Marzo 27: San Alberto Chmielowski. Religioso de la Tercera Orden Regular (1843‑1916).
Fundador de los Siervos y Siervas de los pobres de San Francisco.
Canonizado por Juan Pablo II el 12 de noviembre de 1989.
Adán Chmielowski (Alberto en el bautismo), fue definido por el Papa Juan Pablo II el San Francisco polaco del siglo XX por el estilo de vida marcado por rigurosa y gozosa pobreza. Nacido en Igolamia, cerca de Cracovia en 1843, después de la insurrección de 1863, que le costó la pérdida de una pierna,lo cual lo salvó de ser fusilado, no obstante lo cual logró viajar clandestinamente a París. En 1865 aparece en Varsovia, y dos años después parte nuevamente para París, estudió ingeniería en Fulawy y en Gante, luego pintura en Munich, en la Academia de Bellas Artes, y llegó a ser pintor famoso. La meditación sobre la pasión de Cristo lo hizo cambiar de vida. Ingresó entre los Jesuitas en el convento de Stara-Wies, pero por motivos de salud, sólo permaneció seis meses. Ingresó a la Tercera Orden de San Francisco y en 1881 se dedicó a difundir la Tercera Orden Franciscana y comenzó a socorrer a los mendigos, a los vagabundos, a los enfermos abandonados por su repugnancia. Mendigó él mismo para ellos. Vistió el hábito franciscano a los 42 años con el nombre de Alberto, y fundó dos Congregaciones religiosas, Masculina y Femenina, que se inspiran en la espiritualidad franciscana, para el servicio de los pobres.
A los 40 años comenzó el nuevo curso de su vida caracterizada por una renuncia radical a la gloria del arte, al bienestar material, a los ambientes aristocráticos, para dar vida de la nada a su mayor aventura. Lo movía un inmenso amor a Dios y al prójimo, y una fe y una esperanza sin fronteras.
En 1888 pasó a Cracovia y se convirtió enun verdadero apóstol de los pobres. organizó un local debidamente dotado para dar asistencia espiritual, moral y material a muchos enfermos de cuerpo y espíritu. Hizo votos de pobreza, obediencia y castidad en manosd el cardenal Dujanewksi y fundó una Congregación Religiosa de terciaros franciscanos con el fin de ayudar a los pobres. Siempre sereno y alegre supo conquistarse la amistad de todos; se sacrificaba por el bien de los más abandonados de la sociedad.
A su muerte dejó 21 grandes casas‑asilo para los pobres y 92 eremitorios‑sanatorios para los religiosos enfermos. Para manejarlos había fundado dos congregaciones: Los Hermanos y las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco Siervos y Siervas de los pobres, señalándoles como finalidad primaria la plena y perenne disponibilidad al servicio de los miserables, de los sin nada, de los marginados, de los abandonados, de los vagabundos, de los enfermos, de los ancianos y de los moribundos. El mismo había adoptado el modo de vivir de los mendigos, morando en sus recodos y compartiendo con ellos el alimento. En comunidad se hacía llamar “el Hermano anciano”; para la dirección de las dos congregaciones religiosas acudía al consejo de valiosos sacerdotes. En la formación de nuevas casas pedía consejo y consentimiento al obispo. No obstante la prótesis rudimentaria en la pierna, viajaba mucho para fundar nuevos asilos y visitar las diversas casas religiosas. Pronto su fama se extendió de Cracovia a toda Polonia y se concentró en un solo nombre: Fray Alberto. Todo había nacido de la nada. Todo marchaba viento en popa con un capital inagotable: la Providencia.
Pasó los últimos diez años de su vida afectado por un tumor en el estómago. Nadie lo supo sino pocos meses antes de su muerte, cuando el mal se agravó. No expresó ningún lamento, murió el 25 de diciembre de 1916, el día de Navidad, en el hospicio de los pobres en Cracovia, pero su más grande aventura todavía no se había terminado. El funeral fue una celebración triunfal. Participó en él toda la ciudad, pero sobre todo los pobres fueron la nota dominante de su cortejo fúnebre. Sus restos mortales reposan en la iglesia de los carmelitas de Cracovia, meta incesante de peregrinación, llamado constante a la capacidad para ver la imagen de Dios aun en los más miserables, aquellos a quienes la sociedad suele llamar desechables, mendigos, barbudos, incapacitados, drogadictos. Es esta la caridad que distingue a los Santos.