada en algunos y no lo está todavía en otros: «Escucha al Apóstol, cuando dice: Hasta que Cristo esté formado en vosotros (/Ga//); Cristo es la Palabra de Dios. Con ello muestra que, en el momento en que escribía, todavía no estaba formada en ellos la Palabra de Dios» (X,).
Esta Homilía X está considerada como un ejemplo de sutileza, y no es del mejor Origenes; nos parece, sin embargo, que contiene algunas indicaciones de gran delicadeza espiritual: La Iglesia es el lugar donde las almas deben encontrar pacificación y luz al acoger la Palabra y al llevarla en el corazón para dar a luz el fruto vivo. Se plantean las disputas, las disquisiciones que hieren el alma y hacen abortar de ella el fruto divino del Verbo: Pero si ya estuviese formado el niño, entonces pagará vida por vida (Ex ,). El niño formado puede ser la Palabra de Dios en el corazón del alma que ha alcanzado la gracia del bautismo, o que concibe, con más evidencia y más claramente la palabra de la fe. Si esta alma, golpeada por una excesiva discusión de los doctores, arrojase la palabra, y se encontrase entre aquellas de las que decía el Apóstol: Ya algunas se han vuelto atrás, detrás de Satanás (I Tm ,), entonces pagará vida por vida (cf. Ex ,)» (X, ).
La fórmula más hermosa, con la que Orígenes explica la concepción del Verbo en el alma, se encuentra en la Homilia XIII sobre el Éxodo: Concebir en el corazón la Escritura. «No podrás ofrecer a Dios algo de tu pensamiento, o de tu palabra, a no ser que antes hayas concebido en tu corazón la Escritura; a no ser que hayas estado atento y hayas escuchado con diligencia, no puede tu oro ser probado, ni tampoco tu plata; se exige que sean probados...Por tanto, si has concebido en tu corazón la Escritura, tu oro, es decir, tu pensamiento, será probado, y tu plata, que es tu palabra, será probada» (XIII, ). El alma cristiana vive el misterio de María en quien es única la concepción: del Logos que se hace carne, y de las palabras que ella guardaba en su corazón, porque el Verbo es único: «Dios reunió en el útero de la Virgen toda la universalidad de la Escritura, todo su Verbo» (Ruperto di Dentó, In Is. , PL , B).
Verbo abreviado en el niño de Belén, Verbo abreviado en la Escritura diseminada a lo largo de los siglos, que se recoge en Él: la encarnación del Verbo es la apertura del libro, cuya multiplicidad exterior permite divisar ya la única médula de la cual se nutren los fieles. La Palabra se ha vuelto comestible y la Escritura se une en las manos de Jesús, como el pan eucarístico. Este tema, recogido por la exégesis medieval, está muy presente en las Homilías que estamos considerando: «Nadie puede oír la Palabra de Dios, si no es antes santificado...En efecto, poco después ha de entrar a la cena nupcial, ha de comer la carne del Cordero, ha de beber la copa de la salvación» (In Ex. Hom. Xl,).
«Cuando recibís el Cuerpo del Señor, lo conserváis con toda cautela y veneración, para que no caiga la mínima parte de él, para que no se pierda nada del Don consagrado... Pues, si tenemos tanta cautela para conservar su Cuerpo, y la tenemos con razón, ¿por qué creéis que despreciar la Palabra de Dios es menor sacrilegio que despreciar su Cuerpo? (In Ex. Hom. X,). Pan de vida, vid verdadera: Cristo y, en Él, por divina condescendencia, los suyos: «El Logos nos separa de las cosas humanas, nos llena de divino entusiasmo y de una embriaguez, no irracional, sino divina... es, con todo derecho, la vid verdadera; y es verdadera precisamente porque sus racimos contienen la verdad y sus sarmientos contienen a sus discípulos quienes, a imitación de ella, dan origen a su vez a la verdad» (Oríg., In Joann. Comm. ,).
Actualidad de las Homilías sobre el Éxodo
Los contemporáneos de Origenes que supieron aceptar su genio sin envidias ni prevenciones, captaron todo el valor de las Homilías como enseñanza viva y ayuda concreta para la vida cristiana. Cuando, en el año , una insurrección consiguió que Alejandría se alzase contra Caracalla, Orígenes «marchó a Palestina y permaneció en Cesarea. Allí, los obispos del país le pidieron que diese conferencias y explicase las Escrituras divinas a la asamblea de la Iglesia, aunque todavía no había recibido la ordenación sacerdotal» (Eusebio, Hist. Eccl. VI,XIX, ). Cuando Demetrio de Alejandría protestó contra todo esto, los obispos de Cesarea le contestaron: «Allí donde haya hombres capaces de prestar servicio a los hermanos, ellos serán invitados por los santos obispos a dirigirse al pueblo» (ibíd, XIX, ). Eusebio continúa informándonos: «En aquellos tiempos brillaba Firmiliano, obispo de Cesarea de Capadocia, y tenía tal afecto por Origenes que le llamó a su país para utilidad de la Iglesia; después, marchó junto a el a Judea y pasó algún tiempo con él para perfeccionarse en las cosas divinas. Además, el pastor de la Iglesia de Jerusalén, Alejandro, y Teoctisto de Cesarea se juntaron a él como al maestro único, y le permitieron ocuparse de todo lo concerniente a la interpretación de las divinas Escrituras y del resto de las enseñanzas eclesiásticas» (Hist. Eccl. VI, XX VB). Hacia el final de las páginas dedicadas a Orígenes, Eusebio recuerda todavía que el maestro, probado por la persecución y por las torturas, próximo ya a su muerte «dejó palabras llenas de utilidad para quienes tuviesen necesidad de ser reconfortados» (Hist. Eccl. XXXIX, ). Estas palabras de Eusebio exponen una constante: la posibilidad y la gracia concedida a Orígenes de servir a los hermanos, de ser útil a la Iglesia, de confortar; su pasión por la Palabra de Dios le llevó a un deseo ardiente de que las Escrituras fuesen comunicadas a las almas, introduciéndolas en comunión sacramental con la presencia de Dios en el mundo. Todo cuanto él reconoce de don en sí, gratuitamente recibido del Dador de los dones, todo ello lo desea dar: si hay uno que está más adelantado, lo es sólo para combatir en función de los miembros más débiles del cuerpo místico; si uno es más sabio, es decir, si ha estado más iluminado por la sabiduría de Cristo, lo es sólo para transmitir esta luz al hermano menos adelantado.
Origenes tiene una alta conciencia de los deberes que le imponen sus funciones: «Considero necesario que el que está dispuesto a hacerlo con sinceridad de intenciones se alce en defensa de la doctrina de la Iglesia, para confundir a esos manipuladores de lo que falsamente es llamado gnosis, para contraponer a las fantasías de los herejes la sublimidad de la predicación evangélica» (In Joann. Comm. V,).
A los fieles de Cesarea—que son los que consideramos teniendo presentes las Homilías sobre el Éxodo—Origenes les abrió la riqueza de su inteligencia, la plenitud de su fe, su venerada aceptación de la tradición: «se debe considerar verdad solamente aquella que en ningún punto se aparte de la tradición eclesiástica y apostólica» (De Principiis, Introducción, ), su amor ardiente para que las almas se salven. Este amor es una fuerza tal que le arrastra casi a lo íntimo del corazón de los oyentes, y es también la fuerza que se dirige hacia nosotros, los lectores que nos beneficiamos de aquellas lejanas palabras: «Os suplico. . . que no os volváis atrás. Que ninguno de vosotros ceda al temor o al miedo. Seguid a Jesús, que camina delante de vosotros. Él os atrae hacia la salvación, os congrega en la Iglesia que hoy es ciertamente terrenal; mas, si lleváis frutos dignos, os reunirá en la Iglesia de los primogénitos inscritos en los cielos (Hb ,)» (Orig. In Lc. Hom. V, ).
¡Qué ansia apostólica! ¡Qué deseo salvffico en las predicaciones origenistas! «Suplicamos a la misericordia de Dios...hacer recaer sobre nuestras almas el diluvio de su agua y cancelar en nosotros lo que Él sabe que debe ser cancelado, y vivificar lo que considere que debe ser vivificado» (In Gen. Hom. ,).
