Enero 28: San Juan Kisaka o Kinoia († 1597) Mártir japonés, de la Tercera Orden. Canonizado por Pío IX el 8 de junio de 1862.

Nacido en Meaco (Japón) sencillo dulce de carácter, vivía en buena fe su religión, hasta que conoció a los franciscanos y la religión que predicaban. Entonces pidió ser instruido en ella. Su entusiasmo lo llevó a pedir ser admitido en la Tercera Orden Franciscana y ofrecerse para asistir a los enfermos que los religiosos acogían en sus hospitales. Así llegó a ser solícito y cariñoso enfermero que siempre tenía en los labios la palabra de consuelo y aliento para llevar a las almas a Cristo. No contento con ser cristiano él, persuadió también a su hijo, quien no tardó en hacerse cristiano. La orden de arresto contra los franciscanos y sus amigos y colaboradores japoneses, emanada del shogun Taicosama la noche del 8 de diciembre de 1596 lo reunió con los religiosos franciscanos, a quienes tanto debía y a quienes tanto amaba, y lo hizo partícipe de su prisión, de su condena y finalmente de la crucifixión en la colina santa de los mártires en Nagasaki, donde dos lanzazos en sus costados le abrieron el corazón. Era el 5 de febrero de 1597. En la colina santa había una selva de cruces y una turba de invictos mártires. Los cristianos se precipitaron a recoger sus vestidos para tenerlos consigo como reliquias y la sangre para humedecer paños llevados con esta finalidad. Entre tanto Dios glorificaba a sus mártires con ruidosos prodigios. Los cuerpos de los mártires difundían un delicioso perfume. Durante dos meses duraron colgados de las cruces sin dar signos de putrefacción. Las aves de rapiña que solían alimentarse de los cuerpos de los condenados en aquel lugar, dieron muchas vueltas alrededor de los cuerpos de los mártires sin tocarlos.