PROFESION DE FE Y APROBACION DEL "PROPOSITUM VITAE" DE DURANDO DE HUESCA Y OTROS COMPAÑEROS VALDENSES

12 de mayo de 1210 INOCENCIO III°

Inocencio. obispo, Siervo de los Siervos de Dios, al arzobispo de la Iglesia de Tarragona y a sus sufragáneos.

En razón de nuestro oficio apostólico tenemos el deber de conservar el tesoro inestimable de la Sangre de Jesucristo en las almas. No solo tenemos que autorizar a los que solicitan nuestra clemencia queriendo vivir en verdadera penitencia. También nos corresponde reconducir a la penitencia a los delincuentes pertinaces. De lo contrario tendríamos substraernos a nuestra acostumbrada solicitud paterna.

Vemos hoy a tanta gente perder el inestimable tesoro de la redención, que nos sentimos impelidos a permanecer siempre alertas para posibilitarles la salvación.

Poco tiempo atrás se han allegado a la Sede Apostólica los queridos Hijos Durando de Huesca, Guillermo de San Antonio, Juan de Narbona, Ermengardo, Bernardo, Raimundo de San Pablo, Ebrino y sus compañeros. Los hemos recibido con benignidad paternal, procurando prestar toda la atención de nuestra inteligencia para comprender lo que ellos nos han expuesto en nombre de todos sus hermanos.

Fueron por nosotros examinados diligentemente sobre los dogmas de fe y los sacramentos de la Iglesia. Hemos comprobado que conocen la fe ortodoxa y que están cimentados en la verdad católica.

Para una mejor constancia del hecho, recibimos de ellos el siguiente juramento, extendido por escrito y leído con la mano sobre los evangelios.

Señor Inocencio, Sumo Pontífice, yo Durando de Huesca me pongo en tus manos consagradas e invoco a Dios como testigo de mi intención.

Afirmo que creo simple y verdaderamente todo lo que está contenido en el presente escrito, y que nunca creeré lo contrario.

Prestaré obediencia y reverencia, tanto jurídica como afectiva, tanto a Ti en cuanto sucesor del Apóstol Pedro, como a los arzobispos y obispos, y a los demás prelados en cuyas diócesis o parroquias tendré que habitar.

Mi confesión de fe escrita es la siguiente:

Quiero dejar constancia ante todos los fieles que yo, Durando de Huesca, y Guillermo de San Antonio, y todos nuestros hermanos, creemos en el corazón, entendemos en la fe, confesamos con la boca, y afirmamos con simples palabras que:

El Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas y un so lo Dios, cada una de las tres personas plenamente Dios en la Trinidad coesencial, consubstancial, coeterna, coomniponente. Lo creo tal como esta contenido en los símbolos: "Creo en el Señor" y "Creo en un solo Dios", y en el "Quienquiera que quiera".

También creemos con el corazón y confesamos con la boca que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios es el creador, hacedor, gobernador, y disponedor de todas las cosas espirituales y corporales, visibles e invisibles.

Creemos que el único y mismo Señor que es Trinidad y que creo todas la cosas de la nada, es el autor tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento.

Creemos que el enviado de Dios, Juan Bautista, es santo, justo, y que fue lleno del Espíritu Santo en el seno de su madre.

Creemos con el corazón y confesamos con la boca que el Verbo se ha hecho carne solamente en el Hijo, ni el Padre, ni en el Espíritu Santo. De modo que el que era Dios Hijo verdadero nacido de Dios Padre, fuese en la humanidad hombre verdadero nacido de una Madre. Por haber nacido del útero de su madre tuvo carne verdadera y alma racional, ambas naturalezas, Dios y hombre, en una sola persona. El único Cristo es un solo Dios con el Padre y el Espíritu Santo, autor y rector de todas las cosas, y el que ha nacido de la Virgen María en la Navidad con carne verdadera. Comió, bebió, durmió y descansó fatigado por el camino. Padeció en la verdadera pasión de su carne, murió con la muerte verdadera de su cuerpo, y resucitó con la verdadera resurrección de su carne y con la verdadera reasunción de su cuerpo por su alma. En este estado, luego de comer y beber ascendió al cielo, esta sentado a la derecha del Padre, y de esta forma vendrá juzgar a vivos y muertos.

Creemos con el corazón y confesamos con la boca que la única Iglesia, no es de heréticos, sino santa, Romana, católica y apostólica, fuera de la cual creemos que nadie puede salvarse.

Los sacramentos que en ella se celebran se realizan con la cooperación del inestimable poder del Espíritu Santo, aunque fueran administrados por sacerdotes pecadores. No reprobamos de modo alguno, ni nos apartamos de los oficios eclesiásticos y de la bendiciones celebradas por tales sacerdotes. Antes bien, los aceptamos benévolamente como si fueran hechos por un sacerdote justísimo.