Origenes sigue a sus hermanos hasta el lugar de la oración: «cuando se reza bien, cualquier lugar es adecuado...Para que se pueda hacer la propia oración con más tranquilidad y sin distracciones, cada uno puede escoger un sitio especial y predispuesto en su habitación privada, si es, por así decirlo, un lugar más santo, y allí rezar» (De orat. XXXI, ). Y les dice también a sus hermanos que busquen la oración en Jesús, el Lugar por excelencia. Notemos con qué maravillosa ternura se expresa: «Mi Jesús no puede encontrarse en la multitud. Aprende dónde le encuentran los que le buscan..., le encontraron en el templo (/Lc//)... Búscalo en la Iglesia, búscalo cerca de los maestros que están en el templo y no salen... Y, además, si alguno se dice maestro y no posee a Jesús, de maestro sólo tiene el nombre... También ahora Jesús está presente, nos interroga y nos escucha» (In Lc. Hom. XVIII, -).
¿Cómo no volver a escuchar en estas palabras el eco apasionado de la afirmación de Ignacio de Antioquía?: «Haceos sordos cuando alguien os habla, a no ser de Jesucristo» (Ignacio, Trall. ,); «Pero si ninguno os habla de Jesucristo, éstos son para mi lápidas y sepulcros de muertos sobre los que sólo hay escritos nombres de hombres» (Ignacio, Philad. ,).
Origenes sabe que los maestros, los didaskali, son elegidos por Dios e investidos de un carisma; que no hay allí orgullo, ni privilegio; lo esencial es que todos conozcamos a Dios, que todos alcancemos su luz: «no todos los que ven están iluminados por Cristo de igual manera, sino que cada uno lo está en la medida en que es capaz de recibir la fuerza de la luz” (In Gen. Hom. I, ); pero hay una dimensión que nos lleva a la luz más plena, que es la cruz: «Si nos quedamos siempre con Él, en todas sus tribulaciones, entonces, en secreto, El nos explica y nos clarifica las cosas que dijo a las multitudes y nos ilumina mucho más claramente» (ibíd.).
Cada vez más, las Homilías de Origenes son el indicador de una progresiva simplificación del Espíritu: al vivir junto a las almas y viviendo por las almas, él deja caer aquello que inicialmente pudiera suponer un arrebato intelectual de su genio filosófico, aunque sea agudo e importante; cada vez más, reza y nos enseña a rezar. Si bien es cierto que pocos como él conocen las heridas de la Iglesia y las laceraciones de sus pecados, y es cierto que pocos como él han sabido profundizar en las debilidades de la Esposa, también es cierto que él conoce hasta el fondo las admirables ascensiones operadas en el corazón de los fieles, por intervención del Esposo: y esto es lo que él solicita, yendo derecho, como sacerdote que intercede al corazón de Dios.
A este propósito, recordamos las palabras de viva actualidad en el momento en que Orígenes las pronunció, pero, ¿quién se atrevería a no sentirlas nuestras, de hoy? Cuando el Maestro iniciaba sus Homilías sobre los Jueces, se temía una reanudación de la persecución de Maximino (estamos en el d.C.); de esta forma, la exposición del libro de los Jueces, con el relato de las luchas de Israel, asume una realidad palpitante para quien lo escucha.
«Suplicamos al Señor—dice Origenes a sus hermanos—, confesándole nuestra debilidad, que no nos entregue en manos de Madián, que no entregue a las fieras las almas de quienes lo confiesan, que no nos entregue en manos de los poderosos, que dicen: ¿Cuándo llegará el momento en que nos sea dado poder sobre los cristianos, cuándo nos serán entregados los que dicen que poseen y conocen a Dios? Pero, si somos entregados y se adueñan de nosotros, pedimos recibir de Dios la tuerza necesaria para poder soportarlo, para que nuestra fe sea más luminosa en las angustias y en las tribulaciones y, mediante nuestra paciencia, pueda ser vencida su arrogancia y, como dijo el Señor, salvamos nuestras almas con nuestra paciencia (cf. /Lc//), porque la tribulación engendra paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza (Rm//-)» (Origenes, In Judit. Hom. V, ).
Este hombre que anuncia el éxodo como la realidad permanente del primer y segundo Israel, la Iglesia, no es un desencarnado, no es un asocial; bastaría tener entre manos ciertos bellísimos textos del Contra Celsum, en los que se analiza con admirable lucidez las relaciones entre el Estado y la Iglesia, y donde se reconoce al Estado, incluso siendo perseguidor, una ordenación divina. Él sabe que, en la medida en que el cristiano diga sí al Estado, queda anclado al cielo y, en la medida en que tenga que decir no, no rehúsa el orden social, porque todo ello viene de las manos del Padre: «Los cristianos hacen más bien a su patria que el resto de la humanidad al educar a los ciudadanos, al enseñarles la piedad hacia Dios que custodia a la ciudad, al elevar a una ciudad divina y celestial a quienes han vivido bien en las ciudades más pequeñas. A éstos, se les podría decir: Tú has sido fiel en una ciudad pequeñísima; pues bien, ¡entra ahora en la grande! (Contra Celsum, Vlll, ).
La actualidad de las Homilías sobre el Éxodo estriba en su ayuda para volver a descubrir nuestro camino cristiano como itinerario, status viae, como se decía en el Medievo, al repetirnos que «es mucho mejor morir en este camino, si fuera necesario, que, por permanecer entre los egipcios, ser entregado a la muerte y ser engullido por saladas y amargas olas» (In Ex. Hom. V, ); al volver al misterio de nuestro sacerdocio bautismal: «el santuario que todos hacemos es quizá la Iglesia» (In Ex. Hom. IX, ); al repetirnos incesantemente que el hombre está llamado a hacerse a Dios y que sus actos tienen un sentido en la medida en que se pliegan a celebrar el misterio de esta divinización: «en el alma puede ejercer el pontificado la parte más preciosa de todas, que algunos llaman la parte principal del corazón, otros el sentido espiritual o la sustancia intelectual, o de cualquier otro modo que se pueda nombrar entre nosotros esta parte que nos hace capaces de Dios» (In Ex. Hom. IX, ).
El éxodo es el retorno al Padre, sobre la base de esta esperanza: ¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois?...Y no puede fallar la Escritura (Jn ,-; cf. Sal [],).
HOMILÍA II
Las comadronas y el nacimiento de Moisés.
Muchas maquinaciones levanta contra el pueblo de Dios este Rey que no ha conocido a José y busca continuamente nuevas artimañas para hacerle daño. Pero ahora su astucia sobrepasa toda medida, puesto que pretende acabar con la raza recurriendo a las comadronas, cuyo oficio suele ser conservar la vida. ¿Qué es lo que dice? Y dijo el rey de Egipto a las comadronas de los hebreos, una de las cuales se llamaba Séfora y la otra Pua: cuando asistáis a las hebreas, en el momento del parto, si se trata de un varón matadlo, si es mujer dejadla con vida. Pero enseguida se añade: las comadronas temieron a Dios y no hicieron como les había mandado el rey de Egipto, y dejaban vivos a los varones.
Si este texto ha de ser tomado como una narracción histórica, parece que no puede sostenerse lo que dice la Escritura, esto es, que las comadronas no hicieron como les había mandado el rey de Egipto. En efecto, no encontramos que las comadronas no hayan dejado vivir a las niñas, a las que el rey de Egipto mandó dejar vivas. Porque él dijo: si se trata de un varón, matadlo, si es mujer, dejadla viva. Y si no hicieron las comadronas lo que les había mandado el rey de Egipto, entonces, del mismo modo que dejaban vivos a los varones contra el precepto del Rey, igualmente habrían debido matar a las mujeres, que es lo que iba contra el precepto del Rey. Pues dejar vivas a las mujeres era actuar según el precepto del Faraón.
Esto sea dicho de pasada para aquellos que son amigos de la letra y no creen que la ley es espiritual y ha de ser entendida espiritualmente. Pero nosotros, que sabemos que todo ha sido escrito, no para narrar hechos antiguos, sino para instruirnos y para sernos útil comprendemos que lo que hoy se ha leído, también se realiza ahora y no solamente en este mundo, que figuradamente es llamado Egipto, sino también en cada uno de nosotros. Busquemos pues cómo el rey de Egipto, que es el príncipe de este mundo, no quiere dejar vivos a los varones, y sí a las mujeres.
Si recordáis, a menudo—discutiendo estas cosas—hemos mostrado que las mujeres simbolizan la carne y el afecto de la carne, mientras que el hombre es el sentido razonable y el espíritu inteligente. A este sentido razonable, que puede saborear las cosas celestiales, que puede comprender a Dios y buscar las cosas de arriba , a éste odia el Faraón, rey y príncipe de Egipto, a éste desea matar y eliminar. Desea también que viva todo lo que es carnal y perteneciente al cuerpo material , desea no sólo que viva, sino que crezca y se desarrolle. Quiere que todos saboreen lo carnal, deseen lo temporal, busquen lo que está sobre la tierra , que nadie eleve al cielo sus ojos , que nadie se pregunte de dónde ha venido, que nadie recuerde su patria, el paraíso.
