Mayo 24 : Dedicación de la Basílica de San Francisco en Asís

Inmediatamente después de la canonización, acaecida el 16 de julio de 1228, el papa Gregorio IX quiso que en honor del Seráfico Pobrecillo San Francisco fuera elevado en Asís un magnífico templo y allí se conservaran sus restos. El mismo Pontífice bendijo la primera piedra y en 1230 ordenó que el cuerpo del Santo fuera transportado de la iglesia de San Jorge a la nueva basílica que recibió de él el título de cabeza y madre de la Orden de los Menores. Inocencio IV la consagró solemnemente en 1253, fue elevada a basílica patriarcal y a capilla papal por Benedicto XIV en 1764.

San Francisco quiso morir cerca de aquella Porciúncula de donde había tomado principio su vida religiosa. Pero a él, que había escogido la pobreza como camino hacia el amor y dejaba en herencia a sus hijos la pobreza para que la guardaran celosamente, sus hijos y el pueblo asisiense quisieron erigir, alentados por el mismo Papa, una basílica que fuera como un anticipo y un signo de la gloria celestial que le había otorgado Dios mismo. Y Fray Elías se encargó y quizás proyectó las tres iglesias superpuestas que todo el mundo visita admirado. En la oscuridad de la tierra está cavada la primera iglesia, que conserva el cuerpo del Pobrecillo; es la humildad de la vida de donde se eleva la primera gloria de la iglesia intermedia, con las espléndidas alegorías de las virtudes y encima, en una danza de luz, la iglesia superior. Los pintores entrelazan los dos temas: la pasión de Cristo y la historia de Francisco, subrayando la necesidad de imitar a Cristo para alcanzar el cielo.

El 25 de mayo de 1253 era solemnemente consagrada la basílica que Fray Elías había hecho erigir sobre el monte del Paraíso a Francisco de Asís. La había concebido como un sueño de glorificación sin par; tres iglesias superpuestas. Allá en la oscuridad de la tierra la tumba con el cuerpo del Santo. Sobre ésta la iglesia intermedia, invadida de una luz todavía débil donde fuera representada la vida del Santo, su ascenso según las alegorías de las virtudes y sobre todo según el tema dominante de su vida religiosa: Cristo Crucificado. La tercera iglesia está en plena luz del día, donde escenas bíblicas y episodios sobresalientes de la vida de Francisco, los más densos de humanidad y de transformación, se extienden paralelamente sobre las paredes. Era la exaltación de un Santo, de aquel “Santo único”, pero también el más alto grado de la fe renovada en aquel Dios hecho hombre al que Francisco tanto se había acercado.

Hoy celebramos el recuerdo de aquel día festivo. Que nos ayude esta celebración a descubrir la riqueza espiritual de Francisco para transformarnos en templo de Dios.