Abril 5: Beata María Crescencia Höss. Virgen Religiosa de la Tercera Orden Regular (1682‑1744). Beatificada por León XIII el 7 de octubre de 1900.

María Crescencia Hoss, fue la penúltima de ocho hermanos. Nació el 20 de octubre de 1682 en Kaufbeuren, diócesis de Augusta, Baviera. Superadas dificultades familiares y la oposición de la superiora del convento, el 5 de junio de 1703 fue admitida entre las Terciarias Franciscanas de Mayerhoff en Kaufbeuren. Los primeros años de vida religiosa no fueron fáciles, dada la incomprensión de la superiora Madre Teresa Schmidt. La situación cambió radicalmente en 1707 con la nueva superiora, Madre María Juana Altwoegerin. De 1709 a 1744 María Crescencia desempeñó los oficios más importantes del convento: portera, maestra de novicias y superiora.

Por dieciséis años fue portera, oficio muy humilde, pero para ella fue campo de apostolado intenso, que realizó con prudencia y caridad. Católicos y luteranos socorridos por ella la llamaron “madre de los pobres”. En 1726 la nombraron maestra de novicias, oficio que desempeñó con absoluta consagración durante quince años. Día y noche estaba enteramente a disposición de las novicias, las escuchaba, las estimulaba y las fortalecía en las dificultades, pero sobre todo las exhortaba a la práctica de la humildad, ofreciéndoles continuos ejemplos. Les recomendaba la práctica del silencio, el recogimiento, la lectura de libros sagrados, en especial de los evangelios, las exhortaba a tener como maestro de su vida a Jesús Crucificado. Fue también sabia consejera para todos los que recurrían a ella en busca de consuelo en sus penas y fortaleza en las dificultades. Sus numerosas cartas, publicadas unas, inéditas otras, son una clara muestra del gran bien que hizo a las almas.

El 23 de julio de 1741 Sor María Crescencia fue elegida superiora de la comunidad, a pesar de sus muchos esfuerzos por renunciar, sugeridos por su humildad. El Ministro provincial de los Franciscanos, que presidía el capítulo, la persuadió de aceptar. En los tres años de gobierno se convirtió en la segunda fundadora del monasterio. Con muy buen sentido para la selección de vocaciones, solía decir: «Dios quiere el convento rico de virtudes y no de bienes temporales». Los puntos principales de su programa fueron: ilimitada confianza en la divina Providencia, prontitud para los actos de la vida común, amor a la pobreza, al silencio y al recogimiento, devoción a Jesús Crucificado, a la Eucaristía y a la Inmaculada Madre celestial. Durante la cuaresma de 1744 enfermó gravemente y en la noche de Pascua del 5 de abril de 1744 pasó a recibir el premio de sus virtudes en el cielo.