Por tanto, cuando veas a hombres que pasan la vida entre placeres y molicie, que se bañan en el lujo, en los banquetes, en el vino, las orgías, la lujuria y las impudicias , sabe que en estos hombres el rey de Egipto mata a los varones y deja vivir a las mujeres. Pero si ves alguno excepcional, uno entre mil , que se convierte a Dios, que levanta sus ojos, que busca lo perdurable y eterno, que contempla no las cosas que se ven, sino las que no se ven , que odia la molicie, que ama la continencia y huye de la lujuria, que cultiva la virtud, a éste, porque es varón, porque es hombre, desea matar el Faraón, lo persigue, lo acosa y emplea contra él mil maquinaciones.
Odia a gente de tal clase, no permite que vivan en Egipto. Ésta es la causa de que en este mundo todos los que sirven a Dios y le buscan sean objeto de desprecio y desestima. Por eso son expuestos a insultos, colmados de oprobios; por eso también mueven contra ellos persecuciones y odio, porque los odia el Faraón, odia a los hombres de esta clase, mientras que ama a las mujeres. Intenta corromper a las comadronas y cumplir lo que desea por medio de ellas, cuyos nombres también se nos dicen por previsión del Espíritu Santo, que ha querido que estas cosas fueran escritas. Una es Séfora, que se traduce por «gorrión»; la otra es Pua , que entre nosotros puede significar «que se ruboriza» o «vergonzosa». Por medio de ellas quiere matar a los varones y dejar vivas sólo a las mujeres.
Pero ¿qué dice la Escritura? Temían las comadronas a Dios y no hicieron como les había mandado el rey de Egipto . Estas comadronas, se ha dicho antes de nosotros, son figura del conocimiento razonable. En efecto, las comadronas son como neutrales, puesto que favorecen el nacimiento tanto de los varones como de las mujeres. Del mismo modo, la enseñanza común del conocimiento razonable llega a casi todo entendimiento, instruye a todos y favorece a todos. Si se encuentra en ella algún espiritu viril, que quiere buscar las cosas celestiales y seguir las cosas divinas, gracias al cuidado y protección de este tipo de enseñanza llegará mejor preparado a la inteligencia de las cosas divinas. En efecto, una es como el gorrión: enseña las verdades superiores y provoca a los espíritus a volar hacia lo alto con las alas razonables de la doctrina. La otra, que se ruboriza o es vergonzosa, es moral, regula las costumbres, enseña el pudor, funda la honestidad.
No obstante, puesto que la Escritura dice de ellas que temían a Dios y no hicieron lo que les había mandado el rey de Egipto , me parece a mi que estas dos comadronas pueden ser figura de ambos Testamentos, y Séfora, que se traduce por «gorrión», puede corresponder a la Ley que es espiritual , mientras que Pua, que se ruboriza o es vergonzosa, puede designar los Evangelios, que se «ruborizan» por la sangre de Cristo y resplandecen en el mundo entero por la sangre de su pasión. Asi pues, por ellas, como comadronas, son cuidadas las almas que nacen en la Iglesia, puesto que por la lectura de las Escrituras se administra toda la medicina de esta enseñanza.
Sin embargo, el Faraón intenta servirse de ellas para matar a los varones cuando sugiere a cualquier estudioso de las divinas Escrituras opiniones heréticas y perversas doctrinas. A pesar de todo permanece inmóvil el fundamento de Dios. En efecto, temen las comadronas a Dios , esto es, enseñan el temor de Dios, porque el principio de la sabidurfa es el temor del Señor .
Pienso en fin que puede aplicarse en manera aún más apropiada lo que está escrito a continuación: Porque las comadronas temían a Dios, se hicieron para sí mismas casas Esta expresión no tiene, según la letra, ninguna lógica. ¿Qué coherencia hay en decir: «Porque temían a Dios, se hicieron casas?» Como si por hacerse una casa, por eso se temiese a Dios. Si tomamos la frase tal como está escrita, no sólo parece que no hay ninguna lógica, sino que incluso parece sin sentido. Pero si se observa que las escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, enseñando el temor de Dios, edifican las casas de la Iglesia y llenan todo el orbe de la tierra con casa de oración , entonces lo escrito parece razonablemente escrito.
Así pues, estas comadronas que temen a Dios y enseñan el temor de Dios, no hacen como les había mandado el rey de Egipto, sino que dejan vivir a sus hijos varones. Pero en ningún lugar se dice que cumplieran el precepto del Rey de dejar vivir a las hijas. Yo me atrevo a decir confiadamente, según el sentido de la Escritura: estas comadronas no dejan vivir a las hijas. Porque en las iglesias no se enseñan los vicios, ni se predica la lujuria, ni se alimentan los pecados, —esto es, en efecto, lo que quiere el Faraón cuando manda que se deje con vida a las hijas—, sino que en ellas se cultiva solamente la virtud y sólo a ella se alimenta.
Apliquémonos esto cada uno de nosotros. Tú, si temes a Dios, no haces lo que ha mandado el rey de Egipto. Él te manda, en efecto, que vivas en la molicie, que ames el presente siglo, que desees los bienes presentes. Tú, si temes a Dios y ofreces a tu alma el cuidado de las comadronas, si deseas procurarle la salud, no haces estas cosas, sino que dejas vivir al hombre que está en ti, cuidas y fortaleces a tu hombre interior y, por tus buenas acciones y pensamientos, conquistas para él la vida eterna.
Pero después de esto, cuando vio el Faraón que no podia matar a los varones de Israel por medio de las comadronas, mandó a todo el pueblo, diciéndole: a todo varón que nazca de los hebreos, arrojadlo al río. a toda mujer, dejadla vivir .
Mirad lo que manda a los suyos el príncipe de este mundo : que rapten a nuestros hijos, que los arrojen al río, que tiendan a los nuestros asechanzas continuas desde su nacimiento, que se arrojen sobre ellos en cuanto toquen los pechos de la Iglesia, que nos los arrebaten, que los persigan, que los sumerjan en las olas de este mundo. Prestad bien atención a lo que oís ; la Sabiduría dice por medio de Salomón: Comprende inteligentemente lo que te sirven . Mira lo que te amenaza desde tu nacimiento, mejor, desde tu nuevo nacimiento. Esto es lo que lees en el Evangelio: que Jesús, en cuanto subió de su bautismo, fue empujado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo . Esto es lo que el Faraón ordena aquí a su pueblo: que se arrojen sobre los niños hebreos, desde el momento de su nacimiento, que los rapten y los sumerjan bajo las aguas. Quizás es también esto lo que dice el profeta: Me han llegado las aguas hasta el alma. Estoy hundido en el cieno del abismo y no puedo hacer pie . Pero Cristo ha triunfado, ha vencido para abrirte el camino de la victoria. Ayunando obtiene la victoria para que tú sepas que esta clase de demonios se vence con ayunos y oraciones . Por eso desprecia todos los reinos de este mundo y su gloria , que le han sido ofrecidos, para que tú puedas vencer al tentador despreciando la gloria de este mundo.
Los egipcios, a quienes el Faraón dio órdenes, dejan vivir sólo a las mujeres, odian a los varones; así pues, odian las virtudes, sólo alimentan los vicios y placeres. Hoy también tienden insidias los egipcios, si por casualidad nace algún varón de entre los hebreos, de modo que, si no se está atento y en guardia y se esconde al niño varón, lo persiguen inmediatamente y lo matan.
Refiere después la Escritura que una mujer de la tribu de Levi engendró un hijo varón; vio que el niño era hermoso y lo ocultó durante tres meses . Considera si acaso no se nos manda con esto no hacer en público nuestras buenas obras, no practicar nuestra justicia delante de los hombres , sino que, con la puerta cerrada oremos al Padre en lo oculto , y que lo que ha hecho nuestra derecha, no lo sepa la izquierda . En efecto, si no fuese en lo oculto, seria robado por los egipcios, arrojado al río y sumergido en las aguas y en las olas.
Asi pues, si doy una limosna, que es una obra de Dios, engendro un varón. Pero si lo hago para que sea conocido por los hombres , y busco la alabanza de los hombres y no lo oculto, mi limosna es raptada por los egipcios y arrojada al río, y al final es para los egipcios lo que con tanto trabajo y tanto esfuerzo he engendrado. Por eso, vosotros, oh Pueblo de Dios, que oís estas cosas, no creáis, os lo he dicho a menudo, que se os leen viejas fábulas, sino que se os enseña por medio de ellas a reconocer el orden de la vida, las reglas de las costumbres, los combates de la fe y de la virtud.
