Enero 3: El Smo. Nombre de Jesús

El Santo Nombre de Jesús siempre fue honrado y venerado en la Iglesia desde los primeros tiempos. Sólo en el siglo XIV comenzó a rendírsele culto litúrgico. Los franciscanos difundieron esta devoción con entusiasmo y fervor. Luego fue instituida la fiesta litúrgica, y en 1530 el papa Clemente VII autorizó el culto litúrgico y el Oficio divino en la Orden franciscana.

San Francisco alimentaba mucha ternura para con el nombre de Jesús. Si encontraba pedacitos de papel con el nombre de Jesús escrito, los recogía por temor a que fueran pisoteados. De igual manera debían hacer sus hermanos. Cuando pronunciaba este nombre, no podía seguir hablando a causa de la íntima dulzura que lo invadía.

El más ardiente propagador de la devoción al Smo. Nombre de Jesús fue San Bernardino de Siena. Para él el nombre de Jesús fue el medio eficaz para reconducir los pueblos a una vida evangélica, para despertar la fe y ahuyentar los vicios. Difundió el monograma u oriflama del nombre de Jesús exponiéndolo a la devoción de los fieles. Acusado de herejía ante el papa Martín V, San Juan de Capistrano acudió en ayuda de su maestro, y en disputa pública fue reconocida por el Papa la ortodoxia de San Bernardino y confirmó la conveniencia de esta devoción. Se hizo una solemne procesión por las calles de Roma, que fue la apoteosis del Nombre de Jesús.

San Juan de Capistrano a la cabeza del ejército cristiano, invocando el nombre de Jesús en Belgrado derrotó y puso en fuga a las huestes musulmanas. San Jaime de la Marca, invocando este nombre, curó enfermos, expulsó demonios, realizó milagros. S. Leonardo de Porto Maurizio, los beatos Alberto de Sarteano, Bernardino de Feltre, Mateo de Agrigento, Marcos Fantuzzi de Boloña y muchos otros fueron apóstoles y difusores de esta devoción.

Nombre de Jesús, Nombre sobre todo nombre, nombre triunfal, gozo de los ángeles, alegría de los justos, espanto del infierno. En ti reposa toda esperanza de gracia, toda confianza de gloria. Nombre dulcísimo, en ti tiene origen el perdón de los pecados, la renovación de la vida. Tú llenas las almas de delicias celestiales, tú alejas las imaginaciones vanas. Nombre lleno de gracia, por ti nuestros ojos contemplan la profundidad de los milagros, nuestros corazones se inflaman de santo amor, se hacen fuertes en la lucha, ponen en fuga todo peligro. Nombre glorioso, nombre lleno de delicias, nombre admirable, nombre digno de nuestra veneración, nombre dulcísimo de Jesús, nuestro Rey. Con tus abundantes gracias, tú nos levantas por encima de nuestra miserable tierra, tú elevas las almas de los fieles hasta las alturas divinas. Jesús, haz que todos aquellos que se han consagrado a ti, en tu fuerza encuentren salvación y gloria. Amén. (San Bernardino de Siena).