Enero 6: San Carlos de Sezze Romano. Religioso de la Primera Orden (1613‑1670). Canonizado por Juan XXIII el 12 de abril de 1959.

Se llamaba Juan Carlos Melchiori, nacido en Sezze Romano el 19 de octubre de 1613. Pasó su juventud en este pueblecito del Lacio. A los 22 años se hizo hermano menor, en Nazzano y emitió los votos solemnes el 19 de mayo de 1636, vivió en varios conventos del Lacio y prefirió permanecer como hermano converso desarrollando su actividad como limosnero, hortelano, cocinero, sacristán. Deseó partir como misionero a la India, pero no lo logró. Permaneció en Roma, último entre los hermanos de San Francisco a Ripa, pero primero en la obediencia, en la castidad y en la pobreza. Un verdadero franciscano, con el alma inundada de mística alegría.

Para comunicar también a los demás esta seráfica alegría, se improvisó poeta, escribiendo versos sencillos y emocionados, en una vena popular, con sabroso acento del Lacio. Por sus poesías San Carlos de Sezze puede considerarse heredero de Jacopone de Todi, su poesía era fruto de su plenitud de amor divino. Este “escritor sin letras”, como él mismo se llamaba, escribió muchas obras, no todas publicadas. Entre las publicadas están: “Las Tres vías”, “El Sagrado Septenario”, “Los Discursos sobre la Vida de Jesús”, su “Autobiografía”, escrita con seráfico candor por orden de su confesor.

En octubre de 1648, mientras oraba en la iglesia de San José a Capo le Case, su corazón fue traspasado por un dardo de luz, que partió de la Hostia consagrada, y duró llagado toda su vida. La llama de amor de Dios y de los hermanos lo llevó a una alta sabiduría.

El objetivo de su vida fue ofrecerse a Dios en holocausto: puro y perfecto, en la humildad, en la penitencia, en la devoción ardiente a la Pasión de Cristo, a la Eucaristía, a la Virgen Inmaculada. Dios le reservó grandísimos dones: visiones y revelaciones, conocimiento de las verdades teológicas y ascéticas, herida de amor en el corazón. El secreto de su santidad estuvo en la oración y en la austera penitencia, en el esfuerzo continuo por vivir con Jesús su pasión y muerte redentora. Consejero de Obispos y Cardenales, e inclusive de los papas Alejandro VII y Clemente IX

Por muchos años en su calidad de limosnero de puerta en puerta en Roma, buscador de almas, llevó este gozoso mensaje evangélico para volver a todos hacia Dios. Murió el 6 de enero de 1670.