Enero 9: San Felipe de Jesús. Mártir en Japón, clérigo de la Primera Orden (1574‑1597). Canonizado por Pío IX el 8 de junio de 1862.

Felipe de Jesús, nacido en México, hijo de Alfonso Las Casas y María Martínez. De carácter vivaz, indisciplinado, indócil y pendenciero. Un buen día dice a su madre: “He decidido hacerme franciscano.” La madre no le creyó. El hijo le dice: “Tú te ríes, pero convéncete: pronto me verás vestido con el hábito franciscano”. Ese mismo año realizó su sueño, pero duró pocos meses de noviciado, y regresó a casa. Sus padres lo enviaron a Manila, Filipinas para que se dedicara al comercio. Pero allí siguió su estilo de vida de diversiones y despilfarros con sus amigos hasta quedar sin un céntimo. Entonces los amigos lo dejaron solo. Arrepentido, pidió perdón a Dios, y suplicó a los hermanos menores que lo admitieran nuevamente en la Orden. Logrado su anhelo, se dedicó a la oración y la penitencia y a la íntima unión con Dios en un grado edificante.

Sus padres, que habían seguido alegres las buenas noticias sobre su hijo, pidieron a los superiores que se permitiera a Felipe regresar a México para terminar sus estudios y ordenarse sacerdote; aceptada su petición, se embarcó en Manila para México. En el viaje se vio perfilarse del lado del Japón una gran cruz blanca, rodeada de viva luz, que luego se transformó en una cruz roja, hasta que una nube la ocultó. Entonces Felipe dijo: “Esta es la cruz que el Señor me reserva en el Japón”. Poco más tarde se desencadenó una furiosa tempestad que obligó al capitán a buscar puerto en el Japón. Entonces la nave fue capturada y los pasajeros hechos prisioneros por los japoneses. Felipe fue enviado al convento de Osaka. De aquí lo envió san Pedro Bautista a Meaco a prepararse para el sacerdocio, pero el Señor lo preparaba para la cruz y la palma del martirio. Junto con sus cohermanos y los otros terciarios, fue arrestado y condenado a la muerte de cruz en la colina de Nagasaki. Tenía 23 años. México lo escogió como su patrono.