Febrero 1: Beato Andrés de Conti. Sacerdote y ermitaño de la Primera Orden (1240‑1302). Inocencio XIII confirmó su culto el 15 de febrero de 1724.

Andrés pertenecía a la noble familia Conti de Segni, pero nació en Anagni en 1240. Su familia había dado a la Iglesia varios Sumos Pontífices, Obispos y sacerdotes. Muy joven se sintió atraído por el espíritu franciscano renunció a todo y entró en el convento de San Lorenzo de Anagni, fundado por el mismo San Francisco. No le pareció suficiente la austeridad allí vivida, y obtuvo permiso para retirarse a un pequeño convento eremitorio de Piglio, junto al monte Scalambra, en las laderas de los Apeninos, lugar preferido suyo era una cueva, tan baja y estrecha que solamente podía estar allí inclinado y de rodillas. Su vida transcurría en la contemplación y en la austeridad, entre la oración, el estudio y el trabajo manual. El demonio lo asaltaba con tentaciones, pero Andrés lo rechazaba con la señal de la cruz. Libró del demonio a personas asediadas por él que venían en busca de sanación.

Los honores que rehuyó lo persiguieron hasta en su inhóspito eremitorio a donde llegaban movidos por su fama de santo y de sabio teólogo. Escribió un tratado sobre la Santísima Virgen María. Alejandro IV en persona fue a buscarlo para ofrecerle el cardenalato, pero Andrés le devolvió el capelo cardenalicio diciéndole que el único privilegio que quería era que lo dejaran en su gruta orando, meditando y estudiando. Más tarde rechazó con energía igual gesto de su sobrino Bonifacio VIII, el cual solamente alimentaba la esperanza de sobrevivir a su tío para elevarlo al honor de los altares, cosa que tampoco logró, pues tío y sobrino murieron a pocos meses de distancia.

Su vida fue más angélica que humana, glorificado con prodigios y profecías. Voló al cielo el 1 de febrero de 1302, a los 62 años de edad.