La maldad del obispo o del presbítero no invalida ni el bautismo de los niños, ni la consagración de la Eucaristía, ni los demás oficios eclesiásticas celebrados para los fieles.

Aprobamos el bautismo de los niños. Creemos y confesamos que si murieren después del bautismo y antes de cometer algún pecado, son salvos. Creemos también que en el bautismo se perdonan todos los pecados, tanto el contraído con el pecado original, como los cometidos voluntariamente.

La Confirmación administrada por el obispo, es decir, la santa imposición de las manos, pensamos que tiene que ser admitida con veneración.

Creemos firmemente y sin duda alguna con puro corazón, y lo confesemos con simples palabras ante todos los fieles: en el sacrificio de la eucaristía lo que antes de la consagración era pan y vino, después de la consagración es el verdadero cuerpo y la

verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo.

Creemos que en esta consagración el sacerdote no añade ni quita nada, en mejor o en peor. Porque el acto se realiza en la palabra del Creador, por el poder del Espíritu Santo y no por los méritos del consagrante.

Creemos y confesamos firmemente que quien no fuere un presbítero canónicamente ordenado, visible y tangiblemente, por un obispo no puede ni debe consagrar la eucaristía ni celebrar el sacrificio del altar, por mas que sea un hombre honesto, religioso, santo y prudente.

Para este oficio creemos que hay tres cosas necesarias: * que el presbítero haya sido constituido en su oficio por un obispo, * que pronuncie las palabras solemnes que han sido expresadas en el canon por los Santos Padres, * y que el proferente de tales palabras tenga recta intención.

Confesamos, pues, que cualquiera que sin haber precedido ordenación sacerdotal, cree y defiende poder celebrar el sacrificio de la Eucaristía, es herético y se hace partícipe y heredero de

la perdición de Coré, y como tal tiene que ser segregado totalmente de la Santa Iglesia Romana.

Creemos que Dios concede el perdón a los pecadores, y con ellos comulgamos de todo corazón.

Veneramos la unción de los enfermos realizada con óleo.

No negamos, según dice el Apóstol, que se puedan contraer nupcias carnales. Prohibimos de ordinario que en modo alguno sean disueltas las nupcias ya contraídas. Creemos y profesamos que el hombre se puede salvar conviviendo con su mujer. No condenamos tampoco un segundo o mas matrimonios posteriores.

No condenamos el juramento, mas aún creemos de todo corazón que es lícito jurar con verdad, discernimiento y justicia.

Afirmamos que la potestad secular puede ejercer el juicio de sangre sin cometer pecado mortal, siempre y cuando, al ejecutar la venganza, proceda sin odio y con discreción y no desaprensivamente.

Creemos que la predicación es muy necesaria y laudable. Sin embargo creemos que debe ser ejercida con la autoridad o licencia del Sumo Pontífice, o con el permiso de los prelados.

En todos los lugares donde viven públicamente los herejes, abdican y blasfeman de Dios y de la fe de la santa Iglesia Romana.

Creemos, pues, que debemos refutarlos, según Dios, de todos los modos posibles, a fin de que los podamos combatir hasta la muerte, con la palabra del Señor y con la frente alta, como enemigos de Cristo y de la Iglesia.

Elogiamos y veneramos fielmente a todas las Ordenes eclesiásticas

y a todo lo que se lee o se proclama como sancionado por la Santa iglesia Romana

Creemos que el Diablo se hizo malo por su libre voluntad y no por su propia naturaleza.

Creemos en el corazón y confesamos con la boca que resucitaremos con la carne con la que fuimos concebidos y no con otra.

Firmemente creemos que habrá un juicio futuro realizado por Jesucristo, y que cada uno recibirá lo merecido por lo hecho en esta vida, premio o castigo.

Creemos que la limosna, el sacrificio, y los demás beneficios pueden aprovechar a los fieles difuntos.

Confesamos y creemos que se pueden salvar quienes permanezcan en el siglo, manteniendo sus propiedades, haciendo con sus bienes limosnas u otros beneficios, guardando los mandamientos del Señor.

Creemos que, por mandato del Señor, se han de pagar los diezmos, las primicias y las oblaciones a los clérigos.

Si bien es cierto que sin la fe no se puede agradar a Dios, también lo es que la fe sin las obras está muerta. Porque para la salvación se requiere no sólo una fe recta, sino también las buenas obras.

Por lo tanto transcribimos a continuación su propósito de vida, cuyo tenor es el siguiente.

Para honra de Dios y de su Iglesia católica, y para salvación de nuestras almas, profesamos creer, inviolada e integra, en nuestro corazón, la fe católica con todos n sus artículos. Nos proponemos confesarla con la boca, permaneciendo bajo el magisterio y régimen del Romano Pontífice.

Renunciamos al siglo. Lo que teníamos, tal como ha sido aconsejado por el Señor, lo distribuimos a los pobres, y creemos que es propiedad de los pobres.

