Abril 24. San Fidel de Sigmaringen. Sacerdote, mártir de la Primera Orden (1577‑1622). Canonizado por Benedicto XIV en 1746.

Fidel Reyd, hijo de Juan Reyd y Genoveva Rosamberger,  nació en Sigmaringen (Alemania) en 1577. Fue óptimo y apreciado jurista en Comar, Alsacia, después de haber estudiado en Friburgo, Suiza. Hablaba correctamente, además de su lengua materna, el francés y el italiano. Recto y devoto, fue abogado justo y caritativo, asumía gratuitamente la defensa de los pobres. Por esto mereció el apelativo de “Abogado de los pobres”, al lado de San Ivo de Bretaña, San Alfonso de Ligorio y San Andrés Avelino.

A los treinta y cinco años de edad, convencido de los peligros morales que su carrera le presentaba, y para evitar las injusticias casi inevitables en la profesión de las leyes, abandonó los códigos y pandectas para seguir otra vocación. Decidió hacerse hermano menor Capuchino en Friburgo, donde había estudiado. Pero antes quiso ser ordenado sacerdote, a fines de 1616. Se impuso obediencia, pobreza, humildad, espíritu de penitencia, de austeridad y de renuncia penitente. Elegido superior del convento de Weltkirchen, en Suiza, se dedicó con fervor a las obras apostólicas, en un momento muy difícil. En efecto, en el cantón suizo de los Grigioni, una dolorosa separación dividía a los católicos de los calvinistas, división que había degenerado en una sangrienta lucha política entre los Valligioni y el emperador de Austria.

El Papa Benedicto XIV escribió de él: «San Fidel derramaba la plenitud de su caridad en confortar y ayudar al prójimo, abrazaba con paternal corazón a todos los afligidos, sustentaba a numerosos pobres con limosnas recogidas por todas partes. Aliviaba la soledad de los huérfanos y las viudas, obteniéndoles el socorro de parte de los poderosos y de los príncipes. Ayudaba incansablemente a los prisioneros con todos los auxilios corporales y espirituales posibles, visitaba con solicitud a los enfermos, los alentaba, los reconciliaba con Dios, y los preparaba para enfrentar la batalla final. Este hombre Fiel de nombre y de hecho, sobresalió en la constante defensa de la fe católica».

Fidel anhelaba dar toda su sangre por el Señor y fue escuchado por Dios. En efecto, enviado a Suiza por la Propaganda Fide para dirigir la misión entre los herejes, las numerosas conversiones realizadas por él le acarrearon la ira de los jefes, que irrumpieron con disparos de fusil durante una predicación. Luego fue agredido fuera de la iglesia y herido de muerte. Sus últimas palabras fueron de perdón para sus asesinos. Su cuerpo fue bárbaramente desmembrado. Era el 24 de abril de 1622. Tenía 45 años. Sus restos reposan en el Duomo de Coira (Suiza). Su muerte conmovió hasta a los contendientes más cerrados y apresuró la pacificación. Los acontecimientos posteriores demostraron que el sacrificio de San Fidel no había sido en vano.