Viendo, pues, los de la tribu de Levi, que el niño era hermoso, lo ocultaron durante tres meses. No pudiendo ocultarlo por más tiempo, tomó su madre una cestilla, la calafateó con betún y puso al niño en ella, y la depositó entre los juncos al borde del río. Su hermana vigilaba de lejos para ver qué le sucedíá. Descendió la hija del Faraón, para lavarse en el río, y oyó al niño que lloraba y mandó cogerlo, y dijo la hija del Faraón: éste es un hijo de los hebreos .
Después se narra cómo su hermana habló de llamar a la madre del niño para nutrirlo. Y le dijo la hija del Faraón: custódiame este niño, y aliméntamelo, y yo te daré la recompensa. Cuando lo alimentó y se hizo más grande, lo llevó ante la hija del Faraón; llegó a ser para ella como un hijo y le puso por nombre Moisés diciendo: lo he sacado de las aguas .
Cada una de estas palabras está llena de misterios inmensos y exigiría mucho tiempo, apenas bastaria todo el espacio del día si quisiéramos agotarlas. No obstante, debemos tratar algunas brevemente para la edificación de la Iglesia. Pienso que en la hija del Faraón puede ser vista la Iglesia congregada de entre los gentiles, que aunque tenga un padre impío e iniquo, no obstante se le dice por el profeta: Escucha, hija, mira, inclina tu oído, olvida tu pueblo y la casa paterna, porque el Rey está prendado de tu bellaza . Ésta es la que sale de la casa del padre y viene a las aguas para ser lavada de los pecados que había contraido en la casa de su padre. Después, inmediatamente recibe entrañas de misericordia y tiene piedad del niño.
Esta Iglesia que proviene de las naciones, encuentra que Moisés yace entre los juncos, abandonado por los suyos y expuesto; lo da para que sea alimentado, lo alimenta entre los suyos, y allí pasa su infancia. Pero cuando ya ha crecido, entonces lo trae hacia ella y lo adopta como hijo.
Ya se ha dicho en muchos lugares que Moisés significa la Ley. Viniendo, pues, la Iglesia a las aguas del bautismo, recibe también la Ley: Ley que se encontraba encerrada en una canasta, recubierta de pez y de betún; la canasta es una especie de envoltorio tejido con lianas y papiros, o incluso hecha con cortezas de árboles: se veÍa, puesto en el interior, al niño abandonado. Encerrada en los sentidos viles y despreciables de los judíos, la Ley estaba sin valor, hasta que llegó la Iglesia de los gentiles, la sacó de los barros y de los lugares pantanosos y la estableció en los patios de la Sabiduría y bajo techos reales. También esta Ley ha pasado su infancia entre los suyos. Junto a ellos, que no saben comprenderla espiritualmente, es pequeña, como una niña, que toma alimentos propios de lactantes ; pero cuando llega a la Iglesia, cuando entra en la casa de la Iglesia, es ya un Moisés grande y robusto, pues removido el velo de la letra se encuentra en su lectura un alimento perfecto y sólido .
Ahora bien, ¿qué recompensa recibe de la hija del Faraón, aquella junto a la cual la Ley nació y fue alimentada? ¿Qué es lo que la Sinagoga recibe de la Iglesia? Pienso que puede comprenderse gracias a lo que escribe Moisés: Os entregaré a la emulación de lo que no es pueblo, os irritaré con una nación necia . La Sinagoga recibe pues de la Iglesia esta recompensa: no servir más a los idolos. En efecto, viendo a los que proceden de los gentiles tan bien convertidos a Dios que ya no conocen los ídolos, que no veneran a nadie sino sólo a Dios, la Sinagoga enrojece por servir todavía a los ídolos. Éste es el beneficio que la Sinagoga recibe de la Iglesia, por haber tenido cuidado de la Ley durante su infancia.
Nosotros también, aunque hayamos tenido por padre al Faraón, aunque el príncipe de este mundo nos haya engendrado en obras malas, cuando venimos a las aguas asumamos para nosotros la Ley de Dios, y no nos ensucie el revestimiento oscuro y vil de su letra. Dejemos de lado lo que es pequeño y propio de lactantes, comamos lo perfecto y sólido y pongámoslo en las moradas reales de nuestro corazón.
Tengamos un Moisés grande y fuerte, no pensemos de él nada pequeño, nada mezquino, sino todo magnifico, egregio, hermoso. En efecto, lo que es espiritual, lo que es propio de una inteligencia sublime, es todo ello grande. Y oremos a nuestro Señor Jesucristo, para que El nos revele y nos muestre cuán grande y cuán sublime es Moisés . Él revela a quienes quiere, por el Espíritu Santo . A El la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amen
HOMILÍA III
Sobre la Palabra de la Escritura: "Soy de voz débil y tardo de lengua" .
Mientras estaba Moisés en Egipto y se instruía en la sabiduría de los egipcios no era de débil voz ni tardo de lengua, ni se declaraba sin elocuencia. Era, en efecto, en cuanto a los egipcios, de voz sonora y de elocuencia incomparable. Cuando comenzó a oir la voz de Dios y a recibir la divina elocuencia, entonces sintió que su voz era débil y tenue, y comprendió que su lengua era torpe y confusa; entonces se proclamó mudo, cuando comenzó a conocer esta verdadera Palabra que estaba en el principio junto a Dios .
Usemos una comparación para que pueda percibirse más fácilmente lo que decimos. Cualquier hombre razonable, aunque sea rudo e ignorante, si es comparado a los mudos animales, parecerá elocuente en comparación con aquellos que están desprovistos de voz y de razón; pero si fuere comparado con hombres eruditos y elocuentes, muy experimentados en toda sabiduría, entonces parecerá mudo y falto de elocuencia. Igualmente si uno contempla al Verbo divino y recibe en sí la misma Sabiduría divina, entonces, por grande que sea su erudición y su sabiduria, declarará que ante Dios es como un animal mudo, más que las bestias ante nosotros.
Seguramente con esta conciencia y esta manera de poner en la balanza su persona y la Sabiduría divina, decia David: Como una bestia soy ante ti . En este sentido, por tanto, Moisés, el mayor de los profetas, dice a Dios en la presente lectura, que es de voz débil y tardo de lengua y que no es elocuente. En efecto, todos los hombres, en comparación de la Palabra divina, no sólo deben ser considerados faltos de elocuencia, sino mudos.
Por haber llegado a tal grado de inteligencia, el conocimiento de sí mismo, en que consiste la cumbre de la sabiduría, la generosidad divina lo recompensa. Escucha con qué dones espléndidos y magníficos. Yo—dice—abriré tu boca, y te enseñaré lo que debes decir .
Felices aquellos a quienes Dios abre la boca para que hablen. A los profetas, Dios les abre la boca y se la llena con su palabra, como dice ahora: Yo abriré tu boca y te enseñaré lo que debes decir. También por David dice Dios: Abre tu boca que te la llene . Del mismo modo dice Pablo: Para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca . Por tanto, Dios abre la boca de los que hablan palabras de Dios.
Pero temo que haya, por el contrario, alguno cuya boca abre el diablo. Pues el que habla mentira, es seguro que el diablo abre su boca para que diga mentira. El que da falso testimonio, los que profieren con su boca bufonerias, obscenidades y cosas semejantes , el diablo abre su boca. Temo que sea también el diablo quien abre la boca de los maledicentes y calumniadores , de los que profieren palabras ociosas de las que deberán dar cuenta en el día del juicio . Pues ¿quién duda que es el diablo quien abre la boca de los que altivamente pregonan iniquidad , de los que niegan que mi Señor Jesucristo ha venido en carne , o que blasfeman contra el Espíritu Santo , a quienes no se perdonará ni en el siglo presente, ni en el futuro ? ¿Quieres que te muestre con la Escritura de qué modo el diablo abre la boca de estos hombres que hablan contra Cristo? Mira lo que está escrito de Judas, cómo se dice que entró en él Satanás y que el diablo metió en su corazón el entregarlo . El mismo le abrió la boca cuando habló con los príncipes y los fariseos de la manera de entregarlo , habiendo aceptado el dinero.
Por ello me parece que no es pequeña gracia poder comprender qué boca es la que abre el diablo. Discernir boca y palabras de este género no es posible sin una gracia del Espiritu Santo; y por eso entre las gracias espirituales se añade la que se da a algunos de discernimiento de espíritus . Por tanto, es espiritual la gracia por la que se discierne el espíritu, como en otra parte dice el Apóstol: Probad los espíritus, para ver si son de Dios .
