Enero 1: Maria Santisima, Madre de Dios. Jornada Mundial de la Paz.

De Jesús, Hijo de María, nos viene la paz. María, Madre de Dios, es el principal título mariano, festejado el primero de enero. El nombre “Madre de Dios, – Theotokos” es proclamado en Efeso. Es un acto de fe en la divinidad de Cristo desde el momento de su concepción en el vientre de María. Ella, por lo tanto, es llamada “Madre de Dios” y lo es realmente. Debemos comprender esta relación de maternidad entre María y Jesús, segunda persona de la Trinidad. Dios, Creador de todo lo que existe, quiso tener a una criatura humana como madre de su Hijo Jesús, que se encarnó, se hizo verdadero hombre, “nacido de una mujer” como afirma categóricamente San Pablo y como nos lo dicen claramente los Evangelios.

La relación de María con Jesús, segunda persona de la Trinidad, está en el centro de todo estudio de mariología. No podía dejar de estar en el centro del capítulo 8 de la “Lumen Gentium” en donde el Concilio Vaticano II trató ampliamente de la Virgen. En efecto la divina Maternidad de María expresa su principal misión y grandeza que le hace asumir una relación con Dios enteramente particular. El título de “Madre de Dios” hay que entenderlo. No es que Dios tenga una madre como nosotros; no es que haya podido transmitir a Cristo la divinidad, la cual posee él desde siempre. El gran hecho, el más grande acontecimiento de la historia es que “el Verbo si hizo carne y vino a habitar entre nosotros” (Jn 12,14). Para comprender el máximo título mariano, debemos desplazarnos de María a Jesús. Los evangelios no llaman nunca a María “Madre de Dios”, sino “Madre de Jesús”. Sólo comprendiendo quién es el Hijo de María, comprenderemos quién es su Madre. La historia de la Iglesia nos muestra este camino. En el 431 el Concilio de Efeso tuvo la principal preocupación de resolver el problema cristológico condenando a Nestorio y reafirmando la unicidad de la persona de Cristo. Como consecuencia se derivó también de allí la confirmación del título de María de “Madre de Dios”. Veinte años después, en el 451, el Concilio de Calcedonia definía el título de “Madre de Dios” como dogma; pero también aquí la finalidad principal era la de difundir la doctrina exacta sobre Jesús verdadero Dios, encarnado en el vientre de María Virgen. Así se quiso defender y reconocer la Divinidad de Jesús, Hijo de María.

Si el primero de enero la liturgia festeja la divina maternidad de María, es justo que comenzando el año se celebre también la jornada mundial de la paz. De María nació Jesús, “Príncipe de la paz”; en su nacimiento los ángeles anunciaron un mensaje de fraternidad universal: “Gloria a Dios en lo alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres que Dios ama, a los hombres de buena voluntad”. Jesús trajo la verdadera paz, la que el mundo no conoce y no puede dar. Este es el lazo entre María y la paz. Con su continuo llamamiento a la conversión, es ella quien llama y reúne a los hijos dispersos para reconducirlos a su divino Hijo Jesús.