Junio 16: San Antonio de Werten. Sacerdote y mártir en Gorcum, de la Primera Orden (1522‑1572). Canonizado por Pío IX el 29 de junio de 1867.
Antonio nació en 1522 en la pequeña ciudad de Werten, en la región de Horn, en Holanda septentrional, de familia acomodada y católica. Dotado de ingenio vivaz, de corazón generoso, de carácter extrovertido, de espíritu franco y magnánimo, pidió y obtuvo ser admitido en la Orden de los Hermanos Menores. Después del noviciado, la profesión religiosa y los estudios filosóficos y teológicos, fue ordenado sacerdote. Junto con su paisano San Jerónimo de Werten trabajó intensamente para ser útil a sus conacionales. Fue eficaz predicador de la palabra de Dios y desarrolló este ministerio, no solamente en las iglesias, sino también en las plazas públicas, en las calles, en las aldeas y en las casas privadas, yendo de puerta en puerta, para refutar los errores que en aquellos días se difundían en su patria, para fortalecer a sus conacionales en la fe, tan amenazada por los calvinistas. El objetivo de su predicación era la auténtica exposición del evangelio según las directivas de la Iglesia católica y del Romano Pontífice.
En uno de sus últimos discursos pronunció estas solemnes palabras: “Hermanos míos, perseverad constantes en la oración junto con María, la Madre de Jesús. Amad a la Iglesia una, santa, católica, apostólica, romana, que nunca ha tenido tanta necesidad de las oraciones de sus hijos como hoy. Estad en vela y permaneced firmes en la fe. La persecución se avecina y subvertirá, arruinará y desolará nuestros campos”. Fue un verdadero profeta.
Era lema de los mártires de Gorcum este: “El Papa es la piedra angular, la roca sobre la cual está construida la Iglesia de Cristo; separarse del Papa es separarse de la Iglesia, renunciar a la Iglesia es renunciar a Jesucristo, de quien es esposa la Iglesia”. Este acto de fe con firme convicción fue repetido por los mártires. Una vez fue enviado a ellos en la cárcel un tal Juan Omal, sacerdote católico y canónigo de la catedral de Lieja, luego apóstata y fanático calvinista. Sus palabras no lograron remover a los heroicos confesores de la fe. Omal, lleno de furor, saliendo, gritó: “Muy bien, vilísimos papistas, preparaos para la más despiadada e infame muerte!, malditos, os arrepentiréis de vuestra obstinación!”.
En los Países Bajos la rebelión protestante tuvo también el carácter de lucha nacionalista contra los Aubsburgo, y lanzó a los Gueusos contra los religiosos católicos. En 1572, en Gorcum, los gueusos del mar, verdaderos piratas, ahorcaron a un dominicano, un agustino, cuatro sacerdotes seculares, once Hermanos Menores, entre ellos San Antonio de Werten, quien, torturado muchas veces, sostuvo a sus cohermanos hasta el final, y bajo la tortura agradecía al verdugo. Atormentados de mil modos para que renunciaran a la fe católica, en la eucaristía y en el primado del Romano Pontífice; todos permanecieron firmes en la fe y por eso fueron asesinados el 9 de julio de 1572. San Antonio de Werten tenía 50 años.