Pero del mismo modo que Dios abre la boca de los santos, así también considero que abre sus oídos para oír las palabras divinas. En efecto, así dice el profeta Isaías: el Señor me ha abierto el oído, para que sepa cuándo debe ser dicha la palabra . También abre el Señor los ojos, como abrió el Señor los ojos a Agar, y vio el pozo de agua viva . Asimismo, el profeta Eliseo dice: Abre, Señor, los ojos de tu siervo para que vea que hay más con nosotros que con los adversarios. Y abrió,—dice—, el Señor los ojos de su siervo, y he aquí que todo el monte estaba lleno de jinetes, de carros y de ejércitos celestes . El ángel del Señor, en efecto, da vueltas en torno a los que le temen y los librará . Asi pues, como hemos dicho, Dios nos abre la boca, los oídos y los ojos, para que hablemos, veamos o escuchemos las cosas de Dios.
Y tampoco considero inútil lo que dice el profeta: la enseñanza del Señor me ha abierto el oído . Me parece que esto va dirigido a nosotros, esto es, en general a toda la Iglesia de Dios. En efecto, si estamos versados en la enseñanza del Señor, también a nosotros la enseñanza del Señor nos abre el oído. Pero el oído abierto por la enseñanza del Señor, no siempre está abierto, sino que está a veces abierto, a veces cerrado. Escucha al legislador que dice: no acojas una vana noticia Por tanto, si se dicen cosas vanas, inútiles, inconvenientes, indecentes, profanas, sacrílegas, el que conoce la enseñanza del Señor cierra los oídos, desvía su atención y dice: Pero yo como un sordo, no escuchaba, y como un mudo que no ha abierto su boca .
Ahora bien, si lo que se dice es para la utilidad del alma, si es palabra sobre Dios, si enseña las buenas costumbres, si invita a las virtudes y cercena los vicios, deben abrirse los oídos a palabras de tal clase; y no sólo los oídos, sino el corazón, la mente y todas las puertas del alma deben abrirse a tal escucha.
No obstante, la Ley ha usado máxima moderación en el precepto que dice: No acojas una vana noticia ; no ha dicho: «no escuches una vana noticia», sino «no acojas», pues frecuentemente oímos cosas vanas. Las cosas que dice Marción son vanas; las que dice Valentín son vanas; y también son vanas las palabras de todos los que hablan contra Dios Creador. Y, sin embargo, nosotros las escuchamos frecuentemente, para poder responder contra ellas, no sea que vayan a seducir por la belleza de su discurso a los más simples de nuestros hermanos. Oímos, pues, estas cosas, pero no las acogemos. Son dichas, en efecto, por una boca que ha abierto el diablo. Y, por tanto, tenemos que orar para que el Señor se digne abrir nuestra boca, para que podamos refutar a los contradictores y cerrar la boca que ha abierto el diablo.
Sea dicho esto por la palabra de la Escritura: Yo abriré tu boca y te enseñaré lo que debes decir . Pero no se promete sólo a Moisés que el Señor abrirá su boca, sino también a Aarón. En efecto, se dice también de él: Yo abriré tu boca y la suya y os enseñaré lo que debéis hacer De hecho, también Aarón salió al encuentro de Moisés y salió de Egipto. ¿Pero dónde sale al encuentro de Moisés aquel cuya boca ha de ser abierta por Dios? Le sale al encuentro, dice, en el monte de Dios Ves que no sin razón es abierta la boca de aquel que puede acudir a un encuentro en el monte de Dios. Pedro, Santiago y Juan subieron al monte de Dios, para merecer ver a Jesús transfigurado y a Moisés con El y ver a Elías en su gloria .
Así, también tú, si no subes al monte de Dios y allí te encuentras con Moisés, esto es, si no asciendes al sentido excelso de la Ley, si no alcanzas la cima de la inteligencia espiritual, tu boca no es abierta por el Señor. Si tú permaneces en el bajo lugar de la letra y entrelazas narraciones judaicas con el tenor de la historia, entonces no sales al encuentro de Moisés en el monte de Dios , ni Dios ha abierto tu boca, ni te ha enseñado lo que debes decir
Por tanto, si Aarón no hubiese salido al encuentro de Moisés en el monte, si no hubiese visto su sentido sublime y arduo, si no hubiese reconocido claramente su excelsa inteligencia, nunca le habría transmitido el poder de realizar signos y prodigios, ni le habría hecho participe del conocimiento de un misterio tan grande.
Pero como resulta largo comentar cada cosa por su orden, veamos lo que dicen Moisés y Aarón una vez que entraron en presencia del Faraón: Esto dice el Señor: deja marchar a mi pueblo, para que me sirva en el desierto Moisés no quiere que el pueblo sirva a Dios establecido en Egipto, sino que salga al desierto y allí sirva al Señor. Esto muestra sin ninguna duda que mientras uno permanece en los tenebrosos actos del mundo e inmerso en los negocios del mundo, no puede servir al Señor; en efecto no se puede servir a dos señores; no se puede servir a Dios y al dinero .
Debemos, por tanto, salir de Egipto; debemos abandonar el mundo, si queremos servir al Señor. Digo abandonar no en sentido espacial, sino con el alma, no marchando por un camino, sino progresando en la fe. Escucha a Juan cuando dice: Hijitos, no améis este mundo, ni lo que está en el mundo; porque todo lo que está en el mundo, es deseo de la carne y deseo de los ojos . ¿Qué dice, sin embargo? Veamos cómo o para cuánto tiempo manda salir de Egipto. Dice: Haremos un camino de tres días en el desierto y allí haremos sacrificios al Señor Dios nuestro .
¿Cuál es este camino de tres dias por el que debemos avanzar, para que saliendo de Egipto podamos llegar al lugar en el que debemos ofrecer el sacrificio? Yo entiendo por camino a Aquel que ha dicho: Yo soy el camino, la verdad y la vida . Debemos avanzar por este camino durante tres dias. En efecto, quien confiese con su boca al Señor Jesús y crea en su corazón que Dios lo ha resucitado al tercer dia, será salvo . Éste es, pues, el camino de tres dias por el que se llega al lugar en el que se inmola al Señor y se ofrece un sacrificio de alabanza .
Esto por lo que se refiere a la inteligencia mística. Pero si buscamos ahora el sentido moral que para nosotros es muy útil, partimos de Egipto por un camino de tres dias, si nos guardamos de toda mancha en el alma, en el cuerpo y en el espíritu para que, como dijo el Apóstol, nuestro espíritu, alma y cuerpo se conserven íntegros para el día de nuestro Señor Jesucristo . Salimos de Egipto por un camino de tres dias si, abandonando la sabiduría racional, natural, moral de las cosas del mundo, nos convertimos a las decisiones divinas; salimos de Egipto por un camino de tres dias si, purificando en nosotros palabras, hechos o pensamientos—éstas tres son, en efecto, las maneras con que el hombre puede pecar—, quedamos limpios de corazón, de modo que podamos ver a Dios . ¿Quieres ver que son estas cosas las que el Espiritu Santo indica en las Escrituras? El Faraón, que es el Príncipe de Egipto, cuando se ve fuertemente presionado para dejar partir al pueblo de Dios, desea conseguir entonces que no se marchen lejos, que no hagan completo el camino de tres dias, y dice: No marchéis lejos . No quiere que el pueblo de Dios se aleje de él; quiere que peque, si no con las obras, al menos con la palabra; si no con la palabra, por lo menos con el pensamiento. No quiere que se alejen de él tres días completos. Quiere tener en nosotros al menos un día suyo; él mismo posee en algunos, dos, y en otros, tres. ¡Felices aquellos que se separan de él tres dias completos, de modo que él no posee ninguno de sus dias!
No penséis que sólo en aquel tiempo Moisés condujo al pueblo fuera de Egipto: también ahora Moisés, esto es, la Ley de Dios, que tenemos con nosotros—tenemos en efecto a Moisés y los profetas—, quiere sacarte de Egipto. Si la escuchas, quiere llevarte lejos del Faraón; desea arrancarte del trabajo del barro y de las pajas si escuchas la Ley de Dios y la entiendes espiritualmente. No quiere que permanezcas en las obras de la carne y de las tinieblas, sino que salgas al desierto, que vengas a un lugar libre de las perturbaciones y fluctuaciones del mundo, que vengas a la quietud del silencio. En efecto, las palabras de la Sabiduría se aprenden en el silencio y en la quietud .
Cuando llegues, pues, a este lugar de quietud, entonces podrás ofrecer sacrificios al Señor, allí conocerás la Ley de Dios y el poder de la voz divina. Por eso Moisés desea sacarte de en medio de las fluctuaciones de los negocios y de en medio del tumulto de los pueblos. Por eso desea sacarte de Egipto, de las tinieblas de la ignorancia, para que escuches la Ley de Dios y obtengas la luz del conocimiento.
