Abril 3: Beato Juan de Penna. Sacerdote de la Primera Orden (hacia 1200‑ hacia 1271). Pío VII concedió su oficio y misa en su honor el 20 de noviembre de 1806.

Juan, nacido hacia 1200 en Penna San Giovanni, en la provincia de Macerata, pertenece a aquella primera generación franciscana que hizo gloriosa la región de las Marcas. Es comúnmente contado entre los discípulos de San Francisco sin que se puedan precisar sus relaciones con el santo Fundador.

El capítulo 45 de las Florecillas de San Francisco describe con vivos colores el candor de su alma, la vocación franciscana, el largo apostolado en Provenza y en su patria, las experiencias místicas, y las arduas pruebas a que fue sometido por el espíritu del mal al final de sus días.

Juan, de unos quince años, fue atraído a la naciente familia franciscana por la predicación de Fray Felipe, uno de los primeros discípulos enviados por San Francisco a evangelizar las Marcas y vistió el hábito de los Hermanos Menores en el convento de Recanati. Más tarde llegó a ser sacerdote.

Su nombre está ligado a la primera expedición franciscana a Provenza. Entre los treinta hermanos destinados por San Francisco en el Capítulo de 1217 a la Galia Narbonesa, y bajo el mando de Fray Juan Bonelli de Florencia, figura nuestro “Frater Joannes de Pinna Picena”. De su ministerio en aquella región, que se prolongó por unos veinticinco años, nada de particular nos han transmitido las fuentes. Sabemos que se distinguió por el celo apostólico y por la elocuencia de su palabra, hasta ser tenido como “predicador digno de veneración y admiración”. Junto con los demás religiosos, se dedicó a frenar y combatir la herejía de los albigenses, que en aquellos años bullía por toda Francia, y a restaurar las costumbres y la concordia entre las regiones y las facciones. Se recuerda de modo especial su caridad en la asistencia a los leprosos y otros enfermos. Con su santa vida y actividad contribuyó a la primera difusión y al afianzamiento del franciscanismo en tierras de Francia.

Las Florecillas de San Francisco hablan así de él: “Viviendo en gran honestidad, santidad y ejemplaridad, creciendo siempre en virtud y en gracia de Dios, era sumamente amado por los hermanos y los seglares”. Es probable que haya conocido a San Antonio de Padua en los años en que el santo predicó en Limoges y Tolosa y que haya intervenido en el capítulo de Arles, célebre por la presencia del mismo santo y de una aparición de San Francisco a los hermanos.

Después de veinticinco años de apostolado en Provenza, regresó a su ciudad natal, donde transcurrió los últimos treinta años de su larga peregrinación terrena, alternando los trabajos apostólicos con la contemplación de las cosas celestiales. Fue avisado por un ángel de que su caminar terreno estaba a punto de terminar. Superó los últimos ataques del demonio y murió serenamente el 3 de abril de 1271. Tenía 71 años.