P A P Í A S

 

No dudaré en ofrecerte, juntamente con mi propia interpretación, todo lo que en otro tiempo aprendí muy bien de los ancianos y dejé bien grabado en mi memoria. Porque yo no me complacía, como hacen muchos, con los que hablan mucho, sino con los que enseñaban la verdad; ni con los que se remiten a mandamientos extraños, sino en los que se atienen a los que fueron dados por el Señor a nuestra fe y proceden de la verdad misma. Si alguna vez venía a nosotros alguno de los que habían seguido a los ancianos, yo le preguntaba acerca de lo que ellos solían decir: qué habían dicho Andrés, Pedro, Felipe, Tomás, Santiago, Juan, Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor, o qué es lo que dicen Aristión y Juan el presbítero, discípulos del Señor. Porque pensaba yo que no sacaría tanto provecho de los libros escritos, cuanto de la palabra viva y permanente...

Marcos fue intérprete de Pedro, y escribió con fidelidad, aunque desordenadamente, lo que solía interpretar, que eran los dichos y los hechos del Señor. Él mismo no había oído al Señor ni había sido su discípulo, sino que más adelante, como dije, había sido discípulo de Pedro; quien daba sus instrucciones según las necesidades, pero sin pretensión de componer un conjunto ordenado de las sentencias del Señor. Así pues, no hay que achacarlo a culpa de Marcos si puso así las cosas por escrito, tal como las recordaba: todo su cuidado estuvo en una sola cosa, en no omitir nada de lo que había oído y en no poner falsedad alguna acerca de ello...

En cuanto a Mateo, ordenó en lengua hebrea las sentencias del Señor, y cada uno las interpretó luego según su capacidad...  (EUSEBIO, Hist. Ecles., III, 39, 3ss)