Pero el Faraón se opone; no quiere soltarte el gobernador de las tinieblas : no quiere que seas arrancado de sus tinieblas y llevado a la luz del conocimiento. Escucha lo que dice: ¿Quién es aquel cuya voz escucho? No conozco al Señor, y no dejaré marchar a Israel . Escucha lo que responde el príncipe de este mundo , dice que no conoce a Dios. ¿Ves lo que produce la soberbia desenfrenada? Hasta que no participe de los trabajos humanos y sea castigado con los hombres , el orgullo lo domina. Poco después verás cuánto provecho halla en las aflicciones, cuánto mejor se vuelve con el castigo. Éste que ahora dice: no conozco al Señor , cuando haya probado la fuerza de los golpes dirá: Rogad por mi al Señor ; y no sólo esto, sino que, incluso contra el parecer de sus magos, reconocerá el dedo de Dios en el poder de los signos. Nadie es tan ignorante de la pedagogía divina que tome los castigos divinos como una calamidad, que considere una venganza mortal los golpes del Señor. Vemos aquí al Faraón endurecido; sin embargo, progresa cuando es golpeado. Antes de los azotes no conoce al Señor; después de azotado, ruega que se suplique al Señor por él. Es un progreso reconocer, en los castigos, por qué ha merecido el castigo. Dice por tanto: No conozco al Señor, y no dejo salir a Israel .
Pero mira en los Evangelios cómo, después de azotado, cambia esta voz. Está escrito, en efecto, que gritaron los demonios al Señor y dijeron: ¿Por qué has venido a atormentarnos antes de tiempo? Sabemos quién eres: Tú eres el Hijo de Dios vivo . Cuando han experimentado los tormentos, entonces conocen al Señor. Antes de los látigos dice: No conozco al Señor y no dejo salir a Israel ; sin embargo, dejará salir a Israel, y no sólo lo dejará salir, sino que él mismo urgirá su salida. No hay en efecto alianza entre la luz y las tinieblas; no hay participación entre el fiel y el infiel .
¿Qué añade ahora en sus respuestas? Dice: ¿Por qué, Moisés y Aarón, desviáis a mi pueblo de sus trabajos? Andad cada uno a vuestro trabajo . Mientras que el pueblo está con él y trabaja el barro y el ladrillo, mientras está ocupado en las pajas, él no piensa que el pueblo se desvía, sino que avanza por el recto camino. Pero cuando dice: quiero hacer un camino de tres dias y servir al Señor, dice que el pueblo ha sido desviado por Moisés y Aarón. Esto se decía, ciertamente, a los antignos . Pero también hoy si Moisés y Aarón, esto es, la palabra profética y sacerdotal, empujan al alma al servicio de Dios, la invitan a salir del mundo, a renunciar a todo lo que posee, a cumplir la Ley divina y seguir la Palabra de Dios, entonces oyes continuamente decir a los que son amigos del Faraón y están de acuerdo con él: «Ved cómo seducen a los hombres y los desvían, como a adolescentes, para que no trabajen, no cumplan el servicio militar, no hagan nada de lo que les resulta útil, y para que, habiendo dejado todas las cosas necesarias y útiles, se dediquen a cosas inútiles y al ocio. ¿Qué significa seguir a Dios? No quieren trabajar y buscan ocasiones para un ocio inerte>>.
Éstas eran entonces las palabras del Faraón y éstos son también ahora los discursos de sus amigos y familiares. Pero no sólo se trata de palabras, ahora siguen los golpes; manda que sean azotados los escribas de los hebreos, que no se les dé paja y que se les exija el trabajo ; esto soportaron nuestros antepasados, a cuya imagen también a menudo padece el pueblo de Dios, que es la Iglesia. Encontrarás, en efecto, si contemplas a los que se han entregado por completo al príncipe de este mundo que tienen éxito en sus empresas, y que todo les ocurre felizmente, tal como piensan; sin embargo, para los siervos de Dios no hay ni siquiera humildes y pequeños medios para vivir humanamente. Pienso que estos medios son figurados en la paja que proporciona el Faraón. Ocurre a menudo que los que temen a Dios carecen incluso para vivir de estas cosas viles comparables a la paja; a menudo también soportan las persecuciones de los tiranos, sobrellevan suplicios y tormentos crueles, de modo que algunos, fatigados, dicen al Faraón: ¿Por qué afliges a tu pueblo?
Pues algunos, vencidos por los golpes, abandonan la fe y se confiesan pueblo del Faraón. En efecto, no todos los que son de Israel, son israelitas; porque no todos los que son semilla (de Abraham), son también hijos . Éstos que dudan y se cansan de las tribulaciones, hablan también contra Moisés y Aarón y dicen: desde el día en que entráis y salís de la presencia del Faraón, hacéis que ante él nuestro olor sea execrable . Éstos dicen verdad, aunque probablemente ignoran lo que dicen, como Caifás que decia: Os conviene que muera un solo hombre por el pueblo , pero no sabia lo que decia. Pues, como dice el Apóstol, somos buen olor de Cristo, para algunos —dice— olor que de la vida conduce a la vida, para otros olor que de la muerte conduce a la muerte . Asi también la palabra profética es suave olor para los creyentes, pero para los que dudan, para los incrédulos y para los que se confiesan pueblo del Faraón, se torna en execrable olor. También el mismo Moisés dice al Señor: Desde que he hablado con el Faraón, ha maltratado a tu pueblo .
Es cierto, en efecto, que antes de escuchar la Palabra de Dios, antes de conocer la predicación divina, no hay tribulación, no hay tentación, porque, si la trompeta no resuena, no comienza la guerra ; pero cuando la trompeta de la predicación ha dado la señal de guerra, entonces sobreviene la aflicción, se desencadena todo el combate de las tribulaciones. Desde que Moisés y Aarón han comenzado a hablar al Faraón, es afligido el pueblo de Dios. Desde que la Palabra de Dios ha llegado a tu alma, se suscita necesariamente un combate dentro de ti entre las virtudes y los vicios; antes de llegar la palabra acusadora de Dios, los vicios moraban dentro de ti en paz; pero cuando la Palabra de Dios comenzó a juzgar a cada uno, entonces se levanta una gran perturbación y nace una guerra sin tregua. En efecto, ¿cuándo la injusticia puede estar de acuerdo con la justicia , la impudicia con la sobriedad, la verdad con la mentira?
Y por eso no nos turbemos demasiado si parece que nuestro olor resulta execrable para el Faraón, pues la virtud es tenida por execrable para los vicios. Más bien, del mismo modo que se dice a continuación que Moisés estuvo en pie ante el Faraón, permanezcamos también nosotros en pie contra Faraón , y no doblemos nuestra rodilla ni nos inclinemos, sino que estemos en pie ceñidos nuestros lomos en la verdad y calzados nuestros pies en la preparación del Evangelio de la paz . Así nos exhorta el Apóstol cuando dice: Manteneos firmes y no os atéis nuevamente al yugo de la esclavitud . En él permanecemos y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios . Nos mantenemos en pie confiadamente, si rogamos al Señor que asiente nuestros pies sobre la roca para que no nos ocurra lo que dice el mismo profeta: por poco mis pies se me extravian, por poco mis pasos resbalan . Así pues, estemos en pie ante el Faraón, esto es, resistámosle en el combate, como dice el apóstol Pedro: Resistidle fuertes en la fe . También Pablo dice: Resistidle firmes en la fe y actuad como hombres . Ya que si permanecemos en pie con fuerza se conseguirá lo que pide el apóstol Pablo para los discípulos cuando dice: Bien pronto Dios triturará a Satanás bajo vuestros pies .
Cuanto más constante y fuertemente permanezcamos en pie, tanto más débil e impotente será el Faraón; pero si nosotros comenzamos a dudar o a debilitarnos, él se hará contra nosotros más fuerte y más constante. Verdaderamente se cumple en nosotros aquello de lo cual fue figura: cuando él alzaba las manos, Amalec era derrotado; pero si las dejaba caer cansadas y abajaba sus débiles brazos, entonces Amalec llevaba la mejor parte . Asi también nosotros tendamos los brazos en el poder de la Cruz y elevemos en la oración unas manos santas en todo lugar sin ira ni discusiones , para que merezcamos el auxilio del Señor. También a esto nos exhorta el apóstol Santiago cuando dice: Resistid al diablo y huirá de vosotros .
Actuemos, pues, con fe plena, de modo que no sólo huya de nosotros, sino que Satanás sea triturado bajo nuestros pies , como también el Faraón fue sumergido en el mar y anegado en la profundidad del abismo . En cuanto a nosotros, si nos alejamos del Egipto de los vicios, franquearemos las olas del mundo como por un camino sólido por medio de nuestro Señor Jesucristo; a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén .
