Mayo 21: San Ivo de Bretaña. Sacerdote de la Tercera Orden (1253‑1303). Canonizado por Clemente VI el 19 de mayo de 1347.

El primero y más célebre patrono de los abogados es San Ivo, para quien fue acuñado por primera vez el apodo de “abogado de los pobres”. En realidad no sólo fue abogado sino amigo, hermano, bienhechor y padre de los pobres. San Ivo nació en Bretaña, Francia, el 17 de octubre de 1253 y en medio de la despreocupada y a menudo alocada juventud de la época, estudió con seriedad y rápido provecho primero en Orleans, luego en París en las célebres escuelas de teología y derecho.

Muy joven pudo así tener la delicada responsabilidad de juez eclesiástico, que desempeñó con gran consagración y suma prudencia, y sobre todo con profunda humildad, a veces rayana en humillación, llamándose a sí mismo “el más mezquino de los siervos de Cristo”. Pero lo que hizo de él un santo no fue tanto su diligente humildad cuanto su luminosa caridad. En efecto, cuando estaba en París, se supo que había dejado su propia cama a dos jóvenes huérfanos recogidos y hospedados por él. El cotizado juez eclesiástico dormía en el suelo, sobre un montón de paja, con un cilicio en la cintura.

El obispo de Tréguier, su región natal, quiso tener consigo al extraordinario jurista, convenciéndolo de que aceptara la ordenación sacerdotal. Y como sacerdote, San Ivo continuó con mayor celo y más profunda caridad su profesión de abogado, sobre todo de los pobres. También decidió hacerse terciario franciscano vistiendo el hábito de la penitencia.

Dejando el tribunal, contento de haber defendido la justicia y de haber protegido a los débiles y desheredados volvía a su casa, un tiempo señorial y digna, ahora transformada en hospital, orfanato, asilo, comedor y hasta baño público de todos los pobres, los desgraciados, los enfermos y los huérfanos de la región.

El santo dormía en medio de ellos, pero con la cabeza apoyada sobre un grueso volumen de derecho. Su vida laboriosa y combatida, y sobre todo las ásperas penitencias, lo agotaron prontamente, por lo cual debió renunciar a la profesión y dedicarse enteramente a los pobres. Pronto se enfermó y no pudiendo ayudarles más materialmente, favoreció a los necesitados con los continuos milagros que brotaban de su cuerpo cansado y llagado.

Y los pobres fueron los primeros en llorarlo, no como sabio jurista, ni como su abogado, sino como su padre, cuando murió el 19 de mayo de 1303, sin cumplir aún los cincuenta años. Es uno de los Santos más populares en el norte de Francia y Patrono de los hombres de leyes.