Febrero 9: Beato Antonio de Stroncone, Religioso de la Primera Orden (1381‑1461). Aprobó su culto Inocencio XI el 28 de junio de 1687.

Stroncone, en Terni, Umbría, fue el lugar de nacimiento en 1381, de Antonio, perteneciente a la antigua familia Vici, hijo de Luis e Isabel, terciarios franciscanos. Franciscano era su tío, el Padre Juan Vici. Desde muy niño vivió en el convento franciscano, de modo que puede decirse que después de la leche materna, su alimento fue el espíritu franciscano. Por eso no hay que sorprenderse de encontrarlo a los doce años viviendo en el convento de los Hermanos Menores; pero éstos dudaban de vestir el hábito franciscano a los débiles hombros de Antonio. Admitido finalmente al noviciado, desde su profesión tuvo por maestro a su tío Fr. Juan Vici, que enseñaba a los jóvenes franciscanos en el convento de San Francisco de Fiésole, uno de los más sugestivos ambientes espirituales de Toscana, que domina con un panorama inolvidable a Florencia y el valle del río Arno. En Fiésole Antonio Vici tuvo como guía a otro maestro excepcional, el Beato Tomás de Florencia, sabio plasmador de almas y encendido defensor de la pureza del espíritu de San Francisco.

Antonio de Stroncone y Tomás de Florencia trabajaron juntos en la formación de los jóvenes franciscanos en el apostolado misionero y en la polémica contra los que distorsionaban el genuino mensaje franciscano como eran en aquel tiempo los “Fratricelos”, bajo cuya humildad y pobreza se escondían semillas de soberbia y rebelión contra las directrices de la Iglesia.

Enviado a Córcega animó y fundó numerosos conventos franciscanos en la Isla. Pero su lugar preferido fue el eremitorio de las Cárceles, arriba de Asís, donde tuvo el oficio de limosnero durante treinta años. Allí llevó una increíble actividad de penitente y contemplativo, haciendo los más humildes y pesados oficios del convento.

Los bosques y las rocas del Subasio y las pobres celditas del eremitorio casi excavadas en la roca, fueron testigos de sus durísimas mortificaciones, que transformaron su cuerpo. El último año de vida lo pasó en San Damián, santificado por los recuerdos de San Francisco y de Santa Clara. El 8 de febrero de 1461, murió a la edad de 80 años.