HOMILIA IV
Las diez plagas que azotaron a Egipto.
La historia que se nos ha leído es famosísima y por su importancia es conocida en todo el mundo; en ella se recuerda que Egipto, con su Rey el Faraón, fue castigado con grandes plagas de signos y prodigios, para que devolviese la libertad al pueblo hebreo que, nacido de padres libres, había sido reducido violentamente a la esclavitud. Pero los acontecimientos están narrados de tal manera que si examinas diligentemente cada uno, encontrarás muchos más a los que aplicar la inteligencia que otros sobre los que poder pasar rápidamente.
Y puesto que es largo proponer ordenadamente cada palabra de la Escritura, haremos un resumen del contenido de toda la historia.
Como primer signo, arrojó Aarón su vara, que se convirtió en una serpiente y, convocados los magos y los hechiceros de los egipcios, convirtieron del mismo modo sus varas en serpientes. Pero la serpiente que provenía de la vara de Aarón, se comió a las serpientes de los egipcios. Esto, aunque habría debido provocar estupor en el Faraón y disponerlo a creer, obtuvo el efecto contrario. Dice efectivamente la Escritura que se endureció el corazón del Faraón y no los escuchó . Aquí, ciertamente, dice que se endureció el corazón del Faraón; pero también en la primera plaga, cuando el agua se convierte en sangre, está escrito lo mismo y en la segunda cuando pululan las ranas; asimismo en la tercera cuando sobrevienen los mosquitos ; también en la cuarta cuando salen los tábanos y en la quinta, cuando la mano del Señor cayó sobre los ganados de los egipcios, se usan términos iguales o semejantes.
Sin embargo, en la sexta, cuando Moisés tomó las pavesas del horno y las arrojó hacia el cielo, y se formaron úlceras y pústulas sobre los hombres y sobre las bestias de modo que los magos ya no podían resistir ante Moisés , no se dice que se endureció el corazón del Faraón, sino que se añade algo más terrible; está escrito, en efecto: el Señor endureció el corazón del Faraón, y no los escuchó como el Señor había establecido .
De nuevo, en la séptima, cuando el granizo y el rayo devastan todo Egipto, fue endurecido el corazón del Faraón pero no por el Señor. En la octava, cuando se hace venir a las langostas, se dice que el Señor endureció el corazón del Faraón . Así también en la novena, cuando se palpaban las tinieblas en toda la tierra de Egipto , se escribe que el Señor endureció el corazón del Faraón .
Finalmente cuando, muertos los primogénitos de los egipcios, el pueblo hebreo partió, después de muchas cosas se dice: Y endureció el Señor el corazón del Faraón rey de Egipto y sus siervos y persiguió a los hijos de Israel . Pero cuando Moisés fue enviado de la tierra de Madián a Egipto y se le mandó hacer todos los prodigios, que puso el Señor en su mano se añade: Harás estas cosas en presencia del Faraón. Yo endureceré su corazón y no dejará marchar al pueblo e. Ésta es la primera vez que dice el Señor: Yo endurezco el corazón del Faraón . Pero, en segundo lugar, cuando fueron contados los príncipes de Israel, poco después se añade de parte del Señor: Yo endurezco el corazón del Faraón y multiplico mis señales .
Si creemos que estas Escrituras son divinas y escritas por el Espíritu Santo, no creo que pensemos algo tan indigno del Espíritu divino como para afirmar que, en una obra tan importante, se debe al azar esta variación, y que tan pronto se dice que Dios ha endurecido el corazón del Faraón, como se dice que ha sido endurecido, no por Dios, sino por propia voluntad.
Ciertamente, me confieso el menos idóneo y el menos capaz para sondear los secretos de la divina Sabiduría en semejantes variaciones. Sin embargo, veo que el apóstol Pablo, porque habitaba en él el Espíritu Santo, se atrevía a decir con confianza: Pero a nosotros nos lo ha revelado Dios por medio de su Espíritu. En efecto, el Espíritu escruta todo, incluso lo más profundo de Dios . Lo veo, digo, como si comprendiese en qué difieren: el corazón del Faraón se endureció y el Señor endureció el corazón del Faraón, y por eso dice en otro lugar: ¿Acaso despreciáis los tesoros de su bondad, paciencia y longanimidad, ignorando que la paciencia de Dios te conduce a la penitencia? Por la dureza de tu corazón y tu corazón impenitente, atesoras para ti mismo la ira en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios ; con lo que sin duda culpa al que por propia voluntad se endurece. En otro pasaje, sin embargo, parece proponer una pregunta al respecto: Tiene misericordia de quien quiere, y endurece a quien quiere. Me dirás entonces: ¿por qué se queja? ¿Quién resistirá a su voluntad? . Se añade también: ¡Oh, hombre!, ¿quién eres tú para replicar a Dios? .
Por ello pienso que sobre el tema del hombre cuyo corazón ha sido endurecido por Dios el apóstol responde, no tanto resolviendo la cuestión, como apelando a su autoridad apostólica, no juzgando conveniente—a causa de la incapacidad de sus oyentes—entregar los secretos de la solución al papel y a la tinta ., Asi como en otro lugar él mismo dice refiriéndose a algunas palabras que ha oído, que no está permitido hablar de ellas a los hombres . De ahí que, para lo que sigue, al que se sumerge curioso en las cuestiones más secretas no tanto por interés en el estudio cuanto por deseo de saber, le aterrorizará la severidad de este admirable doctor: ¡Oh hombre! ¿tú quién eres para replicar a Dios? ¿Acaso dice la arcilla al que la ha plasmado: por qué me has hecho así? , etc. A nosotros, pues, bástenos sólo haber notado y observado esto, y haber mostrado a los oyentes cuánto hay inmerso en la Ley divina en profundos misterios, por los que debemos decir en la oración: Desde lo hondo a ti grito, Señor .
Pero no parece menos digna de consideración esa observación según la cual se dice que algunos castigos fueron infligidos por Aarón, otros por Moisés y otros por el mismo Señor.
Pues en la primera plaga, cuando convirtió las aguas en sangre , se dice que Aarón elevó su vara y golpeó el agua. También en la segunda, cuando golpeó las aguas y sacó las ranas , y en la tercera, cuando extendió con su mano la vara y golpeó el polvo de la tierra, y salieron de él los mosquitos . En estos tres castigos la intervención fue de Aarón.
Sin embargo, en el cuarto de castigo se dice que el Señor hizo llegar los tábanos y que llenasen las casas del Faraón . En el quinto, cuando murieron los ganados de los egipcios, se dice que también el Señor hizo esta palabra . En el sexto, Moisés esparció pavesas del horno, y se formaron úlceras y pústulas ardientes en hombres y ganados . En el séptimo, Moisés elevó su mano al cielo y vinieron truenos y granizo y el rayo recorrió la tierra . En el octavo, también, el mismo Moisés extendió su mano al cielo, y el Señor hizo venir durante todo el día y toda la noche un viento que trajo las langostas. En el noveno, también el mismo Moisés extendió su mano al cielo, y vinieron las tinieblas y la oscuridad sobre toda la tierra de Egipto .
Pero en el décimo, el fin y cumplimiento de toda la obra es realizado por el Señor. En efecto, así está escrito: Alrededor de la media noche, el Señor hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del Faraón, que se sentaba en el trono, hasta el primogénito de la esclava, que se encontraba en la cárcel, y a todo primogénito del ganado .
En estos hechos hemos observado aún otra diferencia: que en la primera plaga, cuando el agua se convierte en sangre, todavía no es dicho a Moisés que entre en casa del Faraón, sino que le dice: Ve a su encuentro en la orilla del río, cuando baje el agua . En la segunda plaga, después de que la primera fue firme y fielmente infligida por ellos, se le dice: Entra en casa del Faraón y habiendo entrado dice: Esto dice el Señor ,...
Ya en la tercera, cuando irrumpen los mosquitos, los magos, que antes se habían opuesto, ceden confesando que el dedo de Dios está aquí . Asimismo, en la cuarta, se manda a Moisés velar y que se levante contra el Faraón cuando baje al río, mientras las casas de los egipcios se llenan de tábanos . Igualmente en la quinta, cuando son destruidos los ganados de los egipcios, se ordena a Moisés entrar en casa del Faraón . En la sexta, se menosprecia al Faraón y no se dice que entraran Moisés o Aarón a casa del Faraón, puesto que se produjeron úlceras y pústulas ardientes también sobre los magos de Egipto y no podían resistir a Moisés . En la séptima, se le ordena velar muy de mañana y presentarse contra el Faraón mientras se producen truenos, granizo y rayos. En la octava se le manda entrar al tiempo que, fuera, llegan las langostas. En la novena, de nuevo se menosprecia al Faraón y se manda a Moisés extender sus manos al cielo para que haya tinieblas, densas tinieblas, en toda la tierra de Egipto , y ciertamente él no entra, pero es llamado por el Faraón. Igualmente en la décima, cuando son exterminados los primogénitos y se le obliga a salir de Egipto con prisa .
