Agosto 11: Santa Clara de Asís

Agosto 11: Santa Clara de Asís. Virgen, fundadora de la Segunda Orden (1194‑1253). Fue canonizada por Alejandro IV el 15 de agosto de 1265.

Clara Offreduccio nació en Asís el 16 de julio de 1194, del noble Favorone de Offreduccio y de Hortulana. Cuando Francisco supo del deseo de la joven Clara de conocer su vida para vivirla también ella, su corazón saltó de alegría en el Señor. Los coloquios muy pronto la llevaron a la fuga de la casa paterna y a la vestición en Santa María de los Angeles de Porciúncula. En aquella iglesita de San Damián que Francisco había restaurado con sus manos profetizando a quien le ayudaba, que allí vendrían “santas damas”, que llenarían la Iglesia con el aroma de sus virtudes, Clara bien pronto reunió en torno a sí un grupo de vírgenes entre ellas sus hermanas Santa Inés y Beatriz y su madre Hortulana, de quien fue madre, maestra y hermana. No les prometía sino la riqueza de la más austera pobreza y penitencia, y en cambio la alegría de los coloquios con Dios. La vida que llevaban en San Damián pronto fue para toda la Iglesia un ejemplo de luz y de fe, un signo espléndido de las realidades celestes que ya estaban viviendo.

Francisco amaba con predilección a Clara, como primogénita de su espíritu, plántula y alcázar de la pobreza; a ella recurrió cuando deseaba conocer la voluntad del Señor sobre la orientación que debería dar a su Orden. Le respondió: “El Señor quiere que los Hermanos no vivan sólo para sí, sino también para los demás: por tanto vida activa y vida contemplativa”.

El Seráfico Pobre dictó para las “pobres damas” de San Damián una regla basada en la más estricta pobreza. Clara, siguiendo el ejemplo de San Francisco, fue celosa guardiana de la pobreza, tanto que obtuvo del papa Gregorio IX el llamado “privilegio de la pobreza”. Clara, fue abadesa hasta su muerte, y gobernó con gran amabilidad y comprensión, pero cuidando celosamente la disciplina religiosa. Para sí usó severidad hasta el heroísmo: llevaba el cilicio, dormía en el duro suelo, hasta que el mismo San Francisco la obligó a  utilizar una estera.

Santa Clara se distinguió por el culto a la Eucaristía, al cual está ligado el episodio prodigioso de la fuga de los sarracenos, que guiados por Vital de Aversa, en 1242, asediaron a Asís y llegaron hasta el refugio de San Damián. Aunque enferma, se hizo transportar llevando en una caja de plata a Jesús Sacramentado hasta el punto más alto del monasterio frente a los sarracenos. Cuando hizo oración se oyó una voz del cielo: “Yo siempre os cuidaré y protegeré!”. Los asaltantes, fulminados por una fuerza misteriosa, abandonaron precipitadamente el sagrado recinto. Dos alegrías tuvo en su vida: besar el cuerpo estigmatizado del Pobrecillo y desde su lecho de enferma ver la celebración de la noche de Navidad, como si fuera televisión. El 11 de agosto de 1253 sonrió por última vez y murió dulcemente. Tenía 59 años. Pío XII la proclamó patrona de la televisión.

 

. Virgen, fundadora de la Segunda Orden (1194‑1253). Fue canonizada por Alejandro IV el 15 de agosto de 1265.

Clara Offreduccio nació en Asís el 16 de julio de 1194, del noble Favorone de Offreduccio y de Hortulana. Cuando Francisco supo del deseo de la joven Clara de conocer su vida para vivirla también ella, su corazón saltó de alegría en el Señor. Los coloquios muy pronto la llevaron a la fuga de la casa paterna y a la vestición en Santa María de los Angeles de Porciúncula. En aquella iglesita de San Damián que Francisco había restaurado con sus manos profetizando a quien le ayudaba, que allí vendrían “santas damas”, que llenarían la Iglesia con el aroma de sus virtudes, Clara bien pronto reunió en torno a sí un grupo de vírgenes entre ellas sus hermanas Santa Inés y Beatriz y su madre Hortulana, de quien fue madre, maestra y hermana. No les prometía sino la riqueza de la más austera pobreza y penitencia, y en cambio la alegría de los coloquios con Dios. La vida que llevaban en San Damián pronto fue para toda la Iglesia un ejemplo de luz y de fe, un signo espléndido de las realidades celestes que ya estaban viviendo.

Francisco amaba con predilección a Clara, como primogénita de su espíritu, plántula y alcázar de la pobreza; a ella recurrió cuando deseaba conocer la voluntad del Señor sobre la orientación que debería dar a su Orden. Le respondió: “El Señor quiere que los Hermanos no vivan sólo para sí, sino también para los demás: por tanto vida activa y vida contemplativa”.

El Seráfico Pobre dictó para las “pobres damas” de San Damián una regla basada en la más estricta pobreza. Clara, siguiendo el ejemplo de San Francisco, fue celosa guardiana de la pobreza, tanto que obtuvo del papa Gregorio IX el llamado “privilegio de la pobreza”. Clara, fue abadesa hasta su muerte, y gobernó con gran amabilidad y comprensión, pero cuidando celosamente la disciplina religiosa. Para sí usó severidad hasta el heroísmo: llevaba el cilicio, dormía en el duro suelo, hasta que el mismo San Francisco la obligó a  utilizar una estera.

Santa Clara se distinguió por el culto a la Eucaristía, al cual está ligado el episodio prodigioso de la fuga de los sarracenos, que guiados por Vital de Aversa, en 1242, asediaron a Asís y llegaron hasta el refugio de San Damián. Aunque enferma, se hizo transportar llevando en una caja de plata a Jesús Sacramentado hasta el punto más alto del monasterio frente a los sarracenos. Cuando hizo oración se oyó una voz del cielo: “Yo siempre os cuidaré y protegeré!”. Los asaltantes, fulminados por una fuerza misteriosa, abandonaron precipitadamente el sagrado recinto. Dos alegrías tuvo en su vida: besar el cuerpo estigmatizado del Pobrecillo y desde su lecho de enferma ver la celebración de la noche de Navidad, como si fuera televisión. El 11 de agosto de 1253 sonrió por última vez y murió dulcemente. Tenía 59 años. Pío XII la proclamó patrona de la televisión.