Septiembre 8: Hermanos Menores Mártires de Valencia (Guerra civil española). Su fiesta: septiembre 22.
Beato Pascual Fortuño Almela, sacerdote, mártir, Primera Orden (1886-1936). Nació enVillarreal (Castellón), el 5 de marzo de 1886, hijo de Joaquín Fortuño y María Gracia Almela, familia piadosa, laboriosa y acomodada. Estudante dedicado, aunque no sobresaliente, primero en el Seminario de la Provincia de Cataluña, despedido con todo su grupo. Al regresar a casa colaboró en los trabajos del campo, y luego ingresó en el Seminario franciscano de la Provincia de Valencia. Hizo el noviciado en 1905, estudió la filosofía y la teología en Onteniente (Valencia). Ordenado sacerdote en Teruel, el 15 de agosto de 1913. Trabajó cuatro años en el seminario franciscano, luego en la Custodia de San Antonio, que la Provincia tenía en Argentina, cinco años. Al regresar trabajó nuevamente en el seminario franciscano y en diversas casas. Cuando estalló la revolución era Vicario en el Convento-Noviciado de Santo Espíritu del Monte, en Gilet-Valencia. Director espiritual, asiduo confesor, predicador de Ejercicios y pláticas espirituales, que preparaba con esmero (se conservan 35 cuadernos de sus apuntes). Devoto del Santísimo Sacramento, de la Sma. Virgen, del Víacrucis. Inculcaba a sus alumnos las virtudes cristianas y religiosas.
Cuando estalló el “Alzamiento Nacional”, los religiosos tuvieron que abandonar sus conventos, que fueron saqueados, e incendiadas las iglesias. El P. Pascual se refugió en casa de sus familiares, primero en la ciudad, luego en una casa de campo, y finalmente en casa de su hermana, donde fue detenido el 7 de septiembre de 1936. Ante la proximidad de la muerte su expresión fue: “Que se cumpla la voluntad de Dios”. Al despedirse de su madre para irse a casa de su hermana, le dijo: “No llores, madre, pues cuando me maten tendrás un hijo en el cielo... Me voy al cielo”. En la madrugada del 8 fue ejecutado, en la carretera entre Castellón y Benicásin. En vista de que los tiros de fusil le rebotaban en el cuerpo, tuvieron que matarlo con arma blanca. Esto produjo gran impresión en sus asesinos. Enterrado en el cementerio de Castellón.
Beato Plácido (Miguel) García, sacerdote de la Primera Orden (1895-1936). Nació en Benitachell, Alicante, el 1 de enero de 1895, hijo de Miguel García y Josefa Antonia Gilabert. Se destacaba por sus dotes naturales, su inteligencia y bondad. Estudió en el seminario menor franciscano. Hizo el noviciado en 1910. Fue ordenado sacerdote el 21 de septiembre de 1918 en Segorbe. Destinado a la formación de los jóvenes seminaristas franciscanos, fue también Rector del Colegio “La Concepción”, de Onteniente. Predicador, confesor y director espiritual reconocido, maestro de Estudiantes franciscanos en Cocentaina (Alicante). En Roma obtuvo el grado de Lector General, Summa cum laude. Fervoroso, recto, humilde y caritativo, devoto del Santísimo Sacramento, de la Sma. Virgen María, del Vía Crucis. Al iniciarse la guerra civil, el 18 de julio de 1936, él estaba viviendo en el Colegio “La Concepción” de Onteniente. El 21 de julio todos los religiosos fueron obligados a dispersarse. El se refugió entre sus familiares, en Benitachell, y allí, al ser buscado, se presentó voluntariamente, detenido el 15 de agosto de 1936, fue asesinado en la madrugada del día siguiente, en La Plana; su cadáver apareció mutilado y con señales de tortura.
Beato Alfredo (Jaime) Pellicer (1914-1936), religioso clérigo y mártir, Primera Orden. Nacido el 10 de abril de 1914, en Bellreguart, hijo de Francisco Vicente Pellicer y Erundina Muñoz. Estudió en el seminario menor franciscano. Ingresó al Noviciado el 25 de agosto de 1930. Hubo de terminarlo en Pego, a causa de las revueltas republicanas. Ya para profesar estuvo a punto de retirarse, por una crisis vocacional que superó a última hora. Profesión solemne en Onteniente, el 5 de julio de 1936. Buen compañero, alegre, festivo, desprendido, sencillo, caritativo, respetuoso con los demás. El 21 de julio los religiosos tuvieron que dispersarse, y él se fue a casa de sus familiares, donde fue detenido el 4 de octubre de 1936, y asesinado en la tarde del mismo día, en la “Pedrera” de Gandía, en cuyo cementerio fue sepultado. Terminada la guerra civil, sus restos fueron trasladados al cementerio de su pueblo natal.
Beato Salvador (Bautista) Mollar, religioso mártir, Primera Orden (1896-1936). Nacido en Manises, Valencia, el 27 de marzo de 1896, hijo de Bautista Mollar y María Muñoz, muy pobres pero piadosos. De niño y joven se distinguió por su piedad, organizó la Asociación del Rosario en su barrio, formó parte de la Adoración Nocturna y la Conferencia de San Vicente de Paúl y enseñaba el catecismo a los niños. Hizo el noviciado en 1921 y la Profesión solemne el 25 de enero de 1925. Alegre, jovial y optimista. Limpio y ordenado, devoto de la Santísima Virgen. Al iniciarse la guerra civil, en 1936, era sacristán en el convento de Benisa. Al dispersarse los religiosos, se refugió primero donde unos bienhechores, y luego, para no comprometerlos, se fue a su familia, donde fue detenido y encarcelado a finales de octubre, y fusilado el 27 del mismo mes y año, en el “Picadero de Paterna”, y enterrado en Valencia. Su cadáver mostraba signos de tortura.