Hay todavía muchas otras observaciones, en cada una de las cuales se muestran signos de la divina Sabiduría.
Encontrarás, en primer lugar, que no se doblega el Faraón ni cede a los castigos divinos cuando las aguas son convertidas en sangre . En un segundo momento, parece suavizarse un poco: Llamó a Moisés y Aarón y les dijo: rogad por mí al Señor, para que aleje las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré partir al pueblo . En un tercer momento, los magos ceden y dicen al Faraón: El dedo de Dios está aquí . A la cuarta, castigado por los tábanos, dice: Id, sacrificad a vuestro Dios, pero no vayáis muy lejos. Rogad por mí al Señor .
En la quinta, cuando es herido por la muerte del ganado, no sólo no cede, sino que se endurece más . Del mismo modo se comporta en el sexto castigo, respecto a la plaga de las úlceras . Pero en la séptima, cuando es devastado por el granizo y los rayos: mandó llamar, dice, el Faraón a Moisés y Aarón y les dijo: He pecado también ahora; el Señor es justo, pero yo y mi pueblo somos impíos. Rogad por mí al Señor . En la octava, cuando es azotado por la langosta, dice: Se apresuró el Faraón y llamó a Moisés diciendo: He pecado ante el Señor vuestro Dios y contra vosotros. Haceos cargo de mi pecado también ahora y rogad por mí al Señor vuestro Dios . En la novena, cuando se extendieron las tinieblas, llamó el Faraón a Moisés y Aarón, diciendo: Id, servid al Señor vuestro Dios . Pero ya en la décima, cuando son muertos los primogénitos de los hombres y los ganados, dice: Llamó el Faraón a Moisés y Aarón de noche y les dijo: levantaos y salid de mi pueblo, vosotros y los hijos de Israel; id, servid al Señor vuestro Dios como decís; tomando vuestras ovejas y bueyes, partid como habéis dicho. Pero bendecidme. Y lo egipcios obligaban al pueblo a salir lo más rápidamente posible de la tierra de Egipto. En efecto, decían: todos nosotros moriremos .
¿Quién es el hombre a quien Dios llenará de aquel Espiritu con que llenó a Moisés y Aarón, cuando hicieron estos signos y prodigios, para que, iluminado por el mismo Espiritu pueda interpretar las obras realizadas por ellos? En efecto, no creo que puedan ser explicadas las divergencias y diferencias de estos inmensos acontecimientos, si no las explica el mismo Espiritu por quien fueron realizados, porque dice el apóstol Pablo: El espíritu de los profetas está sometido a los profetas . Por tanto, no se dice que los dichos de los profetas estén sometidos—para explicarlos—a cualquiera, sino a los profetas. Pero puesto que el mismo santo Apóstol (cuando dice: Aspirad a los bienes mejores, pero sobre todo a la profecía) , nos manda hacernos imitadores de esta gracia, es decir, del don profético, como si—al menos en parte—estuviese a nuestro alcance, intentemos también nosotros obtener la aspiración a estos bienes y, en tanto esté en nosotros, realizarla, pero esperando del Señor la plenitud del don. Por esto dice el Señor por medio del profeta: Abre tu boca y la llenaré : y por esto dice otra Escritura: golpea el ojo, y correrán las lágrimas; golpea el corazón, y surgirá la inteligencia .
Por tanto no nos entreguemos al silencio por desesperación, ya que eso ciertamente no edifica la Iglesia de Dios; volvamos brevemente a lo que podamos y tanto cuanto podamos.
Por lo que puedo entender, creo que el Moisés que viene a Egipto trayendo su vara con la que castiga y azota a Egipto con las diez plagas, este Moisés es la Ley de Dios, que ha sido dada para corregir y enmendar este mundo con las diez plagas, es decir, con los diez mandamientos que se contienen en el Decálogo.
La vara, por medio de la cual se hicieron todas estas cosas, por la que Egipto es sometido y el Faraón vencido, es la cruz de Cristo, por la que este mundo es vencido, y es derrotado con sus principados y potestades el prfncipe de este mundo . Por lo que se refiere a esta vara que, arrojada a tierra, se convierte en dragón o serpiente y devora las serpientes de los magos egipcios, que habrán hecho lo mismo , la palabra evangélica -cuando dice: Sed astutos como serpientes , y en otro lugar: La serpiente era el más astuto de todos los animales y bestias que había en el paraíso- indica que la serpiente significa aquí la sabiduría o la prudencia.
Así pues, la cruz de Cristo, cuya predicación parecía necedad , y que está contenida en Moisés, esto es, en la ley, como dice el Señor: De mí escribió él , esta cruz, digo, de la que escribió Moisés, después de haber sido arrojada a la tierra, es decir, después de que vino para ser creída y confesada por los hombres, fue convertida en sabiduria, y en una sabiduría tan grande que devoró toda la de los egipcios, esto es, la de este mundo. Considera, en efecto, cómo ha hecho Dios necia la sabiduría de este mundo, después de haber manifestado a Cristo, que fue crucificado, y es poder de Dios y sabiduría de Dios y cómo desde entonces este mundo ha sido conquistado por aquel que dijo: Prenderé a los sabios en su astucia .
En cuanto a las aguas del río que se convirtieron en sangre, es fácil de adaptar. En primer lugar, porque este río al que habían entregado con una muerte cruel a los hijos de los hebreos, debía devolver una copa de sangre a los autores del crimen y porque debían gustar, al beber la sangre del abismo contaminado, que ellos habían manchado con un crimen parricida.
Entonces, después, para que no falte nada de las reglas de la alegoría, las aguas se convierten en sangre , y se da a beber a Egipto su propia sangre. Las aguas de Egipto son las doctrinas erróneas y engañosas de los filósofos; a éstas, puesto que engañaron a los pequeños de espíritu y a los niños en inteligencia cuando la cruz de Cristo muestra la luz de la verdad a este mundo, se les exige el castigo de su crimen y la expiación de la sangre. En efecto, así dice el mismo Señor: Toda la sangre que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, le será reclamada a esta generación .
Pienso que en la segunda plaga, en la que salieron las ranas , están indicados en figura los cantos de los poetas que, con un ritmo vacío y ampuloso, como los sonidos y cantos de las ranas, trajeron a este mundo fábulas engañosas. Para nada es útil este animal, sino para hacer oir su voz con gritos inmoderados e inoportunos.
Después de esto llegaron los mosquitos . Este animal revolotea por los aires suspendido por sus alas. Pero es tan sutil y tan menudo que escapa al alcance de los ojos que no tienen una vista muy aguda; sin embargo, puesto sobre el cuerpo, lo pica con su acerado aguijón, de modo que si no se le puede ver volar, si se le siente cuando pica. Creo que este animal puede ser justamente comparado con el arte de la dialéctica, que taladra las almas con los aguijones menudos y sutiles de las palabras, y las rodea con tanta astucia que el que es engañado, no ve ni entiende por dónde le han engañado.
En cuarto lugar, compararé a los tábanos con la secta de los cínicos, los cuales, entre otras inicuas falsedades, predican el placer y las pasiones como el sumo bien. Así pues, puesto que el mundo ha sido engañado con cada una de estas maneras, la Palabra y la Ley de Dios lo denuncian con correcciones de tal naturaleza, que por la naturaleza de las penas reconozca la naturaleza del propio error.
En quinto lugar, que Egipto sea azotado con la muerte de animales y ganados , denuncia la insensatez y la necedad de los mortales que, como animales irracionales, impusieron el culto y el nombre de Dios a figuras, no sólo de hombres, sino también de animales, impresas en madera y piedras , venerando a Júpiter Ammon en el carnero, a Anubis en el perro, dando culto a Apis en el toro, y a los otros que Egipto admira como portentos de los dioses, para que encuentren suplicios dignos de lástima en aquellas cosas a las que, según creían, se debía prestar un culto divino.
Después de esto, vinieron las úlceras y las pústulas ardientes en la sexta plaga . Me parece a mi que en las úlceras se denuncia la maldad engañosa e infecta; en las pústulas la soberbia hinchada y orgullosa; en los ardores la locura de la ira y del furor. Hasta aquí los castigos al mundo son establecidos por las figuras de sus errores.