No procuramos ser solícitos del día de mañana, ni del oro, ni de la plata.

De nadie recibiremos en absoluto nada de oro o plata, ni para el vestido, ni para la comida cotidiana.

Nos propusimos observar como preceptos los consejos u evangélicos.

Perseveramos en la oración según las horas canónicas, u siete veces diciendo quince Padrenuestros, más el Creo en Dios y el Miserere, y otras oraciones.

Dado que la mayoría de nosotros somos clérigos, y casi todos letrados, decidimos trabajar en la enseñanza, la exhortación, en la doctrina y la controversia, contra toda clase de errores.

Sin embargo, las controversias serán realizadas por hermanos doctores, instruidos en la ley del Señor, de modo que queden confundidos los adversarios de la fe católica y apostólica.

Proponemos, sin embargo, que la palabra de Dios sea propuesta a los hermanos y amigos por los más honestos e instruidos en la ley de Señor y en las sentencias de los santos Padres, con el conocimiento y asentimiento de los prelados, y de modo tal que por esto no se posponga ni la frecuentación de las iglesias ni la predicación de los clérigos.

Observamos inviolablemente virginidad y castidad continuas.

Proponemos hacer dos cuaresmas y los ayunos establecidos por las normas eclesiásticas.

Llevaremos un hábito religioso y modesto, tal como acostumbramos llevar hasta el presente. Con calzados abiertos en su parte superior, y confeccionados de tal modo con signos particulares, como para que clara y patentemente aparezca que no somos semejantes ni en el corazón ni en el cuerpo a los de Lión. Permaneceremos para siempre separados de ellos, a no ser que se reintegren a la unidad católica.

Recibiremos los sacramentos eclesiásticos de los obispos y sacerdotes, en cuyas diócesis o parroquias habitemos, y les profesaremos la debida obediencia y reverencia.

Si algunos seglares quisieren vivir en nuestra compañía, aconsejamos que, con excepción de aquellos que sean aptos para disputar contra los herejes, los demás vivan ordenadamente en casas religiosas, distribuyendo sus bienes con justicia y misericordia, trabajando con sus manos, pagando las décimas, las primicias y las oblaciones a la Iglesia.

Habiendo consultado a nuestros hermanos, les enviamos este escrito apostólico. Una vez que los demás hermanos hayan hecho similar juramento, los reconciliarás en la unidad eclesiástica cuidando que en consecuencia se manifiesten como hombres verdaderamente católicos y rectamente fieles, procurando conservarse inmunes de todo escándalo e infamia.

Les dotarás misericordiosamente, por Dios, del auxilio de letras testimoniales y otras ayudas.

Hemos venido a saber que, generalmente, ha sido bien recibido este mandato de reconciliarse en la forma prescrita. Pero otros se han ido excusando por uno u otro motivo, causa por la cual varios que han querido ingresar han tenido que permanecer fuera.

No queremos, ni debemos querer que, abandonando la gracia divina, por la terquedad de ustedes, otros rechacen la infinita misericordia de Dios.

Volvemos a enviar esta carta a tu fraternidad, y la prescribimos terminantemente. Por tu parte, si no logras que todos ejecuten estas cosas, hermano Arzobispo, con algunos otros, constituidos en la provincia de Tarragona, procura reconciliar a estos penitentes según la forma prescrita, atendiendo a sus reclamos.

En relación al mencionado Durando de Huesca, Guillermo de San Antonio, y compañeros, procede según el mandato adjunto.

A los que perseveren en la fe recta y sana doctrina, les darás licencia para exhortar (predicar) en los lugares y tiempos competentes.

Dado en Letrán, el 12 de mayo de 1210, el ano 13 del pontificado.

Ver: DENZINGER (1961) NQ. 420 - 427 Profesión de fe propuesta a Durando de Huesca y a sus compañeros valdenses

De la carta "Ejus exemplo", al arzobispo de Tarragona del 18 de diciembre de 1208.

En la nota, al pie de página se dice: Ocurre nuevamente esta formula en la Carta "Cum inestimabile pretium", enviada a todos los arzobispos y obispos a quienes estas cartas llegaren", el 12 de mayo de 1210 (PL 216, 274 D), y muy poco cambiada en otra carta "Cum inestimabile pretium", también sobre el asunto de los convertidos valdenses, del 14 de junio de 1210 (PL 216289 C ss).

En esta carta se anuncia la conversión de Bernardo Primo y de otros, y se prescribe que con profesión de fe semejante se reciben en el seno de la Iglesia los herejes que vuelven.

Nosotros hemos sacado esta carta del Bullarium Romanum, siendo de sumo interés por permitirnos un marco de referencia muy significativo para el posible "propositum vitae" que el mismo Inocencio III le concede a Francisco de Asís y sus compañeros el año 1209. Muchos de los pasajes de la Regla se pueden leer a contraluz.